Imágenes, arriba, kílix conocido como la Copa de Edimburgo, del Pintor de Triptólemo, datado hacia 480 a.e.c., hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Un hoplita griego ataca con su espada a un infante persa. El soldado persa porta un gorro con orejeras colgantes y va armado con arco y makhaira; abajo, mapa de las Guerras Médicas, con las rutas seguidas por los reyes persas Darío I y Jerjes.
Las Guerras Médicas, escenificadas en el siglo V a.e.c., tuvieron como causas primordiales el proceso expansivo del Imperio persa hacia los territorios griegos de Asia Menor, la célebre rebelión jonia contra el dominio persa (con la ayuda de Atenas), además del interés persa por controlar las rutas comerciales del Egeo y el mar Negro y de la tensión política suscitada entre el modelo de las polis griegas y el rígido poder imperial persa.
El comienzo de lo que sería conocido en la historiografía como Guerras Médicas se puede singularizar, no obstante, en el siglo VI a.e.c., concretamente en 547, cuando da inicio la expansión del Imperio persa por Asia Menor. Después de derrotar a Creso, el rey de Lidia, los persas extendieron su dominio por la región, de tal forma que las ciudades griegas de Jonia quedaron a merced del poder de los sátrapas persas de Sardes y Dascileon (esta última en la Propóntide), quienes consiguen establecer unas aceptables relaciones con los tiranos locales.
En 510, los persas acogen a Hipias, el tirano ateniense, que ha sido expulsado de la ciudad por los conspiradores democráticos asistidos por Esparta. Estos, bajo el liderazgo de Clístenes, introducen el régimen de la isonomía o igualdad, fundamentado en una división de la población en demos, agrupados en tribus a partir de las cuales se elige de modo directo a las autoridades1.
Unos años después, en 499, se produce la revuelta de las ciudades jonias contra el Imperio persa. Aristágoras, el tirano de Mileto, aprovecha el descontento de los jonios para instigar una revuelta de grandes proporciones contra Persia, y las poleis jonias se transforman en democracias siguiendo el modelo impuesto de Atenas. Después de vencer a la flota jonia en la batalla de Lade, en 494 a.e.c, las tropas persas asedian Mileto. La ciudad es tomada y arrasada, su población masculina asesinada, en tanto que los niños y las mujeres son deportados a orillas del río Tigris. Apenas un año después, los persas toman las islas de Lesbos y Quíos, que sufren análogo destino al de Mileto, con lo cual queda definitivamente sofocada la rebelión jonia.
En 490 el rey persa Darío I (Darío el Grande, 522-486 a.e.c.), prepara una expedición de castigo contra Atenas. El ejército de tierra parte de Sardes mientras la armada atraviesa el mar Egeo. Milcíades, antiguo tirano en las colonias griegas del Quersoneso, se convierte en el líder de la Atenas democrática y organiza el ejército, que logra rechazar la invasión persa en la célebre batalla de Maratón. Los vencedores se trasladan a Falero, el puerto de Atenas2, donde reciben el amago de desembarco de los persas, quienes, sin embargo, se ven obligados a desistir y regresar a Asia.
En la segunda invasión de Grecia, apenas una década después, los persas, pese a una heroica y reconocida resistencia griega en el paso de las Termópilas, penetran en el Ática destruyendo Atenas y su Acrópolis. Pero la decisión de Temístocles de confiar la defensa griega a una nueva fuerza naval, integrada por la población de menos recursos de la ciudad, conduce a una victoria frente a los contrincantes persas en la no menos famosa batalla de Salamina.
En la siguiente batalla, la de Platea en 479 a.e.c., el ejército griego, al mando del general espartano Pausanias, derrota al general persa Mardonio, al que el rey Jerjes había colocado al frente de las operaciones cuando vuelve a Persia. Ese mismo año, los griegos vencen en Mícale y se produce la liberación de Jonia. Los triunfos marítimos conseguidos por Atenas llevan a sus principales dirigentes tras la guerra, Arístides y Cimón, a impulsar una política de hegemonía ateniense sobre el espacio del mar Egeo, así como de exportación del sistema democrático, en ocasiones por la fuerza, a través de la liga de Delos.
