Textos e imágenes para la comprensión de procesos histórico-ideológicos, religiosos, artísticos y culturales de la antigüedad asiática, y para un acercamiento a los períodos arcaicos en África, América y Europa. Se presentan artículos de opinión, investigaciones, imágenes y diversos ensayos. Los vínculos (Museos, Institutos, Universidades, Centros de Investigación) complementan las indagaciones que se muestran.
3 de octubre de 2022
Vídeo. Serie. ¿Y si hablamos de mitos?. Mitos egipcios: una dinámica social
1 de octubre de 2022
Influencias iconográficas mesopotámicas en la mitología India
Imágenes (de arriba
hacia abajo): la Copa de Gudea, un vaso de libación de la II dinastía de
Lagash, 2141-2122 a.e.c. Museo del Louvre; detalle de un lateral de la Copa de
Gudea. Un mušhuššu se encuentra sobre
la hoja de una puerta; sierpe Nâga Muchilinda protegiendo al Buda. Reino de
Angkor, Camboya, datada en el siglo XII. Honolulu Museum of Art.; y Yaksa indio de Amaravati, datado en el
siglo III. Hoy en el Museo Nacional de Tokio.
Las
relaciones entre las deidades indias y los animales se convirtieron en un
elemento recurrente en la iconografía. Los animales, adquiriendo un carácter
simbólico, ubicados en la parte inferior de los dioses, se transforman en
vehículos, vahana, que transporta a
la figura representada. Se trata de una representación que duplica el carácter
y la energía de la deidad específica. La diosa, Devi, suele mostrarse sobre un
león, Siva sobre un toro, de nombre Nandi, mientras que Ganesha, deidad con
testa elefantina y señor de los obstáculos, aparece sentado sobre una rata.
Se
podría decir que aunque el dios Ganesha supera los obstáculos con la fuerza de
un elefante en la selva, la rata, en principio una montura incongruente con la
deidad, conoce los impedimentos que hay que superar y sabe còmo hacerlo. El
elefante avanza aplastando obstáculos, derribándolos, pero también la rata, con
su característica astucia, es capaz de entrar en los graneros cerrados. Uno y
otro, por lo tanto, representan el poder de Ganesha para superar cualquier tipo
de obstáculo o inconveniente que aparezca en el camino.
Por
su parte, el supremo jefe de los genios o yaksa,
de nombre Kubera, aparece habitualmente representado de pie sobre un hombre
agachado. De ahí que su epíteto principal señale que se trata de aquel cuya
montura es un ser humano
Este
genio de la fertilidad, la prosperidad y la riqueza, aparece asociado con las
montañas y la tierra así como los metales preciosos que se encuentran en el
subsuelo. Kubera y su séquito son, en realidad, deidades tutelares de la
familia, de ahí su procedencia de la tradición autóctona pre aria, si bien han
venido desempeñado desde siempre un rol destacado en el folclore tradicional
tanto budista como hinduista. El vehículo-hombre bajo sus pies identifica, y
distingue, a Kubera de los reyes y príncipes sobrehumanos. Así pues, el vehículo
de la deidad es un aspecto visual que facilita conocer con exactitud quién es
la figura que se representa en la escultura o en la pintura.
Aunque
pudiera parecer lo contrario, este recurso iconográfico no es indio en origen.
Fue importado desde Mesopotamia. La deidad asiria Assur aparece representada de
pie o incluso flotando, sobre un animal con cabeza de dragón, garras traseras
de águila, cola de alacrán y zarpas delanteras de león. La deidad se muestra
rodeada de todo un conjunto de símbolos de seres celestiales diversos, además
de Venus, el sol, la luna o la constelación de las Pléyades. Aunque con un
aspecto monstruoso, el animal en Mesopotamia desempeña el lugar del vahana de
arte de India, desplegando una función similar. Ese animal representa, personificando,
en un plano inferior, las energías de la deidad de aspecto antropomórfico.
Estamos,
por lo tanto, en presencia de un recurso de origen mesopotámico, cuya
antigüedad puede remontarse a la mitad del II milenio a.e.c. A pesar de su
evidente arcaísmo, y de las documentadas relaciones comerciales entre las urbes
de la cultura del Indo y las ciudades-estado sumerias, en los monumentos de
esta civilización del Indo no aparece registrado el motivo.
Es
muy probable que haya que buscar el origen del vehículo de las deidades hindúes
en la pintura y escritura jeroglífica del oriente Próximo. Un convencionalismo
típico de la escritura jeroglífica, en concreto en los pictogramas, consistía
en que los caracteres que representaban objetos se usaban para expresar valores
fonéticos. Con posterioridad, y con la finalidad de que no hubiese
ambigüedades, se añadía un nuevo símbolo, un determinante, que especificaba la
referencia exacta del signo original. En forma análoga, en las imágenes de
deidades la forma real o la femenina de la figura antropomórfica es un tanto
ambigua, de ahí la necesidad de una referencia específica a través de un
determinante simbólico que se añadiría debajo.
Un
motivo destacado del arte de Mesopotamia que pervive en las tradiciones de
India es el de la pareja de serpientes entrelazadas. Se trata de un tema
iconográfico, probablemente muy antiguo, tal vez del Neolítico, que aparece de
forma bastante habitual en las lápidas votivas que se esculpían en honor de los
genios sierpe. Son unas tablas de piedra, de nombre nagakala, que son ornamentadas con distintos ofidios. Responde a la
donación que hacían las mujeres que deseaban quedarse embarazadas y tener
descendencia. Se ubicaban en los terrenos que rodeaban a los templos, al pie de
árboles sacros, en las charcas o estanques (pues estos espacios con agua estaba
poblados de nâga) y en las entradas
de las poblaciones.
En
Misore se pueden observar nagakalas con
relieves en los que aparece una reina serpiente del tipo sirénido, con cuerpo
humano y cola serpentiforme, así como capuchones de cobra desplegados. Con los
brazos doblados sobre el pecho, algunas sostienen dos hijos sierpe que se
elevan por encima de sus hombros. En otros casos las reinas serpiente muestran
un reptil con varias cabezas y una serie de los mencionados capuchones
desplegados. También se puede observar la pareja de serpientes mesopotámica con
las cabezas mirándose mutuamente, entrelazadas como si se estuvieran abrazando.
