16 de abril de 2010

Reinos de Mesopotamia II: Elam y la meseta irania*







LAS IMÁGENES QUE SE MUESTRAN CORRESPONDEN A: 1. LA APADANA DE SUSA; 2. VASO ELAMITA DE LA REGIÓN DE JIROFT, CON DOS FIGURAS DE LUCHADORES CON CUERNOS Y SIERPES; 3. RELIEVE DE LA DESTRUCCIÓN DE SUSA POR ASSURBANIPAL, 647 A.N.E.; Y 4. CARNEROS EN UN DEPÓSITO RITUAL, SIMBOLIZANDO EL ABISMO ACUOSO ORIGINAL, DOMINIO DEL DIOS EA. SUSA, PERÍODO ELAMITA MEDIO, 1500-1100 A.N.E.

Irán y Persia son dos acepciones diferentes para una misma área geográfica, aunque responden a conceptos diferentes: Irán procede de Aryanam o tierra de los arios. Aryan es el nombre colectivo de pueblos indoeuropeos asentados entre el segundo y el primer milenio a.n.e. entre el Éufrates y el Ganges; Persia corresponde al SO. de la meseta iraní, la región de Parsa (conocida por los griegos como Parsis y Fars por los árabes). De esta zona procedieron los Aqueménidas, la dinastía persa que crea el imperio, de ahí el uso del nombre. En la llanura de Khuzistán, desde el III Milenio a.n.e. conocida como Elam, se desarrollará la primera organización estatal, con capital en Susa. El interior de la meseta tendrá dos funciones: servirá de cuenca receptora de pueblos invasores, y será una zona de paso obligado para los contactos entre Oriente y Occidente.
En el IV Milenio a.n.e. se desarrolló una comunidad calcolítica con asiduos contactos con Mesopotamia. Los progresos tecnológicos y los contactos mercantiles con Mesopotamia provocarán que el hábitat en aldeas dé paso a las ciudades, en especial Susa, que se convertirá en el centro de la comunidad elamita, extendida por el Golfo Pérsico, Anshan, en el actual Fars, Elam (forma babilonia Elamtu, denominada por los elamitas Haltamti) la prolongación de la baja Mesopotamia (Khuzistán y parte del Luristán). Aunque ensombrecida por las actividades de las urbes sumerias, lo que supone una deuda respecto a los progresos en Uruk, Susa desarrolla, hacia 3300 a.n.e. un sistema de escritura denominada protoelamita, así como una glíptica, adoptada de la sumeria, con una temática cotidiana y con presencia de animales fantásticos. Las tablillas con esta escritura aparecen en yacimientos como Tepe Sialk o Godin Tepe. En el III Milenio a.n.e. Irán manifiesta ya características culturales propias, que sólo serán difuminadas con las posteriores invasiones de los indo-iranios. El desarrollo urbano y cultural se fortalece gracias a contactos con otras culturas: con el país de Meluhha (cultura del Indo), o con Sumer, quizá a través de Magán (localizada a ambos lados del estrecho de Ormuz) y Dilmún (la isla de Bahrein, en el Golfo Pérsico).
Tras encontrarse sometida a la I Dinastía de Kish, Elam recupera su independencia bajo la dinastía de la ciudad de Awan. Esta dinastía (2425-2150 a.n.e.) habría estado compuesta por unos doce reyes. A partir del reinado del octavo rey, Elam cae bajo el poder acadio, pues es conquistada por Sargón de Akad. Bajo el rey Kutik-In Shushinak, sucumbe la dinastía, al tiempo que también la acadia. Tal coincidencia pudo deberse a un mismo motivo: la invasión de las poblaciones montañesas de los Guti. No obstante, quizá el fin de la dinastía de Awan se debió a la toma de la ciudad de Anshan por Gudea, de Lagash, hacia 2200 a.n.e.
Elam es una suerte de federación, con un jefe supremo que gobierna sobre un conjunto de príncipes vasallos. La trasmisión hereditaria se haría a través de la madre. La titulatura oficial de la monarquía elamita era sukkal-mah o Gran Regente; un hermano del rey, que ejercería una suerte de virreinato, era el sukkal, regente de Shimashki. Un tercer personaje era el sukkal de Susiana. La influencia acadia, no obstante, afecta la escritura (se adopta el cuneiforme), así como el ámbito religioso. El panteón elamita aparece encabezado por diosas, como Pimikir, Kiririsha (Gran Diosa), y Parti. Sólo desde el II Milenio a.n.e. empiezan a cobrar importancia los dioses masculinos (Humban, Hutran, Nahhunte, dios sol, o In-Shushinak, Señor de Susa).
La etnia de los elamitas es dudosa. Pudieron haber sido gentes de piel oscura o negra, de acuerdo con las representaciones en las tumbas vidriadas de Susa y en los bronces encontrados en Luristán. No obstante, una carta de los archivos reales de Mari, datada a principios del II milenio, dice de ellos que eran negros. Según la tradición bíblica se diría que se trata de una etnia semita, pues según el Génesis, Elam es un hijo de Sem y hermano de Asur, Arfaxad, Lud, Aram y Cainam. En consecuencia, elamitas, asirios, arameos y cananeos tendrían un origen común.
Tras desaparecer la dinastía de Awan, los escribas elamitas mencionan la de Shimashki, quizá seis principados reunidos, con el núcleo en la región de Isfahán. Durante bastante tiempo, la dinastía será dependiente de los dinastas de la III Dinastía de Ur, hasta 2025 a.n.e., cuando Susa es arrebatada al rey Ibbi-Sin de Ur. La dinastía de Larsa, hacia 1925 a.n.e. establece un dominio efectivo sobre Susa, que será el principio del fin de este período dinástico, en realidad poco conocido. Aunque es posible que la invasión de los casitas hubiese afectado Elam, parece más probable que se hubiera producido una reorientación elamita hacia el Irán anterior y las regiones vecinas del Golfo Pérsico, incluyendo algunos conflictos con el País del mar, en el mismo Golfo. Aunque en el III Milenio a.n.e. la urbanización ya había arraigado en Irán, a finales del mismo se evidencia un proceso de abandono masivo de asentamientos, fruto de dos motivos: la invasión de poblaciones extranjeras, o rigores climáticos que generaron colapso económico. Respecto al primer postulado, se ha hablado de que comenzaría la llegada de indoeuropeos, a la par que se instalaban en Anatolia, si bien la arqueología no demuestra vestigios de destrucción. Quizá la llegada de pobladores indoeuropeos sea más una consecuencia del abandono urbano que una causa. En relación a la segunda hipótesis se menciona que la desecación pudo haber provocado una disminución de tierras cultivables y, por lo tanto, hambrunas, pero lo cierto es que el urbanismo iranio estaba estrechamente relacionado con la explotación minera. El fenómeno afecta, en cualquier caso, a la cultura del Indo, cuya vida urbana también declina. En todo caso, el vacío demográfico del interior de Irán es aprovechado por poblaciones nómadas que encuentran aquí lugares adecuados para la sedentarización. Tales poblaciones portan una cerámica de color gris, que se difundirá por todo Irán, salvo en las montañas del Luristán. El grupo étnico de estas poblaciones es indo-ario, rama escindida, ya en el IV Milenio a.n.e., en torno al Volga, de otro grupo indoeuropeo (iranios), que dos milenios después aparecerán en estos territorios. Esta separación tan arcaica se constata porque los Kafirs de Afganistán y los mitanios, herederos de estas penetraciones, no presentan rasgos iranios. Los indo-arios, asentados en torno al Caspio, en la llanura de Gorgan, se caracterizaban por haber domesticado el caballo y por su pericia comercial. Decididos a movilizarse (sin razones aparentes), se dividen en dos grupos: uno occidental, hacia Mesopotamia y luego el Mediterráneo, desarrollando una poderosa estructura estatal (Imperio de Mitanni); y el otro oriental, en ocasiones mezclados con nómadas del norte de Asia central, con los que a través del paso de Khaiber entrarían en India.
La indoeuropeización de la meseta irania empezó mucho antes de la instalación de medos, persas y otros grupos iranios. La llegada de los iranios, hacia el siglo XIV a.n.e., está documentada, arqueológicamente, por la aparición de una cerámica gris, armas arrojadizas de bronce y ciertos objetos de los ajuares funerarios. La expansión subsiguiente coincide con el declive de Mitanni y el colapso de la dinastía casita en Babilonia. Los iranios se habían dividió en dos grupos: el primero se estableció en Irán occidental, donde daría lugar a dos territorios, uno medo y el otro persa; el segundo se asienta en la orilla oriental del Mar Caspio, pero luego siguen curso hacia el este, entrando en contacto con los indo-arios instalados en India. Estos iranios orientales son los Turanios del Avesta. Tenemos así, una oposición entre medos-persas, por un lado, y turanios, por el otro. Los primeros, en contacto cultural con Mesopotamia crean las estructuras estatales que darán lugar al imperio; los segundos, crean aspectos religiosos básicos de la cultura irania, como el zoroastrismo y la poesía épica. Con la entrada de ambos grupos, hacia fines del II Milenio a.n.e., desaparece la Edad del Bronce y comienza la Edad del Hierro. Estas tribus migratorias eran de carácter ganadero y pastoril, aunque practicaban una agricultura subsidiaria. A su paso es muy probable que se fueran mestizando, lo que complica su realidad histórica. Parece seguro que estos recién llegados potencian la jerarquización social y la actividad artesanal (los bronces de Luristán y los vasos de oro y plata). La nueva segregación social es detectable por medio de los espacios de habitación, pues la presencia de fortalezas, palacios y aldeas fortificadas tendría como función el control del ámbito rural, así como en las tumbas reales.

