Mostrando entradas con la etiqueta Historia oriental. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia oriental. Mostrar todas las entradas

3 de febrero de 2026

Los Reinos Combatientes llegan a su fin: expansión territorial y consolidación política Qin



Imágenes, de arriba hacia abajo: guerrero en bronce del período de los Reinos Combatientes. Estado de Zhao, hoy en el National Museum de Shanxi; espadas de hierro y de bronce del mismo período, en el Museo Provincial de Xi'an; y casco en bronce, perteneciente al período de Primaveras y Otoños (770-475 a.e.c.)

La etapa final del denominado período de los Reinos Combatientes en China (Zhànguó Shídài, 戰國時代), entre 475 y 221 a.e.c. registra la consolidación territorial del reino Qin () alrededor de efímeras alianzas, grandes batallas y una diplomacia persuasiva, lo que se reflejará en una serie de secuencias hegemónicas hasta el final afianzamiento Qin. El período había sido testigo de la conversión de los diferentes reinos en monarquías territoriales, con presencia de una burocracia administrativa y una rígida jerarquía de funcionarios, una organización en comandancias y condados, la construcción de líneas de defensa estatales, como fortificaciones y murallas, amén de la eficaz acción de estrategas militares y de una serie de pensadores que teorizan acerca de las alianzas.

Una burocracia encargada del registro de la población y de las cosechas para lograr una base que sostenga ejércitos cuantiosos y trabaje como mano de obra en obras públicas destinadas a garantizar los abastecimientos y la defensa territorial. Por otra parte, la guerra se concibe como una tarea de masas, con poderosos ejércitos de infantería, formados por campesinos y comandados por una oficialidad bien preparada.

Desde una perspectiva económica, el comercio a larga distancia y el uso de sistemas monetarios empiezan a ser relevantes.

Los conflictos por el llamado corredor de Hexi o de Gansu (Hexi Zoulang, 河西走廊), sumado a la consolidación interna de la administración y del territorio, propiciaron el comienzo del expansionismo Qin, que se inicia hacia 400 a.e.c. y finaliza con la absorción de los reinos rivales en 221 a.e.c. Después de perder esta región frente al Estado de Wei (), Qin decide reformarse desde adentro (aprovechando su aislamiento espacial debido a sus poderosas defensas naturales). Es el momento preciso en que el duque Xiao de Qin (Qín Xiào Gōng, 秦孝公, 361-338 a.e.c.) acaba impulsando las decisivas reformas de Shāng Yāng (商鞅). A partir de estos cambios, se logra la recuperación de Hexi hacia 340 y se pone fin a la hegemonía de Wei. Desde ese momento, el reino reorganiza su espacio político, estableciendo la capital en Xiányáng (咸阳), y creando las prefecturas de Beidi (北地), en 271 a.e.c., y Lǒngxī (陇西), que harán las veces de zonas de colonización y de defensa en la zona occidental. Bajo el reinado del rey Zhao de Qin (Qínzhāoxiāng wáng, 秦昭襄王), estas fronteras se aseguran con la construcción de fortificaciones.

En apenas unos cuatro años, entre 316 y 312 a.e.c., y tras la consolidación de los límites septentrionales, Qin comienza una expansión en dirección suroeste. Se trata de una expansión de claros tintes estratégicos, en busca de los abundantes recursos meridionales. Esto conduce a Qin hacia la conquista de los Estados Regionales de Shu (Gǔ Shǔ, 古蜀) y de (), localizados en la cuenca de Sichuan, célebre por sus tierras fértiles. La anexión de los territorios de ambos Estados le proporciona a Qin una importante base económica, centrada en los metales y los cereales, así como poblacional. Un poco tiempo después, hacia 312 a.e.c., la meta de Qin es el valle de Hànzhōng (汉中), un territorio en posesión del Estado de Chǔ (). Su relevancia radica en que se trata de una llanura que controla el paso estratégico que atraviesa las montañas Qinling (秦嶺) hacia la referida cuenca de Sichuan.

