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14 de septiembre de 2020

Shimao y el nuevo neolítico chino protourbano




Imágenes, de arriba hacia abajo: foto del yacimiento de Shimao. Cortesía Xinhua; cráneos desenterrados en la puerta oriental de Shimao; y relieve con presunta deidad híbrida. Cortesía Shaanxi Provincial Institute Archaeology.

En la meseta de Loes (o Huangtu, en Shanxi, Gansu, Shaanxi y Región Autónoma de Ningxia), próxima al desierto del Ordos, en las colinas del río Tuwei, aparecieron una serie de fragmentos de jade, varios de ellos con forma de discos, cetros u hojas de cuchillo. El jade no se halla de modo natural en el norte de la provincia de Shaanxi y no tiene relación con la Gran Muralla. Los arqueólogos chinos, encabezados y dirigidos por Sun Zhouyong, director del Instituto Provincial de Arqueología de Shaanxi, ante tal circunstancia, empezaron a indagar y descubrieron los restos de una ciudad fortificada (Shimao), con una muralla de casi diez kilómetros de extensión alrededor de una pirámide y un santuario que contenía objetos de jade, murales pictóricos, así como diversas evidencias de sacrificios humanos. Los arqueólogos han sacado a la luz también un extenso conjunto relieves pétreos en forma de animales monstruosos, serpientes e híbridos zoomorfos cuya iconografía recuerda la propia del fin de la Edad del Bronce chino. La datación del yacimiento muestra que determinadas zonas de Shimao se remontan a más de 4000 años, un período bastante anterior al surgimiento de la civilización china en la Llanura Central, mucho más al sur.

Se estima que Shimao floreció entre 2300 y el 1800 a.e.c. Sin embargo, parece que de manera repentina y abrupta quedó abandonada a su suerte. Por otra parte, ningún texto antiguo menciona una antigua urbe de gran tamaño en territorios tan septentrionales, muy al norte de la principal cuna de la civilización china. Se puede afirmar ya que Shimao se ha convertido en el mayor asentamiento neolítico de China, con la presencia de una tecnología y una estética procedentes de la estepa septentrional y que, se estima, pudieron influir en las posteriores dinastías chinas. Este hallazgo, sumado a otros yacimientos prehistóricos próximos e incluso costeros, ha provocado que los historiadores se hayan interrogado acerca de los inicios civilizatorios chinos. Los especialistas piensan que Shimao surgió como una ciudad cuyo objetivo era afrontar continuados peligros, puesto que fue erigida en una región conflictiva, una frontera que sería testigo de la pugna entre los agricultores de las llanuras centrales y los pastores nómadas de la estepa más septentrional.

Se ha estimado que los grabados pétreos habrían conferido a la pirámide escalonada una suerte de especial prestigio religioso. Como medida de protección ante vehementes rivales, las elites de Shimao habrían diseñado esta pirámide, de una veintena de escalones, en la colina más elevada. Tales grupos elitescos se protegerían viviendo en el piso superior de la plataforma, la cual incluye un gran complejo palaciego que contaba con talleres de artesanía y, muy probablemente, templos para rituales y ceremonias diversas. Desde la pirámide central irradiaban las murallas perimetrales interiores y exteriores, marcando un diseño urbano embrionario que sería remedado por las ciudades chinas durante siglos. Es factible que las dimensiones de Shimao requiriesen la colaboración de pequeñas ciudades satélite que estarían en su órbita. De hecho, se han desenterrado unas ochenta ciudades de piedra de época neolítica (de la cultura Longshan), en el norte de la provincia de Shaanxi, diez de las cuales están ubicadas en la cuenca del río Tuwei, lugar de Shimao. Es posible que todos estos pequeños núcleos sentasen las bases sociales para la formación estatal de Shimao.

El sistema defensivo del asentamiento incluía barbacanas (estructuras defensivas con puertas flanqueadas por torres), baluartes y puertas que permitían la entrada en un único sentido. Estos muros fortificados, con más de dos metros de espesor, rodeaban la ciudad. Dentro de las murallas de piedra se emplearon vigas de madera usadas como refuerzos, un método de construcción que se creía iniciado en época dinástica Han, mucho tiempo después. Bajo la muralla del lado este de la ciudad salieron a la luz ochenta cráneos humanos inhumados en seis fosas. Las dos fosas más próximas a la entrada principal a la ciudad contenían veinticuatro cráneos cada una en una determinada disposición. Las cantidades sugieren la evidencia de una decapitación ritual en el momento del establecimiento de los cimientos del muro, al modo de un ritual fundacional de la ciudad. Se estaría, en consecuencia, ante el ejemplo más antiguo documentado de sacrificio humano en la dilatada historia china. La mayoría de las víctimas eran mujeres jóvenes, tal vez prisioneras que formaban parte de un grupo rival. Estos cráneos de Shimao presagian la evidencia de sacrificios humanos durante el desarrollo de la cultura Shang, entre 1750 y 1080 a.e.c. Los restos humanos podrían ser  indicación de que la puerta oriental señalaba la entrada a un mundo diferente. A esta presencia humana se suman los rombos tallados en algunos bloques de piedra en las murallas en terraza, un hecho que les otorgaba el aspecto de ojos vigilantes sobre la puerta este.

Asimismo, en las paredes de piedra, y a intervalos regulares, se encontraron fragmentos de jade verde oscuro y negro, una especie de ornamentos brillantes que podrían tener la función de alejar el mal y proteger tanto el poder como la riqueza de las elites de Shimao. La enorme abundancia de artefactos de jade sugeriría, por otra parte, que el núcleo importaba grandes cantidades de tal material de aliados comerciales distantes. Además del jade, también fueron descubiertos restos de piel de caimán, que debieron de llegar desde una zona pantanosa más meridional. En relación con la presencia de las pieles de estos reptiles se puede señalar que es probable que se utilizasen en tambores para determinadas ceremonias rituales.

Shimao no permaneció aislada del mundo exterior, en tanto que debió intercambiar tecnología y bienes con un amplio grupo de culturas, desde la estepa de Altái hasta las regiones costeras cercanas al mar Amarillo. Shimao, al igual que otras muchas zonas, demuestra que la civilización china tuvo varias raíces diferentes, y no surgió única y exclusivamente a partir de un desarrollo en la Llanura Central, a lo largo del curso medio del río Amarillo. Las estructuras de piedra, asociadas con la estepa más que con la Llanura Central, el pastoreo de animales, como bueyes u ovejas, así como la metalurgia, son tecnologías que China adoptaría incorporándolas en su cultura.

Otro descubrimiento notable fue el hallazgo de una veintena de fragmentos de hueso delgados, curvados y lisos, todos ellos idénticos. Los arqueólogos pensaban que se trataban de peines u horquillas, pero los huesos resultaron ser arcaicos ejemplos de un instrumento de lengüeta denominado arpa de boca o birimbao. Del mismo modo, se hallaron evidencias de bustos y estatuas humanas que debieron estar ubicadas en las murallas alrededor de la puerta oriental.