*En esta serie se incluyen reinos cuyos territorios están geográficamente al margen de la región o provincia mesopotámica, pero cuya influencia fue notable, caso de Anatolia o todo el corredor levantino.

Prof. Dr. Julio López Saco





15 de abril de 2010

Reinos de Mesopotamia I: Urartu*




ILUSTRACIONES: FRAGMENTO DE PLACA CON EL NOMBRE REAL URARTEO DE ARGISHTI, SIGLOS VIII-VII A.N.E.; DOS PERSONAJES, QUIZÁ SACERDOTES, ANTE UN ARBOL DE LA VIDA; Y UNA IMAGEN DE LA ANTIGUA CAPITAL DE URARTU TUSHPA (VAN).

La monarquía armenia más relevante es la denominada Urartu por los asirios y Ararat por los hebreos, aunque ellos mismos se denominaban Khaldianos o Haldianos, descendientes de una deidad de nombre Khaldis-Haldi. Esto significa que Urartu fue gobernado por monarcas que portaban el título de sacerdotes o representante de esa divinidad. Entre los siglos IX y VI a.n.e., época de apogeo, disputó a Asiria el dominio del Asia occidental. Aunque se ha debatido si su origen estuvo en Asia Menor o en Georgia, parece que los urarteos serían originarios de Nairi, en la misma Armenia. Este nombre revela un parentesco con hurri, namrri y kirruri, palabras sin conexión con lenguas semíticas. El centro neurálgico de esta monarquía teocrática estuvo en Tushpa, capital del territorio llamado Biaina (otro modo, corrupto, de nombrar Van). En ciertas inscripciones se habla del rey de Biaina. Tiglatpileser I de Asiria asegura haber conquistador 23 reinos de Nairi hacia 1114 a.n.e., reinos que, en cualquier caso, no debieron ocupar un territorio muy grande. Los reinos Nairi pueden haber sido una confederación que suplantó a la población de Biaina inicial. El primer monarca de Urartu fue Arame, aunque uno de los principales se llamó Sardur I (832-825 a.n.e.), autotitulado como Rey del País de Nairi.

*En esta serie se incluyen reinos cuyos territorios están geográficamente al margen de la región o provincia mesopotámica, pero cuya influencia fue notable, caso de Anatolia o todo el corredor levantino.

Prof. Dr. Julio López Saco

15 de marzo del 2010




14 de abril de 2010

Fósiles Humanos: parántropo boisei

El paleoantropólogo Louis Leakey, reportó el hallazgo, en 1959, de una nueva especie, denominada Zinjanthropus, en la garganta de Olduvai, en Tanzania. Este espécimen fue datado en 1,8 millones de años. Se trataba de un cráneo casi completo que fue bautizado como Dear Boy, debido a que correspondía a un individuo juvenil al que los terceros molares aún no le habían salido por completo. Otros hallazgos posteriores de esta especie se produjeron en el norte de Tanzania, en el norte de Kenia y en el sur de Etiopía. Convivieron con algunos Homo durante 1,5 millones de años. Descendiente de Paranthropus aethiopicus, su capacidad craneal no sobrepasaba los 500 cm3. Su cara estaba muy reforzada, con pequeños incisivos, pero con unos enormes molares y una cresta sagital a la que se unían grandes músculos masticadores. Su foramen magnum se encontraba más adelantado que en los Australopitecos. El desarrollo de unas poderosas mandíbulas trajo como consecuencia su acceso a raíces y tallos gruesos, así como una especialización en ese tipo de alimento. No obstante, el resto de su estructura corporal no varió prácticamente nada con respecto a sus antecesores Australopitecos.
Prof. Dr. Julio López Saco

13 de abril de 2010

Mitología griega: mosaico de Poseidón y Anfitrite

Poseidón y Anfitrite cruzando el mar en un carro tirado por cuatro hipocampos, que tiene la parte posterior del cuerpo en forma de pez, acompañados por erotes. El dios Poseidón mantiene un tridente y ambos portan aureolas. Este mosaico de suelo se encuentra hoy en el Museo del Louvre, en París, reseñado bajo la nomenclatura Ma 1880. Fue encontrado en Constantina (o Qusantina), en Argelia, y se data ente 315 y 325.
Prof. Dr. Julio López Saco

12 de abril de 2010

Antigua literatura japonesa


GENJI MONOGATARI, CAPÍTULO SUZUMUSHI. ROLLO HORIZONTAL, TINTA SOBRE PAPEL, MUSEO GOTOH, TOKYO. HEIJI MONOGATARI. GRUPO DE GUERREROS A CABALLO. ROLLO HORIZONTAL, TINTA Y COLOR SOBRE PAPEL. MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON

En los inicios de la literatura japonesa predomina la poesía. La gran antología poética denominada Man’yoshu o Colección de las diez mil hojas, del año 759, y compilada por Otomo no Yakamochi, es la antología poética más antigua escrita en japonés aunque con los caracteres chinos. La obra está compuesta por veinte secciones que contienen unos cuatro mil quinientos poemas, algunos largos (chôka), otros breves (tanka), así como elegías o banka, misceláneas (zôka) y poesías de amor (sômonka). En época Heian (794-1185), etapa en la que el poder clerical es sustituido por el de la aristocracia, en especial el de las familias Fujiwara y Sugawara, el refinamiento cortesano alcanza cotas elevadas. La composición de waka (poesía japonesa, con versos de treinta y una sílabas), se convierte ahora en una actividad prestigiosa de la corte, asociada a la vida cotidiana. El Kokinshû o Kokinwakashû (colección de poemas antiguos y modernos), del año 905, es la primera antología de poesía japonesa. Fue encargada por el emperador Daigo a cuatro grandes poetas de esta época. La temática de sus waka se refieren a las relaciones humanas, al amor y al paso de las estaciones. La primera obra narrativa es el Taketori monogatari, es decir, El cuento del cortador de bambúes, una obra anónima de principios del siglo X. El Ise monogatari (Cuentos de Ise), también es de esta época. Se atribuye a Ariwara no Narihira. Esta obra reúne más de ciento veinte cuentos, a los que se suman varios poemas, narrando una serie de aventuras galantes y de corte con bastante desenfado, sin la presencia de algún tipo de censura moral sintoísta, budista o confuciana. A principios del siglo XI aparece el Genji monogatari, Historia de Genji, considerada la primera novela moderna japonesa. Fue escrita por una mujer perteneciente a la nobleza, llamada Murasaki Shikibu. Junto a otras damas de la corte, como Sei Shônagon e Izumi Shikibu, elevó la prosa japonesa a estándares insuperables en la forma de nikki, diarios basados en historias reales pero que, en ocasiones, contenían relatos ficticios. Estos diarios eran escritos por las damas japonesas que, aunque vivían en la corte, estaban excluidas del poder, que era eminentemente masculino y se expresaba en chino clásico. En su ambiente privado, estas mujeres anotaban, muchas veces fechándolos, los acontecimientos de su vida cotidiana, incluyendo los cotilleos, pensamientos, sentimientos y emociones relativos a las pequeñas e insignificantes cosas. En esta obra se narran las aventuras del príncipe Hikaru, un genji (descendiente del emperador pero sin la prerrogativa real propia de la sucesión dinástica). El relato aparece tejido como una serie de intrigas palaciegas y aventuras amorosas, sin dejar de lado los usos y costumbres del momento, así como algunas evocaciones naturales. En cincuenta y cuatro capítulos se narra la vida sentimental del protagonista, quizá una idealización del señor Fujiwara no Michinaga. Abundan las alusiones poéticas y los personajes son presentados a través de sus rasgos psicológicos, lo que permite al lector identificarse con ellos. De esta misma época es Makura no Soshi (El libro de la almohada), de Sei Shônagon, conformado por varios ensayos cortos acerca de diversos asuntos de la vida cortesana, en los que predominan la frivolidad, la crítica y las escenas divertidas. Se trata de un retrato de los gustos de la época y del fasto imperial.
Con el inicio del gobierno militar en Japón a través del predominio de los grandes jefes militares, especialmente con la instalación del bakufu de Kamakura, la poesía y la narrativa reflejarán el espíritu de unos tiempos marcados por las intrigas y la violencia. Una de las recopilaciones poéticas del siglo XIII es el Shinkokinshû o Nuevo Kokinshû, de 1205, un trabajo ordenado por el emperador Gotota. A la vez, los letrados y las damas de la corte siguieron con la tradicional redacción de diarios, destacándose Towazugatari, de comienzos del siglo XIV, escrito por una concubina, luego monja, llamada Nijô, en la que se hace referencia a lo precario y fugaz de la existencia humana. Entre los relatos históricos, que recogen las disputas entre clanes rivales, se destaca sobremanera Heike monogatari emaki (Cantar de Heike), que cuenta las batallas por el poder entre el clan Minamoto (genji) y el clan Taira (heike)
[1]. Se narra el ascenso de los Taira o Heike, y la caída y muerte del líder del clan Taira no Kiyomori. En un ambiente propio de los guerreros, se analizan introspectivamente los grandes generales, y también se les critica por su carácter o comportamiento. Este trabajo épico adquiere su forma definitiva hacia 1371, atribuyéndosele a un monje de nombre Kakuichi, si bien siempre circularon diversas tradiciones y variantes orales. En este ambiente bélico se ilustran también los vaivenes de la fortuna de los protagonistas y sus respectivas familias en el marco de una visión budista del mundo, caracterizada por lo impermanente y efímero de la vida. El rollo ilustrado Heiji monogatari emaki describe, frenética y convulsivamente, el ataque de los Minamoto al palacio imperial de Sanjô.
[1] A fines del siglo XII, el poder aristocrático de los Fujiwara pasa a manos de los militares después de varias batallas. Entre 1156 y 1158 ocurre la insurrección Hôgen; al año siguiente, la insurrección Heiji, a partir de la cual los Taira se convierten en terratenientes en el sur de Japón. En 1185 los Taira sufren una derrota a manos de los Minamoto, clan apoyado por los monjes guerreros de los templos de Nara, en especial Tôdaiji y Kôfukuji, lo que trajo como consecuencia la instauración del gobierno militar de Minamoto no Yoritomo en Kamakura.

