El principal candidato a la paternidad latina y al papel de antepasado de los romanos, Eneas, sufrió la poderosa competencia, desde el mundo griego, del semidiós Hércules y del soberano Evandro, un rey local de la región de Arcadia, quienes habrían estado en el Lacio con anterioridad a Eneas. La leyenda sobre esta presencia si hizo canónica en el siglo I a.e.c., apareciendo interpolada en las historias romanas de Dionisio de Halicarnaso y Titio Livio y en la propia Eneida virgiliana. El héroe civilizador, hijo de Alcmena y Zeus, habría llegado a la península itálica desde Iberia conduciendo de vuelta el ganado del monstruoso rey íbero Gerión. En las proximidades del Palatino se puso a descansar. Mientras dormía un pastor, Caco, capturó algunas de las vacas y las encerró en una caverna. Hércules, al despertar, lo persigue y acaba con su vida.
En la versión legada por Livio, Evandro, al reconocer en Hércules al divino hijo de Júpiter, erige un altar en su honor, ofreciéndole una serie de sacrificios. Según Dionisio de Halicarnaso, los pastores agradecen al héroe que los haya librado de Caco; esta misma actitud de gratitud la encontramos en la Eneida. En las tres fuentes, la leyenda finaliza con la instauración de un culto a Hércules en el Palatino, del cual se encargan las familias sacerdotales de los Pinarios y los Poticios. Estamos, se podría decir, ante un relato griego inserto en una historia romana; un mito de auctoctonía en el medio de una narración de migrantes (epeludes). La leyenda, dentro del círculo del regreso de Hércules con el rebaño de vacas de Gerión, parece ser parte de un ciclo legendario autónomo en el marco de los célebres trabajos de Hércules-Heracles.
Se podría defender que esta leyenda configura un relato fundacional alternativo al de la creación de la ciudad de Roma por parte de los descendientes del troyano Eneas. Los parecidos entre Pallanteum y Palatino y entre el ritual arcadio de las Liceas y las Lupercales, podrían ser un indicador de que Evandro trajo tales rasgos arcadios al Lacio. Este rey parece poseer algunos elementos en común con el héroe-dios lacial Fauno, una deidad romana de los bosques, identificada con Pan, la divinidad arcadia de los pastores. Por otra parte, Palantio-Palanteo es la denominación de una valle de la Arcadia, cuyo nombre deriva de un hijo de Licaón (Palante). Pausanias (en VIII, 43), asegura que en esta localidad había un templo que atesoraba una imagen pétrea de Palante, que sería obra de Evandro, a quien Pausanias hace descendiente de una ninfa del río Ladón y el dios Hermes. Advierte, asimismo, que este soberano mandó fundar una colonia con varios arcadios de Palantio al lado del Tíber.
Livio (I,7), hace de Evandro una suerte de fugitivo del Peloponeso, aunque reputado por su conocimiento de la escritura y por el hecho de que se pensaba que su madre era una deidad admirada como profetisa con anterioridad a la llegada de la Sibila a la península itálica. Su nombre, bien conocido, es Carmenta, el nombre latino de la ninfa arcadia reseñada.
Lo que halla Hércules al cruzar el Tíber (antes de que existiera Roma), es, precisamente, una colonia arcadia; unos migrantes autóctonos (en tanto que no es ya Arcadia, pero todavía no es Roma), sino un espacio-tiempo liminar y caótico. El rey, soldado y sabio Evandro, no tiene poder sobre los pastores, únicamente prestigio porque es el vástago de una profetisa y sabe escribir, pero no es rey ni un héroe cultural. El significado del nombre Evandro es el de hombre perfecto, bueno, lo cual le opone a Caco (malvado, falso y erróneo). No obstante, Evandro también sería piadoso, de ahí su instauración de cultos en altares por él mismo creados, concretamente a Palante en Arcadia y a Hércules en el Palatino. Evandro es dual, porque es tanto una deidad pastoril, reflejo de Fauno o Pan, como un hombre piadoso, sabio y bondadoso. Mientras, el Dionisio de Halicarnaso y Livio, Caco es un ladrón o un pastor, pero ya en la Eneida de Virgilio se ha convertido en un monstruo, vástago del dios Vulcano.
Es probable que en las antiguas versiones del mito se enfrentasen dos deidades selváticas o agrestes, una que protege a los pastores y la otra destructora, quizá un cíclope o una divinidad volcánica. La primera versión sería un mito, mientras la segunda un cuento o una leyenda. Con la muerte de Caco, Hércules resuelve la contradicción entre migración y autoctonía, eliminado el segundo de estos aspectos, lo cual propiciará que la historia fundacional de Roma se asocie con la leyenda de Eneas, haciendo descender a los fundadores de la urbe de emigrantes troyanos y no de autóctonos arcadios.
Al morir Caco, Evandro no puede ser un héroe fundador, ni un oikistés, solamente quien instituye cultos, aunque el altar consagrado a Hércules, paradójicamente, se convertirá después en el Ara Máxima, señalando el lugar de la futura fundación. Ahora bien, tras la actuación ordenadora de Hércules, que pone fin a la ficticia autoctonía arcadia, Evandro puede ejercer de héroe cultural, al iniciar a las gentes en la escritura y en el culto al héroe griego, aunque queda apartado del linaje de los fundadores de Roma.
En la versión racionalizada del mito de Caco en Dionisio de Halicarnaso (Hist. I, 41), Hércules en la península itálica es un conquistador. Caco es un rey bárbaro que lucha contra el ejército de Hércules, muriendo en el combate. Destruida su ciudadela, el territorio es repartido entre los dos aliados del semidiós: los autóctonos comandados por Fauno y los arcadios de Evandro. Hércules tendría dos descendientes, Paladio y Latino, este último en matrimonio con la hija de Evandro, Lavinia. Este Latino acabaría siendo suegro de Eneas, con lo que aquí se encuentra en enlace con el mito canónico que Tito Livio oficializa. Después del dominio del Lacio, Hércules pone rumbo hacia Sicilia, fundando en su camino la localidad de Herculano.
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Prof. Dr. Julio López Saco
UM-UFM-AVECH-AEEAO-ICA-AHEC, septiembre, 2026.


