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18 de agosto de 2020

Vídeos (D): Ciudades del mundo antiguo: una historia

 

Amigos, amigas, colegas, compañeros, estudiantes, lectores todos. Disponible el cuarto vídeo de la serie Ciudades del mundo antiguo: una historia. En esta ocasión, cuatro “nuevas” ciudades del mundo antiguo, ubicadas en el continente africano, tres de ellas pertenecientes al Egipto de la antigüedad (Buto, Menfis, Tebas-Luxor) y la otra en el ámbito del Mediterráneo, Cartago (en el Túnez actual). Como es habitual, espero y deseo que pueda ser de alguna utilidad o interés, o bien un mero divertimento para comentar. Cualquier tipo de comentarios, críticos o no, preguntas o sugerencias, siempre serán bienvenidas (y contestadas en la medida de lo posible). Un saludo cordial. J.L.S.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-FEIAP, agosto, 2020.


19 de agosto de 2018

El Neolítico en África





Imágenes (de arriba hacia abajo): una posible escena de combate. Pinturas de Tassili, Argelia; una serie de fragmentos de huevos de avestruz con decoración; y una gubia del yacimiento de Shaheinab.

El proceso de Neolitización en el continente africano no ha sido un proceso de segundo orden. Hay que tener en cuenta que un buen número de cultivos, entre ellos el ñame, el cacahuete, el sorgo, algunas variantes de mijo o la espadaña son originarios de África.
El proceso comenzó en la región del noroeste del continente, en unas fechas que oscilan entre 7000 y 5000 a.e.c., llegando a su fin en una época tan tardía como el siglo I en la zona meridional. Los dos elementos clave de la neolitización africana son, por un lado, la llegada de gentes al valle del Nilo y, por el otro, la evolución autóctona de ciertos grupos mesolíticos en las zonas interiores del Sáhara y el Magreb.
El norte del continente, de clima mediterráneo, presentaba condiciones aptas para el cultivo de cereales, esencialmente cebada y trigo. Los yacimientos más antiguos se encuentran en el Sáhara y el valle del río Nilo. Hacia el VI milenio, los grupos mesolíticos prepastoriles del área desarrollaron una economía productiva que daría lugar a grupos culturales diferentes en lo que hoy es Sudán y Egipto, la amplia región del Magreb y el Sáhara.
En el valle del Nilo, gentes provenientes del exterior desarrollarán las culturas de Shaheinab (Jartúm) y de Fayum.
El neolítico de Jartúm, en el valle medio del Nilo, se data entre 4900 y 3800 a.e.c. Se relaciona con una tradición mesolítica local así como con el Sáhara. Los yacimientos más relevantes son Jartúm, Shaheinab, Geili y Kadero. La economía de esta cultura se centra en la caza y la pesca, en la recolección, sobre todo de sorgo, y en la ganadería de bóvidos, ovejas y cabras. Existen yacimientos pequeños, cercanos al Nilo, en los que han aparecido arpones y microlitos y que, por tanto, estarían dedicados a la pesca, así como otros mayores, más alejados del río, con presencia de cerámica y morteros. Es posible que esta particularidad responda a una ocupación cíclica. Ciertos indicios apuntan a una estratificación social. Se trata de algunas inhumaciones en Kadero, en donde ricos ajuares, con amazonita sahariana, cerámicas de lujo, mazas y conchas provenientes del Mar Rojo, apuntan hacia esa dirección.
La cultura material, por su parte, está conformada por la presencia de morteros, arpones de hueso, cerámica impresa, incisa, fina y bruñida, anzuelos confeccionados en concha, microlitos geométricos y gubias pétreas pulimentadas. En el yacimiento de Jebel Tomat, en el centro de Sudán, así como en el sitio de Dhar Tichitt, localizado en la actual Mauritania, es donde se han hallado los primeros restos de especies cultivadas. Al final del Neolítico la proporción de los yacimientos disminuye, quizá como consecuencia de una economía ganadera y comercial que suponga el abandono de la agricultura. En cualquier caso, en la necrópolis de El Kadada (Sudán) así como en la de Kadruka (Nubia septentrional), datadas entre 2800 y 2300 a.e.c., existen ricos ajuares en tumbas agrupadas alrededor de una más antigua y suntuosa que se ubica en las zonas más elevadas.
En Merimda y el Fayum (hacia 4450 a.e.c.), se encuentran las primeras culturas neolíticas del norte del continente, que presentan influencias de la región levantina del Próximo Oriente de Asia, de donde procederían útiles en piedra pulimentada, puntas de flecha, la agricultura del trigo, el lino y la cebada, la ganadería de cabras y ovejas, así como, muy probablemente, el hilado y el tejido, así como del Sáhara, lugar de procedencia de las hachas pulimentadas, ciertas decoraciones cerámicas y las cuentas de cáscara de avestruz y de amazonita del Tibesti. En el oasis de El Fayum se descubrieron grandes asentamientos (con poblaciones que rondarían las dos centenas de personas), en los que se encuentran cabañas de madera con hogares internos, además de silos concentrados (tal vez comunales), fechados hacia 3800 a.e.c. La base económica sería mixta, a base de caza y pesca (que incluiría hipopótamos), la ganadería, centrada en la cría de cerdos, ovejas, cabras y bóvidos, y la agricultura de cebada y trigo.
La cultura material consiste en la presencia de hoces en piedra con mangos de madera o de hueso, puntas de flecha bifaciales, hachas, molinos de piedra, cerámica bruñida y lisa así como punzones y arpones de hueso. La cultura abarcaría dos fases: una, de 4450 a 3550 a.e.c., en la que se presentan claras afinidades con el Próximo Oriente y se caracteriza por los útiles bifaciales y una industria de lascas; y la otra, de 3450 a 2850 a.e.c., con una industria microlaminar de la que podrían ser responsables grupos humanos llegados del Sahara oriental.
En el gran yacimiento de Merimda Beni Salama (3950-3450 a.e.c.), que pudo contener casi dos millares de personas, las primeras viviendas fueron hechas de madera (luego de adobe), presentando una planta ovalada, semiexcavada. Entre las casas se ubicaban sepulturas sin ajuar, sobre todo de mujeres e infantes. Alguas zonas son de trilla, con jarras con función de silos en los suelos de las viviendas. Aparecieron algunas figurillas humanas, de factura bastante tosca. En sus fases finales parece que hubo una cierta diferenciación social, pues algunas casas de un tamaño distinto, con graneros en su interior, pudieran ser un posible indicio de propiedad privada.
