22 de octubre de 2013

Los ascetas de la India

SADHUS NAGA EN EL KUMBH MELA A LAS ORILLAS DEL GANGES
 
El término sadhu corresponde a las ascetas que siguen un camino de penitencia y total austeridad para lograr la iluminación. Son renunciantes que rechazan los logros mundanos y la vida de acción para borrar los actos del pasado y liberarse en el mundo de la divina realidad. Una buena parte de los sadhus imitan la vida mítica de Siva, el principal de los ascetas, por eso llevan consigo un tridente simbólico y tres rayas de ceniza, o de pasta de sándalo, sobre su entrecejo para representar el triple aspecto del dios y su búsqueda para la destrucción de las tres impurezas, el accionar con deseo, maya y el egoísmo. Las marcas sobre sus entrecejos describen, asimismo, el grupo u orden al que pertenecen[1]. Cubren sus cuerpos con ceniza para recordarse a sí mismos el fin de las cosas, pues creen que el mundo fue hecho por la fuerza creadora de maya o ilusión. Visten túnica de color azafrán (que simboliza la fértil sangre de Parvati), y sobreviven de bhiksha o donativos. En respuesta a estas dádivas se ofrecen a explicar su filosofía vital. Con la excepción de las grandes reuniones o festividades religiosas, como el Kumbha Mela[2] o el Pushkar Mela, raramente permanecen en un mismo lugar, dedicándose a errar por carreteras y bosques, pues entienden que el movimiento mantiene alerta el cuerpo-mente. Las noches las pasan es ashram, templos o lugares de cremación[3].
Sus primeros años de renuncia los pasan con un gurú. Cuando adquieren el control absoluto de las artes espirituales y yógicas abandonan la protección del gurú y comienza su vida itinerante. Entre los sadhus más famosos se encuentran los Nagas, quienes siempre están desnudos (como los jainistas digambaras), y solamente van cubiertos de ceniza sagrada o vibhuti. Desde el siglo VIII los sadhus se dividen en tres denominaciones (akharas) principales, y en cuatro centros u órdenes (maths).

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia y en Ciencias Sociales, UCV


[1] Sadhus y sanyasis llevan diferentes tilaks sobre sus entrecejos dependiendo del grupo de pertenencia. El tilak es una marca que llevan los hombres en el entrecejo. Se pone durante las ceremonias religiosas o con motivo de la visita a un templo. Desde un punto de vista simbólico, tilak implica la apertura del tercer ojo de la inteligencia interna. Debe recordarse que el Yoga Kundalini reconoce diversos centros de energía dentro del cuerpo humano (chakras). El primero se ubica en la base de la espina dorsal, en tanto que el sexto en el centro del entrecejo (ajna chakra). La tradición del tilak parece derivar de las antiguas ceremonias de coronación, oficiadas por el Ray Purohit o Jefe Sacerdote. En cualquier caso, hoy también se usa para dar la bienvenida a huéspedes o familiares, o para despedirlos. Por su parte, el bindi es la marca llevada por las mujeres, salvo aquellas que son viudas. Las mujeres casadas denotan su estatus a través del sindoor, línea de color rojo en la base del cabello, o con un bindi rojo en su entrecejo. No obstante, hay muchas variedades de colores, que las mujeres usan en combinación con el rico colorido de sus saris.
[2] Kumbha es una palabra que recuerda la vasija que contenía el néctar de la inmortalidad que salió a la superficie cuando los dioses batieron el océano. Dioses y demonios lucharon por ese néctar, a causa de lo cual cayeron cuatro gotas en cuatro lugares sobre la tierra, que es donde se celebra esta impresionante congregación. Se celebra cada doce años, y durante tres meses, en Allahabad (Prayag), Ujjain, Nasik y Haridwar. En Prayag se encuentra sangam, esto es, la confluencia de tres ríos sagrados y de carácter mítico: el Jamuna, el Ganges y el Saraswati.
[3] La ceremonia de iniciación de un sadhu para entrar en la orden monástica contiene los ritos finales sobre el momento de la muerte. Esto simboliza su ruptura con el pasado y su entrada en una nueva vida. Por tal razón, los sadhus no son cremados (como tampoco los niños pequeños, de menos de diez años, considerados inmaduros, ni las mujeres embarazadas, porque se entiende que el bebé en el útero no está aún formado, ni los leprosos, para no molestar al fuego, o los que mueren por una picadura de serpiente, pues las sierpes se asocian con Siva y su mordedura es auspiciosa) al morir, sino enterrados o dejados en el agua para su descanso (jal samadhi).