Este es el escenario de dos de las más significativas batallas del mundo antiguo en China, la batalla de Danyang (丹陽), en la que a las tropas del general de Qin, Wei Zhang (魏章) se oponen aquellas comandadas por los generales Qu Gai (屈匄) y Feng Houchou (逢侯醜), de Chu; y la batalla de Lántián (藍田), llevada a cabo en 207 a.e.c. Inmediatamente, el reino Qin lleva a la práctica una eficaz política de asentamiento de personas (en torno a cincuenta mil) en estos territorios. Con el control logístico y una superioridad de recursos, Qin está en condiciones de orquestar sus campañas contra los Estados orientales y centrales.

La escalada militar en la meseta central de China se recrudece a partir del año 312 a.e.c., llegando a su conclusión en 293 a.e.c., tras la decisiva confrontación en la batalla de Yinque (伊阙之战) contra las tropas del Estado Regional de Han (). La conquista de Yiyang (宜陽) por parte del rey Wu de Qin o Daowu de Qin (秦悼武王), quien reinó entre 310 y 307 a.e.c., y que es el paso decisivo hacia los dominios regios Zhōu (), se ve completada por la táctica de flanco doble que realiza el rey Zhao de Qin (秦昭王, con reinado entre 306 y 251 a.e.c.), que supone el amurallamiento de la meseta occidental, al tiempo que presiona a los Estados de Han y Wei, para este momento ya seriamente perturbados.

Esta situación es la que provoca una coalición de los Seis Estados, quienes consiguen una vactoria, aunque solamente temporal, en la Guerra del Paso de Hangu (函谷關), llevada a cabo entre 298 y 296 a.e.c. No obstante, gracias a una serie de maniobras políticas exitosas, Qin romperá esa alianza y logra hacerse con la antigua capital del Estado de Wei, Anyi (安邑). Solamente un par de años después, entre 294 y 293, el gran general Qin Bai Qi (白起) consigue, en su confrontación contra Han, una aplastante victoria en Yinque.

La superioridad Qin se va asentando gracias a sus victorias militares, iniciándose una fase,en la primera mitad del siglo III a.e.c., de dominio militar que culmina hacia 255. La capital ancestral del enorme y meridional Reino de Chu, conocida como Ying () es capturada en 278 a.e.c. Sin embargo, el momento crucial en este período lo conforma la batalla de Changping (長平之戰 ), contra el Estado Regional de Zhao (), en 260, cuando el general Bai Qi logra infligir una humillante derrota al cuantioso ejército de Zhao. Los últimos vestigios de la autoridad feudalizante Zhou son eliminados al anexar Qin los dominios, ya plenamente simbólicos, del último rey Zhou, Nan Wang (赧王), en 256 a.e.c.

Con Ying Zheng (嬴政) en el trono de Qin desde 247 a.e.c., el futuro primer emperador, que contó con el soporte de ministros como Li Si y de legistas como Lü Buwei, el Estado finaliza su configuración en una organización militar y administrativa cuya meta es la conquista territorial. El Estado Qin somete a la nobleza, refuerza su burocracia y reconfigura su fiscalidad, haciendo uso de una diplomacia férrea que incluye sin reservas el espionaje o las intrigas. La ofensiva final de sometimiento comienza en 230 a.e.c., y en menos de una década logra conformar un orden político centralizado en un territorio unificado.

El pensador arriba citado, Shāng Yāng, un seguidor del legalismo, corriente de pensamiento que entiende que la fortaleza de Estado reside en la conjunción de una serie de fundamentos clave, concretamente el desarrollo de la agricultura como base económica; la configuración de un ejército cuyo aval reside en los méritos que sus miembros adquieran en combate; y una severo código legal aplicable a todos, en el que el sistema es dual: recompensas y castigos, convence, como se dijo, al referido duque Xiao de llevar a cabo una serie de reformas a partir de 359 a.e.c. Se trataba de unas reformas que buscaban el afianzamiento del poder, al máxima eficiencia y, sobre todo, la sobrevivencia del Estado.

