1 de abril de 2026

Reinos neohititas o principados sirio-neohititas. Formación y evolución







Imágenes, de arriba hacia abajo: estela neohitita con escena de banquete, de Marash. Siglo IX a.e.c.; estatua del rey Tarhunza, del reino de Malatya; base de columna con dos esfinges en Zincirli (Sam'al), datada en el siglo VIII a.e.c.; figura sedente neohitita o aramea, datada entre los siglos X y VIII a.e.c.; relieve neohitita de Karkemish, datado en el siglo VIII a.e.c.; panorámica del yacimiento de la ciudad hitita y neohitita de Kultepe; ortostato con relieve del reino de Malatya y; mapa de algunos Estados neohititas. Los reinos luvitas, reinos luvio-arameos o reinos sirio-hititas (en la historiografía tradicional neohititas); Estados surgidos después de la caída del imperio Hitita en 1200 a.e.c.

Estos reinos o principados, que los asirios denominaron como hattayu y hattu, y los hebreos htym, conformaron núcleos de población con una reducida relevancia política y con no muy amplia extensión territorial, que mantuvieron una parte de las características culturales hititas en la Siria septentrional. Los territorios al norte de las montañas del Anti Tauro y el Amanus, que formaran parte del imperio de Hatti desde una perspectiva política, contaron con una población luwita y un componente hurrita bastante amplio, en tanto que los estados meridionales a partir de esta referencia geográfica, que habían sido reinos dependientes del imperio hitita (siglos XV al XIII a.e.c.), mantenían una población semita con algunos grupos étnicos hurritas, así como una clase dirigente de luwitas e hititas, en particular, militares, funcionarios de palacio y gobernantes.

La formación de estos estados tiene como fundamento la expansión territorial del Imperio hitita entre los siglos XIV y XIII a.e.c., así como las migraciones de los grupos conocidos como hititas jeroglíficos una vez desmembrado el imperio. Desde un punto de vista cronológico estos reinos abarcan desde el Hitita Reciente I (hacia 1000-950 a.e.c.) hasta el Hitita Reciente IIIb (750-700 a.e.c.). En el siglo XII a.e.c. se documenta el Estado de Tabal (una confederación de pueblos), Karkemish, Kummuhu, Malatya, Arpad y Ya’diya, y tal vez también Alepo, Guzana, Adana, Luhuti y Til-Barsio, entre otros, en tanto que en la siguiente centuria los grupos étnicos arameos del norte de Siria fundan el reino de Saram. A la par, dinastías de origen arameo se establecen en algunos principados neohititas, como es el caso de Bit-Adini, en Til-Barsip, Bit-Bahiani en Guzana, o Bit-Agushi en Arpad, por ejemplo.

Entre los siglos XII y XI a.e.c. se lleva a cabo una fase formativa signada por un cierta dependencia política del Reino Asirio en época de reinado de Tiglat-Pileser I (1115-1077 a.e.c), que acaba ocupando los importantes reinos de Karkemish y Malatya. Ya entre los siglos XI y X, debido a las divisiones internas del Reino Asirio, los Estados neohititas extienden su dominio en la costa libanesa hasta Israel, contactando con este reino en la época de David y Salomón (desde 1015 a 930 a.e.c.). De hecho, en los textos hebreos se les conoce como hijos de Hatti o Heth. El siglo IX, una fase con una dinámica política y territorial semejante a la de las ciudades-reino fenicias, sufre las condiciones que surgen de la expansión militar asiria durante los reinados de Assurnasirpal y Salmanasar III, a partir de 875 a.e.c. y hasta el último cuarto del siglo. Estos reyes asirios resultan vencedores de una coalición hitita-aramea en la batalla de Lutibu debilitando, de paso, al reino de Urartu en virtud de una expedición llevada a cabo en 856 a.e.c. La ocupación, no obstante, fue más teórica que real, siendo, más probablemente una sumisión solamente teórica o centrada en el pago de tributos. En cualquier caso, la amenaza militar asiria fue un severo condicionante de las alianzas y acuerdos entre los estados arameos y las ciudades-reino fenicias con los reinos sirio-neohititas.

Para el siglo VIII a.e.c. se documenta la presión que ejerce Urartu sobre los principados neohititas, en particular en la época de Argishti I y Sadurni II, momento en el que es tomado Malatya y otros reinos se ven en la obligación de pagar tributos al reino de Urartu. Asimismo, acontece la creación de una coalición anti asiria controlada por Urartu.