Prof. Dr. Julio López Saco

12-marzo del 2010



8 de abril de 2010

Los ritos y la música: dos disciplinas de las Seis Artes de la antigua China

Ritos y Música en la China antigua
Prof. Dr. Julio López Saco
La práctica de las Seis Artes fue una codificación antigua tradicional de China para cultivar las virtudes humanas. Se establecieron como tres pares de disciplinas, la escritura y la ciencia numérica (en concreto la adivinación), el tiro con arco y la conducción de carros y, finalmente, los ritos y la música. Estas Seis Artes no conformaban un saber aislado, eran la esencia del saber ser, pues preparaban la sabiduría que capacitaba al gobernante; como partícipes del dao, se establecen como norma absoluta en la conducta humana. Los ritos, congregados en cinco clases, abarcaban la totalidad de la experiencia humana, tanto familiar como social y política. Los ritos faustos y las liturgias sacrificiales se celebraban en honor de las divinidades y de los espíritus de los antepasados familiares, en tanto que los rituales nefastos se referían a la muerte[1]. Los ritos de hospitalidad se asociaban con los protocolos para las audiencias y para las visitas; los ritos marciales comprendían aquellos actos relacionados con la guerra o la caza o, incluso, con todo lo que se hiciera con un arma en la mano; los rituales de felicidad, al fin, regulaban las fiestas familiares, los nacimientos y los matrimonios. Con los ritos se garantizaba la armonía, que se hacía plena en la comunión con lo divino y en las relaciones con los demás. La música, entendida en el sentido amplio de danza orquestada a través de cantos, himnos y los sonidos de los instrumentos, también garantizaba la armonía y el equilibrio cósmico. La música desempeñó un papel primordial en la cultura aristocrática china antigua, en tanto que se consideraba como un arte integrado en una sociedad en la que los actos políticos se ritualizaban, otorgándoseles la misma significación que aquellos litúrgicos dedicados a las divinidades y a los ancestros. Los banquetes ofrecidos a los antepasados y las ceremonias que los seguían se acompañaban de música interpretada con instrumentos de percusión, que enfatizaba los movimientos del rito, los gestos, las entradas y salidas de los participantes, y que, además, ritmaba los cánticos invocatorios, los himnos y las danzas. La piedra y el metal conformaban una pareja que hacía resonar, en función de su materialidad, los ecos de Tierra y Cielo; la tierra se asociaba con la piedra, mientras que el bronce evocaba al cielo, pues aseguraba una comunión con el mundo espiritual, de los antepasados y de las demás potencias de las alturas. La ideología política confirió, así mismo, a la música una misión moral: ayudaba al perfeccionamiento del individuo, simbolizando la armonía formal de los grupos y las realizaciones de los hombres nobles.
[1] El ser humano se consideraba un sofisticado ensamblaje de soplos groseros o terrestres y de soplos anímicos, de diversas cualidades, que pertenecían a la tierra y al cielo. Cuando un hombre moría, sus soplos y sus espíritus se separaban. Los soplos terrestres o gui, unidos a las funciones internas del cuerpo y a las materias sólidas (huesos, carne), tendían a unirse a la tierra. Si no eran nutridos adecuadamente podían convertirse en fantasmas, muy hambrientos y de conductas demoníacas. Los soplos celestiales o shen, mucho más sutiles, animaban la sangre y las funciones superiores del corazón y el pensamiento. Al fallecimiento de la persona, alcanzaban el cielo y el éter. Durante los banquetes funerarios, las libaciones que se vertían sobre la tierra contribuían a mantener los soplos gui, mientras que los aromas y el humo de las ofrendas a alimentar los soplos shen. En el hombre todavía vivo, los soplos terrenales, que representan el aspecto material e instintivo de la vida, se denominan almas po, en tanto que los celestes, afines a los espíritus, se llaman almas hun. Únicamente tras el deceso se denominan, respectivamente, gui y shen.
8 de abril del 2010

7 de abril de 2010

Arqueología de la Grecia antigua II: cerámica de Kamares



CRÁTERA CON FLORES MOLDEADAS ESTILO KAMARES. MUSEO DE HERAKLEION; VASO CON DECORACIÓN ESTILO KAMARES, DE KNOSSOS, EN CRETA. MUSEO ARQUEOLÓGICO DE HERAKLEION (4390); CERÁMICA MINOICA DE KAMARES CON MOTIVO MARINO, EN ESTE CASO UN PULPO.

La cerámica de Kamares, de rica policromía, se encuadra en el período Minoico Medio (del IA al IIIB, 2050-1675 a.n.e.). Recibe su nombre de un santuario en gruta localizado cerca del monte Ida, en la isla de Creta. El gran número de sus piezas pudo haberse debido a que fue una cerámica muy empleada como ofrenda funeraria. Con presencia de panzas abultadas, esta cerámica presenta finas paredes de cáscara de huevo. Tipológicamente, encontramos jarras, ánforas, cráteras, copas y grandes vasijas para contener vino, aceite y granos. La decoración, con la presencia de varios colores, especialmente blanco, rojo, naranja y amarillo, es predominantemente geométrica, con abundancia de espirales, curvas y contracurvas, pero también cuenta con motivos naturalistas, vegetales y de animales marinos, en especial pulpos y crustáceos. El estilo clásico de esta cerámica, en el Minoico Medio II, se relaciona con el palacio de Faistos. En general, las piezas cerámicas de Kamares siempre tendrán un fondo oscuro, negro o azul, sobre el que se resaltan otros colores. En cualquier caso, los diseños suelen ser repetitivos y, habitualmente, simétricamente compuestos. Es frecuente que estas vasijas tengan unas formas muy características, con la boca muy estrecha, imitando el pico de un ave, y con dos piezas salientes redondas, imitando los ojos, a ambos lados del comienzo de la boca.

Prof. Dr. Julio López Saco

7 de marzo del 2010




6 de abril de 2010

Arte coreano de la dinastía Choson (1392-1910)







Las imágenes con las siguientes: pintura con una pareja de carpas de la dinastía Choson; un tigre como un poder protector, también de la misma Dinastía Joseon o Choson (1392-1910). Museo Guimet de París; jarrón con dragón y perla flameante, de los siglos XVII y XVIII y; máscara coreana de monstruo o Kwimyon, del período Silla (668-918) cuya finalidad era espantar los malos espíritus. Se colocaba en los remates de las vigas.
Además de las pantallas o biombos pintados, los chaekkori, para la figuración humana, y los munjado, empleados en las habitaciones infantiles, el refinado mundo de la pintura coreana estuvo poblado por una muy extensa tipología de animales, entendidos como coloridos símbolos. El tigre, en particular, llamado horang-i, era considerado un guardián compasivo que protegía a los seres humanos y propiciaba su bondad. Aunque se solía representar como una criatura dócil y gentil, se creía que era un fiero, indomable y valiente animal que prevenía el infortunio (incendios, sequías, inundaciones o tormentas), y alejaba los malos espíritus. Cuando se le representaba en la puerta de una casa el día del Año Nuevo se suponía que habría un año venturoso.
Prof. Dr. Julio López Saco



5 de abril de 2010

Arqueología de la Grecia antigua I: cerámica Geométrica




Los ejemplos corresponden a una crátera de dípylon con escena de prothesis; a una cerámica ática geométrica inicial (crátera), que está hoy en el Museo Nacional de Atenas, y a una cerámica ática dípylon del período final geométrico. Se trata de vasos funerarios hallados en una necrópolis datada entre los siglos IX-VIII a.n.e., junto a las antiguas dobles puertas o Dípylon, en Atenas. En este tipo de vasijas se depositaban las ofrendas al difunto. En ocasiones, esquemáticas exequias, en forma de carros fúnebres, caballos, plañideras y un catafalco, se distribuyen en ciertas zonas cortadas por líneas paralelas.

