Imágenes,
de arriba hacia abajo: el llamado Bronce de Bouray, con un dios
Cernunos antropomorfo, con un torques al cuello; bajorrelieve de
Reims con el dios Cernunnos, flanqueado por Mercurio y Apolo;
Taranis-Jupiter con un rayo y una rueda. Le Chatelet, Musée
d'Archéologie Nationale, París; Epona como señora de los animales,
con dos caballos y un cesto con frutos. Historisches Museum, Viena;
un bronce del dios galo Sucellus, con una túnica gala y un caldero.
Siglos I-III; Ara dedicada a Belenos en Aquileia; Ogmios o Heracles
galo arrastrando humanos por las orejas. Boceto del pintor
renacentista alemán Alberto Durero a partir de la descripción de
Luciano de Samosata y; mural de Brigid en la localidad de Kildare, en
Irlanda, obra del artista Michael Thompson.
En
el mundo celta y en todos sus territorios, existieron deidades
comunes, pero también divinidades que eran adoradas en una
determinada región o por parte de una específica tribu. A partir de
las inscripciones se han detallado cerca de cuatrocientas deidades,
si bien es probable que en ocasiones, un mismo dios o diosa portase
diferentes nombres dependiendo de la región en la que su culto
tuviese relevancia.
Uno
de los dioses de mayor presencia en las inscripciones en Cernunnos,
Señor de los Animales, deidad astada y cornuda, que se encargaba de
proteger los bosques y los animales, pero que también se relacionaba
con la fecundidad. Este dios pancéltico era representado sentado y
con las piernas cruzadas, con cornamenta y un torques en el cuello, y
rodeado de animales (osos, toros, sierpes). A veces aparecía con un
falo de gran envergadura. Es el dios que se aprecia en el célebre
Caldero de Gunderstrup danés, sosteniendo una sierpe, símbolo de
abundancia, y rodeado de animales, así como en un relieve en Reims
en el que, barbado, aparece al lado de Apolo y Mercurio. Este último
sostiene un saco en su regazo del que parece extraer granos o
monedas.
Pudo
estar asociado al romano Dis Pater, señor del inframundo y la
muerte. Al estar ataviado con una cornamenta se ha sugerido que fuese
más un sacerdote o un chamán que una deidad. El hallazgo de cuernos
de ciervo tallados como amuletos fálicos podría orientar su figura
hacia este sentido. Su parecido al fauno le ha reportado la
denominación de señor de los bosques. Su representación más
antigua es la de Val de Camonica, en la Galia Cisalpina, en donde se
observa una figura de astado con torques vinculado a un sol. Otra de
sus representaciones principales es la del bronce de Bouray,
localizada en el antiguo entorno geográfico de los Parisii.
Aquí está con las piernas cruzadas y porta un torques al cuello. En
los Nautae Parisiaci, monumento en honor a Júpiter de época
de Tiberio, se ve con orejas de animal, cuernos y barba, además de
un par de torques, colgados de cada cuerno.
Debido
a sus atributos fue asociado por el cristianismo a Satán, si bien en
Britania se relaciona con el santo Korneli, patrón de los animales
con cornamenta, y se halla estrechamente vinculado con San Cornelio.
En las leyendas irlandesas y galesas medievales lo hallamos en la
figura de Conall Cernach, en el ciclo del Ulster.
La
diosa Epona, del galo epos y, por tanto, caballo, era un deidad de la
soberanía, una diosa madre, y una entidad que acompañaba a los
fallecidos al otro mundo. Protectora y cuidadora del hogar, se la
asociaba con la muerte y el agua, pero también con la curación, el
agua y la naturaleza. Suele representarse encima de un caballo,
alimentando potros o de pie entre manadas de équidos,
aunque en la Galia aparece como una ninfa acuática. Aparece con la
cabeza cubierta con un manto y vestida con ropas largas, si bien
puede mostrarse, asimismo, desnuda. En las manos porta una cesta con
frutos, una pátera y una cornucopia. En relación al mundo
funerario, algunas de sus representaciones (como el relieve de
Agassac), la muestran con la rueda, un símbolo del sol. Epona y
otras deidades psicopompas se asocian al agua, puesto que los
indoeuropeos creían que la separación entre la esfera mundana y la
ultramundana la conformaba una masa acuosa, que el difunto debía
atravesar en barco. El viaje, lleno de obstáculos, consistía en
atravesar un río al lado de la diosa Epona y en una embarcación
conducida por el barquero Belenos.
