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15 de octubre de 2018

Hallazgos arqueológicos (V): Hombre-león de Stadel y hombre con cabeza de pájaro de Lascaux




En las siguientes líneas nos referiremos a dos notables hallazgos arqueológicos de extrema relevancia y de complicada interpretación. En una de las imágenes se observa la figura del hombre-león (o mujer), tallada en un colmillo de mamut, hallada en la cueva de Stadel, en Alemania. Pertenece al período Auriñaciense, del Paleolítico Superior, y se ha datado en torno a 32000 años antes del presente. El cuerpo es humano (al menos las extremidades inferiores) pero la cabeza es leonina. ¿Este es uno de los primeros vestigios casi indiscutibles de arte, y probablemente de religiosidad, así como de la capacidad de la mente humana de imaginar cosas que no existen realmente?. El aspecto híbrido zoomorfo, “totémico” o “animista”, en el vocabulario de cierta antropología, no se volverá a ver hasta los muy célebres ejemplares del antiguo Egipto. En la otra, una conocida pintura en Lascaux, datada entre 14000 y 15000 años antes del presente. ¿Qué es lo que se ve, exactamente, y cuál es su significado?. Un bisonte, herido de muerte por una lanza que lo atraviesa, parece estar perdiendo sus intestinos. El hombre con la cabeza de un pájaro y un pene erecto, a su izquierda, cayéndose ¿es abatido por el bisonte?; ¿es un cazador o un chamán, o ambas cosas?. Bajo el hombre hay otro pájaro. ¿Podría simbolizar el alma, liberada del cuerpo en el momento de la muerte?. Si eso fuese así, ¿la pintura no representaría algo más que un prosaico accidente de caza, tal vez el paso de este mundo al otro?. No tenemos manera de saber si alguna de tales especulaciones es cierta. Se asemeja a una suerte de test de Rorschach, que revela mucho acerca de las pre concepciones de los “eruditos” modernos, y realmente poco, o muy poco, acerca de las creencias de los antiguos cazadores de tiempos muy lejanos.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-FEIAP-UM. Octubre 2018.


17 de noviembre de 2017

Complejos tecnológicos del Paleolítico Superior en contraste: Chatelperroniense y Auriñaciense








Imágenes (de arriba hacia abajo): la escena de los caballos, cueva de Chauvet. Auriñaciense; unas herramientas líticas auriñacienses de Suabia; el rinoceronte en la cueva de Chauvet, del período Auriñaciense;  un mapa de distribución de los principales yacimientos del Chatelperroniense y; puntas o cuchillos chatelperronienses. Quinçay.

