10 de junio de 2016

Pueblos indoeuropeos de la antigüedad (II): ligures, frigios y armenios




Imágenes, de arriba hacia abajo: campana con un nombre real urarteo (Argishti). Entre 786-756 a.e.c.; fíbula frigia de la Anatolia central, datada entre los siglos VIII y VII a.e.c.; y fachada del templo rupestre frigio de Kümbet.

Tito Livio menciona en su obra una gens antiqua a la que los griegos dieron el nombre de Λίγυες y luego los propios romanos el de ligures. Plutarco, sin embargo, apunta que se auto denominaban ambrones, un nombre que coincide con el de una tribu germana, aliada de los teutones, que lo empleaba,  parece ser, como grito de combate. El nombre de este pueblo ha perdurado hasta la actualidad en la región italiana de Liguria, si bien en la antigüedad ocupó, de seguro, zonas mucho mayores (Costa Azul y la Riviera francesas). También habría que incluir las poblaciones ligures de ciertas islas, como Córcega y Elba.
En varias fuentes antiguas  se recogen diversas menciones del nombre “Liguria” en regiones meridionales de la Península Ibérica. Avieno, por ejemplo, habla de un lago Ligustino en territorio tartesio; Esteban de Bizancio menciona una ciudad ligur en esta misma zona y llama ligures a sus habitantes; el geógrafo griego Estrabón, citando a Eratóstenes, denomina a España con el nombre de Península Ligur; Tucídides, por su lado, asegura que una migración ligur expulsó a un grupo de iberos que habitaban junto al rio Sicano en Hispania y se fueron a morar a Sicilia.
Al margen de la posible filiación de los ligures, muy discutible, se puede precisar que cuando los romanos entraron en contacto con ellos, allá por el siglo III a.e.c., los ligures llevaban mucho tiempo sufriendo la presión e influencia de los celtas. Polibio señala que hacia mediados del siglo II a.e.c. había todavía numerosas tribus ligures que no estaban sometidas a Roma, y que, además, obstaculizaban el viaje terrestre de las legiones romanas hacia Hispania. La total anexión a Roma de toda Liguria solamente se produjo en 14 a.e.c. por obra de Augusto, momento en que se da inicio el proceso de su completa romanización. No obstante, por las referencias de Séneca y Plinio se sabe que en el primer siglo de nuestra era se continuaba hablando la lengua de los ligures.
Gracias, precisamente, a su contacto con los romanos nos han llegado algunas referencias de los ligures itálicos al respecto de su aspecto, hábitos, carácter y costumbres. Se describen delgados y no muy altos, pero resistentes; de tez oscura y belicosos, además de avezados marinos y comerciantes poco fiables. Las tradiciones conservadas por Catón y Varrón relacionan a los ligures con los sículos. En relación a su lengua, Plinio atestigua que hablaban de modo diferente a los galos, y Séneca afirmaba que era distinta del ibero.
No se cuenta, por desgracia, con ningún texto en lengua ligur. De lo poco que se dispone tenemos unas modestas glosas en varios autores antiguos: asia (centeno), bodinco (profundo, sin fondo) y sigynna mercader, comerciante, buhonero) se han catalogado como las más seguras. La toponimia, así como la antroponimia de la región de Liguria ofrecen una mezcla de elementos indoeuropeos y otros que no lo son. Aunque con algunas pequeñas reservas, se ha solido considerar ligur el sufijo -asco, que se encuentra en topónimos y etnónimos del tipo Comasco, Bergamasco o  Vinelasca, (Ademaseos, Carrasca o Panasca, entre otros, en la Península Ibérica).
Las primeras noticias acerca de los frigios se encuentran en las crónicas asirias, en las que reciben el nombre de muski. Según las crónicas, ya en el  siglo XII a.e.c. se habían convertido en una amenaza para el Imperio Asirio, y por ello Tiglat Pileser I se esfuerza en derrotarlos. El nombre con el que eran designados en las fuentes griegas es el de frigios, si bien ellos se llamaban a sí mismos Βρίγες (briges).
Asentados en Asia Menor, sin embargo su lengua no pertenece a la rama de las lenguas anatólicas. Según cuentan las tradiciones griegas y macedonias recogidas en Heródoto, los frigios habrían invadido Asia Menor procedentes de Tracia antes de la Guerra de Troya. Otra tradición independiente asegura que  habrían entrado en Asia Menor con posterioridad a la caída de Troya. En cualquier caso, el origen balcánico de los frigios parece indiscutible. De hecho, la denominación muski de las fuentes asirias se pone en  relación con el tema Mus- y Mys- que está presente en los Balcanes en etnónimos como moesios y misios[1]. En cualquiera de los casos, su presencia en Asia Menor es segura desde el siglo XII a.e.c.
Es muy probable que hayan sido los frigios, asociados tal vez con los gasgas, uno de los elementos clave en la caída del Imperio Hitita. No obstante, el momento de mayor apogeo del reino frigio se produjo hacia el s. VIII a.e.c., cuando ocupó prácticamente la  mitad occidental de la Turquía actual. Es la época a la que pertenece el célebre rey Midas. La prosperidad del reino frigio fue cercenada por la incursión de los cimerios, un pueblo procedente de las estepas, quienes derrotaron al ejército del rey Midas, el cual, según reza la tradición, se suicidó. Con el inicio de la decadencia de Frigia el liderazgo en Asia Menor recayó, de lleno, en  manos de Lidia.
En el siglo VI a.e.c. Frigia pasó a ser parte del imperio persa. De hecho, varios de los miembros del ejército persa de Jerjes que  trabó contacto con los griegos eran frigios. En su imparable declinar,  los frigios fueron objeto de comercio esclavista en los mercados de las polis griegas. En 275 a.e.c., una nueva incursión de parte de otro grupo indoeuropeo, ahora de filiación celta, los gálatas, propició la división del territorio frigio en dos. Su parte occidental se integró en el reino de Pérgamo, en tanto que su sector oriental quedó en poder de estos gálatas. Desaparece desde ese momento el nombre de Frigia, sustituido de ahí en adelante por el de Galacia.
