10 de octubre de 2008

Los orígenes de la cultura en Japón

Arqueología y pensamiento en los inicios de la cultura en Japón*

Prof. Julio López Saco


Períodos Jômon y Yayoi

Únicamente después del final de la Segunda Guerra mundial, las investigaciones sobre la historia antigua de Japón, gracias a las excavaciones arqueológicas que han proliferado en los últimos cincuenta o sesenta años, han venido a conferir una nueva perspectiva a los orígenes del pueblo y la cultura japonesa. Los especialistas han reconocido la división de la prehistoria en dos significativas etapas: el Paleolítico, entre 50000 y 12000 a.C., y el Neolítico, entre 11000 a.C. y 300 de nuestra era. Dentro de este segundo gran período, el que aquí interesa reflejar, se admiten dos etapas diferentes: el período Jômon (11000-300 a.C.), y el período Yayoi (300 a.C.-300).
De este segundo período, en concreto en la etapa Jômon, son abundantes las jarras funerarias y cerámicas de color ocre con decoración de cuerdas entrelazadas, obra de los primeros pobladores de las islas Ryûkyû y Hokkaidô. Las subdivisiones establecidas en esta fase, debidas a la presencia de piedras talladas y a los diferentes esbozos de la figura humana, suponen la existencia de dos tipos de población: una norteña y oriental, proveniente de Siberia, y otra meridional, procedente de China y Corea. La presencia de arpones, joyas, rastros de sacrificios y puntas de flecha entre el primer tipo poblacional parece que dio lugar a los ainu, gentes del norte adoradores del oso.
En términos genéricos, por consiguiente, Zyomon o Jômon se refiere a pueblos mesolíticos y neolíticos que hablaban dos lenguas, la antecesora del Ainu, hoy confinado a unos escasos miles de hablantes en las norteñas islas de Hokkaido y Sajalin, y una lengua austronésica (malayo-polinésica) proveniente del sur.
La vida de los habitantes Jômon estaba sostenida por una economía natural mixta, de caza y pesca, hecho que se deduce de los cúmulos de conchas halladas en las zonas del litoral marítimo, arrojadas cerca de las viviendas tras las comidas durante varios miles de años. Las viviendas eran en forma de cueva vertical con troncos cruzados, arbustos y hojas de árboles para protegerse de las lluvias. No obstante, conocían formas de usar el fuego y se servían de vasijas de barro cocido, decoradas con diseños en forma de soga. Se supone que un máximo de cuatro o cinco personas convivirían bajo un mismo techo. Son muy numerosas, en los asentamientos jômon, las agrupaciones de habitáculos reunidos en ciertos lugares dotados de condiciones climáticas óptimas, lo que puede hacer pensar que entre los habitantes jômon había cierta propensión a una vida y comportamiento gregario y comunitario.
Los enterramientos jômon se caracterizan por introducir el cadáver acurrucado en el interior de una tinaja, sin presencia de objetos personales que sirvieran como ajuar o accesorios funerarios y pudiesen, en consecuencia, ser un referente de los espíritus de los muertos. Parece probable que los hombres y mujeres jômon tuviesen una mentalidad fundamentada en un animismo elemental. No hay presencia, en último caso, de huellas, rastros o vestigios claros que delaten la existencia de ritos de sacrificios animales o humanos.
La antigua sociedad jômon fue superada por una nueva civilización de origen continental chino, extendida por Corea y la zona norte de Japón, denominada Yayoi. La infiltración de esta cultura de pueblos de lenguas altaicas, agricultores del arroz, e introductores de los tejidos y las herramientas de hierro y bronce, es referida en fuentes antiguas chinas como “área Wa”, conformada por una serie de reinos que se consideraban tributarios del Imperio Han. Este paso transicional se caracterizó por su rapidez y cierta brusquedad. Entre las novedades que aportó la nueva cultura se encuentran el avance técnico de la artesanía, sobre todo en la textil, además de la manipulación de los utensilios de bronce, particularmente espadas, lanzas, espejos y campanas. La distribución geográfica de estos útiles se fue extendiendo desde el occidente hasta la región oriental (kantô), incluyendo la zona central del país. No obstante, la mayor contribución de la nueva cultura fue la sedentarización de la población y la introducción del cultivo del arroz, verdadera revolución del mundo agrícola. El cultivo arrocero fue, en origen, una explotación agrícola que se había venido realizando en el continente asiático, en especial en las regiones del litoral meridional del mar de China y en algunas islas del Pacífico. El cultivo llega al archipiélago japonés cuando parte de los cultivadores, empujados por la ola expansiva del imperio chino Han, trata de encontrar tierras aptas. Los cenagales y terrenos pantanosos en Japón, esparcidos en las zonas costeras y las cuencas fluviales, fueron un espacio de recalada obligada. La rápida y amplia distribución de la producción agrícola estimuló la transformación de la vida económica e influyó en la mentalidad religiosa. Este hecho condujo a que los hombres yayoi se hicieran más sensibles a los cambios atmosféricos que sus antepasados cazadores, recolectores y pescadores. Es el momento en que, seguramente, nacieron nuevos conceptos que explican los fenómenos de la naturaleza como consecuencia del dominio que sobre ellos ejercían múltiples demiurgos. Es así como desde esta temprana época se comienza a establecer que la pérdida de las cosechas de arroz dependía, en esencia, de la acción de los espíritus que habitaban dentro de los propios cereales. Adorando a estos espíritus y aplacando sus iras se alejarían las calamidades y las cosechas serían abundantes y prósperas. Surge la costumbre de celebrar la festividad de la cosecha en otoño, tiempo de la recolección, para agradecer a los espíritus de los arrozales, mientras que en la primavera, al comienzo de la plantación, se adoraba a los espíritus que renacían en los nuevos brotes, organizando la fiesta del trasplante del arroz. Debemos deducir que se produce un avance decisivo hacia una nueva concepción religiosa relacionada directamente con la vida agrícola: la fe en los espíritus de los cereales, fundamento de la primitiva religión de Japón. La arqueología muestra como en esta época, también, empiezan a surgir ejemplos de inhumaciones de cadáveres junto con utensilios personales, como aperos de labranza y cuchillos.
A la vez que se generalizó el cultivo del arroz, los hombres comenzaron a cambiar su hábitat, trasladándose desde los valles altos, las mesetas y las zonas más silvestres, hasta las regiones anegadas más bajas. Estas nuevas condiciones propician la aparición de las viviendas elevadas y de los hórreos (hazekura), para evitar la humedad y asegurar buena ventilación para los cultivos allí guardados. El cultivo del arroz implica una planificación y la necesidad de realizar comunalmente ciertas labores, tales como el regadío o la desecación de zonas pantanosas. Con esta nueva conciencia la demografía aumenta, y la generalización de la convicción de que era necesario realizar el trabajo de modo colectivo, afirma los vínculos de solidaridad, creciendo, en consecuencia, las agrupaciones en forma de comunidades aldeanas. En este estadio, los espíritus de los cereales empiezan a ser adorados como dioses protectores de la comunidad.
Los muertos yayoi eran inhumados, normalmente, en grandes vasijas, rodeados de objetos familiares y cotidianos, tal y como se acostumbraba a hacer en China. Entre los objetos de los ajuares que las excavaciones arqueológicas han puesto al descubierto se destacan las campanas dôtaku, profusamente decoradas con motivos geométricos y representaciones bastante estilizadas de animales e, incluso, de seres humanos. Es probable que dichas campanas estuvieran asociadas a ritos agrarios y se las emplease para obtener la protección de las deidades.