La primera colonización sahariana postglaciar se produjo hacia el IX milenio, tal y como constatan yacimientos con microlitos así como la presencia de campamentos temporales de recolectores (gramíneas) que provienen de la costa mediterránea, y cazadores locales. Se emplean anzuelos hechos en concha y arpones óseos. Ya hacia el séptimo milenio se elabora cerámica decorada con espina de barbo, una cerámica que se difundirá hacia el valle del Rift y el Nilo, así como hacia occidente, el río Níger, gracias a los pastores nómadas.
Únicamente a mediados del I milenio a.e.c. aparecen comunidades agrícolas, dando comienzo la expansión bantú hacia el sur y el centro del continente. Los indicios apuntan al cultivo de mijo y sorgo, además de la domesticación de bovinos.
En esta región hay tres grupos de Neolítico. El primero de ellos, el Mediterráneo, en la costa del Magreb; el segundo aquel de tradición industrial Capsiense, en las zonas interiores del Magreb; y el tercero, el Tenereense en el Sáhara central. Los tres poseen en común una economía pastoril, cerámicas incisas y un utillaje pétreo análogo. Del neolítico Mediterráneo destaca el yacimiento de la cueva de Oued Guettara, datada hacia 4900 a.e.c., así como el llamado cementerio de los escargots. Estos sitios encajan con aquellos de la costa opuesta del mar Mediterráneo, de donde procederían, como el caso de Curriachiagu, en Córcega, Cueva de los Murciélagos, en Córdoba, o Chateneuf-les-Martigues, en la Provenza francesa. La relación marítima con la zona europea de la costa mediterránea se verifica por los hallazgos de obsidiana de Lípari y Pantelleria en yacimientos de Argelia y Túnez, así como en la presencia de cerámica cardial en el norte de Marruecos (Gar Cahal, Cueva de Achakar, por ejemplo).
El Neolítico de tradición Capsiense se definió a partir del sitio de Redeyef (Túnez). La facies propiamente neolítica de la región capsiense corresponde a Jebel Bou, en Argelia, con presencia de morteros y útiles en hueso. La cultura material incluye agujas de coser en hueso, puntas de flecha bifaciales, recipientes de cáscara de huevo de avestruz y, sobre todo, ejemplos de arte mueble en forma de grabados de animales y cuentas de collar confeccionadas con caparazones de tortuga. La cerámica es bastante escasa.
El Tenereense (Ténére, y macizo de Air, Sáhara central, al norte de Níger, aunque se extiende al sur de Argelia, como Tassili, y a Chad), se fecha entre 3850 y 2450 a.e.c. Su presencia es clara en los yacimientos de Adrar Bous. En la cultura material destaca la presencia de herramientas en jade verde y sílex, sobre todo puntas de flecha bifaciales triangulares, así como microlitos geométricos, raspadores, raederas y cuchillos. Además se han hallado azuelas y hachas, en tanto que la cerámica presenta decoración impresa e incisa. El arte rupestre y mueble es muy notable, destacando las famosas figuras antropomorfas y zoomorfas de Tassili.
En el África oriental el Neolítico parece originarse a partir de los contactos con grupos de pastores migrantes que se dirigen hacia el sur escapando de la desecación sahariana. En esta amplia región el Neolítico se data entre 4000 y 1300 a.e.c., destacando el complejo cultural llamado Neolítico Pastoral (Kenia y norte de Tanzania).
En el norte del África Oriental fue Etiopía la clave en la difusión de la agricultura. En esta área se cultivaron, hasta la actualidad, especies de origen asiático, en tanto que la ganadería de bóvidos, en torno al lago Besaka, se constata ya en el IV milenio. Los vestigios agrícolas más arcaicos corresponden a los hallazgos de la Cueva de Lalibea, en especial guisantes y cebada. En las proximidades del célebre lago Turkana, yacimientos de grupos mesolíticos aparecen asociados con los ejemplos más antiguos de ganado doméstico.
En los sitios del Neolítico Pastoral hay restos de ganado, tanto ovejas y cabras como vacas, si bien en una proporción inferior a los vestigios de especies animales salvajes, básicamente ñúes y gacelas, un dato que hace factible pensar que la cría de ganado pudo ser un complemento. No hay pruebas de cultivo de plantas, si bien se puede pensar que recolectarían especies silvestres, pues se encontraron morteros. En las tierras altas de Uganda, Kenia y Etiopía se cultivaron plantas zonales, del tipo del nug y del plátano africano. En las zonas selváticas se repite el fenómeno, pero con la palma aceitera y tubérculos como el ñame. La cerámica está también presente.
Existen en la zona yacimientos con presencia, normalmente en inhumaciones, de útiles líticos (en obsidiana), hojas, lascas y cerámica, además de recipientes pétreos, sobre todo cuencos. Estos útiles han dado lugar a la denominación de grupos, entre los que sobresale el llamado Cultura de las vasijas de piedra.
Aunque en el África Occidental solamente se han podido documentar animales domesticados a mediado del III milenio, y de plantas no antes de 1200 a.e.c., la presencia en esta región de hachas, azadas, microlitos y cerámica fechables entre 5000 y 4000 a.e.c., levantan serias sospechas acerca de la época de inicio aquí del neolítico. La primera cultura neolítica conocida fue la de Kintampo, hacia 1600 a.e.c., que se desarrolló en lo que hoy es Ghana, Togo y Costa de Marfil, esencialmente presente en abrigos rocosos.
Los indicios de sedentarización en pequeños asentamientos se obtienen de la abundante cerámica y de las herramientas líticas, sobre todo puntas de flecha (Ntesero), las hachas pulimentadas, quizá empleadas para talar bosques, morteros y brazaletes de piedra. Existen, por otro lado, restos de actividad ganadera de cabras, vacas y ovejas y agrícola de palma, guisantes y ñame. Muy probablemente estas gentes recolectasen sorgo y mijo. En Duadi Tilemsi (río Níger) y en Kintampo (Ghana, cuyas fases finales se documentan hacia 1050), se han hallado restos de bóvidos domesticados datados en torno al 2000 a.e.c. la presencia de materias primas es un indicador de un intercambio comercial a larga distancia. Lo mismo podría decirse al respecto de la presencia de figurillas zoomorfas hechas en arcilla.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. 