Los asirios establecen gobernadores (turtanu) en Til Barsip con la finalidad de controlar los territorios nororientales de la zona neohitita. No obstante, acciones militares directas ulteriores, llevadas a cabo por Tiglat-Pileser III, quien derrota a la coalición urarto-neohitita, culminan con la anexión asiria. El rey asirio somete al pago de tributos a un buen número de reinos neohititas (Gurgum, Malatya, Tuwana, Atuna, Tabal, y otras). Posteriormente, Sargón II (segunda mitad del siglo VIII), en reacción a una rebelión que propicia Frigia, anexiona todos los Estados neohititas, convirtiéndolos en provincias del Reino asirio, siendo gobernadas por un encargado o un jefe de la circunscripción (bel pihati).

Las unidades políticas del norte de Siria tenían como característica básica que las comunidades étnicas base de la población no se reconocían como hititas. Así, el calificativo étnico y cultural lo obtuvieron en los registros de los Estados próximos. Esto pudo deberse a que los grupos originarios del reino de Hatti eran de poca relevancia, a que hubiese una estructura social mixta a consecuencia de migraciones, a un éxodo provocado por el expansionismo asirio, o a las deportaciones. La definición como hitita pudo proceder del hecho de que en estos Estados el poder político fuese detentado por una clase social que procediese del antiguo territorio de Hatti.

En las inscripciones regias y religiosas, así como en los textos administrativos se usaba la lengua luwita, mientras que el panteón religioso de estos reinos sirio-hititas mostraba un mestizaje cultual derivado de la mezcla étnica entre grupos anatolios y comunidades se sustrato arameas y cananeas. Las principales deidades de las ciudades eran Kubaba, deidad femenina asociada con los cultos de la fertilidad y el concepto de diosa madre, y Thasmah, divinidad de la climatología, los fenómenos atmosféricos, sobre todo de la tempestad, y de la fertilidad en el campo. Eran deidades que protegían a las monarquías neohititas. La reina y el rey, en el marco de la estructura religiosa, ejercían el rol de gran sacerdotisa y sumo sacerdote. Uno de los rasgos religiosos más destacados era la adivinación y la predicción del futuro, de ahí la realización de prácticas de avispicina (análisis del vuelo de las aves), y epatoscopia (predicción del futuro tras el examen del hígado de animales sacrificados).

La estructura política de estos estados neohititas se conoce gracias a textos hebreos y asirios. En ellos se menciona un poder político unificado unipersonal, con casi total seguridad un rey, una suerte de monarca absoluto que contaría con un sustancial apoyo de la fuerza militar, lo que conllevaría la configuración de dinastías hereditarias, como fue el caso de Gurgum o Karkemish. Algunos monarcas neohititas, como los de Karkemish y Malatya, portaron, entre 1200 y 700 a.e.c., los apelativos de Gran Rey y de Héroe, como se puede apreciar en las inscripciones jeroglíficas halladas en el norte de Siria y en el sudeste de Anatolia. En el reino de Karkemish, en particular, coexistieron los conocidos como señores del país y los grandes reyes, probablemente dos ramas de poder paralelo en el mismo reino, algo constatable a partir del 1000 a.e.c.

Al lado de los reyes, las inscripciones citan a los jueces o tarwani. En Sam’al, en una inscripción del rey Kilamua de 827 a.e.c., se mencionan dos grupos entre la población, los ba’rir, de ascendencia aramea, y los mushkab, agricultores. Se puede asegurar que, como ocurría con las ciudades reino fenicias, no había una idea de Estado común entre los reinos neohititas, aunque hubo ciertos intentos. Únicamente el reino de Kizzuwatna intentó configurar, en el siglo X, una estructura política supraestatal que agrupaba unidades políticas de Cilicia (reinos de Tuwanna, Tobal, Taro, Hupisna). Asimismo, el reino de Malatya, en los siglos IX y VIII a.e.c., intentó encabezar una confederación, llamada Milid, con los núcleos de Gurgum y Kummanu.

Bibliografía básica

Bryce, T., The World of The Neo-Hittite Kingdoms: A Political and Military History, Oxford University Press, Oxford, 2012.

Gracia Alonso, F. & Munilla Cabrillana, G., Protohistoria: pueblos y culturas del Mediterráneo entre los siglos XIV y II a.C., Universidad de Barcelona, 1960.

Hawkins, J.D., “Assyrians and Hittites”, IRAQ, 36, 1-2, 1974, pp. 67-83.

Hawkins, J.D., “The Neo-Hittites States in Syria and Anatolia”, Cambridge Ancient History, III, 1, Cambridge, 1982, pp. 372-441.

Hawkins, J.D., "Karkamish and Karatepe: Neo-Hittite City-States in North Syria", Civilizations of the Ancient Near East, 2, 1995, pp. 1295-1307.