Un interrogante que ha llamado la atención de los arqueólogos es el motivo por el cual Shimao quedó abandonada a su suerte. Parece ser que los motivos no tienen que ver con desastres naturales, del tipo de inundaciones, terremotos o plagas. Parece posible que, al menos en parte, la población fuese ahuyentada por una guerra, aunque algunos científicos opinan que el cambio climático pudo tener su influencia. En el tercer milenio a.e.c., el clima era relativamente cálido y húmedo, lo cual atraería población a la meseta de Loes. Sin embargo, los registros históricos demuestran un acelerado cambio entre 2000 y 1700 a.e.c, hacia un clima bastante más seco y frío. Los bosques ausentes y los lagos secos propiciarían, de esta manera, que los desiertos se agrandasen, lo cual motivaría una migración de los habitantes de Shimao.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP, septiembre, 2020.

28 de diciembre de 2017

La política expansiva del imperio Han hacia el sur de China

El gobierno del emperador Wu Di (141-87 a.e.c.), trajo consigo estabilidad económica y política. Hacia 115 a.e.c. la amenaza del norte había sido significativamente reducida, de modo que el interés se centró en un ambicioso plan de expansión territorial hacia nuevas y distantes zonas. En 108 los Han estarían controlando buena parte de la península de Corea en el noreste, el corredor del Gansu en el noroeste, Yunnan en el suroeste, Lingnan en el sur (lo que hoy es Guangdong y Guangxi), así como el norte y centro del Vietnam actual.
La política expansionista incluía la transferencia de colonizadores, el establecimiento de colonias militares y pequeñas guarniciones que protegiesen las rutas comerciales. El poder sería ejercido, localmente, a través de comandancias, que controlarían grandes territorios bajo el liderazgo de un gobernador, en ocasiones asistido por un comandante militar, aunque responsable tanto de los asuntos militares como civiles.
Los administradores Han, así como los soldados, colonos y comerciantes que habitaban en las comandancias periféricas, solían ser sobrepasados en número por los habitantes nativos quienes, muchas veces, se alzaban en violentas revueltas en contra de la presencia Han.
Las muchas poblaciones nativas encontradas en el curso de la expansión encajaban en una visión del mundo sinocéntrica cuyas raíces se encontraban en la dinastía Zhou. La geografía cultural reconocía un núcleo político y cultural rodeado por cada vez más grupos menos civilizados  cuanto más hacia la periferia se mirase.
El proceso expansivo condujo a la incorporación en 111 a.e.c. de Lingnan en la esfera político-administrativa china, un hecho que se repitió en Yunnan un par de años después. La expansión en ambas áreas incluyó la presencia de ejércitos y oficiales Han así como la de diferentes poblaciones nativas. Hubo rasgos comunes en las dos expansiones. En ambos casos los chinos encararon serias dificultades al desplazarse por un territorio con gran diversidad étnica y geopolítica. La topografía montañosa y el clima que se encontraron las tropas, los oficiales y demás migrantes fue una dificultad de gran relevancia. En el sur y el sureste, la oficialidad Han manejó las nuevas comandancias establecidas habitualmente de modo indirecto por medicación de líderes locales nativos. En Yunnan y Lingnan el gobierno Han se mantuvo, a veces precariamente, a través de interminables ciclos de rebeliones locales, muchas de las cuales propiciaron agrios debates en la corte en relación a la conveniencia de mantener una presencia en regiones distantes.
La evidencia de asentamientos y enterramientos sugiere un proceso de sinización, iniciado en época de Han Occidental y culminado en el período Oriental.
Tras la victoria, en 221 a.e.c. de Qin sobre los últimos vestigios de reinos independientes en China, el emperador despachó varios ejércitos hacia el sur. Cuatro de ellos se dirigieron directamente a Lingnan (Guangdong y Guangxi),  una región, a la sazón, distante e insalubre, habitada por varias tribus iletradas que solían ser conocidas en ese tiempo como las Yue. Las tropas Qin avanzaron a Lingnan no sin encontrar obstáculos, en especial el ofrecido por la resistencia de la población Yue nativa que lograría acosar las tropas imperiales. Sólo en 214 a.e.c. los Qin disfrutaron de algún éxito en el sometimiento de las poblaciones nativas de Lingnan, siendo entonces capaces de establecer tres comandancias (Nanhai, Guilin y Xiang, en los actuales territorios de Guangdong, Guangxi y la porción norte de Vietnam), cada una de ellas encabezada por un gobernador y un comandante militar. 
La muerte del Primer Emperador de Qin en 210 a.e.c. fue seguida por la pérdida de control del gobierno central sobre las regiones sureñas. En consecuencia, Zhao Tuo, un general Qin en Lingnan, vio la oportunidad de establecer su autoridad sobre las tres comandancias, proclamándose él mismo como el monarca del nuevo, e independiente reino, de Nanyue.  Zhao Tuo estableció su capital en Panyu, cerca de la actual ciudad de Guangzhou.
Reinó durante unos setenta años, hasta su muerte en 137 a.e.c. Adoptó las costumbres Yue y elevó a varios nativos a la dignidad de generales y oficiales. Su relación con los monarcas Han del norte estuvo marcada por períodos en los que rehusaba reconocer la soberanía Han. Incluso empleó fuerza militar para expandirse hacia territorio Han. En 112 a.e.c. el emperador Han Wu Di despachó una operación militar contra Nanyue, aprovechando una revuelta Yue. Este movimiento le permitió anexionar el reino al imperio y subdividirlo en nueve comandancias, de las cuales cuatro estaban en Lingnan (Nanhai, Yulin, Hepu y Cangwu), dos en la isla de Hainan (Zhu’ai y Dan’er), y otras tres en el Vietnam del centro y norte (Jiaozhi, Rinan y Jiuzhen).
Es muy probable que la expansión china hacia Lingnan fuese impulsada desde el principio, al menos en buena parte, por motivos comerciales más que por expresos impulsos civilizatorios. Para los dinastas Han, los productos deseados incluían cuernos de rinoceronte, colmillos de elefantes, plumas de Martín Pescador, perlas, caparazones de tortuga, ropas, plata, cobre, frutas y esclavos, todos ellos productos propios de regiones al sur de Lingnan. La conquista de Lingnan por Wu Di en 111 supuso el traslado de oficiales chinos al lugar para supervisar el comercio marítimo.
Si bien Panyu permaneció como un puerto de primer orden, otros puntos de embarque principales parecen haber sido localizados más al sur, en Hepu, al sur de Guangxi, y en Xuwen (Guangdong meridional), así como a lo largo de la costa septentrional de Vietnam.
La política expansionista de Wu Di se asoció con la extensión de las relaciones mercantiles con tierras todavía más distantes. La región no atrajo tantas gentes chinas como se podría pensar por la mala fama de estas regiones, consideradas como remansos de aguas pantanosas que producen enfermedades como la malaria, y por ser lugares en donde se exilaban criminales.
Los textos no aclaran si los oficiales Han en Lingnan se vieron forzados a confiar en ocasiones en las tropas Yue para controlar las rebeliones locales en algunas comandancias, algunas de las cuales resultarían desafectas por culpa de oficiales inescrupulosos. Hacia el siglo II, la tarea de administrar las comandancias de Lingnan había sido dejada en manos de oficiales locales, que se encargaban de cobrar los impuestos y de supervisar el comercio, no de “civilizar” a los Yue.
