4 de agosto de 2026

Xiwangmu (西王母). De híbrido agreste de la muerte a divina reina de la longevidad





La figura de la denominada Reina Madre de Occidente, corresponde a una personalidad de gran riqueza conceptual que ha evolucionado desde los tiempos de la Edad del Bronce hasta prácticamente la actualidad. Asociada al daoísmo (dàojiào, 道教), su funcionalidad y su representación perviven en la cultura popular y contemporánea más actual.

La Reina Madre del Oeste (Xiwangmu, 西王母), abreviada como Reina Madre (Wangmu 王母), también conocida como Madre Dorada (Jinmu, 金母) o Señora Primordial Madre Dorada (Jinmu Yuanjun, 金母元君), y en un contexto vernáculo como Tía Reina Madre (Wangmu Niangniang, 王母娘娘), era, en origen, una mítica deidad femenina que ulteriormente pasó a formar parte del panteón daoísta, ocupando una posición destacada entre los inmortales.

Fue conocida como Seiōbo en Japón, Seowangmo en Corea y como Tây Vương Mẫu en Vietnam. Posee numerosos títulos, como el mencionado Yaochi Jinmu (瑤池金母), y la Madre Dorada del Estanque de Jade (瑤池), en tanto que en las religiones soteriológicas chinas, se cree que es el mismo ser que su deidad principal, Wusheng Laomu (無生老母; anciana madre sin nacimiento), también conocida como Wujimu (無極母, madre sin fin).

La primera información histórica sobre esta divinidad se remonta a las inscripciones en huesos oraculares de la dinastía Shāng (), que registran sacrificios a una Madre Occidental. La creciente popularidad de la Reina Madre del Oeste, así como la creencia de que ella era la dispensadora de la prosperidad, la longevidad y la felicidad eterna, tuvo lugar durante la dinastía Han (Hàn Cháo, 漢朝), sobre todo en el siglo II a.e.c., cuando el noroeste de China se hizo más accesible debido a la configuración de la célebre Ruta de la Seda.

El nombre Reina Madre del Oeste aparece por primera vez en la obra geográfica Shanhaijing (Clásico de los Montes y los Mares, 山海經), que fue escrita durante el periodo de los Reinos Combatientes (Zhànguó Shídài, 戰國時代, entre 475 y 221 a.e.c.) y principios de la dinastía Han (, 206 a.e.c.-220). La sección sobre las Montañas Occidentales (Xishan jing, 西山經) dice que vivía en el monte Jade (Yushan, 玉山), tenía cuerpo humano, con cola de leopardo y colmillos de tigre. Con la ayuda de una hierba de la inmortalidad, presidía las hecatombes celestiales (tian zhi li, 天之厲) y las cinco fuerzas destructivas (wu can, 五殘). Portaba una corona de la victoria (dai sheng, 戴勝) sobre su enmarañado cabello. En otra sección, la dedicada al Gran Desierto Occidental (Dahuang xi jing, 大荒西經), se decía que vivía en el monte Kunlun (崑崙), entre el río Rojo (赤水) y el río Negro (黑水). Por su parte, la sección sobre la Región Norte dentro de los Mares (Hainei bei jing, 海內北經) explica además que la Reina Madre se recostaba en su asiento elevado, llevaba un tocado de la victoria y sostenía un bastón. Había tres pájaros verdes (san qing niao, 三青鳥) que le recogían comida. En consecuencia, se podría deducir que parece que originalmente era un personaje rudo, peligroso y de mal agüero.

Así pues, en principio, según las primeras representaciones conocidas de ella en el Clásico de las Montañas y los Mares durante la dinastía Zhōu () era una feroz diosa de la muerte con dientes de tigre, que gobernaba sobre las bestias salvajes y enviaba castigos celestiales tales como pestilencias. Se la mencionaba, asimismo, como una autoridad que gobernaba sobre otras divinidades, como Jiutian Xuannü (九天玄女), una diosa de la guerra y el sexo. Otras historias sostienen que es una diosa de la montaña o una tigresa divina. Tras su integración en el panteón daoísta, gradualmente se asoció con otros aspectos, como la inmortalidad, además de ser la diosa de las estrellas, las direcciones, los beneficios y astros como el sol y la luna. El culto a la Reina Madre se organiza todavía hoy en día en Taiwán como Yaochidao (瑤池道, Camino del Lago Madreperla).