Kuhrt, A., El Oriente próximo en la antigüedad, c. 3000-330 a.C., edit. Crítica, Barcelona, 2001.

Liverani, M., El Antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía, edit. Crítica, Barcelona, 1995.

Weeden, M., “After the Hittites: The kingdoms of Karkamish and palistin in Northern Syria”, Bulletin of the Institute of Classical Studies, 56, 2, 2013, pp.1-20.

Younger, K. L., A Political History of the Arameans: From Their Origins to the End of Their Polities, SBL Press, Atlanta, 2016.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA-UFM, abril 2026.

 

26 de marzo de 2026

Curso China en el mundo. Civilización, modernidad y desafíos del siglo XXI. Desde abril hasta junio, en la Universidad Francisco de Vitoria (Pozuelo de Alarcón, on line), y a través de AHEC (Asociación Hispánica de Estudios de China), un curso abierto a estudiantes y personas interesadas. Cupo limitado a cincuenta personas. Estaré participando en el mismo el día 16 de junio, en este bloque IX, hablando sobre China en la consciencia histórica europea y española desde el siglo XVI. Espero que resulte de interés y utilidad.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-ICA-UFM, marzo, 2026.

 

12 de marzo de 2026

Ugarit. Sociedad, religión y mito




Imágenes, de arriba hacia abajo: estatua de deidad sentada de Ugarit, datada entre 1400 y 1150 a.e.c. Museo Nacional de Aleppo; estela de Ras Shamra (Ugarit) con representación del dios El; poema mitológico ugarítico, en concreto, el ciclo de Baal. Siglo XIV a.e.c. Museo del Louvre, París, y; puerta de entrada al recinto urbano de Ugarit.

Ugarit es un arcaico yacimiento que hoy se ubica en la localidad de Ras Shamrah o Ras Shamrash, próximo al pueblo de Minet el-Beida, en la actual Siria septentrional. Su período histórico de mayor poderío político y económico se produjo entre los siglos XIV y XIII a.e.c. Es un asentamiento con una ocupación continuada desde el Neolítico, pasando por el Calcolítico, Bronce Antiguo y Bronce Final. En el nivel II, desde 2000 a.e.c. (correspondiente a las fases que van desde el Ugarítico Medio I o Ras Shamra II,1, hasta el Ugarítico Medio III o Ras Shamra II,3, entre 2100 y 1600 a.e.c.), corresponde a la época de las edificaciones que representan a la ciudad, destacando los talleres de producción metalúrgica, el trazado urbanístico con calles paralelas y las casas agrupadas en barrios, así como los templos de Baal y Dagon. El nivel I se articula en asociación con el palacio, centro político y económico de Ugarit.

La organización de la ciudad como un Estado acontece a comienzos del segundo milenio a.e.c., cuando se planifica el núcleo urbano con el recinto de los templos y el palacio, aparecen las primeras referencias a una monarquía hereditaria y se comienza a emplear el sello real como un símbolo del poder. El palacio es el encargado de organizar la vida política y económica, en tanto que el sistema de la monarquía hereditaria es ejercido por un grupo familiar creado, con bastante seguridad, por Niqmad I y Yaqarum su hijo. En los textos se señala que las funciones del monarca son las relaciones exteriores del Estado (llevadas a cabo por medio de alianzas con egipcios e hititas sobre todo), la dirección de parte de las actividades económicas de la urbe, el poder judicial y el control del ejército, amén de un rol sobresaliente en la organización religiosa y, naturalmente, el gobierno de la ciudad.

El poder en las poblaciones y comunidades agrarias radica en los consejos de ancianos (si-butu) y en las asambleas populares. Los integrantes de esta estructura de poder están vinculados por relaciones familiares o de pertenencia a la administración palacial. Otros cargos de relevancia era el rb o relevante del pueblo, responsable de los ancianos de los grupos del servicio regio; el maskim o sakinu, un visir o suerte de alcalde responsable de un pueblo; o el hazannu, aquel que recibe tierras del soberano.

El ejército estaba estructurado con tropas terrestres, que constaba de dos grupos, los carros de guerra, arrastrados por caballos (comandados por el jefe de los carros o akil narkabti, y conducidos por mercenarios especializados llamados maryannu, que conformaban una especie de nobleza militar), y la infantería. Su pago consistía en lotes de tierras además de pagos en aceite, vino o plata. La infantería también contaba con una división en grupos; la guardia del palacio, los soldados de leva, guerreros derivados de los campesinos alistados (hupshu), y las tropas fronterizas. Había arqueros y soldados que portaban espada. Asimismo, existía una flota que protegía los barcos comerciales y que también tenía como misión la seguridad en la zona marítima del Estado.

