8 de septiembre de 2026

Arte del sudeste de Asia: características y rasgos estilísticos





Imágenes, de arriba hacia abajo: conjunto templario de Prambanan dedicado a la trimurti hindú. Indonesia, siglo IX; tambor en bronce de la cultura Dong Song, Vietnam, datado a mediados del primer milenio a.e.c.; Batik indonesio; escultura cham del dios Siva, de finales del siglo XI o comienzos del XII; y escultura que representa a Avalokiteshvara, considerado el Buda de la compasión, hallada en el templo de Ta Prohm, en Angkor.

El arte del sudeste asiático antiguo, una región que abarca la zona continental (Birmania-Myanmar, Tailandia, Camboya, Laos, Vietnam) y la insular (Indonesia, Malasia, Filipinas), se caracteriza por una síntesis entre las tradiciones autóctonas indígenas y las importantes influencias religiosas y estéticas de India (y, en menor medida, también de China), dando lugar a manifestaciones monumentales en arquitectura, escultura y en las artes decorativas, fundamentalmente al servicio del culto y la legitimación real. Era una estética al servicio del culto en templos y santuarios, para la glorificación del rey (a menudo divinizado) y para la enseñanza de mitos y doctrinas, sobre todo mediante relieves y pinturas. Es un arte que sufrió las influencias externas, ya desde el siglo I a.e.c. y hasta el siglo XIII, del hinduismo y el budismo, que se expandieron a través de las rutas comerciales marítimas, transformando las cosmovisiones locales y proporcionando nuevos repertorios iconográficos y narrativos.

A nivel arquitectónico pervive una arquitectura religiosa monumental, con templos en montaña y complejos sagrados. La arquitectura más emblemática la constituye los grandes complejos templarios que combinan recintos, galerías, torres (prang, prasat), además de estanques, concebidos como microcosmos del universo. En este sentido, destaca Angkor en Camboya. Angkor Wat (inicialmente hindú, luego budista) y Bayón son centros artísticos clave, célebres por sus torres, galerías y extensos relieves narrativos. Asimismo, en Java (Indonesia), otro referentes crucial es la Borobudur budista y Prambanan hindú, que ejemplifican la síntesis local de modelos indios con soluciones constructivas y decorativas propias.

Hubo un uso predominante de la piedra en los grandes templos, con sistemas de adintelado y relieves tallados directamente en los muros, aunque en otras zonas, se empleó la madera y otros materiales perecederos para estructuras secundarias.

En la escultura existió una influencia india y una fuerte adaptación local. Así, la escultura del periodo que abarca desde 300 a 600, muestra una fuerte impronta del estilo Gupta indio y de la tradición greco-budista, con figuras de Buda de extraordinaria pureza formal, con delicados pliegues de ropa y cabello en rizos simbólicos. En la escultura jemer camboyana destacan las obras pétreas de tonalidad verde-gris a rojiza, con rasgos formales propios como la llamada sonrisa jemer, serena, con comisuras de los labios levemente elevadas, así como atributos divinos adaptados de la iconografía hindú. En el centro de Vietnam, la escultura cham representa principalmente deidades hindúes y budistas, con formas elegantes y plenas de detalles, mientras que en Tailandia y Laos está muy enraizada la tradición escultórica budista; en Laos, además, son notorias piezas en plata, oro y bronce.

Buena parte de la pintura se realizó sobre madera, tela y hojas de palma, soportes que resistieron bastante mal al húmedo clima tropical, de ahí que las evidencias sean fragmentarias. En templos de Java y Camboya se pintaron frescos con ciclos narrativos, que muestran episodios de las epopeyas hindúes y de las vidas del Buda, funcionando como auténticas biblias visuales para la enseñanza doctrinal religiosa. Entre los temas predominan la mitología hindú y budista, junto a representaciones de la naturaleza y símbolos espirituales.