Entre los siglos VI y III a.e.c. han aparecido en más de doscientas tumbas en fosa verticales diversas cerámicas utilitarias, herramientas de bronce, armas, así como algunos bronces elaborados y campanas que pudieron ser importados (o copiados) del reino de Chu. La presencia de objetos elaborados en las tumbas más ricas, combinado con artefactos de estilos locales, no sugiere la presencia de oficiales de Chu en Lingnan, sino la existencia de elites locales que emulaban los estilos septentrionales y pudieron estar en contacto con Chu. Esta posibilidad surge de la concentración de tumbas en la zona norte de Lingnan.
La evidencia de una ocupación permanente está presente en un número de sitios del período Han a lo largo de Lingnan. El más destacable sitio de habitación es el llamado Palacio Nanyue, localizado en la parte baja de Guangzhou. En lo que parece haber sido un jardín de un palacio han aparecido multitud de ladrillos y azulejos, algunos de ellos decorados con marcas de cordajes e inscritos con caracteres, que incluyen los correspondientes a varios títulos oficiales, indicando un sistema administrativo similar al de la dinastía Han. Otros artefactos incluyen herramientas, armas, monedas (algunas del reinado de Wendi, 179-157 a.e.c.) y vasijas cerámicas, algunas de las cuales presentan nombres de lugares impresos.
En Guangdong oriental se encuentran un par de sitios de relevancia. Uno de ellos, de época Han Occidental, es el lugar de Shixiongshan, en donde los arqueólogos han identificado en las laderas de una colina restos parciales de un corredor y dos pequeñas edificaciones. El otro, el sitio de Guishan, presenta materiales distribuidos entre varias terrazas excavadas en una colina, que consisten en vestigios de edificios, un gran número de azulejos, incluyendo algunos de suelo, vasos cerámicos y unos pocos objetos de hierro y bronce.
En el norte de Guangdong deben destacarse otro par de yacimientos. El primero es el sitio de Zhouzi, cerca de la ciudad de Lechang, en donde los arqueólogos han identificado los restos de una muralla (del período Han occidental); el segundo es el yacimiento de Litouzui, ubicado en el condado de Shixing, y en el que destaca una muralla con un perímetros de casi medio kilómetro que rodeaba un área de forma triangular. Ambos sitios fueron localizados en comandancias al norte de Lingnan.
A lo largo de la línea costera meridional de Guangdong, en el condado de Xuwen, los sitios en las villas de Erqiao y Shiwei conservan restos arquitectónicos. En ellos se hallaron azulejos con caracteres inscritos, así como un sello en bronce con una inscripción de cuatro caracteres.
En el norte de Guangxi es relevante el yacimiento Wangcheng, localizado al norte de la comandancia de Yulin. En él se ha revelado la presencia de una muralla, puertas, un foso defensivo y diversos otros restos arquitectónicos dentro del recinto amurallado. Las investigaciones sugieren a los arqueólogos que la función principal del sitio fue la de servir como puesto militar.
En relación a las tumbas en Lingnan en época Han puede decirse que las del período Occidental suelen ser usualmente fosos verticales que contenían ataúdes de madera, mientras que en la etapa Oriental de incrementaron notablemente las tumbas con cámaras de ladrillos. En términos generales, la tendencia de la práctica funeraria es esencialmente Han en naturaleza. Los bienes funerarios incluían espejos, objetos laqueados, incensarios, figuras humanas, modelos cerámicos de aves, animales domésticos, graneros, viviendas y algunas herramientas de hierro.
Las tumbas Han en Guangdong mantienen varios artefactos que refuerzan la relevancia de los contactos con áreas al sur de Lingnan. Incluyen modelos cerámicos de viviendas apiladas (un método constructivo que todavía es visible en el sureste de Asia), modelos de botes y de grandes barcos en cerámica y madera y lámparas cerámicas asentadas sobre cabezas humanas con torso desnudo y largas narices, rasgos que sugieren su pertenencia a algún lugar del sudeste del continente asiático. Tanto los barcos como las lámparas son hallazgos comunes en las tumbas de Guangzhou del período Han.
Entre las tumbas que datan del período Nanyue destaca la de Zhao Mo, segundo soberano del reino de Nanyue, en Guangzhou. En ella se encontraron quince sacrificios humanos entre más de mil objetos diversos, que incluían sellos de jade y de oro, placas discos y figurillas de jade, campanas de bronce, contenedores de alimentos de varios tipos, una placa de vidrio y una vasija de plata. La presencia de trípodes ding de estilo Yue, así como de calderos de bronce, ilustran el mantenimiento de las tradiciones locales y regionales, como ocurre con el uso continuado de las campanas goudiao y la práctica funeraria del sacrifico humano. La presencia de vasijas del plata y vidrio, así como de objetos de marfil y perlas de varios tipos indican el contacto con regiones distantes.
Otro par de grandes tumbas del período Nanyue fueron encontradas en Luobowan, en el sur de Guangxi. Se trata de tumbas en foso con una rampa y con ataúdes de madera. El mantenimiento de las tradiciones locales se observa en la presencia de varios tipos de vasijas cerámicas, campanas de bronce, un tambor, también en bronce, además de las prácticas de los sacrificios humanos.
La distribución de las tumbas es muy relevante. Concentraciones de enterramientos se encuentran en Guangzhou, a lo largo de las líneas costeras y los ríos mayores, una distribución acorde a las referencias históricas al comercio, a la comunicación y la defensa. Otros concentraciones se observan a lo largo de la costa en Hepu y Xuwen (dos localidades mencionadas en los textos como relevantes puertos y productores de perlas durante el periodo Han).
El proceso de sinización atestiguado en Lingnan a lo largo del período Han se evidencia en los cambios en el comportamiento funerario, la arquitectura funeraria, la tipología y estilos de los artefactos, así como en el nuevo sentido de sensibilidad estética que se expresa por medio de jardines y estanques. La presencia de objetos de comercio exóticos (piedras preciosas o vidrio), o bien útiles que derivan de las condiciones locales, como los botes y los modelos de viviendas superpuestas, no significa un rechazo a las prácticas Han.
El siglo II a.e.c. atestiguó la gradual y, a la par, ardua expansión de los Han hacia el suroeste, una región que los textos delinean como geográficamente distante, militarmente inestable y étnicamente diversa. Todas las referencias textuales a esta expansión son posteriores al establecimiento de comandancias Han en el suroeste durante la segunda mitad de ese siglo. Las razones del empuje hacia lo que en la actualidad son las provincias de Guizhou y Yunnan fueron muy variadas. Incluían ambiciones territoriales e incentivos económicos.
Hacia el final del IV y comienzos del III siglo a.e.c., se puede constatar en los textos como el general de Chu, Zhuang Qiao, conquistó la tribu conocida con el nombre de Dian, en los que hoy es el Yunnan oriental[1]. Las referencias a la comunicación entre las tribus del suroeste durante la segunda centuria a.e.c. revelan el conocimiento Han, además del interés, de las redes comerciales. El comercio privado pudo haber vinculado a varias tribus del suroeste, como los Ba o los Shu (situados en el Sichuan actual), con los Dian. En el caso de ambos pueblos mencionados, el comercio incluía caballos, siervos y yaks.
Los Dian acabaron sucumbiendo a la expedición militar Han en 109 a.e.c., que fue el momento en el que se estableció la nueva comandancia de Yizhou. En esa época de la conquista se decía que los Dian tenían ciudades y asentamientos, así como un centro político localizado en el territorio en el que se establecería la comandancia de Yizhou. Se comentaba que los Dian eran agricultores sedentarios que practicaban la cría de animales.
