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8 de septiembre de 2026

Arte del sudeste de Asia: características y rasgos estilísticos





Imágenes, de arriba hacia abajo: conjunto templario de Prambanan dedicado a la trimurti hindú. Indonesia, siglo IX; tambor en bronce de la cultura Dong Song, Vietnam, datado a mediados del primer milenio a.e.c.; Batik indonesio; escultura cham del dios Siva, de finales del siglo XI o comienzos del XII; y escultura que representa a Avalokiteshvara, considerado el Buda de la compasión, hallada en el templo de Ta Prohm, en Angkor.

El arte del sudeste asiático antiguo, una región que abarca la zona continental (Birmania-Myanmar, Tailandia, Camboya, Laos, Vietnam) y la insular (Indonesia, Malasia, Filipinas), se caracteriza por una síntesis entre las tradiciones autóctonas indígenas y las importantes influencias religiosas y estéticas de India (y, en menor medida, también de China), dando lugar a manifestaciones monumentales en arquitectura, escultura y en las artes decorativas, fundamentalmente al servicio del culto y la legitimación real. Era una estética al servicio del culto en templos y santuarios, para la glorificación del rey (a menudo divinizado) y para la enseñanza de mitos y doctrinas, sobre todo mediante relieves y pinturas. Es un arte que sufrió las influencias externas, ya desde el siglo I a.e.c. y hasta el siglo XIII, del hinduismo y el budismo, que se expandieron a través de las rutas comerciales marítimas, transformando las cosmovisiones locales y proporcionando nuevos repertorios iconográficos y narrativos.

A nivel arquitectónico pervive una arquitectura religiosa monumental, con templos en montaña y complejos sagrados. La arquitectura más emblemática la constituye los grandes complejos templarios que combinan recintos, galerías, torres (prang, prasat), además de estanques, concebidos como microcosmos del universo. En este sentido, destaca Angkor en Camboya. Angkor Wat (inicialmente hindú, luego budista) y Bayón son centros artísticos clave, célebres por sus torres, galerías y extensos relieves narrativos. Asimismo, en Java (Indonesia), otro referentes crucial es la Borobudur budista y Prambanan hindú, que ejemplifican la síntesis local de modelos indios con soluciones constructivas y decorativas propias.

Hubo un uso predominante de la piedra en los grandes templos, con sistemas de adintelado y relieves tallados directamente en los muros, aunque en otras zonas, se empleó la madera y otros materiales perecederos para estructuras secundarias.

En la escultura existió una influencia india y una fuerte adaptación local. Así, la escultura del periodo que abarca desde 300 a 600, muestra una fuerte impronta del estilo Gupta indio y de la tradición greco-budista, con figuras de Buda de extraordinaria pureza formal, con delicados pliegues de ropa y cabello en rizos simbólicos. En la escultura jemer camboyana destacan las obras pétreas de tonalidad verde-gris a rojiza, con rasgos formales propios como la llamada sonrisa jemer, serena, con comisuras de los labios levemente elevadas, así como atributos divinos adaptados de la iconografía hindú. En el centro de Vietnam, la escultura cham representa principalmente deidades hindúes y budistas, con formas elegantes y plenas de detalles, mientras que en Tailandia y Laos está muy enraizada la tradición escultórica budista; en Laos, además, son notorias piezas en plata, oro y bronce.

Buena parte de la pintura se realizó sobre madera, tela y hojas de palma, soportes que resistieron bastante mal al húmedo clima tropical, de ahí que las evidencias sean fragmentarias. En templos de Java y Camboya se pintaron frescos con ciclos narrativos, que muestran episodios de las epopeyas hindúes y de las vidas del Buda, funcionando como auténticas biblias visuales para la enseñanza doctrinal religiosa. Entre los temas predominan la mitología hindú y budista, junto a representaciones de la naturaleza y símbolos espirituales.

En las artes decorativas y los objetos rituales sobresalen los textiles. Una tradición muy desarrollada es la del batik, en Indonesia, así como tejidos con diseños ikat (patrones textiles figurativos o geométricos que forman una trama o urdimbre), con funciones ceremoniales y de estatus. En la esfera metalúrgica y de la orfebrería destaca la producción de estatuas, joyas y objetos rituales en bronce, oro y plata; en este sentido, deben referirse los tambores de bronce Dong Son en Vietnam, genuinos emblemas de la metalurgia local, usados en ritos funerarios y nupciales. También hubo tallas en madera, aprovechando la abundancia de bosques, como se puede ver en objetos sacros en santuarios y palacios.

Desde la óptica de la iconografía y los repertorios temáticos, debe advertirse que la religión fue un eje esencial. El hinduismo, el budismo, y más tarde el islam y el cristianismo, junto a sustratos animistas, han marcado las temas artísticas. Motivos recurrentes son las deidades hindúes (Shiva, Vishnú, Devi) y las budistas (Buda, bodhisattvas), así como las escenas de epopeyas (Ramayana, Mahabharata) y las vidas previas del Buda. También es frecuente la representación de la naturaleza (animales y plantas) como símbolos de la conexión entre lo humano y lo macrocósmico. La función didáctica y política resulta evidente, pues las imágenes enseñan doctrinas y virtudes, y al tiempo legitiman al gobernante mediante su asociación con lo divino.

Se puede señalar que los rasgos estilísticos principales suponen un proceso de síntesis y adaptación, por medio de la adopción selectiva de modelos indios (y chinos en Vietnam), reinterpretados con sensibilidad local en lo tocante a las proporciones, los gestos y la ornamentación. Asimismo, sobresale una estilización y una expresividad contenida, con figuras idealizadas que enfatizan la serenidad. Finalmente, hay que recordar la constante presencia de largas series de relieves en galerías templarias que organizan el espacio como si fuese un recorrido ritual y narrativo, casi como un proceso iniciático.

Bibliografía esencial

Barbier, Jean Paul & Newton, Douglas, Islands and Ancestors: Indigenous Styles of Southeast Asia, New York: The Metropolitan Museum of Art & Prestel, 1988.

Béguin, Gilles, L’Art du Sud-Est asiatique, París: Flammarion, 1986.

Coe, Michael D. Angkor and the Khmer Civilization, London: Thames & Hudson, 2003.

Frédéric, Louis. The Art of Southeast Asia: Temples and Sculpture, Londres & París: Serindia Publications & UNESCO, 1979.

Frédéric, Louis, L’Art de l’Inde et de l’Asie du Sud-Est, París: Flammarion, 1994.

García-Ormaechea, Carmen, Arte y cultura de India: Península del Indostán, Himalaya y Sudeste Asiático. De la A a la Z, Madrid: Ediciones del Serbal, 1998.

Girard-Geslan, Maud (et alii), Art of Southeast Asia, New York: Harry N. Abrams, 1998.

Guy, John (ed.), Lost Kingdoms: Hindu-Buddhist Sculpture of Early Southeast Asia, New Haven & Londres: Yale University Press & Metropolitan Museum of Art, 2014.

Higham, Charles, The Archaeology of Mainland Southeast Asia, Cambridge: Cambridge University Press, 1989.

Kerlogue, Fiona, Arts of Southeast Asia. Londres: Thames & Hudson, 2004.

Rawson, Philip S., The Art of Southeast Asia, New York: Thames & Hudson, 1990.

Fontein, Jan, The Art of Southeast Asia: The Collection of the Museum Rietberg Zürich, Zürich: Museum Rietberg, 2007.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-UFM-AHEC-AEEAO-AVECH-ICA, septiembre, 2026.

 

29 de agosto de 2025

Arte y mito del sudeste de Asia II: mantel de altar malayo

En este mantel de altar bordado de Penang, Malasia, llamado tok wie en varios lugares del sudeste asiático, como Vietnam, los ocho inmortales taoístas están representados sobre el recuadro superior de la pieza. Son dos mujeres y seis hombres que ganaron la inmortalidad siguiendo a rajatabla los principios taoístas y teniendo cada uno de ellos coloridas aventuras en sus diversos viajes. Individualmente se identifican por varios atributos iconográficos.

Las tres figuras centrales personifican la longevidad, la prosperidad y la felicidad. Las tres, originalmente chinas, son conocidas en Viernam como Phuc (prosperidad), Loc (felicidad) y Tho (larga vida). La idea de longevidad, central en las ideas taoístas, afectó al arte en Vietnam de dos formas; una en la prevalencia de motivos talismánicos diseñados para repeler la mala fortuna y las enfermedades y así prevenir una muerte prematura; la otra, por medio de símbolos referidos en específico a la larga vida, en especial en las tallas en piedra.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-AHEC-UFM, agosto, 2025.

 


25 de agosto de 2025

Arte y mito del sudeste de Asia: batik indonesio

La imagen que aquí se muestra corresponde a una vestimenta batik de la localidad de Cirebon, en Java occidental, Indonesia. Es un notable ejemplo de sincretismo en el arte del sudeste de Asia. Se representa el motivo de los jardines perfumados, lugar en donde meditaba el sultán. En los jardines se construían paisajes rocosos, pero lo más interesante de todo, fruto de la imaginación (al margen de la presencia de los leones), es el tema o motivo peksinagaliman que deriva de las tradiciones hindúes e islámica.

Se refiere a una bestia mitológica compuesta que fusiona elementos de varias fuentes. Tiene el cuello de una serpiente Naga descrita, a veces, como un dragón chino; el tronco de un elefante, entendido como una referencia al hinduismo; y las alas de un Bouraq, criatura con cabeza de mujer, cuerpo de caballo y alas y cola de pavo real, encargado de llevar al profeta Mahoma al cielo. Esta singular sincretismo religioso e iconográfico es característico del arte de esta zona de Indonesia en el sudeste asiático insular.

Otro motivo interesante en los batik es el diseño en nubes (megamendung), relacionado con el emperador celestial chino y el dios védico Indra, entronizado en sus montañas en las nubes.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-AHEC-UFM, agosto, 2025.

 

16 de junio de 2025

Prehistoria e historia antigua del Sudeste de Asia






Imágenes, de arriba hacia abajo: tambor de la cultura Dong Son, datado en torno a 600 a.e.c., de Vietnam. Museo Guimet de París; ejemplares cerámicos de la cultura Buni, en la costa occidental de Java (400 a.e.c a 100). Museo Nacional de Indonesia, Jakarta; Buda coronado en Abhaya Mudra (postura de disipación del temor), y con la rueda de la Ley en las palmas de las manos. Jemer, en el estilo de Angkor Wat; relieves en el templo de Bayon, Angkor Thom, Camboya; escultura en piedra de Buda en Dhyana Mudra, meditando bajo el árbol Bodhi entre dos estupas, Tailandia; y mapa de las rutas de expansión del hinduismo desde India hasta el sudeste de Asia.

Desde una perspectiva geográfica, se pueden identificar dos sub regiones distintas en el sudeste de Asia. De una parte, el sudeste asiático continental (o Indochina), y de la otra el sudeste asiático marítimo (o insular). El continental comprende Camboya, Laos, Myanmar (antigua Birmania), Malasia peninsular, Tailandia y Vietnam, mientras que el sudeste asiático marítimo comprende Brunei, las islas Cocos (Keeling), la isla Christmas, Malasia oriental, Timor Oriental, Indonesia, Filipinas y Singapur. Existen numerosas designaciones históricas antiguas desde la óptica asiática para la región, aunque ninguna es geográficamente consistente entre sí. Los nombres que hacen referencia al sudeste asiático incluyen Suvarnabhumi o Sovannah Phoum (Tierra Dorada) y Suvarnadvipa (Islas Doradas), en la tradición india, las Tierras bajo los Vientos, en Arabia y Persia, Nanyang (Mares del Sur) para los chinos y Nanyo en Japón. El mapa mundial del siglo II creado por Ptolomeo de Alejandría nombra a la Península Malaya como Avrea Chersonesvs, (Península Dorada).

El término moderno de Sudeste de Asia fue empleado por primera vez en 1839 por el pastor estadounidense Howard Malcolm en su libro Viajes por el sudeste de Asia. Malcolm solo incluyó la sección continental, excluyendo la sección marítima en su definición. El vocablo se usó oficialmente para designar el área de operación (el Comando del Sudeste Asiático, SEAC) para las fuerzas angloamericanas en el Teatro del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial, desde 1941 hasta 1945.

