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22 de mayo de 2025

Civilización Occidental: una invención hecha realidad

Imagen: La caída de Roma, cuadro del pintor estadounidense Thomas Cole (1801-1848).

La idea de civilización no es un modelo universal propio de la organización social humana, sino un constructo, una invención de Europa por parte de los europeos. Inicialmente, el concepto es singular y posteriormente plural. El nombre, en singular, es acuñado en Francia a mediados del siglo XVIII, y secundado por los filósofos, como referencia de un concepto abstracto relativo a una sociedad avanzada. El término, proveniente del sustantivo civilisé (refinado, pulido), ya consta en Francia en el siglo XVI, aunque su primer uso se testimonia en el marqués de Mirabeau, a mediados del siglo XVIII. El progreso hacia la civilización suponía, según J. Stuart Mill, una serie de factores, entre ellos, las ciudades, la agricultura, la tecnología, la industria y el comercio. El concepto abstracto fue de gran utilidad al imperialismo europeo, mediante el cual las sociedades civilizadas (europeas), tenían la obligación moral de ayudar a otras a recorrer el camino que ellas habían emprendido previamente con éxito.

El concepto plural de civilizaciones aparece en el primer tercio del siglo XIX gracias a unas cuantas conferencias del historiador y político francés François Guizot en la universidad parisina de La Sorbona. En ellas habla sobre la civilización genérica de la raza humana pero también de los casos individuales de la civilización general, en especial los que preceden a la civilización europea, entre los que destaca a los etruscos, las culturas de la India, griegos y romanos. Esta civilización europea sería la que compartirían Francia, Inglaterra, España y Alemania, en la que habría una serie de elementos fundamentales, como la presencia romana, los germanos bárbaros y la iglesia cristiana, que vendrían a ser los ancestros culturales de Europa.

Los intelectuales del siglo XIX identificaron los rasgos culturales de las sociedades, interesándose más por esto que por su progreso hacia un ideal humano compartido. La noción popular de las razas, con distintas inteligencias y capacidades, promocionaron una clasificación jerárquica de la que se infería una superioridad, la europea, sobre las demás, que abarcaba los australianos, la más arcaica, seguida por las razas africanas y asiáticas orientales, todas ellas inferiores.

La invención de la infancia como discurso tuvo lugar en Europa al mismo tiempo que la invención de la raza porque una idea del infante es una condición previa necesaria del imperialismo; esto es, que Occidente tuvo que inventar para sí mismo ese concepto (o usar el de monstruo o el de los comportamientos animales) antes de poder pensar en un imperialismo específicamente colonialista. El tropo del colonizado como infante proyecta la dominación colonial no como una opresión, sino como crianza parental, aunque de tipo brutal, lo cual permite al colonizador engañarse a sí mismo creyendo que sus acciones redundan en beneficio de los oprimidos. Mientras que la raza no podría existir sin el racismo, es decir, la necesidad de establecer una jerarquía de la diferencia, el concepto de la infancia diluye la hostilidad inherente a esa taxonomía ofreciendo una justificación natural para la dominación imperial sobre culturas y pueblos sometidos.

Naturalmente, cuando las potencias imperiales europeas colonizaron otras tierras, se llevaron consigo no sólo su religión, sino también los clásicos grecorromanos, imponiéndolos a los pueblos de las tierras que dominaban. Las potencias imperiales emplearon el conocimiento de la antigüedad grecorromana para reivindicar su superioridad sobre los pueblos que colonizaban y, al mismo tiempo, establecer vínculos entre potencias europeas que, de otro modo, serían dispares. Esto consolidó un discurso sobre el yo y el otro, el centro y la periferia, que hacía hincapié en una herencia cultural común entre las potencias coloniales europeas, de la que los colonizados quedaban excluidos.

Occidente empezó a emplearse como noción al lado de Europa e, incluso, al de las colonias europeas, enfrentándose a la idea de Oriente, aunque en el siglo XIX la frontera podía estar dentro de la misma Europa: Gran Bretaña, Portugal, España y Francia, de un lado, frente a Rusia, Austria y Prusia (Santa Alianza de imperios y absolutismo), del otro. Pensamiento civilizatorio y Occidente se asociaron en la idea cristiana de civilización occidental, asentada en el capitalismo, la tolerancia, la democracia, las libertades cívicas, las ciencias y el progreso.