El estilo cerámico geométrico en Grecia se desarrolla entre el año 1000 y el 700 a.n.e. En su período inicial se caracteriza por un predominio del negro, con motivos decorativos en estrechas franjas, y por la presencia de ejes verticales y horizontales; en el período medio, se observa una ampliación del espacio decorativo, con motivos circulares pequeños y ornamentos que enmarcan las bandas. Comienzan a verse como motivos principales aquellos en forma de meandros y otros triangulares y angulares. Aparecen ya animales y figuración humana, aunque sin formar escenas. En el período final, por el contrario, encontramos motivos de mayor tamaño en el cuerpo de la vasija y escenas figuradas, especialmente de carácter funerario. Ahora las piezas son de gran tamaño. La figura humana tiene el torso en forma de triángulo, y es difícil distinguir varones de mujeres. Las personas representadas suelen aparecer lamentándose con los brazos en alto o mesándose los cabellos. Se pintan tres tipos de escenas, la prothesis, es decir, la exposición del cadáver sobre una suerte de catafalco; la ekphora, el traslado del difunto sobre un carro, y el thapsos, esto es, los juegos fúnebres celebrados en honor del fallecido. No obstante, es común también la presencia de escenas de combate. En general, se dejan de lado los recursos geométricos y se confiere mayor importancia a la figura humana, que lo cubre todo. Los vasos, algunas veces enormes, tienen cubierto su gran vientre con combinaciones geométricas, y se dividen, además, las fajas en zonas verticales como metopas. Si se representan animales, figuras humanas o escenas, todos estos elementos figurativos se hacen estilizados, de contornos rectilíneos, marcando siluetas geométricas, como formadas por triángulos. Los cuerpos están recortados, con cinturas estrechas, y son vistos de frente, de un único tono negro sobre un fondo claro. Esta cerámica es llamada también de estilo del Dípylon, porque la casi totalidad de las vasijas de este género se encontraron en el mencionado cementerio ateniense, situado al exterior de la puerta doble. Casi todos los vasos del Dípylon servían para contener las cenizas de un cadáver, de modo que no es extraño ver que las pinturas que los decoran representen escenas de funeral. La cerámica de Corinto y de las islas del Egeo no tiene, por el contrario, representaciones figuradas con escenas de funerales; son decoradas con esfinges, leones, cérvidos y palmetas, frecuentes en el repertorio tradicional oriental. Además, el uso de los vasos de las islas y de Corinto es diferente del de la cerámica dórica. En su mayoría son alabastrones y aríbalos, receptáculos para afeites femeninos de tocador. En algunos de ellos, sin embargo, están figurados el cadáver en su lecho mortuorio, con la esposa en la cabecera y los amigos cantando con gesto trágico, mientras las plañideras se mesan los cabellos.

Prof. Dr. Julio López Saco
5 de abril del 2010

26 de marzo de 2010

Arte mongol:casco

Este casco, que se exhibe en The Metropolitan Museum de Nueva York, de claro estilo mongol, presenta seis óvalos que contienen a Yamantaka, el que elimina a los señores de la muerte, y cinco dakinis, divinidades femeninas hindúes. Entre ellos encontramos doce bija (palabras o sílabas semilla) protectoras, flanqueadas por varias inscripciones tibetanas que señalan el carácter protector de cada sílaba. La parte superior del casco está cercado por varios mantras, incluyendo algunas invocaciones a las dakinis y al mismo Yamantaka. En el centro, se encuentran los diez todopoderosos, un monograma de las diez sílabas tántricas del mantra Kalachakra. Muy cerca se puede observar un relicario estilizado en forma de chorten (estupa tibetana), que representa la iluminación. Tanto por la forma y la sugerente decoración del caso, como por su repertorio simbólico, podemos decir que la pieza fue elaborada por un mongol de alto rango, seguidor, sin duda alguna, del budismo tibetano. No hay claridad acerca del período cronológico al que pertenecería el objeto: o bien a tiempos del tercer Dalai Lama entre 1543 y 1588, o bien a la época del quinto entre 1617 y 1682.
Prof. Dr. Julio López Saco

25 de marzo de 2010

Pintura japonesa del mundo flotante: Moronobu y Utamaro











HISHIKAWA MORONOBU. ESCENAS DESDE EL BARRIO DE PLACER YOSHIWARA. PERÍODO EDO, ENTRE LA ERA JOKYO Y GENROKU, 1684-1704. ESCENAS DEL TEATRO KABUKI DE NAKAMURA. PERÍODO EDO, ENTRE LA ERA JÔKYÔ Y GENROKU, MUSEUM OF FINE ARTS, BOSTON. KITAGAWA UTAMARO. OSHICHI, LA HIJA DE LA VERDULERA, EL NIÑO SIRVIENTE KICHISABURÔ Y DOZAEMON DENKICHI; PULSO ENTRE DOS BELDADES; Y BIJIN PEINANDO SU CABELLO.
ABSTRACT

The "floating world" or world of appearances, impermanent, fluctuating, ephemeral and transient, typically Buddhist, ie we inhabit, is the origin of Japanese prints, woodblock prints or wood, called ukiyo-e, started in the Edo-Tokyo metropolitan newspapers, which portrayed the world pleasant, worldly, carefree of cities. These prints were produced in Japan between the seventeenth and twentieth centuries.
Hishikawa Moronobu was a painter and printmaker who was born near Edo. In this city learned the painting style of the Kano and Tosa schools recognized, but began to apply the decorative style of paintings on wood and decorative leaves the impression, in the context of what is known as ukiyo-e. Kitagawa Utamaro, also a printer and painter, was an artist best known for his stately portraits of sensuous female beauties.

要旨

"浮動世界"や外見、いちじの世界では、変動一過と過渡現象は、通常、仏教、我々に生息する、すなわち、日本の版画、木版画や木材、浮世絵と呼ばれる電子は、江戸時代に始まった、東京都、新聞の原点ですは、世界快適な、世俗的な、都市の気楽を演じた。これらの版画、日本の17世紀と20世紀の間に生産された。
菱川師宣の画家者と江戸の近くで生まれた版画家。この都市では、狩野土佐の学校認識の絵のスタイルを学んだが、木の上の絵画の装飾的なスタイルを適用すると装飾を開始した印象に残る、何浮世絵として知られているコンテキストでメール。北川歌麿も、プリンタや画家、アーティストの最高の官能的な女性の美しさの彼の重厚な肖像画で知られている。
El "mundo flotante" o mundo de las apariencias, impermanente, fluctuante, efímero y transitorio, característicamente budista, es decir, en el que habitamos, es el origen de las estampas japonesas, grabados xilográficos o en madera, llamadas ukiyo-e, iniciadas en el período metropolitano Edo-Tokyo, que retrataban el mundo placentero, mundano y desenfadado de las urbes. Estos grabados fueron producidos en Japón entre los siglos XVII y XX. Muestran imágenes paisajísticas, del teatro y de los cuartos del placer. Su origen directo se encuentra en los trabajos de un solo color de Hishikawa Moronubu, en la década de 1670. En su mayoría eran adquiridos por habitantes que, habitualmente, no podían comprar una pintura original. La temática original de los ukiyo-e era la vida de la ciudad, las actividades y escenas de los lugares de entretenimiento mundano. Bellas cortesanas, luchadores de sumo y actores populares eran representados realizando acciones atractivas. Algunos de estos grabados son de explícita naturaleza erótica, con escenas pederásticas y heterosexuales, recibiendo la denominación de Shunga.
Hishikawa Moronobu fue un pintor e impresor que nació en 1618 en Hodamura, cerca de Edo. En esta ciudad aprendió el estilo de pintura de las reconocidas escuelas Tosa y Kano, aunque empezó a aplicar el estilo decorativo de las pinturas en la madera y en la impresión de hojas decorativas, en el marco de lo que se conoce como ukiyo-e. Muchos de sus trabajos son de naturaleza erótica. Kitagawa Utamaro, también impresor y pintor, fue un artista muy reconocido por sus majestuosos retratos de sensuales bellezas femeninas. Nacido en 1753, pronto se traslada a Edo y allí, con el nombre de Toyoaki, comienza a realizar grabados de mujeres, aunque nunca descuidó la temática natural. Hacia 1790 abandonó los diseños naturalistas para la ilustrar libros y se concentró en la realización de retratos de mujeres de clase alta, en contra de la habitual elaboración de grupos femeninos típicos de la tradición de la escuela Ukiyo-e y de las escenas galantes y eróticas que retrataban los animados y lúdicos barrios de placer de Edo. Se destacó por la elegancia de sus diseños, por el delicado tratamiento que realiza de los personajes, así como por la calidad técnica. Acabó fijando los prototipos del encanto femenino.
Prof. Dr. Julio López Saco
25 de marzo del 2010



24 de marzo de 2010

Iconografía de la cosmogonía egipcia: Shu, Nut y Geb

Escena mitológica que evoca el concepto de regeneración, con la presencia del dios Shu, separando el cielo o Nut y la tierra, Geb. Según el mito, Shu tuvo que intervenir para separar a Geb y Nut que estaban fundidos en un abrazo amoroso, que hay que deshacer para que el orden se establezca y no reine el caos informe. A Geb se le representa habitualmente tumbado y apoyado sobre un brazo, con su piel oscurecida, de un color verde oliva, lo que simboliza el limo que nutre la tierra egipcia tras la inundación estacional. La diosa Nut se representa encorvada para simbolizar la bóveda celestial. El Libro de la Vaca Celeste señala que la diosa devora todos los días a sus hijos, las estrellas mañaneras y el sol del atardecer, para poder darlos a luz de nuevo cada día. En ese sentido, la cabeza y la vulva de la deidad señalan el este y el oeste idealizados, respectivamente. Shu está con los brazos levantados sujetando el cielo, quizá el fundamento de la codificación iconográfica del Atlas griego. Una significativa cantidad de estas escenas míticas serán empleadas, a partir del Tercer Período Intermedio, en la decoración de sarcófagos de nobles y escribas.
Prof. Dr. Julio López Saco

23 de marzo de 2010

Pensamiento correlativo chino. Origen y esencia

ABSTRACT

Chinese cosmological thinking, symbolic rather than cognitive, intended to reflect the world of men uniform and continuous balance that is based on the natural course of things. It was a vision of the world, holistic and structuring trend mythical, giving priority regularity, balance, harmony in the universe and that, following the principles of correlation, to foster the human being "read" and understood in Cosmos structuring principles of society and behavioral lines to be followed. Correlative cosmology specific phenomena linked horizontally received in ordinary experience. Organizational thinking is a structurally mytho-religious, also visible in other cultural settings, as in the Indian Buddhist who understands that there is a universal concatenation of all existing things, pratityasamutpada.