5 de abril de 2017

Publicación: revista Egiptología 2.0 (n° 7, abril), 2017


Acaba de salir el nuevo número de la revista Egiptología 2.0 (concretamente el 7), correspondiente al mes de abril de 2017. En la misma, que se puede descargar completa, y sin costo alguno, se encontrarán notables trabajos referidos a los animales sacros, al origen del poder político del faraón, acerca del dios Serapis y la Piedra Rosetta o sobre la génesis conformativa del Egipto de la antigüedad, entre otros varios igual de interesantes. En esta ocasión, la aportación que me corresponde se titula Los referentes geográficos en la mitología egipcia. Espero que estos artículos puedan ser de utilidad y del agrado de todos. J.L.S.

Enlace corto para la descarga: https://goo.gl/wsDO83

18 de mayo de 2015

Lenguas y etnias en el África de la antigüedad

Las lenguas y hablas de las gentes de África se integran en tres grandes grupos: lenguas camito-semíticas, negroafricanas y las particulares lenguas khoisánidas. No obstante, habría que sumar la lengua de los malgaches, habitantes de la isla de Madagascar, que presenta una notable influencia de Indonesia.
El primer grupo abarca tres familias, semítica, del África del norte, de Marruecos a Egipto, además de Etiopía y Eritrea (en donde coinciden con lenguas kuchitas) bereber, en el Sahara, en donde incluye el tifinagh y el guanche (de los aborígenes de las islas Canarias), y kuchita o camítico, desde el Nilo medio al Mar Rojo, y sectores de Etiopía y Somalia, así como zonas del occidente de Sudán. En el segundo se incluye el habla sudanesa[1], en toda el África occidental. Es probable que las poblaciones del sur de Sudán oriental pertenezcan a un grupo diferente al sudanés, el nilótico (que agrupa lenguas con características camíticas. Grupos nilóticos, de hecho, se mezclan entre las poblaciones camíticas y semíticas del África nororiental, como en Uganda y Kenia. El límite sur de las lenguas sudanesas nilóticas y de las camito-semíticas sirve de frontera septentrional del tronco de las lenguas bantúes. Las lenguas khoisánidas agrupan el habla hotentote y la bosquimana (famosa por los clicks, únicos en el mundo), hablas ambas aglutinantes. El primero puede derivar del camítico, aunque también pudiera estar emparentado al khoi-san, con el que pudo conformar un tronco común.
Entre los grupos étnicos son varios los que deben destacarse. Los pigmeos son cazadores de la región selvática húmeda. De pequeña estatura y de color negro, parece que descienden de antiguos pobladores del África ecuatorial desde el Holoceno. Los melanoafricanos pueblan el continente desde los confines de Sahara hasta El Cabo, y del litoral del Océano Índico al del Atlántico. Son de elevada estatura y color negro, y se dedican a la agricultura y el pastoreo. Su existencia puede provenir del Paleolítico, aunque no hay restos identificados de antepasados directos más arcaicos que el Hombre de Asselar, hallado en Mali. Los Capoides o Khoisan (llamados hotentotes y bosquimanos anteriormente), son arcaicas poblaciones de cazadores-recolectores, hoy apenas confinados al desierto de Kalahari. Son de pequeña y mediana talla, de pigmentación aceitunada. Bereberes, libios y egipcios, agricultores y también pastores, que hablan lenguas emparentadas entre sí, pueden aparecer mezclados con negros en la zona saharaui y en la cuenca del Nilo. Los eritreos, en la región este del cuerno de África, comprenden varias etnias, somalí, galla, abisinia y danakil, entre otras. Son de gran estatura y con extremidades alargadas y cabellos lisos. Los malgaches son de origen indonesio. Emigraron a la isla y allí se mezclaron con negros de habla bantú del África oriental. Sus características sobresalientes son su amarillenta y ocre pigmentación y sus rasgos asiáticos.
Hoy la antropología y la etnografía aceptan en África la presencia de dos secuencias raciales, una en el África septentrional, y otra al sur del Sahara, sumadas a una tercera, lo que daría lugar a tres secuencias: una afroaustral (capoide), otra congoide, y la tercera caucasoide, catalizadora de las anteriores. La secuencia capoide se puede remontar al Paleolítico Medio, en el horizonte Ateiense. Se le asignan cráneos fósiles bosquimanos, los concheros de Homa, en Kenia, Florisbad y Fish Hoek en Sudáfrica. La secuencia congoide se pudo manifestar al sur del Sahara en el Pleistoceno. Se le atribuyen fósiles como el Hombre Chelense III, la calota craneana de Saldanha, y el cráneo de Broken Hill, con dataciones de unos 500000 mil años[2]. La llegada de los bosquimanos pudo propiciar una miscegenización con los primitivos capoides. A la secuencia caucasoide se le atribuyen útiles líticos en hoja, identificados en Egipto, en Kom Ombo, datados en 12000 a.e.c. Es probable que también le corresponda a esta secuencia las osamentas de los hombres coetáneos del Capsiense halladas en Tanzania y Kenia. Son individuos de gran altura, nariz achatada y maxilar prominente, quizá fruto de la miscegenación entre negros y caucasoides. Las gentes del Capsiense, de hecho, se antojan caucasoides, probablemente mediterráneos, aunque los primeros moillianenses de la costa argelina y marroquí eran diferentes[3].
En el Egipto prehistórico los cazadores y depredadores del valle del Nilo presentaban un componente genético nativo africano, mientras que los agricultores del Neolítico, asentados en las márgenes del río, pudieron ser ya caucasoides procedentes de la región de Siria-Palestina o, incluso, de Anatolia. Al final del protodinástico ambos grupos se habrían miscegenizado. En Nubia ha salido a la luz la secuencia racial caucasoide en algunos yacimientos mesolíticos, con la presencia de cráneos dolicocéfalos, frentes huidizas, prognatismo alveolar y mandíbulas muy robustas. Los restos de egipcios dinásticos parecen tender hacia las formas caucasoides. Sin embargo, la franja africana del norte del Sahara originalmente tuvo una población no caucasoide. Cuando los caucasoides llegaron se mezclaron con algunos nativos, relegando a los demás hacia el sur. Sucesivas oleadas caucasoides posteriores provocaron que la población del norte de África fuera cada vez más caucasoide[4]. La secuencia incluyó, en consecuencia, muchas gentes leucodermas, los actuales árabes y otras etnias análogas.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. Doctorado en Historia.