En
Mesopotamia el motivo puede apreciarse en un dibujo en la copa sacrificial del
rey Gudea de la ciudad de Lagash, una obra datada en torno a 2600 a.e.c. Aquí
se observa la pareja de serpientes entrelazadas de frente una a la otra. El
motivo se difundiría por India en una época previa a la llegada aria. Se ha conservado,
con el añadido de ciertos elementos pre arios no védicos, en muchas tradiciones
locales, en especial en el folclore del sur y el centro del país. Los
dos ofidios en Mesopotamia eran un símbolo de la deidad sanadora Ningishzida.
En tal sentido, se entiende que en Grecia se asociaran a Asclepio, deidad de la
medicina.
El
rival por antonomasia de la fabulosa y mítica serpiente es el ave fantástica. En
la mencionada copa de Gudea se ven dos agresivos monstruos alados con forma de
pájaro que están erguidos sobre sus patas con garras de águila y zarpas
delanteras de león. Las criaturas aladas representan el firmamento, el reino
etéreo, celestial y superior, de manera análoga a como la serpiente
representaba el aspecto fertilizante de las aguas en la tierra. Se oponen a los
poderes de los ofidios, formando con ellos un antagonismo simbólico de carácter
prototípico: cielo frente a tierra.
Debe
recordarse que el águila pertenece, en la mitología griega, a Zeus, padre
celestial, en tanto que la sierpe acompaña a su hermana y esposa Hera. Diversos
episodios míticos resaltan tal oposición. Así, por ejemplo, se puede percibir
en los mitos de Heracles. Este héroe era un hijo de Zeus con una mortal,
Alcmena. Heracles recibe, siendo todavía un niño muy pequeño un mortal regalo
de Hera: unas serpientes que, finalmente, el bebé logra matar.
En
la Ilíada los héroes reunidos en el
asedio a Troya observan a un águila que lentamente se eleva hacia el cielo
llevando entre sus garras a una sierpe llena de sangre. El adivino Calcante
interpreta la aparición como un signo de buen augurio, indicador de un
inminente triunfo aqueo sobre los troyanos. El ave celestial que destruye al
reptil implica la victoria del orden celeste y patriarcal de los griegos sobre
el matriarcal de Troya y de la misma Asia, simbolizado por Afrodita. Esta diosa
de origen asiático fue la responsable primera de la inmoral acción que
desencadenó el conflicto, al persuadir a Helena de que rompiese sus lazos
matrimoniales establecidos uniéndose a París.
La
serpiente reptadora habita la tierra y personifica el agua. La tierra, madre
primordial, es la que alimenta así como la que devora a sus criaturas, de forma
que les impide la esfera celestial. El cielo, por su parte, es movimiento
libre, que vuela, desplazándose, como lo hacen las aves. En consecuencia, el
ave es un principio espiritual superior, que planea en el éter y llega hasta
las estrellas. Es la oposición, aunque vinculante, entre la fuerza solar y la
energía líquida. El Señor del cielo, que seca la humedad de la tierra, puede
poseer alas doradas y un aspecto de monstruoso grifo. Ataca de modo permanente
al guardián del líquido vivificante
El
ave devora las serpientes (nagasana),
y en India lleva el nombre de Garuda, palabra cuyo origen proviene del verbo
tragar. Es un pájaro que extermina ofidios gracias a un poder místico que le
protege contra el veneno. Su culto popular y su presencia en el folclore están
muy extendidos en la tradición hindú. Un ejemplo muy notable se encuentra en la
localidad de Puri, en la región de Orissa, en donde aquellos que sufren una
picadura de serpiente son llevados a un templo en el que abrazan un pilar con
Garuda que se supone impregnado de magia celestial.
Gatruda
es frecuentemente representado con patas de buitre, alas, nariz curva en forma
de pico y brazos humanos. Con sus temibles garras atenazan a sus víctimas
serpentiformes. Tal popularidad se traduce en su función de vehículo divino, en
este caso particular del dios Visnú. Lleva al dios sobre sus hombros, mientras
Visnú porta en una de sus manos un disco de batalla, disco ardiente solar de
mil radios, una rueda que arroja contra cualquier adversario. En Camboya, por
ejemplo, el templo entero dedicado a Visnú es soportado por el ave, quien
multiplica su forma formando una suerte de cariátides animales que sostienen la
edificación. Se trata de un templo considerado la copia terrenal de la morada
celestial de la divinidad (Vaikuntha).
Curiosamente,
es Visnú un dios asociado a los dos antagonistas. Por un lado, a la infinita
serpiente Sesa, personificación y representación de las aguas primigenias del
cosmos; por el otro a la implacable ave Garuda, vencedor de la serpiente. Esta
paradoja se explica en función de que este dios es la esencia divina que todo
lo contiene y que, por consiguiente, contiene toda dicotomía posible. Se
muestra diferenciado en las manifestaciones polares, mantenidas en la
existencia por medio de una tensión dinámica que forma parte ineludible del
proceso creativo del mundo.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, octubre, 2022.
26 de septiembre de 2022
Ritualidad y mito en anillos dorados del período Neopalacial minoico
La
religión de los minoicos se expresa en la adoración de la naturaleza. Las
fuerzas de la naturaleza fértil se deifican y se representan en forma humana
como la Gran Diosa de la Natura (o también del Sol, en consideración de Nanno Marinatos).
Sus atributos aparecen reflejados por vez primera en el III milenio a.e.c. en
la figura de la Diosa de Myrtos. Ya en el siguiente milenio, las actividades
cultuales son reflejadas por medio de una rica iconografía que se focaliza
sobre la imagen emblemática de la célebre Diosa de las Serpientes. En el tercer
milenio, las actividades cultuales y el tiempo religioso se expresaban en la
adoración de los ancestros y espíritus en las tumbas. Hubo primero una
adoración al aire libre, en santuarios rupestres, para después estar
centralizado el ritual en el palacio oficial y en las casa de culto.
La
manera en que la diosa se aparece a los seres humanos y las interpretaciones de
tales apariciones (epifanías) lo vemos principalmente en anillos-sellos de oro.
En ellos se representan los diversos niveles de la epifanía, así como las actividades
de culto primario relacionado a la visionaria aparición divina, al espacio
físico y los santuarios en los que tal particular evento tiene lugar. En el
ciclo epifánico también aparece una deidad masculina, que hace las veces de
consorte de la diosa. Además, las principales actividades de culto asociadas con
la epifanía son las adoraciones de los árboles, veneración de un árbol sacro
por adoradores en estado de éxtasis, así como el culto de la piedra sacra
(betilolatría), una roca o pequeño pilar de carácter sagrado. Un elemento
presente en estos ritos son, asimismo, las danzas de grupos de mujeres. Entre
los diversos ejemplos de anillos-sellos, nos detendremos a valorar tres
notables ejemplares del período Neopalacial minoico.