El inicio del Paleolítico Superior en la Europa occidental muestra, desde una perspectiva arqueológica, la presencia de dos diferentes grupos humanos que fabricaban dos distintos tipos de utensilios. Los Homo sapiens, que se movilizaron desde el oriente de Europa hasta el oeste del continente se desplazaron trayendo consigo con el tecno complejo denominado Auriñaciense y, con ello, muy probablemente, las ideas que dieron lugar al “arte”. Durante unos cinco milenios al comienzo del período del Paleolítico Superior, una industria asociada con el neandertal, el Chatelperroniense, se desarrolló en ciertas regiones del sudoeste de Francia, en la Dordoña y en los Pirineos. Se implica que existió un contacto entre auriñacienses y chatelperronienses. De hecho, en algunos yacimientos, como Piage y Roc de Combe (Dordoña), estratos auriñacienses están interestratificados con los chatelperronienses. Así pues, ambas culturas coexistieron y hasta ocuparon los mismos espacios. Hacia 35000 a.e.c., los chatelperronienses desaparecen.
La sustitución (Auriñaciense por Chatelperroniense) debió ser gradual, por pasos. Algunas colonias de sapiens se habrían adelantado, expandiéndose y uniéndose a la población previa conforme atravesaba localidades ecológicas. Con ello, la población neandertal se iría contrayendo como respuesta a esta dinámica. Si bien la coexistencia no debió ser universal, hubo zonas (Pirineos, centro y sur de Francia), donde unos y otros, neandertales y sapiens, vivieron juntos durante algunos miles de años.
Desde la óptica de los útiles líticos, se debe señalar la existencia de una continuidad acusada entre los tipos y las formas de las herramientas musterienses del Paleolítico Medio y otras chatelperronienses, del inicio del Superior, ambas asociadas al neandertal. Por otro lado, ningún emplazamiento auriñacense se vincula con neandertal. Hay una evidente ruptura entre el Musteriense y el Auriñaciense en cuanto a útiles y también en relación con los homínidos. En la península itálica y en la Europa oriental hubo dos complejos técnicos que se comparan con el Chatelperroniense. Se trata del Uluzziense y del Szeletiense, y los dos parece que se desarrollaron a partir de un musteriense previo. Ambos se prolongan hasta la llegada del Auriñaciense. Probablemente sean respuestas locales a la yuxtaposición de comunidades musterienses y auriñacienses.
La existencia de paralelismos de gran significación entre Chatalperroniense y Auriñaciense en ciertas regiones del occidente de Europa conlleva que el origen exclusivo del primero a partir del musteriense se ponga en seria duda. El componente tecnológico de hoja del chatelperroniense parece que provino del auriñaciense, no de sus antepasados musterienses. Útiles en cuerno y hueso, además de herramientas como buriles y raederas muestran una tecnología que parece haberse iniciado en el Auriñaciense. En esto se incluirían los adornos personales, como los dientes perforados o el empleo del ocre rojo. Estos rasgos, digamos tomados en préstamo se constatan en un período tardío del Chatelperroniense, tiempo después de la aparición y consolidación del Auriñaciense en la región occidental de Europa. La pregunta es si son desarrollos personales, locales, de neandertales chatelperronienses, una imitación selectiva de las comunidades auriñacienses, un intercambio entre ambas o una aculturación de la primera respecto a la segunda. La combinación de rasgos heredados (del musteriense) y de préstamos (auriñacienses) probablemente responde a un proceso de aculturación, que es resultado lógico del contacto (con independencia de la naturaleza del mismo) entre dos especies humanas (neandertal y sapiens).
Debieron existir muchas formas de interacción en distintos lugares y tiempos, entre neandertales y auriñacienses sapiens. En un primer momento parece factible que los auriñacienses hubieran explotado paisajes diferentes a los que eran propios de los neandertales. La competencia entre unos y otros en lo tocante a la caza (cuyas diferentes estrategias denotan estructuras sociales distintas) debió ser, en consecuencia, poco frecuente en un comienzo. Sin embargo, más capaces de forjar ámbitos de poder y redes sociales con sostenimiento simbólico, los auriñacienses crecieron en población, de tal manera que la competencia por los recursos, necesariamente tuvo que aumentar. Su ventaja demográfica pudo haber sido decisiva y haber conllevado la extinción de los neandertales chatelperronienses.
También es bastante probable que los nuevos auriñacienses hubieran traído consigo un lenguaje moderno. Pudo haber habido una comunicación verbal entre ambas comunidades de homínidos, aunque hubiese sido en un nivel cotidiano y bastante simple.
Algunos de los aspectos que los neandertales chatelperronienses no tomaron de los sapiens auriñacienses fueron las técnicas avanzadas de caza, la realización de imágenes y los entierros con presencia de enseres elaborados y, por tanto, muy ritualizados. Los adornos corporales y las inhumaciones se asocian con la construcción, y expresión, de un tipo de sociedad jerarquizada, impensable entre los neandertales. El hecho de que la cultura neandertal hubiera absorbido esporádicamente algunos ornamentos corporales auriñacienses pudo haberse debido a una búsqueda de un parecido superficial en relación a los más complejos auriñacienses. Muy probablemente también, el tipo de conciencia neandertal era diferente a la de las gentes del Paleolítico Superior, lo cual incapacitaría a estos chatelperronienses para la conformación de elaborados enterramientos o para la creación de imágenes. Sus imágenes mentales serían diferentes, y más limitadas en su acción. Las sofisticadas imágenes mentales auriñacienses podrían extenderse y hallar expresión en representaciones bidimensionales de objetos tridimensionales. Los neandertales simplemente no podrían comprender este tipo de imágenes.
La capacidad auriñaciense para formar, tener en consideración y manipular imágenes mentales en contextos sociales y de concebir, así, un reino espiritual (y de preparar a los fallecidos para tal reino) viajó con ellos hasta la Europa occidental, pues de hecho son los responsables de enterramientos y de la elaboración de estatuillas presentes en yacimientos del este y el centro de Europa. Se podría inferir que se habrían dado cuenta de que los neandertales chatelperronienses no poseían tales capacidades. Un tipo de conciencia distinto y un poder de creación de imágenes mentales con fuertes intereses sociales sería, potencialmente hablando, un relevante rasgo distintivo de su sociedad frente a la neandertal. No sería extraño imaginar que pudo haber engendrado un sentimiento de superioridad auriñaciense sobre los chatelperronienses y haber servido de catalizador de las relaciones entre ambos grupos.
La producción de arte figurativo de parte de los sapiens auriñacienses, a partir de sus imágenes mentales, afirmarían su predominio social frente, y sobre, los neandertales chatelperronienses. Entre 45000 y 35000 años antes del presente los neandertales del Chatelperroniense tuvieron que enfrentar un mundo nuevo de relaciones sociales (aquellas auriñacienses). Se trataba de enfrentar nuevas y más complejas comunidades sociales de sapiens, que incluían formas de simbolismo que señalaban posibles formas de vida más eficaces que las neandertales. Tales nuevos y sofisticados componentes estaban fuera del alcance neandertal. Algunos componentes de la vida auriñaciense podían ser imitados, como la fabricación de útiles o el adorno corporal, aunque de este último no serían capaces de entender su pleno significado. El neandertal del Chatelperroniense no estaría mentalmente equipado para abordar ciertos comportamientos auriñacienses (enterramientos elaborados, creencias espirituales o creación de imágenes). Sería, en definitiva, una deficiencia que se podría atribuir a un tipo específico de conciencia (la del auriñaciense) y no tanto a una inteligencia inferior (la neandertal).

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR, noviembre 2017.