18 de octubre de 2013

¿Un único Homo?: Dmanisi

CRÁNEO Nº 5 DE DMANISI, SIN MANDÍBULA, EN SU LUGAR DE HALLAZGO. Cortesía del Georgian National Museum, Dmanisi
 
La publicación de un cráneo humano de hombre adulto (el nº 5) con datación de 1,8 millones de años, proveniente del yacimiento de Dmanisi en Georgia, se ha convertido en un verdadero fósil icono, como lo han bautizado ya eminentes paleoantropólogos. Descubierto en el año 2000, forma parte de un conjunto de fósiles que se han ido desenterrando en los últimos años, y que son los restos pertenecientes a cinco individuos, tres machos, una hembra y un adolescente. Algunos expertos consideran que todos son vestigios de una misma especie[1] y que serían los especímenes más antiguos de homínidos fuera de África. Es decir, serían los representantes de una forma primitiva de los primeros Homo, de la misma especie que los hallados en África de hace algo más de dos millones de años. Si los primeros Homo se dispersaron fuera del continente africano poco después, desde una óptica paleontológica, de su surgimiento, este hallazgo podría confirmar (aunque no para todos los investigadores), que las hasta ahora clasificadas como diferentes especies humanas de ese período son, en realidad, una sola. Los hallazgos georgianos no son fundamentalmente diferentes de las poblaciones africanas contemporáneas, que únicamente son un poco anteriores. Las mismas, hasta ahora, se venían clasificando como diferentes especies (Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo erectus), dentro del género Homo[2]. En opinión de expertos paleoantropólogos, los fósiles de Dmanisi son lo que parecen ser: una forma primitiva del Homo erectus, o quizá, de su variante africana más arcaica, que ciertos estudiosos llaman Homo ergaster. Los investigadores de Dmanisi, encabezados por David Lordkipanidze, director del Museo Nacional de Georgia y jefe del equipo de excavadores, sostienen que Homo habilis (en África) y los fósiles georgianos (en Europa y Asia), son, en efecto, la misma especie. En otros términos, los fósiles de Dmanisi se encuentran en el mismo nivel evolutivo que los primeros Homo africanos, de hace poco más de dos millones de años de antigüedad.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, octubre, 2013


[1] Si bien existen serias dudas sobre la uniformidad de especie de los especímenes hallados, motivadas por el desacuerdo entre los geólogos a la hora de datar los estratos en los que aparecieron los cinco individuos mencionados.
[2] La generalización a todo el continente africano también genera algunas dudas y controversias.

14 de octubre de 2013

La sacralidad de la vaca en India

REPRESENTACIÓN DEL BATIMIENTO DEL OCÉANO POR LOS DIOSES, DONDE SE VE, ENTRE OTRAS COSAS, EL KUMBH Y LA VACA.
 
 
La sacralidad de la vaca en India responde a diversos condicionantes de tipo socio-económico, pero también de carácter mítico. Las vacas, referidas como Gau Mata o Madre Vaca[1], son un referente de riqueza, pues la riqueza de una familia se mide en función del número de los animales que se tengan en casa. La vaca puede ser intercambiada por otros bienes o servicios, presentada como una dote en el matrimonio, o como un mecanismo de honrar las obligaciones de impuestos. El regalo de uno de estos animales a un sacerdote brahmin se considera una acción piadosa que garantiza la salvación futura del donante[2]. La vaca proporciona alimento indispensable: la leche, pero también combustible para el fuego del hogar y de la cocina: su estiércol. Con sus deposiciones se hacen una especie de tortas para avivar el fuego de la casa y, mezcladas con arcilla, se usan como un poderoso y muy efectivo insecticida contra los insectos.
En uno de los textos antiguos más conocidos, los Puranas, manuales de mitología hinduista, se cuenta como entre la serie de maravillosas cosas que surgieron de la acción de batir del mar por parte de los dioses en el momento de la creación del mundo, emergió Kamdhenu, la vaca que colma todos los deseos[3]. Por consiguiente, los indios creen que cada vaca es una recreación de Kamdhenu. Por otra parte, los hindúes también creen que sólo pueden alcanzar la otra vida tras la muerte después de cruzar un río mítico subterráneo asiéndose de la cola de una vaca. Es por eso que en la ceremonia de paso del alma de un hombre fallecido hacia el cielo se incluye la donación de una vaca a un sacerdote brahmin.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV
Escuela de Letras, UCAB


