Imágenes, de arriba hacia abajo: estatua de deidad sentada de Ugarit, datada entre 1400 y 1150 a.e.c. Museo Nacional de Aleppo; estela de Ras Shamra (Ugarit) con representación del dios El; poema mitológico ugarítico, en concreto, el ciclo de Baal. Siglo XIV a.e.c. Museo del Louvre, París, y; puerta de entrada al recinto urbano de Ugarit.
Ugarit es un arcaico yacimiento que hoy se ubica en la localidad de Ras Shamrah o Ras Shamrash, próximo al pueblo de Minet el-Beida, en la actual Siria septentrional. Su período histórico de mayor poderío político y económico se produjo entre los siglos XIV y XIII a.e.c. Es un asentamiento con una ocupación continuada desde el Neolítico, pasando por el Calcolítico, Bronce Antiguo y Bronce Final. En el nivel II, desde 2000 a.e.c. (correspondiente a las fases que van desde el Ugarítico Medio I o Ras Shamra II,1, hasta el Ugarítico Medio III o Ras Shamra II,3, entre 2100 y 1600 a.e.c.), corresponde a la época de las edificaciones que representan a la ciudad, destacando los talleres de producción metalúrgica, el trazado urbanístico con calles paralelas y las casas agrupadas en barrios, así como los templos de Baal y Dagon. El nivel I se articula en asociación con el palacio, centro político y económico de Ugarit.
La organización de la ciudad como un Estado acontece a comienzos del segundo milenio a.e.c., cuando se planifica el núcleo urbano con el recinto de los templos y el palacio, aparecen las primeras referencias a una monarquía hereditaria y se comienza a emplear el sello real como un símbolo del poder. El palacio es el encargado de organizar la vida política y económica, en tanto que el sistema de la monarquía hereditaria es ejercido por un grupo familiar creado, con bastante seguridad, por Niqmad I y Yaqarum su hijo. En los textos se señala que las funciones del monarca son las relaciones exteriores del Estado (llevadas a cabo por medio de alianzas con egipcios e hititas sobre todo), la dirección de parte de las actividades económicas de la urbe, el poder judicial y el control del ejército, amén de un rol sobresaliente en la organización religiosa y, naturalmente, el gobierno de la ciudad.
El poder en las poblaciones y comunidades agrarias radica en los consejos de ancianos (si-butu) y en las asambleas populares. Los integrantes de esta estructura de poder están vinculados por relaciones familiares o de pertenencia a la administración palacial. Otros cargos de relevancia era el rb o relevante del pueblo, responsable de los ancianos de los grupos del servicio regio; el maskim o sakinu, un visir o suerte de alcalde responsable de un pueblo; o el hazannu, aquel que recibe tierras del soberano.
El ejército estaba estructurado con tropas terrestres, que constaba de dos grupos, los carros de guerra, arrastrados por caballos (comandados por el jefe de los carros o akil narkabti, y conducidos por mercenarios especializados llamados maryannu, que conformaban una especie de nobleza militar), y la infantería. Su pago consistía en lotes de tierras además de pagos en aceite, vino o plata. La infantería también contaba con una división en grupos; la guardia del palacio, los soldados de leva, guerreros derivados de los campesinos alistados (hupshu), y las tropas fronterizas. Había arqueros y soldados que portaban espada. Asimismo, existía una flota que protegía los barcos comerciales y que también tenía como misión la seguridad en la zona marítima del Estado.
La nobleza, tal vez de origen étnico, que se encontraba en el palacio, se encargaba de controlar la casa real. Entre sus cargos había agentes de negocios, sacerdotes, embajadores y comisionados. En la organización cultual, centrada en los templos de Dagon y Baal, que conformaban una especie de religión estatal a cuyo alrededor había cultos de carácter local, se encontraban, al lado del rey, el supremo sacerdote, encargado de la transmisión de los saberes y la tradición religiosa comunitaria, así como de la administración templaria. En niveles inferiores se hallan los servidores del templo (cantantes, músicos, aguadores), prostitutas sacras y los llamados devotos o santos.
En lo que respecta a la religión, hay que comenzar advirtiendo que en el panteón de Ugarit existían casi doscientas cincuenta deidades, aunque menos de una treintena conformaban el núcleo de la estructura religiosa. Destacaban tres, El, Baal y Anath.
El concepto religioso relativo a El ya era conocido en Siria en el III milenio a.e.c., tal vez como una evolución del principio que se documenta en Ebla con el vocablo Be y en Sumer con el nombre de líder o el primero. Representa la autoridad divina suprema, el principio que crea el mundo y un poder absoluto sobre la vida humana y sobre el ordenamiento cósmico. Su papel en los ciclos míticos de la ciudad es preponderante, en especial en los de Keret, Sahar-Salim y Aqhat. Su culto perdurará hasta los tiempos de las ciudades reino fenicias, siendo identificado con Cronos en el helenismo. Desde una perspectiva iconográfica se muestra con una larga barba y entronizado, elementos simbólicos de la majestuosidad. Su consorte es la conocida Ashtarté, madre de las divinidades y protectora del mar. Participa, además, en los ciclos mitológicos de Baal , lo cual ayudó a su integración en el panteón de las mencionadas ciudades reino fenicias.
Baal, el príncipe, en ocasiones hijo de Dagan, es una divinidad fertilizadora en el ámbito cananeo y un principio creador del orden en el mundo. Iconográficamente, aparece representado con la lanza de luz, un casco cornudo, relacionado con la potencia sexual, y la maza del trueno. Se asocia con una divinidad femenina que hace las veces de su hermana, y que no es otra que Anath. Esta deidad se vincula con el sexo y el amor y, por ende, con la maternidad de los dioses. Se relaciona con la babilónica Ishtar.
Las prácticas cultuales en Ugarit se llevaban a cabo en el templo. En los rituales de purificación, que se hacían con agua y colorante rojo, se hacían ofrendas a las deidades (miel, vino), y se llevaban a cabo sacrificios de animales.
En lo que respecta a los mitos, se puede señalar que se organizan en tres grupos: aquellos referidos al ciclo de Baal y las relaciones que tiene con otras deidades, en los que se establece un relato centrado en los principios de muerte y resurrección, fundamento de las composiciones míticas de raigambre agraria, y en los conceptos de la divinidad generadora; el relato épico de Keret, soberano de Hubur, que aparece asociado al ciclo mesopotámico de Gilgamés; y la incompleta leyenda de Aqhat, hijo de Danel, un mítico rey de Canaán a través del cual se refiere una historia de muerte y de venganzas, y en la que se aprecian conceptos de la estructura familiar ugarítica.
Mitos menores serían el mito de las bodas de Yarhu y Nikkal, un himno nupcial que actúa como elemento simbólico de la fecundidad; el relato de los amores de Anat y Baal; el relato del combate entre los dioses del desierto y Baal, que ha sido interpretado como una teomaquia, una pugna entre los conceptos relativos a la fertilidad y los principios que la destruyen; el relato de la virgen madre Anat, que se relaciona directamente con los rituales de procreación de animales y humanos; el mito de Sahru-salimu, que hace comprensible el papel del dios El como el padre de las divinidades; y la Saga de los Rapauma, en lo tocante al culto a los antepasados que acaban transformados en héroes, lo que se convertiría en una fórmula de culto doméstico.
Bibliografía básica
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Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-AHEC-AVECH-ICA-UFM, marzo, 2026.

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