摘要

中國宇宙論的思想,而不是象徵性的認知,目的是反映世界男子制服,並連續平衡的基礎是自然的事情。這是一個理想的世界,整體趨勢,神話和結構,優先規律,平衡,和諧的宇宙,而且,隨著相關的原則,以促進人的“讀”,並了解宇宙的結構和社會原則行為應遵循的路線。相關鏈接宇宙學的具體現象在普通水平獲得的經驗。組織結構的思想是一個宗教,也可以用其他的文化環境,如在印度佛教誰知道有一個普遍的連接現有的所有東西,緣起
Pensamiento correlativo chino arcaico
La cosmología, como armazón de concepciones y relaciones, es un sistema de correlaciones que se fundamenta en parejas interrelacionadas, como el yin y el yang, en cuartetos, como los puntos cardinales, en quintetos, en función de las Cinco Fases o Wuxing, octetos, como los ocho trigramas, o en grupos de nueve, en relación a las divisiones celestes y terrenales, y por ello, se configura como un mecanismo ordenado y ordenador de correspondencias entre diferentes dominios de la realidad universal, haciendo correlativas las vicisitudes y normas humanas o, incluso, su composición (cuerpo humano, comportamientos, moralidad), el orden socio-político y económico, así como los propios cambios históricos con las categorías cósmicas: tiempo, espacio, circuito estacional, fenómenos de la naturaleza, astros, etc. Estamos en presencia, por lo tanto, de una antropocosmología, en la que los procesos humanos de toda índole encuentran en la naturaleza una correspondencia. Este carácter o pensamiento correlativo no es exclusivamente chino, y puede remontarse a los principios de la humanidad, puesto que es un mecanismo que, como recuerdo del pensar mítico, usamos en nuestro lenguaje habitual, y es el modo en que se establecen identidades entre algunas sociedades arcaicas actuales. El sistema de cosmología correlativa se vinculó, así, a la emergencia de las reivindicaciones de auto-divinización, según la cual los espíritus “controlarían” los fenómenos naturales y serían asimilados a los humanos, en especial a los emperadores, con sus pretensiones teomórficas. Su remoto origen estaría en la experiencia chamánica y en la asunción de la continuidad entre Cielo y Tierra a través de un axis mundi, y entre el Cielo y la humanidad, cuyo “intermediario” sería el adivinador, el oficiante, y luego, el emperador. Desde un ángulo filosófico sería la expresión del continuum entre el microcosmos humano y el macrocosmos universal.
La práctica extática, de unidad, entre el chamán y la divinidad, como primitiva experiencia de la cultura china, pudo ser, por consiguiente, el sustrato fundador de la cosmología correlativa, la expresión y el recuerdo de tal experiencia. No obstante, el recuerdo chamánico sería disciplinado, rutinizado y burocratizado hasta casi anularse; es decir, sería sometido a un proceso de racionalidad. No olvidemos que el pensamiento chino de la antigüedad no buscaba, como objetivo, esclarecer lo absoluto del Ser, pues no necesitaba encontrar aquello que lo fundaba o generaba, sino lo que podía explicar comprensivamente cómo la multiplicidad diversa de objetos y seres, las Diez Mil Cosas, funcionaba gracias al impulso, único y totalizador, del Universo, de modo que la preocupación metafísica se deslizó hacia la cosmológica.
El pensamiento cosmológico chino, por supuesto más simbólico que cognitivo, pretendía reflejar en el mundo de los hombres un equilibrio uniforme y continuado que se fundamentase en el curso natural de las cosas. Se trataba de una visión del mundo, de tendencia holística y de estructuración mítica, que priorizaba la regularidad, el equilibrio, la armonía en el Universo y que, siguiendo los principios de la correlación, propiciase que el ser humano “leyese” y comprendiese en el Cosmos los principios estructuradores de la sociedad y las líneas conductuales que debían seguirse, con lo que el Cosmos acabará siendo el propiciador o condicionador de los valores morales, y no la subjetividad humana, tal y como el pensamiento racionalista comenzó a destacar en Occidente. En este sentido, el pensar cosmológico vivenciará al estado como natural y al político como un organismo. La ideología Han, presentada, por ejemplo, por Dong Zhongshu, que fundamentaba el ordenamiento socio-político jerarquizado en la regulación natural del Cosmos, donde los cimientos del poder eran de índole cósmica, reglamentó que el orden de subordinación y dependencia de las cinco relaciones humanas confucianas se vinculasen al orden cíclico de las Cinco Fases. Éstas se imbricarían, así, en relaciones múltiples: con las constantes de la ética confuciana, los Cinco Clásicos, los cinco períodos de la antigüedad china o los cinco aspectos elementales de la naturaleza humana, conformando una cosmología teleológica. Con los Zhou, momento en que se había instaurado y consolidado una visión antropocósmica sustentada en fecundas especulaciones de la época de los Reinos Combatientes, seguía habiendo fuertes vínculos entre lo divino y lo humano, pero cambiaron las relaciones, que ahora legitimaban, como nunca antes lo habían hecho, el orden socio-político: mientras con los gobernantes Shang el rey era el sacerdote principal para los dioses o ancestros del clan, el mandato del Cielo convierte al soberano en fiel ejecutor de Tien en la tierra, en una correspondencia macro-microcósmica que legitimaba y justificaba el ordenamiento social. El Cielo se establece como el auténtico paradigma del orden y la armonía, un ethos inspirado por una idea metafórica arcaica acerca de la estrecha comunión entre los reinos sobrenatural y terrenal, aunque ahora cargado de fuertes valencias morales. De este modo, la cosmología correlativa, fundamentada en la astrología, se establecería firmemente en China con la emergencia del Estado: la virtud del gobernante sería ahora el sólido soporte frente a las acciones rituales de la edad del bronce.
La cosmología correlativa vincula “horizontalmente” fenómenos concretos percibidos en la experiencia ordinaria. En este último sentido, los sistemas correlativos pueden verse, además de cómo un fundamento del poder a través del yin-yang y los Cinco Elementos, asumidos por cada dinastía en una secuencia de conquista mutua, como una clasificación objetiva y lógica, de carácter estructural y social, necesaria para entender la prolongación en el mundo humano del orden natural. Habría aquí, por lo tanto, una cosmología que define el Cosmos y la sociedad, predominantemente como una monogenética de continuidad. El pensamiento correlativo chino implica, en definitiva, correlaciones simbólicas y no causales, que siguen la lógica que habla de la armonía de correspondencias entre los órdenes natural y humano. Las concepciones que así se expresan no se someten mutuamente, sino que se localizan enfrente unas de otras, conformando un modelo en el que las cosas se influyen inductivamente, en una especie de dependencia existencial. Debe presumirse en esto un trasfondo místico de la participación humana en un Universo entendido orgánicamente, donde todo se combina de modo holístico, en lugar de oponerse irreductiblemente los opuestos de manera dualística: es la unidad del Cosmos, de dao, de la divinidad creadora. Se trata de un pensamiento organizativo, estructuralmente mítico-religioso, también visible en otros ambientes culturales, como en el del budismo indio, que entiende que existe una concatenación universal de todas las cosas existentes, pratîtyasamutpâda, que pudiera querer excluir, eso sí, en el fondo, una causa trascendente inicial. Esta “resonancia” (ganying), frente a la causalidad occidental, responde, por consiguiente, al modo cómo los pensadores chinos de la antigüedad se acercaron a la realidad: viendo y percibiendo el mundo como una armonía de múltiples fuerzas que perviven juntas como una compleja sinfonía, de modo perfectamente sincrónico.
Prof. Dr. Julio López Saco
23 de marzo del 2010

22 de marzo de 2010

Pensamiento correlativo chino: asociaciones

*Wuxing vinculado a los Cinco Emperadores y Cinco virtudes pudiera estar vigente desde comienzos del período de Primavera y Otoño, cuando los duques de Qin, al hacerse señores feudales autónomos, instituyen el culto al ancestro Chao Hao, asimilado al emperador o Di blanco, con un santuario de nombre “lugar sacro occidental”. Más tarde, para lograr la protección de las divinidades de los territorios que dominan, instituyen los cultos al emperador verde, amarillo y rojo. Las cualidades naturales de los elementos serán el fundamento de las cualidades humanas, virtudes y principios ético-morales. Las relaciones entre los agentes o elementos se han presentado también de forma antropomorfa: el que engendra al siguiente es la “madre”, el engendrado, su “hijo”, de modo que las imbricaciones toman la apariencia de relaciones humanas de parentesco. En términos generales, este sistema de correlación simbólica que clasifica cosas en categorías opera de modo análogo a la magia simpatética, a modo de “contagio”. La tabla correlativa de asociaciones podría completarse, además, con las cinco purezas, la luna, el agua, el pino, el bambú y el ciruelo, con los cinco dones, esto es, la riqueza, la longevidad, la virtud, la paz espiritual y la vida ajena a las enfermedades corporales, con las cinco notas musicales, gong, shang, zhi, jue y yu y, en una síntesis con los preceptos budistas, con las denominadas cinco prohibiciones: no matar, no robar, no ser codicioso, no beber licores y no degustar carnes. La asociación de los gustos a los elementos puede responder a procesos naturales y químicos: por ejemplo, la vinculación de lo dulce a la tierra podría deberse al gusto dulce de los cereales y a que en la tierra se encuentra la miel, mientras que la asociación de lo salado con el agua puede sugerir primitivos experimentos acerca de la cristalización.
Prof. Dr. Julio López Saco