En el siglo XX, las fronteras imaginarias de la civilización occidental se modificaron. El Telón de Acero selló una frontera a partir de los intereses de la URSS, propiciando como consecuencia la alianza entre Europa occidental y EE.UU. Con el final de la Guerra Fría se identificaron (gracias al profesor Samuel Huntington), hasta nueve civilizaciones contemporáneas, con sus elementos religiosos y geográficos específicos. Así, a la civilización Occidental se oponía la Civilización Ortodoxa y aquella otra Islámica.

En el siglo XXI, Occidente sigue siendo una cultura cristiana de raíces indoeuropeas o grecolatinas, frente a un Oriente situado en distintos espacios, en Rusia, en China o en aquellos países en donde prolifera el Islam. El pensamiento civilizatorio es ya un hecho civilizatorio. El propio Occidente es, en realidad, el resultado de duraderos vínculos con una amplia red de sociedades y, por lo tanto, no es ni único en sus presupuestos, ni puro en ningún sentido.

La noción de civilización se ha convertido en una idea que separa a las personas de aquellas otras que se encuentran a su alrededor.

Bibliografía esencial

Ashcroft, B., On Post-Colonial Futures: Transformations of Colonial Culture, Londres, 2001.

Guizot, F., General History of Civilization in Europe, Nueva York, 1896

Goff, B., ed., Classics and Colonialism, Londres, 2005.

Goody, J., El robo de la historia, edit. Akal, Madrid, 2011. (original en inglés, Cambridge, 2006).

Hardwick, L. & Gillespie, C., eds., Classics in Post-Colonial Worlds, Oxford, 2007.

Huntington, S., El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Paidós, Barcelona, 2015 (original en inglés en Nueva York, 1996).

Quinn, J., Cómo el mundo creó Occidente, Crítica, Barcelona, 2025. (original en inglés en Londres, 2024)

Said, E. W., Culture and Imperialism, Londres, 1994 (hay traducción española en Anagrama, 1996).

Stuart Mill, J., Essays on Politics and Society, Part I, UTP, Toronto, 1977.

Trautsch, J.M., “The invention of Occident”, Bulletin of the German Historical Institute, 53, 2013, pp. 91-99.

Vanoli, A., La invención de Occidente. España, Portugal y el nacimiento de una cultura, Ático de los Libros, Madrid, 2025.

Young, R. J. C., Postcolonialism: An Historical Introduction, Oxford, 2001.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-AHEC-UFM, mayo, 2025.

19 de junio de 2023

Gladiadores: ritual y espectáculo




Imágenes, de arriba hacia abajo: mosaico de los gladiadores, hallado en Cruciniacum, Renania, Alemania, en donde se observan trece escenas de combate entre gladiadores, animales y gladiadores con animales. Ha sido datado en el siglo III; mosaico romano, también del siglo III, con dos escenas. En la escena inferior se representa el inicio del combate entre el secutor Astyanax y el reciario Kalendio. El lanista o maestro de los gladiadores les exhorta a combatir. En la escena de la parte superior se muestra al vencedor Astyanax en actitud de asestar el golpe mortal con la espada al vencido que está en el suelo. Hoy en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid; y el llamado mosaico de los gladiadores de Villa Borghese, en Roma, compuesto por cinco grandes mosaicos con gladiadores y venatores además de otro par más pequeños. Datan de la primera mitad del siglo IV. El mosaico representa una narración única de munera (lucha entre gladiadores) y venationes (combate entre un gladiador y animales). En el de la imagen se observa a un reciario atacando a su oponente, un secutor, con una daga.

La acción de los gladiadores inició su periplo en el marco de las honras fúnebres debidas a una personalidad prestigiosa. Los combates de gladiadores fueron introducidos en Roma, según Tito Livio, en 264 a.e.c., de la mano de dos hermanos, ambos cónsules, Décimo Junio Pera y Marco Junio Pera, encargados de conceder en el Foro Boario el primer munus gladiatorium en los funerales de su padre, de nombre Junio Bruto Pera, quien había desempeñado también la magistratura consular a principios del siglo III a.e.c. En consecuencia, los envites improvisados de gladiadores solamente se llevaban a cabo, en principio, en juegos fúnebres públicos.

En el siglo I a.e.c. tales combates se convirtieron en espectáculos organizados y reglamentados que se celebraban en edificaciones específicas para ellos, los anfiteatros. El gladiador, cuyo nombre procede de la espada, gladius, era un profesional que se dedicaba a luchar contra otra persona o con algún animal en juegos públicos. Se escogían entre los asesinos condenados a morir, los esclavos y los prisioneros de guerra, si bien hubo algunos hombres libres (los auctorati) que se desempeñaron en tal menester. El desempeño de esta labor podía ser un medio de libertad para el esclavo, un modo de redención de la honorabilidad perdida en la derrota para aquellos prisioneros de guerra y una forma de aplazar la ejecución para los condenados a muerte.

Los gladiadores eran profesionales que daban espectáculo a partir de un adiestramiento técnico, físico, psicológico y moral, sin dejar espacio a la improvisación, en tanto que debían aprender variadas estrategias. Estaban agrupados en equipos, la familia gladiatoria, y se encontraban al servicio del lanista, viviendo todos en el ludus, la escuela en la que aprendían técnicas de combate practicando con espadas de madera. Los lances de cada enfrentamiento así como los sistemas de combate eran muy variados. Estos gladiadores se alquilaban o se vendían, de forma que los lanistas eran a la vez maestros y empresarios.

Muchas fueron las armas empleadas por los gladiadores, que diferían de las de los legionarios romanos. Se destacan, como armas defensivas, el casco, de diversos modelos en función de los diferentes tipos de combate y por la necesidad de provocar un efecto teatral, el escudo, oval, circular o cuadrado, y los brazaletes, hechos en bronce. Entre las armas ofensivas la fundamental era el gladius o espada corta. El pecho quedaba al descubierto.

Había distintos tipos, categorías o clases de gladiadores, dependiendo de sus armas y del modo en que combatían. Algunos textos epigráficos y literarios mencionan tipos minoritarios, y antiguos, de gladiadores. Es el caso de los Provocatores, que acostumbraban abrir los espectáculos, combatiendo con escudo rectangular, protector del brazo derecho, espada, casco con doble visera y un protector pectoral llamado cardiophylax; de Essedari, combatientes subidos en un carro, en imitación de las maniobras que realizaban los guerreros bretones; de los Equites o caballeros, que hacían lo propio montados a caballo, llevando los brazos envueltos en correas, grebas, espada larga, escudo circular y casco con visera cerrada; de Dymachaeri, que peleaban con dos espadas a la vez, género de combate que fue característicos de fines del imperio; y de los Hoplómacos, provistos de una armadura completa: grebas metálicas, coraza, manica (un protector para hombro y brazo diestro), escudo circular semejante al de los hoplitas de la infantería griega, y casco con visera.

Los gladiadores más populares fueron sin embargo, los Samnitas, Tracios, Secutores, Reciarios y Mirmillones. Los samnitas, primer tipo de gladiador que aparece, portaban un escudo oblongo, una greba en la pierna izquierda, brazal de metal o de cuero que cubría parte del hombro y brazo derecho, espada corta y casco con visera, cresta y cimera con plumas. Los tracios (a partir de los guerreros griegos de esa región), peleaban con una espada corta con hoja algo curva, y llevaban grebas en las dos piernas, manica, faldilla corta con cinturón bastante ancho, escudo circular (parmula) y casco con creta alta, visor y una pluma lateral. Los secutores, esto es, los que persiguen, luchaban con espada corta, escudo rectangular, protecciones en el brazo y pierna derecha, además de un casco liso. Por su parte, los reciarios combatían casi desnudos contra mirmillones y secutores. Llevaban únicamente una corta y ajustada túnica con un cinturón, con la cabeza al descubierto. Tenían el brazo izquierdo cubierto por un largo brazalete de metal, llamado galerus y, armados con un puñal y un tridente, utilizaban una red atada a una cuerda. Finalmente, los mirmillones solían luchar contra los reciarios, con cuya red querían pescar el pez que los mirmillones llevaban en la cimera de sus cascos como adorno (mirmillo). Se mostraban con faldilla corta y cinturón ancho, una armadura en la pierna izquierda y en el brazo derecho y un escudo rectangular curvo, como el de los legionarios.

En los juegos y espectáculos de gladiadores todo estaba pensado y planificado de un modo semejante a un ritual, ya que se hacían las cosas siguiendo un protocolo. Armados y engalanados con ornadas clámides salían a la arena rodeados de una comitiva, la pompa, encabezados por el editor. Daban la vuelta al anfiteatro y delante de la tribuna imperial saludaban. Posteriormente se hacía el sorteo de las parejas que iban a pelear para impedir amaños de luchas y se revisaban minuciosamente las armas. Aunque el combate gladiatorio se llevaba a cabo con espadas con filo, algunos de ellos eran incruentos, usándose armas sin filo ni punta (arma lusoria).