En las artes decorativas y los objetos rituales sobresalen los textiles. Una tradición muy desarrollada es la del batik, en Indonesia, así como tejidos con diseños ikat (patrones textiles figurativos o geométricos que forman una trama o urdimbre), con funciones ceremoniales y de estatus. En la esfera metalúrgica y de la orfebrería destaca la producción de estatuas, joyas y objetos rituales en bronce, oro y plata; en este sentido, deben referirse los tambores de bronce Dong Son en Vietnam, genuinos emblemas de la metalurgia local, usados en ritos funerarios y nupciales. También hubo tallas en madera, aprovechando la abundancia de bosques, como se puede ver en objetos sacros en santuarios y palacios.

Desde la óptica de la iconografía y los repertorios temáticos, debe advertirse que la religión fue un eje esencial. El hinduismo, el budismo, y más tarde el islam y el cristianismo, junto a sustratos animistas, han marcado las temas artísticas. Motivos recurrentes son las deidades hindúes (Shiva, Vishnú, Devi) y las budistas (Buda, bodhisattvas), así como las escenas de epopeyas (Ramayana, Mahabharata) y las vidas previas del Buda. También es frecuente la representación de la naturaleza (animales y plantas) como símbolos de la conexión entre lo humano y lo macrocósmico. La función didáctica y política resulta evidente, pues las imágenes enseñan doctrinas y virtudes, y al tiempo legitiman al gobernante mediante su asociación con lo divino.

Se puede señalar que los rasgos estilísticos principales suponen un proceso de síntesis y adaptación, por medio de la adopción selectiva de modelos indios (y chinos en Vietnam), reinterpretados con sensibilidad local en lo tocante a las proporciones, los gestos y la ornamentación. Asimismo, sobresale una estilización y una expresividad contenida, con figuras idealizadas que enfatizan la serenidad. Finalmente, hay que recordar la constante presencia de largas series de relieves en galerías templarias que organizan el espacio como si fuese un recorrido ritual y narrativo, casi como un proceso iniciático.

Bibliografía esencial

Barbier, Jean Paul & Newton, Douglas, Islands and Ancestors: Indigenous Styles of Southeast Asia, New York: The Metropolitan Museum of Art & Prestel, 1988.

Béguin, Gilles, L’Art du Sud-Est asiatique, París: Flammarion, 1986.

Coe, Michael D. Angkor and the Khmer Civilization, London: Thames & Hudson, 2003.

Frédéric, Louis. The Art of Southeast Asia: Temples and Sculpture, Londres & París: Serindia Publications & UNESCO, 1979.

Frédéric, Louis, L’Art de l’Inde et de l’Asie du Sud-Est, París: Flammarion, 1994.

García-Ormaechea, Carmen, Arte y cultura de India: Península del Indostán, Himalaya y Sudeste Asiático. De la A a la Z, Madrid: Ediciones del Serbal, 1998.

Girard-Geslan, Maud (et alii), Art of Southeast Asia, New York: Harry N. Abrams, 1998.

Guy, John (ed.), Lost Kingdoms: Hindu-Buddhist Sculpture of Early Southeast Asia, New Haven & Londres: Yale University Press & Metropolitan Museum of Art, 2014.

Higham, Charles, The Archaeology of Mainland Southeast Asia, Cambridge: Cambridge University Press, 1989.

Kerlogue, Fiona, Arts of Southeast Asia. Londres: Thames & Hudson, 2004.

Rawson, Philip S., The Art of Southeast Asia, New York: Thames & Hudson, 1990.

Fontein, Jan, The Art of Southeast Asia: The Collection of the Museum Rietberg Zürich, Zürich: Museum Rietberg, 2007.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-UFM-AHEC-AEEAO-AVECH-ICA, septiembre, 2026.

 

1 de septiembre de 2026

Evandro y Hércules en los orígenes de Roma





Imágenes, de arriba hacia abajo: grabado del siglo XVIII, en el que Eneas es recibido por Evandro en las costas del Lacio. Metropolitan Museum of Art, Nueva York; ánfora ática de figuras negras con Heracles luchando con Gerión. Hacia 540 a.e.c.; Museo del Louvre; pintura al fresco barroca de Sebastiano Ricci, con Hercules y Caco; y grupo escultórico de Hércules y Caco, de Baccio Bandinelli, en el Piazza della Signoria, Florencia, entre 1525 y 1534.