La sociedad, cultura y religión frigias son una mezcla de elementos indoeuropeos y pre indoeuropeos, aunque su lengua es claramente indoeuropea. La deidad principal es la diosa Kubila una diosa madre (la Kubaba de los luvitas, la Kybeba de los lidios y la Cybele de los griegos). También era adorada una deidad masculina de la bóveda celeste, Mazeus. Se cree que los frigios fueron una aristocracia guerrera que se impuso sobre una población preexistente, aquella del reino hitita que, a su vez, había sometido a la población previa, hatti, que hay que considerar pre indoeuropea. La fama de los frigios fue adquirida por sus habilidades artesanales y estéticas. A ellos se atribuye la invención del arte del bordado y la de ciertos instrumentos musicales, en particular la flauta. Se les considera, además, inventores de las fabulas de animales, si bien probablemente solamente fueron el vehículo transmisor de elementos que hay que remontar al ámbito sumerio. 
Al respecto de la lengua frigia han quedado glosas en diversas fuentes griegas, nombres propios y, especialmente, varias inscripciones. Las inscripciones corresponden al frigio antiguo, que  discurre entre los siglos VIII y VI a.e.c., sobre todo en objetos hallados en sepulturas, y al frigio tardío, que discurre entre los siglos II y IV, mayormente en inscripciones funerarias.
La región oriental de la Turquía actual fue ocupada por una notable cultura que se conoce con el nombre de Urartu. Las primeras noticias de este pueblo se hallan en las fuentes asirias hacia el siglo XIII a.e.c. La época de mayor esplendor de Urartu se constata entre los siglos IX y VIII a.e.c., una etapa truncada por las incursiones de los cimerios en el siglo VII y de los escitas en la siguiente centuria. Las debilidades acumuladas en Urartu fueron aprovechadas por el naciente poderío de los medos para incorporarlo a su imperio. Probablemente se trata de las gentes que aparecen mencionadas por Heródoto con el nombre de alarodios. Además, el historiador de Halicarnaso los menciona como un grupo armado a las órdenes de Jerjes cuando decide atacar Grecia. En la inscripción de Behistán correspondiente al reinado de Darío, el padre de Jerjes, se menciona, asimismo, el nombre de arminiyas. Los armenios ocuparon el antiguo solar histórico de Urartu y desplazaron parte de sus habitantes pre indoeuropeos hacia las regiones al este del monte Ararat, sometiendo a los demás, quizás gracias al poder de una aristocracia guerrera.
No se sabe con seguridad el momento concreto en que los armenios entraron en Urartu ni desde donde procedieron. Heródoto, una vez más, dice que eran antiguos colonos frigios. La opinión especializada más generalizada supone que irrumpieron en Asia Menor hacia 1200 a.e.c. como uno de los famosos Pueblos del Mar, procedentes de los Balcanes. Una centuria después se habrían asentado en las regiones occidentales de lo que es la Armenia histórica. Luego la ocuparían por completo posteriormente. Sin embargo, últimamente se ha puesto en duda la identificación del armenio con el frigio. Además, como no aparecen mencionados de modo diferenciado los armenios entre los Pueblos del Mar se cree que la presencia minorasiática de este pueblo es mucho más antigua de lo que se suponía. Un argumento al respecto se fundamenta en la aparición de los nombres Armanam y Armanim en las inscripciones acadias del rey Naramsin (hacia 2250 a.e.c.), cuya homofonía con el nombre de los armenios en las inscripciones persas (Arminiya) no parece ser una mera coincidencia.
Por otra parte, en el vocabulario armenio existen préstamos tomados al hitita y luvita, que no pueden explicarse a partir de lo que permaneció de las lenguas anatolias tras la caída del Imperio de los hititas. Algunas palabras hititas son, de hecho, préstamos armenios. El nombre con el cual los armenios se auto denominan es hay, y a su país Hayastan. Las fuentes hititas del siglo XIV a.e.c. mencionan claramente una región del Asia Menor ubicada al sureste del Imperio Hitita, a la que aplican el nombre de Hayasa, que se traduce como “tierra de los hay”. Si se valoran convenientemente los préstamos armenios en hitita y los hititas en armenio, todo parece indicar que la presencia armenia en Asia Menor es bastante más antigua de lo que se suponía hasta ahora, remontando muy probablemente, al III milenio a.e.c.
Bajo la conducción de los armenios, la antigua región de Urartu nunca alcanzó una  pujanza semejante a la de antaño.  Pronto quedó bajo el dominio persa, y luego griego, tras la conquista de Alejandro Magno. A comienzos del siglo II, el emperador Trajano anexionó Armenia al Imperio Romano. No obstante, Adriano, pensando que la lejanía de esos territorios debilitaba a Roma, hizo retroceder la línea fronteriza hasta ubicarla en el Éufrates. En los siglos posteriores, Armenia se convirtió en un habitual  teatro de conflictos, al encontrarse cogida entre dos potencias fronterizas, Roma al oeste, y los partos al este.
Un hecho relevante es la conversión de Armenia al cristianismo. A principios del siglo IV, el rey armenio Tiridates III se convirtió al cristianismo, influido por San Gregorio el Iluminador, y lo declaró religión oficial del Estado. Este acontecimiento capital acabó orientando a Armenia hacia occidente, alejándola de la influencia persa. Otro factor decisivo fue la invención de un alfabeto propio, realizada en el siglo V por San Mesrop. Por su parte, la lengua del siglo V, que se conoce como armenio clásico (garbar en armenio), se continuó utilizando hasta el siglo XIX, por la gente instruida, y todavía hoy es la lengua de la Iglesia de rito armenio.


Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Junio del 2016

[1] Algunos eruditos piensan que muski designaría en realidad a los armenios. Incluso quienes eso creen, no dejan de admitir que los frigios habrían entrado en Asia Menor en la misma penetración que los muskis. Ambos pueblos, frigio y armenio, se denominarían con la raíz mus-, pero con una formación diferente. La mayoría de las gentes minorasiáticas los habrían confundido y llamado indiscriminadamente con el vocablo muski, que propiamente señalaba únicamente a los armenios. Con  los luvitas del I milenio a.e.c. se habrían distinguido, llamándoles musas a los frigios y muskis a los armenios.

5 de junio de 2016

Pueblos indoeuropeos de la antigüedad (I): ilirios, dacios y pueblos anatólicos (licios, lidios y carios)




Imágenes, de arriba hacia abajo: pizarra de plomo dacia de Romula. Se representan dacios, tracios o jinetes danubianos volando sobre el dragón dacio, que se encara heráldicamente a la gran madre Bendis; necrópolis rupestre licia de Pinara; y otra necrópolis rupestre licia, en este caso la de Myra (Demre).


Las primeras menciones históricas de los ilirios se encuentran en las fuentes griegas, y se fechan en el s. v a.e.c. Heródoto y Aristófanes los mencionan, así como Estrabón, que señala el nombre del lugar que habitaban como Iliria. Los romanos tomaron el nombre de los griegos y llamaron al territorio de estos pueblos Illyria o Illyricum. Apiano, por su parte, dice que el nombre deriva del de Ilirico, su mítico fundador, un hijo del ciclope Polifemo y de la ninfa Galatea.
La Iliria histórica estaba ubicada en territorios que hoy corresponden a la ex Yugoslavia y Albania, a orillas del Adriático. Hacia el Sur la región iliria se extendía hacia Macedonia y el Épiro griego. Si bien algunos arqueólogos han creído encontrar razones para pensar que los ilirios llegaron a sus regiones históricas en tomo al 1000 a.e.c., como portadores de la cultura de Hallstatt, los lingüistas señalan que hablantes de la variedad indoeuropea que conocemos como ilirio pudieron haber estado en la zona desde antes y haber absorbido la migración del I milenio y asimilado ese horizonte cultural sin cambiar su identidad.
Es el siglo III a.e.c. cuando comienzan a proliferar las noticias relativas a los ilirios. Así, por ejemplo, en 231, aliados con Macedonia, y encabezados por un rey de nombre Agron, vencieron a los etolios. La viuda de este soberano, Teuta, envió una escuadra contra Sicilia con la intención de conquistar las colonias griegas costeras. Sin embargo, incidentalmente entraron en conflicto con Roma quien, después de dos siglos, acabaría anexando Iliria y convirtiéndola en provincia romana.
Los ilirios, al igual que otras poblaciones indoeuropeas, se dividían en tribus. De ellas son históricamente conocidas la de los Ardeos, Albanos, Dálmatas, Dárdanos y Molosos. Si bien cada tribu era una unidad política independiente, gobernada por un consejo de ancianos que escogía cada cierto tiempo un mandatario, en ocasiones una de las tribus adquiría un liderazgo relativamente duradero sobre las demás, y lograba agruparlas en una suerte de reino (como el del mencionado Agron y Teuta). Buenos  luchadores y marineros expertos ejercieron la piratería en el Adriático a bordo de naves ligeras. El imperio romano aprovechó para su causa el carácter belicoso de los ilirios, en tanto que los empleó habitualmente  en las legiones. Ilirios fueron, así mismo, algunos emperadores, como Diocleciano, Aureliano y el mismísimo Constantino el Grande. Con la división del Imperio romano, el Illyricum pasó a ser parte del sector oriental, posteriormente incorporado a la esfera de influencia de Bizancio.
Hay constancia, según San Isidoro, que el ilirio todavía se hablaba entre la gente inculta y sin cristianizar a finales del siglo IV o principios del V. No obstante,  no tenemos testimonio explícito de este estado de cosas hasta el siglo VII, cuando los eslavos penetraron en los Balcanes y eslavizaron la antigua Iliria. Si el albanés es el descendiente moderno del ilirio, como parece muy probable,  resultaría palmario que la romanización nunca fue verdaderamente completa en la región.
En torno al epígrafe ilirio se ubican cuatro conjuntos lingüísticos, el véneto, el mesapio, el albanés y el ilirio en un sentido estricto del término. De la lengua hablada, no obstante, se sabe muy poco. Solamente se cuenta con algunas glosas, como deuadai, denominación dada a los sátiros, y sabaia o sabaium, una bebida, especie de zumo hecho de trigo. En la onomástica, sobre todo en la toponimia, existen, sin embargo, algunos ejemplos notables, como Bulsinus, Metubarbis, Nedinum, y Pelso. También entre los nombres propios de persona, como es el caso de Oplus, Darmocus, Oplica y Vescleves, Kalas, Clevatus, Etuta, Gentius, Apio, Apludus, Baracio, Barcinus, Cato o Panentius y Varro, entre otros.
La antigua región de Dacia se encontraba ubicada en la ribera septentrional del Danubio, delimitada en el norte y el nordeste por los Cárpatos Orientales. Sería una prolongación septentrional de Tracia. En las fuentes griegas su mención es realmente  tardía. Sin embargo, es posible que hacia la cuarta centuria a.e.c. hubiera dacios en los mercados de esclavos atenienses y que se aluda a ellos a través del nombre de esclavo Daos, muy usual en la comedia ática. Ya en la época helenística se sabe que los dacios empezaron a explotar las minas de hierro, oro y plata y a comerciar con Grecia. Es muy probable, también, que los dacios sufrieran la influencia de sus vecinos orientales, los escitas.
Las diferentes tribus dacias hacían vida la mayor parte del tiempo sin organización política centralizada ni cohesión. Sin embargo, hacia 60 a.e.c. un tal Burebista consiguió unificar bajo su reino casi toda la Dacia histórica. Si bien a su muerte el reino se dividió, los dacios comenzaron a atravesar paulatinamente la frontera y a saquear territorios del Imperio romano. En tal sentido, Augusto se vio obligado a establecer en Moesia una guarnición. Tras etapas de relativa paz, se renovaron periódicamente los conflictos, que se tradujeron en la definitiva conquista de Dacia y su anexión al Imperio por mediación de Trajano en 106.
Un sector de la población fue masacrada y una parte obligada a desplazarse hacia el Norte. Fue en este instante cuando Dacia fue colonizada por gentes romanizadas provenientes de diversas regiones del Imperio, específicamente de Siria y Asia Menor. No obstante, la ocupación romana fue realmente efímera y despreocupada. Hasta tal punto fue de esta manera que a fines del siglo III Aureliano abandonó la región de Dacia[1].
Algunos de los rasgos característicos dacios se pueden desentrañar de los relieves en la columna de Trajano. Habría dos clases de dacios,  los agricultores y los guerreros. Con posterioridad a la conquista, y a pesar de haber sido en su mayoría diezmados o deportados, parece que los dacios continuaron divididos en dos clases sociales. Por un lado, la clase alta (pileati), que portaba una especie de gorro de fieltro (pileum) y, por la otra, la baja (capillati) que usaba el pelo largo. Característica esencial de Dacia es la presencia de lugares de asentamiento fortificados en lugares elevados, tal y como se puede observar en el emplazamiento de lo que fue su capital, Sarmizegetusa, en donde se han descubierto una serie de construcciones, algunas de carácter religioso.
A partir del abandono romano, Dacia estuvo sometida a una auténtica marea de invasiones. Por su territorio pasaron godos, gépidos, avaros, eslavos, búlgaros, pechenegos, kumanos y magiares. Restos de su lengua, dacio o daco-misio, se encuentran, muy pocos, en la onomástica, por ejemplo en algunos topónimos, caso de Cárpatos y Odessa, o en nombres como Acidava, Pratidava y Rusidava.
El antiguo reino de Licia debió centrarse en las estribaciones occidentales de las montañas del Tauro. Licia aparece mencionada en los textos egipcios, hititas y ugaríticos  del II milenio a.e.c. En la Ilíada figura como una aliada de Troya contra los aqueos. Sarpedón, su rey, pierde la vida en esa guerra, al igual que ocurre con Glauco, un honorable héroe que cambia su armadura de oro por una de bronce a su amigo Diomedes. Asentados en la costa, los licios disponían de una escuadra con la que atacaban de vez en cuando Chipre. En varios documentos egipcios se les menciona como aliados de los hititas contra Ramsés II en la célebre batalla de Kadesh. En consecuencia, es muy probable que fuesen tributarios del Reino Hitita si bien no se descarta que desde aquella época existiera ya en Licia cierta influencia griega.
Las ciudades licias estaban gobernadas por consejos de ancianos (especie de senados). Un rasgo que pudo ser adquirido del substrato pre indoeuropeo tiene que ver con elementos propios de instituciones matriarcales que se vislumbran en la sociedad licia, pues según relata Heródoto, en Licia perduraba la descendencia matrilineal. La lengua de Licia es la forma que el luvita o quizá un dialecto luvita adoptó en el I milenio a.e.c. Es bastante posible que existieran dos dialectos licios, el licio propiamente dicho, en el que se encuentran la mayoría de las inscripciones halladas, y el denominado milio.
Al norte de Licia estarían ubicados los lidios quienes, a diferencia de los licios, no aparecen mencionados en ninguna de las fuentes del II milenio a.e.c. Homero sitúa en la región aparentemente ocupada por Licia al pueblo de los meones. Algunos estudiosos opinan que los lidios serían mismo pueblo que Homero llamaba meones. Las crónicas asirias nos proporcionan, a mediados del siglo VII a.e.c., en época de Asurbanipal, la primera mención histórica de este pueblo y de su rey Giges. En virtud de esta mención tan tardía pudiera concluirse que fueron los lidios inmigrantes recientes en la región.
El reino de Lidia surgió, en cualquier caso, en medio de los trastornos que en el siglo VII a.e.c. acontecieron en la zona por culpa de la invasión de escitas y cimerios, aprovechando la destrucción del reino de Frigia, su más poderoso vecino septentrional. La primera mención griega de los lidios la encontramos en Mimnermo, que rememora en sus poemas la conquista de su ciudad natal, Colofón, por el mencionado soberano Giges en 630 a.e.c. El monarca lidio más conocido es, con diferencia, Creso, famoso por su legendaria opulencia y porque fue el responsable de la conquista de Éfeso a mediados del siglo VI. No obstante, el reino de Lidia tuvo una vida realmente efímera, de algo más de un siglo. Hacia 540 a.e.c. fue asolado y anexionado al Imperio Persa. Algo que, sin embargo, han dejado a la posteridad  los lidios pudo ser la moneda acuñada, pues se han considerado, según varias tradiciones griegas, los inventores de la moneda como instrumento del comercio.
Por su parte, el territorio que en la antigüedad se conoció con el nombre de Caria, estaba situado en la región costera al norte de Licia. Los carios hablaban una lengua de  filiación indoeuropea anatolia que se vincularía dialectalmente con el licio y con otras dos lenguas del grupo luvita, conocidas como el pisidio y el sidético.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. Caracas. FEIAP-UGR.