23 de abril de 2017

La prehistoria europea desde los nuevos estudios genéticos




IMÁGENES, DE ARRIBA HACIA ABAJO: EL CRÁNEO DE VILLABRUNA, ITALIA; EL ESQUELETO DE LA BRAÑA 1 (LEÓN); Y LA MANDÍBULA DE LA DAMA ROJA, CUEVA DEL MIRÓN, CANTABRIA.
Los estudios genéticos llevados a cabo en los últimos tiempos han sido decisivos a la hora de aclarar el panorama de la prehistoria del continente europeo, particularmente la que corresponde al final del Paleolítico Superior, desde hace 45000 años hasta 13000. Los investigadores, específicamente genetistas, señalan la presencia de momentos poblacionales que reemplazan a otras poblaciones previas a través de migraciones que coinciden con cambios climáticos relevantes. Se establece que neandertales y sapiens se cruzaron de modo eficaz, tuvieron una descendencia fértil, si bien el porcentaje de ADN ha ido disminuyendo de forma gradual, revelando una determinada incompatibilidad evolutiva.
Los primeros sapiens llegaron a Europa hace 45 mil años, pero su huella genética no se encuentra ya en las poblaciones actuales. Las primeras poblaciones con las que persiste cierto parentesco son de hace 37000 años, y se identifican con la cultura lítica auriñaciense (que sustituyó a partir de hace unos 38000 años a la cultura Musteriense), cultura a la se asocian los ejemplos más arcaicos de arte (cueva de Chauvet y un instrumental óseo especializado (flautas)[1]. Era una época en la que seguían predominando las glaciaciones, lo cual debió suponer movimientos de población en dirección al sur o su desaparición definitiva.
Hacia 33 mil aparece otro grupo humano que reemplaza prácticamente por completo al anterior. Esta vez es vinculado con la cultura gravetiense, relacionada con las Venus paleolíticas realizadas en hueso y con los restos de pinturas de manos en negativo. Sin embargo, hace 20 mil o 19000 años reaparecen en el contexto continental algunos descendientes pertenecientes a la cultura auriñaciense. Es posible que sus antepasados hubiese migrado hacia refugios más cálidos en el sur de Europa, entre ellos la Península Ibérica, y que una vez pasados los rigores del frío de la última glaciación, sus descendientes se hubiesen expandido, de nuevo, hacia el norte del continente, recuperando algunos territorios y reemplazando a la población existente. Algunos restos humanos hallados en Cantabria parecen demostrar que los habitantes de esta región estaban emparentados con ellos.
Pero todavía habría habido otra oleada poblacional. Hace 14000 años, una población humana llegada desde el Próximo Oriente se despliega por el continente y se hace dominante, sustituyendo a buena parte (aunque probablemente no a toda) de las poblaciones anteriores. La identificación de esta nueva población se verificó a partir de los restos de un cazador-recolector hallado en Villabruna (Italia). Las marcas genéticas de esta última población se perpetuaron durante varios milenios, como parece demostrar el hallazgo de un cazador-recolector aparecido en el yacimiento de La Braña, en León, datado en 7000 a.e.c., que estaba emparentado con este grupo.
Un aspecto que ha resultado descollante para los investigadores es que los genes del individuo de La Braña muestran que su tez era oscura y, muy probablemente, sus ojos claros. Hasta la aparición de sus ancestros en Europa (14000 a.e.c.), se estima que todos los europeos tenían la piel oscura pero los ojos marrones. Los primeros individuos con genes de pieles más claras vivieron hace unos 13 mil años. Solamente con  la llegada de los primeros agricultores desde Oriente Medio, ya en el Neolítico, la tez blanca se hace más generalizada.


Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-Ugr. Abril, 2017


[1] El fósil humano de la cueva del Mirón, en Cantabria que ha sido nominado como la “Dama Roja”, pertenece al linaje de los primeros pobladores auriñacienses. Está emparentada con un individuo de la Cueva de Goyet, en Bélgica, fechado hace unos 35000 años.

27 de enero de 2017

Sapiens en migración: desde el corredor del Nilo a la conquista de Europa (III)


En la imagen la Venus de Kostenki (Cultura Kostenki-Avdeevo), realizada en caliza y datada entre 23000 y 20000 años.