Muchos de sus más arcaicos rasgos son los de un tigre, en particular sus dientes y garras. A menudo se la describe con cola de leopardo y dientes de tigre, mientras el resto de su cuerpo tiene una forma bastante humana. Los dientes y la cola de la Reina Madre representan su asociación con la muerte. Varios animales diferentes la acompañan. Se dice que los pájaros le traen comida y siempre están representados cerca de ella. Del mismo modo, se la asocia frecuentemente con la tortuga, símbolo de larga vida, y se la identifica con prácticas chamánicas. Xiwangmu tenía el don de silbar, un atributo que, de hecho, pone de relieve su práctica chamánica. En la época de la dinastía Tang (唐朝, 618-907), ya estos atributos fueron ignorados, hasta el punto que Xiwangmu era ahora una mujer humana hermosa y elegante.

El Huainanzi (淮南子) la describe como una inmortal auspiciosa que había ganado la vida eterna con la ayuda de una hierba. En la crónica Jizhongshu (汲冢書, reconocible como los Anales de bambú), así como en el libro Mu Tianzi zhuan (穆天子傳) sobre el viaje del rey Mu (Zhōu Mù Wáng, 周穆王) al oeste, la Reina Madre del Oeste acudió a la corte de los reyes de los estados centrales y fue agasajada antes de regresar al monte Kunlun. El rey Mu, a su vez, la visitó durante su viaje. En esa ocasión, concedió la inmortalidad al rey. La característica de la inmortalidad, que posee la propia Reina Madre, también se menciona en Zhuangzi (莊子, en su capítulo Dazongshi, 大宗師).

Entre el siglo I a.e.c. y los comienzos de nuestra Era, la Reina Madre era considerada inmortal, como acontece en la rapsodia Daren fu (大人賦) de Sima Xiangru (司馬相如, 179-117 a.e.c.), donde se la describe como una persona de cabello blanquecino, o en la obra de Yang Xiong (揚雄, 53 a.e.c.-18 ), donde se la percibe como una especie de deidad de la inmortalidad. El Bowuzhi (博物志, de Jin Occidental, 西晉, entre 265 y 316), escrita por Zhang Hua (張華, siglo III), incluye una historia que tuvo lugar durante el reinado del emperador Wu (漢武帝, con reinado entre 141 y 87 a.e.c.) de la dinastía Han. El emperador estaba en busca de la inmortalidad cuando la Reina Madre envió una embajada para obsequiarle con ciervos blancos. El soberano ofreció un banquete y, en la noche del séptimo día del séptimo mes, la propia Reina Madre se presentó, acompañada de tres pájaros azules que la atendían. Sacó siete melocotones y le ofreció cinco al emperador. Él los comió y depositó las semillas ante sus rodillas, pues deseaba sembrarlas. Pero la Reina Madre le explicó que un melocotón tardaba tres mil años en crecer. Esta historia fue posteriormente adaptada en la colección Han Wudi neizhuan (漢武帝内傳) y ampliada con la descripción de cómo la Reina Madre enseñó al emperador Wu el camino para convertirse en inmortal.

El registro Shangqing yuanshi bianhua baozhen shangjing jiuling taimiao guishan xuanlu (上清元始變化寶真上經九靈太妙龜山玄籙) señala que su residencia era el Estanque de Jade (Yaochi, 瑶池) en la Colina de la Tortuga Occidental (Xigui zhi yue, 西龜之岳), en tanto que sus funciones consistían en llevar los registros de los inmortales que allí se encontraban y difundir la pureza de jade (yuqing, 玉清). Tres veces al mes ascendía al Cielo de la Pureza de Jade, celebraba banquetes en el monte Kunlun e instruía a los inmortales. Vestía una ornamentada túnica cortesana como símbolo de su función oficial en los cielos daoístas. Poseía una carroza púrpura tirada por fénix, y la atendían y custodiaban unas setecientas doncellas de jade (yunü, 玉女).

Esta notable figura mítica ha sido muy representada a lo largo de la historia, y no solamente en China, en relieves y pinturas al fresco de templos o de tumbas, y sobre porcelanas, sino también en pinturas japonesas o retratos vietnamitas. Así, ocurre en algunos relieves pétreos o de terracota del periodo Han, que la muestran sentada en su trono, rodeada de pájaros y flanqueada por personas híbridas, con colas parecidas a serpientes (muy probablemente los reconocibles en la mitología como Fu Xi, 伏羲 y Nü Wa, 女媧). En algunas representaciones se la ve al lado de un zorro de nueve colas (jiuwei hu, 九尾狐) y un dragón, además de un cuervo de tres patas (sanzu wu, 三足烏), que es el ave que transporta al sol) y un tigre. Incluso aparecen batracios, específicamente un sapo en movimiento (animal asociado a la luna en la historia de Chang E, 嫦娥). En los repertorios iconográficos posteriores se puede apreciar, por ejemplo en las pinturas murales, a la Reina Madre del Oeste como la deidad daoísta Madre Dorada entre multitud de divinidades e inmortales. Esta Madre Dorada lleva corona y su cabeza está rodeada por un halo (xiangguang, 項光).

Desde esta perspectiva se puede señalar un relieve en piedra del periodo Han, que muestra a la Reina Madre sentada en su trono. Sobre su cabeza, un pájaro y de sus hombros emergen nubes. Está flanqueada por dos personas, cuyas colas, parecidas a serpientes, están retorcidas y terminan en dos pájaros, situados en los dos bordes inferiores de la imagen. Aparece escrito el nombre de la Reina Madre (a la derecha de su figura), en tanto que las otras dos deben de ser Fu Xi (伏羲) y Nü Wa (女媧). La pieza fue desenterrada en Liangcheng (兩城鎮), en Weishan (微山), Shandong, y se conserva hoy en el Museo de Weishan. Asimismo, destaca un relieve en ladrillo del periodo Han, con la Reina Madre sentada en su trono. A su derecha, un zorro de nueve colas (jiuwei hu, 九尾狐) y un dragón que se miran fijamente, y a su izquierda, un cuervo de tres patas (sanzu wu, 三足烏) y un tigre que también se observan. Justo delante de la Reina Madre, un sapo bailando (recuérdese la historia de Chang E 嫦娥), mientras que espectadores masculinos y femeninos (tal vez inmortales) están sentados a la derecha y a la izquierda de la escena. El relieve fue hallado en Xinlong (新龍鄉), en Xinjin (新津), Sichuan, y está conservado en el Museo Provincial de Sichuan.

Otras dos imágenes resultan destacables. Se trata de una vasija de sección cuadrangular ornada con personajes, entre los que destaca Xiwangmu, de la época de la dinastía Qing, del período Kangxi (1662-1722), hoy exhibida en el Museo Guimet de París; y una pintura mural del periodo Yuan en el Templo Yongle (永樂宮) en Ruicheng (芮城), Shanxi, donde se aprecia a la Reina Madre del Oeste como la deidad daoísta Madre Dorada entre multitud de dioses e inmortales. Se trata de una pintura de la pared interior oeste de la Sala de las Tres Purezas (Sanqinggong, 三清殿). La Madre Dorada lleva una corona y su cabeza está rodeada por un halo (xiangguang, 項光).

Al margen del daoísmo, tanto religioso como filosófico, la Reina Madre desempeñó un importante rol en la religión popular china. En tal sentido, se mencionan santuarios y templos dedicados a la deidad, en donde se le imploraba que trajera lluvia fertilizante o buenas cosechas. La historia de los banquetes, en específico el banquete del melocotón, sería adaptado a la literatura, apareciendo en novelas y en obras de teatro como Pantaohui (蟠桃會). Además, la historia también se refiere, por ejemplo, en la célebre novela romántica Xiyouji (西遊記) o Viaje al Oeste.