La nobleza, tal vez de origen étnico, que se encontraba en el palacio, se encargaba de controlar la casa real. Entre sus cargos había agentes de negocios, sacerdotes, embajadores y comisionados. En la organización cultual, centrada en los templos de Dagon y Baal, que conformaban una especie de religión estatal a cuyo alrededor había cultos de carácter local, se encontraban, al lado del rey, el supremo sacerdote, encargado de la transmisión de los saberes y la tradición religiosa comunitaria, así como de la administración templaria. En niveles inferiores se hallan los servidores del templo (cantantes, músicos, aguadores), prostitutas sacras y los llamados devotos o santos.

En lo que respecta a la religión, hay que comenzar advirtiendo que en el panteón de Ugarit existían casi doscientas cincuenta deidades, aunque menos de una treintena conformaban el núcleo de la estructura religiosa. Destacaban tres, El, Baal y Anath.

El concepto religioso relativo a El ya era conocido en Siria en el III milenio a.e.c., tal vez como una evolución del principio que se documenta en Ebla con el vocablo Be y en Sumer con el nombre de líder o el primero. Representa la autoridad divina suprema, el principio que crea el mundo y un poder absoluto sobre la vida humana y sobre el ordenamiento cósmico. Su papel en los ciclos míticos de la ciudad es preponderante, en especial en los de Keret, Sahar-Salim y Aqhat. Su culto perdurará hasta los tiempos de las ciudades reino fenicias, siendo identificado con Cronos en el helenismo. Desde una perspectiva iconográfica se muestra con una larga barba y entronizado, elementos simbólicos de la majestuosidad. Su consorte es la conocida Ashtarté, madre de las divinidades y protectora del mar. Participa, además, en los ciclos mitológicos de Baal , lo cual ayudó a su integración en el panteón de las mencionadas ciudades reino fenicias.

Baal, el príncipe, en ocasiones hijo de Dagan, es una divinidad fertilizadora en el ámbito cananeo y un principio creador del orden en el mundo. Iconográficamente, aparece representado con la lanza de luz, un casco cornudo, relacionado con la potencia sexual, y la maza del trueno. Se asocia con una divinidad femenina que hace las veces de su hermana, y que no es otra que Anath. Esta deidad se vincula con el sexo y el amor y, por ende, con la maternidad de los dioses. Se relaciona con la babilónica Ishtar.

Las prácticas cultuales en Ugarit se llevaban a cabo en el templo. En los rituales de purificación, que se hacían con agua y colorante rojo, se hacían ofrendas a las deidades (miel, vino), y se llevaban a cabo sacrificios de animales.

En lo que respecta a los mitos, se puede señalar que se organizan en tres grupos: aquellos referidos al ciclo de Baal y las relaciones que tiene con otras deidades, en los que se establece un relato centrado en los principios de muerte y resurrección, fundamento de las composiciones míticas de raigambre agraria, y en los conceptos de la divinidad generadora; el relato épico de Keret, soberano de Hubur, que aparece asociado al ciclo mesopotámico de Gilgamés; y la incompleta leyenda de Aqhat, hijo de Danel, un mítico rey de Canaán a través del cual se refiere una historia de muerte y de venganzas, y en la que se aprecian conceptos de la estructura familiar ugarítica.

Mitos menores serían el mito de las bodas de Yarhu y Nikkal, un himno nupcial que actúa como elemento simbólico de la fecundidad; el relato de los amores de Anat y Baal; el relato del combate entre los dioses del desierto y Baal, que ha sido interpretado como una teomaquia, una pugna entre los conceptos relativos a la fertilidad y los principios que la destruyen; el relato de la virgen madre Anat, que se relaciona directamente con los rituales de procreación de animales y humanos; el mito de Sahru-salimu, que hace comprensible el papel del dios El como el padre de las divinidades; y la Saga de los Rapauma, en lo tocante al culto a los antepasados que acaban transformados en héroes, lo que se convertiría en una fórmula de culto doméstico.

Bibliografía básica

Del Olmo, G., Mitos y leyendas de Canaan según la tradición de Ugarit, edic. Cristiandad, Madrid, 1981.

Del Olmo, G., Mitos, leyendas y rituales de los semitas occidentales, edit. Trotta, Madrid, 2013.

Heltzer, M., The Social Structure of Ugarit, Ludwig Reichert edic., Wiesbaden, 1982.

Leick, G., A Dictionary of Ancient Near Eastern Mythology, edit. Routledge, Nueva York, 1991.

Pardee, D., Ritual and Cult at Ugarit, Society of Biblical Literature, Atlanta, 2002.