El
llamado anillo de Minos (período Neopalacial, 1500-1400 a.e.c.), probablemente
el más grande anillo de oro minoico, muestra una epifanía y actividades
cultuales. Una diosa se presenta de forma triple: como una pequeña figura en la
parte superior derecha suspendida en los cielos, luego aparece sentada sobre un
santuario con escaleras y finalmente se la ve navegando sobre el mar en un bote
que debe estimarse sacro. La composición se ve complementada por una doble
escena de la adoración de los árboles, por parte de una figura masculina en el
centro, y de una mujer a la izquierda. Hay que destacar que los árboles
sagrados brotan de los santuarios, en tanto que un pequeño santuario también se
muestra sobre la barcaza. El mar, por su parte, es indicado a través de un
modelo en red de ondas, en tanto que lo que se supone es la línea costera se
marca con enormes cantos rodados. El simbolismo sugerido en la escena alude al
concepto del dominio de la diosa sobre los tres niveles del mundo físico, mar,
tierra y aire (lo que incluye el inframundo).
Este
otro anillo de oro del cementerio de Fourni Archanes y también datado en el
período Neopalacial, representa una deidad femenina flanqueada por una escenas
de adoración de los árboles y otra referida a la piedra sacra o betilo. Varios
símbolos sagrados y una mariposa completan la representación. La mariposa, como
el caso de la polilla, al menos en períodos posteriores, simboliza el alma del
difunto.
El
tercer ejemplo es un anillo-sello de oro, de la tumba de Poros Herakleion,
también del período Neopalacial, en esta oportunidad tardío (en torno a 1450
a.e.c.), que parece mostrar la escena de la conversación sagrada entre una
deidad femenina y otra masculina. La epifanía es representada por una pequeña
figura suspendida y por diversos
símbolos sacros en el cielo. La composición se complementa con grandes aves y
una típica escena de la adoración del árbol.
UM-AEEAO-UFM, septiembre, 2022.
19 de septiembre de 2022
Museo Arqueológico de Heraclion (Creta): interpretación mítico-religiosa de algunas piezas
Imágenes: todas las
imágenes son personales, realizadas por el autor
En
esta reseña se harán unos breves comentarios acerca del acercamiento hermenéutico
que comencé a llevar a cabo en relación a ciertas piezas del Museo Arqueológico
de Heraclion (en la isla de Creta), casi con total seguridad, mucho menos
conocidas que algunas de las más espectaculares que el museo posee (sarcófago de
Hagia Triada, frescos minoicos de Cnosos, diosa de las serpientes, conjunto de
deidades con los brazos levantados o la, casi única, estatua de
Hades-personalidad y Perséfone, entre otras muchas más). El hilo conductor es
la búsqueda de connotaciones mítico-religiosas.
En
primer término un plato cerámico con representación de lo que puede ser un par de sacerdotisas
reverenciando a una deidad, en una suerte de danza; en segundo lugar, un modelo
de santuario en forma de casa con tejado móvil con cuernos de la consagración,
que posee una figura descansando sus pies sobre un escabel, probablemente una
sacerdotisa que plausiblemente representa una escena de epifanía dramatizada,
siendo la propia sacerdotisa una parte presente en un tipo de representación divina
o mítica teatralizada; en tercer lugar, un modelo en terracota de stoa con dos columnas y muro con
ventana, en donde están cuatro figuras recibiendo ofrendas sobre altares, de
parte de otras dos más pequeñas con vasos en sus manos. Podríamos estar ante una
escena de culto a los antepasados, relacionado con los fallecidos inhumados en
la tumba en donde apareció la pieza.
En
cuarto término, se aprecia el cuello de una jarra con impresiones de sello
cilíndrico en el que parece apreciarse el asesinato de una mujer por parte de
dos figuras masculinas con espadas ante la presencia de otra mujer. Tal vez sea
la prefiguración de una escena de la Orestíada
de Esquilo, la muerte de Clitemnestra por Orestes delante de Electra; en quinto
lugar, un cuenco cerámico con animales en sus bordes y un ave en el centro,
contemplada por una figura antropomorfa con manos sobre la cabeza. Podría ser
la preconcepción de espacio paradisíaco con la presencia del alma del fallecido
en el centro en forma de ave, y el difunto (humano), en actitud de plegaria,
con manos sobre la cabeza; en sexto lugar, una placa de mármol con Leda siendo
vulnerada por un enorme cisne (Zeus metamorfoseado) en presencia de un
colaborador Eros, en plasmación aparentemente clara del conocido mito.
Por
su parte, en séptimo lugar, vemos un tambor de bronce de la cueva del monte Ida
con lo que puede ser la representación del mito de nacimiento del Zeus
cretense, cuyos lloros eran acallados por los curetes. En el centro estaría
Zeus sobre un toro y dominando un león. Aparece flanqueado por los curetes,
representados al modo de démones
alados asirios que están golpeando tambores, siguiendo influencias orientales;
en octavo término, la decoración de una urna funeraria con una figura alada
masculina, probablemente el mítico Talos, siendo flanqueado por esfinges; y en
noveno lugar, vasija funeraria compuesta de un cuerpo en forma de ave, cabeza
de toro y asa en forma de cuerpo y cabeza de una mujer en posición ecuestre.
Podría tratarse de una alusión al rapto de Europa por Zeus, esta vez en forma
de toro. Son relevantes los detalles pintados del cabello y la cara femenina
así como las alas del pájaro. No obstante, también podría ser una suerte de
sirena, aunque la cabeza de toro resulta aquí peculiar.
UM-AEEAO-UFM, septiembre, 2022.
8 de septiembre de 2022
Los héroes griegos en Galicia. Tideo, Teucro y Heracles
Imágenes (de arriba
hacia abajo): la denominada Praza do Teucro, en
Pontevedra; una de las estatuas de Teucro que engalanan la villa
pontevedresa y; una panorámica de la Torre de Hércules, en A Coruña.