[1] Para los hindúes existen cuatro madres de todo ser humano (de igual importancia): la madre biológica, la madre tierra, la vaca y el río Ganges.
[2] A la par, la muerte de uno de estos animales en la casa es una ofensa mayor y requiere una apropiada expiación. El propietario debe peregrinar a varias ciudades sacras de India para purificarse del pecado. A su vuelta, debe alimentar a los brahmines de su localidad. Por tal motivo, es económicamente rentable, y religiosamente aconsejable, que en previsión, se dejen las vacas libres en las calles.
[3] En su segundo avatar, Visnú, en forma de una tortuga (Kumra), recupera lo que se perdió en la inundación. Sobre su caparazón se levanta la montaña Mandara y el mar es batido para buscar las cosas perdidas en el fondo del mar. Entre las riquezas recuperadas se encuentra el agua dadora de vida (Amrit), Dhanvantri, el médico de los dioses y mantenedor de Amrit, Lakshmi, la diosa de la riqueza, Chandra, la luna, la diosa del vino (Sura), una ninfa llamada Rambha, y la vaca de la plenitud, llamada a veces Surabhi.

7 de octubre de 2013

Nuevos humanos: denisovanos



La denominación denisovanos corresponde al nombre de unos nuevos ancestros humanos cuya nomenclatura fue elaborada a partir del ADN de dos molares y un pequeño fragmento de hueso encontrados en la caverna Denisova, en el sur de Siberia, en las montañas Altai, muy cerca de Mongolia[1]. Los parientes más cercanos de estos denisovanos serían los neandertales, con los que compartirían un ancestro común venido de África, de una antigüedad cercana a los 500 mil años. Según las comparaciones de ADN, se sugiere que denisovanos y neandertales habrían divergido hace unos 250.000 mil años desde Homo Heidelbergensis. Los humanos modernos se habrían relacionado, por lo tanto, con ambas formas humanas antiguas[2]. Así, estos denisovanos habrían coexistido en Asia con neandertales y humanos anatómicamente modernos, entre 100000 y 40000 años antes del presente. Lamentablemente, esta evidencia genética apenas cuenta con los restos fósiles arriba señalados. No se han encontrado cráneos ni herramientas asociadas a estos humanos, por lo que se desconoce por completo su modo de actuar e interrelacionarse con el medio circundante.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV


[1] Las excavaciones fueron iniciadas en 2008, dirigidas por Anatoly Derevianko, director del Instituto de Arqueología y Etnografía de Novosibirsk. El hallazgo del trozo de hueso fue el que, a la postre, involucró al genetista evolutivo Svante Pääbo, del prestigioso Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva en Leipzig. Él se encargaría de estudiar el ADN denisovano.
[2] Las interrelaciones o cruces con los neandertales se habrían producido en el Medio Oriente y Asia central, mientras que las hibridaciones de los humanos modernos con los denisovanos se habrían producido en el sudeste de Asia. Las trazas actuales del ADN neandertal en poblaciones no africanas y del ADN denisovano en los aborígenes australianos parecen mostrar que nuestros ancestros se habrían apareado (y, por tanto, dejado descendencia), con ambos grupos de humanos hoy desaparecidos.

1 de octubre de 2013

Las antiguas ciudades de Nepal (II): Patan



Al sur del sagrado río Bagmati, en el Katmandú actual, se encuentra Patan, también conocida como Lalitpur, la ciudad de las artes. Se cree que este antiguo reino independiente Newar fue fundado por el rey Veer Deva a fines del siglo III. Según una vieja crónica kirat, Lalitpur (o Yala, Yupagram, Maningal o Lalitpatan, varios de otros de sus nombres), Patan fue fundada por los gobernantes kirati antes de que los mandatarios licchavi entraran en la escena histórico-política en el valle de Katmandú. Se dice también que la ciudad fue diseñada y construida según el dharmachakra budista o rueda de la rectitud. De hecho, Patan se encuentra encuadrada por cuatro grandes estupas, una en cada punto cardinal principal (Teta, Lagankhel, Ebani y Pulchowk), que habrían sido levantadas por el rey indio Asoka tras un viaje de peregrinación a la región. Hoy hay en Lalitpur casi mil doscientos monumentos budistas de distinto tipo. Destaca sobremanera, entre los diversos vestigios arquitectónicos, la plaza Durbar, donde se encuentra el antiguo Palacio Real. También son notables el templo Kumbheshwor, en forma de pagoda con cinco techos, el templo budista Mahabouddha, con miles de imágenes del Buda esculpidas en terracota; el complejo monástico budista Rudra Varna Mahavihar; el Krishna Mandur, construido por el rey Siddhi Narsingh Malla, un templo pétreo dedicado a Siva en estilo Sikara, y en donde se representan escenas de la épica hindú (Ramayana y Mahabharata); y el Hiranya Varna Mahavihar o templo dorado, del siglo XII, en donde se pueden contemplar pinturas que representan la historia vital del Buda Sakyamuni.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB