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14 de febrero de 2026

Pintura mural minoica: naturaleza y religiosidad


Imágenes: arriba, la llamada sacerdotisa joven (tal vez únicamente una adolescente), de la habitación 4 de la casa occidental de Akrotiri. Se ha sugerido que está quemando hebras de azafrán; abajo, el Sarcófago de Hagia Triada, hacia 1460 a.e.c. Museo Arqueológico de Heraclion, Creta.

La pintura mural al fresco minoica llama la atención por sus coloridas imágenes de animales, paisajes y elementos ceremoniales. Esto ha consolidado la visión de una sociedad minoica sofisticada, vivaz y hasta lujosa. La pintura figurativa minoica es la propia del período Neopalacial, entre 1700 y 1450 a.e.c., una época de probable centralización del poder político de características tal vez teocráticas en Cnoso. Se trata de un tiempo (que para los mitos sería el del reinado de Minos), en el que surgieron villas señoriales, ornadas con pinturas en las paredes y en los suelos, y se reconstruyeron los palacios.

Estas pinturas aparecen en diversos lugares de la isla de Creta, como Festo, Amnisos, Hagia Triada, Galatas, Palaikastro, Malia o Tiliso, entre otros sitios, pero también más allá de la isla. Hay constatación de pinturas de estilo minoico en Qatna, actual Siria, Avaris en Egipto (hoy Tell el-Daba), Tel Kabri en Israel, Alalakh en la Turquía moderna o en Akrotiri. Las pinturas al fresco, si bien no en composiciones figurativas, surgen en el Minoico Antiguo II y III, a partir de 2650 a.e.c., y se mantienen, en composiciones de carácter geométrico, en el Minoico Medio, desde 2050 a 1700 a.e.c.

Suelen ser composiciones de tamaño natural, con figuras sin sombras y sin volumen, con colores planos y realizadas sobre fondos en un solo color. Seres humanos y animales suelen aparecer de perfil completo, representados de manera natural y de forma fluida. En la etapa Neopalacial, la pintura figurativa minoica es un asunto propio de Cnoso. Una decoración pictórica que se inspira en Egipto y en regiones orientales, si bien cubre una necesidad de autorrepresentación específicamente minoica. Muchas de las pinturas halladas, bastante fragmentadas y deterioradas, han sido reinterpretadas desde los tiempos de Arthur Evans de forma errónea, adaptándose a las formas y modos de entender la sociedad de fines del siglo XIX.

La iconografía pictórica minoica presenta como temas los animales, los seres humanos y los paisajes naturales, muy habitualmente entremezclados y aludiendo a una simbología de tenor religioso. Este es el caso del célebre sarcófago de Hagia Triada (del Minoico Reciente II o III, a partir de 1460 a.e.c.), ornamentado con pinturas al fresco en donde se muestran escenas de carácter ritual religioso. En uno de sus lados mayores hay una escena en la que se sacrifica un toro, y varias mujeres realizan libaciones al lado de hombres que entregan varios objetos votivos a una figura que representa al difunto o bien se asemeja a la estatua de alguna deidad. Rosetas, espirales y hachas dobles votivas, asociadas con la iconografía de Cnoso de la etapa Neopalacial, adornan el sarcófago en su conjunto. En una sociedad, como la minoica, en la que la religiosidad está presente en todos los ámbitos vitales, la pintura responde a la necesidad de enseñar la esfera de lo espiritual.

Representaciones de carácter naturalista lo conforman la temática de la fauna y el paisaje. Asimismo, la presencia de algunas plantas se hace recurrente en la iconografía. En especial, abundan los lirios y el azafrán, ambas ligadas a escenas religiosas (como los monos), así como a lo femenino y a la deidad de los animales o Potnia Theron. De hecho, los monos de color azul y el azafrán se conectan con lo divino. El azafrán tenía multitud de usos, para perfumes, medicamentos, elaboración de tintes y, sobre todo, en la cocina, aspectos todos ellos conectados con el mundo de la religiosidad. En tal sentido, por ejemplo, se empleaba azafrán para teñir las vestimentas rituales y era un componente esencial en el maquillaje de las sacerdotisas. La presencia de los monos en Creta, que suelen aparecer representados en libertad en la naturaleza y caracterizados con cierta antropomorfización, pueden estar relacionados con los presentes exóticos que llegaban desde Egipto.