Cuenta la leyenda
que la ciudad pontevedresa de Tui recibió su nombre del héroe Tideo, un rey
griego de la región de Etolia. Fue su hijo, Diomedes, quien después de combatir
en la famosa guerra de Troya, decide irse navegando poniendo rumbo hacia
tierras de poniente, hasta llegar a Erizana, nombre antiguo de la actual villa
de Bayona. Una vez desembarca, acompañado de sus compañeros marineros, emprende
un periplo por la tierras galaicas, llegando a un lugar, en las orillas del río
Miño (denominación probablemente procedente de minio, por el color ferroso de
las aguas). Su llegada se habría producido, según la tradición, en torno a año
1210 a.e.c. Funda una ciudad, Tui, otorgándole el nombre en honor de su padre,
el mencionado Tideo. Hoy en día, existe un Club Tideo Montaña y una agencia de
viajes, de nombre Tideo Tours, en la fronteriza ciudad de Tui, en alusión al
mítico Tideo griego.
Teucro, hijo de
Hesíone y Telamón, fue un combatiente en la guerra de Troya. Se dice que fue el
fundador de la ciudad de Pontevedra. Una vez terminada la contienda troyana,
Teucro, afamado arquero, retorna a su hogar, pero en el viaje de regreso, fruto
de un naufragio, pierde a su sobrino, llamado Eurísaces (un hijo del gran
Ayax), motivo por el cual, su padre lo expulsa del hogar, sito en Salamina.
Así, Teucro se ve obligado a encaminarse hacia Siria y a la isla de Chipre. La
leyenda cuenta que intenta regresar, de nuevo, a su hogar, pero sin poder
lograrlo, pone rumbo a tierras de Hispania, en donde fundó, nada más llegar, la
ciudad de Cartagena (Tucria). Desde allí, se encamina hacia las columnas de
Hércules.
En su camino por
el Mediterráneo llega hasa una isla de mármol en donde encuentra una sirena, de
nombre Leucoíña. Con ella y sus marineros, navega en la búsqueda del Atlántico,
llegando al puerto de Marín y, finalmente, a Pontevedra. Funda la ciudad
bautizándola con el nombre de Hellenes, población de griegos. Leucoíña acaba
huyendo por el mar, lo que provoca que un dolorido Teucro siga el ejemplo de
Ajax, suicidándose en el entorno de la isla de Ons. Parece probable que este
héroe griego haya sustituido a un antiguo culto a Heracles, propio de las creencias locales, pues el hijo
de Alcmena aparece representado en la iconografía del gremio de marineros.
La relevancia de
Teucro queda señalada por la presencia de un par de estatuas del héroe en la
ciudad, la impronta de su rostro en fuentes, amén de una plaza que lleva su
nombre (rodeada de casas señoriales y palacios) o, incluso, en la denominación,
utilizando su nombre, de un conocido equipo de balonmano de la liga Asobal
(S.D. Teucro). Por otra parte, es necesario subrayar que las elites
renacentistas de la villa magnificaron el mito con la intención de prestigiar
la ciudad.
La famosa torre de
Hércules en la ciudad de A Coruña, un faro de construcción romana datado, muy
probablemente, en el siglo II, contempla un fondo legendario según el cual el
gran héroe panhelénico sería su fundador. El décimo de los trabajos de
Hércules, el de los bueyes de Gerión (monstruo con triple cabeza), se ubica
geográficamente en las tierras más occidentales (desde la mirada griega) de las
conocidas, más allá del río Océano. Heracles vence a Gerión.
Las prolongaciones
de época medieval del relato convierten a Galicia en protagonista principal, en
tanto que mencionan cómo un cruel gigante de nombre Gedeón o Gerión, asola sin
piedad territorios ubicados entre los ríos Tajo y Duero. En vista de esta
situación, Hércules viaja hasta la zona que hoy ocupa la actual Lisboa,
provocando que Gerión huya hacia el norte, hasta donde hoy está A Coruña. Hasta
aquí lo sigue el gran héroe griego, y le acaba proponiendo un combate singular
para dirimir la situación; un mítico combate que se demorará durante tres días.
Hércules vence y decapita al gigante. Encima de la cabeza de Gerión ordena
levantar el faro (cuya construcción finalizará un sobrino de Hércules, llamado
Espán), y que sean pobladas esas, hasta ese momento, desoladas tierras.
La leyeda señala,
finalmente, que la primera persona en llegarse hasta allí tenía por nombre
Cruña (de ahí el nombre de la ciudad). No obstante, otras versiones cuentan que
Hércules se enamoró de una mujer con tal nombre y que en su honor le confirió
el topónimo a la ciudad. Toda esta serie de acontecimientos habrían ocurrido
hacia 1700 a.e.c., momento en el que un hijo de Heracles, de nombre Galacte, se
haría con las riendas del reino de Galicia.
Ahora bien, otra
versión de la leyenda especifica que Hércules persigue al gigante por haber
deshonrado a una mujer, concretamente su propia hermana. Según la misma
versión, Gerión, al llegar al lugar donde se alza la torre, creyéndose a salvo,
erigiría un tienda con su barca, pero será final, y definitivamente,
sorprendido por Heracles.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, septiembre, 2022.
5 de septiembre de 2022
Los mitos egipcios como aspectos de la dinámica de la sociedad
Imágenes:
la sierpe Apofis; el terrible Ammyt; bajorrelieve de la triada egipcia Horus,
Isis y Osiris; Ramessesnakht, estatua de la tríada tebana y; pinturas con
temáticas míticas que decoran la tumba de Ramses VI.
Los
dioses llegaron a convertirse en seres sociales Egipto por mediación del
lenguaje del mito. Esos mitos hablan de interacciones divinas que se ubican en
un pasado muy lejano o en el presente más actual. Las relaciones entre
deidades, así como sus agrupaciones tuvieron un significado profundo, pues las
acciones y los eventos en el marco del mundo divino tuvieron implicaciones en
el Estado del mundo terrenal.
Los
mitos explicaban, hacían comprensible y otorgaban un significado a las actuales
o presentes situaciones en el medio cósmico, humano y social, en tanto que
contenían medios de circunscribir la naturaleza de la deidad por mediación del
conocimiento de sus hazañas y a través de sus concretos rasgos de personalidad.
De
modo diferente a lo que ocurre en otras culturas de la antigüedad, los mitos
egipcios muy raramente se transmitieron en un corpus coherente de textos
narrativos, un hecho tan particular que ha dado lugar a una dilatada discusión
acerca de la misma existencia, la naturaleza y el papel desempeñado por los
mismos en el antiguo Egipto. En el siglo XIX, la crítica especializada centró
su interés en el origen de los mitos y en la relación existente entre el ritual
y el mito.
Las
primeras reflexiones sugirieron la vinculación de la presencia de los mitos con lo que se cuenta en los textos
narrativos de carácter mitológico, enfatizándose con ello una relativamente
tardía aparición de los mismos en la historia egipcia. Partiendo de estas
premisas cobró fuerza y se estableció la opinión de que los mitos constituyeron
una estructura cultural; es decir, un conocimiento común y culturalmente
relevante al que podría referirse en distintas formas discursivas.
La
iconografía, por su parte, con sus específicos soportes y medios expresivos, expresaría rasgos míticos,
en tanto que los distintos tipos de texto, himnos, historias, cuentos, rituales
y ceremonias, encantamientos, podrían elaborarse a partir de mitos y transmutar
sus significados. Dicho de otro modo, un mito egipcio no se asociaba a una
forma fija de expresión, de forma que sus componentes individuales o
mitologemas podrían ser enunciados y combinados de múltiples maneras,
adquiriendo, en consecuencia, sentido en numerosos contextos.
Las
diferentes deidades egipcias no estuvieron únicamente conectadas por medio de
los mitos, lo cual implica acción, sino que también fueron asociados en
distintos grupos que acabaron estructurando el panteón. Algunos de tales
conjuntos o constelaciones divinas, alcanzaron una relevancia general para todo
Egipto, mientras que otras agrupaciones tuvieron un alcance más limitado, la
mayoría de las veces de carácter local. Una de las estructuras básicas fue la
conformada por un grupo de tres deidades, una femenina, otra masculina y una
tercera deidad infante. El tipo ideal, amén de ser tal vez la más antigua, de
esas tríadas, fue la establecida con Isis, Osiris y Horus.
El
dios creador Atum, acompañado de sus dos hijos, Tefnut y Shu, constituyeron una
tríada específica que fue extendida, en modo de secuencia generatriz
genealógica a nueve divinidades (la Ennéada). Semejante estructura de nueve
deidades, con el creador Atum o con el solar Ra como su referencia jerárquica
principal, se constituyeron como el emblema del mundo creado. Los ocho
descendientes juntos recreaban el universo entero. Shu simbolizaba el espacio y
la vida; Geb representó la tierra y Nut hizo lo propio con el cielo, mientras
que Tefnut se asoció con Maat. Los otros cuatro restantes dioses se
convirtieron en los representantes propios de la sociedad: Neftis, Set, Osiris
e Isis.
El
número nueve expresaba pluralidad y multiplicidad. En tal sentido, la Ennéada
encarnaba el mundo por completo de los dioses, es decir, el panteón divino. No
obstante, las agrupaciones locales o regionales solían comprender más de nueve
dioses.
La
variabilidad y movilidad de los mitos egipcios permitieron el desarrollo de
gran cantidad de conceptos e ideas referidas a las acciones llevadas a cabo en
el mundo o esfera divina, que explicaba comprensivamente los acontecimientos y
situaciones concretas principales, así como aquellos secundarios.
Las
menciones menos explícitas o frecuentes de rasgos míticos todavía resisten un
entendimiento completo y requieren un estudio más profundo así como nuevos
descubrimientos. Se podrían señalar tres conceptos como los que se consideran
mayores o principales. Se trata del complejo de mitos osirianos, los mitos
referentes a la creación del universo, y el llamado complejo mítico del ojo
solar, en realidad una diosa hija de la deidad solar Ra.
Un
rasgo que es necesario contemplar a la hora de estudiar los mitos egipcios es
la presencia en el antiguo Egipto de deidades foráneas. A lo largo de segundo
milenio a.e.c., Egipto adoptó progresivamente divinidades como Astarté o
Baal de las regiones vecinas próximo
orientales. Ocasionalmente, por consiguiente, se adoptaron e integraron mitos
extranjeros.
Por
otra parte, la realeza estuvo cercanamente asociada al mundo divino por
mediación de los mitos. La extendida idea de que el soberano gobernante fuese
contemplado como un privilegiado vástago de los dioses o una especial deidad,
se difundió en un amplio abanico de textos y de imágenes, muy frecuentemente
representadas en los muros de los templos, especialmente del Reino Nuevo. Tal
composición fue retomada en los templos grecorromanos y modificada con la
intención de describir el nacimiento del niño-dios como una señal de permanente renovación de las fuerzas
divinas.
El
enorme número de versiones divergentes y, en ocasiones contradictorias, de
conceptos míticos ha sido considerado desde siempre como uno de los principales
inconvenientes al analizar en profundidad la mitología y la religiosidad
egipcias. Hasta no hace demasiadas décadas este singular aspecto fue tomado
como una señal de un estado mental pre lógico o, en el mejor de los casos, como
la presencia de un marco tradicional residual que hunde sus raíces en épocas
prehistóricas. Una teoría lanzada en su momento por Henri Frankfort, y seguida
también por Erik Hornung, acerca de la multiplicidad de aproximaciones tuvo cierta aceptación y concedió una mayor
positividad a los egipcios en este aspecto, señalando su capacidad para
acercarse a las cuestiones esenciales de una manera global. Esta lógica
multievaluativa se refiere a la lógica de la complementariedad.
La
más actual aproximación a los mitos egipcios se centra en contemplarlos como un
relevante fenómeno de dinámica cultural y como un poderoso medio de expresión
de los valores culturales y de las reflexiones especulativas. Las realizaciones
mitológicas individuales tomaron asiento en contextos específicos, desempeñaron
funciones concretas o desarrollaron rasgos que fueron localmente prominentes.
En tal sentido, las variantes divergieron esencialmente en detalles más o menos
amplios, no en sus estructuras ni, por supuesto, en significación. Así, los
mitos fueron, sin duda, modelos explicativo-comprensivos muy pertinentes en la
sociedad, sin que eso supusiese su conversión en dogmas religiosos
indiscutibles.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, septiembre, 2022.
25 de agosto de 2022
Nestorianismo: una herejía cristiana en China
Imagen: estela
nestoriana de Si Ganfu, en Xi'an, datada en el siglo VIII. En ella se menciona
Da Qin, referido al imperio romano o, al menos, a la zona de Siria con
presencia de Roma.
El
nestorianismo alude a una doctrina religiosa inserta en el cristianismo que
considera a Cristo separado en una doble naturaleza, humana y divina, conformándose
así dos entes independientes o dos personas unidas en Él (Dios y hombre a la
vez), pero formado de dos personas realmente distintas.
Nestorio,
que confiere el nombre a la herejía
nestoriana, nació en Germanicia en Siria Eufratense, falleciendo en la Tebaida,
es decir en Egipto, hacia mediado el siglo V. Vivía como sacerdote y monje antes
de ser elegido por el emperador Teodosio II como patriarca de Constantinopla, sucediendo
a Sisinio. Persiguió a los arrianos y confiscó las iglesias macedonias en el
Helesponto, tomando medidas contra los cuartodecimanos, aquellos que celebraban
la Pascua en la luna de marzo, aunque no cayese domingo, que quedaron recluidos
en Asia Menor. También atacó a los novacianos (doctrina cristiana del siglo III
que se oponía a la absolución de aquellos que habían abjurado de su fe por
presiones de las autoridades romanas, denominados lapsi).
El
nestorianismo se extendió por todo el continente asiático. Fue desterrado del
Imperio romano y la diáspora nestoriana encontró refugio en el territorio del
Imperio persa sasánida, sobre todo en lo que hoy es Armenia. La
Iglesia cristiana en el imperio persa se convirtió a la doctrina nestoriana
difisita, fomentando una división, entre el cristianismo calcedónico y el de
los cristianos nestorianos. Establecieron varias escuelas (de Edesa, de
Nisibis). Desde esta última, se expandió el nestorianismo por toda Persia. En
el siglo VI esta iglesia fue acosada con las luchas internas y, sobre todo, con
la persecución efectuada por los seguidores de Zoroastro. A partir de 633, y
con las invasiones musulmanas, empezó a decrecer el nestorianismo en Persia,
pero ya se habían dado misiones, como la del misionero sirio Alopen, que
trasladaron el nestorianismo hasta Asia central, en lugares como la legendaria
Samarcanda, y hasta Mongolia y China.
El
cristianismo nestoriano pudo llegar por primera vez a China, por tanto, en el
primer tercio del siglo VII, cuando el
misionero sirio Alopen u Olopen (predicador y misionero cristiano) estableció
una iglesia en la capital occidental en época de reinado de Taizong de la
dinastía Tang; esto es, en la ciudad de Chang'an (actual Xi'an). No obstante,
las más abundantes noticias sobre el nestorianismo chino proceden de las cartas
y relaciones de ciertos misioneros del siglo XIV y de los primeros exploradores
europeos, como la familia de los Polo.
Una
fuente importante, pero posterior, la proporciona la estela o lápida hallada en
1625 en Xian, capital de la provincia de Shensi, aunque es una estela que había
permanecido enterrada desde la célebre proscripción de 845. Gracias a ella
conocemos la historia del nestorianismo en China partir del siglo VII. Consta
de varias partes: una exposición doctrinal; la historia de la cristiandad nestoriana en
China del 635 al 781; elogios poéticos de los emperadores que se citan en la
parte histórica; y el acta de erección de la misma, entre otras secciones. No
se dice nada de una evangelización previa del apóstol Santo Tomás, según han
sugerido varios autores.
Expone
con detalle las principales doctrinas cristianas: Dios, misterio de la
Santísima Trinidad, creación, justicia original, pecado, Encarnación,
Redención, Ascensión. De todo esto se hace evidente que existía en aquellos tiempos
una comunidad nestoriana esparcida por todo el reino, sobre todo en los puertos
y en las principales ciudades comerciales del interior. Monjes y sacerdotes
habían sido introducidos probablemente por algunos comerciantes persas. Unos cuantos
ocupaban cargos públicos y tenían su influjo hasta en la corte. Todos los
monasterios irradiaban su propia actividad misionera, y ello sería la causa
principal de la gran proscripción de 845, en época Tang.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, agosto, 2022.
15 de agosto de 2022
Vídeo. Serie ¿Y si hablamos de mitos?. Mitos sumerios y sus singularidades
Tercer programa de la
serie ¿Y si hablamos de mitos?, en el canal Hablemos de mitos. Se trata de Mitos
sumerios y sus singularidades. Se reflejan aspectos clave de esta mitología
referencial y seminal, enfatizando temas, motivos, relatos y hasta algunas
interpretaciones. Espero, como es menester, que pueda resultar de utilidad o de
estímulo para toda persona interesada en el campo de la mitología y la
mitocrítica. Saludos cordiales.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, agosto, 2022.
8 de agosto de 2022
Cine, mito e historia antigua: Roma y Grecia
Imágenes (de
arriba hacia abajo): póster de Quo vadis, La túnica sagrada, Androcles y el
León, La leyenda de Eneas, Electra y La batalla de Maratón.
La
denominación péplum, referida a un género
cinematográfico centrado en el mundo grecorromano, fue acuñada por críticos
cinematográficos franceses en los comienzos de los años sesenta del pasado
siglo XX. Su origen procede del término griego que alude a una suerte de túnica
sin mangas. También conocido popularmente como cine de sandalia y espada
designa, de manera general, el cine histórico clásico, en buena medida teñido
de leyendas romanas, héroes y mitología griega. La épica histórica, pero
también bíblica (Judit y Holofernes,
de Antonio Molinari, 1920, película de referencia seminal) y mitológica
centrada en determinada antigüedad, fundamentalmente romana, fue su marco de
acción esencial, si bien otorgando una preeminencia a ciertos períodos en la
época más clásica del género, como fueron la época del segundo triunvirato o el
de la siempre llena de intrigas dinastía Julio-Claudia. No obstante, también
dejó un especio de relevancia, aunque menor, a la antigüedad griega.
Contó,
además, con una especie de muy exitoso subgénero, aquel relacionado con el
cristianismo, en el que se integrarían títulos como Ben-Hur de William Wyler (1959), el drama Quo Vadis, de Jerzy Kawalerowicz (2001), la controvertida, en su
momento, La Pasión de Cristo, de Mel
Gibson (2004), Poncio Pilatos, de
Irving Rapper (1962) o La Túnica sagrada,
de Henry Koster (1953). En todas ellas el martirio y la idea de inmortal
sacralidad fruto del poder divino están muy presentes. Santos y héroes se
confunden sin remisión.
