2 de mayo de 2024

Imaginación, escatología y mito en el arte de Etruria (IV)







Imágenes, de arriba hacia abajo: contenedor de perfume en bronce en forma de cabeza de una deidad, concretamente Turan, llevando un casco alado; cista que representa a un seguidor dionisíaco deleitándose, acompañado de Perseo y la cabeza de Medusa. Praeneste. Siglo IV a.e.c.; espejo con la figura de una sirena, híbrido mujer-pájaro, flanqueada por dos serpientes. Siglo V a.e.c.; otro espejo en bronce, de 350-300 a.e.c., con el rey de los mirmidones de Egina, Peleo, la nereida Tetis y la nereida Galene; estatuilla de Mernva, hoy en el Museo Estense, Módena; y el denominado carro brasero de Bisenzio.

Al margen de las pinturas de las tumbas, muchas placas de terracota, imitando el género de los pinakes leleueomenoi o placas blanqueadas, las cuales dispuestas agrupadas formaban un friso, así como unos pocos sarcófagos, también fueron ornadas con motivos pictóricos. Entre esas placas blanqueadas sobresale las conocida como placas Boccanera, en la que aparecen, además de esfinges, la escena, etrusquizada, del Juicio de Paris. El hijo de Príamo lleva barba, Hermes porta una rama como caduceo y las tres diosas objeto de la discordia, aparecen vestidas como si fuesen nobles damas.

Asimismo, son relevantes las placas Campana, halladas en Caere. En una de ellas se aprecia a un hombre alado, precedido de un arquero, transportando en sus brazos a una joven; en otra, se ven dos hombres sentados, uno de ellos anciano, con un cetro, que conversan uno frente al otro, mientras revolotea lo que parece una pequeña sirena. Algunos expertos han querido interpretar en estas placas la leyenda de Alcestis, hija del rey Pelias de Yolco, esposa de Admeto, un rey de Tesalia.

Los objetos de bronce fueron apreciados por los propios etruscos y también por los atenienses del siglo V a.e.c. Las clases aristocráticas y burguesas, ávidas de lujo y riqueza, usaron numerosos utensilios en bronce de uso cotidiano. En concreto, deben mencionarse candelabros, calderos y trípodes, quema perfumes (thymiatérion), los incensarios y los braseros, además de cistas y sítulas, sin olvidar espejos de cobre o bronce, decorados en sus dorsos con escenas míticas y, finalmente, vasos y urnas cinerarias.

Los calderos, y los trípodes para su soporte, eran de tipología greco-oriental. Muchos procedían de Grecia, pero también de Siria, Fenicia, Urartu, Chipre o Asiría. Los talleres etruscos lograron realizar espléndidas imitaciones locales. Los calderos del período orientalizante eran sin asas (posteriormente se les fijaron trípodes en las bases), y remedaban la iconografía de los bronces orientales. Son los lébetes, decorados con prótomos de animales más o menos fantásticos, como sirenas, grifos, sierpes y leones, que se sustentaban sobre trípodes y soportes cónicos. Ejemplares notables son los procedentes de la Tomba Barberini de Preneste. Desde finales del siglo VII a.e.c. los soportes de los calderos se hicieron independientes. A la altura de la cintra, suelen estar decorados con figurillas de animales que combaten, de prótomos de caballos, de silenos o figuras formando composiciones mitológicas.

De sobresaliente factura son los trípodes Loeb, con placas de bronce ornamentadas con motivos mitológicos griegos, caso de las aventuras de Perseo y la Medusa, Peleo persiguiendo a Tetis o Heracles estrangulando al león de Nemea.

Entre los lucernarios destaca el hallado en una tumba de Fratta, de mediado el siglo V a.e.c. En su centro, formado por una cavidad circular, aparece una Gorgona a la que rodea un friso de animales y monstruos que se atacan entre sí. Sus candilejas están realzadas con cabezas del dios fluvial Aqueloo; por debajo se encuentran unos silenos en cuclillas con siringas y doble flauta, sirenas con patas de pájaro que parecen querer cantar, delfines deslizándose por las aguas y algunos otros animales.

Entre los thymiatéria o quema perfumes destaca uno procedente de Vulci (510 a.e.c.), en el que se observan unos pequeños leones en su base y una bailarina, de elegante actitud, sustentando el fuste. En otro, también de un taller de Vulci, se observan figuras femeninas. Su fuste arranca de una cariátide formada por un sátiro que parece jugar al kóttabos. El coronamiento lo configura un niño que descansa sobre un pie al tiempo que juega con un perro.