Arcaica organización socio-política

Con el paso del tiempo, se rompió el equilibrio entre las comunidades, debido a que algunas progresaron y otras no. Algunas se hicieron muy grandes, como Karako, en Nara, y Kugahara, en Tokio. En la obra china de la época Han, concretamente del siglo I, denominada la Leyenda de los Japoneses, se atestigua la presencia de más de cien “naciones” o Kuni, brotes de un estado primitivo o aldeas-estados, pequeños estados dirigidos por un jefe a la vez civil y religioso, en Japón occidental. Se trata, sin duda, de comunidades aldeanas, más o menos grandes, dominadas y dirigidas por su jefe o cacique comunitario. Las diferentes escisiones y unificaciones entre estas comunidades tribales de dieron con mucha intensidad entre los siglos I y III, generándose grandes contiendas intertribales, que dieron lugar a la sobrevivencia hegemónica de algunas de las más fuertes, y con el más elevado nivel cultural, en el norte de Kyûsyû. Se destacaron Mansura, Ito y Tohma, además de la nación tribal conocida como Yamatai, gobernada por la reina Himeko. Este reino estableció diferencias de rangos sociales entre sus componentes, es decir, entre nobles y plebeyos, con la presencia, por una parte, de esclavos y aldeanos dedicados a la caza, pesca y agricultura y, por la otra, de los nobles o taijin. La reina Himeko no estableció su nación, no obstante, conquistando a las tribus vecinas, ni creó un país unificado o una monarquía hereditaria. Es probable que el reino estuviera dotado de una suerte de poder político federado que ejercían en conjunto los jefes de las tribus autónomas. Lo que pudo alzar a la reina hasta la corona fueron sus poderes adivinatorios, que promoverían la solidaridad de los diversos grupos tribales y el respeto reverente por ella.
Entre los siglos IV y V, una nueva cultura procedente del continente chino se extiende hacia el este de Japón, asentándose en la parte oriental, en específico en la meseta de Yamato, alrededor de la actual Nara. Aquí surge un poderoso centro constituido en virtud de una federación de caciques, denominado el poder de Kinki, conformándose una plataforma de alto nivel cultural que compite con el Japón occidental. Aunque haya ocurrido la primacía de Yamatai o el de la meseta de Yamato o, incluso, el sincretismo entre ambos, lo cierto es que aquí se encuentra el origen del Japón. En esta época se constata en los enterramientos la presencia de nuevos objetos accesorios funerarios, como vasijas de bronce, puntas de flecha, arpones y utensilios de adivinación, además de aquellos útiles de empleo cotidiano, como azadas, hoces, enseres rituales, avíos militares y corazas, lo que implica un incremento de la religiosidad y la generalización del cultivo del arroz. Es en este momento cuando aumenta el empleo de las herramientas de hierro, que permitiría facilitar las labores del campo y un incremento de la productividad y de la rentabilidad del trabajo. Los terrenos se convierten ahora en propiedades colectivas y comunales de una aldea. Los miembros de cada comunidad se sienten más ligados a la tierra común, además de más unidos espiritualmente, lo que suscita entre ellos la conciencia de unas relaciones mutuas basadas en la unidad de raza y de linaje. Este es el mecanismo de creación de una comunidad local compacta, el denominado clan (uji), integrado por hombres vinculados étnica y espiritualmente. Los miembros del clan, que compartían colectivamente sus labores, también compartían las mismas convicciones religiosas, respetando y venerando a los espíritus de determinados antepasados como sus lares propios, llamados kami, que protegían a toda la tribu por igual. Estas primeras manifestaciones de un culto a los ancestros o veneración a los dioses tutelares, tenía por objeto venerar a los respectivos lares protectores y celebrar fiestas propiciatorias en su honor. Poco a poco, este credo religioso se sistematizó como una doctrina teológica que, una vez provisto con regulaciones y diversas fórmulas rituales y devocionales, evolucionó hasta configurar el shinto primitivo, auténtico prototipo de la espiritualidad japonesa, a la que más tarde volveremos a referirnos.
Dentro de la comunidad familiar surgió la división de clases, y nació en el interior del clan una jerarquía que culminaba en el honorable jefe, que gobernaba con autoridad paternal a los demás miembros de la comunidad y poseía propiedades exclusivas. Las distinciones de clase pudieron trasladarse también a la diferenciación entre clanes, de modo que los más débiles, sin poder subsistir por sí solos, se verían obligados a fusionarse con los más fuertes. La fusión de clanes suponía que los más poderosos no destruían la tradicional estructura del clan más débil, sino que se entablaban nuevas relaciones de convivencia, aunque fueran de parentesco ficticio. Los clanes más débiles tenían que pagar tributos a las familias de la clase superior. Estos pagos consistían en ciertos productos según sus propias habilidades, lo que motivó la conformación de especialidades contributivas, que llegaron a convertirse en profesiones y cargos hereditarios. De este modo, surgen los ministros del culto, los armeros, tejedores, militares, etc.
En estos siglos, los clanes poderosos mantienen, por lo tanto, el poder patriarcal. Su dominio y megalomanía de poder se traduce en el hecho de que en esta época comienzan a construirse numerosos monumentos funerarios gigantescos, que son un símbolo del poder socio-político. Estas grandes tumbas horizontales, tanto en mesetas como en regiones llanas, serán de forma cuadrada o en forma de ojo de herradura. Esta proliferación de grandes tumbas, llamadas kofun, constituye, desde una óptica arqueológica, el período de los grandes túmulos, que se dilata hasta el siglo VII. Los túmulos aparecen concentrados en unas pocas regiones, en el valle de Kyoto y en la meseta de Nara, lo que implica que aquí se reunieron clanes prominentes que ejercían un poder político superior. Según los relatos mitológicos, que perviven en los primeros documentos escritos de Japón, del siglo VIII, Kojiki o Crónica de relatos antiguos, y Nihon-shoki o Crónicas de Japón, los primeros brotes compactos de un estado federal integrado por clanes empezaron a concentrarse en la mitad oeste del archipiélago. El sistema mitológico, unificado en la teogonía oficial, se convirtió en el sustrato medular de la teología shintoísta y sirvió también de apoyo al poder estatal de la corte de Yamato. El ministro supremo de los actos rituales unificadores comenzó a ocupar una elevada posición, con lo que relegaba a un plano inferior a otros clanes y a los demás miembros de los mismos. El emperador, por su condición de jefe supremo de las ceremonias religiosas, suplanta a los demás clanes poderosos, recibe el prestigioso nombre de Gran Señor, y empuña las riendas del poder político en solitario. Las leyendas de las crónicas son las que verifican y justifican la labor de Yamato unificando Japón. Entre esos mitos se destacan la conquista de la región Yamato por el emperador legendario Jimmu, la cesión de Izumo y la conquista de Kumaso. Estas tres narraciones legendarias coinciden en revelar el avance hacia la unificación. La más importante es la primera: la entrada en Yamato de Jimmu, primer emperador mítico del Japón, supone la presencia de dioses terrestres y otros celestiales; mientras los terrestres serán los ancestros del emperador, los dioses del país parecen ser los clanes más poderosos avasallados por la corte imperial de Yamato. Así pues, la narración se podría interpretar simbólicamente como el dominio y anexión de las poderosas tribus por parte de la familia imperial. En todos los casos, es destacable mencionar que se les arrebató a los jefes tribales locales su tradicional privilegio litúrgico, siendo absorbido por el derecho unitario que ejercería el Estado de Yamato, heredero de la tradición mítica oficial. La familia imperial, amparada en un significativo poder económico, con la posesión de campos arroceros y silos de almacenamiento, muy superior a los demás clanes nobles, y gracias a su absoluta autoridad patrimonial sobre los cultos religiosos, acabó por someter también a las poderosas tribus locales esparcidas por las regiones más alejadas. La corte imperial dominaba por derecho hereditario sobre los demás clanes poderosos dentro del régimen estatal, pero, en realidad, la sociedad de Yamato no será más que una confederación tribal de clanes poderosos que servían a la corte mediante la distribución del trabajo hereditario, sin perder su espíritu de independencia. Puede decirse que la familia imperial no era más que uno de los clanes de primera categoría. Lo único que situó al emperador por encima de las demás familias fuertes fue su autoridad religiosa como sacerdote hereditario del Shinto, y no el poder militar ni la hegemonía económica. En este prestigio honorífico y religioso reside el papel jugado por la familia imperial hasta la actualidad. La autoridad suprema del emperador no penetró directa y profundamente en los estratos populares, sino que los gobernaba indirectamente a través de jefes de clanes, incorporados al régimen administrativo de la corte. El sistema de clanes independiente impedía un sistema o régimen impositivo para el Estado centralizado.

Las primeras creencias: el culto shintô

Las creencias de los primeros habitantes de Japón eran animistas y chamanísticas. La presencia de piedras fálicas y estatuillas femeninas prehistóricas pudieran testimoniar la existencia de arcaicos cultos a la fertilidad. El shintoismo nació de la superposición a los cultos primitivos de la sacralización de la monarquía y de la aristocracia a través de las genealogías divinas. Además, a partir del siglo III aparecen las primeras formas de un culto vinculado al cultivo del arroz, lo que será esencial para entender el shintô primitivo. Sin ritual ni templo en sus orígenes, surge directamente de los diversos mitos y de la vida cotidiana de los hombres en perfecta simbiosis con al naturaleza. La fuerza de ésta y el miedo a su poder se manifiestan a través del shintô, como un mecanismo a través del cual el hombre intenta vincularse con la naturaleza y conocer sus procedimientos. Con el paso del tiempo, esta espiritualidad naturalista fomentará la construcción de la identidad y la permanencia del japonés, permitiéndole asimilar nuevas influencias culturales, espirituales o intelectuales. Los habituales tifones y las erupciones volcánicas, así como el inmenso poder de las aguas, en un país que es geográficamente un archipiélago de islas, inspiraron la certidumbre de la presencia de una energía interna del mundo y de una efímera fragilidad de las formas, sometidas al implacable paso del tiempo. El hombre mismo es visto como parte del Cosmos, sin individualidad real que le separe de la unidad primordial. La interpenetración de lo viable y lo invisible favoreció la aparición de aventuras y relatos legendarios de todo un conjunto de espíritus, los kami. Como poderes benéficos o maléficos, están albergados en plantas, árboles, piedras, animales, siendo venerados por grandes cuerdas de las que cuelgan votos y plegarias. El gran número de divinidades shintô son objeto, a partir de los siglos VII y VIII de cultos, ofrendas y ceremonias en santuarios y templo, construidos siguiendo las formas de la naturaleza, con la presencia de pórticos o torii, en rojo, que indican la entrada. En los santuarios públicos, las gentes se entremezclan y realizan fiestas cotidianas, llamadas matsuri, vinculadas a los ritos agrarios. No obstante, en cada casa puede haber altares shintô domésticos, en los que se veneran los espíritus de los antepasados o de un determinado kami familiar, haciéndoseles rituales y ofrendas de arroz, frutas e incienso. Los sacerdotes que sirven en los templos tienen una función más ritual que sacra. Mensajeros de los hombres y los kami, se encargan de ejecutar los ritos de purificación con agua, sal y arroz. Las prácticas más características del shintô son, en definitiva, los ritos de purificación, cuyo objetivo es el estado de claridad, alegría y retorno a la armonía original con los dioses y con el mundo.
El shintoísmo es el culto, en esencia, a innumerables divinidades, kamis, algunos entendidos como dioses, la mayoría como seres antropomorfos y, muchos otros, como espíritus venerados localmente. Estos numina inspiran un sentimiento de lo sacro anterior a toda representación mítica o doctrinal. La mayoría de los kamis están vinculados con fenómenos naturales o con actividades agrícolas. Las almas de dioses, hombres y cosas se parecen. Se trata, así, de cargas de energía espiritual, mayormente benéfica, aunque no siempre. A pesar de que el shintô ha evolucionado hacia la sistematización doctrinal y hacia la interiorización, la primacía del rito, la debilidad y diversidad de las representaciones de lo absoluto y también del más allá, le confieren un carácter arcaico muy diferente al de las religiones que consideramos de salvación. La energía sagrada de los orígenes, que se transmite de generación en generación, a través de comunidades e instituciones, y es reactualizada continuamente por mediación del ritual, procura y favorece beneficios espirituales, pero también materiales. La originalidad de esta religiosidad deriva de la relevancia concedida a las nociones de fuerza vital y de purificación. Los grandes kamis, y todo el Universo en general, poseen la fuerza generadora o energía vital, producida y mantenida por los vínculos que unen a los seres, que están en perpetuo crecimiento y cambio. El problema radica en que el hombre contrae impurezas, que no son fácilmente distinguidas de las faltas, culpas y crímenes, de ahí la imperiosa necesidad de la purificación limpiadora de las manchas, objeto esencial de la práctica shintoísta.
Una dirección significativa hacia la que el shintô se movió fue la que condujo a la veneración del emperador de Japón, y de los pasados soberanos, como kami. Esta tendencia está íntimamente cercana al culto del Estado. Este matiz de culto nacional que toma el shintô se veía reflejado en la ceremonia de la Gran Purificación, ritual en el que la nación, dos veces al año, debe limpiar el territorio nacional de cualquier corrupción acumulada. En épocas modernas, en espacial durante los años previos a la Segunda Guerra mundial, el shintoísmo adquirió el preponderante rol de ideología oficial del Estado, en vinculación con una fuerte tendencia ultranacionalista y expansionista que, a la postre, conduciría a la nación nipona a participar activamente en la susodicha conflagración.

Bibliografía


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*Este trabajo será publicado próximamente en la Revista de Arqueología española, de periodicidad mensual.

9 de octubre de 2008

Arqueología de la Ruta de la Seda III



Las ilustraciones muestran, en primer lugar, un paquete de seda, zapatos y telas hallados en la localidad de Loulan, Asia central, objetos todos ellos datados entre los siglos III-IV, en segundo término, una serie de tablillas con escritura Kharosti, encontradas en la comunidad-oasis de Niya por Aurel Stein entre 1906 y 1908; y en tercer lugar, una moneda de oro del rey kushan Kanishka I, representado como un Buda, en el anverso, y como rey, en el reverso. Su datación comprende los siglos I-II, y hoy se encuentra en el Museum of Fine Arts de Boston.
Prof. Julio López Saco

6 de octubre de 2008

Arqueología de la Ruta de la Seda II


La primera imagen corresponde a una pintura mural sita en la cueva nº 45 de Mogao (Dunhuang). Muestra a un grupo de mercaderes que se encuentran con bandidos. Dinastía Tang (618-907). La segunda ilustración es también una pintura mural que conmemora el viaje del peregrino budista chino Xuanzang a India, en el momento en que atraviesa el Pamir, en busca de escrituras, reliquias y maestros budistas. Época Tang.
Prof. Julio López Saco

Seminario Letras Ucab 2008-2009

UCAB
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE LETRAS




MITOGRAFÍA E ICONOGRAFÍA DEL ORIENTE ANTIGUO: INDIA, CHINA Y JAPÓN


Julio López Saco



SEMINARIO




OBJETIVOS


Establecer, comprender y analizar los componentes teóricos y simbólicos característicos del acontecer mítico-literario e iconográficos de la antigüedad india, del arcaísmo chino, y de la prehistoria e historia más antigua de Japón, ofreciendo las visiones hermenéuticas subyacentes en los relatos e imágenes míticas, estableciendo aquellas analogía significativas y diferencias contrastadas, en especial en relación a la mitología egipcia y acadia.


ÍNDICE TEMÁTICO


- Función y expresión del mito. Sus referentes hermenéuticos
- La literatura: su valor como fuente histórica y sus componentes mítico-religiosos
- El valor de la imagen y la esencia del símbolo
- Iconografía y simbolismo I. India. Contexto geo-histórico
- Iconografía y simbolismo II. China. Contexto geo-histórico
- Iconografía y simbolismo III. Japón. Contexto geo-histórico


METODOLOGÍA


Esencialmente el seminario pretende activar la participación analítica y comprensiva del alumnado desde diversos ángulos: el análisis textual de fragmentos de la literatura mitográfica, y el visionado y comentario comprensivo de obras de arte, ilustraciones y variados modelos iconográficos. A esto se añadirán algunas explicaciones ex cátedra, en especial aquellas referidas a los contextos geo-históricos y cronológicos reseñados, así como ejercicios de relación entre diferentes soportes narrativos y visuales, en los que se buscará mostrar la presencia viva de modelos y arquetipos presentes en los diversos repertorios mítico-simbólicos.


HERRAMIENTAS BÁSICAS


- Material visual
- Textos de mitógrafos, poetas, filósofos
- Video-documentales y películas con temática mítica
- Repertorios iconográficos en santuarios, templos en gruta, museos
- Fuentes y bibliografía esencial


EVALUACIÓN


Serán aspectos evaluativos los siguientes: 1. comentario de textos; (20%) 2. análisis de diapositivas y otros materiales audiovisuales; (30%) 3. asistencia al seminario (15%) y, finalmente, 4. un registro escrito final (35%) sobre un aspecto temático a determinar por el profesor, si bien encuadrado en el marco temático establecido en el curso.


FUENTES


Los Vedas, Upanisads, Puranas, Bhagavad Gita, Ramayana, Mahabharata, Canon Pali budista; repertorios iconográficos (Ajanta, Ellora, Dunhuang), Memorias Históricas (Shiji), Shanhai jing o Libro de los Montes y los Mares, Shujing o Libro de los Documentos, Huainanzi, Maestro de Huainan, Liezi, Wenzi, Tian Wen o Cuestiones celestiales, Kojiki, Nihonji, tumbas Kofun.

BIBLIOGRAFÍA


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- López Saco, J., La leyenda del Iluminado. Aproximación mítico-simbólica al Buda, edit. Comala.com, Caracas, 2007
- López Saco, J., “Memoria de un demiurgo chino: Yu, entre la re-creación mítica y el ordenamiento político”, en San Ginés, P. (edit.), LA INVESTIGACIÓN SOBRE ASIA PACÍFICO EN ESPAÑA, edic. Universidad de Granada, capítulo 42, pp. 677-685, 2007, Granada, España.

- López Saco, J., “Antiguos mitos chinos: héroes-dioses creadores y civilizadores”, Revista de Arqueología, nº 318, 2007, (España), pp. 46-55.

- López Saco, J., (2007) “Imagen del mundo en la China antigua”, Revista de Arqueología, nº 320, 2007, (España), pp. 46-55.

- Mackenzie, D.A., China y Japón. Mitos y Leyendas, M.E., Editores, Madrid, 1995
- Maillard, Ch., La sabiduría como estética. China: confucianismo, taoísmo y budismo, ed. Akal, Madrid, 2000

- Maspero, H., El Taoísmo y las religiones chinas, ed. Trotta, Madrid, 2000
- Mardones, J-M., El retorno del mito. La racionalidad mito-simbólica, ed. Síntesis, Madrid, 2000.
- Ning, Y., / García-Noblejas, G. (trad.), Libro de los Montes y los Mares (Shanhai Jing). Cosmografía y Mitología de la China Antigua, Miraguano edic., Madrid, 2000
- Peinado, V.M., Mitología japonesa, Avalancha edit., Madrid, 2005
-
- Piggot, S., Arqueología de la India prehistórica hasta el año 1000 a.C., F.C.E., México, 1966

- Rank, O., El mito del nacimiento del héroe, Paidós-Studio, Barcelona, 1991

- Suzuki, D.T., El zen y la cultura japonesa, RBA edit., Barcelona, 2002

- Taddei, M., India antigua, Mars Ivars, Valencia, 1983

- Thapar, R., Historia de la India, I, F.C.E., México, 2001

- Wang, A., Cosmology and Political Culture in Early China, Cambridge Univ. Press, Nueva York, 2000
- Werner, E.T.C., Cuentos e Historias de la Antigua China, M.E. Editores, Madrid, 1997
- Whitfield, S., La vida en la Ruta de la Seda, edit. Paidós-Orígenes, Barcelona, 2000

- Wilhelm, R., Cuentos chinos, I, edit. Paidós-Orientalia, Barcelona, 1997
- Wilkins, W.J., Mitología Hindú, col Olimpo, Edicomunicación, Barcelona, 1998
- Zhang, S.N., Five Heavenly Emperors. Chinese Myths of Creation, Tundra Books, Hong Kong, 2002
- Zimmer, H., Filosofías de la India, Edeba, Buenos Aires, 1979
-
- Zimmer, H., Mitos y símbolos de la India, ed. Siruela, Madrid, 1997

3 de octubre de 2008

Arqueología de la Ruta de la Seda I


La primera imagen muestra las ruinas de la ciudad de Termez (sur de Uzbekistán), importante centro budista cuyo florecimiento se produjo entre los siglos I y II de nuestra era. La segunda ilustración corresponde a un importante ejemplo de la arquitectura de la región de Gandhara. Se trata del sitio budista de Butkara, Swat, en el norte del actual Pakistán.
Prof. Julio López Saco

Programa Seminario Educación UCAB 2008-2009

UCAB
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE EDUCACIÓN




HISTORIA ANTIGUA DE ASIA.
REFERENTES CULTURALES DE INDIA, CHINA Y JAPÓN


Prof. Dr. Julio López Saco



SEMINARIO




OBJETIVOS


Establecer, comprender y analizar los componentes socio-históricos y culturales de la antigüedad india, del arcaísmo chino, y de la prehistoria e historia más antigua de Japón, ofreciendo las visiones hermenéuticas subyacentes en textos e imágenes, estableciendo aquellas analogías significativas y diferencias contrastadas, en especial en relación a otras grandes civilizaciones de la antigüedad, en especial, Egipto y las culturas de Mesopotamia.