Durante el Paleolítico, la región estaba ya habitada por Homo erectus desde hace 1,5 millones de años, durante el Pleistoceno Medio. Distintos grupos de Homo sapiens, ancestros de las poblaciones del este de Eurasia, así como poblaciones del sur de Eurasia, relacionadas con Papúa, llegaron a la zona entre 70000 y 50000 A.P. Estos inmigrantes pudieron haberse fusionado y reproducido, hasta cierto punto, con los miembros de la población arcaica de Homo erectus, tal y como sugieren los descubrimientos de fósiles en la cueva Tam Pa Ling. Análisis de datos de conjuntos de herramientas de piedra y descubrimientos de fósiles de Indonesia, el sur de China, Filipinas, Sri Lanka y, más recientemente, Camboya y Malasia, ha posibilitado el establecimiento de rutas migratorias de Homo erectus, con episodios de presencia desde hace 120000 años. No obstante, ciertos y relevantes hallazgos aislados son mucho más antiguos, datándose en hace 1,8 millones de años. El Hombre de Java (Homo erectus erectus) y el Homo floresiensis atestiguan una presencia regional sostenida así como un aislamiento durante el tiempo suficiente para generar una notable diversificación de las características específicas de la especie. En las cuevas de Borneo se ha descubierto arte rupestre o parietal de hace 40000 años, siendo actualmente uno de los más antiguos del mundo.

Homo floresiensis vivió en el área hasta hace al menos 50000 años, después de lo cual se extinguió. Durante gran parte de ese tiempo, las islas actuales del oeste de Indonesia se unieron en una sola masa de tierra conocida como Sundaland debido a niveles más bajos del mar.

Los restos antiguos de cazadores-recolectores en el sudeste marítimo de Asia, como el caso de un ejemplar de cazador-recolector del Holoceno de Sulawesi del Sur, muestran una ascendencia tanto del linaje del sur de Eurasia (representado por papúes y aborígenes australianos) como del linaje de Eurasia oriental, representado por asiáticos orientales. Este individuo cazador-recolector tenía aproximadamente en torno al 50% de ascendencia basal-oriental asiática, siendo ubicado entre los asiáticos orientales modernos y los papúes de Oceanía. Se ha concluido que la ascendencia relacionada con el este asiático se expandió desde el sudeste continental hasta el sudeste asiático marítimo mucho antes de lo que se sugería con anterioridad, ya hacia 25000 A.P., mucho antes de la expansión de los grupos austroasiáticos y austronesios.

Recientemente se descubrió que la ascendencia distintiva de Eurasia oriental se originó en el sudeste asiático continental en torno a 50000 A.P., y se expandió a través de múltiples oleadas de migración hacia el sur y el norte, respectivamente. El flujo genético de la ascendencia de Eurasia oriental hacia el sudeste marítimo de Asia y Oceanía podría estimarse en 25000 (si bien posiblemente antes desde el 50000 A.P). Las poblaciones pre neolíticas del sur de Eurasia del sudeste asiático marítimo fueron reemplazadas en gran medida por la expansión de varias poblaciones del este de Eurasia, comenzando alrededor del 25000 desde el sudeste asiático continental. El sudeste asiático estaba, con seguridad, dominado por ascendencia relacionada con el este de Asia hace 15000 años, antes de la expansión de los pueblos austroasiáticos y austronesios.

Las caídas del océano de hasta 120 metros por debajo del nivel actual durante los períodos glaciales del Pleistoceno revelaron las vastas tierras bajas conocidas como Sundaland, lo que permitió a las poblaciones de cazadores-recolectores acceder libremente al sudeste asiático insular a través de extensos corredores terrestres. La presencia humana moderna en la cueva de Niah, en el este de Malasia, se remonta a 40000 años antes del presente, aunque la documentación arqueológica del período de asentamiento temprano sugiere únicamente breves fases de ocupación. Sin embargo, investigadores y estudiosos como Charles Higham argumentan que, a pesar de los períodos glaciales, los humanos modernos pudieron cruzar la barrera del mar más allá de Java y Timor, quienes hace unos 45000 años dejaron huellas en el valle de Ivane, al este de Nueva Guinea, a una altitud de 2000 metros, explotando productos como ñame y pandanos, cazando y fabricando herramientas de piedra entre hace 49000 y 43000 años.

La vivienda más antigua fue descubierta en Filipinas. Se encuentra en las cuevas de Tabon y se remonta a aproximadamente 50000 años A.P. Los artículos encontrados allí, como tinajas funerarias, loza, adornos de jade y diversas joyas, herramientas de piedra, huesos de animales y fósiles humanos, datan de hace 47000 años antes del presente. Los restos humanos desenterrados tienen, por su parte, aproximadamente 24000 años.