Ahora, los miembros del clan regio que no tuvieran méritos militares desaparecerían de los registros genealógicos, un hecho que suponía que el linaje no aseguraba ni riquezas ni honra. El sistema de los veinte rangos por méritos militares facilitaba que las clases sociales más deprimidas tuviesen una oportunidad de movilidad social por medio de la participación militar, factor que propició un poderío bélico fiel y poderoso a todo el reino. Los recursos se centraron en la agricultura y la guerra y se organizaron pequeñas unidades familiares que rompieron en sistema tradicional. Además, las prefecturas, las comandancias y los condados sustituyeron a los señoríos nobiliarios. Así pues, la disciplina, el orden, la eficiencia y el utilitarismo se convirtieron en pilares claves de un Estado militarizado que será el encargado de establecer el primer imperio en China.

Bibliografía

Hui, V.T., War and state formation in ancient China and early modern Europe, Cambridge University Press, Cambridge, 2005.

Lewis, M.E., Sanctioned Violence in Early China, State University of New York Press, Albany, 1990.

Li, F., Early China: A social and cultural history, Cambridge University Press, Cambridge, 2013.

Pines, Y., “The Warring States period: Historical background”, en Johnson, E.C. (edit.), The Oxford Handbook of Early China, Oxford Universituy Press, Oxford, 2021.

Yang, K., Historia del período de los Reinos Combatientes, edit. del Pueblo de Shanghái, Shanghái, 1998.

VV.AA., “China. Los Reinos Combatientes”, Revista Desperta Ferro, n.º 93, enero-febrero, 2026.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-AEEAO- UFM, febrero, 2026.

3 de diciembre de 2025

Libro. Traducción del Lüshi Chunqiu



Colegas, estudiantes, amigas y amigos todos. Cordial saludo. Emociona anunciar la publicación de Lüshi Chunqiu. Anales de Primavera y Otoño del Maestro Lü (Buwei) con traducción, introducción, notas y comentarios de quien esto escribe y con la ayuda en la traducción de F. Scarcia, editado en Biblioteca AVECH-ULA, Colección Traducción (ULA, Mérida, 2025, 762 pp.)

Se trata de un texto de saber enciclopédico que contiene diversos pasajes acerca de variadas temáticas (mitología, agricultura, astronomía, botánica, historia, música, literatura, geografía), así como aspectos del pensamiento confuciano y daoísta, teorías de los dialécticos, legalistas, mohistas, y pensadores de la escuela del Yin-Yang. Compilado en el siglo III a.e.c., en la última etapa del período de los Reinos Combatientes, es también una guía para el rey que gobierna un territorio empleando una burocracia de sabios administradores. El texto acumula un extenso material cultural y filosófico referido al arte de gobernar.

La presente traducción, la primera en español, y que ahora se presenta, facilita la penetración en el pensamiento de la China de la antigüedad. La traducción de este clásico, con un profuso aparato crítico y comentarios, formó parte de un proyecto de investigación que comenzó su andadura hace más de dos años. Es una edición universitaria de alto nivel asequible a toda persona interesada en la antigüedad china. Un libro, por tanto, crucial para la comprensión del pensamiento, la historia, los saberes y la cultura de la China antigua. Debe dejarse constancia de nuestra sincera gratitud al Dr. Norbert Molina (CEAA-ULA, Mérida) por su oficio y dedicación. Sin su trabajo y empeño difícilmente esta obra habría visto la luz del día.

Para la descarga (en alta resolución), y de manera gratuita, https://avech.org/anales-de-primavera-y-otono-del-maestro-lu/

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-AHEC-AVECH-UFM, diciembre, 2025.