Un poco después de la introducción del arte parietal se halla evidencia casi irrefutable de deliberados enterramientos humanos por primera vez, acompañados de adornos y diversos artefactos, indicio seguro de alguna creencia en la otra vida. Su aparición, en un momento climático complejo y de fuerte estrés poblacional, puede implicar que la muerte se convirtiera en un evento de opresiva regularidad para la gente de Europa. De tal modo, el deseo de negarla debió haber crecido, en cierta medida, como una reacción natural.
Para la gente, inhumar un cuerpo en un lugar específico bajo tierra y decorar el cadáver con bienes que nunca volverán a ver, debió haberse conformado como una poderosa idea: la de que podrían, en algún sentido, superar la muerte o, al menos, proveer otra vida más allá de esta. Podríamos encontrarnos ante un modo de rehusar aceptar la inevitabilidad de la muerte; una desesperada negación del destino que deben encarar los miembros de cada especie viva. En definitiva, rechazar la muerte supondría desafiar a la naturaleza.
Las tumbas más antiguas, con cuerpos cuidadosamente ubicados y bienes funerarios a su alrededor, a menudo cubiertos de ocre rojo, se hallan en Europa central alrededor de hace 30000 años. La inhumación debió ser un ritual a menudo reservado para gentes de especial preponderancia. El número y la clase de bienes funerarios podrían indicar el estatus del fallecido.
Algunas sepulturas son simples. Es el caso de la Caverna Grimaldi, en Italia, datada en 25000 años, que muestra, en sus distintos niveles, figuras con simples bandas de hueso en la cabeza y en los brazos. Pero otras tumbas son muy complejas, como la que contiene un esqueleto de un varón, datado en 23600 años, hallada en Brno (Moravia). El esqueleto apareció rodeado de colmillos de mamut, de costillas y un cráneo de rinoceronte, dientes de caballo y más de seiscientos fósiles, caparazones, discos de piedra perforados, y otros de marfil, astas de ciervos pulimentadas y una figurilla masculina de marfil. Todo ello se encuentra cubierto de ocre rojo.
El enterramiento más sorprendente es el del gran yacimiento al aire libre de Sungir, en las bancadas del río Kliazama, al noreste de Moscú. En ese yacimiento, hace 28000 años fueron inhumados en el permafrost helado once personas, no todas al mismo tiempo, pero con escaso intervalo entre ellas. Ocho de ellas están representadas únicamente por algunos restos fragmentarios y parecen haber sido inhumados de modo intencional, aunque no hay señales de bienes funerarios u ornamentos. Los otros tres, un varón de unos sesenta años, y dos niños, uno varón de unos doce años y el otro una hembra de unos nueve, recibieron un trato muy especial.
El adulto, con sus manos juntas sobre la pelvis, fue vestido con pieles y adornos de cuero. Además aparece ornado con casi tres mil pequeñas y redondas cuentas de marfil del tamaño de una perla alrededor de su cabeza, en la forma de una corona, y varios dientes de zorro ártico. Alrededor del cuello una suerte de collar de esquisto pintado de rojo con un pequeño punto negro en una de sus caras. Sobre sus brazos y bíceps fueron colocados veinticinco brazaletes de marfil de mamut, pulidos y decorados con pintura roja y negra. El niño, por su parte, enterrado estirado y en posición supina, cabeza a cabeza con la niña, se muestra decorado con varios miles de cuentas de marfil, una corona, anillos de cuentas bajo sus rodillas, un pendiente de marfil con la forma de algún animal indeterminado, marfiles en su garganta y lo que parece ser un cinturón ornado con más de doscientos dientes de zorro perforados en su cintura.    
Cerca de cada cuerpo había bienes funerarios, que incluían armas, plausiblemente para que acompañasen (tal vez al adulto) en la otra vida. Más allá del chico se encontraba un delgado hueso humano pulido, cubierto con ocre rojo. Bajo su hombro izquierdo se halló una pequeña escultura en marfil de un mamut, quizá un pendiente, y una figurina en forma de caballo decorada también con ocre rojo. Un poco al margen de cada cuerpo había dos lanzas hechas de colmillo de mamut, muy probablemente ceremoniales.
Al lado de la niña apareció un disco circular de marfil con un anillo de otros ocho huecos alrededor, en el clásico modelo de roseta. El patrón de roseta es familiar a ciertas antiguas culturas históricas (Creta, Micenas, Egipto), en donde se creía que simbolizaba al sol y se empleaba como un ornamento funerario. 
Este tipo de enterramiento, con tres cadáveres especialmente cuidados, es el propio de una sociedad que tuvo la profunda necesidad de honrar a su gente más favorecida, poseyó una casi segura creencia espiritual en la otra vida y, tal vez, creyó en la resurrección. Además, representa la más antigua evidencia de un sistema de jerarquía en la sociedad sapiens. El tipo de hallazgo y sus características es confirmado en bastantes otras inhumaciones europeas en las proximidades de esta época, como son los casos de el yacimiento de La Madeleine, en Francia, la Grotte des Enfants en Italia o el sitio de Mal'ta, en Siberia.
Los niños de este enterramiento probablemente no tuvieron tiempo de alcanzar un especial estatus. Es así que se piensa que pudieron haber sido sacrificados para acompañar al varón adulto a la otra vida. Sin embargo, ello no explica que hayan sido profusamente ornados, a menos que también gozaran de algún tipo de estatus desconocido o fuesen parientes cercanos del cadáver adulto.
La estratificación social fue probablemente inevitable en sociedades con severa presión demográfica y con una regular competencia, quizá conflicto abierto, en relación a la caza de animales. El éxito de la caza se convertirá en una necesidad. Los elementos de vida y muerte serán importantes y en ellos se implicarán dos grupos de personas. La división del trabajo propiciaría una elemental jerarquía de dos niveles de personas de estatus mayor y menor. Por un lado, gente vinculada principalmente con la planificación y control; y por el otro personas relacionadas básicamente con la conformación de elaborados y misteriosos rituales de caza mágica, conducidos por unos pocos “maestros de la ilusión”, es decir, brujos y chamanes.
Lo que extendería, finalmente, la distancia en prestigio y poder entre unos pocos y el resto sería el control de las ceremonias, que ayudaría a la consolidación del estatus de algunos miembros de la sociedad, y que se encuentra en la base de los conflictos internos.

Prof. Dr. Julio López Saco
Escuela de Historia-Doctorado en Ciencias Sociales, UCV
Escuela de Letras, UCAB. Maestría en Historia de las Américas
FEIAP-Granada.