En cualquier caso, la heterogeneidad cultural de la comandancia de Yizhou se desprende de los textos, que mencionan numerosos grupos étnicos cuya variedad estriba en sus costumbres y actividades de subsistencia.
El gobierno indirecto de los Han a través de líderes nativos se creía que era el método más efectivo y menos costoso de expandir el territorio imperial en regiones distantes. La ausencia de referencias textuales, por otra parte, refleja una ausencia de interés Han en la vida y la sociedad nativa. Tal gobierno indirecto tuvo evidente éxito en la creación de una base administrativa cuyos objetivos incluían el establecimiento de prefecturas y la documentación del número de pobladores nativos.  
El interés en el liderazgo (y en la población nativa), dependía de la necesidad de cobrar los impuestos en grano, sal u otros productos. A pesar de todo este control siempre hubo inestabilidad y peligros en estas zonas. Así, los textos (Han Shu en concreto), mencionan, al menos, siete grandes rebeliones nativas entre 105 a.e.c. y el último cuarto del siglo II. Estos hechos reflejan la presencia de un sistema marcado por la ausencia de una suficiente presencia Han capaz de controlar el descontento de la población nativa o de mitigar los conflictos que se producían entre muchas tribus de la región.  
La necesidad de enviar campañas punitivas cada cierto tiempo crearía arduos debates entre los oficiales Han en relación a si era conveniente o no establecer un gobierno permanente en una región cuya orografía montañosa y su remota ubicación dificultaban mantener una comunicación efectiva.
Los textos de la época de los Han Orientales hablan, de hecho, de tribus que vivían más allá de los límites de la China actual, quienes deseaban ser reconocidos como estados tributarios y estaban preparados para ofrecer a los Han regalos en forma de objetos de marfil, búfalos de agua, oro y borlas de pelo de yak. Fuese por la esperanza de obtener beneficios económicos de un futuro comercio o por temor a la ocupación militar Han, los deseos de estas poblaciones no reflejaban, necesariamente, un respeto por la civilización china.
Desde un punto de vista arqueológico los dos cementerios mejor conocidos y con más ricas tumbas en el área central de los Dian son los de Shizhaishan y Lijiashan.  En la periferia de la zona de la cultura Dian los cementerios son más pequeños, destacando los de Pujuhe y Batatai. Hacia el comienzo del período Han Occidental los ricos conjuntos funerarios Dian consistían principalmente de vasijas cerámicas y objetos en bronce. Entre estos últimos se incluyen una gran variedad de herramientas y armas, además de pequeñas figurillas, ornamentos diversos, piezas de armaduras y placas, algunas de ellas decoradas con escenas de combate entre animales. También son habituales los muy decorados tambores de bronce y los contenedores hechos con conchas de moluscos.
Si bien todos esos objetos son identificados como Dian, parece claro que algunos, sobre todo armas y vasijas, muestran rasgos generalizados en otras partes de China, lo cual incluye las tradiciones centro-septentrionales chinas. No hay duda de que la conquista Han fue asociada con un incremento en el número de artefactos chinos (o de copias de los mismos) en algunas de las más suntuosas tumbas Dian. Es el caso de espejos, monedas, jades, ciertos tipos de vasijas de bronce y sellos. En el periodo Han Oriental los modos funerarios parecen testimoniar una relativamente rápida transición hacia los conjuntos funerarios que consisten principalmente de artefactos típicos de los Han Orientales en otras regiones de China. Se incluirían en este caso, monedas, espejos, vasijas cerámicas y en bronce, incensarios, lámparas, modelos cerámicos de seres humanos y objetos asociados con las actividades productivas y domésticas.
Los conjuntos funerarios de los Han Orientales suelen vincularse con las tumbas de ladrillo de estilo Han, que reemplazan las tumbas en foso verticales de la cultura Dian en el Yunnan oriental[2].
En el área de Zhaotong, al noreste de Yunnan,  se han hallado un gran número de tumbas. Algunas de aquellas con cámaras en la zona, propias de Han Oriental, algunas veces han sido excavadas en las vertientes de los acantilados. 
Los procesos expansivos y sus resultados en Lingnan y en Yunnan parecen genéricamente similares, pues los aspectos clave están presentes: gobierno indirecto, incentivos económicos, levantamientos nativos, políticas civilizadoras, inestabilidad. No obstante, la arqueología sugiere ligeras diferencias en ambas trayectorias en lo tocante a la cada vez mayor homogenización y sinización a lo largo del período Han.
En contraste a Lingnan, en donde esos procesos son evidentes incluso antes de los Han, los restos de enterramientos de estilo Dian permanecen presentes al menos un siglo después de la acción conquistadora Han. A causa de que los oficiales chinos prefirieron, tal vez, un enterramiento de estilo Han, es probable que las ricas tumbas Dian fuesen aquellas de los líderes nativos que podrían haberse beneficiado de la política de gobierno indirecto Han asociándose con los oficiales Han y actuando como intermediarios de su propio pueblo.
Entre los rasgos de la expansión Han debe destacarse el tamaño del Imperio, incluso mayor que el romano y comparable con el aqueménida y el alejandrino, y cómo en el curso de la dinastía, tanto Occidental como Oriental,  los emperadores Han fueron capaces de mantener la integridad geográfica de un territorio que incluía porciones de Corea y Vietnam.
Un rasgo significativo de la presencia china en Yunnan y Lingnan durante la etapa Han parece haber sido la aparente inhabilidad de la oficialidad centralizadora para establecer relaciones estables con las poblaciones nativas. Las historias de ambas regiones hablan de regulares levantamientos y de debates cortesanos relativos a lo inadecuado o no de ocupar regiones tan distantes. El paisaje cultural, de hecho, permaneció fragmentado y poblado por varios grupos étnicos no asimilados, algunos de los cuales infligían pérdidas importantes a los chinos en épocas de batallas.
Aunque la expansión china hacia el sur y suroeste pudo haber sido inicialmente conducida por ambiciones territoriales y motivaciones económicas más que por un celo en civilizar distantes bárbaros, la necesidad de recaudar tributos y pacificar las poblaciones locales condujo, al menos en apariencia, después de algún tiempo, a llevar a cabo esfuerzos para hacer más chinas a esas poblaciones a través de la educación.
Parece claro que algunos reyes y jefes tribales, tanto en Yunnan como Lingnan, se beneficiarían de sus asociaciones con los oficiales Han. La evidencia mortuoria ayuda a ilustrar el avance Han en ambas regiones, al igual que arroja luz sobre el proceso de homogenización cultural y de sinización vinculado con el avance en tales regiones. Los datos disponibles permiten apreciar diversos escenarios, todos los cuales, se ha sugerido, soportan un modelo de dislocalización económica y cultural entre los comunes, de un lado, y los chinos y sus agentes nativos locales, del otro. La sobrevivencia de variadas identidades étnicas a lo largo de las periferias del sur y suroeste, hasta el día de hoy, sugiere que las costumbres y creencias dividían más que unían, a los muy diferentes sectores chinos e indígenas de la población que habitaba en tales territorios.
En definitiva, la imposición de un gobierno centralizado se combinó con un gran número de movimientos poblacionales de gentes Han hacia la periferia sur para proveer con ellos mayores oportunidades de integración.