Comparada
a Cibeles, en la península Ibérica la vemos representada en la
inscripción del siglo II, de la portada de la zamorana iglesia de
Paramio, en tanto que entre los cántabros adquiere la denominación
Epane. Aunque divinidad doméstica vinculada con la prosperidad, fue
muy venerada por el ejército romano, y en algunas monedas aparece
con cabeza de caballo. En la cultura popular moderna se la ha
referenciado en canciones (A Rose for Epona, de la banda Eluveitie,
que habla de una mujer que solicita ayuda a la diosa) y videojuegos
(La Leyenda de Zelda, donde el protagonista se desplaza en una yegua
de nombre Epona).
Lug
o Lugh, era un dios de las artes, encargado de garantizar que los
contratos comerciales fuese efectivos. Equiparado con Mercurio por
Julio César en la Guerra de las Galias, era la divinidad que
nombraba la festividad de Lughnasad (día primero de agosto), fiesta
de la primera cosecha. El cuervo era el animal que lo representaba y
en la mitología irlandesa es una entidad que procede de los Tuatha
Dé Danann. Muchos nombres de ciudades europeas rinden homenaje a
este dios, como Lyon, Lugo, así como denominaciones de etnias o
tribus (como los Luggones, parte de los Astures, o la tribu de los
Luigne, en Irlanda). Su acompañante es la diosa Rosmerta, cuyo culto
fue relevante en la Galia y en Bretaña.
Se
le ha considerado como rey de los dioses. Surgido de una dualidad
primigenia, una pareja que formarían, del lado masculino
Taranis-Teutatis-Sucellus, probables epítetos de una divinidad
suprema sin nombre, y del lado femenino las matres (diosa
triple representada como Dana, Brigid y Tailtiu), es un dios solar,
brillante, si bien en la mitología de Irlanda es una deidad de la
guerra, asociada con los cuervos, el lobo y en ocasiones, con el
jabalí (un símbolo de realeza entre los galos). Como Mercurio galo
se relaciona con el número tres (tres falos, tres caras).
Aparece
mencionado en varias inscripciones, como en la celtibérica de
Peñalba de Villastar, en la inscripción latina de Uxama (Lugovibus
sacrum L. L(incinius) Urcico collegio sutorum d(onum) d(at)), o
en varias de la provincia de Lugo (Lucuobu Arquieni(s) Silonius
Silo ex voto, Outeiro de Rei). La cristianización del dios pudo
estar detrás de la historia de San Lorenzo así como del festival de
Saint Laurent en Lyon, que se celebra durante tres días en el mes de
agosto.
Taranis,
por su parte (Taran en gaélico, Tutatis en la Galia), una deidad
comparada con el Júpiter romano y, por ende, una deidad soberana
celestial al que se le solían ofrecer cabezas cortadas, se asocia a
la guerra y al trueno. Sus símbolos lo conforman la espiral y la
rueda de cuatro radios, lo que le aportaba un carácter solar. La
creencia celta advertía que el astro solar viajaba por la noche para
volver a surgir al día siguiente (como en Egipto), y el encargado de
transportarlo a caballo era precisamente Taranis. El dios suele
aparecer representado con un rayo en la mano, considerado un arma.
También este deidad ha dejado rastro en la toponimia, en especial en
Asturias, como Taraña o Tárano, entre otras localidades.
Una
de las principales referencias al esta deidad se encuentra en la
Farsalia de Lucano, donde afirma que esta entidad, además de
Eso y Teutades, suelen ser aplacados con sacrificios humanos.
Representado como un corpulento hombre barbudo, simboliza el hombre
adulto en forma de padre que guía al pueblo tanto en la paz como en
la guerra, y de ahí su asimilación romana a Júpiter. Tal vez este
vínculo indicaría que estaríamos ante un dios principal de los
celtas, que ha dejado rastro en la toponimia y en las leyendas, como
un protector tribal y una deidad guerrera. Habitualmente representado
con una rueda de seis o de ocho radios (quizá una referencia a la
flor del agua), estaría próximo a un símbolo solar. Pequeñas
ruedas de metal han sido halladas entre los Belgas asociadas a
Taranis. Harían las veces de amuletos, cuyos antecedentes ya
aparecían en entornos religiosos de la Edad del Bronce y del Hierro
entre los galos.