[1] Para algunos especialistas la retirada romana habría sido únicamente militar y administrativa, en tanto que las poblaciones latinas de Dacia se habrían mantenido en su sitio, más o menos estables, sobreviviendo a una serie de invasiones posteriores. En cambio, para otros, la cadena de invasiones acabó con la población romanizada originaria, erradicando el latín. Posteriormente se produciría una nueva latinización a manos de los valacos balcánicos, que habrían emigrado desde regiones meridionales. De hecho, los valacos se tienen a sí mismos como descendientes directos de las poblaciones romanizadas de Iliria, Moesia y Dacia.

1 de junio de 2016

Los orígenes de la escultura griega clásica




Imágenes (de arriba hacia abajo): Apolo kitharoidos, obra de Escopas. Copia romana de un original griego, 300 a.e.c. Museos Vaticanos. En realidad, es Pothos, dios de la añoranza, el anhelo y el deseo; figura masculina en bronce con casco. Hacia 440 a.e.c.; y panel en el Templo C de Selinunte, en el que se observa una hierogamia. Hacia 470 a.e.c.

La eclosión del arte escultórico en la Grecia de la antigüedad se produjo en el siglo V a.e.c. y se continuó la centuria siguiente. Varios son los factores que explican esta irrupción. Las invasiones persas de principios de la quinta centuria habían destruido una buena parte de las obras arcaicas, realizadas fundamentalmente en los siglos VII y VI a.e.c., en especial, las ubicadas en la Acrópolis ateniense, lo que motivó la necesaria labor de reconstrucción. La victoria ante los persas fue atribuida a los dioses por los griegos, de ahí el interés, como retribución, en dedicarles estatuas.
Un nuevo sentimiento de orgullo nacional o patriótico va a impulsar la veneración de héroes, la idolatría de los reyes míticos de las ciudades más importantes y el homenaje de los ancestros divinizados de linajes. Muchas personalidades se convirtieron en protagonistas de obras que evocaban la guerra de Troya, entendida como un prestigioso antecedente del conflicto contra los persas. La presencia de los griegos por el ámbito del Mediterráneo se simboliza ahora por mediación de la figuración escultórica de Heracles y de sus memorables hazañas.
El apogeo artístico escultórico del siglo V a.e.c. responde, esencialmente a la bonanza económica de las polis, un hecho que permitiría erigir esculturas de gran magnificencia  y de un carácter profundamente innovador. Se crea ahora un estilo griego común, al margen de las diferencias regionales del período arcaico. Procedimientos y prácticas eran, en esencia, los mismos en todas partes, incluyendo la decoración policromada de las esculturas[1]. Se impone el naturalismo y, al tiempo, se busca una representación realista de las actitudes y de los cuerpos, en marcado contraste con el anterior hieratismo arcaico. Se entiende que el cuerpo humano es un conjunto armónico y articulado. Tanto en reposo como en movimiento se intenta su representación de un modo equilibrado.
El ideal de belleza deriva de la necesidad de distinguir con claridad a las deidades de los seres humanos. Al imaginar las divinidades de modo antropomórfico, las divinidades, en su marco escultórico, tenían que mostrar una perfección inalcanzable para cualquier mortal. Ahora bien, el cuerpo humano ideal había de ser representado con verosimilitud y perfección. Es por ello que el modelo fue el cuerpo musculado, joven y desnudo, del atleta, que frecuentaba la palestra y el gimnasio y se exhibía en las variadas competiciones panhelénicas.
La simetría y el canon (o representación proporcional de las partes del cuerpo), eran las premisas básicas del llamado desnudo heroico, cuyo máximo representante fue el Policleto del Diadumeno y el Doríforo. En el siglo IV a.e.c., escultores como Lisipo o Escopas, añadieron a la perfección anatómica, elementos de expresividad, más o menos contenida, y movimiento. La concepción estética escultórica se basaba en profundos conocimientos anatómicos, que incluía la inseparabilidad de los aspectos anímicos y físicos.
El escultor era un técnico; en puridad, entonces, un artesano, si bien gozaba de gran consideración social y de sobrados recursos económicos. Los escultores trabajaban en talleres, en donde resguardaban sus creaciones. Era allí en donde las mostraban a sus potenciales compradores y clientes para que hiciesen su particular elección. En el siglo IV a.e.c. muchas de las esculturas clásicas tuvieron su lugar concreto en espacios públicos de las polis.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. Caracas. FEIAP-UGR. Junio del 2016