[1] En el conglomerado sudanés los expertos han señalado la presencia de diversos grupos, el nigrítico mande, el sudanés del interior y el semi bantú.
[2] El origen de los negros y pigmeos es un enigma. Sin embargo, hay indicios de que el este y el sur del continente no conoció población humana hasta la llegada de los portadores de hendedores y mandorlas achelenses.
[3] Los esqueletos de las grutas de Taforalt en Marruecos y Afalou-Bu-Rhummel, en Argelia, parecen pertenecer, como algunos hallados en las Canarias, a gentes de elevada estatura, cráneo macizo, mandíbula fuerte y fosas nasales anchas. Les denominan cromagnones africanos, al margen de su evidente aire caucasoide-leucodermo. Sus orígenes raciales, aunque se hayan mezclado con indígenas, podrían encontrarse en las gentes del ateriense.
[4] En el África colonial, ya a partir del siglo XVII, el tráfico de esclavos empezó a invertir esta clara tendencia.

1 de diciembre de 2013

Etiopía antigua: imperio y religión en el Kebra Nagast

El Kebra Nagast (Gloria de los Reyes), es un texto etíope escrito en la arcaica lengua de ese país, inicialmente en el geez de los habitantes del reino de Aksum y, posteriormente, en amárico. Su compilación, quizá a manos de un sacerdote copto, se produjo entre los siglos IV y VI, aunque su establecimiento definitivo solo se produjo en el XII. En él se narra la tradición religiosa del arcaico imperio cristiano de Etiopía. Se conforma a partir de textos judíos rabínicos veterotestamentarios, extractos del Corán y algunos de sus comentarios, ciertos Evangelios cristianos, leyendas tradicionales árabes, sobre todo sirias y de Palestina, leyendas coptas, etíopes e, incluso, del antiguo Egipto, así como textos apócrifos, como el Libro de Adán y Eva, El Libro de la Perla o La vida de Ana, madre de la Virgen María, entre otros. Por medio de notas de carácter histórico, arqueológico, mítico y religioso, se menciona el traslado de la dinastía regia de Israel desde Jerusalén hasta la antigua Sheba o Saba (Etiopía), simbolizado en el cambio de localización del Arca de la Alianza y el decálogo[1]. El Arca pasa de Salomón a un hijo ilegítimo tenido con la Reina del Sur, esto es, Etiopía, llamada Makeda[2]. Este vástago, de nombre Bayna-Lehekem[3], es coronado como rey de Etiopía con el título de David II o Menyelek I, en algún momento del siglo X a.C. Con él se iniciaría la línea de los reyes de Etiopía, cuyo comienzo se conecta, por lo tanto, con la descendencia salomónica y la línea en la que se encuentran renombrados personajes bíblicos[4], como David, Moisés y Abraham[5].
El texto podría considerarse, en esencia, un intento de elaborar una mitología historizada o una historia nacional fundamentada en elementos mítico-religiosos para justificar la dinastía divino-imperial etíope, cercana al modo del Kojiki japonés. La sustentación mitológica y religiosa confiere a la dinastía un poder indiscutible e indiscutido, una fuerza sancionadora y de posterior reivindicación étnica nacional. El Kebra Nagast es, en definitiva, uno de los textos clásicos para comprender la hermenéutica bíblica de los Rastas, pues al registrar la historia del linaje del rey David, completa algunas historias bíblicas y recupera otro sentido de la propia tradición cristiana.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Ciencias Sociales, UCV