ÍNDICE TEMÁTICO


- Civilización del Indo: arqueología e historia
- Las penetraciones de poblaciones “arias”: la sociedad brahmánica
- Los reinos del norte de India y el nacimiento del budismo
- La Ruta de la Seda: de Oriente a Occidente
- Los orígenes de China: geografía, arqueología y mitología
- Neolítico y Edad del Bronce en China: dinastías Xia, Shang y Zhou
- El primer imperio chino. Qin y la gran dinastía Han
- El nacimiento de Japón: culturas Jomon y Yayoi
- La conformación imperial: Yamato


METODOLOGÍA


Esencialmente el seminario pretende activar la participación analítica y comprensiva del alumnado desde diversos ángulos: el análisis textual y el visionado y comentario comprensivo de obras de arte, ilustraciones y variados modelos iconográficos. A esto se añadirán algunas explicaciones ex cátedra, en especial aquellas referidas a los contextos geo-históricos y cronológicos reseñados, así como ejercicios de relación entre diferentes soportes narrativos y visuales, en los que se buscará mostrar la presencia viva de modelos y arquetipos culturales presentes en los diversos repertorios.


HERRAMIENTAS BÁSICAS


- Material visual
- Textos
- Video-documentales y películas
- Repertorios iconográficos en santuarios, templos en gruta, museos
- Fuentes y bibliografía esencial


EVALUACIÓN


Serán aspectos evaluativos los siguientes: 1. comentario de textos; (20%) 2. análisis de diapositivas y otros materiales audiovisuales; (30%) 3. asistencia al seminario (15%) y, finalmente, 4. un registro escrito final (35%) sobre un aspecto temático a determinar por el profesor, si bien encuadrado en el marco temático establecido en el curso.


FUENTES


Los Vedas, Upanisads, Puranas, Bhagavad Gita, Ramayana, Mahabharata, Canon Pali budista; repertorios iconográficos (Ajanta, Ellora, Dunhuang), Memorias Históricas (Shiji), Shanhai jing o Libro de los Montes y los Mares, Shujing o Libro de los Documentos, Huainanzi, Maestro de Huainan, Liezi, Wenzi, Tian Wen o Cuestiones celestiales, Kojiki, Nihonji, tumbas Kofun.


BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

- Agud, Ana, (1995), Pensamiento y cultura en la Antigua India, editorial Akal, Madrid.
- Anesaki, M., Mitología japonesa, col. Olimpo, edicomunicación, Barcelona, 1996
- Ayala, R.R., Mitología China, edit. Edicomunicación, Barcelona, 1999
- Binjie, Ch., Relatos Mitológicos de la Antigua China, edit. Miraguano, Madrid, 1992.
- Boisselier, J., La sabiduría de Buda, editorial Temas Clave, Barcelona, 1998
- Coomaraswamy, A.K., Hinduismo y Budismo, ed. Paidós-Orientalia, Barcelona, 1997
- Chang, K.C., Art, Myth and Ritual. The Path to Political Authority in Ancient China, Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 1983
- Delay, N., Japón. La tradición de la belleza, edit. BSA, Barcelona, 2000
- De Palma, D., Jâtaka. Veintitrés nacimientos del Buddha Gotama, Miraguano edic., Madrid, 1998
- Dumézil, G., El destino del guerrero, editorial siglo XXI, México, 1971
- Frilley, G., India Sagrada, ed. Abraxas, Barcelona, 1998
- García-Ormaechea, C., India inmortal, edit. Hist. 16, Madrid, 1988
- Gavin, F., El Hinduismo, edit. Cambridge Univ. Press, Madrid, 1998
- Knott, Kim, Introducción al Hinduismo, Acento edit., Madrid, 1999
- Kolakowski, L., La presencia del mito, ed. Círculo Universidad, Madrid, 1994
- Kondo, A.Y., Japón. Evolución histórica de un pueblo (hasta 1650), ed. Nerea, Hondarribia, 1999
- Lavelle, P., El pensamiento japonés, Acento edit., Madrid, 1998
- Lenoir, F., El budismo en occidente, edit. Seix Barral, Barcelona, 2000
- López Saco, J., “La mitología tradicional en la literatura china antigua”, Quincunce, n° 8, Mayo de 2004, pp. 31-36
- López Saco, J., “Dao: unidad, vacío, totalidad. ¿Una visión generadora y orgánica del Cosmos?”, Lógoi, nº 7, 2004, pp. 215-228.
- López Saco, J., “El carácter histórico-cultural del mito: aproximaciones teóricas”, Rev. Pasado y Presente, nº 17. vol. 9, enero-julio 2004, pp. 77-89.
- López Saco, J., “La poesía épica en la literatura hindú: Mahabharata y Ramayana”, en Quincunce, nº 10, 2004, pp. 15-18.
- López Saco, J. “Culturalidad china y budismo: ¿conciliación o sentimiento de superioridad cultural?”, Tierra Firme, nº 86, año 22, vol.XXII, 2004, pp. 181-189.
- López Saco, J., El triunfo de la cultura budista en China: budización frente a sinización. Historia de un proceso expansivo y de consolidación hasta época Tang, Colección Académica, UCV, Caracas, 2004
- López Saco, J., “El periplo del budismo en China: un proceso de transformación, aculturación y sinización”, Iter Humanitas nº 4, UCAB, 2005, pp. 9-53
- López Saco, J., “La historia y el pensamiento oriental en India y China en su particular visión: inconvenientes y desafíos en el marco de la investigación y la docencia. Reflexiones en honor al P. Carmelo Elorduy S.J.”, en Religión e Investigación Social. Libro Homenaje a Angelina Pollak Eltz, Memorias de las IV Jornadas de Historia y Religión, pp. 83-96, UCAB, 2005
- López Saco, J., “Origen y significado de la Ruta de la Seda en la antigüedad”, en Altagracia, nº 2, 2006, pp. 116-123.
- López Saco, J., “Simbolismo y significado de la arquitectura budista y su influencia en China”, Baciyelmo, nº 1, 2007, pp. 83-99.
- López Saco, J., La leyenda del Iluminado. Aproximación mítico-simbólica al Buda, edit. Comala.com, Caracas, 2007
- López Saco, J., “Memoria de un demiurgo chino: Yu, entre la re-creación mítica y el ordenamiento político”, en San Ginés, P. (edit.), LA INVESTIGACIÓN SOBRE ASIA PACÍFICO EN ESPAÑA, edic. Universidad de Granada, capítulo 42, pp. 677-685, 2007, Granada, España.
- López Saco, J., “Antiguos mitos chinos: héroes-dioses creadores y civilizadores”, Revista de Arqueología, nº 318, 2007, (España), pp. 46-55.
- López Saco, J., “Imagen del mundo en la China antigua”, Revista de Arqueología, nº 320, 2007, (España), pp. 46-55, 2007
- López Saco, J., “Dinastías Shang y Zhou: fundamento tradicional de la antigüedad china pre-imperial”, Revista de Arqueología nº 325, mayo del 2008, pp. 44-53
- Maillard, Ch., La sabiduría como estética. China: confucianismo, taoísmo y budismo, ed. Akal, Madrid, 2000
- Maspero, H., El Taoísmo y las religiones chinas, ed. Trotta, Madrid, 2000
- Muñoz Goulin, A., La Ruta de la Seda, Acento edit., Madrid, 1999
- Ning, Y., / García-Noblejas, G. (trad.), Libro de los Montes y los Mares (Shanhai Jing). Cosmografía y Mitología de la China Antigua, Miraguano edic., Madrid, 2000
- Peinado, V.M., Mitología japonesa, Avalancha edit., Madrid, 2005
- Piggot, S., Arqueología de la India prehistórica hasta el año 1000 a.C., F.C.E., México, 1966
- Suzuki, D.T., El zen y la cultura japonesa, RBA edit., Barcelona, 2002
- Taddei, M., India antigua, Mars Ivars, Valencia, 1983
- Thapar, R., Historia de la India, I, F.C.E., México, 2001
- Wang, A., Cosmology and Political Culture in Early China, Cambridge Univ. Press, Nueva York, 2000
- Whitfield, S., La vida en la Ruta de la Seda, edit. Paidós-Orígenes, Barcelona, 2000
- Wilhelm, R., Cuentos chinos, I, edit. Paidós-Orientalia, Barcelona, 1997
- Wilkins, W.J., Mitología Hindú, col Olimpo, Edicomunicación, Barcelona, 1998
- Zimmer, H., Filosofías de la India, Edeba, Buenos Aires, 1979
- Zimmer, H., Mitos y símbolos de la India, ed. Siruela, Madrid, 1997

1 de octubre de 2008

Mapas antiguos de la Ruta de la Seda



La primera imagen, a la izquierda, muestra un mapa con una caravana de comerciantes de la obra Gerardum Mercatorem Tabulae Geographicae Cl. Ptoloemei Ad Menetem Autoris Restitutae & Emendate, datado a fines del siglo XVI. La segunda ilustración, a la derecha, también ilustra una caravana en la ruta de la seda. Corresponde al Atlas catalán de Cresques Abraham, fechado en el último cuarto del siglo XIV, hacia 1380.
Prof. Julio López Saco

Arqueología de Japón IV



Dos ejemplos de la cultura material kofun: brazalete y casco metálico de dicho período. Siglo IV de nuestra era.
Prof. Julio López Saco