El principal candidato a la paternidad latina y al papel de antepasado de los romanos, Eneas, sufrió la poderosa competencia, desde el mundo griego, del semidiós Hércules y del soberano Evandro, un rey local de la región de Arcadia, quienes habrían estado en el Lacio con anterioridad a Eneas. La leyenda sobre esta presencia si hizo canónica en el siglo I a.e.c., apareciendo interpolada en las historias romanas de Dionisio de Halicarnaso y Titio Livio y en la propia Eneida virgiliana. El héroe civilizador, hijo de Alcmena y Zeus, habría llegado a la península itálica desde Iberia conduciendo de vuelta el ganado del monstruoso rey íbero Gerión. En las proximidades del Palatino se puso a descansar. Mientras dormía un pastor, Caco, capturó algunas de las vacas y las encerró en una caverna. Hércules, al despertar, lo persigue y acaba con su vida.

En la versión legada por Livio, Evandro, al reconocer en Hércules al divino hijo de Júpiter, erige un altar en su honor, ofreciéndole una serie de sacrificios. Según Dionisio de Halicarnaso, los pastores agradecen al héroe que los haya librado de Caco; esta misma actitud de gratitud la encontramos en la Eneida. En las tres fuentes, la leyenda finaliza con la instauración de un culto a Hércules en el Palatino, del cual se encargan las familias sacerdotales de los Pinarios y los Poticios. Estamos, se podría decir, ante un relato griego inserto en una historia romana; un mito de auctoctonía en el medio de una narración de migrantes (epeludes). La leyenda, dentro del círculo del regreso de Hércules con el rebaño de vacas de Gerión, parece ser parte de un ciclo legendario autónomo en el marco de los célebres trabajos de Hércules-Heracles.

Se podría defender que esta leyenda configura un relato fundacional alternativo al de la creación de la ciudad de Roma por parte de los descendientes del troyano Eneas. Los parecidos entre Pallanteum y Palatino y entre el ritual arcadio de las Liceas y las Lupercales, podrían ser un indicador de que Evandro trajo tales rasgos arcadios al Lacio. Este rey parece poseer algunos elementos en común con el héroe-dios lacial Fauno, una deidad romana de los bosques, identificada con Pan, la divinidad arcadia de los pastores. Por otra parte, Palantio-Palanteo es la denominación de una valle de la Arcadia, cuyo nombre deriva de un hijo de Licaón (Palante). Pausanias (en VIII, 43), asegura que en esta localidad había un templo que atesoraba una imagen pétrea de Palante, que sería obra de Evandro, a quien Pausanias hace descendiente de una ninfa del río Ladón y el dios Hermes. Advierte, asimismo, que este soberano mandó fundar una colonia con varios arcadios de Palantio al lado del Tíber.

Livio (I,7), hace de Evandro una suerte de fugitivo del Peloponeso, aunque reputado por su conocimiento de la escritura y por el hecho de que se pensaba que su madre era una deidad admirada como profetisa con anterioridad a la llegada de la Sibila a la península itálica. Su nombre, bien conocido, es Carmenta, el nombre latino de la ninfa arcadia reseñada.

Lo que halla Hércules al cruzar el Tíber (antes de que existiera Roma), es, precisamente, una colonia arcadia; unos migrantes autóctonos (en tanto que no es ya Arcadia, pero todavía no es Roma), sino un espacio-tiempo liminar y caótico. El rey, soldado y sabio Evandro, no tiene poder sobre los pastores, únicamente prestigio porque es el vástago de una profetisa y sabe escribir, pero no es rey ni un héroe cultural. El significado del nombre Evandro es el de hombre perfecto, bueno, lo cual le opone a Caco (malvado, falso y erróneo). No obstante, Evandro también sería piadoso, de ahí su instauración de cultos en altares por él mismo creados, concretamente a Palante en Arcadia y a Hércules en el Palatino. Evandro es dual, porque es tanto una deidad pastoril, reflejo de Fauno o Pan, como un hombre piadoso, sabio y bondadoso. Mientras, el Dionisio de Halicarnaso y Livio, Caco es un ladrón o un pastor, pero ya en la Eneida de Virgilio se ha convertido en un monstruo, vástago del dios Vulcano.