20 de enero de 2017

Sapiens en migración: desde el corredor del Nilo a la conquista de Europa (II)


Imagen: una inhumación de tres adultos (dos varones y una mujer), en Dolni Vestonice, República Checa. Portan colgantes fabricados con colmillo de zorro polar, brazaletes y diademas. 

La más antigua, e incontestable evidencia de sapiens en Europa se encuentra en Pestera cu Oase, en Rumanía, yacimiento datado entre 36000 y 34000 años, y Kostenki, en Rusia, fechado en 36000 años. Tras ellos hay un número de sitios con restos óseos que muestran que el sapiens se desplazó por Europa de manera considerable. Es el caso concreto de Abri Tapolca en Hungría, Bacho Kiro en Bulgaria, Silicka Brzova en Eslovaquia, Cromagnon en Francia, Kelsterbach en Alemania, y la Caverna Kent en Inglaterra.
A pesar la ausencia de ciertos restos humanos para el largo período que se extiende desde 45000 a 36000 años, los arqueólogos confían en los varios yacimientos con herramientas y artefactos para trazar las rutas levantinas e indicar así los movimientos de sapiens hacia Europa. Un ejemplo notable se encuentra en el conjunto lítico hallado en una gran caverna denominada Temnata, en los Balcanes (en el noroeste de Bulgaria), que se data en 46000 años. Este conjunto es muy similar al del sitio de Boker Tachtit, en el Neguev, de hace 49000 años. La conexión es confirmada a través de otros similares conjuntos líticos encontrados en un número importante de sitios de Europa oriental, desde Austria a Rusia, que se datan entre 46000 y 40000 años (Istállóskö, Bacho Kiro, Bohunice, Mladec, Szeleta, Stranski Skala y Willendorf II). En todos ellos las herramientas son bastante diferentes a las elaboradas por neandertales y, por extensión, también debió ser diferente el proceso de pensamiento empleado en relación al usado por las poblaciones neandertales, que vivían en la misma época en esas mismas áreas.
Hay pocas dudas al respecto de que esta rápida y extensiva transferencia de tecnología fue el resultado de sucesivas migraciones de sapiens desde el Levante, siguiendo los ríos mayores de la Europa oriental, Dniéster, Dniéper, Desna, Don, Danubio, hasta llegar a Italia, Francia y España (Fumane, hace 44000 años, Abri Pataud, hace 40000 y L'Arbreda, hace 42000, respectivamente).
Los sapiens acabarían por arrinconar a los neandertales, y sacarlos de competencia, en todos los lugares en donde coexistieron. Fueron los sapiens más numerosos, más viajados, con mayor y más selectiva capacidad cazadora, con mayores conjuntos de armas y, por tanto, mayor experiencia en matar toda clase de mamíferos, con un lenguaje, se presume, que les ayudaría a coordinar a los grupos de caza, y con una mayor experiencia en la adquisición de alimentos, que incluyen el pescado y las aves. 
En todas las cavernas en Europa en donde ambas poblaciones coexistieron las capas más bajas son aquellas de cultura neandertal, cubiertas por las superiores de cultura sapiens, sin que medie entre ambas un gran lapso de tiempo.
En los comienzos, la cultura sapiens era, en muchos aspectos, como aquella del Levante, si bien con muchas variaciones locales en los diferentes asentamientos europeos. Pero rápidamente se desarrolló de modo extensivo, más especializado y con técnicas más eficientes en la producción de útiles, alargando los tipos y el número de hojas y puntas, además de comenzar a usar nuevos materiales y desarrollar nuevos rituales.
Hace 40000 años se convirtió en una distintiva cultura europea, la Auriñaciense, que claramente descendía de la cultura moderna procedente de África y el Levante, aunque con una más avanzada complejidad y sofisticación, que conllevaba mayor capacidad de producción y un mayor cuidado en la ornamentación y el embellecimiento.
El clima mayormente seco y frío fue un clima ideal para las estepas herbáceas y los bosques abiertos de coníferas, que desplazan los densos bosques de vastas áreas de Europa y Asia central en las latitudes medias, y se convierten en lugares ideales para un gran número y variedad de animales como el lobo, el conejo, la liebre, la marmota y otros más pequeños.  Pero también los son para mamíferos de gran tamaño que prosperan en las planicies herbáceas, como mamuts, rinocerontes, hipopótamos, elefantes, antílopes, bisontes, caballos, ciervos o íbices. Era un clima, en definitiva, muy apropiado para los cazadores humanos.
En virtud de la proliferación de presas, los sapiens llegan a convertirse en depredadores a gran escala y con una habilidad sin precedentes. Establecen una compleja cultura de conquista de gran impacto sobre el medio ambiente circundante. Practicaban una caza no oportunista, (a diferencia de los neandertales), y, por tanto, selectiva y estratégica, lo que implicaba un cambio cualitativo tanto en la percepción como en la utilización de la naturaleza, si se compara con los modos empleados por los Neandertales. Esta es, sin duda, una razón de peso significativa para comprender el éxito de los sapiens.
Para explotar este abundante conjunto de animales las sociedades Auriñacienses incrementaron e intensificaron las estrategias de caza, a tenor de la presencia de huesos largos de herbívoros  en muchos yacimientos de sapiens. Un signo de este aspecto es un más extenso conjunto de armas que el de sus ancestros levantinos. Muchas piezas tuvieron un extenso rango de funciones y formas; hubo diferentes armas para distintos animales. Además, varias nuevas herramientas fueron elaboradas, no tanto para la caza como para tratar la pieza una vez capturada, como el caso de los cuchillos de hoja larga con mangos de hueso para desmembrar las carcasas de los animales cazados.
Precisamente, otro signo de la intensidad de la caza practicada por el sapiens estriba en el sistemático trabajo practicado sobre las pieles. Los restos de lobos y zorros en yacimientos de la Europa oriental y de Rusia  (Avdeevo, Eliseevichi I, Kostenki, Mezhirich o Mezin) son extremadamente abundantes, lo cual es un indicador muy plausible de que más que cazados estos cánidos eran capturados para  poder usar sus pieles.
El pedernal fue un material tan crucial para los cazadores Auriñacienses que no dudaron en recorrer grandes distancias para adquirirlo, algo que los neandertales jamás hicieron.