El fin del combate se producía cuando uno de los luchadores caía al suelo. El caído se dirigía al público asistente levantando un dedo de la mano izquierda solicitando clemencia. Si los espectadores pensaban que merecía ser perdonado bajaban el pulgar, en señal de que el vencedor debía arrojar a tierra su arma. Es posible también que se ocultase el pulgar, una indicación de que el vencedor del combate debía guardar la espada. Muy pocos gladiadores morían. La mayoría de las veces ocurría debido a las heridas en el combate, pues se mataba al herido para ahorrarle sufrimientos.

Si el perdedor debía morir, el pulgar se orientaba en una posición horizontal haciendo una serie de movimientos continuados hacia el cuerpo, que se ha interpretado que señalarían el cuello, la garganta, lugar en donde habría de clavarse la espada. En ese momento, el editor se dirigía hacia el vencedor y le ordenaba iugula. El oponente vencido, sin oponer resistencia, afrontaba su muerte con dignidad, pues saber morir con dignidad era tan esencial como combatir con agresividad y usando las técnicas adecuadas. El cadáver se arrastraba por la puerta libitina hasta el spoliarium, una dependencia del anfiteatro en donde se le quitaban las ropas y las armas. Únicamente durante el Bajo Imperio el emperador tenía el derecho de perdonar la vida o condenar a muerte al gladiador vencido.

El combatiente vencedor recibía una palma de la victoria (de donde surgió el vocablo palmarés), además de coronas con cintas. Ya en época imperial recibía dinero. Cuando se le entregaba como recompensa una espada de madera con punta roma, rudis, se le estaba autorizando a retirarse de la profesión gladiatoria.

Al principio, los combates de los gladiadores, aquellos en el marco de juegos fúnebres privados en honor a algún renombrado personaje, se celebraban en el foro de Roma. Posteriormente, a partir del siglo I a.e.c., surgieron los anfiteatros como edificaciones particulares para las luchas gladiatorias. El primero conocido es el de Pompeya, construido en 70 a.e.c. En ellos había un espacio llamado Nemeseion, lugar de culto especialmente dedicado a la diosa Némesis.

Los gladiadores, como profesionales, llegaron a cobrar grandes sumas de dinero. La oratio gladiatoria de Marco Aurelio y Cómodo, que data de 177, estableció tres categorías de gladiadores y cuatro tipos de anfiteatros. En los juegos más económicos el mejor de los gladiadores cobraba en torno a cinco mil sestercios, mientras que en los más grandes y caros, podían llegar a quince mil sestercios. Un hecho que no debe pasar desapercibido es que los gladiadores irradiaban cierto glamour, pues solían ser piezas codiciadas por las damas más pudientes.

Estos populares espectáculos gladiatorios fueron también criticados por su crueldad y violencia, como hicieron Séneca (Cartas a Lucilio) y Marcial (Epigramas) o incluso Tertuliano (De Spectaculis), en el siglo II, aunque este último ya desde un punto de vista específicamente cristiano.

Bibliografía básica

-Auguet, R., Cruelty and Civilization: The Roman Games, edit. Routledge, Nueva York, 1994.

-Christensen, P. & Kyle, D. (edts.), A Companion to Sport and Spectacle in Greek and Roman Antiquity, Wiley Blackwell, Chichester, 2014.

-Del Hoyo, J., Aspectos de la muerte en la Antigüedad clásica, MacGrawHill, Aula Magna, Madrid, 2022.

-Dunkle, R., Gladiators: Violence and Spectacle in Ancient Rome, edit. Routledge, Londres, 2013.

-Edwards, C., Death in Ancient Rome, Yale University Press, New Havem 2007.

-Fagan, G., The Lure of the Arena: Social Psychology and the Crowd at the Roman Games, Cambridge University Press, Cambridge, 2011.

-Hubbart, B., Gladiators. Conquerors and Combatients, Cavendish Square Publ., Londres, 2016.

-Junkelmann, M., Das Spiel mit dem Tod: So Kämpften Roms Gladiatoren, Verlag Philipp edc., Mainz, 2000.