En torno al último tercio del siglo V a.e.c., a la muerte de Arístides, Cimón se convierte en el hombre fuerte de Atenas, y lleva a cabo varias campañas contra algunas de las ciudades que rechazan el dominio de Atenas, así como la expedición naval que derrota, una vez más, a los persas en Eurimedonte, en lo que sería la última ofensiva persa lanzada contra el mundo heleno.
La final victoria griega, que supuso un freno al expansionismo persa en el Egeo, propiciaría el ascenso de Atenas como potencia naval y comercial, sobre todo tras la Liga de Delos3, y una creciente rivalidad entre Atenas y Esparta, que acabaría alimentando nuevos conflictos internos griegos (Guerra del Peloponeso). Por otra parte, con esta victoria se reforzó el sentimiento de unidad entre las poleis griegas frente a un enemigo común.
Bibliografía básica
Cawkwell, G.,The Greek Wars: The Failure of Persia, Oxford University Press, Oxford, 2005.
Green, P., The Greco-Persian Wars, University of California Press, Berkeley, 1996.
Jara Herrero, J., Las guerras médicas. Grecia frente a la invasión persa, La Esfera de los Libros, Madrid, 2021.
Lazenby, J. F., The Defence of Greece 490-479 BC, Aris & Phillips, Warminster, 1993.
Rivero, P. & Pelegrín, J., Las Guerras Médicas: batalla de las Termópilas. Batalla de Salamina, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2015.
Scott, M. Greek Warfare: From the Battle of Marathon to the Conquests of Alexander the Great, Thames & Hudson, Londres, 2014.
1 Aunque solamente aplicable a los varones, esta noción (igual distribución de la ley o igualdad), implicaba la igualdad jurídica, lo que suponía que todos los ciudadanos libres estarían sujetos a las mismas leyes y gozaría de la misma protección legal; la ausencia de privilegios hereditarios, pues la ley no debía favorecer a una familia aristocrática o a un grupo particular por su nacimiento; y una participación política más equilibrada, si bien no implicaba necesariamente una democracia directa. En cualquier caso, suponía que el poder no estuviese monopolizado por una élite reducida. Heródoto presentaba la isonomía como una alternativa al gobierno de una única persona (monarquía o tiranía). Para él aparece vinculada a la idea de que las decisiones públicas debían regirse por leyes comunes y no por la voluntad arbitraria de un determinado gobernante.
2 En los siglos VI y principios del V a.e.c., los atenienses utilizaban Falero como su principal salida al mar para el comercio y las expediciones navales. No sería hasta las reformas impulsadas por Temístocles, tras las guerras contra Persia, que Atenas empezó a desarrollar las instalaciones portuarias de El Pireo.
3 Al principio Atenas lideró la alianza contra Persia, pero con el paso del tiempo concentró el mando militar, controló el tesoro y convirtió la Liga en una herramienta de su hegemonía en el Egeo. El traslado del tesoro de Delos a Atenas en 454 a.e.c. simbolizó ese cambio, en tanto que la Liga dejó de funcionar como una coalición de iguales y pasó a servir a los intereses atenienses. Tal dominio permitió a Atenas financiar su flota, fortalecer su poder naval y embellecer la ciudad con fastuosas obras públicas, aunque a la par también generó tensiones con otras polis, porque muchas empezaron a ver la Liga como un instrumento de dominio ateniense más que como una alianza defensiva. De hecho, la represión de rebeliones como las de Naxos y Tasos reforzó esa imagen de imperio ateniense.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AHEC-AVECH-AEEAO-ICA-UFM, junio de 2026.


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