Se pueden discernir signos de una tradición temprana Hoabinhiana, nombre otorgado a una industria y continuidad cultural de herramientas de piedra y artefactos de adoquín en escamas que aparece alrededor de 10000 A.P. en cuevas y refugios rocosos, descritos por primera vez en Hòa Bình, Vietnam. Más tarde también se han documentado en Terengganu, Malasia, Sumatra, Tailandia, Laos, Myanmar, Camboya y Yunnan, en el sur de China. La investigación enfatiza variaciones considerables en la calidad y naturaleza de estos artefactos, influenciadas por las condiciones ambientales específicas de la región y la proximidad y el acceso a los recursos locales. No obstante, es notable que la cultura Hoabinhiana represente los primeros entierros rituales verificados en el sudeste asiático.

El Neolítico, por su parte, se caracterizó por la presencia de varias migraciones hacia el continente y las islas del sudeste asiático desde el sur de China por parte de hablantes de austronesio, austroasiático, kra-dai y hmong-mien. El evento de migración más extendido fue la expansión austronesia, que comenzó alrededor del 5500 a.e.c. desde Taiwán y la costa sur de China. Debido a la temprana invención de los botes estabilizadores oceánicos y de los catamaranes de viaje, los austronesios colonizaron con celeridad las islas del sudeste asiático, antes de extenderse más hacia Micronesia, Melanesia, Polinesia, Madagascar y las Comoras. Dominaron las tierras bajas y las costas de la isla del sudeste asiático, vinculándose en relaciones de parentesco con los pueblos indígenas Negrito y Papua en diversos grados, dando lugar a los isleños modernos del sudeste asiático, micronesios, polinesios, melanesios y malgaches.

La ola de migración austroasiática centrada en los mon y los jemeres, que se originan, a su vez, en el noreste de la India, llegan alrededor del año 5000 a.e.c. y se identifican con el asentamiento en las amplias llanuras aluviales ribereñas de Myammar, Indochina y Malasia.

Las primeras sociedades agrícolas en la región corresponden a una suerte de principados territoriales, tanto en el sudeste asiático insular como continental, que han sido caracterizados como reinos agrarios que, alrededor del 500 a.e.c., habían desarrollado una economía centrada en el cultivo excedente y el comercio costero moderado de productos naturales domésticos. Diversos estados de la zona malaya-indonesia compartían estas características con entidades políticas indochinas como las ciudades-estado de Pyu, en el valle del río Irrawaddy, Van Lang, en el delta del río Rojo y Funan alrededor del bajo Mekong. Văn Lang, fundada en el siglo VII a.e.c. perduró hasta 258 a.e.c. bajo el gobierno de la dinastía Hồng Bàng, como parte de la cultura Đông Sơn, que sostuvo una población densa y organizada, capaz de producir una elaborada industria de la Edad del Bronce.

El cultivo intensivo de arroz húmedo en un clima realmente ideal, permitió a estas comunidades agrícolas producir un excedente de cosecha regular, que fue utilizado por la élite gobernante para reunir, comandar y pagar la fuerza laboral necesaria para llevar a cabo proyectos públicos de construcción y mantenimiento, como es el caso de fortificaciones y canales.

Aunque el cultivo de mijo y arroz se introdujo en torno a 2000 a.e.c., la caza y la recolección siguieron siendo un aspecto relevante del suministro de alimentos, en especial en las zonas boscosas y montañosas del interior. Un buen número de comunidades tribales de los colonos aborígenes australo-melanesios continuaron con un estilo de vida de sustento mixto hasta bien entrado el período moderno. Muchas áreas en el sudeste asiático participaron, además, en la Ruta Marítima de Jade, una diversificada red comercial orientada en el mar, que funcionó durante tres milenios, específicamente entre 2000 a.e.c. y 1000.

La producción de cobre y bronce más antigua conocida en el sudeste asiático se encontró en el sitio de Ban Chiang, en el noreste de Tailandia y entre la cultura Phung Nguyen, del norte de Vietnam, datadas alrededor de 2000 a.e.c.

La cultura Dong Son estableció una tradición de producción de bronce y la fabricación de objetos de bronce y hierro cada vez más refinados, como hachas, hoces y arados, así como flechas y puntas de lanza encastradas además de pequeños artículos ornamentales. Hacia la mitad del primer milenio a.e.c., se produjeron tambores de bronce grandes, de gran calidad y y minuciosamente decorados. Es una industria de procesamiento de metales sofisticada, desarrollada localmente, sin ninguna influencia china o india.