-Köhne, E. & Ewigleben, C. & Jackson, R., Gladiators and Caesars: The Power of Spectacle in Ancient Rome, University of California Press, Berkeley, 2000.

-Kyle, D., Spectacles of Death in Ancient Rome, edit. Routledge, Londres, 1998.

-Mañas, A., Munera Gladiatoria: Origen del deporte espectáculo de masas, Universidad de Granada, Granada, 2011.

-Wisdom, S. & McBride, A., Gladiators: 100 BC-AD 200, Osprey Publ., Oxford, 2001.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, junio, 2023.

17 de mayo de 2023

Los mitos en la épica arcaica griega (cíclica) desaparecida (Parte II)


Imágenes: Crátera de Eufronios, crátea-cáliz de figuras rojas, datada en 515 a.e.c., en la que se observan, en su cara B, jóvenes atenienses armados.

Además del interés de estructurar los mitos, generando grandes sistemas, en esta poesía se intenta que el mito cubra la necesidad de ahondar en el conocimiento de las cosas. Se trata de mitos especulativos, que procuran ofrecer una explicación de la realidad, bien de asuntos concretos o bien de grandes temáticas genéricas. La explicación de aspectos específicos viene de la mano de mitos etiológicos (explicación mítica de las causas por las que alguna cosa es tal y como es). En la Alcmeónida se contaba la presencia de un enorme montículo de tierra ante el Puerto Secreto. Se decía, para explicar este hecho que Telamón, llegado a la región acusado de homicidio, intentó defenderse de la acusación, pero no se le permitió hacerlo desde ningún lugar para evitar la contaminación por su crimen. En vista de ello, conformó un túmulo de tierra en el mar desde el que pudo defenderse.

También los mitos etiológicos trataban temas genéricos, como acontece en las Ciprias, en donde se especula al respecto de que los seres humanos fuesen inmortales y acerca del origen tanto de la guerra como de la muerte. También hubo planteamientos sobre el origen del mundo, especulaciones de las que derivan los mitos cosmogónicos, tal y como se puede apreciar en la Teogonía de Epiménides de Creta o en el poema anónimo que se conoce como La Titanomaquia. Esta búsqueda en profundidad de los orígenes resulta ser el antepasado más directo de los primeros filósofos de Grecia.

Así, el poeta Epiménides estimaba a la Noche y al Aire como ancestros del mundo, lo cual nos lleva al principio de Anaxímenes, que entiende que el aire (nunca una deidad en Grecia) es el principio postulado como arché. El Aire como elemento personificado, ubica la especulación de Epiménides como intermedia entre el mito y la cosmogonía filosófica.

El mito en los poemas èpicos desaparecidos también puede intentar colmar la curiosidad humana por lejanos territorios. En el marco de la oralidad, una de las formas de aumentar los limitados saberes adquiridos tradicionalmente son los viajes. El viaje representa una ampliación de experiencias personales y grupales, en tanto que el viajero puede compartir con los demás aquello que ha visto y aprendido narrando sus vivencias al resto de personas. El conjunto de experiencias acumulado por el viajero sobre otras lenguas, deidades, costumbres o lugares favorece su consideración como una persona más sabia.

En esta épica de viajes existen diversos motivos del viaje, aunque normalmente responden a necesidades específicas: saber a qué atenerse en lugares desconocidos, buscar algún objeto, caso del célebre Vellocino dorado en el viaje de los Argonautas, o a alguien, como una person a raptada (la Helena de la expedición contra Troya). El sitio al que se viaja, por su extrañeza, suele ser contemplado como peligroso u hostil. Por este motivo, el relato de viaje cuenta muchas veces con aventuras o describe fantástios lugares, poblados de seres fabulosos, entendidos como un mundo alternativo al que se conoce. El héroe puede en estos viajes plasmar su inteligencia y valor superando obstáculos y pruebas, amén de tener el privilegio de contemplar a lugares maravillosos alejados de la cotidianidad.

Un buen ejemplo de tales mitos de viaje se puede ver en Las Arimaspeas, obra de Aristeas de Proconeso, poeta con cierta fama de de chamán, que dice haber llegado hasta el país de los isedones, ubicado allende los escitas. Esta curiosidad, digamos intelectual, se verá ampliada posteriormente por los logógrafos y primeros historiadores (Heródoto). En este conjunto de relatos se insertan los mitos de viajes con cierta fabulación, caso del famoso de los Argonautas, o el no menos conocido de Odiseo en la Odisea.