29 de septiembre de 2008

Libro sobre la antigüedad china

Quisiera presentar mi nuevo libro, titulado La antigüedad china. Reflexiones de historia antigua de Oriente, en donde hago un análisis de las particularidades de la historia, la geografía y el pensamiento que caracterizan la historia antigua de China, desde el neolítico y la edad del bronce hasta el final de la dinastía Han, haciendo especial énfasis en la entrada del budismo en China y en la creación y consolidación de la famosa Ruta de la Seda.
Prof. Dr. Julio López Saco

26 de septiembre de 2008

Arqueología de Japón III


La primera imagen corresponde a un Kura, suerte de depósito elevado del suelo, perteneciente al período yayoi, utilizado para guardar el arroz y aislarlo de la humedad. La segunda ilustración es la conocida tumba kofun, en forma de cerradura, perteneciente al emperador Nintoku, ubicada en la llanura de Osaka. Su cronología se establece en torno al siglo V.
Prof. Julio López Saco

24 de septiembre de 2008

Programa: Arqueología e Historia de las sociedades ágrafas

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE HISTORIA


Ciclo: Básico
Departamento: Formación Histórica Especial
Cátedra: Historia Universal
Asignatura: INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA UNIVERSAL. ARQUEOLOGÍA E HISTORIA DE LAS SOCIEDADES ÁGRAFAS
Prelación: Ninguna
Código: 0314
Créditos: 04
Horas / Sem.: 04
Semestre: II-2008
Profesor: Dr. Julio López Saco



OBJETIVO GENERAL



A lo largo del desarrollo del semestre se va a tratar de transmitir una visión analítica del contexto de la historia universal en sus etapas conocidas como prehistoria y protohistoria, europea, africana, americana y asiática, siguiendo el eje que nos proporcionan los grandes avances, cambios y reformas de orden técnico y cultural de la historia de la humanidad, modelos por sí mismos coherentes y perdurables y, en muchos casos, generales para cualquier época posterior. Se ahondará en las repercusiones culturales que la evolución humana, física y cultural, ha propiciado, desde las primeras manifestaciones estéticas y espirituales, hasta la implantación definitiva de las actividades agropecuarias en el mesolítico y neolítico, y la consecución de las primeras sociedades urbanas, en las que el desarrollo de la escritura se convertirá en un catalizador administrativo de primer orden. La meta es, en consecuencia, ttransmitir una visión analítica de un contexto arqueológico e histórico particular. Se buscará señalar los fundamentos de las primeras manifestaciones industriales, estéticas y espirituales humanas, la implantación de las actividades agropecuarias en el mesolítico y el neolítico, la consecución de las primeras sociedades urbanas, y hacer comprensible el ordenamiento y funcionamiento de algunas culturas en el Mediterráneo y en centro y Sudamérica, que fueron los cimientos de grandes civilizaciones de la antigüedad, como la civilización sumeria, grecorromana o los imperios mexica y maya.

PROGRAMA


La arqueología y la iconografía como fuentes históricas

Terminología
Cronología
Periodizaciones
Prospección
Datación
Estratigrafía
Paisaje
Integración e Interpretación

El rol del mito y la oralidad como “fuente” histórica

Las primeras formas culturales de la humanidad: el origen del hombre


De los australopitecinos al sapiens
Las industrias líticas
El sentimiento estético
El inicio de la espiritualidad

El estadio de neolitización y el inicio de las sociedades urbanas próximo-orientales

El Próximo Oriente asiático: Jericó, Uruk, Eridu
Anatolia: Catal Hüyuk y Hatussas
Megalitismo. ¿Fenómeno global?

La escritura y la moneda acuñada en el seno de las sociedades urbanas

Protohistoria en Europa oriental y nórdica

Mundo pre-celta
Mundo Céltico: Hallstat y La Tène

Protohistoria en el Mediterráneo

Fenicios y Cartagineses
El mundo Egeo: culturas creto-minoica y micénica
La cultura villanoviense y etrusca
La cultura de Tartessos

Protohistoria en América

Norteamérica: Clovis, Folsom, Cahokia. Culturas prehistóricas del suroeste: Hohokam, Mogollón y Anasazi.
Mesoamérica: Olmecas del período Formativo. Teotihuacan y Monte Albán
Sudamérica: Chavín, Paracas y Nazca del Formativo en los Andes centrales. Tiahuanako

Protohistoria en Asia

Cultura del Indo (Subcontinente)
Neolítico chino
Prehistoria japonesa: Jômon, Yayoi-Kofun


METODOLOGÍA y EVALUACIÓN


1. Un examen parcial. Tendrá un valor de 50% de la nota, escrito, en el salón de clase. El día será asignado por el profesor.

2. Foros temáticos y exposiciones. Valor: 30%. El tema, asignado por el profesor, a tres o cuatro estudiantes, será expuesto en un tiempo no menor a 30 minutos. Posteriormente, debe abrirse un debate y un período de comentarios y preguntas.

3. Asistencia y participación. Valor: 10%. Se valorará a todo lo largo del curso.

Algunos documentales y material audiovisual podrán ser ofrecidos cada cierto tiempo, como complemento a los contenidos ofrecidos.


BIBLIOGRAFÍA


- Adánez Pavón, J., Sociedad y cultura de los indios de Norteamérica, edit. Akal, Madrid, 1991
- Albiñana, C. H., Introducción a la numismática antigua. Grecia y Roma, ed. Complutense, Madrid, 1994.
- Allchin, B., The rise of civilization in India and Pakistan, Cambridge, University Press, 1982
- Alsina Franch, J., Los orígenes de América, edit. Alhambra, Madrid, 1985
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- Bermejo Barrera, J.C., El mundo del Egeo en el segundo milenio, edit. Akal, Madrid, 1988
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- Bertaux, P., África. Desde la prehistoria hasta los Estados actuales, edit. Siglo XXI, Madrid, 1984
- Binford, L.R., En busca del pasado. Descifrando el registro arqueológico, edit. Crítica, Barcelona, 2004
- Cáceres Macedo, J., Culturas prehispánicas del Perú, edit. Grimanesa R.E. Lovatón, Lima, 2007
- Campbell, J., Los mitos. Su impacto en el mundo actual, edit. Kairós, Barcelona, 2001
- Cencillo, L., Los mitos. Sus mundos y su verdad, B.A.C., Madrid, 1998
- Chapa, T. / Menéndez, M. (edits.), Arte Paleolítico, edit. Complutense, Madrid, 1994
- Ciudad Ruiz, A., Las culturas del antiguo México, edit. Alhambra, Madrid, 1989
- Coe, M. / Snow, D. / Benson, E., La América Antigua. Civilizaciones precolombinas, edit. Folio, Barcelona, 1990
- Cohen, M.N., La crisis alimentaria en la Prehistoria: la superpoblación y los orígenes de la agricultura, edit. Alianza Univ., Madrid, 1974
- Collcut, M., / Jansen, M., Kumakura, I., Japón. El Imperio del Sol Naciente, ed. Folio, Barcelona, 1995
- Comas, J., Origen de las culturas precolombinas, edit. Sepsetentas, México, 1975
- Delibes, G., El megalitismo ibérico, edit, Hist. 16, Madrid, 1985
- Delay, N., Japón. La tradición de la belleza, edit. BSA, Barcelona, 2000
- Disselhoff, H.D., Las grandes civilizaciones de la América antigua, I. Mesoamérica, edit. Orbis, Barcelona, 1986
- Duch, Ll., Mito, interpretación y cultura, ed. Herder, Barcelona, 1998
- Falero, A.J., Aproximación a la cultura japonesa, edit. Amarú, Salamanca, 2006.
- Fernández Martínez, V.M., Prehistoria. El largo camino de la humanidad, Alianza editorial, Madrid, 2007
- Fullola i Pericot, J.M. / Nadal Lorenzo, J., Introducción a la prehistoria. La evolución de la cultura humana, edit. UOC, Barcelona, 2005
- Gelb, I., Historia de la escritura, Alianza ed., Madrid, 1987
- Gernet, J., El mundo chino, editorial Crítica, Barcelona,1999
- Góez-Tabanera, J.M., Las culturas africanas, edit. Hist. 16, Madrid,
- Groenen, M., Sombra y luz en el arte paleolítico, edit. Ariel Prehistoria, Barcelona, 2000
- Harden, D., Los fenicios, edit. Orbis, Barcelona, 1985
- Heurgon, J., La vida cotidiana de los Etruscos, edit. Temas de Hoy, Madrid, 1994
- Hübner, K., La verdad del mito, edit. Siglo XXI, Madrid, 1996
- Kondo, A.Y., Japón. Evolución histórica de un pueblo (hasta 1650), edit. Nerea, Hondarribia, 1999
- Kruta, V. Los celtas, edit. Sarpe, Madrid, 1985
- Laming-Emperaire, A., La arqueología prehistórica, edit. Martínez Roca, Barcelona, 1968
- López Saco, J., “El carácter histórico-cultural del mito: aproximaciones teóricas”, Presente y Pasado, vol. 9, nº 17, pp. 77-89, 2004, ULA
- López Saco, J., “Una logomítica de la complementariedad. Reflexiones teórico-culturales acerca de las relaciones del mito, la historia y la filosofía”, Extramuros, nº 22, pp. 51-67, 2005, UCV
- López Saco, J., Introducción al origen del hombre y sus primeras creaciones culturales, edit. Comala.com, Caracas, 2007
- López Saco, J., “Antiguos mitos chinos: héroes-dioses creadores y civilizadores”, Revista de Arqueología, nº 318, (España), pp. 46-55, 2007
- Martínez Carreras, J.U., Los Imperios africanos, edit. Hist. 16, Madrid, 1985
- Martínez-Pinna, J., El pueblo etrusco, edit. Akal, Madrid, 1989
- Masson-Oursel/Stern, Ph. / Willman-Gragowska, La India Antigua y su civilización, editorial Hispanoamericana, México, 1957
- Miller, M.E., El arte de Mesoamérica, edic. Destino, Barcelona, 1999
- Molinero, M.A., Así nació la escritura, Cuadernos H 16, n° 209, Madrid, 1985
- Montenegro, A., Historia de la China antigua, ediciones Istmo, Madrid, 1974
- Parise, N., El origen de la moneda. Signos premonetarios y formas arcaicas del intercambio, edit, Bellaterra, Barcelona, 2003
- Piggot, S., Arqueología de la India prehistórica hasta el año 1000 a.C., F.C.E., México, 1966
- Redman, Ch.L., El origen de la civilización. De los agricultores de la antigüedad a la sociedad urbana en el Próximo Oriente Antiguo, ed. Crítica, Barcelona, 1990
- Ries, J. (coord.), Tratado de antropología de lo sagrado. Los orígenes del homo religiosus, edit. Trotta, Madrid, 1995
- Ripoll, E., El arte paleolítico, edit. Hist. 16, Madrid, 1989
- Ruipérez, M.S. / Melena, J.L., Los griegos micénicos, edit. Hist. 16, Madrid, 1990
- Sáez Fernández, P., Los Hititas, edit. Akal, Madrid, 1988
- Senner, W., Los orígenes de la escritura, edit. Siglo XXI, México, 1989
- Schwimmer, E., Religión y cultura, ed. Anagrama, Barcelona, 1982
- Taube, K., Mitos Aztecas y Mayas, edit. Akal, Madrid, 1996
- Thapar, R., Historia de la India, I, F.C.E., México, 2001
- VV.AA. “Cultura Olmeca”, Arqueología mexicana, vol. XV, nº 87, pp. 26-76, 2007
- Wagner, C.G., Los fenicios, edit. Akal, Madrid, 1989
- Whitney Hall, J., El Imperio japonés, ed. Siglo XXI, Madrid, 1984


BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA I


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- Alcázar Godoy, J., “Origen y evolución del Homo Hábilis”, Revista de Arqueología, nº 56, pp. 18-23, 1985.
- Alinen, M.H., / Steve, M.J., Prehistoria, ed. Siglo XXI, Madrid, 1984.
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- Arsuaga, J.L., / Martínez, I., La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana, ed. Temas de Hoy, Madrid, 2001.
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- Leakey, R., La formación de la humanidad, RBA edit., Barcelona, 1993.
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MATERIAL AUDIOVISUAL COMPLEMENTARIO


Video-documentales:


- Documental Religiones del Mundo: Ortodoxos y católicos apostólicos romanos.
- Documental Religiones del Mundo: El Islamismo.
- Documentales Historia Viva: El Hombre-mono, I-II y III-IV.
- Documentales La Travesía Humana, I, II y III.
- Documentales El origen del hombre y El origen de la mente humana.
- Documental Misterios Ancestrales: Dragones: mitos y leyendas.
- Documentales Misterios Ancestrales: La Odisea de Troya y El oráculo de Delfos.
- Documental National Geographic, Toumai, el hombre mono
- Documental La Guerra de los cráneos


Largometrajes:


- En busca del fuego, Jean-Jacques Annaud
- Jasón y los Argonautas, Don Chaffey
- Furia de Titanes, Desmond Davies
- Poderosa Afrodita, Woody Allen
- 2001, una odisea del espacio, Stanley Kubrick
- Ulises, Mario Camerini
- La batalla de Maratón, Bruno Vailati y Jacques Tourneur
- El viaje de Chihiro, Hayao Miyazaki (animación)


Recurso web: http://www.asiahistoria.blogspot.com/

Arqueología de Japón II


La primera imagen corresponde a una vasija funeraria de estilo Yûsu, de comienzos de la época Yayoi, en tanto que la segunda muestra una jarra, también Yayoi, proveniente de Kugahara. Esta última está datada entre los siglos I-III, y hoy se encuentra en el Museo Nacional de Tokio.
Prof. Julio López Saco

23 de septiembre de 2008

Arqueología de Japón I


La primera imagen corresponde a una figura Dogu Jômon. Su uso ritual podría estar asociado con la tierra en ciertas ceremonias chamánicas. La segunda ilustración se refiere a un Haniwa con forma de caballo. Estas figuras procuraban evitar el mal y la profanación del enterramiento, aunque simbólicamente celebraban también la transferencia de poder espiritual de un soberano al siguiente. Pertenece a la Cultura Yayoi-Kofun, a partir del siglo IV.
Prof. Julio López Saco

9 de septiembre de 2008

Metamorfosis y sacrificio: hermenéutica simbólica del mito de Pan Gu


METAMORFOSIS Y SACRIFICIO: HERMENÉUTICA SIMBÓLICA DEL MITO DE PAN GU EN CHINA*

Prof. Dr. Julio López Saco
Facultad de Humanidades y Educación
Escuela de Historia
Departamento de Formación Histórica Especial
Universidad Central de Venezuela
Caracas, D.C.
yogonbus@hotmail.com
*Comunicación que se presentará en el II Foro Español de Investigación de Asia-Pacífico, que se celebra en valencia (España) entre los días 15 y 17 de septiembre de 2008. Publicada en CD-ROM.