[1] Tal cambio supone la instauración en Etiopía de la monarquía teológica israelita y una conexión genealógica con la Biblia, en especial, con el Antiguo Testamento.
[2] Esta reina, antigua adoradora del sol, empezará a adorar al Dios de Israel cuando conoce a Salomón. En esta transformación reside el paso de una arcaica tradición politeísta a una monoteísta.
[3] Ebna Hakim o “hijo del Sabio”, también denominado Menekik I.
[4] Pudiera no resultar apropiado para el status quo de la Iglesia Católica enfrentarse con una historia que ubica en África la tierra prometida, entre un pueblo negro como el abisinio.
[5] El último rey etíope fue Ras Tafari Makonnen, coronado emperador en 1930 con el título de negus negesti Haile Selassie I. La idea subyacente aquí es la de un rey negro, líder de un continente, el africano, libre, soberano y poderoso, que propicia el culto espiritual del rastafarismo, símbolo de la definitiva emancipación de la esclavitud.

1 de marzo de 2012

Antiguas Culturas de África VII: el Gran Zimbabwe


IMÁGENES: LA PRIMERA ES UNA HIPOTÉTICA RECONSTRUCCIÓN DEL GRAN ZIMBABWE; LA SEGUNDA, UNA FOTOGRAFÍA DE LAS RUINAS ACTUALES.

Los primeros pobladores de este gran reino pueden corresponder la Edad del Hierro. Serían agricultores y posteriormente mineros, expertos en el trabajo metalúrgico del oro, el cobre y el hierro. Serían poblaciones de lengua shona las que unificarían un territorio comprendido entre los grandes ríos Zambeze y Limpopo. Mucho más tarde, en el siglo XI, se instala en esta región el pueblo rozwi, que es el iniciador de las construcciones de piedra, si bien sería luego dominado, un par de siglos después, por los moire, que desarrollaron la más refinada civilización de Zimbabwe, tal y como muestran los impresionantes vestigios arqueológicos de la región. Es en el siglo XV cuando se consolida un Estado centralizado, de mano de un poderoso jefe llamado Mwene Mutapa, de cuyo nombre procede la denominación de los navegantes portugueses del reino (monomotapa). Es el mismo siglo, no obstante, que conoce el declive del reino, incapaz de mantener la unidad tras la fragmentación de una dinastía rozwi al sur.

Prof. Dr. Julio López Saco

Doctorado en Historia y en Ciencias Sociales, UCV

Fuentes

-F. El-Bekri, Description de l’Afrique septentrionale (edic.Mac Guckin de Slane), edit. Maisonneuve, París, 1965

-L. Mármol Carvajal, Descripción general de África, I.E.A., Madrid, 1953

Bibliografía

-Anta Diop, Ch., L’Afrique Noire Precoloniale, edit. Presence Africaine, París, 1960

-Baba Kane, I. & M’Bokolo, E., Histoire générale de l’Afrique, vol. 2: L’ére des grands empires. Le Moyen Age africain, edit. ABC, París, 1977.

-Bertaux, P. África. Desde la Prehistoria hasta los Estados actuales, edit. Siglo XXI, Madrid, 1972

-Cornevin, R. y M., Historia de África, edic. Moreton, Bilbao, 1969

-Cortés López, J.L., Introducción a la historia del África Negra, edit. Espasa Calpe, col. Austral, Madrid, 1984

-Gómez-Tabanera, J.M., Las culturas africanas, edit. Hist. 16, Madrid, 1988

-González de Echegaray, C., Historia del África Negra, edit. Nacional, Madrid, 1974

-Ki-Zerbo, J., Historia del África negra, I: De los orígenes al siglo XIX, Alianza edit. Madrid, 1980

-Martínez Carreras, J.U., Los imperios africanos, edic. Hist. 16, Madrid, 1985

-Niane, D.T. (edit.), Historia general de África, IV: África entre los siglos XII y XVI, edit. Tecnos-Unesco, Madrid, 1985

-Paques, V., Les peuples de l’Afrique, edit. Bordes, París, 1974

-Shinnie, P.L., Meroe, edit. Thames & Hudson, Londres, 1967

-Vázquez Hoys, A. M. & Fernández Uriel, P., Introducción a la Historia Antigua I: Próximo Oriente y Egipto, UNED, Madrid

22 de febrero de 2012

Antiguas Culturas de África VI: Reinos de Kanem-Bornu, Benín y Kongo






IMÁGENES. LA PRIMERA CORRESPONDE A UN SACRIFICIO DE UN TORO EN UNA PLACA DE BRONCE. REINO DE BENÍN, NIGERIA. LA PIEZA SE ENCUENTRA EN EL BRITISH MUSEUM; LA SEGUNDA, HACE REFERENCIA A UN OBA O REY DE BENÍN EN UNA PLACA DE BRONCE. MUSEUM FUR VOLKERHUNDE, BERLÍN. SIGLO XVII.