Los mitos de afirmación nacional buscaban exaltar algún héroe local acompañado de sus hazañas (el Foroneo argivo, el Teseo de Atenas). Con ellos, una determinada comunidad, o un grupo social, sobre todo la aristocracia, se siente halagada porque se recuerdan sus éxitos pretéritos. Eugamón de Cirene advierte que Penélope y Odiseo tuvieron otro vástago, además de Telémaco, nombrado Arcesilao, un nombre que no es casual que sea el mismo que el del soberano de Cirene en época del autor (Arcesilao II). Crear este otro hijo de Odiseo tendría como finalidad adular al rey, colocando su nombre en directa relación con los mitos odiseicos. Son mitos que, al proyectarse a los tiempos míticos, pueden emplearse en la manipulación política .

Un ejemplo muy notable tiene que ver con las rivalidades entre Sición, Tebas y Corinto así como con otras polis de Beocia, que propician versiones disímiles del mito de Antíope. En este caso, el poeta corintio Eumelo convierte a Antíope, la heroína de Sición, en bisabuela de Maratón, y a éste último en padre de Corinto. De esta forma, asimila los orígenes de Atenas, por medio del héroe ático Maratón, a la tutela corintia, asociando Sición con Corinto. Sin embargo Asio, cercano a los beoeios, convierte a la heroina en madre de Anfión y Zeto, ambos héroes beocios, acallando la genealogía corintia.

Los mitos cuya primordial intención es la de divertir, conmover, interesar al oyente gracias a los aspectos fantásticos y conseguir, además, una temporal evasión de la realidad, conforman otro amplio grupo. En este novelesco grupo surgen determinados temas, aunque el que más sobresale es el amoroso, ausente en la épica de Homero. Un referente al respecto es la pasión de Zeus por Némesis, a quien persigue en una dilatada serie de metamorfosis que son relatadas en las Ciprias.

También aquello que resulta insólito produce numerosos temas míticos. Es el caso de nacimientos extraordinarios, como Helena, que en las Ciprias nace de un huevo; o el de Erictonio, en la Danaida a raíz de caer a tierra el esperma de un apasionado Hefesto después de intentar violentar a Atenea. Al mismo tiempo, se mencionan fabulosos poderes, como ocurre (Ciprias) con los de las hermanas Enótropos, que convertían lo que tocaban en aceite, vino y trigo, colmando así las necesidades de intendencia del ejército aqueo en Troya, así como el tema de los objetos mágicos y talismanes, caso del Paladión, cuyo hurto era menester ineludible para tomar Troya, como relata el Saco de Troya.

En ocasiones aparecen temas cercanos a los del cuento popular. En un poema de Epiménides, Endimión está sumido en un sueño eterno por su osadía de enamorarse de Hera; en las Ciprias, una diosa, Eris, no fue invitada a la boda de Tetis y Peleo y, en venganza por ello, promueve intencionadamente la rivalidad de las bellas diosas por medio de una manzana, la de la discordia, que debía ser entregada a la deidad más hermosa. Este episodio propicia el posterior juicio de Paris y, en consecuecia, la guerra de Troya, pues Afrodita promete concederle la más bella mujer del mundo su la elegida es ella. Es así como el hijo de Príamo rapta a Helena.

Finalmente, hay también tratamientos cómicos del mito y algunas historias cómicas. Un buen ejemplo es el de Margites, hombre ignorante y desconocedor del modo en que debe llevar a cabo sus deberes conyugales. Era el protagonista principal de un poema que llevaba su nombre, siendo tan apreciado en la antigüedad que Aristóteles, en la Poética, le atribuye un rol primordial decisivo en la constitución de la ulterior comedia ática.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, mayo, 2023.

10 de mayo de 2023

Los mitos en la épica arcaica griega (cíclica) desaparecida (Parte I)



Imágenes, de arriba hacia abajo: ánfora ática de figuras negras, datada en 510 a.e.c., en la que se observa a Ayax llevando el cadáver de Aquiles, flanqueado por Hermes y Atenea, Museo del Louvre; y escultura en la que se ve a Tetis sumergiendo a su hijo Aquiles en la laguna Estigia, de Thomas Banks, 1790.