Prof. Dr. Julio López Saco.
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Diciembre, 2017



[1] Un pasaje del Shiji, datado en 122 a.e.c., reporta la situación de los emisarios Han que intentaron cruzar el territorio Dian en busca de una ruta comercial terrestre hacia el reino indo-griego de Bactria, en el actual Afganistán, a través de India. 
[2] Las tumbas de ladrillo de los Han Orientales están habitualmente cubiertas por un elevado montículo de tierra y, en ocasiones, asociadas con estelas de piedra inscritas, un factor que podría sugerir que el propietario de la tumba era “chino”. 

7 de septiembre de 2016

El nomadismo septentrional en la antigua China: los Xiongnu



Armadura en bronce hallada en la Mongolia Interior, que pudo pertenecer a los Xiongnu.

Las gentes que rodeaban la China de la antigüedad pueden dividirse en dos grupos. Al norte y al occidente, se encontraban las sociedades nómadas que vivían en la estepa y formaban estados radicalmente diferentes del modelo chino. Salvo las ciudades-estado o comunidades de los oasis de Asia central (Kucha, Miran, Kashgar, Turfan, por ejemplo), estas regiones solían permanecer fuera de la esfera cultural china. Por el contrario, en las regiones húmedas del sur y sureste, al igual que las mesetas y tierras altas del suroeste, se fueron asentando, progresivamente emigrantes chinos. Tanto aquí como el noroeste, los estados agrarios sedentarios pudieron llegar a adoptar, de modo gradual, las formas chinas de escritura y organización del estado.
La época imperial Qin y Han estuvo marcada por interrelaciones y oposiciones. En vínculos y contrarios se gesta la emergencia de la noción de una permanente zona de frontera  que separaba la china agraria y sedentaria de sus vecinos nómadas norteños, así como el ideal de un imperio mundial que todo lo abarcaba, y en el cual las gentes foráneas podrían aproximarse a la corte imperial para ofrecer tributo y sumisión. Los emperadores chinos midieron, en parte su poder en función de su habilidad para tratar o atraer a las poblaciones extranjeras a China. Estas gentes que rodeaban el territorio imperial ayudaron, de hecho, a configurar las políticas estatales e, incluso, rasgos de la civilización china. Una común cultura china se definía a partir de las oposiciones sistemáticas con los grupos foráneos, en especial con los nómadas del norte.
El nomadismo trashumante de acuerdo al ciclo estacional se desarrolló como la base socioeconómica de las poblaciones del norte durante el primer milenio a.e.c.  En los milenios anteriores, los centro-asiáticos habían combinado la agricultura con el pastoreo. Quizá debido a la sobrepoblación, o al incremento de la aridez, ciertos grupos renunciaron a la agricultura y se dedicaron al pastoreo nómada, además de a la caza y el comercio. Otros grupos migraron hacia el valle de los ríos y adoptaron la agricultura basada en el arado. Muchos bronces no chinos, especialmente cuchillos y otras armas descubiertas en las tumbas Shang, sugieren que una extensa área conocida como la “zona norte”, entre la estepa herbácea y el valle del río Amarillo, florecieron intercambios entre los Shang y una cultura del bronce septentrional.
El carro fue introducido en China desde Asia Central a través de esta denominada “región norte” en el periodo Shang final, hacia 1200 a.e.c. La evidencia del surgimiento del nomadismo en el norte, durante las centurias diez y nueve antes de Cristo, incluye un gran número de arneses de caballos y armas entre los bienes funerarios. Hacia mediado el siglo V a.e.c. la expansión hacia el norte del estado chino conllevó un cada vez mayor contacto con las poblaciones nómadas, a quienes los chinos llamaban Hu. El estado de Zhao adoptó de ellos las fuerzas de caballería, así como las vestimentas que los nómadas habían adaptado para la monta. Como la caballería llegó a ser un componente principal de los ejércitos chinos, el comercio de caballos dominó la actividad mercantil en los mercados fronterizos. Entre los siglos VI y IV a.e.c. se destaca la más antigua aparición en el norte de tumbas con la denominada “tríada escita”, un equipo compuesto de engranajes de caballos, armas y objetos decorados con motivos animales. Esta época se caracteriza por el prominente incremento de la metalurgia del hierro.
Las relaciones de China con el mundo exterior en el período de los Reinos Combatientes estuvieron definidas por la construcción de murallas a lo largo de las fronteras. Ansiosos de asegurar pastos para los caballos de sus ejércitos, los estados norteños chinos tomaron territorios previamente usados por los nómadas y las murallas sirvieron para asegurar el territorio. La construcción de murallas era, de hecho, una práctica cultural muy extendida. Los Estados Combatientes erigieron murallas y torres de vigilancia no solamente en el norte, sino también a lo largo de muchos de los límites con otros estados chinos. Los amurallamientos alcanzaron su etapa cumbre con la construcción en época Qin de un sistema simple de murallas y torretas de vigilancia para marcar su expansión en la estepa. En respuesta a ello, al menos en cierto grado, las poblaciones nómadas se unieron en un simple imperio nomádico bajo la tribu de los Xiongnu[1]. Tal acontecimiento ha sido explicado y analizado de dos maneras.
