Son cuatro las notables figuras de la mitología griega que sufren un castigo eterno en el Hades. Se trata de Tántalo, Sísifo, Ticio e Ixión. Se configuraron, en la tradición literaria y artística grecorromana, como auténticos arquetipos del castigo ejemplar motivado por graves ofensas contra los dioses.
Sísifo aparece referenciado en la Odisea XI, 593-600, en la famosa Nékyia), en Ilíada, así como en la Biblioteca de Apolodoro (I, 9, 3). También encontramos su historia en Ovidio, en Metamorfosis (IV, 460-46); X, 44; XIII, 25-33); en Lucrecio, en De rerum natura (III, 995-1005); en Higino, (Fábulas 60 y 201), y en Pausanias, Descripción de Grecia (II, 1, 3; y 5, 1). Tántalo, en Odisea (XI, 582-591), en la Olímpica (I, 55-60), de Píndaro y en la Biblioteca y Epítome (II, 1-3), del Seudo Apolodoro. Asimismo, en Ovidio, Metamorfosis (IV, 458-459; VI, 172-175 y 403-410); en Virgilio, en Eneida (VI, 601-608); en Horacio, Sátiras (I, 1, 68-70), en Eurípides, en la tragedia Orestes (12-18); y en Diodoro Sículo, Biblioteca histórica (IV, 74). Por su parte, Ticio, en Odisea (XI, 576-580); en la Biblioteca (I, 4, 1), de Apolodoro, y también en la Teogonía de Hesíodo, la Eneida (VI), de Virgilio, y en la Fábula 55 de Higino.
Ixión no aparece en el catálogo homérico de Odisea, sino en la tradición lírica y mitográfica posterior. Así, en Píndaro, Píticas (II, 20-48); en Apolodoro, Biblioteca (I, 8, 2) y Epítome; en la Teogonía de Hesíodo; en Ilíada (XIV, 317-318); en Diodoro Sículo, Biblioteca histórica (IV, 69, 4), y en las Fábulas 14 y 62 de Higino.
Sísifo ofende gravemente a los dioses, sirviéndoles en ágape a su hijo Pélope cocinado para probar su omnisciencia. Será condenado a empujar una enorme roca cuesta arriba, pero al llegar a la cima, la piedra rueda de nuevo y debe recomenzar por toda la eternidad. Tántalo engaña a los dioses, revelando secretos de Zeus y burlándose de Tánatos y, por tanto, de Hades. Por tal motivo sufrirá de hambre y sed eternas, pues rodeado de un agua que le llega al mentón y de frutos colgantes, ambos se retiran cuando intenta beber o comer. Ticio intentar violar a Leto, la madre de Apolo y Ártemis. Su castigo, por tal impiedad, consiste, como en el caso de Prometeo (pero en su caso en el Cáucaso, al que le pone fin Heracles), en que un par de buitres, o serpientes, en algunas versiones, le devoran el hígado, que se regenera continuamente. Finalmente, Ixión no solo asesina a su suegro sino que, sobre todo, intenta seducir, y tal vez violar, a Hera. En consecuencia, será atado a una rueda ardiente que gira sin cesar en el Tártaro.
Todas estas personalidades son mortales, o semidioses, que cometen hybris directa contra el orden divino, recibiendo como escarmiento un tormento infinito.
Píndaro escribió una oda sobre Ixión para Hierón de Siracusa. Ixión, como Tántalo, gozaba de favores de parte de los dioses, hasta que abusó de su posición de privilegio y perdió la confianza previa que en él habían depositado. En el caso de Ixión la ofensa fue doble, pasional y de violencia. La fórmula visual más distintiva en su caso fue la rueda, si bien el episodio no aparece representado hasta el comienzo del siglo V a.e.c. En el interior de una copa ática de figuras rojas, datada entre 500 y 490 a.e.c., y hoy en el Museo de Arte y de Historia de Génova, la rueda es un alargamiento de la del carro estándar. La impresión es que son total seguridad quedará fijado a la rueda sin posibilidad de escape, puesto que aparece aquí vinculada a ella en cinco lugares, las dos rodillas, ambos brazos y el cuello. Su postura como si estuviera corriendo converge con el movimiento de la rueda, aunque para ello debe flexionar sus miembros. La desnudez de Ixión opera en un doble nivel; la primera, para expresar la humillación de su tortura; y la segunda, como alusión a la naturaleza sexual de su ofensa. La naturaleza bestial e incivilizada de Ixión se simboliza en esta oportunidad con su descuidada apariencia.
En un cántaro ático de figuras rojas, atribuido al Pintor Anfitrite, y datado entre 460 y 450 a.e.c. (British Museum, E155), se observa como Ixión todavía no ha sido atado a la rueda, si bien aparece expuesto, figurativa y literalmente, como el perpetrador del delito. Capturado por Hermes y una figura con alas, tal vez Ares, es traído ante su prevista víctima, Hera. Ixión y el que puede ser Ares miran de modo expectante. Entretanto, Atenas ha traído la rueda, que se ve con una pareja de grandes alas emplumadas. En la cara B de esta misma vasija parece representarse el crimen anterior de Ixión, quien mata a un joven hombre que había buscado refugio en un altar. La víctima, que está siendo movida por Thanatos, recuerda y denota la naturaleza impía de Ixión. Hay sangre, todavía fresca, en el altar, y surge una gran sierpe que se enrosca alrededor de Ixión, mordiéndolo en el hombro. Muy probablemente es una referencia a las Erinias o Furias, quienes atormentan sin piedad a los asesinos de sus propios parientes. La mayoría de los artistas griegos antiguos visualizaban a las Erinias como mujeres aladas que sostienen un ofidio, aunque en este caso se han reducido a su esencia simbólica. Se captura en esta parte de la pieza un clímax dramático, emergiendo diversos elementos del mito en una escena compacta y legible. Si se empareja este frenesí compositivo con la Cara A y su escena más calmada, se puede señalar que el artista logró una suerte de armonioso balance en un pequeño espacio.
En un fragmento de una crátera-esquifo ática de figuras rojas, atribuida al círculo del Pintor de Midas (Colección de Herbert Cahn, 541), fechada hacia 400 a.e.c. Antes de que Ixión sea atado a la rueda, Hefesto está poniendo en ellas los detalles finales, acompañado de un par de asistentes (Kratos y Bia, esto es, Fuerza y Violencia). Detrás del dios herrero, Zeus y Hera parecen discutir el castigo que debe ser infligido sobre Ixión. El propio criminal aparece en un registro más bajo de figuras, apenas vislumbrándose su cabeza. Finalmente, conviene mencionar en relación a la escenografía de esta última vasija, que una obra trágica sobre Ixión de Eurípides de finales del siglo V a.e.c., es la representación más claramente teatral del mito.
Breve bibliografía
Ackermann, Hans Christoph, et alii (Dirs.), Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae (LIMC), vol. V: Herakles-Kenchrias. 2 vols. Artemis Verlag edic., Zúrich & Múnich, 1990, entrada Ixion.
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Shapiro, H.A., Myth into Art. Poet and Painter in Classical Greece, edit. Routledge, Nueva York, 1994.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-UFM-AEEAO-AVECH-AHEC-ICA, octubre, 2026.