[1] En el fondo, en la antigüedad griega se creía que la escultura era dependiente de la pintura, como reseña Plinio en su Historia Natural. El mármol pulimentado era el soporte ideal para la pintura. El policromado resaltaba la sensación de vida, de realidad. Las esculturas se pintaban con vivos y brillantes colores.

26 de mayo de 2016

Orígenes de la épica india

Es en los himnos samvada del Rigveda en donde se encuentran ya antecedentes de las epopeyas indias. Lo mismo acontece en las itihasas (leyendas) y akhyanas (relatos), que aparecen en los brahmanas como verdaderas sagas de dioses o de héroes. Los enaltecimientos de héroes acompañados de las melodías del laúd (gatha narasamsi) fueron, en realidad, los verdaderos precedentes de las dos grandes epopeyas heroicas de la antigua India. Antes de su presencia existían, no obstante, otros ciclos épicos, de los que únicamente se han conservado algunos escasos fragmentos. Entre ellos se incluye la colección de leyendas del Suparnakhyana. epopeyas que fueron difundidas por diferentes gremios profesionales, de los cuales los dos más relevantes eran los cantores o bardos (sutas) de la corte regia, muy próximos a los ksatriyas y considerados también autores de los poemas épicos, y los cantores errantes o kusilava, de procedencia social inferior, pero con mucha mayor popularidad.
La épica surgió esencialmente en el entorno de los círculos ksatriya. Esta literatura tiene, en consecuencia, un carácter laico, si bien no desestima una notable tendencia moralizadora. Las representaciones del mundo divino se modifican notablemente en relación al vedismo previo. De las divinidades que predominaban en el Veda solamente Indra logró conservar ciertos ámbitos de su posición. Mientras, en este momento comienza a reinar la tríada de Brahman, Siva y Visnú. Además, se añaden nuevos dioses, como el caso de Kubera, dios de la riqueza, Ganesha, Karttikeya, un dios de la guerra, Sri (Lakshmi), deidad de la felicidad y la belleza, y la temible Durga (Parvati).
Como característica genérica se puede señalar que la épica india antigua posee una innata inclinación hacia la exageración y, en términos generales, a la falta de medida. En cambio, supera con notable diferencia a las obras griegas épicas homéricas en cuanto a su nivel ético y en relación a la profundidad de sus pensamientos reflexivos, filosóficos.
Junto a las dos epopeyas clásicas en sentido estricto, Ramayana y Mahabharata hay que mencionar otras obras, relativamente extensas, que reciben el nombre de puranas. En contenido y forma, la épica sánscrita se puede dividir en dos tipos diferentes. Uno se compone de los relatos, leyendas (akhyanas, itihasas) e historias de la antigüedad (puranas). El representante básico de este primer tipo sería el Mahabharata. El segundo, de nombre kavya, incluye poesía culta y se encuentra, por consiguiente, bastante menos próxima en su contenido a la tradición. La obra representativa de este segundo tipo es el Ramayana[1].

Prof. Dr. Julio López Saco
UCAB-UCV. FEIAP-UGR. Mayo, 2016.



[1] Ramayana surgió como una obra relativamente homogénea en India oriental. Mientras tanto, el Mahabharata se ubicó en India occidental, incluso, septentrional, siendo una obra extraordinariamente compleja, de carácter enciclopédico, en la que el argumento propiamente épico constituye solamente una pequeña sección del contenido total.

21 de mayo de 2016

Los Moai de Rapa Nui: significado y función



Imágenes: grabado que muestra al francés Jean-Francois La Pérouse cuando llegó a Pascua (1786); y vista de un grupo de varios moai en el altar Ahu Tongariki.