El reino de Kanem-Bornu fue conformado por un componente de población So, que en el siglo VII ocupó la ribera este del lago Chad, sumado a grupos de nómadas blancos, bereberes o tuaregs, llegados durante el siglo siguiente al mismo lugar. Su mezcla dio lugar a la población kanembu, que hacia 800 crea una dinastía real, iniciada por Dugu, y que es el origen de la familia Sefuwa. La capital del reino se oficializa en Njimi. A fines del siglo XI, con un soberano de nombre Humé se introduce el Islam. Una serie de movimientos insurreccionales de pueblos sometidos provocaron diversas campañas militares que terminaron por fracturar el reino.
El Reino de Benín se formó, según cuenta la tradición, mediado el siglo XII, con la presencia de Eweka I, hijo de un jefe militar yoruba. Pero no fue hasta mediado el siglo XIV, con Eware el Grande, cuando Benín adquirió su mayor prestigio y fuerza. Unas décadas después entra en contacto con los portugueses, a la postre los incitadores de su paulatino declive.
El Reino de Kongo, finalmente, tuvo su apogeo tardíamente, no antes de los siglos XV y XVI, cuando su territorio se extendía desde el bajo Congo hacia el norte, hasta el río Kwanza en el sur, y hasta la costa del Atlántico hacia el occidente, estando dividido en seis provincias tradicionales- La entrada en contacto con los navegantes portugueses provocó la sucesiva conversión al cristianismo de congoleños, iniciándose con ello un progresivo declive hasta la total asimilación a la monarquía lisboeta y la derrota definitiva en manos lusas.


Prof. Dr. Julio López Saco

UCV-UCAB

13 de febrero de 2012

Antiguas Culturas de África (V): El Reino Islámico de Mali

IMAGEN: CONSTRUCCIÓN RELIGIOSA DEL REINO DE MALI


El Reino-Estado negro de Mali toma el relevo de Ghana. Se trata de un estado islamizado de lengua mandinga, cuyo apogeo se produjo en el siglo XIV, en un territorio comprendido entre la costa atlántica y Mauritania, teniendo como centro neurálgico el alto Níger. Su historia comienza en el siglo XI, según registra Ibn Haldun, cuando un ketra o señor principal, llamado Baramendano, presionado por sus vasallos debido a una fuerte sequía, acude a los almorávides en busca de ayuda, propiciando su conversión al Islam. Las desavenencias sucesoras, a fines del siglo XIII, propiciarán que un ex esclavo, de nombre Sakurna se haga con el poder, pero de modo efímero, antes de la implantación de una dinastía en la que sobresale el rey Abú Bakary II y su hijo Kankan Musa (luego conocido como Mansa Musa 1312-1337), este último el más relevante soberano negro de esta época, caracterizado por un gran prestigio y por la fastuosidad de su corte. Con él se creará un verdadero puente cultural entre el mundo negro y el árabe, pues muchos sabios y letrados blancos acudieron a su corte, y varios mercaderes venecianos debieron haberlo conocido en El Cairo, llevando su fama hasta Europa. Sin ir más lejos, a su corte llegó el arquitecto y poeta Es-Saheli, reconstructor de Tombuctú, con edificaciones que semejan las creaciones mudéjares. También con este rey se oficializó un comercio transahariano, monopolizado por su reino. A la muerte de sus sucesores, en especial su hermano Solimán, en 1360, comienza la decadencia del Reino de Mali, enfrentado a los ataques de los tuaregs, quienes logran irse apoderando, paulatinamente, de ciertos enclaves, hasta que en 1435 toman Tombuctú, y sufriendo las penetraciones de poblaciones Fulbé. A pesar de todo, el reino mantiene su prestigio hasta avanzado el siglo XV, momento en que inician su hegemonía los reinos Bambara.


Prof. Dr. Julio López Saco

Doctorado en Historia, UCV

1 de febrero de 2012

Antiguas Culturas de África IV: Reinos-Estado sudaneses subsaharianos (II). Reino de Audoghast y Reino de Songhai

El reino subsahariano de Audoghast, muy probablemente de origen bereber, pudo haber tenido su capital en Tegdaust (Mauritania), centro neurálgico de una ruta caravanera especializada en el transporte de oro y sal. Al-Bakri menciona la capital de este reino después de haber recibido noticias de ella de oídas, describiéndola como un núcleo de gran tamaño y con una población estimable. Es muy posible, gracias a referencias de Ibn-Haukal, que este reino suministrara sal a Ghana y al reino de Kukkia, en el Níger.
Los pescadores sorkos, del grupo étnico Songhai, no poseían unidad, hasta que en el siglo VII, según una conseja tribal legendaria, dos caminantes, blancos y nómadas bereberes, llegaron desde el desierto. Estos personajes errantes fueron adoptados por los negros Songhai, les proporcionaron mujeres, y con ellas tuvieron una gran descendencia. La leyenda señala que fueron nombrados monarcas, comenzando así con ellos la dinastía Día, que gobernará entre los siglos VII y XIV. Parece que la autoridad real no fue reconocida por los pescadores, sino únicamente por los Songhai sedentarios, lo que motivaría que los Sorkos se instalaran en otra región rivereña. Esto motivaría la fundación de Gao y Bumba en competencia con sus competidores pescadores. Uno de los monarcas Día, según la traición, el décimoquinto, abandona el animismo tribal y se convierte al islam, trasladando la capital, a principios del siglo XI, a Gao, terminal de la ruta transahariana norteña, proveniente de Trípoli y El Cairo. El reino se extendía a lo largo de las dos orillas del Níger, desde Dendi hasta Gao, y se encontraba bajo la dirección de los jaas, quizás una fracción songhai mestizada con bereberes. Tras la conquista y predominio mandinga, desde fines del siglo XIII y comienzos de la siguiente centuria, los songhai logran liberarse de esta dominación del reino de Mali, conformado una nueva dinastía (sonníes), fundada por Alí Kolon, con centro neurálgico en Gao. Se establece ahora una monarquía, denominada de Gao, fundada sobre valores islámicos y consuetudinarios, que iba más allá del tradicional sistema político de federación de reinos como los de Ghana o de Mali. Este reino fomentó el desarrollo de una civilización urbana en toda la región sudanesa y saheliana.