 

2 de agosto de 2025

Cultura material del antiguo Japón: Jômon, Yayoi y Kofun













Imágenes, de arriba a abajo: vasija con forma de llamas. Jômon medio. Museo Municipal de Tôkamachi; dogû de Nakappara o diosa con máscara. Hacia 2000 a.e.c. Museo Arqueológico Jômon de Togariishi; dogû de Kamegaoka, conocido como figura con gafas de nieve; espejo con figuras de deidades. Siglos IV-V. Museo Nacional de Tokio; alfarería de época Yayoi. Museo Nacional de Tokio; figura incisa de un supuesto chamán en una cerámica yayoi. Museo de la Prefectura de Saga; campana dôtaku. Museo Nacional de Kyûshû; tumba de Hashihaka, en la prefectura de Nara; varias figuras haniwa del kofun de Kuyôzuka. Museo Arqueológico del Castillo de Azuchi; vasija sueki con luchadores de sumo. Museo Nacional de Kioto; pintura mural en una pared del túmulo de Takehara, en la prefectura de Fukuoka; y pintura mural en una pared del túmulo de Takamatsuzuka, con un grupo de mujeres.

La cultura Jômon (diseño de sogas), tiene sus raíces en el Pleistoceno, en tanto que uno de los restos cerámicos más arcaicos del mundo, datados en 16000 años A.P., se encuentran en Odai Yamamoto I, yacimiento ubicado en Aomori. No obstante, no fue un surgimiento aislado, pues el horizonte cultural de Osipovka, en torno al curso bajo del Amur, en el noroeste de Rusia, con cerámica vinculada a la de Jômon, es coetánea a la cultura japonesa.

Estas gentes, que emplearon herramientas pétreas pulidas y cerámica, no desarrollaron la agricultura, aunque sí desplegaron técnicas de producción de alimentos propias de los entornos de bosque, de ahí que se haya catalogado a Jômon como una cultura de Neolítico forestal. Esta avanzada sociedad de cazadores-recolectores, empleó útiles de hueso, de madera y de piedra.

En la búsqueda de un aprovechamiento de los recursos de los ríos y el mar, fabricaron numerosos útiles asociados a la pesca, como redes, anzuelos, trampas o arpones, aunque también usaron el arco para una caza terrestre acompañada de perros. Cada comunidad se especializó en la producción de ciertos artefactos, a partir de materias primas como el jade, la obsidiana o la serpentina, además del ámbar y el cinabrio, estos últimos con finalidad ornamental y ritual.

Desde el período de Jômon Medio (3500-2500 a.e.c.) se diversifica la producción de recipientes cerámicos, siendo desde ese momento usados no solamente para los alimentos sino también en ceremonias y rituales religiosos. Surgen formas retorcidas y extrañas de cerámica, análogas a las llamas de una hoguera, denominadas cerámicas flameantes o kaengatadoki. Se usan, además, lámparas cerámicas y se manifiestan las primeras urnas funerarias.

En la cultura material Jômon también existe una importante presencia de agujas, martillos de piedra, morteros y barras de piedra de forma fálica, tal vez de función ritual. Los objetos de finalidad ritual aparecen ya al final del Jômon Temprano (entre 9000 y 5000 a.e.c.). Sobresalen las máscaras de arcilla, formas semejantes a setas o campanas, las espadas y filos pulidos en piedra. Las figuras de arcilla antropomorfas, dogû, relacionadas con el mundo espiritual, aparecen mediado el período de Jômon Incipiente (13000-9000 a.e.c.), como formas simples, cuerpos triangulares planos sin rasgos faciales. En este misma época se encuentran en los diversos yacimientos brazaletes y pendientes ornamentales. Parece probable que tales objetos fuesen símbolos de estatus y que de ellos surgiese una suerte de poder espiritual. En la fase media, las figuras ya poseen una cabeza y extremidades, y los rostros ya muestran nariz, ojos y boca. Las formas de las caras muestran disparidades, un indicador de que no parecen representar personalidades reales. Algunas de las figuras fueron decoradas con zapatos y ropajes, así como con tatuajes alrededor de las mejillas, los ojos y la boca.