El
interés primordial estribaba en narrar historias teñidas de aventura, con
grandes dosis de grandilocuencia, de épica y heroísmo en sus protagonistas. Se
evidenciaba dramatismo por mediación de los
juegos, las destrucciones, batallas y destacables hazañas heroicas, no
sin la presencia de melodrama, lo cual incluye ardientes pasiones amorosas de
por medio, como el afamado caso de Espartaco,
de Stanley Kubrick, (1960).
Se
trata, en consecuencia, de películas de acción, en las que los componentes
heroicos, mitológicos y las hazañas individuales se destacan sobremanera, como
se puede observar en la mencionada Espartaco,
en la que el esclavo acaba siendo un héroe imperecedero en la mentalidad
antigua, o en la Cleopatra de J.L.
Mankiewick (1963), en la cual la reina egipcia es tratada en esencia en su
imagen mítica e idealizada. Los hechos históricos eran contemplados y tratados,
en general, como un grandilocuente, antiguo y venerable telón de fondo, en el
que la verdadera historia (en esta oportunidad en minúsculas), la que
interesaba, estaba signada de aventuras, diversamente entrelazadas, de tipo
mítico-religioso o socio-político, habitualmente de tono y carácter individual.
Se
enarbolaban determinados valores y comportamientos emanados de una antigüedad
que podrían considerarse ejemplares, en especial aquellos de carácter moral,
aunque muy ideologizados. No obstante, un rasgo primordial siempre fue la
tendencia a la excesiva escenificación, más o menos tópica, a una ambientación
no siempre rigurosa, pero siempre de gran espectacularidad y una orientación a la
escasa estricta fidelidad a las realidades históricas. En tal sentido, solían
mezclarse episodios y personajes, a veces estereotipados, como astutos villanos
o héroes afamados, que no coincidían en el tiempo o en el espacio, o se
inventaban personajes históricamente inexistentes o directamente mitificados,
como el ejemplo de la película italiana Ursus,
Carlo Campogalliani (1961) o el del muy conocido Máximo Décimo Meridio, heroico
protagonista del Gladiator de Ridley
Scott (2000), quien actúa como un auténtico héroe liberador de monstruos, en
este caso en la persona del propio emperador romano Cómodo.
Abundaban,
entonces, los anacronismos en tópicos concretos como la vestimenta, los objetos
de la cultura material, como las armas, los adornos corporales, las estatuas y
hasta ciertas arquitecturas, si bien hubo notables excepciones (Julio César, Joseph L. Mankiewick,
1963).
Su
origen se remonta al cine silente, sobre todo italiano, aunque su esplendor se
produjo en las décadas de los años 50 y 60, tanto en Hollywood como en la
propia cinematografía italiana. En una época del cine mudo, catalogada como el
cine de romanos, este género sirvió como mecanismo de propaganda en el litigio
que enfrentaba al papado con la nación italiana que acababa de arrebatarle sus
posesiones. En ciertos filmes se defendía la posición de la Iglesia, y se
representaba a Roma como una civilización pagana, decadente, pecadora. Es el
caso especial de las primeras versiones de Quo
Vadis (de 1913 y 1924).
Con
el fascismo italiano, las películas de romanos se usaron para exaltar un
nacionalismo, mitológicamente establecido, y
justificar el colonialismo italiano. Este hecho es palpable en
películas, por ejemplo, como Escipión el
Africano, de Carmine Gallone (1937). Las fuentes de este cine de romanos
fueron, en su amplia mayoría, más o menos libres adaptaciones literarias de
novelas históricas, como pudo ser Los
últimos días de Pompeya, de Mario Bonnard (1959), o de obras teatrales,
caso de Androcles y el León, de
Chester Erskine (1952), a partir de la obra de Bernard Shaw, o bien de Golfus de Roma, de Richard Lester
(1966), a partir de las comedias de Plauto.
Desde
una perspectiva temática, estas películas tratan diferentes épocas históricas y
en variado grado, que abarca desde las leyendas y mitos de fundación, como La leyenda de Eneas, de G. Rivalta (1962); Rómulo y Remo, de Sergio Corbucci (1961), acerca de unos de los
principales mito indígenas de fundación de la ciudad eterna, o Las Vírgenes de Roma, de Vittorio
Cottafavi (1960), pasando por los distintos períodos de la República (Cartago en llamas, Carmine Gallone,
1959, o Aníbal, C.L. Bragaglia y
Edgar G. Ulmer, 1959), hasta el fastuoso imperio, con todas sus intrigas, caso
del Calígula, de Tinto Brass, (1979),
las persecuciones a los cristianos, como la mencionada La túnica sagrada, de Henry Koster; Demetrio y los gladiadores, de Delmer Daves, (1954), la
culpabilización cristiana del famosos incendio de Roma en época del emperador
Nerón (El signo de la cruz, Cecil B. DeMille, 1932), o su indetenible
derrumbe (La invasión de los bárbaros,
Robert Siodmak, 1969).
El
péplum de temática griega, por su
parte, mostró algunos ejemplos en los que el rigor histórico y el apego a las
fuentes fue algo más serio. Es el caso de títulos como Ulises, de Mario Camerini (1954), aunque sus personajes,
tremendamente heroizados, fueron, habitualmente, auténticos estereotipos:
personajes crueles, héroes fabulosos o mujeres o deidades malvadas. La escasez
de títulos, sobre todo en comparación
con las películas de romanos, pudo haberse debido a que no se definieron
temas-espectáculo grandilocuentes y no existieron tan numerosas novelas
históricas sobre el mundo griego (o no se han adaptado) o incluso, haya habido
determinadas complicaciones para hacerlo.
No
obstante, no se pueden relegar al olvido algunos buenos ejemplos de
adaptaciones de tragedias griegas, sobre todo de Sófocles y Eurípides, como la
recordada Edipo Rey, de P. P.
Passolini (1965), Electra, de M.
Cacoyannis (1962), Ifigenia, también
de M. Cacoyannis a partir de la tragedia griega de Eurípides Ifigenia en Áulide; las biografías de
notables personajes del pensamiento heleno, como el Sócrates de R. Rossellini (1970), los filmes acerca de conocidos
héroes panhelénicos, especialmente Heracles, como Los trabajos de Hércules, de Pietro Francisci (1958), basada en las
Argonáuticas de Apolonio de Rodas y
su secuela, titulada Hércules encadenado
o Hércules y la reina de Lidia, del
mismo director (1959), esta vez teniendo como referencia la tragedia de Esquilo
(Los siete contra Tebas) y la de
Sófocles (Edipo en Colono), o bien
señeros títulos que abordan directamente episodios míticos, especialmente Furia de Titanes, de Desmond Davis
(1981, sobre la que ha habido una reciente readaptación en 2010 dirigida por
Louis Leterrier). Trata de modo particular el mito de Perseo.