19 de marzo de 2010

Origen de la moneda republicana romana

El primer intento de amonedación se adscribe a Servio Tulio, y lo conforma el Aes Rude o Aes Infectum. Se trataba de un lingote de cobre en bruto. Tras este primer paso vendría el Aes Signatum, caracterizado por llevar un signo o marca. A partir de este momento, un peso fijo estaría determinado por ese signum. Su origen podría estar ligado a la autoridad del Estado o a la actividad económica privada, especialmente a la de banqueros y comerciantes. Hacia 289 a.n.e. aparece el Aes Grave, que lleva una impronta oficial en la que se indica su valor legal. Su peso sería equivalente a la libra romana, unos 325 gramos, motivo por el que se le denomina también Aes Librarum. Todas estas monedas no eran fruto de la acuñación. Del Aes Librarum se hicieron numerosos múltiplos: el Semis, el Trieus, el Cuadravis, el Sestavis y la Uncia, que pudieron responder a las necesidades propias de las transacciones comerciales. Estas monedas clasificadas como romanas no llevaban el nombre de la ciudad, sino un distintivo simbólico: la proa de un barco en el anverso y el culto a los dióscuros en el reverso. Sólo a partir del año 217 a.n.e., momento en que se produce una reducción metálica del valor del Aes Librarum, el nombre de Roma aparece unido a la proa. Con la ley Plautia-Papilia, del 89 a.n.e., el peso se vuelve a reducir y se pasa al Aes Semiuncial. La moneda de plata aparece, en primer lugar, en la Campania, y lleva ya el nombre de Roma: se trata del Sextercio de plata. Roma empieza a acuñar estas monedas hacia el 211 a.n.e. Con posterioridad, se establece el Denario de plata como moneda base, con un valor de un sexto de as y 1/40 de libra. Tras los desastres romanos en Trebia y Trasimeno, la ley Flaminia reduce el Denario, estableciendo un peso fijo que va a mantenerse durante todo el Imperio. El Sextercio de plata, por su parte, dada su baja cotización, desaparece en el 43 a.n.e. y es sustituido por el de bronce. La primera acuñación de moneda de oro en Roma se produce a fines de la República, si bien Plinio, en su Historia Natural, señala su acuñación en 217 a.n.e. Con total seguridad, fueron los Áureos de Sila las primeras acuñaciones doradas, con un peso de once gramos. Posteriormente, Pompeyo y César reducen su peso a 9 y 8 gramos, respectivamente. Desde el 44 hasta el 27 a.n.e., el Senado autoriza que se utilice en los anversos monetales la efigie de César, aunque también el mismo Senado emitirá moneda colocando en ella la palabra Senatus Consultus.
La moneda imperial, por su parte, será acuñada, desde los tiempos de Augusto, como un tributo directo de la soberanía imperial. El Denario, el As y el Sextercio se mantienen cierto tiempo, pero luego serán paulatinamente sustituidos. Debido a las continuas conquistas de Roma, debe permitirse que las ciudades provinciales acuñen moneda, de modo que se extenderán las cecas regionales y locales. Las misiones proconsulares se realizan en las provincias senatoriales, especialmente, en Chipre, Cirenaica y África en época de Augusto. En todo momento, sin embargo, los emperadores querrán regularizar las acuñaciones a través de su imperium militae, incluyendo aquellas extraordinarias para el ejército. El sistema bimetálico oro-plata se constata con Augusto, mientras que el cobre, el bronce y el latón se usarán en provincias para subsanar situaciones particulares. Después del 27 a.n.e. la moneda estabilizará su peso, en concreto el Áureo, el Denario y el As, fijándose como monedas de bronce el Aes Uncial, el Sextercio y el Dupondio, entre otros.

18 de marzo de 2010

Historia y cultura en India: la civilización del Indo

ABSTRACT
The Indus civilization whose foundations are in an unprecedented series of Neolithic date to around 7000 BC, as Mehrgarh culture, the culture of Nal and Kulli, is considered the oldest civilization in the region. Discovery to the twenties of the last century from the first archaeological missions in the area, and located in time between the IV and the middle of the II millennium BC, in what is now northwest India, Afghanistan and Pakistan, can be defined as urban pre-Aryan culture, ie before the arrival of the Aryan warrior-noble component.
Civilización del Indo
18-marzo del 2010
Las noticias más antiguas sobre India aparecen en fuentes grecorromanas como Estrabón, Nicolao de Damasco, Ctesias de Cnido, Plinio y Megástenes. Este último, un embajador del rey Seleuco I Nikator, es una fuente invalorable para el conocimiento de la dinastía Maurya que, con su principal rey, llamado Asoka, unifica por primera vez casi todo el territorio indio. Un poco más tarde, entre los siglos IV y VIII, se destacan las notas y comentarios, de índole descriptiva, con variadas informaciones etnográficas y geográficas, de monjes y peregrinos budistas chinos, como Faxian y Xuanzang, que viajan a las fuentes del budismo (el valle medio del río Ganges) en busca de reliquias, maestros y textos. En el siglo XIII Marco Polo, y en el XV, genoveses y portugueses, ofrecen datos relativamente fidedignos de la región geográfica del subcontinente. No será hasta el siglo XVIII cuando ingleses, franceses y alemanes, comiencen a mostrar un erudito interés por la cultura india, en específico por la religión védica, la poesía, la lengua y la historia.
La civilización del Indo, cuyos fundamentos se encuentran en una serie de precedentes neolíticos, fechados hacia el 7000 a.C., como la cultura Mehrgarh, la cultura de Kulli y la de Nal, se considera la más antigua civilización en la región. Descubierta hacia los años veinte del pasado siglo a partir de las primeras misiones arqueológicas en la zona, y ubicada cronológicamente entre el IV milenio y mediado el II a.n.e., en lo que hoy es el noroeste de India, Afganistán y Pakistán, puede definirse como una cultura urbana pre-aria, es decir, anterior a la llegada del componente nobiliario y guerrero ario. Esta cultura floreció en torno al río Indo, eje fluvial que sirvió de medio de comunicación y transporte de mercancías en el intercambio comercial llevado a cabo entre las estribaciones del Himalaya y las ciudades del valle medio y bajo del Indo, como Dholavira, Chanju-daro y, sobre todo, Harappa y Mohenjo-Daro, las más conocidas y las mejor excavadas. Aunque definida como una cultura con un predominio de una clase media urbana, una especie de burguesía mercantil, la civilización del Indo no deja de centrarse en torno a una economía agropecuaria típicamente neolítica, en base del trigo y la cebada, así como de la ganadería ovina, caprina y bovina. No obstante, en las ciudades se conjugaría la presencia del comercio y la artesanía. Se ha constatado, a través de textos acádicos, concretamente de la ciudad de Ur, un comercio de ultramar, a larga distancia, entre estas urbes y la región mesopotámica, Persia y la península arábiga, que consistía en el intercambio de algodón, perlas, plata y sellos cerámicos del Indo por metales, en particular el cobre. Estas importantes ciudades, que presentan una arquitectura funcional y racional, fueron construidas en virtud de criterios astrológicos, dividiéndose en dos grandes sectores: el oeste, en donde se ubicaba la ciudadela, amurallada, plausiblemente, el centro de poder, y el este, en donde se agrupaban los barrios residenciales en función de la reunión de agrupaciones profesionales. Al contrario de lo que se creía hasta hace poco, que el grupo dirigente estaría conformado por una monarquía sacerdotal de tipo oriental, es decir, una teocracia, el poder debió concentrarse en una suerte de oligarquía mercantil en las ciudades[1]. El componente étnico predominante, fruto de la mezcla de protoaustralianos, pigmeos, poblaciones neolíticas agrarias mediterráneas, grupos mongoloides y armenios, era claramente de tez oscura, y pasó a ser denominado, una vez que se produjo la llegada aria, como etnia drávida.
El fin de la civilización del Indo pudo producirse por variados motivos, tanto de tipo climático como socio-históricos. Entre los primeros se mencionan las crecidas del Indo, que provocarían inundaciones que arrasarían las cosechas, arruinarían el comercio y producirían hambrunas, como la deforestación, debido a necesidades constructivas y al empleo de la madera y los ladrillos, que generaría sequías y la disminución del limo fértil, con la consabida pérdida de terreno útil y el subsiguiente declive comercial. Entre los segundos, cabe destacar la desaparición repentina, provocada por la súbita y vehemente invasión del componente ario védico, según establece el Rig Veda, y la degeneración del sistema socio-político, aunado a una migración pacífica de elementos indoeuropeos traídos por los arios en varias oleadas. En cualquier caso, algunos elementos culturales relevantes presentes entre los habitantes el Indo, en especial el concepto de reencarnación, clave, en unión al de karma, para entender el proceso de la rueda de la causalidad o samsara, y el modo funerario de la cremación, que ha llegado, prácticamente incólume, hasta nuestros días.
[1] Se han barajado varias posibilidades en relación al ordenamiento político de la civilización del Indo. Una de ellas habla de una suerte de diarquía repartida entre la capitalidad compartida de Harappa y Mohenjo-Daro, que controlarían, en un reino más o menos federado, al resto de las comunidades de la región (más de ciento setenta excavadas); otra, menciona la existencia de un reino unificado, con ligera autonomía de las ciudades, y una más se decanta por contemplar la presencia de ciudades-estado autónomas pero que comparten aspectos comunes, de carácter religioso, lingüístico y étnico.
Prof. Dr. Julio López Saco