La extensa producción épica entre el siglo VIII y V a.e.c., es muy mal conocida. El estado actual de nuestro conocimiento sobre la misma se circunscribe a pocos y fragmentarios ejemplos. El material con el que se cuenta se reduce a unos pocos versos, algún resumen del argumento y otras breves referencias. Gracias a un minucioso y dilatado estudio iconográfico y filológico se ha podido recuperar algún contenido de la muy cuantiosa producción literaria arcaica. En relación el ciclo tebano, se puede referir la Tebaida, que recoge el enfrentamiento entre Polinices y Eteocles; Epígonos y Edipodia, al respecto de la generación de Edipo. En lo tocante al ciclo de Troya se deben mencionar la Etiópida, Saco de Troya y Pequeña Ilíada, que relatan los acontecimientos ocurridos desde el final de la Ilíada hasta la final caída de Troya; la Telegonía, nóstos que relata hechos que sucedieron con posterioridad a la Odisea; los Regresos o Nóstoi, que se centran en los viajes de vuelta de los héroes griegos a sus respectivas patrias después del fin de la ciudadela; y Ciprias, que alude a los hechos que preceden a los narrados en Ilíada.

En tales poemas se encontraba ya representada buena parte de la gran variedad de mitos posteriormente conocidos por medio de la tragedia, la comedia, la lírica y los mitógrafos. Otros géneros se nutrieron en ellos. Así, por ejemplo, un personaje como Edipo fue previamente tratado en la Edipodia, poema épico del siglo VIII a.e.c., en tanto que el célebre tema de la guerra de Troya tuvo un extenso tratamiento pormenorizado de todos los episodios de la leyenda en un ciclo de seis poemas datados entre 725 y 570 a.e.c.

Las visiones que se plasman en la épica cíclica difieren del tratamiento temático de la épica homérica. En la épica cíclica arcaica se conocen casos de rejuvenecimiento, que se oponen al inevitable binomio vejez-muerte, caso del rejuvenecimiento que la hechicera Medea hace de Esón, padre de Jasón; asimismo en determinada ocasión un guerrero puede gozar de la inmortalidad: al héroe Memnón, fallecido por obra y gracia de Aquiles en la Etiópida, Zeus le concede la inmortalidad después de las desesperadas súplicas de su madre, la Aurora. Pintoresca es la concesión de inmortalidad, un día a cada uno, a los Dioscuros (Polideuces y Cástor), tal y como se narra en las Ciprias.

Frente al heroísmo presente en los personajes actuantes en la Ilíada, la épica cíclica desaparecida describe actos de cobardía. Así, en las mencionadas Ciprias se narraba un divertido episodio, en el cual Odiseo fingía locura para no acudir a la guerra de Troya, mientras en la Etiópida se presenta un intento de traicionero asesinato de Diomedes a manos de Odiseo, con la intención de no tener que compartir con él la gloria del robo del Paladión, después de su subrepticia entrada en Troya.

La temática erótica es un tema recurrente en esta épica. Ante héroes castos (Aquiles) o bien esposos y padres modélicos, caso de Héctor se encuentran en el Ciclo diversos episodios amorosos, que contemplan relaciones fuera del matrimonio, homosexualidad (Layo en la Edipodia), hijos naturales, violaciones e incestos. El propio Aquiles se aparece en la Etiópida apasionado por Pentesilea, una amazona, de la que cae perdidamente enamorado justo después de haberla matado en singular combate. El mismo héroe está prendado de Helena en las Ciprias, hasta el punto de que Afrodita y Tetis orquestan un encuentro entre ambos.

El tratamiento mítico de esta poesía se desarrolla, en consecuencia, en un ambiente fantástico, vulgar, romántico y muchas veces prodigioso, reflejo de la crisis que había sufrido el ideal heroico. Ahora los mitos ya no son ejemplares y se humanizan, se transforman en su carácter. En esta poesía hay un nuevo tratamiento literario de los mitos, tanto en su función como en su estructura. Un ejemplo se puede hallar en la característico vestimenta de Heracles, cuyo atuendo y armamento típico, así como el canon de sus célebres trabajos, fueron innovaciones del poeta Pisandro de Camiro, del siglo VII a.e.c., a tenor de su poema Heraclea, si bien sus orígenes pudieron estar en la región próximo-oriental.