Rainey, A.F., The Social Structure of Ugarit, Bialik Institute edic., Jerusalén, 1967.

Wyatt, N., Myths of Power. A study of royal myth and ideology in Ugaritic and biblical tradition, Ugarit Verlag, Münster, 1996.

Wyatt, N., Religious Texts from Ugarit, Sheffield Academic Press, University of Sheffield, 2002.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-AHEC-AVECH-ICA-UFM, marzo, 2026.

3 de marzo de 2026

Deidades celtas: funciones e imagen








Imágenes, de arriba hacia abajo: el llamado Bronce de Bouray, con un dios Cernunos antropomorfo, con un torques al cuello; bajorrelieve de Reims con el dios Cernunnos, flanqueado por Mercurio y Apolo; Taranis-Jupiter con un rayo y una rueda. Le Chatelet, Musée d'Archéologie Nationale, París; Epona como señora de los animales, con dos caballos y un cesto con frutos. Historisches Museum, Viena; un bronce del dios galo Sucellus, con una túnica gala y un caldero. Siglos I-III; Ara dedicada a Belenos en Aquileia; Ogmios o Heracles galo arrastrando humanos por las orejas. Boceto del pintor renacentista alemán Alberto Durero a partir de la descripción de Luciano de Samosata y; mural de Brigid en la localidad de Kildare, en Irlanda, obra del artista Michael Thompson.

En el mundo celta y en todos sus territorios, existieron deidades comunes, pero también divinidades que eran adoradas en una determinada región o por parte de una específica tribu. A partir de las inscripciones se han detallado cerca de cuatrocientas deidades, si bien es probable que en ocasiones, un mismo dios o diosa portase diferentes nombres dependiendo de la región en la que su culto tuviese relevancia.

Uno de los dioses de mayor presencia en las inscripciones en Cernunnos, Señor de los Animales, deidad astada y cornuda, que se encargaba de proteger los bosques y los animales, pero que también se relacionaba con la fecundidad. Este dios pancéltico era representado sentado y con las piernas cruzadas, con cornamenta y un torques en el cuello, y rodeado de animales (osos, toros, sierpes). A veces aparecía con un falo de gran envergadura. Es el dios que se aprecia en el célebre Caldero de Gunderstrup danés, sosteniendo una sierpe, símbolo de abundancia, y rodeado de animales, así como en un relieve en Reims en el que, barbado, aparece al lado de Apolo y Mercurio. Este último sostiene un saco en su regazo del que parece extraer granos o monedas.

Pudo estar asociado al romano Dis Pater, señor del inframundo y la muerte. Al estar ataviado con una cornamenta se ha sugerido que fuese más un sacerdote o un chamán que una deidad. El hallazgo de cuernos de ciervo tallados como amuletos fálicos podría orientar su figura hacia este sentido. Su parecido al fauno le ha reportado la denominación de señor de los bosques. Su representación más antigua es la de Val de Camonica, en la Galia Cisalpina, en donde se observa una figura de astado con torques vinculado a un sol. Otra de sus representaciones principales es la del bronce de Bouray, localizada en el antiguo entorno geográfico de los Parisii. Aquí está con las piernas cruzadas y porta un torques al cuello. En los Nautae Parisiaci, monumento en honor a Júpiter de época de Tiberio, se ve con orejas de animal, cuernos y barba, además de un par de torques, colgados de cada cuerno.

Debido a sus atributos fue asociado por el cristianismo a Satán, si bien en Britania se relaciona con el santo Korneli, patrón de los animales con cornamenta, y se halla estrechamente vinculado con San Cornelio. En las leyendas irlandesas y galesas medievales lo hallamos en la figura de Conall Cernach, en el ciclo del Ulster.

La diosa Epona, del galo epos y, por tanto, caballo, era un deidad de la soberanía, una diosa madre, y una entidad que acompañaba a los fallecidos al otro mundo. Protectora y cuidadora del hogar, se la asociaba con la muerte y el agua, pero también con la curación, el agua y la naturaleza. Suele representarse encima de un caballo, alimentando potros o de pie entre manadas de équidos1, aunque en la Galia aparece como una ninfa acuática. Aparece con la cabeza cubierta con un manto y vestida con ropas largas, si bien puede mostrarse, asimismo, desnuda. En las manos porta una cesta con frutos, una pátera y una cornucopia. En relación al mundo funerario, algunas de sus representaciones (como el relieve de Agassac), la muestran con la rueda, un símbolo del sol. Epona y otras deidades psicopompas se asocian al agua, puesto que los indoeuropeos creían que la separación entre la esfera mundana y la ultramundana la conformaba una masa acuosa, que el difunto debía atravesar en barco. El viaje, lleno de obstáculos, consistía en atravesar un río al lado de la diosa Epona y en una embarcación conducida por el barquero Belenos2.

Comparada a Cibeles, en la península Ibérica la vemos representada en la inscripción del siglo II, de la portada de la zamorana iglesia de Paramio, en tanto que entre los cántabros adquiere la denominación Epane. Aunque divinidad doméstica vinculada con la prosperidad, fue muy venerada por el ejército romano, y en algunas monedas aparece con cabeza de caballo. En la cultura popular moderna se la ha referenciado en canciones (A Rose for Epona, de la banda Eluveitie, que habla de una mujer que solicita ayuda a la diosa) y videojuegos (La Leyenda de Zelda, donde el protagonista se desplaza en una yegua de nombre Epona).

Lug o Lugh, era un dios de las artes, encargado de garantizar que los contratos comerciales fuese efectivos. Equiparado con Mercurio por Julio César en la Guerra de las Galias, era la divinidad que nombraba la festividad de Lughnasad (día primero de agosto), fiesta de la primera cosecha. El cuervo era el animal que lo representaba y en la mitología irlandesa es una entidad que procede de los Tuatha Dé Danann. Muchos nombres de ciudades europeas rinden homenaje a este dios, como Lyon, Lugo, así como denominaciones de etnias o tribus (como los Luggones, parte de los Astures, o la tribu de los Luigne, en Irlanda). Su acompañante es la diosa Rosmerta, cuyo culto fue relevante en la Galia y en Bretaña.

Se le ha considerado como rey de los dioses. Surgido de una dualidad primigenia, una pareja que formarían, del lado masculino Taranis-Teutatis-Sucellus, probables epítetos de una divinidad suprema sin nombre, y del lado femenino las matres (diosa triple representada como Dana, Brigid y Tailtiu), es un dios solar, brillante, si bien en la mitología de Irlanda es una deidad de la guerra, asociada con los cuervos, el lobo y en ocasiones, con el jabalí (un símbolo de realeza entre los galos). Como Mercurio galo se relaciona con el número tres (tres falos, tres caras).

Aparece mencionado en varias inscripciones, como en la celtibérica de Peñalba de Villastar, en la inscripción latina de Uxama (Lugovibus sacrum L. L(incinius) Urcico collegio sutorum d(onum) d(at)), o en varias de la provincia de Lugo (Lucuobu Arquieni(s) Silonius Silo ex voto, Outeiro de Rei). La cristianización del dios pudo estar detrás de la historia de San Lorenzo así como del festival de Saint Laurent en Lyon, que se celebra durante tres días en el mes de agosto.

Taranis, por su parte (Taran en gaélico, Tutatis en la Galia), una deidad comparada con el Júpiter romano y, por ende, una deidad soberana celestial al que se le solían ofrecer cabezas cortadas, se asocia a la guerra y al trueno. Sus símbolos lo conforman la espiral y la rueda de cuatro radios, lo que le aportaba un carácter solar. La creencia celta advertía que el astro solar viajaba por la noche para volver a surgir al día siguiente (como en Egipto), y el encargado de transportarlo a caballo era precisamente Taranis. El dios suele aparecer representado con un rayo en la mano, considerado un arma. También este deidad ha dejado rastro en la toponimia, en especial en Asturias, como Taraña o Tárano, entre otras localidades.

Una de las principales referencias al esta deidad se encuentra en la Farsalia de Lucano, donde afirma que esta entidad, además de Eso y Teutades, suelen ser aplacados con sacrificios humanos3. Representado como un corpulento hombre barbudo, simboliza el hombre adulto en forma de padre que guía al pueblo tanto en la paz como en la guerra, y de ahí su asimilación romana a Júpiter. Tal vez este vínculo indicaría que estaríamos ante un dios principal de los celtas, que ha dejado rastro en la toponimia y en las leyendas, como un protector tribal y una deidad guerrera. Habitualmente representado con una rueda de seis o de ocho radios (quizá una referencia a la flor del agua), estaría próximo a un símbolo solar. Pequeñas ruedas de metal han sido halladas entre los Belgas asociadas a Taranis. Harían las veces de amuletos, cuyos antecedentes ya aparecían en entornos religiosos de la Edad del Bronce y del Hierro entre los galos.

En algunos altares con inscripciones en latín se le representa con el rayo, la rueda, un mazo y, en ocasiones, rodeado de animales como aves, caballos o sierpes.

Sucellos o Sucellus, deidad solar y de la agricultura, se asociaba al más allá. De forma análoga al dios irlandés Dagda, sus símbolos eran el caldero y el mazo. En tal sentido, en el relieve de Vienne, en Isère, se le muestra con el mazo y una olla, además de una piel de lobo encima de su cabeza. Su pareja, de nombre Nantosuelta, se vincula en la Galia con las aguas, pues su nombre podría significar río sinuoso. En algunos bajorrelieves aparece al lado de aves como un cuervo o una paloma, lo que podría relacionarla con la Rhiannon galesa y con la deidad irlandesa Morrigan. La pareja que conforman Sucellus y Nantosuelta podría relacionarse con Dagda y Morrigan, tal vez las mismas deidades, con los mismos atributos y funciones pero con nombres distintos.

En el relieve de Sarrebourg (siglos I-II), en las proximidades de la ciudad de Metz, Nantosuelta, a la izquierda de Sucellos, lleva un vestido largo y en su mano izquierda mantiene un objeto en forma de casa con techo a dos aguas, tal vez un palomar. En la derecha tiene una pátera que inclina hacia un altar. Sucellos, barbado, con túnica y una capa, lleva en su mano izquierda una olla romana y en la derecha un mazo. En algunas inscripciones, como la de la antigua Augusta Rauricorum (hoy Augst), se asimila a este dios con Silvano.

Este dios galo-celta probablemente se sincretizó en época romana con Hércules. En algunas figuras en bronce hispano romanas (provenientes de Badajoz y Almería), este dios barbudo cubre sus hombros y cabeza con una piel de lobo, semejante a Hércules, pero con piel de león. Ambos van armados, Hércules con un garrote o maza y Sucellus con un martillo o mazo. Probablemente la secuencia Heracles-Hércules, Sucellus y Thor correspondería a varias versiones de un mismo y arcaico dios. No obstante, los dos últimos se identifican asimismo con el roble, el trueno y el rayo, la soberanía y la lluvia (como Júpiter y Zeus, por ejemplo). Sucellus se relaciona con el mundo de ultratumba a través del lobo, animal vinculado con el más allá y con las hermandades de guerreros. El mitificado lobo guiaría al guerrero fallecido al ámbito ultramundano. El lobo, con sus fauces abiertas, devora la cabeza del guerrero (para los celtas el alma reside en la cabeza).

Entre las tribus de los boyos y los arvernos fue específicamente reverenciado como una deidad creadora.

Las Matres o Matronae eran deidades que se representaban como tres figuras sedentes, simbolizando las edades o ciclo femeninos, de distintas edades; una de ellas, una joven, otra una madre de mediana edad, y una tercera anciana. Aparecen representadas con cestas colmadas de panes, frutas, granos, y acompañadas de niños que se sientan en sus regazos. Son símbolos relacionados con la protección del hogar, de las enfermedades y de la pobreza, así como con la fertilidad.

Belenos es una divinidad de la salud, encargado de llevar en su barca a los fallecidos a través de las aguas del Danú para que puedan renacer en el más allá, en tanto que Ogmios (u Ogma en los ámbitos insulares, aunque con una imagen diferente, como un fuerte y elocuente guerrero), se relaciona con la elocuencia. Ogmios fue comparado con el semidios Heracles por Luciano de Samosata, quien lo describe viejo y calvo. Es la imagen del anciano maestro y sabio, de ahí que haya sido el creador del relevante alfabeto ogham. Símbolo del poder de la palabra ritual vincula la esfera humana con la divina. La representación más sobresaliente de esta deidad gala lo muestra con una cadena de oro que conecta su lengua con hombres atados de las orejas, lo que implica dominio sobre la comunicación y capacidad de persuadir. Se podría decir que simboliza la tradición oral, a través de la cual se transmiten enseñanzas de generación en generación. Se conecta con el empleo de la palabra como una herramienta de poder.

Belenos, que porta el epíteto Vindonnus (brillante) en toda el área céltica del Occidente, tuvo un culto relevante en la Galia Cisalpina, en Britania y en la península Ibérica. Su dispersión es comparable a la de Lugh. Uno de sus santuarios principales estaba en Aquileia, si bien se documentan templos de Belenos en Narbo y en Nimes. Además, Ausonio menciona otro en Massalia. En Aquae Sulis, en Bath, en un templo de aguas medicinales un gran dios solar allí representado puede ser Belenos4. La leyenda de la tumba de Belenos relacionada con un islote cercano al Monte Saint Michel sugiere un vínculo entre esta deidad y el arcángel cristiano de ese nombre.