En la isla de Pascua (Rapa Nui en la denominación de sus habitantes, de origen polinesio,) se destaca la presencia de los moai (escultura de persona), unas novecientas esculturas antropomorfas de medio cuerpo con los brazos pegados a los lados, las manos apoyadas sobre el bajo vientre, cabezas de facciones hieráticas, con narices alargadas, aletas nasales destacadas y labios abultados. En algunos ejemplares se pueden ver grabados geométricos en la espalda, algunos dibujos realistas, símbolos tribales y tortugas. Aquellas más arcaicas poseen una cabeza redondeada, con un cuerpo rechoncho e, incluso, las piernas dobladas en cuclillas sobre los talones (como el arrodillado o Tukuturi), que tiene una posición análoga a la de los tiki de las islas Marquesas. La mayoría de las esculturas son masculinas.
Las cuencas oculares de los moai contuvieron ojos de escoria volcánica, obsidiana y coral blanco, pues los ojos los dotaban de vida. Una estatua son ellas era considerada inerte, en tanto que al recibirlos se convertía en un retrato viviente (aringa ora) de un antepasado, que era capaza de acumular fuerza sobrenatural para proyectar como protección sobre los miembros de la tribu. Después de algún conflicto, los vencedores solían derribar los moai de los vencidos y les sacaban los ojos para, de este modo, restarles poderío.
Estas esculturas se solían ubicar (aunque no todas) en un ahu-moai, o complejo funerario, al modo de los marae polinesios (sitios adecuados para ceremonias religiosas). Este ahu-moai se estructuraba en una plaza delimitada por muros escalonados con dos alas. Una rampa frontal empedrada llevaba hasta una terraza elevada, en donde se colocaban una o varias estatuas. Dentro de esta terraza se encontraba la cámara mortuoria. Los moai se ubicaban de espaldas al mar, mirando hacia una aldea ceremonial interior que contaba con varias cabañas comunitarias (hare paenga).
En relación a la función y significado de los moai se podría decir que sus emplazamientos parecen asociados a leyendas históricas de la población rapanui. Debieron estar íntimamente vinculados al episodio mítico que refiere la llegada de los primeros pobladores a la isla, conducidos por un soberano de nombre Hotu Matu’a. El mito cuenta que en una isla de nombre Hiva, probablemente una de las Marquesas, reinaba este rey. Una noche, el espíritu de un mago de nombre Haumaka, hizo un viaje astral desde la isla hacia oriente, concretamente la bahía de Anakena al nordeste de Pascua. El mago creyó que este era el lugar propicio para que la familia real se instalase. Sin embargo, el soberano, antes de emprender la migración, envió una canoa hacia oriente con siete expertos exploradores. Solamente después se desplazó él mismo, su esposa (Vakai) y una hermana de esta, llevando consigo la estatua Tautó, que tenía forma de falo.
La ubicación de las esculturas también podría relacionarse con el hecho de que funcionarían como hitos para señalar los límites de cada una de los clanes de la isla[1]. En tal sentido, puede ser por este motivo que los moai encarnaban el espíritu viviente de antiguos caciques, reyes ancestrales que, presidiendo el ahu, garantizaban riqueza y fertilidad a su clan específico.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR.




[1] Cinco en total: Haumoana, Marama, Miru, Ngnatimo y Tupahotu.

17 de mayo de 2016

Evolución del mosaico en la Grecia de la antigüedad (II)




Imágenes (de arriba hacia abajo): mosaico de la Casa de Dionisos, en Pafos; mosaico de Océano y Tetis. Zeugma, sur de Turquía, siglo II a.e.c.; y mosaico teselado de Alejandría, que muestra un perro entrenado. Quizá represente la mascota favorita de algún señor, su compañero en la caza o en el banquete. Siglo II a.e.c.

Hacia el siglo II (si bien más probablemente el III a.e.c.), la técnica pétrea fue reemplazada por el mosaico teselario. Se ha dicho que el deseo de imitar la pintura pudo ser la fuerza conducente que estuvo en la invención del mosaico con teselas, que ofrece un mayor rango de colores y el empleo de materiales artificiales (vidrio, terracota, fayenza). Los pequeños paneles (emblemata) en algunos mosaicos de los siglos II y I asemejan, ciertamente, pinturas. Una fina técnica, a partir del uso de tesserae minúsculas (opus vermiculatum), a menudo unidas con mortero pintado realza los efectos.
Se ha pensado que el vínculo perdido ente ambos tipos de mosaicos se encontraría en una casa en Morgantina, Sicilia, en donde un mosaico representa a Ganimedes siendo transportado por el águila de Zeus. Está confeccionado mayormente con teselas pero también incluye unas pocas piezas de piedra con las que se forman pequeños elementos, como el codo y los testículos de Ganimedes, y ciertas formas geométricas sólidas en los bordes. Los arqueólogos creen que la casa fue abandonada tras el saqueo de los romanos en 211 a.e.c., y por tanto, datan la construcción entre 260 y 250 a.e.c. en función de una moneda encontrada bajo el umbral.
Pero este desarrollo mixto no es exclusivo de una única región. Dependiendo de los autores, diversos lugares jugaron un papel relevante. Es el caso de zonas del Egeo, como Clazómene y Tebas, o de ciudades como Alejandría, en donde diversos pavimentos combinan piedras con teselas en distintas proporciones. Así mismo, se ha propuesto una datación en el siglo IV o principios del III a.e.c. para los mosaicos de piedra con algunas teselas en Assos, Gela, Atenas, Maronea, Elea o Arpi.
Es muy probable que la técnica del teselado, que fue refinada en las cortes helenísticas, lo haya sido como resultado de un mecanismo para difundir la riqueza y el poder de los reyes. Ejemplos muy destacados son los pavimentos de los palacios en Pérgamo, que se datan en la época del reinado de Eumenes II (197-159 a.e.c.) o de su sucesor Atalo II (159-138 a.e.c.), así como el grupo de mosaicos de Delos, fechados entre 166, cuando los romanos convirtieron la isla en puerto libre, y los ataques de Mitrídates del Ponto en el 88 y de los piratas en 69 a.e.c. Los mosaicos pergameneos fueron comisiones reales en tanto que los delios se hallaron en casas más modestas y en apartamentos de mercaderes.
Los mosaicos teselados helenísticos se han encontrado por toda Grecia y a lo largo del Egeo, pero también en el Levante, Asia Menor, Cirenaica, Egipto, Magna Grecia, Sicilia y la Península Ibérica. Tal proliferación refleja, al menos en parte, la expansión del poder y, sobre todo, la cultura griega.  Del mismo modo, también parece ser el producto de una incrementada prosperidad y movilidad social.
La mayoría de los mosaicos con teselas se encuentran en los interiores de las casas, y unos pocos en edificaciones públicas, templos y baños. Se emplearon en dependencias de variadas formas y tamaños, si bien la ubicación más típica fue en las grandes habitaciones rectangulares con una puerta en la mitad de uno de los lados largos. Aunque también se han encontrado en habitaciones menores y en lugares abiertos al frente que se encaran hacia el patio (exedras), al igual que en los patios o los peristilos. En el interior de las casas se aprecian distintos tipos de pavimentos que forman una jerarquía y que marcan, por lo tanto, la relevancia de los diferentes espacios.
Sin duda, los mosaicos teselados se reservaron para las mejores habitaciones, a veces combinado con mármol pintado, estuco moldeado, elementos arquitectónicos e, incluso, frisos figurados. Una opción lujosa fue el opus sectile, piezas de piedra coloreadas cortadas de forma que configuran un diseño (como los cubos). La mayoría de los mosaicos de este tipo helenísticos siguieron el mismo diseño básico como los mosaicos pétreos, con bordes concéntricos que estructuran un campo central, que puede contener una o más figuras o paneles florales. Usualmente, aparece cubierto de patrones geométricos.
En estos mosaicos todavía se observan elementos conectados con Dionisos. Muy populares son las máscaras, que pueden evocar al dios como patrón del teatro y también aludir, como reflejo, al disfrute del drama. Las máscaras aparecen, algunas veces, en conjuntos asociados a guirnaldas de hojas, flores y frutos, lo que podría simbolizar el rol de Dionisos como una divinidad de la vegetación y la fertilidad, al igual que hacen otros motivos de plantas, caso de las rosetas fantásticas y la profusión de flores y hojas pobladas por delicados pájaros e insectos. Estos motivos son típicos de la decoración interior helenística. Probablemente, querían presentar una impresión genérica de abundancia, prosperidad y hospitalidad.
Los motivos arquitectónicos siguieron siendo comunes. El mayor rango de colores disponibles en estos mosaicos hacía más fácil una representación realista. Del mismo modo, también hacía más cómoda la representación del mundo natural de forma realista. Diversos detallados emblemata mostraban ahora una variedad de peces y crustáceos con extraordinario detalle y precisión, una moda que pudiera explicarse por el interés helenista en las ciencias naturales y, tal vez también, por el estatus que los peces conferían, pues se entendía que formaban parte de un alimento de lujo. También las aves fueron populares.
Los animales salvajes y las criaturas míticas están casi prácticamente ausentes de los mosaicos teselados griegos. Se ha explicado tal ausencia señalando que habría mucha menor imaginería masculina vehemente que la característica de los mosaicos en piedra. La razón estribaría en que las estancias decoradas con mosaicos eran ahora usadas por el conjunto de la familia, aunque también pudo deberse a un cambio de ideales, que se modificarían desde los valores militaristas y agresivos del período clásico a unos más dulcificados. No obstante, todavía se pueden observar algunas pocas escenas de caza.
Diversos mosaicos presentan ahora imágenes conectadas con las victorias en los eventos atléticos o de otra índole. En Delos, un mosaico muestra un ánfora Panatenaica con la corona y la rama de palma del vencedor. Estos motivos, probablemente, proyectaban un aura de éxito y buena fortuna, aunque también pudieron haber implicado que el propietario frecuentaba el gymnasion, un relevante marcador de estatus social. De modo análogo, los temas como el drama o los peces, se pueden entender como una forma de sugerir interés en la literatura y el aprendizaje, señas de identidad propias de una elite ociosa.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR

11 de mayo de 2016

Evolución del mosaico en la Grecia de la antigüedad (I)




Imágenes (de arriba hacia abajo): mosaico de la Casa del Rapto de Helena, en Pella, con una escena de caza del ciervo. Siglo IV a.e.c.; mosaico de suelo con figuración (esfinges, grifos, leones y una nereida sobre una criatura marina) y decoración geométrica. Casa de los Mosaicos, Eretria. Siglo IV a.e.c.; y mosaico de suelo de Belerofonte, Olinto. También de la cuarta centuria a.e.c.

Los mosaicos decorados son algo tardíos en el repertorio artístico de la Grecia de la antigüedad, pues su datación no puede ser anterior al siglo V a.e.c. En un principio se usaron pequeñas piedras naturales, en lugar de los cubos cortados artificialmente (tesserae). El mosaico teselario corresponde al período helenístico.
Aunque se ha señalado que los orígenes del mosaico pudieron estar en las incrustaciones en muros mesopotámicos del IV milenio a.e.c., en los suelos de piedras de la Edad del Bronce anatólicos y sirios, o en los pavimentos decorados con pequeñas piedras del Egeo del Bronce, es muy probable que los mosaicos decorados se hubiesen desarrollado de modo independiente en la Gracia antigua.
La mayoría de los mosaicos pétreos griegos se encuentran ubicados en las casas. Concretamente, son comunes en los comedores, identificados con el andron o habitáculo de los hombres. En tal sentido, se ha sugerido que la introducción de una elaborada decoración en las casas del clásico tardío pudo ser un intento de parte de la elite de crear un medio ambiente exclusivo para sus symposia, y también un medio de mantener su superioridad en una época en la que las prácticas de los banquetes estaban siendo adoptadas por un más extenso sector de la sociedad. No obstante, no se puede descartar que los mosaicos en estos comedores debieron desempañar una función práctica, la de proveer una superficie sólida y a prueba de agua. 
Los mosaicos de pequeñas piedras también fueron ocasionalmente empleados en los baños públicos y en los templos.
En los comedores, la decoración aparece habitualmente conformada en bandas concéntricas alrededor de un campo central que contiene, a veces, una escena figurada, aunque más a menudo un motivo circular simétrico como una estrella, una roseta o una rueda. Las figuras animales o humanas se localizan en frisos que tienden hacia los bordes del suelo, encarando los reclinatorios.  
La entrada estaba usualmente marcada por un pequeño mosaico, a modo de alfombra, en el borde enfrente de la puerta. La elección de los motivos decorativos se relaciona, asimismo, como la función del espacio. Es por eso que muchos se asocian con la bebida y con Dionisos. El dios puede aparecer, ocasionalmente, montado en una pantera, un leopardo (Pella, Eretria) o conduciendo un carro tirado por panteras (Olinto), y rodeado por frisos con sátiros y ménades danzando. Entendido como una deidad de la naturaleza y la fertilidad, su alusión ha sido considerada a través de la presencia de plantas espiriliformes, con profusión de hojas y flores, así como por mediación de muchos diseños que representan animales salvajes y fabulosos, como las mencionadas panteras, leones o grifos. Las criaturas marinas, especialmente delfines, fueron motivos populares. También pueden ser asociadas a la esfera dionisíaca por medio de la vinculación poética y artística del vino y el mar.
Es probable que los diseños se deban leer como expresiones de poder y de estatus, así como reflexiones de las cualidades ideales masculinas. En tal sentido, las esfinges, leones o grifos, préstamos de la iconografía real del Próximo Oriente y que las elites griegas se apropiaron a pesar de la desaprobación de la lujuria y despotismo persas, fuesen contemplados como medios óptimos de expresar su propio estatus. Los animales salvajes, caso de los leones, se utilizaron como metáforas de la fuerza, el coraje y la agresión masculinas. Este factor puede verse reflejado en muchas imágenes de predadores que están matando a su presa.
Pocos mosaicos representan episodios míticos. Los que lo hacen se focalizan en las hazañas de los héroes. Es el caso de Aquiles recibiendo su nueva armadura en Olinto y Eretria, Teseo raptando a Helena (Pella), Heracles o los lapitas, luchando contra centauros en Atenas, Eretria y Olinto, o Belerofonte alanceando a la Quimera. Las escasas escenas de la vida cotidiana representan la caza, una actividad de los varones de elevado estatus.
La mayoría de la decoración sobre mosaicos de pequeñas piedras es, sin embargo, no figurativa. Consiste en patrones geométricos en blanco y negro, como olas, triángulos y meandros. La popularidad de los diseños bícromos y de los motivos con aroma próximo-oriental ha llevado a sugerir que los mosaicos arcaicos fueron imitaciones de los textiles orientales (una suerte de alfombras traducidas en piedra). Algunos ejemplos de piezas textiles halladas en tumbas en Macedonia y el Mar Negro asemejan mosaicos, con bandas de decoración bícroma geométrica, vegetal y figurada. Además, existe un claro parecido con la vestimenta decorada representada sobre la cerámica de figuras rojas del clasicismo tardío que, a menudo, es asociada con personajes “orientales” como Medea o Dionisos.
Por otra parte, el mismo repertorio de motivos orientales aparece en otras artes decorativas helenas, como los muebles, el trabajo sobre metal o la joyería, que son menos fácilmente interpretables como imitaciones de alfombras. Parece más probable que en todos estos soportes, los motivos de aspecto oriental se empleasen para evocar el lujo oriental y, así, crear un apropiado ambiente de placer, hospitalidad y refinamiento.
Otra fuente de inspiración para los diseños de los mosaicos se encuentra en la decoración arquitectónica, como los meandros y esvásticas o el kymation lésbico. Los motivos florales sobre los mosaicos de piedras pudieron verse influenciados por la pintura vascular. Sin embargo, la pintura monumental pudo haber sido, en realidad, la influencia tanto para la pintura vascular como para los mosaicos. De hecho, la influencia de la pintura es particularmente aparente en los mosaicos pétreos de Pella, en los que la representación central es un elemento más dominante en la composición, así como mayor el uso de la perspectiva y las sombras.
Casi todos los mosaicos en piedra conocidos en Grecia se encuentran en la Grecia continental y en el Egeo. Solamente unos pocos se hallan en la Magna Grecia y Sicilia así como en las costas del Mar Negro. Un buen número de ellos se concentran en Eretria, Atenas y Ambracia, además del entorno del golfo de Corinto (Corinto, Sición). Una agrupación sustancial de mosaicos se ha hallado en Macedonia. El conjunto más abundante apareció en Olinto, en tanto que los ejemplos más espectaculares se ubicaron en grandes casas y palacios en las capitales macedónicas; esto es, Vergina y Pella.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. FEIAP-UGR

