Imágenes, arriba: moneda incusa sibarita, datada en torno a 550-500 a.e.c.; abajo, un aríbalo corintio con escena de hoplitas. Hallado en el santuario de Timpone della Motta, se data entre 600 y 575 a.e.c.
Esta histórica ciudad, en la actual región italiana de Calabria, que la tradición señala como destruida por una inundación a causa del estilo de vida disipada de sus habitantes, ha estado inmersa en historias de lujuria y decadencia, siendo célebres sus habitantes por su supuesta aversión al trabajo y su gusto por la molicie. Esta colonia, Sýbaris (Σύβαρις), una de las más destacadas de la Magna Grecia, fue fundada por los aqueos del norte del Peloponeso, concretamente de Acaya y la Argólida, a fines del siglo VIII a.e.c. La fecha tradicional es 720, aunque es bastante probable que fuese más tarde.
Existen algunas referencias mitológicas asociadas directamente con la ciudad. Se decía que un monstruo llamado Síbaris aterrorizaba Delfos desde una gruta del monte Cirfis. El joven Alcioneo fue el héroe elegido para sacrificarlo, aunque fue finalmente Euríbato quien se ofreció en su lugar. Euríbato sacó al monstruo de la gruta, lo estrelló contra una roca y acabó con su vida. En el lugar donde cayó moribundo surgió una fuente llamada Síbaris, siendo el sitio donde se fundaría la ciudad en su honor.
En relación con el lujo y la desmesura, hay una leyenda que cuenta que los sibaritas prohibieron los gallos (por su canto matutino), y expulsaron a herreros, carpinteros y escultores de la ciudad para no perturbar la tranquilidad y la vida de lujo. Los dioses olímpicos condenarían, finalmente, a Síbaris a su desaparición por no saber manejar su extrema riqueza y el lujo. Incluso el oráculo de Delfos, por mandato de Apolo, habría profetizado su destrucción por diversos sacrilegios cometidos.
La fuente más antigua que proporciona alguna información sobre la colonia es Heródoto, quien describe la ciudad tanto antes como después de su caída ante Crotona. Antíoco, un historiador de Siracusa, también arroja relevante información sobre el asentamiento. Si bien su obra se perdió, Tucídides recoge sus anotaciones mencionando, en su Guerra del Peloponeso, a Thurii, la comunidad que sucedió a Síbaris. Por su parte, Timeo de Tauromenio, historiador del período helenístico es, con bastante probabilidad, la fuente de muchas de las historias acerca de la lujuria sibarita, si bien su obra fue criticada por Polibio debido a su presunta ausencia de veracidad.
En el siglo I a.e.c., Diodoro Sículo, refiere la historia que cuenta Timeo, en tanto que Estrabón, en la misma época, es la única fuente que refiere el final de la colonia debido a una inundación provocada por el río Crathis. Claudio Eliano, el retórico, profesor y compilador de historias e anécdotas, a comienzos del siglo III, también menciona la caída se Síbaris, aunque sin aportar detalles de la misma. Ateneo, finalmente, es la única fuente que menciona un mítico sangriento final de la ciudad. El fin de Síbaris no es mencionado ni en Polieno ni en Frontino, ambos expertos en estratagemas militares.
Se decía que Síbaris, hacia 550 a.e.c. se había convertido en una comunidad muy rica, gracias a sus campos cultivados de cebada, olivos y vides, si bien es probable que, asimismo, comerciara con los etruscos y con localidades de la costa occidental de Anatolia, como Mileto. Esa riqueza adquiriría la etiqueta de legendaria. Vecinos cercanos a la colonia eran Heraclea Siris y Crotona, ejerciendo esta última un rol destacable en el futuro de Síbaris. En torno a 520, la familia de la elite gobernante sibarita perdió el control de la comunidad a manos de Telis, quien establecería una tiranía hasta 511, cuando el tirano y sus seguidores huyeron, como exiliados, a Crotona. Los ciudadanos de esta localidad aprobaron en asamblea apoyar a los exiliados, de forma que ambas comunidades comenzaron sus preparativos de guerra.