17 de marzo de 2010

Fósiles humanos: Homo floresiensis de Indonesia




ESQUEMA DEL LINAJE DEL HOMO FLORESIENSIS INDONESIO. ESQUELETO DE LA ESPECIE, ENCONTRADO EN EL YACIMIENTO LIANG BUA. CRÁNEO LB 1 DE HOMO FLORESIENSIS

Homo floresiensis es una especie descubierta en la caverna denominada Liang Bua, en la isla de Flores, en Indonesia, en el año 2003. El fósil tiene apenas un metro de altura y es bípedo, siendo el volumen de su cráneo de apenas unos 400 centímetros cúbicos, semejante al de un australopiteco o un chimpancé. Su cronología se estima entre 40 y 18 mil años, aunque algunos paleoantropólogos creen que pudo vivir en la zona hace unos cien mil. Asociado con el fuego y diversas herramientas pétreas, cazaba pequeños elefantes, endémicos de la región, así como roedores. El tipo de herramientas con las que aparece vinculado han aparecido en depósitos de cronologías semejantes y confeccionadas por Homo erectus. Hoy se cree que es una forma enana de Homo erectus. En un principio, se creyó que los vestigios de Homo floresiensis correspondían a un ser deforme, enano o enfermo de microcefalia. Pero tras diferentes y concienzudos estudios, se probó que floresiensis corresponde a una especie nueva, y no a un individuo enfermo. También se pensaba que había evolucionado directamente de australopiteco en virtud de lo arcaico de sus huesos corporales y por su diminuto cráneo. Sin embargo, los análisis morfométricos del fósil LB1, comparado con los de los Homo sapiens, Homo sapiens insulares, como el hombre de Minatogawa, con Homo sapiens con microcefalia, Homo hábilis, Australopithecus africanus, Homo erectus asiático y cráneos neolíticos, han demostrado la cercanía de Homo floresiensis con Homo erectus. No es similar a ningún sapiens conocido y está bastante alejado de los australopitecos. El fósil LB1 consiste en un cráneo bastante completo y un esqueleto parcial, con presencia de partes de las piernas, pelvis, manos y pies. Corresponde a una mujer adulta de unos treinta años.


Referencias básicas


www.talkorigins.org


Balter M. (2004), “Skeptics question whether Flores hominid is a new species”, Science, nº 306, p. 1116
Brown P. / Sutikna T. / Morwood M. / Soejono R.P. / Jatmiko, Saptomo E.W., et al. (2004), “A new small-bodied hominin from the late Pleistocene of Flores, Indonesia”, Nature, nº 431, pp. 1055-61
Falk D. / Hildebolt C. / Smith K. / Brown P. / Jatmiko, Saptomo E.W. et al., (2005), “The Brain of LB1, Homo floresiensis”. Sciencexpress, 03 March 2005, 1
Morwood M. / Soejono R.P. / Roberts R.G. / Sutikna T. / Turney C.S.M. / Westaway K.E. et al. (2004), “Archaeology and age of a new hominin from Flores in eastern Indonesia”, Nature, nº 43, pp. 1087-91

Prof. Dr. Julio López Saco

17 de marzo del 2010




16 de marzo de 2010

Orígenes y esencia del Hinduismo II: la épica

Se pueden destacar dos períodos históricos esenciales del hinduismo. En primer lugar, el épico y puránico, entre el año 500 a.C. y el siglo VI, momento en que se componen los grandes poemas épicos de Mahabharata y Ramayana, así como la mayoría de los Puranas. Es la época del surgimiento de muchos e importantes reinos, en especial el Gupta, y de las grandes tradiciones devocionales del vaisnavismo, saivismo y saktismo; en segundo término, el período moderno y contemporáneo, desde 1500 hasta la actualidad, que corresponde al advenimiento de dos grandes imperios, el mogol y el británico, así como al origen de India como estado-nación. En esta etapa continúan las tradiciones pero sin el patrocinio principesco, produciéndose la eclosión del hinduismo como factor de unificación nacionalista y como una destacada religión mundial. Centraremos nuestras siguientes líneas en el primer período, porque es el que ofrece una más clara visión de lo que el hinduismo representa y porque supone el establecimiento escrito de la literatura hindú más conocida en el ámbito cultural occidental.
La épica, inserta en el marco de las tradiciones literarias en lengua sánscrita, refleja, de modo palpable, el teísmo devocional hindú. A lo largo del primer milenio se produjo un significativo aumento de la devoción hacia divinidades propias de ciertas escuelas o grupos concretos, en particular aquellas relacionadas con Visnú y Siva, en detrimento del sacrificio védico, más ortodoxo y arcaico. La veneración devocional, a través de la ceremonia del puja, expresa el amor hacia una deidad personal, lo que acabará por convertirse, con el paso del tiempo, en la acción religiosa primordial del hinduismo hasta nuestros días.
El Mahabharata, un poema épico de más de cien mil versos, y que aun hoy ejerce gran magnetismo en el pensamiento indio a través de la danza, las festividades populares, el teatro o las artes plásticas, no sólo es un compendio de divinidades, rituales y teologías hindúes, leyendas y yoga, sino también un texto ejemplar para la tradición de Visnú. La obra empezó a elaborarse hacia el siglo VI a.C., aunque su redacción definitiva sólo ocurrió entre los siglos III y IV de nuestra era. Aunque se percibe como una unidad que se extiende a todo el subcontinente, la estructura literaria incluye narraciones que, en origen, debieron ser leyendas autónomas, aunque ulteriormente serían compiladas en una obra general, hoy recensionada en dos colecciones, una para el norte de India y otra para el sur. Se considera al sabio Vyasa, avatar de Visnú, cuyo nombre significa, precisamente, compilador, el autor y redactor legendario del poema. En su tarea sería ayudado por el dios Ganesha, hijo de Siva y de su consorte Parvati. El Mahabharata dio lugar a interpretaciones y textos secundarios que ensalzan determinado personaje o pasaje considerado esencial. Posee libros insertos, entre los que se destacan el Descendimiento del Ganges, el Harivamsa y, fundamentamente, Bhagavad Gita o Canto del Señor, cuya trascendencia radica en su carácter de revelación sagrada para los seguidores de Krishna. Este último, texto esencial para la devoción y filosofía del vedanta, debate, a través de un diálogo entre Arjuna y su cochero, en realidad Krishna disfrazado, sobre la inmortalidad del alma frente a la corporal, así como de la necesidad de no desperdiciar los frutos de las buenas acciones karmáticas. El origen del gran texto Mahabharata se encuentra entre la aristocracia ksatriya, de modo que en el poema se perciben diferentes niveles de significados que transitan entre las metáforas de los combates épicos en el nivel humano, y aquellas del conflicto entre el yo inferior y superior en el plano trascendente del mundo material y fenoménico. Cuando los brahmanes se apropiaron de la trama argumental, el poema se convirtió en una enciclopedia religiosa llena de dioses consejeros, y también en un quinto veda, puesto que explica en detalle aspectos socio-rituales fundamentales para el hindú.
La historia que narra puede remontarse al siglo X o IX a.n.e., y ubicarse geográficamente en la llanura del Ganges, en donde el rey de la localidad de Hastinapura (Delhi), divide el territorio, ante las disputas por el derecho al trono, entre dos clanes emparentados, aunque rivales, los Pandava y los Kaurava. Tras un destierro de los primeros, que pierden el reino en una partida de ajedrez, y ante la negativa de los últimos en devolverlo, se produce una gran batalla durante 18 días, que acaba instituyendo al nuevo soberano, de los pandava, como monarca del mundo.
Ramayana, por su parte, se fundamenta en la presencia y acciones de un heroico rey transformado en divinidad, que vive una historia de amor principesca y moralizante con un carácter de divina revelación. Los dos protagonistas principales, Rama, un avatar de Visnú, y representante, como encarnación solar, de la ley cómica, y Sita, su esposa, representan el alma universal e individual, respectivamente. Ramayana recoge material legendario y tradicional muy antiguo y, probablemente, oral. Sus casi veinticinco mil versos son atribuidos a un único y legendario autor, llamado Valmiki, cuya leyenda lo muestra como un personaje de casta inferior dedicado al bandidaje en su juventud, pero posteriormente recuperado como una persona reflexiva y purificada. Esta gesta épica, repleta de leyendas, ha sido catalogada como el triunfo del bien sobre el mal, y del orden sobre el caos, así como un ejemplo palpable de justicia y de estado utópico. Desde un punto de vista histórico, el conflicto entre Rama y el demonio Ravana de la isla de Lanka (Sri Lanka), cumbre de la narración, sería el equivalente a una descripción de las luchas locales entre agricultores sedentarios del valle del Ganges y las sociedades cazadoras y recolectoras montañesas más primitivas. Rama y Sita son los paradigmas ideales del papel que cada sexo juega en las parejas hindúes: él, honrado, valiente, responsable de sus deberes éticos, y dedicado a su esposa, mientras que ella, modesta, virtuosa, recatada, ofrecida de lleno a su marido y señor. La aventura descrita en Ramayana comienza con el matrimonio de Rama, heredero del reino de Ayodhya, en Uttar Pradesh, y la princesa Sita. La envidia de sus hermanastros y las intrigas cortesanas provocan su exilio durante catorce años. Es durante este período cuando comienzan los encuentros con los demonios capitaneados por Ravana, que rapta a Sita y la lleva hasta su hogar en la isla. Ayudado por Hanumán y su ejército de monos, Rama recupera a su esposa, mata al demonio y es, finalmente, consagrado rey.
Como ocurre con Mahabharata, Ramayana es también una fuente inagotable de inspiración para la cultura india hasta los tiempos presentes, pues muchos textos dramáticos, musicales y poéticos utilizan pasajes selectos del poema. Además, un gran número de danzas en honor del héroe principal, como las ofrecidas en el festival Ramlila, así como procesiones de distinta índole, están adaptadas de la epopeya. Ambos textos siguen hoy desempeñando un papel destacado en el hinduismo moderno, y perviven como una tradición oral que se recita en muchas poblaciones de India.
En términos generales, el hinduismo es entendido, en occidente, básicamente como un sistema religioso, definido, en consecuencia, como un sistema unificado, aunque algunos autores contemporáneos defienden la existencia de una multiplicidad de tradiciones hindúes, llegando a hablar de muchos hinduismos. Muchos lo defienden como la tradición eterna, en referencia a la idea de que el origen de la religión va más allá de la historia del hombre, que las verdades sobre las que se levanta son fruto de la revelación divina y han sido recogidas y conservadas, a través de los siglos, en el Veda. Una versión popular entre los hindúes, en particular entre los partidarios del nacionalismo indio, consideran que el hinduismo es la única religión verdadera de India, pues en él la verdad divina fue revelada a los arios. Por todo ello, podemos concluir diciendo que el hinduismo es un desarrollo de la cultura aria, pero de una manera dinámica, habiendo sufrido la influencia y, a la par, habiendo influido, en las culturas no arias de India, es decir, dravídicas, y en las culturas tribales de carácter local.
Prof. Dr. Julio López Saco
16 de marzo del 2010

15 de marzo de 2010

Orígenes y esencia del Hinduismo I: caracterización teórica y práctica

El término hindú surge por vez primera como un concepto geográfico de origen persa, para referirse a la población que habitaba más allá del río Indo, escrito Sindhu en sánscrito. Hindu fue aplicado por los británicos, hacia fines del siglo XVIII, para referirse a la gente del Hindostán, región del noroeste de India. Sólo más tarde, el vocablo se hizo equivalente a indio no musulmán, ni jaina, cristiano o sij, con lo cual se empleó para definir un conjunto de creencias y prácticas religiosas. El hinduismo no posee fundador histórico, ni un sistema unificado y homogéneo de creencias en forma de código, credo o decálogo de principios básicos, así como tampoco contiene un sistema único de salvación ni una autoridad centralizada ni estructura burocrática alguna. Aunque en muchas ocasiones se caracteriza al hinduismo como politeísta, dada la proliferación de innumerables divinidades que constituyen objetos de adoración, lo cierto es que tales dioses no dejan de ser facetas o manifestaciones mismas del poder sagrado. La presencia sobrenatural puede revelarse tanto en un objeto o una cosa como en una persona. Los que a través de sus acciones muestran haber llegado a una conciencia profunda del yo, se consideran mahatmas o almas grandes; otros, por el contrario, manifiestan la presencia de lo divino a través de la posesión, siendo el dios quien habla a través de ellos. Muchos hindúes se entregan al culto a una divinidad en concreto, elección que deriva de la tradición familiar. Ello no significa que no se reconozca la existencia de otras, a las que también, si bien con menor reverencia, se les rinde culto. La divinidad, reconocida como Brahman o Devi, se muestra bajo muchos nombres y aspectos, pero todos son, en último término, expresiones de la Unidad subyacente original. Entre las diversas fórmulas que tienen los hindúes para responder a la presencia divina encontramos las ofrendas a los dioses y la propiciación de los espíritus. Gran parte de la población hindú posee un santuario propio que, habitualmente, preside el lugar más puro de la casa, la cocina, donde se colocan estatuillas de dioses e imágenes de santos favoritos, a los que cada día ofrecen comida, agua, incienso y luz. No obstante, algunos hacen visitas más o menos regulares al templo más cercano para encontrarse con su dios, aunque la mayoría sólo acude en épocas de festivales, que es cuando ayunan, se atienen a las prescripciones alimenticias dictadas tradicionalmente, visitan a los parientes e intercambian regalos.
Un rasgo llamativo y esencial del hinduismo es que la práctica tiene precedencia sobre la creencia, lo que supone que es más importante lo que se hace que en lo que se cree. Suscribirse al dharma no es aceptar un corpus de creencias, sino la ejecución de deberes rituales definidos según la estratificación social. Los límites de lo que puede o no hacer un hindú vienen determinados por el grupo social endogámico al que pertenece, su casta, configurada en función de un orden jerárquico, y por el sexo. El comportamiento, expresado según valores y estructuras hindúes, precede, pues, a las creencias; dicho de otro modo, la ortopraxis antecede a la ortodoxia. Lo que convierte a una persona en hinduista son las prácticas rituales que lleva a cabo y las reglas a las que se le somete, por lo tanto, lo que hace. En este sentido, los quehaceres obligatorios del cabeza de familia brahmán son: la deuda respecto de los sabios, por los estudios védicos recibidos como alumno célibe, la deuda ritual en referencia a los dioses o devas, como patrón familiar, y la deuda de sangre que consiste en engendrar hijos para efectuar las ofrendas funerarias a los antepasados.
El hinduismo tuvo orígenes múltiples, procedentes de tradiciones diferentes, como las tradiciones de la ortopraxis brahmánica, las de los renunciantes y aquellas populares o locales, si bien ha sido la ortopraxis brahmánica la que ha ejercido el rol de ideología maestra. Dentro de estas tradiciones brahmánicas existen tres particularmente relevantes en la autorrepresentación hindú, las tradiciones vaisnava, orientadas hacia el dios Visnú y sus encarnaciones o avatares, como Rama o Krishna, las tradiciones saiva, orientadas hacia la deidad Siva, y aquellas sákta dirigidas hacia la Diosa o Devi. Otras tradiciones, referidas a las revelaciones secundarias, propician la adoración de otras divinidades muy populares, además de las mencionadas, concretamente, Surya y Ganesa. Las tradiciones de los renunciantes proclaman la importancia de los valores del ascetismo y la búsqueda constante de la trascendencia del mundo, mientras que los valores de los cabeza de familia brahmanes de encardinan en las metas esenciales, presentes en el Mahabharata, considerado el quinto veda, de responsabilidad mundana, esto es, el deber ético-moral, el éxito y lucros mundanos, el manejo de las ciencias, y el placer erótico y también estético (kama). Las tradiciones populares, menos preocupadas por el ascetismo que por realidades cotidianas como el crecimiento de los cultivos para alimentarse o el alejamiento de las enfermedades, se desarrollan en el seno de las castas inferiores y buscan apaciguar las divinidades más cálidas, habitualmente femeninas, por medio de ofrendas de sangre y alcohol. En cualquier caso, las divinidades locales se identifican con las grandes divinidades de la tradición brahmánica, y los mitos locales también se integran en los grandes mitos panhindúes.
Prof. Dr. Julio López Saco

12 de marzo de 2010

Fósiles humanos: Kenyanthropus platyops

Este homínido del este de África apareció en 1999 en Lomekwi, al oeste del lago Turkana, entre rocas volcánicas del Mioceno. El cráneo KNM-WT 40000 (en la ilustración), datado en torno a 3.5. m.a., fue designado por el equipo de Leakey como Kenyanthropus, de la especie tipo platyops. Presenta un pequeño grado de prognatismo subnasal, característico de los austrolopitecinos. Otros hallazgos vinculados corresponden a un maxilar (KNM-WT 38350) y a la presencia de algunos dientes. Aunque el tamaño y forma encajan con afarensis y africanus, el cráneo presenta algunas diferencias, mostrando rasgos cercanos a Homo rudolfensis (KNM 1470), lo que indicaría su posible ascendencia del género Homo. Algunos paleoantropólogos piensan, no obstante, en virtud de que una parte de la bóveda del cráneo sufrió una expansión diploica, con la presencia de materiales que expandieron el hueso, que estamos, en realidad, ante una variante afarensis. Este nuevo individuo pudiera ser, en definitiva, una variante de Austrolopiteco, quizá un taxón hermano de afarensis, aunque también pudiera tratarse de un genus separado, quizá un ancestro de H. rudolfensis.


Referencias bibliográficas


Leakey, M.G. / F. Spoor / F.H. Brown / P.N. Gathogo / C. Klarle / L.N. Leakey / I. McDougall, "New hominin genus from eastern Africa shows diverse middle Pliocene lineages", Nature, vol. 410, 2001, pp. 433-440
Lieberman, D.E., "Another face in our family tree." Nature, vol. 410, 2001, pp. 419-420
Schwartz, J.H. & T.D. White, "Another perspective on hominid diversity", Science, vol. 301, 2003, pp. 763-764
White, T., "Early hominids - Diversity or distortion?", Science, vol. 299, 2003, pp. 1994-1997

http://www.modernhumanorigins.net/


Prof. Dr. Julio López Saco
12 de marzo del 2010