En la cultura contemporánea, Xiwangmu aparece en diversos ámbitos. Así, por ejemplo, es un personaje de Kitty's Big Trouble, de Carrie Vaughn, y aparece en varios de los juegos de Shin Megami Tensei. Además, Xiwangmu es el nombre de una ciudad del planeta T'ien Shan fundamentada en las religiones orientales que aparecen en el libro The Rise of Endymion, de Dan Simmons, parte de la serie Hyperion Cantos. El planeta es montañoso y, por lo tanto, es muy probable que reciba su nombre de los montes Tiān Shān (天山). Asimismo, la diosa aparece como uno de los héroes de Emperor: Rise of the Middle Kingdom. En el juego, impulsa la construcción de monumentos y tiene la habilidad de capturar animales en el mapa. En la serie dramática hongkonesa del año 2004, My Date with a Vampire III, Yaochi Shengmu es uno de los antagonistas del clan Pangu, mientras que en el juego Journey Renewed: Fate Fantasy, el evento llamado The Ancient Kunlun presenta a la Reina Madre del Oeste como un nuevo personaje estelar SSR (o personaje súper extraño).

Bibliografía esencial

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Cahill, S.E., "Performers and Female Taoist Adepts: Hsi Wang Mu as the Patron Deity of Women in Medieval China", Journal of the American Oriental Society, 106, 1986, pp. 155-168.

Cahill, S.E., Transcendence & divine passion: the Queen Mother of the West in medieval China, Stanford University Press, Stanford, CA, 1993.

Irwin, L., "Divinity and Salvation: The Great Goddesses of China", Asian Folklore Studies, 49, 1990, pp. 53-68.

Knauer, E. R., "The Queen Mother of the West: A Study of the Influence of Western Prototypes on the Iconography of the Taoist Deity", en Mair, V.H. (ed.), Contact and Exchange in the Ancient World, University of Hawaiʻi Press, Honolulu, 2006, pp. 62-115.

Mori, Masako, "Quest for the Archetypal Image of Xi Wang Mu: A Mythological Study of the Mother Goddess in Ancient China", Orient, 26, 1990, pp. 1-26.

Paper, J., "The Persistence of Female Deities in Patriarchal China", Journal of Feminist Studies in Religion, 6, 1990, pp. 25-40.

Qing Xitai (ed.), Zhongguo daojiao, 中國道教, Zhishi chubanshe, Shanghai, 1994. Yaoting, Chen, "The Queen Mother of the West", Taoist Culture and Information Centre, 2001 (www.eng.taoism.org.hk/daoist-beliefs/immortals&immortalism/pg2-4-9.htm ).

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-UFM-AVECH-AHEC-AEEAO-ICA, agosto, 2026.

30 de julio de 2026

Historia, arqueología y mito de la colonia griega de Síbaris


Imágenes, arriba: moneda incusa sibarita, datada en torno a 550-500 a.e.c.; abajo, un aríbalo corintio con escena de hoplitas. Hallado en el santuario de Timpone della Motta, se data entre 600 y 575 a.e.c.

Esta histórica ciudad, en la actual región italiana de Calabria, que la tradición señala como destruida por una inundación a causa del estilo de vida disipada de sus habitantes, ha estado inmersa en historias de lujuria y decadencia, siendo célebres sus habitantes por su supuesta aversión al trabajo y su gusto por la molicie. Esta colonia, Sýbaris (Σύβαρις), una de las más destacadas de la Magna Grecia, fue fundada por los aqueos del norte del Peloponeso, concretamente de Acaya y la Argólida, a fines del siglo VIII a.e.c. La fecha tradicional es 720, aunque es bastante probable que fuese más tarde.

Existen algunas referencias mitológicas asociadas directamente con la ciudad. Se decía que un monstruo llamado Síbaris aterrorizaba Delfos desde una gruta del monte Cirfis. El joven Alcioneo fue el héroe elegido para sacrificarlo, aunque fue finalmente Euríbato quien se ofreció en su lugar. Euríbato sacó al monstruo de la gruta, lo estrelló contra una roca y acabó con su vida. En el lugar donde cayó moribundo surgió una fuente llamada Síbaris, siendo el sitio donde se fundaría la ciudad en su honor.

En relación con el lujo y la desmesura, hay una leyenda que cuenta que los sibaritas prohibieron los gallos (por su canto matutino), y expulsaron a herreros, carpinteros y escultores de la ciudad para no perturbar la tranquilidad y la vida de lujo. Los dioses olímpicos condenarían, finalmente, a Síbaris a su desaparición por no saber manejar su extrema riqueza y el lujo. Incluso el oráculo de Delfos, por mandato de Apolo, habría profetizado su destrucción por diversos sacrilegios cometidos.

