2 de noviembre de 2007

Mitología e Historia en China antigua (Shanhai Jing y Shiji)

Mitología e Historia en la antigüedad china: Clásico de los Montes y los Mares / Memorias Históricas


Prof. Julio López Saco
Escuela de Historia, UCV


La cultura china de la antigüedad, proclive a expresarse a través de la palabra escrita, ha desarrollado un significativo número de producciones literarias, que van desde los textos en hueso de las épocas del bronce, especialmente la dinastía Shang o Yin (1750-1080 a.C.), hasta los grandes compendios clásicos de corte confuciano. La orientación ético-moral confuciana de muchos textos conservados, así como su habitual institucionalización como archivos estatales, encubrieron elementos y motivos mitológicos y adoptaron un tono “histórico” que deseaba favorecer, y justificar, las acciones de la corte. Es por este motivo que la mitología china se nos muestra de modo fragmentario, camuflada en las narraciones sobre procesos “históricos” en los que son muy abundantes los regentes y ministros sabios, fundadores, inventores y civilizadores, poseedores de un comportamiento virtuoso cónsono con el mandato del Cielo. La transformación de los motivos y estructuras míticas en una ortodoxia por parte de los letrados confucianos se dirigió hacia la enseñanza de una ética y una moral directa e íntimamente vinculada con el modo óptimo de gobernar el territorio. El proceso racionalista-humanista de los literatos suprimió, o bien ocultó, aquello considerado simple artificio ornamental o sobrenatural, transmutando, en numerosas ocasiones, y con fines de hacer entendibles ideales, puntos de vista y conceptos abstractos filosóficos, el material mitológico y tradicional. En muchos casos, por consiguiente, la mitología arcaica, de despliegue oral, se convirtió en un relevante conjunto de leyendas históricas que abundan por doquier en los textos clásicos de época Zhou (1080-221 a.C.) y en consideraciones de tenor simbólico en algunas obras de talante filosófico, como el Zhuangzi[1]. Los mitos se historizan y sus agentes participantes empiezan a ser admirados como seres humanos ejemplares, fundamentalmente los soberanos y los egregios miembros de su corte.
Las fuentes históricas antiguas han sido directamente responsables de la transmisión de una particular imagen de China hacia el exterior, de estatismo y conservadurismo. La historia en su forma ortodoxa, política y éticamente útil para la clase dirigente, está conformada, básicamente, por una documentación oficial, que cubría las actividades del emperador y los diversos informes administrativos de los archivos estatales. Estos informes, reportes, diarios y crónicas, son el fundamento de las historias oficiales de las dinastías. El conservadurismo historiográfico se evidencia a través de su uso institucional. Los archivos eran directamente supervisados por un ministro letrado, de tendencia confuciana, a cuyo cargo estaban un indeterminado número de funcionarios-letrados que debían someterse a unas estrictas relaciones jerárquicas de poder, lo que estimulaba, como es de suponer, una opinión y una versión predominante. La elaboración administrativa del material histórico explica el estilo pomposo, cancilleresco, de los textos, cuyo valor literario per se es, de este modo, no muy significativo. El adoctrinamiento confuciano, en fin, estimuló la adopción de los ideales de la clase ilustrada, cuyos fundamentos son de orden ético-moral, enfatizando por encima de cualquier consideración, el rol virtuoso del soberano, como padre de todos los súbditos, según el ordenamiento natural y los dictámenes del Cielo. La moral y la conducta, más que la verdad histórica, se convertían en el hilo conductor de la historiografía, como mecanismo adecuado de comportamiento familiar, social y político[2].
En este breve ensayo queremos hacer hincapié, dentro del enorme legado literario de la antigüedad china, en dos obras capitales en virtud de sus informaciones de carácter mítico e histórico, respectivamente; esto es, el compendio cosmográfico y mitográfico Shanhai jing, traducido como Libro de los Montes y los Mares, y Shiji, conocido como Registro o Memorias Históricas, escrito por uno de los más destacados historiadores de la antigüedad china: Sima Qian (140-90 a.C.)[3].