Nuestra pretensión en este ensayo es elaborar un ejercicio de hermenéutica simbólica sobre el tardío mito de creación chino de Pan Gu y, a través de su pormenorizada lectura, sacar a la luz patrones, motivos y estructuras mítico-simbólicas, con sus rangos de significación y de sentido. Siempre que sea factible, además, haremos hincapié en la universalidad de ciertos motivos a través de la comparación de procesos mítico-simbólicos análogos cuyo sentido sea, por consiguiente, semejante en diversas culturas de la antigüedad.
La elección de este mito, a pesar de sus ligeras variantes, dentro de un conjunto de, por lo menos, cuatro o cinco relatos arcaicos acerca de los orígenes del mundo, y de su versión tardía, responde a su unidad estructural, a su antigüedad, probable o supuestamente centro-asiática, y a su carácter ortodoxo en el marco de los mitos chinos acerca de la génesis del Cosmos.
Este mito etiológico-explicativo de los orígenes responde al patrón del cuerpo humano cosmológico que, en función de la mitología comparada, pertenece al motivo mítico del "dios moribundo" de cuyo cuerpo se crea el Universo. Con el paso del tiempo, este mito de creación fue perdiendo buena parte de su originalidad, y el motivo básico se fue enmarañando con teorías socio-políticas y ético-morales. Pan Gu, el creador masculino, frente a Nüwa, la generadora femenina, puede verse como un semi-dios, primer nacido de los padres originarios Cielo-Tierra, puesto que la separación de ambos suele asociarse con el mito de los padres primigenios del mundo (padre-cielo, madre-tierra), lo que conlleva, a su vez, la estricta demarcación entre las esferas de los dioses celestiales y las del mundo de los humanos, terrenales, cuya separación, aunque haya comunicación entre ambas, debe mantenerse para garantizar el orden armónico, tal y como la abstracción filosófica quiso explicitar a través del yin y el yang. En el fondo, se vislumbra la separación entre el poder sacro y el temporal, este último típicamente humano, así como su vinculación mutua, donde el segundo depende del primero. Pan Gu es, de este modo, el ejemplo más notable de adquisición de un estado de metamorfosis correlativo a la naturaleza divina: de su cuerpo moribundo se transforma todo el Universo.
El término Pan puede aludir a la cáscara de huevo, mientras que Gu a la solidez del mismo. El vocablo Pan Gu corresponde a la familia lingüística Miao-Yao, y es probable que derive de una transformación fonética de Fuxi. En cualquier caso, pan es, como sustantivo, plato, y gu, como adjetivo, viejo, un término genérico. Su iconografía más extendida, aunque ni mucho menos la más antigua, lo muestra, curiosamente, como un enano, vestido con una piel de oso o con ropajes hechos de hojas, probable alusión a su carácter "salvaje", "primitivo" o "natural", con una cornamenta, y sosteniendo en su mano un martillo, un hacha y un cincel, atributos que lo identifican como artífice del mundo. En este sentido, algunas leyendas lo señalan como un híbrido, con cabeza de dragón y cuerpo de serpiente, íntimamente relacionado con cuatro animales míticos emblemáticos: fénix, unicornio, tortuga y dragón. Su imagen arquetípica podría vincularse con un animal cornudo de cuatro extremidades y con parásitos, algo parecido a un buey o un búfalo, pero con rostro humano, lo cual, probablemente, responde a un animal totémico que pertenece a los grupos étnicos del sur de China. La cultura popular de las llanuras centrales recoge, de hecho, el carácter cornudo de Pan Gu. En las montañas Tongbai existe un templo a él dedicado, en el que se adora una figura cerámica con cuernos, mientras que en una pintura sobre roca de época Han, en Nanyang, se muestra a un hombre cornudo desnudo que porta un hacha en su mano derecha, y en la izquierda un objeto bifurcado desconocido. Aunque esta imagen se ha vinculado con Chi You, algunos antropólogos creen que es, sin embargo, Pan Gu a punto de cortar la montaña, abrirla y derrotar al monstruo.
La primera aparición por escrito del mito acontece en una obra mitológica del siglo III llamada Wuyun Linian Ji, Una crónica de los Cinco Ciclos del Tiempo, de Xu Zheng, en donde se describe a Pan Gu como un ser de cuya respiración surge el viento y las nubes, factor que lo conecta con la idea de la respiración animal que provoca los vientos, presente en criaturas míticas prototípicas como Zhu yin. Algunos de sus fragmentos se conservan en varias compilaciones, en especial en el Yi shi, Hipótesis sobre Historia, sintetizado por Ma Su (1621-1673). También aparece en el San Wu Li ji, Recuerdos Históricos de las Tres Divinidades Soberanas y los Cinco Dioses, del mismo autor, y en el Shen xian zhuan o Biografía de los Dioses, de Ge Hong. En el San Wu Li ji, Pan Gu, como primer nacido humano semi-divino, toma un lugar en el Universo como un factor de la Trinidad Cósmica que forman Cielo, Tierra y Hombre, tripartición que deriva de filósofos del período Han más antiguo, como Dong Zhongshu que, como erudito confuciano, quería mostrar la interacción entre los tres componentes, siendo el emperador, como humano arquetípico microcósmico, el mediador entre las tres esferas. Se trata, en general, de un relato bastante tardío, probablemente proveniente del sureste de China o, incluso, del sudeste de Asia, discutiblemente transmitido desde Asia central, que propició la confección de diversas leyendas entre las nacionalidades Miao, Li y Yao.
En las primeras secciones del mito se alude al momento crítico de la creación, cuya ubicación cronológica está fuera del ámbito temporal histórico: es el in illo tempore inicial, primigenio, fundacional, prístino, donde nada existía todavía. El punto de partida es el caos, una realidad abstracta caracterizada, simbólicamente, por la oscuridad, las tinieblas y el agua, un espacio primordial contentivo, en potencia, del Cosmos antes de la creación de cualquier tiempo o espacio históricos. Esta percepción simbólica como vacío, tinieblas, noche, agua primordial, concepto acuoso que podría conectarse con la idea del diluvio, auténtica re-creación o formación del Cosmos ordenado y diferenciado, o condición amorfa de la materia, puede complementarse con su visualización como ser demoníaco, telúrico y ctónico, en forma de gigante o serpiente-dragón. Se trata de la prefiguración de una época salvaje y bárbara, evocadora del Otro Primordial (Humang, Hunming, Hundun), concebido como un monstruo, una masa informe, sin miembros, cabeza y orificios, que es necesario expulsar y trocear para generar la cultura y la vida en general. En forma de huevo, calabaza o bola de carne, es la indistinción primitiva, de cuya partición sale Cielo y Tierra y todas las diferencias, así como la posibilidad de la existencia humana, organizada por los reyes-sabios. Considerado como espíritu, llamado Dijiang en el Shanhai jing (II, 2), es identificable con el color amarillo y, a veces también, con el rojo y, por lo tanto, vinculable con el fuego. Además de concepto cosmogónico abstracto, Hundun fue imaginado como un dios en forma de ave o con alas de pájaro, sin rasgos faciales, con gran número de asociaciones metafóricas. Es un dios de la región central, figura benigna o neutra, como corresponde a su acepción abstracta, que es muerto (para dar vida en el ámbito cósmico), cuando dioses ociosos le abren huecos para su nariz, boca, ojos y oídos. En términos filosóficos, caos es el inicio del despliegue de dao y del yin-yang, que crearán los Diez Mil Seres presentes en el mundo fenoménico y diferenciado. La transformación de caos en Cosmos será el paso de la tiniebla a la luz, del agua a la tierra firme, del vacío a la materia, de la destrucción a la creación y de lo sin forma a lo formado. Este estado de indistinción previo a las formas de la multiplicidad, llamado, como hemos dicho, hundun en chino (espesa confusión), es un bulto informe, materia primordial, germen de creación, y es asociado a diferentes conceptos: espacio vacío, infinito, con lo que puede llegar a ser identificable con el no-ser, agua, por su naturaleza ilimitada y sin forma y por su capacidad de generar vida, desorden informe. Como noción filosófico-abstracta de informidad frente a las formas de la multiplicidad fenoménica y de la naturaleza, es un espacio que contiene lo que acabará por ser, y que, incluso, puede ser iconográficamente representable. Hundun es una imagen que implica una transformación cósmica del motivo de los primeros hombres como seres embrionales incompletos, que deben "nacer" para acabar de "formarse". La transformación de caos en Cosmos será correspondiente, por lo tanto, a la aparición de la cultura en contraposición a la naturaleza, entendida como desordenada, caótica, salvaje.
De manera singular, caos se vincula estrechamente con dao. En su forma personalizada como Emperador de la Región Central, acompañado de dos monarcas marinos, Shu del norte y Hu del sur, es una masa informe, la materia primigenia, el centro del mundo, mientras que los dos reyes a sus lados son los polos opuestos pero complementarios que aparecen del ancestro cosmogónico tras su definitiva separación y ruptura del huevo-envase cósmico, es decir, yin y yang. La destrucción de la totalidad original primitiva y el desbalance del sistema como un todo es el inicio de la imperfección, cuyos representantes principales, los seres humanos y los demás organismos de la naturaleza, deben volver a ese origen caótico inicial perfecto, que en China es una de las prerrogativas del dao. El relato mítico de los orígenes es, así, la conciencia que surge del caos primigenio, totalidad de lo potencial y que puede representarse como un círculo, símbolo de perfección.
Desde una interesante perspectiva biológica, el mito cosmogónico se verifica en términos de concepción cósmica a partir del embrión inicial, lo que lo pone en relación con la concepción humana y con un posible recuerdo inconsciente de nuestra vida prenatal. En este sentido, el estado primigenio de unidad indiferenciada se correspondería con el estado del óvulo no fertilizado todavía, "caótico" antes de su fecundación.
El motivo del huevo cósmico, a veces, dorado, negro o enjoyado, también esfera, círculo, mandala, el perfecto estado del principio perfecto, es el embrión del mundo y el fundamento del ser, entendido éste como un demiurgo que actúa rompiendo el huevo y separando Cielo y Tierra, o como un hombre cósmico primordial de cuyo cuerpo todo se origina, es decir, que muere para dar vida, en una especie de auto-sacrificio metamórfico del cual también surgirá el ser humano, bien sea de su residuo inmaterial o de sus parásitos corporales, pulgas y piojos. El huevo cósmico universal es un principio ingenerado y generador al mismo tiempo; no creado porque es indivisible y se vincula con la unidad, y creador porque da lugar a los primeros principios, generalmente polaridades básicas. Es el motivo psicológico de la totalidad pre-consciente, el germen que contiene el conjunto de cosas, lo potencialmente existente y lo que tiene posibilidades de realización, por ello se asocia a la idea de concentración y de "verdad interna", como aparece reflejado en el hexagrama sesenta y uno del Yijing. Su apertura es el paso de la oscuridad completa a la luminosidad brillante, por lo que mitológicamente se asocia con los motivos de claridad y surgimiento solar. En este contexto, el proceso cosmogónico, que se inicia con la fragmentación del huevo, desde el germen que todo lo contiene hasta la pluralidad diferenciadora, es un paso de la negatividad-oscuridad a la positividad creadora lumínica; el mundo de la luz es el de la armonía y el tiempo regulado, el del orden.
El gigante Pan Gu rompe la cáscara del huevo y la separa en dos mitades definitivamente, generando la tierra-yin, con la materia pesada y el cielo-yang, con aquella volátil y ligera. En este proceso psicológico, fundamentado en las parejas de oposiciones polares, el Cielo implica simbólicamente el aspecto espiritual y la Tierra el material, en una dicotomía esencial en el ámbito mítico-religioso. Esta separación primaria, como acto de discriminación, es positiva míticamente hablando, aunque los seres que de ella surgirán tendrán como meta el regreso a la totalidad omniabarcante prístina inicial. La diferenciación es significativa: es el comienzo de la polaridad complementaria, de la génesis propia de la vida, del orden y la regulación, cuyo ejecutor principal será, naturalmente, el hombre, creado, entre otros factores, para realizar las tareas que los dioses no hacen y para contrapesar, propiciando la sociedad humana, aquella divina. Para realizar esta labor separadora, Pan Gu se convierte en un axis mundi, en un pilar que conecta lo alto y lo bajo pero que los mantiene necesariamente alejados entre sí. Esta labor, evidenciada en los mitos por la presencia de árboles sagrados, pilares o montañas, como el monte Meru budista o el pilar djet egipcio, lo convierte en un pivote, en el centro del Cosmos, la base ordenadora principal desde la cual el rey chino de época Shang contactará con sus antepasados y ejercerá el poder, justificado así cosmológicamente. Este centro, zona sacra de absoluta realidad, vinculado con la montaña o el árbol, se refleja, en especial desde la época Zhou Oriental, en el templo o el palacio del soberano e, incluso, con la capital del reino. Instalado el proceso creativo el hombre imitará, de manera periódica, a través de la reactualización mítica ritual, la alquimia, el ciclo agrario, en donde se representa la hierogamia cielo-tierra, o las filosofías creacionistas, el acto genésico y sus consecuencias en todos los ámbitos cotidianos de la vida humana. Haciendo esto, el hombre intenta superar su limitada condición y desea intimar con lo cósmico.
En las secciones posteriores del mito encontramos una referencia explícita al papel de Pan Gu como hombre cosmológico, como demiurgo artesano, artífice verdadero del mundo superior e inferior, a partir de las diferentes partes de su cuerpo. Su consideración como primer hombre, antepasado genérico, que emerge del huevo, como acontece en muchos mitos de Oceanía, Indonesia, América e India, y como creador del mundo a partir de su cuerpo de ser vivo, en un claro proceso de antropomorfización generativa, deriva, probablemente, de los modelos se sacrificios míticos. En un proceso analógico bastante claro, la metamorfosis de su cuerpo implica la transformación de lo viejo, moribundo, en lo nuevo, vitalista. La creación antropomorfa que representa puede responder, siguiendo una lógica, en cualquier caso, no demostrable, a la necesidad de matizar las explicaciones abstractas de la filosofía acerca de los orígenes, para así comprenderlas mejor, al menos por parte de grandes grupos de población iletrados. No obstante, el hecho de que la metafísica impersonal de la filosofía pueda sobrevivir y completarse con una cosmogonía antropormofizada, parece ser una respuesta a necesidades elementales diferentes, factor que no implica que la antropomorfización requiera ser contemplada como una simplificación del lenguaje abstracto, sino como otro mecanismo de asimilación. Como deus faber, artesano y arquitecto del cosmos, es también el mundo mismo, en un proceso semejante al dao en su doble aspecto, trascendente e inmanente. Este ideal del creador como "artífice", "tejedor" o "carpintero", es común a otras mitologías: es el caso del Ptah de Menfis en Egipto, de cuyos dientes y labios surgen divinidades, de Tiamat, en la cosmogonía caldea de Mesopotamia, de cuyo cadáver Marduk confecciona el mundo, de la babilónica Ishtar, del creador indio Vishvakarman, Pradjapati o Brahma, del Purusha hindú, víctima sacrificial de cuyas partes del cuerpo surgen porciones del Universo, del personaje femenino cósmico de la mitología tibetana llamado Klu-rgyal-mo, "la reina que puso orden en el mundo visible", de cuyo cuerpo surge el mundo, del Eros greco-órfico, de los dioses aztecas, que "dividen" a la diosa de la tierra, y del gigante nórdico Ymir, cuya carne se transforma en tierra, el cráneo en Cielo, los huesos en montañas y la sangre en mar. Ahora, con su desmembramiento y transformación, las distintas esferas están separadas y definidas: el mundo subterráneo, morada de las almas, el ámbito humano terrenal, y la esfera celeste, con la luna, míticamente vinculada a la liebre y el sapo, y el sol, relacionado simbólicamente con el pájaro, especialmente el cuervo, como astros principales. La muerte, que genera vida, de Pan Gu es una alusión al ritmo natural de vida-muerte y renacimiento sin fin, tal y como es expresado de continuo en la naturaleza.
Este papel demiúrgico del gigante es representado también, en el marco de la literatura daoísta, por un Laozi divinizado en el seno del movimiento Huanglao, que vincula al héroe-sabio Huangdi, el Emperador Amarillo, considerado como el patriarca del pueblo chino por el pensamiento confuciano y el prototipo ideal del soberano, con el presuntamente histórico sabio Laozi. En algunos textos, el maestro existe en el caos primigenio antes de la creación del Universo, y en otros, es un hombre cosmológico, un Pan Gu o un Purusha indio, pues el Universo es como un enorme cuerpo humano en formación.. La transfiguración demiúrgica de Pan Gu, compartida por otras divinidades en contextos culturales diferentes, puede responder a un rasgo totémico, del mismo modo como ocurre con el tigre en la épica de creación de los pueblos Yi, o con las hojas de arce entre los grupos Miao. Los rituales en los que se llevan a cabo sacrificios humanos para consagrar la fundación de ciudades o de construcciones religiosas, tanto funerarias como templarias, pueden ser recuerdos, a pequeña escala, y de orden recurrente, de este hombre primordial cosmológico que muere y de cuyos fragmentos se genera el mundo en sus diferentes componentes.
La mención de los números cuatro, cinco y nueve en el relato no es, por supuesto, casual. La cita del cuatro y el cinco están en íntima consonancia con la conformación de los límites del mundo y el centro simbólico, ordenado, ritualizado, jerarquizado y regulado, vinculado, en esta ocasión, con montañas sagradas. De la metamorfosis final del gigante Pan Gu surgen las montañas, axis mundi, ubicadas en los cinco orientes que identifican la geografía mítica del mundo y delinean sus límites: la del oriente, sale de su cabeza, la del centro del estómago, la del sur, del brazo izquierdo y la del norte del derecho, y la del oeste de sus pies, en una clara analogía metafórica del Cosmos con el cuerpo humano. Ambas cifras, unidas al nueve, son representativas de concepciones cosmográficas geométricas del Cosmos en China: la tierra cuadrada, con los orientes como límites, vigilados por animales emblemáticos en el imaginario sistematizado en época Han, como el dragón, el tigre, el pájaro y la serpiente-tortuga, y el cielo redondo, abovedado, cuyas representaciones conjuntas son acordes con el aspecto de algunas sepulturas de época Shang en forma de cruz, con el Ming Tang o palacio del rey, la tortuga, con sus dos caparazones, algunos juegos y calendarios rituales, los carruajes, el gorro y los zapatos de los funcionarios confucianos, las monedas Qin o, incluso, la cabeza y los pies humanos. El número cinco, en el centro de un cuadrado dividido en nueve secciones, que serían, entre otros factores, las provincias del reino terrenal, correspondientes a las puertas celestiales, es el centro, el pivote, conformado por la capital y por el propio monarca, que ejerce el papel de axis mundi, de enlace de Cielo y Tierra, de oferente primordial al Supremo Antepasado, Shangdi. Desde aquí, ejerce el poder político y el control de las poblaciones y territorios bárbaros ubicados allende los límites del Zhongguo, al menos en la época dinástica Shang, en plena edad del bronce. Este centro, identificado con el rey y, más tarde, con la cosmología wuxing, de los Cinco Agentes, en donde se resuelven las luchas feudales por el poder y el soberano rige los destinos del pueblo según el mandato del Cielo (el antiguo Shangdi, ahora entendido como abstracción), es vinculable, psicológica y biológicamente, con el cordón umbilical o con la médula espinal, eje del cuerpo humano, receptáculo microcósmico del macrocosmos. El fundamento del Cosmos, así, se establece sobre el balance pendular de dos poderes contrastantes, el mundo superior y el inferior.
Este colorido mito que acabamos de comentar es, en definitiva, un ejemplo patente de la necesidad humana, ante lo inconmensurable del Cosmos, que propicia angustia y temor, de crear un marco de sentido que le proporcione explicaciones suficientes frente a lo innombrable e intangible. Haciendo surgir el mundo, Pan Gu, el primer nacido, el inicial ser humano semi-divino, prescinde del caos abrumador y aturdidor y da lugar al inicio de un Universo comprensible, medible y accesible en la medida de lo humanamente posible. El huevo cósmico, la esfera, el círculo, la situación sin inicio ni fin, el estado del principio perfecto amórfico, la totalidad, la ausencia de contrarios, el embrión (el dao "creativo y de valencias femeninas"), se rompe y comienza la separación, expresada mitológicamente en la diferenciación primordial de polaridades, Cielo-Tierra, femenino-masculino, día-noche, arriba-abajo, yin y yang, y metafísicamente, en la ruptura de la unidad totalizante omniabarcante para dar pie a la multiplicidad fenoménica de tendencia reintegradora. El camino recorrido es el que circula entre la oscuridad confusa primordial, inconsciente, y la luz diáfana consciente. Tras el desmembramiento original y la pérdida del estado de armonía totalizante, serán los hombres, los héroes, los encargados de retomar ese equilibrio armónico y de ordenar y regular el mundo ya creado, rol desempeñado por Fuxi, Shennong, Huangdi, Yu o Nüwa, entre otros varios. Las polaridades resultantes, imaginadas míticamente como gemelos o como figuras abstractas no antropomorfas, especialmente cielo-tierra, vida-muerte, masculino-femenino, son el anticipo de la vida y la naturaleza, y el auténtico comienzo de la multiplicidad y la disparidad.
Como primer héroe y arquitecto del mundo, el gigante se sacrifica para, a través de una simbólica metamorfosis, que une estrechamente el cuerpo humano con el Cosmos, traer la vida al mundo. Este arquetipo mítico del cuerpo humano cosmológico, muy común en varias mitologías, contiene en sí mismo, el mito del dios moribundo y la deidad nutriente, que ofrece su cuerpo primordial para beneficio de la humanidad. Gracias a su inmolación se formó la trinidad esencial Cielo-Tierra-Hombre, tan conceptualmente valorada en los escritos de corte confuciano. A través de este mito, algunos chinos de la antigüedad supieron imaginar, por consiguiente, una vívida visión del mundo y dar sentido, como otras culturas arcaicas, a la infinitud intangible del Universo por mediación de ciertos límites y parámetros racionalizables y, por ende, teóricamente más asimilables.