La fuente más antigua que proporciona alguna información sobre la colonia es Heródoto, quien describe la ciudad tanto antes como después de su caída ante Crotona. Antíoco, un historiador de Siracusa, también arroja relevante información sobre el asentamiento. Si bien su obra se perdió, Tucídides recoge sus anotaciones mencionando, en su Guerra del Peloponeso, a Thurii, la comunidad que sucedió a Síbaris. Por su parte, Timeo de Tauromenio, historiador del período helenístico es, con bastante probabilidad, la fuente de muchas de las historias acerca de la lujuria sibarita, si bien su obra fue criticada por Polibio debido a su presunta ausencia de veracidad.

En el siglo I a.e.c., Diodoro Sículo, refiere la historia que cuenta Timeo, en tanto que Estrabón, en la misma época, es la única fuente que refiere el final de la colonia debido a una inundación provocada por el río Crathis. Claudio Eliano, el retórico, profesor y compilador de historias e anécdotas, a comienzos del siglo III, también menciona la caída se Síbaris, aunque sin aportar detalles de la misma. Ateneo, finalmente, es la única fuente que menciona un mítico sangriento final de la ciudad. El fin de Síbaris no es mencionado ni en Polieno ni en Frontino, ambos expertos en estratagemas militares.

Se decía que Síbaris, hacia 550 a.e.c. se había convertido en una comunidad muy rica, gracias a sus campos cultivados de cebada, olivos y vides, si bien es probable que, asimismo, comerciara con los etruscos y con localidades de la costa occidental de Anatolia, como Mileto. Esa riqueza adquiriría la etiqueta de legendaria. Vecinos cercanos a la colonia eran Heraclea Siris y Crotona, ejerciendo esta última un rol destacable en el futuro de Síbaris. En torno a 520, la familia de la elite gobernante sibarita perdió el control de la comunidad a manos de Telis, quien establecería una tiranía hasta 511, cuando el tirano y sus seguidores huyeron, como exiliados, a Crotona. Los ciudadanos de esta localidad aprobaron en asamblea apoyar a los exiliados, de forma que ambas comunidades comenzaron sus preparativos de guerra.

Las fuerzas de Crotona arrasaron a los sibaritas, quienes fueron masacrados en retribución, como relata una historia posterior, por el asesinato de treinta embajadores que Crotona había enviado a Síbaris con la intención de favorecer una posible paz. Los cadáveres, para mayor deshonra, fueron dejados sin enterrar. El ejército de Crotona puso sitio a Síbaris, momento en el que los sibaritas se rebelaron en contra de Telis, quien acabaría refugiándose en un templo de Hera. Sin embargo, fue perseguido y asesinado en su interior, un sacrilegio que motivó la ira de unos dioses ya muy enojados por la muerte de los heraldos. Es este el instante en el que, según Ateneo, la cabeza de la estatua de la diosa se encara hacia la entrada del santuario y comienza a manar sangre desde las fuentes de la ciudad. Un final melodramático que puede ser una versión elaborada a partir de otra historia que afirmaba que los sitiadores habían desviado el curso del río Crathis para anegar la ciudad.

Para 510 a.e.c., sin embargo, Síbaris sigue existiendo. Diodoro Sículo menciona otro conflicto con Crotona en 476, en tanto que en 450 se refiere la llegada a Síbaris de nuevos colonos, probablemente debido a las disputas por los límites territoriales con Taras (Tarento). Serán los atenienses los encargados de canalizar esta suerte de misión de rescate de Síbaris, a buen seguro, para colmar parte de sus propias ambiciones imperialistas. Los recién llegados expulsaron a los anteriores ciudadanos renombrando la ciudad como Thurii. Esta comunidad de Síbaris-Thurii proporcionaría un puerto para la flota y el ejército de Atenas, como refuerzo para aquellos atenienses que, en 413, estaban asediando Siracusa. Diodoro menciona que en 390 a.e.c., Síbaris fue derrocada por los Lucanos, siendo la ciudad ocupada por los Brutii (rebeldes), un pueblo itálico osco-umbro que procede de los propios Lucanos, hacia 355. Desde ese momento, y hasta 340, la localidad recibió mercenarios corintios como aliados.