Es probable que en las antiguas versiones del mito se enfrentasen dos deidades selváticas o agrestes, una que protege a los pastores y la otra destructora, quizá un cíclope o una divinidad volcánica. La primera versión sería un mito, mientras la segunda un cuento o una leyenda. Con la muerte de Caco, Hércules resuelve la contradicción entre migración y autoctonía, eliminado el segundo de estos aspectos, lo cual propiciará que la historia fundacional de Roma se asocie con la leyenda de Eneas, haciendo descender a los fundadores de la urbe de emigrantes troyanos y no de autóctonos arcadios.

Al morir Caco, Evandro no puede ser un héroe fundador, ni un oikistés, solamente quien instituye cultos, aunque el altar consagrado a Hércules, paradójicamente, se convertirá después en el Ara Máxima, señalando el lugar de la futura fundación. Ahora bien, tras la actuación ordenadora de Hércules, que pone fin a la ficticia autoctonía arcadia, Evandro puede ejercer de héroe cultural, al iniciar a las gentes en la escritura y en el culto al héroe griego, aunque queda apartado del linaje de los fundadores de Roma.

En la versión racionalizada del mito de Caco en Dionisio de Halicarnaso (Hist. I, 41), Hércules en la península itálica es un conquistador. Caco es un rey bárbaro que lucha contra el ejército de Hércules, muriendo en el combate. Destruida su ciudadela, el territorio es repartido entre los dos aliados del semidiós: los autóctonos comandados por Fauno y los arcadios de Evandro. Hércules tendría dos descendientes, Paladio y Latino, este último en matrimonio con la hija de Evandro, Lavinia. Este Latino acabaría siendo suegro de Eneas, con lo que aquí se encuentra en enlace con el mito canónico que Tito Livio oficializa. Después del dominio del Lacio, Hércules pone rumbo hacia Sicilia, fundando en su camino la localidad de Herculano.

Bibliografía básica

Araújo Mota, Th. E., “A descrição poética da urbs e a Convenção dos Heróis Fundadores no Livro VIII da Eneida: Hércules, Evandro e Eneias.” ArtCultura: Revista de História, Cultura e Arte, vol. 21, n.º 38, 2019, pp. 43-58.

Arrigoni, G., “Da dove viene Evandro?: genealogie, topografia e culti in Virgilio”, Revista Aevum, vol. 85, n.º 1, 2011, pp. 43-64.

Beard, M. & North, J. & Price, S., Religions of Rome. Cambridge: Cambridge University Press, 1998.

Cornell, T. J., The Beginnings of Rome: Italy and Rome from the Bronze Age to the Punic Wars (c. 1000–264 BC). London & New York: Routledge, 1995.

Forsythe, G., A Critical History of Early Rome: From Prehistory to the First Punic War. Berkeley: University of California Press, 2005.

Galinsky, G. K. “The Hercules-Cacus Episode in Aeneid VIII”. American Journal of Philology, 87, 1, 1966, pp. 18-51.

Grimal, P., Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona: Paidós, 1981.

Hardie, P., Virgil’s Aeneid: Cosmos and Imperium. Oxford: Clarendon Press, 1986.

Juaristi, J., El bosque originario. Genealogías míticas de los pueblos de Europa, Madrid: edit. Punto de Lectura-Santillana, 2001.

Martínez-Pinna, J., La Roma primitiva. Madrid: Síntesis, 1999.

Morgan, Ll., “Assimilation and Civil War: Hercules and Cacus”, en Stahl, H.-P. (ed.), Vergil’s Aeneid: Augustan Epic and Political Context. Swansea: Classical Press of Wales, 1998, pp. 175-197.

Pichon, R., La leyenda de Hércules en Roma y otros estudios de religión romana. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 2001.

Turcan, R., The Gods of Ancient Rome. Edimburgo: Edinburgh University Press, 2000.

Wiseman, T. P. The Myths of Rome. Exeter: University of Exeter Press, 2004.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-UFM-AVECH-AEEAO-ICA-AHEC, septiembre, 2026.