Por su parte, entre 1000 a.e.c. y 100, la cultura Sa Huỳnh floreció a lo largo de la costa centro y sur de Vietnam. Se han descubierto entierros de vasijas cerámicas, que incluían ajuar funerario, en varios lugares a lo largo de todo el territorio. En la costa o en las proximidades de ríos, se depositaron aretes hechos de jade, artículos de vidrio y objetos de metal entre voluminosas tinajas de terracota de paredes delgadas, ollas ornamentadas y coloreadas.

La cultura Buni es la denominación de otro de los primeros centros independientes de producción de cerámica refinada bien documentado, a partir de la presencia de obsequios funerarios, depositados entre 400 a.e.c. y 100, sobre todo en lugares en la costa noroeste de Java. Los objetos y artefactos de esta tradición son conocidos por su originalidad y su notable calidad en las decoraciones incisas y geométricas.

La primera y genuina red comercial marítima en el Océano Índico fue la red austronesia de los pueblos austronesios de la isla del sudeste asiático, quienes construyeron los primeros barcos oceánicos. Organizaron rutas comerciales con el sur de la India y Sri Lanka ya en 1500 a.e.c., dando paso a un intercambio de cultura material (catamaranes, botes con balancines, botes de tablones cosidos) y cultivos (plátanos, cocos, caña de azúcar y sándalo). Además conectaron las culturas materiales de India y China. Conformaban la mayor parte del componente del Océano Índico de la red de comercio de especias. Los indonesios, en particular, comerciaban especias, como la canela y la casia, con África Oriental utilizando catamaranes y botes estabilizadores y navegando con la ayuda de los vientos del oeste. Esta red comercial se expandió para llegar hasta África y la Península Arábiga, lo que dio como resultado la colonización austronesia de Madagascar en la primera mitad del primer milenio. La red comercial también incluía rutas comerciales más pequeñas dentro de la islas del sudeste asiático.

En el este de Austronesia, existían asimismo varias redes comerciales marítimas tradicionales. Entre ellas estaba la antigua red de comercio Lapita de la isla Melanesia, el ciclo comercial de Hiri, el intercambio de la costa de Sepik y el anillo de Kula de Papúa Nueva Guinea, los viajes comerciales en Micronesia, entre las Islas Marianas y las Islas Carolinas (y tal vez también Nueva Guinea y Filipinas), y las extendidas redes de comercio entre las islas de Polinesia.

Desde mediado el primer milenio antes de la Era, el comercio terrestre y marítimo en expansión de Asia había propiciado una interacción socioeconómica y había estimulado la cultura y la difusión de creencias, principalmente hindúes, en el seno de la cosmología regional del sudeste asiático. La expansión comercial de la Edad del Hierro provocó una remodelación geo estratégica regional. El sudeste asiático estaba ahora situado en el área central de convergencia de las rutas comerciales marítimas de la India y el este de Asia, por tanto en la base del crecimiento económico y cultural. Los mencionados reinos indianizados, término acuñado por George Coedès, principados del sudeste asiático, habían establecido una prolongada interacción e incorporado aspectos centrales de las instituciones indias, como el arte de gobernar, la religiosidad, la escritura, la epigrafía, la administración, o la arquitectura.

Los primeros reinos hindúes habían surgido en Sumatra y Java, seguidos por estados del continente como Funan y Champa. La adopción selectiva de elementos de la civilización india y su adecuada adaptación , estimularon el surgimiento de estados centralizados y el desarrollo de sociedades fuertemente organizadas. Los ambiciosos líderes locales entendieron los beneficios del culto hindú. Gobernar de acuerdo con los principios morales universales representados en el concepto de devaraja resultaba ser más atractivo que el concepto chino de intermediarios.

Todavía hoy en día se debate si la influencia india fue propiciada por comerciantes indios o por los brahmanes, o si los propios comerciantes marinos del sudeste asiático desempeñaron un rol central en llevar las concepciones indias al sudeste. Se debate también la profundidad de la influencia de las tradiciones En unos casos se ha enfatizado una completa indianización del sudeste asiático, mientras que en otros se estima que fue limitada y que afectó únicamente a una pequeña parte de la élite. Lo cierto, en cualquier caso, es que numerosas comunidades costeras en el sudeste asiático marítimo adoptaron elementos culturales y religiosos hindúes y budistas de India, desarrollando complejas políticas gobernadas por dinastías nativas.

