En la obra trágica de Eurípides, Medea, de 431 a.e.c., se narra la calculada y fría venganza de Medea tras ser abandonada por su esposo Jasón, quien decide casarse con la princesa Creúsa o Glauce, hija del rey Creonte de Corinto, con la finalidad e mejorar su posición política y social. Medea finge haber aceptado la decisión de Jasón, y por ello envía a sus hijos al palacio con regalos de boda para la princesa; concretamente, una corona y un vestido impregnados de veneno. Cuando Creúsa se los pone, muere abrasada por el hechizo, en tanto que su padre Creonte, al intentar salvarla, también perece.
Pero la venganza de la hija del rey Eetes de la Cólquida no se queda ahí, pues decide matar a sus propios hijos. Y no lo hace en un arrebato de locura, sino como un acto deliberado para infligir a Jasón el máximo dolor, privándolo de descendencia y de todo aquello que pretendía obtener con su nuevo matrimonio. La obra se cierra con la huida de la maga hacia Atenas (el rey Egeo le prometió asilo a cambio de futura ayuda), en un carro alado enviado por su abuelo, el dios solar Helios.
La pintura vascular muestra algunos buenos ejemplos relativos a esta trágica trama, si bien con interesantes matices y con varias novedades. Casi con seguridad el mejor exponente lo tenemos en la crátera de volutas apulia atribuida al Pintor del Mundo Subterráneo (Antikensammlungen, Múnich, 2396), datada entre 330 y 310 a.e.c. La aproximación del pintor es algo diferente al planteamiento de Eurípides combinando, al menos, tres escenas en una composición de múltiples niveles, con la presencia de varias figuras subsidiarias.
Una estructura arquitectónica de seis columnas de orden jónico domina la escena, representando el palacio del rey Creonte de Corinto. Dentro se observa la agonía final de la princesa, pero no causada por una túnica sino por una suerte de sombrero o de velo. Su padre, por otra parte, no parece estar en peligro. El hermano de la princesa, Hípotes, acude en su auxilio pero demasiado tarde. Abajo, Medea va a apuñalar a uno de sus hijos sobre un altar, mientras Jasón mira impotente. Están separados por un carruaje con serpientes, que bloquea el acceso de Jasón a sus hijos. En esta versión, llama la atención que solamente uno de los hijos de Jasón y Medea muere, mientras que el otro es conducido a salvo por un hombre joven en tanto Medea está ocupada matando al primero de ellos.
El conductor del carro es un hombre joven con sierpes en su cabello y antorchas en las manos, y es etiquetado como oistros (tábano), una personificación, presente en varias vasijas suditálicas pintadas, que simboliza distintos estados de locura. Su presencia parece implicar que Medea es conducida hacia su abominable acción por medio de un demente frenesí incontrolable. Hay algunos observadores casuales en la parte superior: Atenea, los Dióscuros, Heracles, el pedagogos (en general un esclavo de confianza encargado de la custodia y la supervisión de los niños de una familia acomodada, especialmente de los varones, desde los seis o siete años; una suerte de preceptor), y la nodriza (trophós; en la Grecia antigua, una mujer esclava o sirvienta encargada de criar y cuidar a los niños de una familia, desde el nacimiento y durante la infancia), ambos personajes habituales, así como la mismísima reina de Corinto, incapaz de socorrer a su hija. Un anciano rey bárbaro se encuentra en la parte más alejada a la derecha, significado como fantasma de Eetes. El padre de Medea, que ya llevaba mucho tiempo fallecido, retorna en forma de espíritu para recordarle a su hija que la traición a su hogar la ha llevado, en última instancia, hasta este triste y lamentable destino.
Bibliografía esencial
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Prof. Dr. Julio López Saco
UFM-UM-AHEC-AVECH-AEEAO-ICA, octubre, 2026.


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