En
algunos altares con inscripciones en latín se le representa con el
rayo, la rueda, un mazo y, en ocasiones, rodeado de animales como
aves, caballos o sierpes.
Sucellos
o Sucellus, deidad solar y de la agricultura, se asociaba al más
allá. De forma análoga al dios irlandés Dagda, sus símbolos eran
el caldero y el mazo. En tal sentido, en el relieve de Vienne, en
Isère, se le muestra con el mazo y una olla, además de una piel de
lobo encima de su cabeza. Su pareja, de nombre Nantosuelta, se
vincula en la Galia con las aguas, pues su nombre podría significar
río sinuoso. En algunos bajorrelieves aparece al lado de aves como
un cuervo o una paloma, lo que podría relacionarla con la Rhiannon
galesa y con la deidad irlandesa Morrigan. La pareja que conforman
Sucellus y Nantosuelta podría relacionarse con Dagda y Morrigan, tal
vez las mismas deidades, con los mismos atributos y funciones pero
con nombres distintos.
En
el relieve de Sarrebourg (siglos I-II), en las proximidades de la
ciudad de Metz, Nantosuelta, a la izquierda de Sucellos, lleva un
vestido largo y en su mano izquierda mantiene un objeto en forma de
casa con techo a dos aguas, tal vez un palomar. En la derecha tiene
una pátera que inclina hacia un altar. Sucellos, barbado, con túnica
y una capa, lleva en su mano izquierda una olla romana y en la
derecha un mazo. En algunas inscripciones, como la de la antigua
Augusta Rauricorum (hoy Augst), se asimila a este dios con Silvano.
Este
dios galo-celta probablemente se sincretizó en época romana con
Hércules. En algunas figuras en bronce hispano romanas (provenientes
de Badajoz y Almería), este dios barbudo cubre sus hombros y cabeza
con una piel de lobo, semejante a Hércules, pero con piel de león.
Ambos van armados, Hércules con un garrote o maza y Sucellus con un
martillo o mazo. Probablemente la secuencia Heracles-Hércules,
Sucellus y Thor correspondería a varias versiones de un mismo y
arcaico dios. No obstante, los dos últimos se identifican asimismo
con el roble, el trueno y el rayo, la soberanía y la lluvia (como
Júpiter y Zeus, por ejemplo). Sucellus se relaciona con el mundo de
ultratumba a través del lobo, animal vinculado con el más allá y
con las hermandades de guerreros. El mitificado lobo guiaría al
guerrero fallecido al ámbito ultramundano. El lobo, con sus fauces
abiertas, devora la cabeza del guerrero (para los celtas el alma
reside en la cabeza).
Entre
las tribus de los boyos y los arvernos fue específicamente
reverenciado como una deidad creadora.
Las
Matres o Matronae eran deidades que se representaban como tres
figuras sedentes, simbolizando las edades o ciclo femeninos, de
distintas edades; una de ellas, una joven, otra una madre de mediana
edad, y una tercera anciana. Aparecen representadas con cestas
colmadas de panes, frutas, granos, y acompañadas de niños que se
sientan en sus regazos. Son símbolos relacionados con la protección
del hogar, de las enfermedades y de la pobreza, así como con la
fertilidad.
Belenos
es una divinidad de la salud, encargado de llevar en su barca a los
fallecidos a través de las aguas del Danú para que puedan renacer
en el más allá, en tanto que Ogmios (u Ogma en los ámbitos
insulares, aunque con una imagen diferente, como un fuerte y
elocuente guerrero), se relaciona con la elocuencia. Ogmios fue
comparado con el semidios Heracles por Luciano de Samosata, quien lo
describe viejo y calvo. Es la imagen del anciano maestro y sabio, de
ahí que haya sido el creador del relevante alfabeto ogham.
Símbolo del poder de la palabra ritual vincula la esfera humana con
la divina. La representación más sobresaliente de esta deidad gala
lo muestra con una cadena de oro que conecta su lengua con hombres
atados de las orejas, lo que implica dominio sobre la comunicación y
capacidad de persuadir. Se podría decir que simboliza la tradición
oral, a través de la cual se transmiten enseñanzas de generación
en generación. Se conecta con el empleo de la palabra como una
herramienta de poder.