Las fuerzas de Crotona arrasaron a los sibaritas, quienes fueron masacrados en retribución, como relata una historia posterior, por el asesinato de treinta embajadores que Crotona había enviado a Síbaris con la intención de favorecer una posible paz. Los cadáveres, para mayor deshonra, fueron dejados sin enterrar. El ejército de Crotona puso sitio a Síbaris, momento en el que los sibaritas se rebelaron en contra de Telis, quien acabaría refugiándose en un templo de Hera. Sin embargo, fue perseguido y asesinado en su interior, un sacrilegio que motivó la ira de unos dioses ya muy enojados por la muerte de los heraldos. Es este el instante en el que, según Ateneo, la cabeza de la estatua de la diosa se encara hacia la entrada del santuario y comienza a manar sangre desde las fuentes de la ciudad. Un final melodramático que puede ser una versión elaborada a partir de otra historia que afirmaba que los sitiadores habían desviado el curso del río Crathis para anegar la ciudad.
Para 510 a.e.c., sin embargo, Síbaris sigue existiendo. Diodoro Sículo menciona otro conflicto con Crotona en 476, en tanto que en 450 se refiere la llegada a Síbaris de nuevos colonos, probablemente debido a las disputas por los límites territoriales con Taras (Tarento). Serán los atenienses los encargados de canalizar esta suerte de misión de rescate de Síbaris, a buen seguro, para colmar parte de sus propias ambiciones imperialistas. Los recién llegados expulsaron a los anteriores ciudadanos renombrando la ciudad como Thurii. Esta comunidad de Síbaris-Thurii proporcionaría un puerto para la flota y el ejército de Atenas, como refuerzo para aquellos atenienses que, en 413, estaban asediando Siracusa. Diodoro menciona que en 390 a.e.c., Síbaris fue derrocada por los Lucanos, siendo la ciudad ocupada por los Brutii (rebeldes), un pueblo itálico osco-umbro que procede de los propios Lucanos, hacia 355. Desde ese momento, y hasta 340, la localidad recibió mercenarios corintios como aliados.
Bajo el control romano, la ciudad siguió en su proceso de declive. En 193 a.e.c., los romanos enviaron nuevos colonos y renombraron la ciudad ahora como Copia, en honor a la diosa romana de la abundancia, tal vez como reflejo de la riqueza agraria de la ciudad.
Síbaris es famosa por su inusitada riqueza. En la antigüedad circulaban historias, probablemente originadas en la del escritor siciliano Timeo y que sobrevivieron en Los sabios del banquete o Los deipnosofistas de Ateneo de Náucratis, sobre ropas caras, ricos banquetes y un estilo de vida en general lujoso.
Sin embargo, lo cierto es que no existen restos de grandes templos en la ciudad, lo que sugeriría, realmente, una modesta comunidad, si bien fuera de los muros del núcleo urbano hubo algunos santuarios de relevancia, como el hallado en Timpone della Motta. ¿Pudieron los templos de Síbaris haber sido destruidos por las aguas de la inundación provocada por las fuerzas de Crotona cuando desviaron el curso del río Crathis?. Tal vez, aunque resulta poco probable. Es verdad, asimismo, que las monedas de alta calidad, son un buen indicador de un estándar de vida relativamente alto en una comunidad y, de hecho, Síbaris, como otras ciudades de la Magna Grecia, no tardó mucho en producirlas aprovechando, quizás, las rentas que provenían del comercio con ciudades de Asia Menor. Las monedas sibaritas, incusas, son estampadas, con la presencia de un toro, lo que podría reflejar su riqueza basada en la tierra.
Parece probable que Síbaris haya sido una localidad donde el comercio y la agricultura proporcionaron un estilo de vida razonablemente acomodada para sus ciudadanos. No obstante, resulta difícil saber por qué motivos la ciudad fue elegida como imagen o epítome de la lujuria.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-UFM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA, julio, 2026.