En el sitio de Dolni Vestonice, en le República Checa, al sur de Brno, se constatan desplazamientos (hasta la Polonia y Hungría actuales), para conseguir pedernal de alta calidad, así como obsidiana para emplearlos en el noventa por ciento de los útiles allí encontrados. Esto no significa, en cualquier caso, que la extensa área cubierta por los habitantes de Dolni fuese su exclusivo territorio de caza, aunque es probable que se encontraran con otras poblaciones semejantes. Las necesidades, además de las habilidades, para crear vínculos y alianzas con otras gentes, pudieron hacer posible las ayudas en casos extremos (una sequía local, un invierno muy severo) y la devolución de favores previos. De hecho, esta reciprocidad solidaria todavía hoy se constata entre poblaciones como los Kung del Kalahari o los Loikop de Kenia.
La cultura Auriñaciense fue la primera en emplear de manera intensiva el hueso, el asta y el marfil, de animales como el mamut, el rinoceronte y el ciervo, además del bisonte, los zorros y liebres. Se destacan, especialmente, las puntas de lanza hechas en estos materiales. Todo este esfuerzo en beneficio de una caza eficiente al máximo. Las lanzas pudieron haber sido armas esenciales para la caza de grandes y poderosos animales como el bisonte o el mamut.
La punta de lanza de asta de ciervo o de marfil con base para un mango más antigua se halló en el yacimiento de Istállóskö, en Hungría, y se ha datado en torno a 44000 años. Esta arma llegó a convertirse en una marca cultural en los siguientes 17000 años. Unas cincuenta puntas de lanza de asta se hallaron en uno de los niveles de Abri Blanchard, y otras setenta y cinco en Isturitz, ambos sitios en el sur de Francia.
El uso de hueso, asta y marfil de mamut también fue clave en la fabricación de ornamentos, como cuentas y pendientes, sobre todo a partir de dientes de animales (zorros principalmente) y de conchas marinas. Algunas evidencias se encuentran en dientes partidos de lobos y zorros de Bacho Kiro, de 43000 años de edad, así como en dientes de diversos animales en la cueva de El Pendo, en España, de 40000 años de antigüedad. Su abundancia y elegancia sugieren que estos adornos habrían tenido un rol esencial, quizá como un medio para representar creencias, identidad social y valores.
Un indicador clave de la presencia y valor de los ornamentos (cuentas, pendientes) desde España a Rusia, es que fueron fabricados en casi cualquier material, esquisto, esteatita, hematita, pirita, lignito, talco y hasta coral, además de dientes, marfil y hueso (de mamut, castor, ciervo rojo, bisonte, hiena, zorro) y caparazones de animales marinos.  Otro fue la profusión de tales adornos, como se evidencia en varios sitios del sur de Francia (Blanchard, Castenet, de la Souquette, fechados entre 34 y 32000 años), en donde se han hallado cerca de mil cuentas de piedra y marfil e incontables conchas marinas, lo que evidencia una compleja secuencia de producción. Uno más estriba en la distancia de procedencia de los materiales, las materias primas con las que se fabricaban las cuentas. En Kostenki, en las cercanías del río Don, los caparazones de moluscos procedían de la costa del Mar Negro, mientras que en Pavlov, en la zona de Moravia de la República Checa, los caparazones allí encontrados se piensa que proceden de la región norte del Mar Adriático.
La relevancia de la ornamentación va más allá de la difusión de una identidad individual o grupal. Es muy probable que el adorno jugase alguna clase de función política o social, estableciendo roles y jerarquías entre los miembros de las bandas y tribus. Las decoraciones de este período, además de evidenciar sistemas complejos de significado y acción social, también muestran la posibilidad de nuevas clases de sistemas sociales, presumiblemente más intrincadas, además de organizaciones desarrolladas necesarias para asegurar la cohesión interna y gestionar la tensión y estrés de la caza, incluso en las condiciones climáticas más severas.
Un nuevo y poderoso fenómeno cultural que también apunta a los efectos de la presión medioambiental apareció en la sociedad sapiens no mucho después del uso extendido de la ornamentación. Se trata del surgimiento del arte, esculpido, grabado, pintado, que comenzaría en torno a 35000 años (la Cueva Chauvet, la más antigua con registro de arte se data entre 36 y 35000 años[1]), y que continuaría a través de Europa durante los siguientes veinticinco milenios.
Existieron diferentes clases de arte para distintos propósitos. En general, todos ellos parecen haber estado orientados hacia alguna forma de magia, pues se trata de imágenes que podrían ser manipuladas a favor de un determinado fin humano. Las pequeñas figuras esculpidas, por ejemplo, encontradas profusamente en todo el occidente europeo y en Asia central, en especial a lo largo del Danubio y sus tributarios, representan una amplia gama de formas humanas y animales. Se trataría de animales de presa de toda clase, aunque con preferencia por el mamut, además de algunos felinos, mujeres individualizadas y partes del cuerpo femenino, más raramente hombres y falos con cierta frecuencia.
Se piensa que la mayoría de las figuras de animales serían ejemplos de tótemes que podrían cargarse y emplearse en la magia para la caza[2]. Muchas de ellas muestran señales de haber sido usadas repetidamente, como es el caso de las figurillas de marfil de bisonte, mamut y caballo del sitio de Vogelherd, en Alemania.
Algunas otras pequeñas esculturas, en específico aquellas del área morava de la Europa central y el Danubio superior en el suroeste de Alemania, representan carnívoros, en especial leones y osos. Aunque esos animales no eran usualmente cazados pudieron haber sido objeto de cierta clase de magia, en particular aquella empleada para dispersar su peligro o encarnar su poder.
Sin embargo, no todas las esculturas Auriñacienses incluirían magia para la caza. Es lo que ocurre con las casi doscientas figurillas de mujeres desnudas, bulbosas y con pechos y vientres exagerados, que se denominan figurillas Venus, y que tal vez pudieron ser usadas para algún tipo de magia reproductiva o de la fertilidad.
En dos sitios adyacentes en Moravia, en laderas de Colinas, Pavlov y Dolni Vestonice, ocupados hace 28000-27000 años, existen evidencias de los primeros ejemplos de fabricación “cerámica”, aunque no de vasijas, sino de una forma, quizá única, de piezas de caza mágica. En Dolni Vestonice se han evidenciado dos hornos al aire libre, excavados en el suelo, y con miles de fragmentos de figurillas de arcilla en su interior[3]. En un área cercana hay otras casi cuatro mil figuras, la gran mayoría de animales, moldeadas con el loess local.
Muchas figuras medio humanas y medio animales fueron muy representadas en el arte (hayan sido chamanes o humanos que adquirían características animales). Lo mismo ocurre con figuras con grandes genitales o líneas en forma de U (tomadas como vulvas), o con animales preñados o copulando. Todo ello podría haberse hecho con la intención de asegurar, presumiblemente, una fertilidad continuada.