Por su parte, el etnónimo pelendones en Hispania parece probable que se relacione con los que veneran a Belenos. Asimismo, en la toponimia hay recuerdo del dios: Beloño en Gijón o San Juan de Beleño, también en Asturias. Belenos se asocia con el moderno festival de Beltane (día 1 de mayo), con la rueda y con los caballos. En la Historia Augusta se puso en relación con Helios. Modernamente, ha sido motivo principal en canciones (Los Fuegos de Belenus, de Salduie), e incluso ha inspiado el nombre de grupos musicales de rock, como la banda Bëlenus de Jerez de la Fortaleza.

La diosa Brigit, la Elevada, fue la diosa titular de la tribu de los brigantes. Esta multifuncional deidad era protectora de los partos, la prosperidad y la poesía, destacándose como diosa territorial y soberana. Su festividad asociada era Imbolc, que se celebraba el primero de febrero. Aparece vinculada con Anú y con Dana, siendo reverenciada por poetas, bardos y también médicos.

Brigid puede haber evolucionado a partir de múltiples diosas e incorporado, por tanto, varios arquetipos.

Como deidad triple céltica, a veces se la veneraba como diosa del fuego, lo que hace que se la relacione a menudo con un papel como divinidad de la herrería y la metalurgia. En contraste con esto, también se la consideraba una entidad relacionada con los pozos y los ríos, así como una diosa de la música y varias otras formas de arte. En tal sentido, se pensaba que inspiraba canciones, la poesía, la artesanía y sabiduría.

Con el cristianismo se convierte en una santa muy reverenciada, Santa Brígida. De hecho se dice que Santa Brígida fue una monja en el siglo V, fundadora de un monasterio y un convento en Kildare, en el emplazamiento de un santuario de la arcaica diosa pagana. Al igual que el emplazamiento del santuario, un buen número de leyendas sobre sus hazañas la vinculan a la diosa pagana. La veneración de Brígida como santa cristiana permitió a los irlandeses seguir invocándola como antaño. Su fiesta sigue siendo el 1 de febrero y en algunas regiones de Irlanda era popular dejarle ofrendas de comida hasta bien entrado el siglo XVIII. Hoy se considera patrona de Irlanda.

Otros dioses de relevancia (de entre muchos) que podrían mencionarse, serían Andarta o Dea Artio, deidad en forma de oso, patrona de la vida agreste; la diosa Coventina, representada como una ninfa acuática; el dios de la juventud, conocido como Maponos, que suele representarse como un joven desnudo con una lira. Por tal motivo, ha sido asociado a Apolo por los romanos; Bormo o Borvo, deidad asociada a las fuentes termales, cuyo consorte sería Bormana o Damona; la diosa jabalí Arduinna, relacionada con las montañas y vinculada con Diana por parte de los romanos; una deidad de la primavera que se representa como una madre lactante, al lado de perros (relacionados con el más allá), y con cestas de frutas, de nombre Aveta; o Nemetona, quizá vinculada a la tribu germánica de los nemetes. Es posible algún vínculo con una diosa irlandesa de nombre Nemain, en virtud del cual podría velar por los espacios sacros.

Bibliografía básica

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1 Epona al lado de un caballo es una representación común, si bien en varias aras votivas aparecen solamente los animales y una inscripción alusiva a la deidad.

2 Los difuntos podían llegar al mas allá a través de las aves carroñeras, como los buitres. Los cuerpos de los guerreros muertos en la lucha eran devorados por los cuervos, de forma que las aves, después de comer, ascendían al cielo, lo que simbolizaba que los fallecidos se reunían con las divinidades.

3 Esus es una deidad venerada en la Galia que aparece mencionada en el monumento conocido como Nautae Parisiaci del siglo I (vid supra), en donde se le representa barbado y con ropas de artesano al lado de un árbol, al que corta las ramas con una hoz. Es el señor de los bosques, donde se ubica el mito de Tarvos Trigaranus (toro de las tres aves), en cuya persecución destruye los bosques en donde se esconden los animales. La costumbre consistía en el ofrecimiento de víctimas humanas colgadas de un árbol.

4 Belisama, diosa de la buena fortuna y una deidad asociada a los ríos, pudo hacer las veces de paredro del dios Belenos.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-AEEAO-ICA-UFM, marzo, 2026.

 

28 de febrero de 2026

Vídeo. Libro de Julio López Saco


Vídeo de presentación del libro Nada en Exceso. Historia, mito y arte en la antigua Grecia, Bookmundo, Rotterdam, 2026 (202 pp.). Aquí podréis ver algo del libro, que incluye ilustraciones a color y diversos anexos. Gracias y saludos cordiales. J.L.S.

Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AHEC-AVECH-AEEAO-ICA-UFM, febrero, 2026. 

24 de febrero de 2026

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Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-AHEC-AVECH-ICA-UFM, febrero, 2026.