15 de febrero de 2021

Mitos de la guerra de Troya en la pintura vascular griega (III y IV): Odiseo mata a los pretendientes y el amor de Helena y Paris




En este esquifo ático de figuras rojas, del Pintor de Penélope, y fechado hacia 440 a.e.c., encontramos, en una de sus caras, a un barbado Odiseo, identificado con su nombre inscrito, llevando consigo un exomis o túnica corta que suelen llevar los trabajadores y los soldados de infantería, que mantiene en su mano izquierda un arco tensado dispuesto a ser usado. Detrás del héroe se aprecian dos figuras femeninas, sirvientas, que tienen el pelo corto y están vestidas con quitones. Ambas siguen con atención los eventos en lo que pareciera ser una temerosa anticipación de hechos. Sobre ambas se observa la inscripción kalé, hermosa. 

Ya en la otra cara de la vasija se puede apreciar un symposion en el que participan tres hombres que tienen bandas en sus respectivas cabezas, en torno a una mesa de comida y un kliné o reclinatorio. Los tres se muestran sorprendidos por las flechas arrojadas cobre ellos. A la izquierda, un hombre joven vuelve su mirada sobre su espalda y se arrodilla sobre el kliné. Ha sido flechado en la espalda y está intentando sacar el venablo con sus propias manos. En frente del reclinatorio, un hombre barbado agachado mantiene una mesa que le sirve de protección como si fuese un escudo. Por último, el tercer hombre, sentado sobre el kliné, coloca sus manos en desesperado gesto de defensa ante el ataque de Odiseo. Sobre él se ve una inscripción que dice kalós.

En las poses de los tres pretendientes se pueden destacar tres fases de eventos que se nos muestran de un modo simultáneo: temor de algo, defensa contra un ataque y dolor con motivo del mismo. En tal sentido, lo que aquí se muestra es una de las más dramáticas escenas del mito homérico referido al regreso a casa de Odiseo tras finalizar la guerra de Troya.

En el centro de esta hidria ática de figuras rojas, atribuida al Pintor Jena, y fechada en torno al 390 a.e.c., se ubica, destacando sobre los demás personajes, una mujer sentada y ricamente vestida. Se encuentra sobre la parte superior de un arcón y mantiene en su mano un espejo que parece enfatizar su belleza. En tal sentido, su gesto la hace aparecer deseable. La inscripción la nombre Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. El hombre joven de pie que fija en ella su mirada, y que lleva un gorro frigio y una lanza, es nombrado como Alexandros, al arcaico término homérico empleado para Paris. En la escena se observa una figura de un chico volando entre ambos, que encarna el deseo, pues se trata de Himeros, con lo cual se enfatiza sobremanera la tensión erótica, el contacto íntimo a través de los ojos (y las miradas), que se encuentran.

Más allá de Helena se ve un joven hombre no identificable que porta una doble lanza. Quizá pueda ser Eneas, a quien Afrodita había elegido para acompañar a Paris. Detrás, una mujer, de nombre Peitho, la personificación de la persuasión. En la zona izquierda, más allá de París, un joven hombre desnudo está sentado. Tal vez estemos ante la presencia de uno de los hermanos de la bella Helena y, por lo tanto, ante uno de los gemelos divinos, los Dióscuros. La mujer representada encima de él lleva puesta una corona. Se trata de Habrosyne, quien personifica la abundancia y la riqueza, pero también la lujuria.

En vista de que la vasija era un objeto funerario para ser depositado en la tumba, se podría tener aquí una alusión a la belleza y a la buena fortuna en los amores de una mujer que falleció tempranamente, siendo todavía bastante joven.

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