Shanhai jing, cuyo corpus textual de geografía mítica fue reunido en el período Zhou tardío y en época Han (206 a.C.-220) a partir de una variedad de fuentes de distinta época y origen, es un trabajo anónimo de transcripción mixta donde se reconocen las manos de, al menos, un par de copistas. La función de este documento como texto mítico, cuya datación puede oscilar entre el siglo III a. C. y el I de nuestra era, es doble: presentar y explorar el mundo conocido, montañas, ríos y lagos, con sus respectivas flora, fauna y elementos religiosos, y aquel imaginado por los chinos del período clásico, y mostrarlo en su alcance mítico-geográfico, etnográfico y de historia natural, reuniendo y preservando, en última instancia, un ingente repertorio de narraciones míticas de diversos lugares, sin esconder las variedades, contradicciones y enigmas propios de los relatos mitológicos, especialmente de aquellos de la periferia, allende el centro civilizado, ordenado y jerarquizado (el propio territorio chino). En esta verdadera descriptio mundi, sus compiladores partieron de la idea de concebir la tierra dividida en tres rectángulos concéntricos: un territorio central, los cuatro mares, y un territorio salvaje que se extiende desde la orilla de los mares hasta límites indeterminados[4]. La presencia en el texto de informaciones médicas populares y prácticas adivinatorias pudo motivar que en época Han fuese concebido como un manual de prodigios, aunque sin dejar de ser también admirado como un texto geográfico fundamentalmente serio. Modernamente, sin embargo, ha sido catalogado como un recuerdo de exploraciones, un texto chamánico y hasta un conjunto de normas secretas de los fangshi (nigromantes, adivinos), Qin (221-206 a.C.) y Han. Su carácter de compendio mítico-geográfico libera, excepcionalmente, a esta obra, de la tendencia de todas aquellas que emplean el mito con el propósito de justificar ideales filosóficos, ceremonias rituales, ideales teórico-políticos o intereses historiográficos, hecho muy característico de la literatura confuciana. El origen del texto y de sus reseñas mitológicas y folclóricas, pudo haber estado, según algunos críticos modernos, en la proliferación de notas que explicaban las ilustraciones, mapas y pinturas de los lugares que son listados[5]. En concreto, se ha mencionado que el texto derivaría de las representaciones de seres espirituales que usaban los chamanes del reino de Chu. Los primeros cinco capítulos conforman la parte más antigua, mientras que los capítulos del seis al trece pertenecen, casi con total seguridad, a la época Han, después del año 6 a.C., época en la que se sistematiza prácticamente todo el pensamiento chino arcaico. Los capítulos catorce al dieciocho son añadidos posteriores, probablemente del siglo IV.
Shiji o Memorias Históricas, de Sima Qian, del siglo II-I a.C., es considerado como la primera historia sistemática general de China, con cierto valor histórico[6], que incluye citas de acontecimientos concretos y biografías de los personajes más relevantes del largo período temporal que abarca desde los inicios míticos del remoto arcaísmo hasta la dinastía Han, contemporánea del autor. En ciento treinta volúmenes se recogen biografías de reyes, generales, nobles y grandes dignatarios, abarcando los ámbitos político, económico, geográfico y social, además de mítico-legendario, incluyendo, asimismo, varias tablas cronológicas que fechan los reinados desde el siglo IX a.C. hasta los tiempos del autor y del emperador Han Wudi ( coetáneo del historiador)[7]. En época Han, precisamente, la obra adquirió el estatus de ortodoxa y oficial, como la verdadera, y única, versión de los eventos históricos, y como el modelo ideal de escribir la historia antigua. Su autor buscó la aprobación y justificación de los biografiados al vincularlos con los sabios míticos de la Edad Dorada de la antigüedad, Yao, Shun y Yu[8], es decir, relacionándolos íntimamente con la genealogía divina. Estos humanos semi-divinos o emperadores-héroes de gran sabiduría, pudieran recordar las relaciones feudales entre señores y vasallos, o entre nobles en una administración casi feudalista, donde gobernaba nominalmente el mencionado Yao. Los capítulos de la obra se dividieron en cinco grupos principales: anales imperiales, en doce zhuan (capítulos), tablas, (diez biao), que ofrecen la concordancia cronológica de los regentes de diferentes estados pre-imperiales y genealogías de familias ennoblecidas; tratados, (ocho shu), referencias históricas sobre aspectos esenciales para el buen gobierno, como la música, el ritual, la astronomía y la economía agrícola; las casas hereditarias (shi jia) más relevantes de la antigüedad, en treinta zhuan, historias de los grandes estados pre-Qin, así como biografías de Confucio y de otras personalidades destacadas; y, finalmente, las biografías, setenta zhuan, de figuras prominentes, que incluyen materiales e informaciones históricas de pueblos foráneos como los Xiongnu[9], poblaciones nómadas, étnicamente no chinas, que se corresponden con los Hunos que mencionan las fuentes occidentales.