Algunas
de las películas de tema histórico se centraron en las Guerras Médicas, el
período que la historiografía denomina helenismo, así como en la conquista
romana del espacio cultural griego, como por ejemplo La batalla de Maratón, del afamado director Jacques Tourneur (1959), o La
destrucción de Corinto, del realizador Marco Costa (1960).
Uno
de los subgéneros del tema griego de mayor atractivo y alcance fue aquel
orientado por los mitos griegos, en los que se destaca cierta espectacularidad,
la recreación de los efectos especiales, caso de Jasón y los Argonautas, de Don Chaffey (1963), con efectos
artesanales magistralmente elaborados por Ray Harrihausen, o la mencionada Furia de Titanes, así como la
referencial aventura narrativa y visual, cargada de dificultades pero con un
final esperado y hasta feliz, caso de La
Odisea, Andrei Konchalovski (1997).
En
estas películas, musculosos héroes míticos como Sansón (Sansón y Dalila, de Cecil B. DeMille, 1949), Hércules o
Goliat, luchan contra fantásticos monstruos y no pocas veces rescatan
hermosas mujeres, relevando del trono, gracias a sus portentosas hazañas, a
malévolos reyes cuyo gobierno es espurio o ilegítimo. Estos héroes, referencias
morales, actúan muchas veces, en cierto sentido, en el espacio de una realidad
mítica, o histórica, que funciona más como un pretexto que como un contexto
propiamente dicho.
Otros
títulos que adoptan una cierta perspectiva mitológica la encontramos en los
tratamientos de personajes históricamente relevantes cuyas vidas han sufrido
cierta mitologización, o en sucesos que han adquirido una pátina mítica ya
desde la misma antigüedad, como La amada
de Júpiter, de George Sidney (1955); Atila,
rey de los Hunos, de Douglas Sirk, en producción de 1954, acerca del
legendario personaje “bárbaro”; la mencionada Aníbal, en la que se retrata al general cartaginés como un
auténtico héroe; La última legión, de
Doug Lefler (2007), basada en la novela de Valerio Manfredi, en la que el
tratamiento de la trama es épico y casi de leyenda; Alejandro Magno (Oliver Stone, 2004) y; 300 (Zack Snyder, 2007). En la prestigiosa y visualmente impactante
300 se encuentra una verdadera apología de los valores heroicos de los
espartanos y su mítico sacrificio en honor a su esmerada educación.
Finalmente,
otros títulos de largometrajes relevantes (sin entrar en la multitud de series
contemporáneas, por ejemplo sobre Jasón, Hércules o incluso la Biblia, 2000,
2007, 2013), son Troya, de Wolfgang
Petersen (2004), que centra su atención en el Aquiles homérico, así como la muy
reciente Noé, producción de Darren
Aronofsky (2014), que hace un versátil y peculiar tratamiento del personaje,
héroe del mítico diluvio bíblico que narra el Génesis bíblico.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, agosto, 2022.
1 de agosto de 2022
Metamorfosis religiosa: Jesús-Buda del maniqueísmo chino
En
la imagen una pintura maniquea de Jesús-Buda, un Cristo como Buda en un rollo
colgante de seda pintado, datado en los siglos XII y XIII (de época Song del
Sur), que se encuentra en el templo japonés (Kôshû, Yamanashi) de Seiunji. Se
trata de uno de los seis rollos colgantes maniqueos chinos de Zhejiang que
fueron denominados Yí shu fó zhên o Pintura de seda del Buda-profeta Jesús. Eran
pinturas de la iglesia maniquea china que muy probablemente se emplearon como
objetos de veneración y enseñanza.
La
figura, con líneas doradas y con presencia de varios colores, está sentada en
padmasana o postura del loto, y encapuchada, con sus manos juntas en torno a un
pequeño cofrecillo. Se entiende la figura si se recuerda que en el maniqueísmo
gnóstico Jesús, como Gautama (esto es Siddarta), Zoroastro y Mani, se incluían
en el grupo de los profetas. La figura nimbada se encuentra sobre una seda de
color marrón, y si se observa con detenimiento, puede verse que sostiene en su
mano izquierda un pequeño pedestal de loto rojo con una cruz de oro (Cruz de
Luz), de brazos iguales. Se trata del mismo tipo de cruz (en relieve) que se
halla en la cima de la estela nestoriana de Si Ganfu, Xi’an, hallada en 1625,
pero que había permanecido enterrada desde la famosa persecución de 845, en la época
dinástica Tang.
Aparte
del nimbo alrededor de la cabeza se vislumbra el contorno de una mandorla
enmarcando el cuerpo. El Cristo-Buda está sobre un elaborado pedestal en forma
de soporte hexagonal de varias capas que sostiene un loto con un conjunto de
pétalos abiertos en cinco anillos. Cada uno de los pétalos evoca un altar en
miniatura.
Se ha dicho, no sin razón, que el rollo simboliza una metamorfosis religiosa de lo más interesante, al ser empleado por maniqueos del sur de China, quienes venerarían la representación hasta mediado el siglo XVI; luego al haber funcionado como un objeto cristiano en Japón durante poco más de medio siglo (entre el XVI y el XVII); y al haber sido utilizado, desde el XVII hasta la actualidad, como un símbolo budista en el país nipón, en donde los fieles budistas lo han considerado una representación de un bodhisattva celestial del budismo esotérico de nombre Âkâsagarbha. Aunque no hay registro histórico al respecto que lo corrobore, varias leyendas atribuyen la pertenencia de la pìntura a un daimyô cristiano, de nombre Arima Harunobu (Protasio como nombre bautismal) que habría estado en contacto con los jesuitas y con los portugueses (de quien recibiría armas), acabando sus días ejecutado por el poder del sogunado debido a su participación en la destrucción (acompañado de jesuitas) de templos y santuarios sintoístas y budistas.
Prof. Dr. Julio López Saco
UM-AEEAO-UFM, agosto, 2022.