Julio López Saco
Caracas


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1 de agosto de 2008

Textos religiosos de India

“Él es como un soberbio elefante
Sobre las alturas pobladas de árboles del Himalaya...
La trompa del Naga es la confianza.
Sus blancos colmillos, la ecuanimidad...
El desapego es su cola...
Se abstiene de las provisiones guardadas
Brilla glorioso en su manto de remiendos
Como el león en la sombría cueva de las montañas
Con segura base, un Hermano cuyas ilusiones se han ido,
Como aquella montaña, se yergue inamovible (...)
Hermosas tierras altas refrescadas por la lluvia y resonantes
Con los gritos antifonales de encrestadas criaturas,
Solitarias alturas donde pasean a menudo silenciosos Rishis...
(...) Frecuentadas por monos de negras caras y por tímidos ciervos
Donde bajo flores brillantes corren plateadas corrientes,
Así son las laderas en las que se deleita mi alma. (...)
Cuando en los bajos cielos suena el tambor de la nube tormentosa,
Y todos los senderos de los pájaros están plenos de lluvia
El Hermano se sienta en los huecos de las colinas
Solo, abierto en el éxtasis del pensamiento. No le es dada
al hombre gloria mayor.”


Rhys Davids, C.A.F., Psalms of the Brethren, vv. 316 y ss.; 567 y ss.; 1050 y ss., Londres, 1913
Prof. Julio López Saco