Prof. Dr. Julio López Saco

UCV-UCAB, 1 de febrero del 2012

19 de enero de 2012

Antiguas Culturas de África III: Reinos-Estado sudaneses subsaharianos (I). Reino de Ghana

En la franja sudanesa, entre el Sáhara y la selva tropical húmeda se configuró, a partir de la expansión bantú, el estado-negro más antiguo independiente de legados clásicos y asiáticos, en una región denominada Wagadu o país de los rebaños. Cronológicamente el reino se sitúa entre el siglo VIII y 1076, momento en que su capital es tomada por los almorávides, si bien la decadencia se continua hasta el primer tercio del siglo XIII. El reino de Ghana se ubica en la terminal de una ruta caravanera, coincidente con la denominada ruta de los carros (llamada así por una serie de grabados rupestres que muestran carros, lo que recuerda la nota herodotea sobre los Garamantes o saharauis blancos que llevaban a cabo incursiones en el país de los etíopes, empleando para ello carros tirados por cuatro caballos). Estas rutas serán también esenciales en la constitución de otros reinos posteriores, caso del de Songhai o el Reino-Estado de Kanem, en época de la imposición islámica en el norte de África. La mención más antigua del reino de Ghana procede de un astrónomo árabe llamado Al-Zazari, quien habla de un país de oro (Ghana), en torno al Gangaran y Bambuko en la cuenca alta y media del Senegal. A comienzos del siglo X, un compilador islámico, Ibn al-Faquih, menciona la enorme abundancia de oro en la zona, en tanto que hacia 975, el viajero árabe Ibn Hawkal, señala el final abandono de la ruta subsahaiana de Egipto a Ghana por problemas de inseguridad y de índole climática. A pesar de las abundantes referencias en otros autores árabes (Al-Bakri, Al-Idrisi, Ibn-Jaldun), la tradición oral africana conserva muy escasas noticias de la existencia de este reino. Una de esas notas, alude al gobierno de veintidós reyes y a su fundación por parte de bereberes Zenaga, los introductores del fundamental camello en el sudeste del Sáhara.

El elemento étnico dominante estaba constituido por los bambara o mande, los wolof, serer, los tukolor y, sobre todo, los soninké. Es bastante probable que las gentes de Ghana hubieran conocido la actividad económica de la extracción de sal con mano de obra esclava (en Tagaza, Idjil). Los mercaderes del reino pudieron conocer el enclave aurífero de Bambuk, en donde comprarían polvo de oro a cambio de sal, contribuyendo con ello a la prosperidad y riqueza que al reino le confiere la historiografía árabe.

Algunas tradiciones del siglo XVII señalan que los primeros soberanos de Ghana fueron de raza blanca, quizá descendientes de bereberes saharianos. Sin embargo, el reino se formó y entró en la historia hacia 790, cuando un dirigente soninka toma violentamente el poder y, con el nombre de Kaya Maghan Sissé (Cissé Turkara-rey) se convierte en el primer soberano negro, fundando la dinastía de los Sissé, que estará en el poder casi tres centurias, del siglo IX al XI, con lo que se inicia su expansión y engrandecimiento. Durante esta época Ghana se expande hasta Tombuctú y Senegal, conformando más que un reino o un imperio, un núcleo de autoridad más amplio.


Prof. Dr. Julio López Saco

UCV-UCAB

13 de enero de 2012

Antiguas culturas de África II: Cultura de Nok, Cultura de Kush y Reino de Aksum


IMÁGENES: LA PRIMERA CORRESPONDE A LAS PIRÁMIDES DE MEROE, NORESTE DE SUDÁN; LA SEGUNDA, MUESTRA FIGURAS ANTROPOMORFAS DEL REINO DE NOK.


La cultura melanoderma nigeriana de Nok, desarrollada entre 500 a.n.E. y 200, corresponde a los primeros hombres que emplearon la metalurgia al sur del Sáhara. Este complejo cultural, apenas desvelado en los años cuarenta del pasado siglo XX, se caracterizó por una espléndida artesanía naturalista en terracota, como los ejemplares aparecidos en Wamba, Jemaa y Nok, que le da nombre a la cultura. Se trata de agricultores y cazadores que practican un culto a los antepasados, y que son capaces de modelar una artesanía de fuerte realismo figurativo.

La Nubia antigua, o Kush, pudo haber estado ubicada al sur de la primera catarata del Nilo, desde Assuán hacia el sur. Las noticias más antiguas del país Nuba proceden del Egipto faraónico, referidas a los contactos con las costas de Eritrea, la Arabia meridional y Somalia, que pudieron llevar el estadio de neolitización hasta el África negra. Ya hacia 2275 a.n.E., el faraón Pepi II envía expediciones hacia esta región, de donde trae productos exóticos y pigmeos. Los exploradores del faraón pudieron transportar ganado y simientes, enseñando así la domesticación de las plantas a los indígenas de esta región meridional. Todo ello fructifica al sur de Nubia, ya colonizada en el II milenio a.n.E. por Egipto, que mantuvo guarniciones coloniales sobre principados indígenas, denominados Kush, entre las dinastías XI y XII del Reino Medio. Los soberanos de las dinastías XVIII, XIX y XX, del Reino Nuevo, extendieron sus dominios hacia el sur del gran río, ocupando Nubia y explotando sistemáticamente los recursos minerales. En Kush florecerán, entonces, poblados egipcios. Precisamente, en Yebel Barkal, a inicios del I milenio a.n.E., existió un gobierno independiente, con una dinastía egiptizada, que sería la esencia del Reino de Kush, cuya capital política será primero Napata y más tarde Meroe. Los reyes de Kush, pasado el tiempo, constituirán la dinastía XXV de Manetón, con la presencia de cinco reyes, momento en que Napata se convierte en la auténtica capital de Egipto, y los reyes kushitas se alían con las ciudades fenicias de Tiro y Sidón, con la intención de oponerse al poderío asirio.