Los primeros contactos comerciales atestiguados entre el sudeste asiático y China se fechan en la época de la dinastía china Shang, momento en que conchas de cauri servían como moneda. Diversos productos naturales, como los caparazones de tortuga, el marfil, las perlas, el cuerno de rinoceronte y las plumas de aves llegaron a asimismo a Luoyang, capital de la dinastía Zhou desde mediado el siglo XI hasta 771 a.e.c. Se ha supuesto que la mayor parte de este intercambio tuvo lugar en rutas terrestres y únicamente un pequeño porcentaje se envió en embarcaciones costeras tripuladas por comerciantes malayos y yue. Las conquistas militares durante la dinastía Han llevarían, por su parte, a varios pueblos extranjeros dentro del imperio chino.

Entre el siglo II a.e.c. y el XV, floreció la Ruta Marítima de la Seda, conectando China, el sudeste asiático, el subcontinente indio, la península arábiga, Somalia y todo el trayecto hasta Egipto y, finalmente, Europa. Esta Ruta Marítima de la Seda fue establecida y operada esencialmente por marineros austronesios en el sudeste asiático, así como por comerciantes persas y árabes en el Mar Arábigo. La Ruta se desarrolló a partir de las previas redes de comercio de especias austronesias de los isleños del sudeste asiático con Sri Lanka y el sur de la India (establecidas entre 1000 y 600 a.e.c.), así como del comercio de artefactos propios de la industria del jade en el Mar de China Meridional, hacia 500 a.e.c. Durante mucho tiempo, las talasocracias austronesias controlaron el flujo de la Ruta Marítima de la Seda, especialmente las entidades políticas alrededor del Estrecho de Malaca y Bangka, la península malaya y el delta del Mekong. La ruta influyó en la expansión temprana del hinduismo y el budismo hacia el este. Posteriormente, a partir de la dinastía Song, China construyó sus propias flotas, participando directamente en la ruta comercial hasta el colapso de la dinastía Qing.

Los gobernantes locales, al principio, se beneficiaron de la introducción del hinduismo porque mejoraba enormemente la legitimidad de su reinado. El proceso de difusión religiosa hindú tal vez deba atribuirse a iniciativas de jefes locales. Por su parte, las enseñanzas budistas, que llegaron casi simultáneamente al sudeste asiático, llegaron a ser más atractivas para las demandas de la población en general, en tanto que abordan asuntos humanos concretos. El emperador Asoka iniciaría los proyectos misioneros con la intención de enviar monjes, diplomáticos y peregrinos capacitados al extranjero para propagar el budismo, incluyendo un considerable corpus de tradiciones orales, literatura e iconografía.

Entre los siglos V y XIII, el budismo floreció en el sudeste asiático. En el siglo VIII, el reino budista de Srivijaya emergió como una potencia comercial en el sudeste asiático marítimo central y, hacia el mismo período, la dinastía Shailendra de Java promovió el arte budista, que encontró su expresión más sobresaliente en la fastuosa estupa de Borobudur. Las ideas del budismo Mahayana indio, pues el budismo Theravada original ya había sido reemplazado en India, se afianzaron en el sudeste asiático. Sin embargo, una forma pura de las enseñanzas del budismo Theravada se conservaría en Sri Lanka desde el siglo III. Serían precisamente peregrinos y monjes errantes de Sri Lanka los que introducirían el budismo Theravada en el Imperio Birmano, en el Reino siamés de Sukhothai, en Laos, así como en Vietnam y el sudeste asiático insular.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-AHEC-UFM, junio, 2025.

 

4 de julio de 2022

Cultura Dong Son-Lac Viêt: Edad del Bronce en Vietnam








Imágenes: diversas figurillas humanas, alguna en labores agrarias, un búfalo de agua con un granjero encima, del 500 a.e.c., animal imprescindible en el cultivo del arroz, además de hachas, espadas y tambores hechos en bronce. Una de las más relevantes es la figura (la tercera, de arriba hacia abajo), que configura una lámpara que se conoce con el nombre del "hombre arrodillado".