Los animales parecen vivos; semejan estar respirando, relajados o tensos, y prestos para iniciar el movimiento. El arte, bien en pintura o escultura, incluye cualquier forma de esfuerzo humano con el fin de controlar la naturaleza y extender el dominio homínido. De un modo simbólico, los seres humanos llegarán a estar incluidos en nuevas relaciones con el mundo animal o, al menos, intentarán extender las viejas relaciones de nuevos modos. Podría tratarse de un primer paso hacia la independencia a gran escala del mundo natural. Una independencia de un ecosistema de cuyos vínculos dependían para su sostenimiento vital. 
La rápida emergencia del arte tuvo que haber sido una respuesta a cierta extraordinaria clase de nueva presión. Se han señalado, por parte de casi toda la comunidad científica, dos fenómenos como los que habrían creado las condiciones propicias para que la gente se viese forzada a crear rituales y ceremonias alrededor de pequeñas esculturas de marfil o de pinturas de animales en las paredes rocosas de las cuevas. 
Uno de ellos se refiere al clima. Estaríamos hablando de un clima más frío, acompañado por una drástica disminución de las precipitaciones, con presencia de veranos secos e inviernos que pudieron limitar el crecimiento de las plantas. Muchas poblaciones, en consecuencia, se habrían desplazado hacia el sur. Únicamente dos regiones proveen las condiciones suficientemente benignas para garantizar un gran número de presas, aquellas de las que más depende la población: el suroeste de Europa, concretamente, el sur de Francia y la costa cantábrica de España, además de la estepa rusa del sureste, en especial en los valles de los ríos Dniéper y Don.
Aquí, abundaba la tundra herbácea y árboles como los   sauces y olmos en los valles. Gran número de animales árticos se adaptaron (mamut, caballo); además animales como el bisonte, el rinoceronte o el ciervo rojo se movilizaron hacia estas áreas para alimentarse de hierba. La gente siguió a los animales, sobre todo aquellos que actuaban suficientemente rápido para huir de los largos y fríos inviernos del norte, asentándose en los valles de los ríos, en donde estarían protegidos de los vientos glaciales, tendrían agua en abundancia y pasto suficiente durante sus migraciones anuales. 
Los lugares más hospitalarios fueron los estrechos y profundos valles a lo largo de los ríos del suroeste de Francia (Garona, Dordoña y Lot). Aquí las gentes podrían  apreciar las ventajas que proporcionarían las numerosas y profundas cuevas y abrigos rocosos, y capturar las presas animales cuando llegasen a los estrechos corredores rivereños.
Un incremento en el número de personas en esas regiones favorables significaría un incremento de la competencia por los mismos animales salvajes, de manera que la caza podría haber tomado una mayor importancia que antes, en virtud de la prioritaria necesidad de obtener un complemento regular de alimento. En tales condiciones una nueva e intensificada forma de “caza mágica” tal y como la que podría proporcionar el arte, debió ser inevitable.  
Algunas especies animales disminuirían su tamaño corporal y no se adaptarían por completo al clima seco y frío, ante lo cual acabarían extinguiéndose. Este hecho pudo haberse añadido a la presión competitiva sobre las bandas de cazadores e incrementar la necesidad de desarrollar nuevos rituales para expresar y transmitir poder sobre la presa elegida. Para esto, la pintura en particular, pudo haber sido un medio natural profundo convirtiendo a  las cuevas en galerías naturales. Se podría explicar, así, el motivo de que muchas de las cuevas con pinturas parietales en Europa, se hallen ubicadas en el suroeste, en donde las densidades de población habrían sido más grandes.
El otro proceso, quizá más relevante, acompaña y magnifica los efectos del estrés climático. Según los estudios genéticos, la mayoría de los hombres en la población europea actual pueden trazar sus ancestros al Asia central en los últimos 35000 años. La gente que habría migrado desde el Levante a las tierras esteparias de Asia central hace 45000 años, primero se dispersaron hacia el este, en Siberia, hace 40000 años, y luego hacia occidente, tal vez forzados por el clima de la estepa abierta, con sus fieros vientos y heladas temibles, en busca de valles y entornos más cálidos. Viajarían, siguiendo los rebaños de animales, hasta las provincias atlánticas de la Europa occidental alrededor del 35000 antes del presente.
Una migración humana de esta magnitud, como sugiere la preponderancia de los genes asiáticos en Europa, podría haber modificado grandemente la sociedad europea en unos pocos miles de años. Presumiblemente, los nuevos vecinos absorberían las poblaciones sapiens previas que habían venido a través de la ruta mediterránea, desplazando las poblaciones neandertales a su paso y estableciendo la cultura Auriñaciense. De esta cultura no habrían diferido mucho pues, en cualquier caso, procederían de las mismas raíces levantinas
Este proceso presentaría algunas variaciones respecto a los conjuntos líticos Auriñacienses en las diferentes localidades geográficas y en el creciente número de sitios de ocupación sapiens en este período. A esto se añade que el influjo de población en una época de creciente escasez de alimentos provocaría, obviamente, que las sociedades humanas tuviesen que tomar severas medidas para sobrevivir. De nuevo el arte  pudo haber sido una razonable y ritualizada respuesta. Sería una reacción particularizada al gran estrés por mantener la caza bajo las severas condiciones climáticas y de fuerte presión demográfica. La respuesta estaría indicada por la presencia de muy pequeñas y portátiles esculturas y por la total ausencia de pinturas parietales en cuevas, en ese tiempo presentes en otras partes del mundo (Levante, norte y sur de África), lugares en los que tales presiones no existirían.
De hecho, en Levante, siempre hubo abundancia de alimentos en forma de plantas y animales, incluso en los períodos más fríos, y en todo momento contó con una continuada presencia de grupos humanos. Por consiguiente, no se manifestaba ese estrés ni hubo “necesidad” de recurrir al arte. No fue sino hasta hace 13000 años atrás que el área experimentó una presión demográfica, momento en que surgió el arte de la cultura Natufiense como reacción.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. Feiap-Ugr. Enero del 2017