En períodos más tardíos, las figuras dogû crecen en tamaño y se empiezan a fabricar huecas. Suelen aparecer depositadas en el suelo y fragmentadas, lo cual puede responder a una presumible función ceremonial, entendiendo que al romperlas se liberarían ciertos espíritus que estarían alojados en su interior. Aunque se asume que representan mujeres, es factible que trasciendan la forma y el género.

Pendientes y otros objetos decorativos hallados en las tumbas han servido para reconstruir la posición del cadáver inhumado, bien en posición fetal, apuntando hacia alguna montaña cercana o hacia la salida y puesta del sol. Esto puede ser un indicio de que la orografía y los cuerpos celestes eran elementos referenciales en la cosmogonía de las gentes Jômon, pudiendo existir una asociación entre su perspectiva sobre la vida del más allá y la dirección a la que apuntan las tumbas.

En el período Yayoi se produce la importación de la cultura agrícola proveniente de Corea. En sus fases finales, en el siglo III, aparecen las primeras tumbas con forma de ojo de cerradura. Como el modo de vida se asienta en la agricultura, se puede ver la aparición de nuevas herramientas, unas de madera, como azadas, morteros o rastrillos, y otras de piedra pulimentada, caso de las hachas y los cuchillos. Fueron los emigrantes desde Corea los que introdujeron el bronce y el hierro, pero también hicieron lo propio con nuevas cerámicas, la fortificación de aldeas y la manufactura textil, amén de novedosas costumbres funerarias y rituales. Los primeros objetos de bronce fueron los traídos por los emigrantes, como espejos, brazaletes o armas (puntas de lanza, alabardas, espadas). Los objetos en bronce tuvieron, esencialmente, una función decorativa, simbólica y ritual. De hecho, las armas solían emplearse en ceremonias político-religiosas. Los productos en bronce más destacados traídos desde Corea son las alabardas, las lanzas, las campanas, los espejos y espadas.

Existieron diferencias en el empleo del bronce entre Kyûshû septentrional y la región de Kinai, en la sección media de la isla de Honshû, un hecho que podría indicar esferas políticas y culturales diferentes. En la zona de Kinai predominan las campanas dôtaku, mientras que las alabardas y las espadas de bronce, en origen herramientas de guerra, prevalecen en Kyûshû. Las dôtaku se enterraban fuera de los asentamientos humanos, lo cual puede indicar una finalidad apotropaica en los límites de las aldeas. Estas campanas pudieron estar vinculadas a festivales llevados a cabo en épocas cruciales del ciclo agrícola, como una parte de los ritos de invocación de espíritus. Por su parte, los espejos, alabardas, lanzas y espadas, estaban frecuentemente presentes en las sepulturas. Es probable que las armas se asociasen a rituales de expulsión.

Se introdujeron formas nuevas en la cerámica, como las vasijas de formas lobuladas, cuencos sobre pie de cuello estrecho, y los recipientes con un asa lateral. Los cuencos se usaron como medio de exhibición de ofrendas y alimentos, en tanto que las vasijas lobuladas, en principio usadas para almacenar grano, se acabarán usando como féretros.

Desde el fin del período medio (siglos II a.e.c. a I), aparecen dibujos y relieves que representan animales, individuos, edificaciones, distintos instrumentos y barcos. Se observan edificios elevados sobre pilares que están conectados con el suelo por medio de una escalera. Es probable que sean construcciones religiosas o graneros. La presencia de personajes con una herramienta o un arma en una mano y un escudo en la otra, pueden ser interpretados como chamanes. Por otra parte, el habitual motivo de la representación de ciervos, pudiera relacionarse con las leyendas presentes en el fudoki de la provincia de Harima, un informe acerca de costumbres locales redactado hacia 713.En esta obra, los cuernos y la sangre de los ciervos se asocian con el crecimiento de los cereales. La presencia, en ciertos casos, de figuras alargadas, han sido interpretadas como dragones.

Hay importantes variaciones en las formas de inhumación entre las regiones. Los cadáveres en grandes urnas de barro son propios del norte de Kyûshû, mientras que los sarcófagos de piedra son habituales en el sur de Honshû. Los ajuares funerarios están compuestos de cuentas de jade en forma de coma, dagas y espadas. Pueden aparecer también vasijas con cereales. En el sur de Japón estas vasijas se emplearon, asimismo, como urnas funerarias, un factor que se ha interpretado como la relación entre el crecimiento de las cosechas y los espíritus de los difuntos, lo que podría ser un indicio revelador de un probable culto a los antepasados.

Algunos miembros de las élites contaban en sus tumbas con cristales de origen chino, espejos, ornamentos de bronce, cuentas de jade y armas. Los espejos pueden simbolizar el rol de chamán del difunto en el seno de la sociedad, mientas que la presencia de productos de origen chino se puede conectar con un deseo de monopolizar los contactos comerciales con el continente. En el período posterior, entre mediado el siglo I y mediado el III, surgen túmulos rodeados de fosos en los que se inhumaba a la gente de elevado estatus con un rico ajuar, lo que contrastaba con los enterramientos de la gente común, ubicados fuera de cualquier túmulo y sin ajuar.

El denominado período de los túmulos antiguos, kofun, comienza en torno a 250. Se caracteriza por la presencia de grandes tumbas que actúan como símbolos de expresión del alto estatus religioso y político de las personas allí inhumadas. Estas sepulturas, con ajuares que contienen espejos, figuras zoomorfas y de deidades, adornos de jade, armas y aperos de labranza, entre otros objetos, son prueba del nacimiento de una élite nacional entre el siglo III y el IV.

La contribución coreana durante este período también fue efectiva. Los inmigrantes del reino de Gaya (estado formado por la federación de pequeños reinos coreanos entre mediado el siglo I y 532), introdujeron la cría de caballos, fabricaron cerámicas de tipo sueki, (azul y gris, de uso ritual y funerario), levantaron un tipo de vivienda sobre pilares con la presencia del kamado, una cocina de barro con chimenea externa, y llevaron hasta Japón el telar para tejer cáñamo.

Los objetos de mayor relevancia de esta fase son las figuras haniwa. Su origen se halla en vasijas de arcilla coloreadas en rojo que se ubicaban en túmulos donde se enterraba a la élite ya desde la etapa final yayoi. Inicialmente estaban adornadas con diseños geométricos. A partir de mediado el siglo III se produce una reconfiguración funcional de estas piezas con la intención de ubicarlas permanentemente alrededor del túmulo funerario en diversas hileras. Como eran visibles desde el exterior es posible que su originaria función fuese la delimitación de espacios sacros, actuase como un tipo de ofrenda votiva al espíritu del fallecido o bien tuviese una función apotropaica. Mediado el siglo IV, algunas adquirieron la forma de edificaciones, objetos como parasoles, aljabas, abanicos de mango largo o espejos, y también la forma de animales, sobre todo caballos, perros, pájaros y jabalíes.

En las primeras fases del período kofun el patrón básico consistía en ubicar figuras con forma de vivienda al lado de representaciones de aljabas y escudos en la parte superior del túmulo, rodeando todo con varios círculos concéntricos de haniwa con forma de vasija. Tal vez el conjunto pudiera representar un complejo palaciego probablemente asociado a la vida del difunto en el otro mundo. Ya será a partir de la mitad del siglo V cuando estas figuras adquieran forma humana, tanto hombres como mujeres, en función de tejedoras, guerreros, sacerdotisas, bailarines, portadores de escudos o sirvientes, entre otras. El Nihon Shoki (日本書紀, compilado en 720), señala que las haniwa en forma humana se debieron al mítico personaje Nomi no Sukune, quien propuso sustituir las víctimas sacrificiales por figurillas de arcilla.

Pueden representar personajes, animales u objetos que fuesen útiles para el difunto, representasen escenas de la vida cotidiana de la persona inhumada o que sirviesen como medios de transporte del alma del fallecido al más allá. También resulta plausible que hiciesen las veces de ofrendas a las divinidades.

Las mencionadas cerámicas sueki abarcaban cuencos y platos, pero también lucernas, pedestales con incensarios, vasijas de múltiples bocas y jarras para libaciones. Se hacen muy presentes en el ajuar funerario de la élite en el siglo VI. También fueron abundantes las cerámicas hajiki, habitualmente en sus formas de platos planos, vasos y vasijas y cántaros para guardar el grano, así como los espejos, con diseños formados a partir de varios círculos concéntricos. Los círculos externos se decoran con caracteres chinos o con patrones regulares, mientras en los interiores se muestran entidades míticas. En el centro sobresale un medallón. Un ejemplo muy notable es el espejo con diseño de viviendas, fechado en el siglo IV, y que muestra cuatro edificios en torno al medallón central.

En las tumbas de corredor insertas en los túmulos, que se oficializan a fines del siglo IV, las paredes pueden aparecer decoradas con motivos abstractos y geométricos, con predominio de los colores blanco, negro, rojo y verde. Existen ejemplos en los que se observan formas parecidas a armas, escudos o aljabas, así como figuras humanas y zoomorfas. En este último caso es destacable el túmulo de Takehara, en Kyûshû, de mediada la sexta centuria de nuestra Era.

En estas pinturas, consideradas un ejemplo de la transmisión de la estética de las culturas esteparias debido a las vestimentas de un jinete (el único ser humano que aparece), se muestra el apareamiento entre un caballo, ofrecido por esa persona, y un dragón, para que se geste un corcel. El tema retrata una leyenda continental. Además se pueden apreciar abanicos de mango largo a ambos lados, banderas triangulares y un barco sobre las estilizadas olas de la sección inferior. Todo ello puede estar simbolizando el viaje al otro mundo.

Otro ejemplo destacable es el del túmulo de Mezurashizuka, asimismo en la propia región de Kyûshû. Aquí se aprecia una barca con un ser humano y un ave, lo que podría estar representando el tránsito al más allá del alma del difunto. La influencia de la cosmología china se hace evidente en los túmulos de Kitora y de Takamatsuzuka, ya datados en la segunda mitad del siglo VII. En ellos se ven representaciones polícromas de comitivas de servidores, tanto masculinos como femeninos, que atienden al difunto. Sus ropas son las propias de las cortes coreana o china.

Será a finales de la sexta centuria cuando empiecen a desaparecer las armaduras y las armas de los ajuares funerarios, surgiendo símbolos del poder como las coronas de oro, que proceden de Corea. Asimismo, empiezan también a aparecer frascos de bronce y cuencos característicos de los rituales budistas.

Bibliografía esencial

Farris, W.W., Sacred Texts and Buried Treasures: Issues in the Historical Archaeology of Ancient Japan, University of Hawaii Press, Honolulú, 1998.

Habu, Junko, Ancient Jomon of Japan, Cambridge University Press, Cambridge, 2004.

Knoft, Th. (Ed.), Burial Mounds In Europe and Japan. Comparative and Contextual Perspectives, Archaeopress, Oxfordshire, 2018.

Mizoguchi, Koji, The Archaeology of Japan. From the Earliest Rice Farming Villages to the Rise of the State, Cambridge University Press, Cambridge, 2013.

Naumann, N., Japanese Prehistory: The material and Spiritual Culture of the Jomon Period, Harrassowitz Verlag, Wiesbaden, 2000.

Pérez Riobó, A. & San Emeterio Cabañes, G., Japón en su historia. De los primeros pobladores a la era Reiwa, edit. Satori, Gijón, 2020.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AEEAO-UFM, agosto, 2025.