Por una parte, se ha dicho que el surgimiento del estado nómada dependió de China. Viviendo únicamente de los productos de sus rebaños y de sus artesanías, las tribus nomádicas necesitaban bienes adicionales de las poblaciones sedentarias del sur para sobrevivir. Hábiles en el manejo del arco y en la monta, los nómadas formaron un ejército natural en el que cada hombre adulto podría llevar a cabo los deberes militares. El poder político derivaba primariamente de los éxitos en batalla contra otras tribus y en las incursiones en el territorio de los chinos sedentarios. Los éxitos guerreros del jefe le aseguraban la lealtad de sus seguidores al distribuir el botín conseguido. La prosperidad de una China unificada ofrecía una riqueza que el imperio nómada podría extraer en la forma de pagos de parte del gobernante chino. La redistribución de la riqueza hacia el norte generaba el poder político de los gobernantes nómadas.
Otros estudiosos, por el contrario, argumentan que no existió una clara división entre nómadas y pueblos sedentarios en la frontera, y que las poblaciones nómadas como los Xiongnu contaron con agricultores en su seno. En tal sentido, las ciudades-estado de Asia central proveerían bienes a los nómadas. De tal forma, los estados nómadas no necesitaron de los grandes reinos sedentarios de Persia al occidente y de China al este para su existencia. Con seguridad, algunos bienes eran extraídos de China a través del comercio, las incursiones y el tributo, pero tales productos no fueron esenciales para la sobrevivencia de la gente o para consolidar la posición privilegiada de los mandatarios.
La violencia en las sociedades nómadas no consistía en enfrascarse en grandes guerras, sino en raids o venganzas en pequeña escala con el fin de aumentar los rebaños o robar esposas. Una crisis mayor, producida por el mal tiempo, rebeliones internas contra tribus previamente dominantes, o la expansión de pueblos sedentarios, podría romper el balance ya marginal de la sociedad. Forzados a migrar a nuevas áreas o amenazados por atacantes armados, las tribus sobrevivían estableciendo organizaciones militares a gran escala. Estaban formadas por jefes guerreros carismáticos que reunían otros guerreros, como una suerte de guardia personal, y luego reclutaban más soldados gracias al prestigio y el botín ganados por los jefes. Este proceso de militarización gradual culminó en el establecimiento de un estado centralizado bajo el mando de un líder supra tribal que gobernaría como un “kan” a través de la protección de Cielo, tal y como sus victorias demostraban. El nuevo jefe supremo transformaba las aristocracias tribales en una aristocracia de estado distribuyendo botín para asegurar la lealtad de sus seguidores.
La emergencia del estado Xiongnu siguió este último modelo. Cuando los dinastas Qin ocuparon el territorio al sur del río Amarillo, ahuyentaron a los Xiongnu y a otros habitantes, lo cual creó una crisis económica. De acuerdo al Shi ji, Modun el fundador del imperio Xiongnu, reunió y entrenó a una guardia personal que le obedecía hasta la muerte. Alcanzó un poderío que le permitió asesinar a su padre y tomar el título de chanyu, líder supremo. A esto siguieron una serie de victorias desde Manchuria hasta Asia central, produciéndose el sometimiento de una tribu tras otra al poder Xiongnu que surgía[2]. Esas campañas culminaron con la emergencia de una estructura piramidal de reyes hereditarios inferiores o de aristócratas bajo el poder del líder supremo.
Los reyes Xiongnu fueron jefes que mantuvieron parte del imperio como una tierra patrimonial del chanyu, sobre la cual ejercían un gobierno semi independiente. Los jefes menores eran miembros de un alto consejo. Los rasgos básicos de este sistema, patrimonio, emparejamiento de altos cargos (derecha e izquierda, o este y oeste), estructura militar decimal y unos pocos hombres del alto rango en el consejo, no dejan de recordar a los estados centro asiáticos. En cualquier caso, los dos modelos del estado Xiongnu, dependencia económica del imperio chino y respuesta militar al imperio chino, no son mutuamente excluyentes. El segundo describe cómo un estado centralizado emerge alrededor del chanyu, mientras que el primero enfatiza las bases financieras de su poder.
El nuevo imperio de Modun invirtió el balance de poder entre los chinos y sus vecinos nómadas., En siglos anteriores, los estados chinos se habían expandido hacia el norte a expensas de las poblaciones nómadas, pero hacia 200 a.e.c., el fundador de la dinastía Han sufrió una gran derrota a manos de los Xiongnu. A consecuencia de ello, los Han adoptaron una política de “paz y parentesco” (he qin) por la cual seda, oro y granos eran enviados anualmente al chanyu, además de un periódico regalo de una princesa Han para su harén. En correspondencia, los Xiongnu se comprometían a no atacar China. Ahora bien, esta situación podría traer consigo que los hombres tribales pudiesen corromperse  por los gustos y lujos chinos y así, por tanto, depender de China. Además, cuando los hijos de las princesas Han llegasen a ser gobernantes en el estado Xiongnu sus jefes podrían llegar a ser parientes menores de la corte Han. Un aspecto clave de este argumento es el hecho de que los Xiongnu diferían de los chinos únicamente en cultura, y la adopción de las tradiciones chinas podría conducir a su asimilación al imperio.
Sumado al pago de tributo y al regalo de mujeres, el sistema he qin establecía el reconocimiento de la igualdad diplomática entre China y los Xiongnu. El jefe de estos últimos obtenía el derecho de referir su nombre de familia al dirigirse al emperador chino, mientras que los chinos mismos, como esclavos del emperador, solamente podían usar sus nombres personales. En definitiva, el título chanyu era reconocido como igual al huangdi chino, y los dos gobernantes eran descritos como hermanos.