Bajo el control romano, la ciudad siguió en su proceso de declive. En 193 a.e.c., los romanos enviaron nuevos colonos y renombraron la ciudad ahora como Copia, en honor a la diosa romana de la abundancia, tal vez como reflejo de la riqueza agraria de la ciudad.

Síbaris es famosa por su inusitada riqueza. En la antigüedad circulaban historias, probablemente originadas en la del escritor siciliano Timeo y que sobrevivieron en Los sabios del banquete o Los deipnosofistas de Ateneo de Náucratis, sobre ropas caras, ricos banquetes y un estilo de vida en general lujoso.

Sin embargo, lo cierto es que no existen restos de grandes templos en la ciudad, lo que sugeriría, realmente, una modesta comunidad, si bien fuera de los muros del núcleo urbano hubo algunos santuarios de relevancia, como el hallado en Timpone della Motta. ¿Pudieron los templos de Síbaris haber sido destruidos por las aguas de la inundación provocada por las fuerzas de Crotona cuando desviaron el curso del río Crathis?. Tal vez, aunque resulta poco probable. Es verdad, asimismo, que las monedas de alta calidad, son un buen indicador de un estándar de vida relativamente alto en una comunidad y, de hecho, Síbaris, como otras ciudades de la Magna Grecia, no tardó mucho en producirlas aprovechando, quizás, las rentas que provenían del comercio con ciudades de Asia Menor. Las monedas sibaritas, incusas, son estampadas, con la presencia de un toro, lo que podría reflejar su riqueza basada en la tierra.

Parece probable que Síbaris haya sido una localidad donde el comercio y la agricultura proporcionaron un estilo de vida razonablemente acomodada para sus ciudadanos. No obstante, resulta difícil saber por qué motivos la ciudad fue elegida como imagen o epítome de la lujuria. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-UFM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA, julio, 2026.

 

26 de junio de 2026

Pintura funeraria: tumba de Stallia

En la tumba de Stallia, en Capua, en la Campania italiana, se puede apreciar esta singular pintura funeraria que preserva una escena que parece suspendida entre el mundo de los vivos y el reino de los muertos. Hades en persona ofrece la bienvenida al difunto, en un encuentro que llega a convertirse en una representación del destino, de un pasaje a otra esfera y de un umbral.

Fechada entre los siglos II y I a.e.c., este enterramiento anuncia uno de los temas más profundos de la imaginación antigua, el viaje al más allá a través del sepulcro. La figura divina, ubicada cerca de un carro, se muestra como el gobernador del Hades, del mundo subterráneo, pero también como una presencia receptora, que reconoce e introduce al occiso en una nueva dimensión. En frente de él, un hombre se acerca con un simple y solemne gesto, casi como un agradecimiento o tal vez a modo de ofrenda, estableciéndose un instante de contacto entre lo divino y lo humano.

Esta pintura, intensa y esencial, habla del concepto de la muerte no como un fin mudo y definitivo, sino como un tránsito regulado por imágenes, figuras de protección y rituales. Líneas, colores y gestos se convierten en recuerdos; lo que permanece no es el nombre del fallecido, sino la representación de su entrada en otro universo.

Debe recordarse que Capua fue uno de los centros prerromanos y romanos más relevantes de Italia, un lugar que ejerció de crisol de las culturas latina, griega, etrusca y osca. La producción funeraria que aquí se halla, testifica un rico mundo de intercambios, creencias y complejos lenguajes figurativos, en los que las pinturas funerarias en las tumbas cumplían la tarea de acompañar al difunto y hacer visible la relación entre la vida, el recuerdo, la memoria y la otra vida. En esas imágenes el mito es mucho más que un mero embellecimiento decorativo, convirtiéndose en el relato del destino humano, en una herramienta ritual y en un puente entre la comunidad de los vivos y el invisible reino de los muertos.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-UFM-AEEAO-AVECH-ICA-AHEC, junio, 2026.