2 de mayo de 2016

Los filisteos de Goliat



Imágenes: arriba, un mapa con las zonas ocupadas por las doce tribus de Israel y por los filisteos; abajo, una pintura mural en la sinagoga de Dura Europos, con el Arca de la Alianza en poder de los filisteos, tras haber derrotado a los israelitas.

En la segunda mitad del siglo XI a.e.c. la confederación de tribus israelitas, unidas por un mítico origen común y ciertas señas de identidad, se unieron bajo el poder de un único soberano, Saúl, para poder hacer frente a una poderosa amenaza, la de los filisteos.
Los filisteos son, según el Génesis, descendientes de Cam, un vástago de Noé, considerado el padre de las poblaciones del África negra. Uno de los hijos de Cam, de nombre Mizraim (Egipto), engendraría varios pueblos, entre los que destacan los kaftoríes, de donde procederían los filisteos. Kaftor, no obstante, se identifica con Creta. Esta aparente contradicción no es tal para los redactores bíblicos[1], que señalan que los filisteos proceden de Kaftor pero son un pueblo vecino de Israel que mora en una cornisa de la costa del Mediterráneo oriental, una región gobernada por varios príncipes (cinco en total), cada uno con su propia capital: Ashdod, Ascalón, Ekrón, Gat y Gaza. Sería precisamente en Gaza en donde chocarían los intereses de filisteos e israelitas.
Los filisteos no eran judíos, adoraban al dios Dagón, deidad de la fertilidad, y su fuerza se debía a su capacidad de fabricar y emplear armas de hierro. Inicialmente enemigos de la tribu de Dan (a la que pertenecía el juez Sansón), más tarde expanden el conflicto hacia el este, hacia las tribus vecinas de Judá, Benjamín y Efraín. El origen del conflicto entre israelitas y filisteos, ejemplarizado en el famoso episodio de David y Goliat, es el suscitado entre dos agrupaciones étnicas distintas que reclaman para sí los mismos territorios.
El episodio de David y Goliat, que recuerda sobremanera la epopeya homérica, se llevó a cabo en el último tercio del siglo XI a.e.c., en el valle de Elah, en las proximidades de Jerusalén[2]. El gigante Goliat desafía a los israelitas  a que presenten un campeón que sea capaz de medirse a él en combate singular[3]. Los israelitas, sin embargo, se ven dominados por el temor y ninguno de sus guerreros se ofrece voluntario para entablar combate con el gigante. Será David, un héroe más bien humilde, un pastor de la localidad de Belén, el que, tras pedir permiso al rey Saúl, se enfrente al gigante. Como es bien sabido, David mata a Goliat con una piedra lanzada con su honda.
A pesar de tal gesto de valentía y heroicidad[4], los celos del rey Saúl obligarán a David a vivir, durante los siguientes años, como si fuese un auténtico bandolero, hasta el punto de servir, irónicamente, como mercenario de los propios filisteos.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCAB-UCV-FEIAP-UGR.



[1] Durante los reinados de Merneptah y Ramsés III los Pueblos del Mar, según las fuentes egipcias, fueron rechazados en el delta del Nilo. Esa derrota obligaría a ciertos de esos pueblos a asentarse en la costa sur de Palestina. Los peleset, mencionados en las fuentes egipcias que hablan de los Pueblos del Mar, podrían ser los filisteos bíblicos.
[2] Es en Jueces, Reyes y Samuel donde se recoge la pugna entre ambos bandos.
[3] El reto bíblico que anuncia Goliat es comparable con el de Alejandro (Paris) y Menelao y con el de Héctor y Aquiles. La panoplia militar de Goliat, tal y como es descrita, recuerda la de un guerrero micénico del siglo XI a.e.c. o, incluso, la de un hoplita del siglo VII.
[4] La breve descripción física de David que encontramos en Samuel (1Samuel, 16), le acerca ligeramente al ideal modélico del héroe homérico. Además, su amistad con Jonatás (hijo del rey) no deja de recordar la estrecha relación amistosa entre Patroclo y Aquiles.