Un tratado firmado en torno a 162 a.e.c. adoptó un principio particular. El chanyu debía gobernar sobre todos los arqueros que habitaban al norte de la Gran Muralla, mientras que las poblaciones sedentarias del sur, que portan sobreros y fajas, tenían que ser gobernados por el emperador chino. Este principio dividía el mundo en dos grandes zonas culturales, el reino de los nómadas y el de los chinos, cada uno de ellos formando su propio imperio. Con ellos se establecía el reconocimiento mutuo de cada gobernante en relación a sus dominios sobre estados menores dentro de sus respectivas esferas. Esta visión de un mundo bipolar escindido entre dos esferas culturales se manifestaría en el pensamiento chino mismo.
Bajo el emperador Jing, Chao Cuo comparó de modo sistemático a los Xiongnu con los chinos, retratando a los primeros como la inversión o negación de los segundos. Los nómadas comían carne y bebían leche, mientras que los chinos comían grano; los Xiongnu llevaban pieles en tanto que los chinos vestían sedas; los chinos tenían ciudades amuralladas, campos y casas, mientras que los nómadas no tenían (lo cual no era estrictamente cierto). Los Xiongnu eran vistos como pájaros voladores o bestias corriendo que se movilizaban continuamente hasta encontrar hierba y agua fresca, en tanto que los chinos estaban enraizados en sus campos y ciudades. Chao Cuo extendió tales oposiciones culturales para explicar el balance estratégico y táctico de fuerzas entre ambos polos[3]. El propio Sima Qian establece un contraste moral entre los chinos, vinculados entre sí por su sentido del deber, y los nómadas, quienes solamente reconocían su auto interés.
Los relatos referidos a las costumbres nómadas llegan a ser un método para criticar algunas prácticas chinas. Así, Zhonghang Yue, un chino entre los nómadas, hizo notar la existencia de relaciones relajadas entre el gobernante Xiongnu y sus súbditos, en contraste con la rígida jerarquía de la corte china. Algo similar ocurría al comparar la ley Xiongnu con las brutalidades de la práctica legal Han.
A pesar del incremento en los pagos, las incursiones Xiongnu no cesaron. Cada acuerdo permanecía unos años para ser roto por una nueva invasión, seguido por demandas para reasumir las relaciones pacíficas basadas en un incremento de los pagos. Los chinos atribuían estos vaivenes a la perfidia bárbara, pero en realidad reflejaba la naturaleza del estado Xiongnu. Mientras el emperador chino no podía ser desafiado como legislador principal, juez y administrador, el poder en el seno del estado Xiongnu estaba constreñido, y a la par dividido, por los vínculos de parentesco, la práctica de la costumbre y la segmentación horizontal entre clanes o tribus. El chanyu mantenía el control sobre sus jefes subordinados solamente gracias a las constantes negociaciones en las cuales él era el primero entre iguales más que una autoridad absoluta. El consenso sobre su poder dependía de sus éxitos en batalla y de la distribución del botín. En ocasiones las invasiones se debían a las tensiones con los oficiales locales chinos, pero algunas veces también por resentimiento del chanyu. La política he qin fracasaba habitualmente por que descansaba sobre una estructura de autoridad inexistente entre los Xiongnu.
Varias décadas de paz habían otorgado a los chinos el tiempo necesario para desarrollar un nuevo estilo de ejército fundamentado en la caballería y las ballestas que podría, exitosamente, enfrentar airosamente a los Xiognnu en el campo de batalla. En 134 a.e.c., el emperador Wu decidió destruir a los nómadas a través de una acción militar. Si bien el intento de emboscada al chanyu fracasó, en las siguientes décadas los ejércitos chinos lograron empujar a los Xiongnu hacia las profundidades de Asia central, infligiéndoles sustanciales pérdidas en hombres y rebaños. Pero las pérdidas Han también fueron cuantiosas. Además, las repetidas campañas mermaron el tesoro sin que se lograsen resultados decisivos.
Los sucesores del emperador Wu abandonaron la política de las expediciones, retirándose a sus líneas defensivas mientras, a la par, se rehusaban a pagar tributo. Esta actitud fue exitosa, pues privaba al chanyu del tributo Han. La posición del líder supremo nómada se fue deteriorando, y en 120 a.e.c. un rey Xiongnu disidente se rindió a los Han acompañado de cuarenta mil hombres. En los años siguientes otros jefes rehusaron atender la corte del chanyu. Entre 115 y 60 a.e.c. los Han aseguraron el control de la antigua esfera de influencia Xiongnu en el Asia central oriental (hoy Xinjiang).
Un conflicto por la sucesión cambió el panorama del imperio Xiongnu en 57 a.e.c., con no menos de cinco reyes reivindicando el título de chanyu. Unos años después un rey reconoció la soberanía Han, visitó su corte y se reasentó en el interior de China[4]. Esta acción probó ser muy ventajosa, pues a cambio de obediencia recibiría generosos dones de los Han. Con el tiempo envió a su hijo como huésped para aprender la cultura Han. Su bienestar dependería de la buena conducta de su padre. En esto había un velado interés. La riqueza que esta jefatura vasalla iba adquiriendo le permitiría recuperar a sus seguidores y derrotar a sus rivales. Eventualmente, su fuerza creció lo suficiente para retornar al norte y reasumir el antiguo modelo de demandar tributo, hasta que una segunda pugna por la sucesión renovó la guerra civil entre los Xiongnu en 48. Esto se traduciría en un permanente cambio entre los Xiongnu del sur, que habitaban en China y se sometían al emperador, y los del norte, quienes moraban más allá de los límites del imperio Han. Los del sur llegaron a ser dependientes de la asistencia Han.
Aunque los Xiongnu Septentrionales continuaron desafiando a los Han, fueron varias veces derrotados en determinadas ocasiones por ejércitos aliados de los Han y de los Xiongnu Meridionales. Grupos tribales como los Xianbei y los Wuhuan se escindieron de los Xiongnu y recibieron grandes botines de la corte Han a cambio de asesinar a los Xiongnu.  En el año 87 un ejército Xianbei derrotó a los Xiongnu y asesinó al chanyu del norte. Apenas dos años después, una gran victoria Han completaría la total destrucción del estado Xiongnu.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. Feiap-Granada.



[1] Se trata de los conocidos como hunos asiáticos, una rama siberiana desgajada de la etnia de los mongoles. Se piensa que pueden haber sido los descendientes de varios pueblos turcos denominados Xunyu, Xianyun y Hongyu.
[2] Los Xiongnu desplazan a los Yuezhi, los nómadas que habían dominado previamente el norte.  Hasta veintiséis estados vecinos, incluyendo Loulan, Hujie y Wusun, formarían parte del estado Xiongnu.
[3] De acuerdo a Chao Cuo, el territorio de los Xiongnu era un lugar de yin acumulado, sombrío y frío. Esta idea formaba parte de una tríada que implicaba el sur como el extremo yang y China como el centro en balance. La división bipolar del mundo sobre la base de la cultura y la política, reaparecerá en la estructura de los Cielos, con la línea divisoria de la Ruta Celestial encajando con la frontera entre chinos y nómadas. 
[4] La política de asentamiento de nómadas todavía agrupados en sus tribus en el interior de China trajo consigo posteriores consecuencias de largo alcance, pues propiciarían la ruptura del orden civil en el noroeste y fomentarían la huida hacia el sur de grandes cantidades de chinos Han.

29 de abril de 2016

Una fuente china sobre el Japón arcaico: Wei Zhi y el pueblo Wa (koku)

El texto que conocemos como Wei zhi (Gishi Wajin-den en japonés), Crónica de Wei, es una sección del Sanguo zhi (Sangokushi en japonés), Historia de los Tres Reinos, que registra la coetánea historia de Wei (221-265), Shu Han (221-264) y Wu (222-264). Según esta fuente, las gentes que ocupaban las islas japonesas en este tiempo se conocían como Wo (Wa), si bien parece que los escritores chinos no la distinguieron de los residentes del sur de la península de Corea.
La Crónica de Wei fue compilada por Chen Shou (233–297), un historiador profesional de la dinastía Jin, que sucedió a Wei después de que éste conquistara los reinos de Shu Han y Wu[1]. Chen incluyó también varias poblaciones vecinas, en concreto los Xian-bi de la Mongolia oriental, los Puyó, que habitaban la región del río Sungari, de los que, supuestamente, proviene el pueblo Paekche (Kudara), así como los Koguryô-Kokuli (Koma en japonés), que moraban al sur del río Yalu (el Amnok en coreano). Al tiempo, también se refirió a las unidades políticas más meridionales, Ma-han, Chin-han y Pyon-han (Pyon-chin, Bian-chen), tres grupos tribales Han que ocuparon áreas a las que posteriormente se referirían como los estados de Paekche y Silla.
El escritor del Wei zhi mantuvo un cierto orden expositivo, organizando el material en tres secciones: viajes y unas breves reseñas de las estructuras políticas; las costumbres, la flora y la fauna; y la emperatriz Himiko y sus asuntos internacionales.
El término wo-wa identificaba gente pequeña, enana. Desde el punto de vista del norte de China esta impresión puede también referirse a la población china del sur y del este. En apariencia, los chinos no querían, o quizá no podían, distinguir entre los habitantes de la mitad meridional de la península de Corea de aquellos de las islas japonesas. De tal modo el vocablo wa sería un término cultural referido a la gente que habita lejos, en el oriente. Usado habitualmente para aludir a poblaciones bárbaras que rodean virtualmente a China, el término cambió de este significado a otro más digno: pueblo que vive en el mar. Tal vez hayan sido precisamente estas las implicaciones iniciales de la palabra.
Guo (koku-kuni) por su parte, fue para los historiadores chinos, una unidad política de tamaño indefinido y estructura poco clara con cierto grado de autonomía. En la introducción, el Wei zhi menciona que Wa consiste en cien guo, de los cuales treinta están en contacto con Wei. Más adelante, señala que unos veinte guo están sometidos a Himiko.
Los gobernantes de cada guo se denominan wang, el término chino para rey, pero también aplicado en un entramado familiar con los sistemas hereditarios. Las jefaturas pareciera el concepto más disponible para la federación Wa, una designación que haría a Himiko la jefa de las jefaturas.
Daifang (Taifu y Taebang, en japonés y coreano, respectivamente), fue una de las comandancias que los chinos mantuvieron en el norte de Corea, en la zona oeste de la península. Los chinos, que habían conquistado Corea en 108 a.e.c., establecieron allí cuatro zonas administrativas coloniales, comúnmente conocidas como prefecturas (xian), siendo la más notable Lelang. La accesibilidad de Lelang desde la costa de Shandong y su posición geográfica como puente de entrada en Corea se combinaron para propiciar una comunidad próspera en la que se mantuvo la cultura material de sus administradores.
Daifang fue establecida a comienzos del siglo III para consolidar la posición china más hacia el sur. Las comandancias chinas se perdieron poco después, hacia 313, aunque existen evidencias de una administración residual o, incluso, una ocupación, posterior a esta última fecha. Daifang fue, de esta manera, el punto de apoyo necesario que usaban los japoneses cuando visitaban la corte china. Su gobernador general actuaba como un intermediario. Transmitía los presentes, solicitudes y mensajes a Luoyang, un proceso que resultaba lento.
Algunos aspectos relevantes referentes al pueblo Wa pueden destacarse en el Wei zhi. Se dice que vivían en islas montañosas en el medio del océano al sur de Daifang. Se comenta en el texto, también, que los campos de arroz no son demasiado ricos y que, de modo natural, viven de los alimentos marinos. Sin embargo, plantan arroz, lino y árboles de morera para los gusanos de seda. Viajan en bote para comprar granos (casi únicamente arroz) en los mercados al norte y al sur. Las principales jefaturas, siempre de norte a sur, serían Na, Fumi, Toma y Yamaichi (Yamatai[2]). Solamente más al sur estaría la jefatura de Kona.
Se dice, asimismo, que los aristócratas y los comunes llevan modelos de tatuajes sobre sus caras y cuerpos, probablemente para remarcar las diferencias de jefatura, de ubicación geográfica, estrato social y rango[3]. Usan armas como lanzas, escudos y arcos de madera. Algunas flechas de bambú llevaban cabezas de hierro o de hueso.
En la hora de la muerte, empleaban un ataúd que era enterrado. Sobre el lugar se elevaba un montículo. El doliente principal y sus acompañantes cantaban, bailaban y tomaban sake. Después de la inhumación la familia buscaba agua para purificarse en forma de abluciones. En la ocasión de algún viaje o de un determinado evento relevante, usaban huesos para determinar el futuro y la buena o mala fortuna. Las palabras empleadas eran análogas a las encontradas en los caparazones de tortuga, usadas con fines adivinatorios.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCAB-UCV-FEIAP-UGR. Abril 2016.


[1] Otros textos chinos que contengan referencias a esta época en Japón, aunque sin el mismo valor que el Wei zhi, son el Hou Han shu, (Gokansho en japonés, Historia de los Han Posteriores), que registra el período que abarca desde al año 25 al 220; La Historia de los Song, el Song shu, que registra los eventos de Liu Song (420-479) por parte de Shen Yue; el Sui shu, (Historia de los Sui, 581-618), escrito a comienzos del siglo VII; y el Xin Tang shu, la Nueva Historia Tang (618-907), un producto editorial de mediado el siglo XI.
[2] La identificación de Yamatai con Yamato  y de Himiko con Jingu es una premisa que se ha de tener en cuenta, aunque la misma siga en el candelero.
[3] Los tatuajes pueden observarse en las cerámicas del período Yayoi Medio en  la llanura de Kanto, y en algunas prefecturas vecinas (Fukushima, Nagano, Aichi). La práctica pudo derivar de, al menos, la etapa Jomon Tardía en la región central de Honshu. El tatuaje corporal debió consistir en formas geométricas, en tanto que su simbolismo de rango consistiría en añadir rayas o listas. Antes de los tiempos históricos los tatuajes desempeñaron dos propósitos, uno de identificación social; el otro como señalamiento de los criminales. El tatuaje tradicional permaneció entre las mujeres de Okinawa y entre los Ainu hasta generaciones recientes.