En numerosas oportunidades se obtiene en estos poemas épicos una forma del mito elemental facilitándose con ello seguir la historia de las posteriores reorganizaciones o reelaboraciones de los prístinos esquemas míticos en la poesía más tardía. Un caso servirá para ilustrar este aspecto. El protagonista de la Edipodia, muy probablemente combatía cuerpo a cuerpo con la Esfinge; es decir, no la vencía resolviendo un acertijo, un aspecto que dista mucho de la búsqueda de la trágica verdad sofóclea que conducirá al protagonista a un terrible desenlace, descubriendo que es el asesino de Layo.

Se puede apreciar, en tal sentido, que el mito es siempre algo versátil, en continua formación, que se amplía o simplifica, recombinable y que, por lo tanto, pueden aparecer novedosos, variados y múltiples complejos míticos. Con la excepción de la lírica, esta épica desaparecida permite observar la cantidad de propósitos, como el interés especulativo, el disfrute estético o la propaganda política, con los que un mito puede ser enunciado.

Un grupo de temas míticos de esta poesía responde al deseo de sistematizar el propio mito, configurando complejos míticos interrelacionados desde temáticas elementales. Tal sistematización se logra por medio de las propuestas cíclica (sobre los ciclos épicos griegos, tebano y de Troya), genealógica y teogónica.

Esta poesía arcaica cíclica, en el sentido de épica posterior a la homérica, se ocupa de temas llamados internacionales desde la perspectiva helena, por tanto aquellos que interesan a las ciudades en general, en oposición al localismo épico sobre leyendas de un particular pasado mítico. Se podría decir que el interés básico de la poesía cíclica es rellenar vacíos de la narración homérica. De alguna forma el público, que no ignora los acontecimientos narrados en Odisea e Ilíada quiere saber, partiendo de una concepción no consciente del mito como si fuese un singular acontecimiento histórico, de que manera finaliza la historia allí contada.

Se quieren conocer los detalles, los pormenores, de lo que ocurrió antes y después de lo que cuenta Homero. Es decir, el motivo por el que los aqueos estaban presentes en Troya, cómo habían llegado, los hechos previos en los años anteriores al tiempo que relata la Ilíada, el modo en que la ciudadela troyana fue tomada, o cómo fue el regreso al hogar de los héroes griegos (al margen de Odiseo en Odisea). La gan épica centraba su interés únicamente en aspectos cruciales esenciales, aludiendo solo escasamente o silenciando de lleno, numerosos episodios. Así, los poetas cíclicos responden a la demanda de los oyentes disponiendo una línea continuada y coherente de acontecimientos. Este concreto aspecto fue definido por Proclo en la Crestomatía.

Algunos detalles que habían sido silenciados por la tradición homérica despiertan la libre acción creadora de los poetas cíclicos. Incluso, esta libertad desemboca en la grotesca configuración de la leyenda, tal y como ocurre en la Telegonia, extraño poema de Eugamón de Cirene (de mediado el siglo VI a.e.c.). En esta obra aparece un hijo de Circe y Odiseo, de nombre Telégono, que en Ítaca asesina por equivocación a su padre. Al final, Circe concede la inmortalidad a Odiseo y se casa con Telémaco, al tiempo que Telégono celebra nupcias con Penélope. Las situaciones conflictivas a las que están sometidos los personajes crearán temas adecuados para la tragedia ateniense.

La solución genealógica intenta hallar los orígenes por medio de ensartar breves semblanzas de personajes y temas míticos, principalmente de carácter local, en una línea sucesoria que se remonta a un primer ancestro. En este particular, esta poesía busca las raíces, la identidad de una población, en virtud de la idea de que en la concepción antigua los rasgos de los descendientes siempre se encuentran en el progenitor prístino; en otras palabras, existe una identidad esencial del genos desde su origen, de forma que resulta lógico que la comunidad se solidarice con las hazañas de sus míticos antepasados. Ensalzarlos y vanagloriarse sería una manera indirecta de hacerse una suerte de auto propaganda. Este específico género viene de la mano de Asio y de Eumelo de Corinto.

Un aspecto importante a destacar es que esta búsqueda de raíces, poco a poco desmitificada, será remplazada por la historia. En este orden de cosas, Hecateo de Mileto, en Genealogías, sigue fielmente el esquema de los arcaicos poemas épicos. El afán sistematizador aplicado a las deidades derivará en las teogonías. La forma en la que se organizan en ellas los mitos divinos posteriormente será una herencia de los mitógrafos tardíos, como el caso de Apolodoro.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, mayo, 2023.