Belenos,
que porta el epíteto Vindonnus (brillante) en toda el área céltica
del Occidente, tuvo un culto relevante en la Galia Cisalpina, en
Britania y en la península Ibérica. Su dispersión es comparable a
la de Lugh. Uno de sus santuarios principales estaba en Aquileia, si
bien se documentan templos de Belenos en Narbo y en Nimes. Además,
Ausonio menciona otro en Massalia. En Aquae Sulis, en Bath, en un
templo de aguas medicinales un gran dios solar allí representado
puede ser Belenos.
La leyenda de la tumba de Belenos relacionada con un islote cercano
al Monte Saint Michel sugiere un vínculo entre esta deidad y el
arcángel cristiano de ese nombre.
Por
su parte, el etnónimo pelendones en Hispania parece probable que se
relacione con los que veneran a Belenos. Asimismo, en la toponimia
hay recuerdo del dios: Beloño en Gijón o San Juan de Beleño,
también en Asturias. Belenos se asocia con el moderno festival de
Beltane (día 1 de mayo), con la rueda y con los caballos. En la
Historia Augusta se puso en relación con Helios.
Modernamente, ha sido motivo principal en canciones (Los Fuegos de
Belenus, de Salduie), e incluso ha inspiado el nombre de grupos
musicales de rock, como la banda Bëlenus de Jerez de la Fortaleza.
La
diosa Brigit, la Elevada, fue la diosa titular de la tribu de los
brigantes. Esta multifuncional deidad era protectora de los partos,
la prosperidad y la poesía, destacándose como diosa territorial y
soberana. Su festividad asociada era Imbolc, que se celebraba el
primero de febrero. Aparece vinculada con Anú y con Dana, siendo
reverenciada por poetas, bardos y también médicos.
Brigid
puede haber evolucionado a partir de múltiples diosas e incorporado,
por
tanto, varios
arquetipos.
Como
deidad
triple céltica,
a
veces se la veneraba como diosa del fuego, lo
que hace que se la relacione
a menudo con un
papel como divinidad de
la herrería y la metalurgia. En
contraste con esto, también se la consideraba una entidad
relacionada
con los pozos y los ríos, así
como una
diosa de la música y varias
otras formas
de arte. En
tal sentido, se
pensaba que inspiraba canciones, la
poesía,
la
artesanía
y sabiduría.
Con
el cristianismo se convierte en una santa muy reverenciada, Santa
Brígida. De
hecho se
dice que Santa Brígida fue una
monja
en el siglo V, fundadora
de un
monasterio y un convento en Kildare, en el emplazamiento de un
santuario de la arcaica
diosa
pagana. Al
igual que el emplazamiento del santuario, un
buen número de leyendas
sobre sus
hazañas
la
vinculan a la diosa pagana. La veneración
de Brígida como
santa cristiana permitió a los irlandeses seguir invocándola como
antaño.
Su fiesta sigue siendo el 1 de febrero y
en algunas regiones
de Irlanda era popular dejarle ofrendas de comida hasta bien
entrado el
siglo XVIII. Hoy
se considera patrona de Irlanda.
Otros
dioses de relevancia (de
entre muchos)
que podrían mencionarse, serían Andarta o Dea Artio, deidad en
forma de oso, patrona de la vida agreste; la
diosa Coventina, representada como una ninfa acuática; el
dios de la juventud, conocido como Maponos, que suele representarse
como un joven desnudo con una lira. Por tal motivo, ha sido asociado
a Apolo por los romanos; Bormo
o Borvo, deidad asociada a las fuentes termales, cuyo consorte sería
Bormana o Damona; la diosa jabalí Arduinna, relacionada con las
montañas y vinculada con Diana por parte de los romanos; una deidad
de la primavera que se representa como una madre lactante, al lado de
perros (relacionados con el más allá), y con cestas de frutas, de
nombre Aveta; o Nemetona, quizá vinculada a la tribu germánica de
los nemetes. Es posible algún vínculo con una diosa irlandesa de
nombre Nemain, en virtud del cual podría velar por los espacios
sacros.
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