Los braseros de bronce se difundieron desde el siglo IV a.e.c. En uno de ellos, en forma de pequeño carro, hallado en un tumba en Bisenzio y fechado en el siglo VIII a.e.c., su decoración está constituida por una escena de agricultura, otra de caza y dos de combate, además de dos grupos familiares, comprendiendo un hombre itifálico, con escudo, lanza y yelmo, además de una mujer, quizá una diosa, portando dos recipientes, una olla y una vasija sobre la cabeza. El otro grupo lo forman tres personas; un muchacho con cinturón y escudo oval y un guerrero itifálico, que manosea el seno a una mujer, la cual a su vez estimula sexualmente al hombre. En esta decoración aparecen, asimismo, animales, como una liebre, un perro, un jabalí, un lobo, un ciervo y un par de cabras montesas. Se encuentra aquí representado un ciclo vital que comprende agricultura, sexualidad, guerra, caza y muerte. De estos valores surge la simbología de la aristocracia etrusca.

El espejo etrusco estuvo conectado al mundo femenino. Existieron tres tipos, de caja; de pie, para ser ubicados encima de una mesa o soporte; y de mango, para el uso cotidiano. Presentes desde el siglo VI a.e.c., los espejos de mango poseían una estructura a base de un disco circular de influencia egipcia y griega, primero plano y después algo convexo, con una cara pulida y la otra incisa o en relieve, en la que figuraron argumentos ornamentales variados. El mango podía ser de marfil, de hueso o de madera. En el siglo III a.e.c., no obstante, el mango, en bronce, estaba enlazado directamente con el disco. En el reverso o dorso, era el lugar en donde se ubicaba la decoración, siendo el medallón el foco de interés, ya que en él se figuraban las escenas y pequeños epígrafes que indicaban la denominación de deidades y de los personajes que intervenían en las mismas. Las escenas recogen temas varios, tanto de la vida cotidiana, como los banquetes, el aseo femenino, los deportes o los temas amorosos, como temáticas que conformaban composiciones mitológicas. Muy probablemente existió un vínculo entre la calidad de los espejos, el argumento representado y el nivel socio-cultural de sus dueños.

Las temáticas más corrientes se inspiraron en la mitología griega, recogiéndose el juicio de Paris; la leyenda de Meleagro; el nacimiento de Minerva, el ciclo de Heracles; Telefo amamantado por la bicha; el asesinato de Troilo; los gemelos Dióscuros y el caballo de Troya. La temática típicamente etrusca estuvo asimismo presente, con la leyenda de Turan y Atunis, aquella de Aplu y Menrva y la de Cacu y Artile.

De la época arcaica sobresalen un par de espejos, fechables en 480 a.e.c. Uno de ellos de Vulci, con el tema de Eos (Thesan) portando a Céfalo; el otro, muestra la temática de Heracles raptando a una joven deidad de nombre Mlacuch. A finales del siglo V y durante el IV a.e.c., perduran los maestros, con una denominación que varía según el tema referido. En tal sentido, se puede citar al Maestro de Chalchas, el Maestro de Usil, el Maestro de Helena, el Maestro de Aquiles y Pentesilea, el Maestro de las Lasas y el Maestro de las Figuras largas, todos ellos autores de diverso número de ejemplares.

A mediados del siglo IV a.e.c., las escenas son más abigarradas y complejas, con la presencia de más personajes. Entre los espejos de mayor relevancia debe citarse uno cuyo autor, inspirándose en Ctesilochos, discípulo del pintor griego Apeles, representó el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus. En la escena, ambientada con plantas, aves, rocas y nubes, aparecen también Thanr y Sethlans. Otro espejo, sobresaliente por su diseño, es uno de Vulci de la misma época, que recoge los amoríos de Fufluns, figurado desnudo, y Semla, vestida con un himátion y un manto, calzada con sandalias. Se muestran besándose y abrazándose en presencia de Apvlv y de un músico. En un espejo, datado en 300 a.e.c., aparecen cinco personajes dispuestos alrededor de la Moira Átropo. Otro, del siglo IV, de Volterra, aparece ornado con el tema de Heracles adulto siendo amamantado por Hera (Uni). La esposa de Zeus está sentada. A su lado se observan otras cuatro divinidades, muy probablemente, el propio Zeus, Atenea, Apolo y Afrodita. Aquí se rememora el mito que cuenta que Heracles se haría inmortal al ingerir la leche materna de Hera.

Del siglo III a.e.c. sobresale, asimismo, el llamado Espejo Durand, del Maestro del Gran Espejo de Vulci, con una doble escena sin conexión entre ellas. En la parte superior, Heracles presenta a Zeus un niño de nombre Epur, mientras que en la inferior se narra un episodio de la leyenda de Troya, con las figuras del rey aqueo Agamenón, su hermano Menelao y su esposa Helena, además del raptor París. En un espejo de Bolsena se muestra a los hermanos Vibenna como guerreros, capturando a Cacu, que toca su lira, y a Artile, que lee un díptico sobre sus rodillas. Tal temática se inscribe en un fondo histórico, posteriormente tomado por el escritor romano Aulo Gelio en el siglo II.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, mayo, 2024.

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