[1] Hubo indicadores previos de la capacidad del sapiens para el arte. Es el caso de las piezas de la Cueva Blombos y del caballo inciso en Hayonim. Sin embargo, es hacia las fechas señaladas, momento en que se produce un incremento en abundancia y calidad, cuando surge un nuevo nivel creativo y un mayor grado de relevancia para esas sociedades.
[2] Una de las figuras más inusuales, y también de las más antiguas, está hecha de marfil de mamut y procede de la Caverna Hohlenstein-Stadel en el sur de Alemania. Ha sido datada en 32000 años. Se trata de un cuerpo humano de pie, con prominentes espaldas, pesados brazos y una cabeza semejante a algo parecido a un gato. Usualmente se piensa que podría ser un león y el individuo un chamán o brujo porque estas personalidades, en casi todas las sociedades históricas tribales, portan máscaras de animales para desempeñar sus rituales. Podrían haberlas usado para crear un encanto chamánico, común en el registro etnográfico, para controlar el comportamiento de los animales, curar una enfermedad o cambiar el clima. La pieza pudo encarnar, sin embargo el interés humano en valorar y asumir la fuerza y ferocidad de un animal de tales características, una posibilidad que, en cualquier caso, no anula su posible propósito mágico.
[3] Las figuras rotas, presumiblemente a propósito, pueden ser un ejemplo de alguna suerte de magia que pudo haber tenido un especial significado para los cazadores, quienes, destruyendo las figurillas, tomarían el alma de una figura de animal individual y así en la realidad su contrapartida podría ser más vulnerable en el momento de la cacería. También le podría haber conferido a los cazadores un sentido de inevitable  poder sobre las presas en el futuro. El conjunto de tiempo y esfuerzo tomados para crear y fragmentar las figurillas, una actividad ni utilitaria ni productiva, sugiere que la acción debió haber tenido alguna relevante significación.