Dentro de la representación de elementos naturales sobresale la presencia de animales fantásticos, como los grifos, con una función protectora del poder divino, o plantas irreales.

En los frescos parietales abundan las representaciones humanas, tanto de personajes femeninos como masculinos. Normalmente, son jóvenes que aparecen semi desnudos, con cuerpos muy estilizados y bastante atléticos. En la temática iconográfica se encuentran representaciones ceremoniales, como ocurre con el mencionado sarcófago de Hagia Triada, o procesionales, caso del famoso Príncipe de los Lirios, hoy renombrado como Rey-sacerdote. Las escenas específicamente atléticas son abundantes, si bien son representaciones cultuales. Es lo que ocurre con la escenografía de la taurocatapsia como manifestación ritual-religiosa (el conocido Fresco del Salto del toro), o con las escenas de lucha (niños boxeando en Akrotiri).

Un hecho de gran relevancia es la ausencia en la pintura mural al fresco minoica de escenas violentas, de guerra o caza (que sí serán relevantes en el ámbito micénico), ni de aquellas relativas al poder político centralizado. No obstante, existen algunos ejemplos excepcionales, como la representación de soldados con escudos en el fresco del muro septentrional de la habitación número cinco de la Casa Oeste de Akrotiri, o el mural conocido como Capitán de los Negros en Cnosos, que representa, quizá, mercenarios africanos desfilando.

Con el poder político micénico sobre el palacio de Cnoso el contenido iconográfico se mantiene, y las escenas de los frescos palaciales se orientan hacia el mundo simbólico y de la práctica ritualística. Este es el caso de la no menos célebre Sala del Trono, donde se observan grifos a ambos lados de la silla de piedra, si bien también son comunes tales escenas en sellos, ubicadas alrededor de columnas o de deidades.

En las últimas fases palaciales, la figura del toro se hace muy frecuente, asociado a un ámbito signado por la ritualidad. Así, la relevancia ritual del toro en el el terreno simbólico se puede apreciar en los ritones con cabeza del animal o en la proliferación de cuernos de consagración como elemento arquitectónico. Asimismo, en el ámbito sacrificial se encuentra presente en las representaciones que adornan el sarcófago de Hagia Triada. Por otra parte, no se deben olvidar las escenas acrobáticas frente a estos animales, probablemente asociadas a jóvenes pertenecientes a las aristocracias.

En la fase final de Cnoso los frescos presentan, por lo tanto, una secuencia de motivos vinculados con la religiosidad, en tanto que la representación de la naturaleza, presente en todas las épocas, sirve como conexión mística con la esfera de las divinidades.

Bibliografía básica

Immerwahr, S., Aegean Painting in the Bronze Age, Pennsylvania State University Press, University Park & Londres, 1990.

Marinatos, N., Minoan religion: ritual, image and symbol, University of South Carolina Press, Carolina del Sur, 1993.

Preziosi, D. & Hitchcock, L.A., Aegean Art and Architecture, OUP, Oxford, 1999.

Vivó Codina, D., “Un reflejo en las paredes. La iconografía de los frescos minoicos”, en Creta Minoica, Desperta Ferro Arqueología & Historia, n.º 17, febrero-marzo, 2018, pp. 40-44. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-AEEAO-UFM, febrero, 2026.

13 de octubre de 2022

Mito y memoria minoica a través del tiempo: una presencia cultural




Imágenes (de arriba hacia abajo): Ariadne, de Giorgio di Chirico, 1913. Óleo y grafito sobre lienzo; La caída de Ícaro, de Marc Chagall, 1975. Óleo sobre lienzo, hoy en el Centro Pompidou; y portada de la revista Minotaure, hecha por Pablo Pisasso.

La memoria de un glorioso pasado de Creta fue preservada viva hasta la Antigüedad Tardía gracias a la literatura y las artes plásticas, aunque con posterioridad vivió una reactualización renovadora en el Renacimiento, una época en la que se produjo una reanimación, un resurgimiento del legado grecorromano y el predominio del ideal clasicista, que traería consigo una presentificación de los mitos minoicos, encantadores y aractivos para esa mentalidad, en el amplio repertorio de la creación estética.

Desde el siglo XIV en adelante, una serie de artistas de distintos tiempos y tendencias (Giotto, Veronese, Tiziano, Rubens, van Dick, además de Sokolov, Daumier, Canova o el mismísimo Mozart, que compuso una ópera titulada “Idomeneo, rey de Creta”), se inspiraron en la mitología minoico-cretense. Los mitos más relevantes fueron representados en pinturas, grabados sobre metal, esculturas, dibujos, relieves, manuscritos iluminados o tapices. Es el caso, sin ir más lejos, del rapto de Europa por Zeus convertido en toro, motivo prototípico de la cultura europea; la aventura de Teseo y Ariadna en el mito del Minotauro; o el primer vuelo y la final caída de Ícaro en la leyenda de Dédalo, constructor del famoso laberinto. El laberinto, de hecho, se convirtió en un motivo principal de muchas composiciones, tanto desde una perspectiva simbólica como meramente decorativa.

A finales del siglo XIX y principios del XX, momento en que el clasicismo dio lugar el estilo modernista, la recepción occidental del legado prehistórico cretense entraría en una nueva dinámica. El factor determinante sería el fortuito comienzo de las excavaciones en el yacimiento de Cnosos por parte del renombrado arqueólogo Arthur Evans, justamente en 1900. En las campañas posteriores, Evans revelaría y restauraría el monumental palacio minoico, gracias a lo cual dispondría del material suficiente para escribir su grandioso trabajo, en cuatro volúmenes, que lleva por título “El Palacio de Minos en Knossos”, en el cual indagó, interpretó y destacó aspectos del carácter único, específico, de la civilización cretense prehistórica, que gracias a él recibió la denominación de “minoica” (en virtud del mítico rey de la isla). El descubrimiento causó una auténtica revolución en los círculos eruditos, artísticos y científicos de Europa, y no solamente porque la antigua tradición asociada a Creta se viese corroborada por los hallazgos arqueológicos y la gran cantidad de materiales y objetos obtenidos.

Una avanzada civilización de la Edad del Bronce incluía, en oposición a las orientales, rasgos considerados propios de la cultura moderna europea. Concretamente, se habló de la presencia de una sociedad que paladeaba la alegría de vivir, de un modo se diría hedonista; de la actuación de unos gobernantes alejados del despotismo, del amor por la naturaleza, verificado en los mitos y la religiosidad; de una notable participación social de la mujer; de una actividad comercial avanzada, así como de fluidos contactos con regiones extranjeras a través de rutas marítimas; e, incluso, del empleo más arcaico de una escritura en una zona que pertenece geográficamente a Europa.

Sería el arqueólogo australiano Vere Gordon Childe el primero en etiquetar a la civilización minoica como la primera civilización europea. Muchos eruditos, historiadores y filósofos discutieron esta apreciación, y otras análogas, en sus trabajos, como el caso de Sigmund Freud, A. Toynbee, O. Spengler o J. Myres. Mientras esto ocurría, importantes artistas empezaron a identificar elementos del modernismo o del Art Nouveau a partir del arte minoico, en su iconografía, los repertorios, las arquitecturas y en el estilo en general. La incorporación de temas minoicos en el arte moderno de la época aparece representado en obras plásticas como la serie llamada “Ariadna durmiendo” del pintor y escultor greco-itálico Giorgio de Chirico, creador de la pintura metafísica, o en la música, como la ópera del gran compositor de poemas sinfónicos, R. Strauss titulada “Ariadne auf Naxos”.

Un énfasis todavía más elocuente en relación a la representación de mitos minoicos se produjo durante el período de entreguerras, tanto en el trabajo de los modernistas como de los surrealistas. En tal sentido, artistas de la talla de M. Ernst, J. Miró, R. Magritte, S. Dalí, H. Matisse, M. Duchamp, J. Pollock o D. Rivera, representaron los mitos de Pasifae, Ariadna, el laberinto, Ícaro y, fundamentalmente, el minotauro. Baste recordar que el P. Picasso cubista empleó este tema del minotauro en una serie de trabajos, que incluyen la cubierta del primer número de la revista de arte llamada Minotaure, que salió a la luz en 1934.

Símbolos y mitos minoicos han continuado influenciando e inspirando obras de artes plásticas y de literatura. Es el caso de trabajos tan diversos como La caída de Ícaro de M. Chagall, el célebre Ulisses de J. Joyce, el Thèsée de A. Gide. Algo semejante ocurre con el caso del laberinto, cuyo uso se observa plasmado en la obra de J.L. Borges, o el aura de los minoicos en la producción del mítico autor cretense N. Kazantzakis. Ese mismo espíritu es el que mostró el pintor surrealista griego N. Engolopoulos, que fue el artífice de las series Teseo y el Minotauro, en donde representa a Teseo llevando puesta una moderna fustanella griega (falda tradicional varonil).

En nuestros días la inspiración de la Creta minoica sigue expandiendo su influencia, pues ha influido en las artes decorativas, en la joyería, las miniaturas, exhibiciones, películas, juegos, en modernas creaciones estéticas y en composiciones musicales de lo más variado. Esta tendencia ha sido últimamente reforzada por dos factores que pueden considerarse capitales. Por un lado, el acceso a una información masiva a través de la Red, y por el otro, a la promoción de la isla de Creta como un destino turístico especialmente popular (al margen de las islas del Egeo), destacando los yacimientos arqueológicos (Festos, Cnosos) y los muy dotados museos arqueológicos, en especial el Museo Arqueológico de Heraclión.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, octubre, 2022. 

26 de septiembre de 2022

Ritualidad y mito en anillos dorados del período Neopalacial minoico




La religión de los minoicos se expresa en la adoración de la naturaleza. Las fuerzas de la naturaleza fértil se deifican y se representan en forma humana como la Gran Diosa de la Natura (o también del Sol, en consideración de Nanno Marinatos). Sus atributos aparecen reflejados por vez primera en el III milenio a.e.c. en la figura de la Diosa de Myrtos. Ya en el siguiente milenio, las actividades cultuales son reflejadas por medio de una rica iconografía que se focaliza sobre la imagen emblemática de la célebre Diosa de las Serpientes. En el tercer milenio, las actividades cultuales y el tiempo religioso se expresaban en la adoración de los ancestros y espíritus en las tumbas. Hubo primero una adoración al aire libre, en santuarios rupestres, para después estar centralizado el ritual en el palacio oficial y en las casa de culto.

La manera en que la diosa se aparece a los seres humanos y las interpretaciones de tales apariciones (epifanías) lo vemos principalmente en anillos-sellos de oro. En ellos se representan los diversos niveles de la epifanía, así como las actividades de culto primario relacionado a la visionaria aparición divina, al espacio físico y los santuarios en los que tal particular evento tiene lugar. En el ciclo epifánico también aparece una deidad masculina, que hace las veces de consorte de la diosa. Además, las principales actividades de culto asociadas con la epifanía son las adoraciones de los árboles, veneración de un árbol sacro por adoradores en estado de éxtasis, así como el culto de la piedra sacra (betilolatría), una roca o pequeño pilar de carácter sagrado. Un elemento presente en estos ritos son, asimismo, las danzas de grupos de mujeres. Entre los diversos ejemplos de anillos-sellos, nos detendremos a valorar tres notables ejemplares del período Neopalacial minoico. 

El llamado anillo de Minos (período Neopalacial, 1500-1400 a.e.c.), probablemente el más grande anillo de oro minoico, muestra una epifanía y actividades cultuales. Una diosa se presenta de forma triple: como una pequeña figura en la parte superior derecha suspendida en los cielos, luego aparece sentada sobre un santuario con escaleras y finalmente se la ve navegando sobre el mar en un bote que debe estimarse sacro. La composición se ve complementada por una doble escena de la adoración de los árboles, por parte de una figura masculina en el centro, y de una mujer a la izquierda. Hay que destacar que los árboles sagrados brotan de los santuarios, en tanto que un pequeño santuario también se muestra sobre la barcaza. El mar, por su parte, es indicado a través de un modelo en red de ondas, en tanto que lo que se supone es la línea costera se marca con enormes cantos rodados. El simbolismo sugerido en la escena alude al concepto del dominio de la diosa sobre los tres niveles del mundo físico, mar, tierra y aire (lo que incluye el inframundo).

Este otro anillo de oro del cementerio de Fourni Archanes y también datado en el período Neopalacial, representa una deidad femenina flanqueada por una escenas de adoración de los árboles y otra referida a la piedra sacra o betilo. Varios símbolos sagrados y una mariposa completan la representación. La mariposa, como el caso de la polilla, al menos en períodos posteriores, simboliza el alma del difunto.

El tercer ejemplo es un anillo-sello de oro, de la tumba de Poros Herakleion, también del período Neopalacial, en esta oportunidad tardío (en torno a 1450 a.e.c.), que parece mostrar la escena de la conversación sagrada entre una deidad femenina y otra masculina. La epifanía es representada por una pequeña figura suspendida  y por diversos símbolos sacros en el cielo. La composición se complementa con grandes aves y una típica escena de la adoración del árbol.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, septiembre, 2022.

19 de septiembre de 2022

Museo Arqueológico de Heraclion (Creta): interpretación mítico-religiosa de algunas piezas










Imágenes: todas las imágenes son personales, realizadas por el autor

En esta reseña se harán unos breves comentarios acerca del acercamiento hermenéutico que comencé a llevar a cabo en relación a ciertas piezas del Museo Arqueológico de Heraclion (en la isla de Creta), casi con total seguridad, mucho menos conocidas que algunas de las más espectaculares que el museo posee (sarcófago de Hagia Triada, frescos minoicos de Cnosos, diosa de las serpientes, conjunto de deidades con los brazos levantados o la, casi única, estatua de Hades-personalidad y Perséfone, entre otras muchas más). El hilo conductor es la búsqueda de connotaciones mítico-religiosas.

En primer término un plato cerámico con representación de  lo que puede ser un par de sacerdotisas reverenciando a una deidad, en una suerte de danza; en segundo lugar, un modelo de santuario en forma de casa con tejado móvil con cuernos de la consagración, que posee una figura descansando sus pies sobre un escabel, probablemente una sacerdotisa que plausiblemente representa una escena de epifanía dramatizada, siendo la propia sacerdotisa una parte presente en un tipo de representación divina o mítica teatralizada; en tercer lugar, un modelo en terracota de stoa con dos columnas y muro con ventana, en donde están cuatro figuras recibiendo ofrendas sobre altares, de parte de otras dos más pequeñas con vasos en sus manos. Podríamos estar ante una escena de culto a los antepasados, relacionado con los fallecidos inhumados en la tumba en donde apareció la pieza.

En cuarto término, se aprecia el cuello de una jarra con impresiones de sello cilíndrico en el que parece apreciarse el asesinato de una mujer por parte de dos figuras masculinas con espadas ante la presencia de otra mujer. Tal vez sea la prefiguración de una escena de la Orestíada de Esquilo, la muerte de Clitemnestra por Orestes delante de Electra; en quinto lugar, un cuenco cerámico con animales en sus bordes y un ave en el centro, contemplada por una figura antropomorfa con manos sobre la cabeza. Podría ser la preconcepción de espacio paradisíaco con la presencia del alma del fallecido en el centro en forma de ave, y el difunto (humano), en actitud de plegaria, con manos sobre la cabeza; en sexto lugar, una placa de mármol con Leda siendo vulnerada por un enorme cisne (Zeus metamorfoseado) en presencia de un colaborador Eros, en plasmación aparentemente clara del conocido mito.

Por su parte, en séptimo lugar, vemos un tambor de bronce de la cueva del monte Ida con lo que puede ser la representación del mito de nacimiento del Zeus cretense, cuyos lloros eran acallados por los curetes. En el centro estaría Zeus sobre un toro y dominando un león. Aparece flanqueado por los curetes, representados al modo de démones alados asirios que están golpeando tambores, siguiendo influencias orientales; en octavo término, la decoración de una urna funeraria con una figura alada masculina, probablemente el mítico Talos, siendo flanqueado por esfinges; y en noveno lugar, vasija funeraria compuesta de un cuerpo en forma de ave, cabeza de toro y asa en forma de cuerpo y cabeza de una mujer en posición ecuestre. Podría tratarse de una alusión al rapto de Europa por Zeus, esta vez en forma de toro. Son relevantes los detalles pintados del cabello y la cara femenina así como las alas del pájaro. No obstante, también podría ser una suerte de sirena, aunque la cabeza de toro resulta aquí peculiar.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, septiembre, 2022.