Caracas,
Escuela de Historia, UCV
2007

[1] Existen varias e impecables traducciones del Maestro Zhuang. Una de ellas, fácilmente adquirible, es la del P. Carmelo Elorduy, Chuang-tzu, edit. Monte Ávila, Caracas, 1991, en una versión bilingüe.
[2] Puede consultarse al respecto nuestro trabajo “La religión, la historia y el pensamiento oriental en India y China: inconvenientes y desafíos desde la investigación en Venezuela. Reflexiones en honor al P.Carmelo Elorduy s.j.”, en Religión e Investigación Social, UCAB, 2004, pp. 83-96, en especial, p. 86.
[3] Acerca de estos textos pueden revisarse mis apuntes en “La mitología tradicional en la literatura china antigua”, Quincunce, nº 8, 2004, pp. 31-36, en concreto, p. 33 y 34.
[4] Al respecto de esta distribución cosmográfica es interesante el trabajo de Fracasso, R., “Teratoscopy or Divination by Monsters: Being a Study on the Wu-tsang Shang-ching”, Hanxue yenjiu, 1, 2, 1983, pp. 657-700.
[5] El conjunto de ilustraciones más relevantes es el recopilado por Zhang Sengyou en el siglo VI, que incluye casi 250 representaciones en diez zhuan o capítulos. Véase, en este sentido, Loewe, M., Early Chinese Texts. A Bibliographical Guide, The Institute of East Asian Studies, University of California, Berkeley, 1993, en especial, p. 362.
[6] Debe entenderse esta afirmación en el sentido de que, a pesar de la evidente parcialidad de los historiadores de la antigüedad china, éstos intentan seguir algunos patrones metodológicos de lo que puede considerarse como crítica histórica, refiriendo cronologías y abarcando diversos ángulos de las épocas tratadas, que van desde los aspectos socio-políticos, hasta los culturales y geográficos.
[7] Aunque en Shiji no se incluyen los reinados y hechos destacados de más de cuarenta monarcas de las primeras dinastías, Xia (2200-1760 a.C.) y Shang, el tiempo histórico comienza con los reyes mítico-tradicionales Yao y Shun, a los que los primigenios y arcaicos dioses del panteón tradicional se someten. En síntesis, por consiguiente, estamos ante la primera historia dinástica que narra hechos acaecidos entre el patriarca chino Huangdi (III milenio a.C.), y la contemporaneidad del autor, es decir, unos dos milenios y medio que incluyen recuerdos del neolítico y la edad de bronce. La visión de este largísimo período plantea un ángulo de reflexión político-moral que servirá de modélico paradigma para las ulteriores historias dinásticas. Es así como en estas Memorias Históricas encontramos evidentes referencias textuales al Shujing o Libro de los Documentos y a Mencio, lo que conlleva aires confucianos que subliman las virtudes de los buenos gobernantes y administradores, al igual que ocurre en Shujing. Véase al respecto, Hua, Z., Relación de las cosas del mundo ( Ning, Y. / García-Noblejas, G., trads. ), edit. Trotta, Pliegos de Oriente, Madrid, 2001, pp. 200-201, y Allen, H.J., ( trad. ), Ssuma Ch’ien’s Historical Records, The Journal of the Royal Asiatic Society, Londres, 1894, en especial, pp. 5-27. Esta última es una pequeña obra muy antigua, pero un verdadero clásico, en especial en lo referente a sus primeros capítulos, que contienen las peripecias de los primeros héroes y reyes míticos pre-Qin (anteriores, por lo tanto, al primer imperio, Qin, 221-206 a.C )
[8] Se trata de un grupo de monarcas terrestres, frente a los anteriores soberanos celestiales. Estos reyes-sabios mitológicos terrenales son el fundamento de las Tres Dinastías; es decir, de los tres primeros períodos dinásticos en orden cronológico, Xia, Shang y Zhou.
[9] Algunos documentos de Estado, tales como los edictos imperiales y los reportes de los oficiales, pudieron ser incorporados en la compilación inicial de Sima Tan (padre) y Sima Qian (hijo). En cualquier caso, serían empleados al lado de genealogías y diversas tradiciones locales de carácter oral. La división de capítulos fue adoptada en las historias dinásticas subsiguientes, como Hanshu o Libro de la Dinastía Han. Puede verse al respecto, el glosario comentado en Loewe, M., Faith, Myth and Reason in Han China, Hackett Publishing, Cambridge, 2005, en concreto, p.214.