La cultura Dong Son, mencionada por vez primera por el estudioso R. Heine-Geldern en los años treinta del pasado siglo XX, se desarrolló en el entorno del valle del Río Rojo (Hông Ha) del norte de Vietnam, desde aproximadamente el año 1000 hasta el primer siglo de nuestra era. Última cultura de Van Lang, su influencia se expandió por el sudeste de Asia. Muchas trazas de la cultura se encuentran en las provincias chinas de Guangxi, Yunnan, la isla de Hainan, así como en Tailandia y Laos.

Lac Viêt (Luoyue en chino), se refiere a un grupo multilingüístico conformado por tribus que habitaban el norte de Vietnam a partir del siglo VIII a.e.c. Estas gentes, conocidas por sus tambores en bronce Heger, del tipo I, por cultivar el arroz húmedo, elaborar sistemas de control de aguas e irrigación y construir diques, se denominan, desde la óptica arqueológica, como Dongsonianos, esto es, pertenecientes a la cultura Dong Son. En la mitología de Vietnam, Lac era un gigante, con el cráneo semejante al de un ave, que se les apareció a las tribus del sur de China sirviéndoles de guía en su peregrinar hasta el norte de Vietnam. El ave aparece como decoración en algunos tambores. Según la tradición legendaria, Lac Viêt fundaría un estado llamado Van Lang en el III milenio a.e.c., en un territorio dividido en feudos que serían gobernados por jefes de carácter hereditario. Los señores Lac serían, así, aristócratas hereditarios. El Lüshi Chunqiu menciona Yueluo, como sinónimo de Viêt Lac, probablemente entendido como el nombre de un específico país.

Las mujeres disfrutarían de un elevado estatus en esta sociedad, de carácter matrilocal, en tanto que la pareja casada residiría cerca, o directamente con, los parientes de la esposa. Lac Viêt y Luoyue se han relacionado, como distintos antiguos grupos étnicos, tanto a las modernas gentes Kinh vietnamitas como al pueblo Zhuang del sur de China. No obstante, hay que señalar que los escritores de época Han usaron la denominación como un xenónimo para referirse a una confederación tribal de la antigua Guangxi y el norte de Viernam, gentes a las que consideraban como una variante de los Yue. Sin embargo, Yue y Luoyue son grupos distintos con lenguas diferentes, aunque con prácticas culturales algo parecidas.

Se trata, en esencia, de gentes que pescaban y cultivaban el arroz, criaban cerdos y búfalos de agua, navegando en largas canoas por el río. Pero sobre todo, fueron grandes broncistas, como se ejemplifica en los tambores que abundan en el norte de Vietnam y el sur de China. Es probable que estas gentes hablasen lenguajes austro asiáticos. La cultura, de origen viético, llegó a convertirse, desde una perspectiva lingüística, en el ancestro principal del moderno pueblo vietnamita.

Aunque el trabajo del bronce tuvo sus primeros desarrollos en el sudeste de Asia, la industria del bronce Dong Son tuvo un origen local, equivalente a la cultura Go Mun (entre 700 y 500 a.e.c.), presentando notables piezas como hachas, cuchillos y puntas de lanzas. Los tambores en bronce, arriba mencionados, decorados con músicos, guerreros, aves, escenas del cultivo del arroz, ciervos o diseños geométricos, se empleaban fundamentalmente para la guerra.

Debido a la abundancia de alimentos debido a los propicios recursos agrarios, una parte de la población de esta cultura se dedicaba a la producción cerámica, los textiles, la metalurgia o la construcción. Las creencias tradicionales incluían el culto a la naturaleza, la adoración a la vitalidad masculina y femenina así como a los comportamientos de apareamiento. Se adoraban los árboles, a los antepasados, así como los principales granos cultivados. Muchos pasteles hechos con frutos, hoy habituales, se han hecho legendarios gracias a la cultura oral que proviene de estas épocas.

Las tumbas con presencia de ataúdes con forma de barco son propias de esta cultura. Una de las más famosas apareció en 2004 en la aldea de Dong Xa, provincia de Hung Yen. Probablemente, la peculiar forma del sepulcro simbolice el traslado del fallecido hacia el otro mundo. En el ataúd, con el cadáver completamente vestido, aparecieron algunos artefactos, como piezas de cerámica, además de semillas de plantas.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, julio, 2022.