La población de Kush fue, inicialmente, principalmente blanca y mayoritariamente caucasoide. No obstante, hacia el siglo VI a.n.E., Kush varió sus límites hacia el sur, más allá de la Jartún actual. Es ahora cuando la nueva capital se ubica en Meroe, en una región de población melanoderma. Desde ese momento, los mandatarios kushitas gobernarán sobre poblaciones mixtas, caucasoides y negroides, si bien con mayoría negra. Es también ahora cuando la metalurgia del hiero se hace preponderante en el reino. Kush mantendría una economía autónoma que permitiría cierta expansión en superficie sudanesa. Tras la conquista romana en el siglo I a.n.E., a inicios del siglo IV el reino meroíta desaparece como entidad política, siendo anexionada la región por Ezana, el emperador de Axum.

EL reino de Axum (Aksum), fue fundado en la región oriental del Tigré por árabes que procedían del Yemen. La más antigua mención de este reino la encontramos en el Periplo del Mar Eritreo (datado entre los siglos I y III). Esta particular civilización, en torno al Mar Rojo, pudo haber poseído un sistema monárquico de influjo griego, y un sistema de intercambios culturales y mercantiles con los Himyaritas de la Arabia Feliz, esto es, del Yemen, y con el subcontinente indio. Conocemos bien a uno de sus más prestigiosos soberanos, Ezana, que a mediados del siglo IV se convierte al cristianismo, dificultando con ello las relaciones con el emperador bizantino, a la sazón el arriano Constancio II. Los reyes axumitas llevaron a cabo una política exterior doble en relación a bizantinos y romanos, quienes deseaban su fiel apoyo frente a los persas, en especial hacia la mitad del siglo VI.


Prof. Dr. Julio López Saco

Esc. Hist. UCV

Doc. Hist. UCV


9 de enero de 2012

Antiguas culturas de África I: las fuentes de estudio

En esta nueva serie que ahora comenzamos, dejaremos de lado las más antiguas culturas de Egipto así como las culturas libias preponderantes en época de dominio cartaginés y romano en el norte de África, que serán tratadas en otra serie posterior, autónoma.
Podemos destacar tres tipos de fuentes: las escritas, las arqueológicas y la tradición oral. En relación a las fuentes escritas debemos señalar las informaciones árabes, válidas tanto para el África negra como blanca, destacándose El-Bakri (siglo XI) y El-Idrisi (siglo XII), o los comentarios de viajeros de renombre, particularmente, Ibn-Battuta, hacia 1352, o León el Africano. También son útiles las crónicas de la historia medieval de África del norte, como ocurre con algunos escritos castellanos y portugueses. Es el caso de la crónica Le Canarien, de P. de Bontier y los textos del veneciano Alvisio de Cadamosto, a la sazón al servicio de Portugal, de mediado el siglo XV. Del mismo modo son útiles ciertos escritos en swahili, persas y chinos. Desde la óptica arqueológica es relevante la presencia de los vestigios cerámicos y del arte rupestre, esenciales para el conocimiento de las sociedades, creencias y mitos tribales del África sahariana, austral y oriental. El historiador puede, gracias al celoso mantenimiento de las tradiciones orales, conocer ciertas realidades culturales que han quedado fosilizadas en la memoria humana, en concreto en los más ancianos de las tribus. En la región de África occidental, los griots (suerte de bardos) y santones, son los depositarios de estas tradiciones, que les sirven para ilustrar, a modo de crónica, y muchas veces en forma cantada los recuerdos colectivos de tiempos inmemoriales, míticos y legendarios. Es el caso de los gawlo de los Peuls, los Dyali de los Malinqué y los Jeseré de los Soninqué. Estas personalidades se vinculan con la historia de las dinastías reales, cantando sus hazañas, con una cierta dosis de subjetividad, pues en ciertas ocasiones la finalidad era exaltar la historia de un concreto grupo étnico. En tal sentido, no debemos pasar por alto que un importante sector de las culturas africanas no han otorgado relevancia a la escritura, salvo el particular ejemplo del ghe-ez de la zona etíope. En relación a la oralidad, la lingüística y los estudios antropológicos son un referente primordial. En muchos casos los griots usan distintos nombres para referirse a un mismo personaje. Además, es habitual en África el empleo de varios nombres, según su filiación y linaje, su nacimiento o bien su origen étnico. El mismo inconveniente acontece con los topónimos, sin contar que europeos, árabes y africanos, no utilizan los mismos nombres para designar un lugar, que abundan los sobrenombres otorgados por poblaciones vecinas o por los diferentes autores, o que las denominaciones ambulantes, nominaciones vagas y generales sobre realidades análogas o incluso diferentes, son bastante habituales. A pesar de las inadecuaciones cronológicas, es posible, gracias a la interpretación de contextos, la comparación de noticias, la sucesión de clases de edad en el poder político y la confrontación de tradiciones orales de distinto origen, saber la duración de un reinado o las fechas entre las que se desarrolla.




Prof. Dr. Julio López Saco


UCV-UCAB