19 de mayo de 2017

Influencias religiosas, literarias y artísticas de la antigua India en Tailandia (I)



Imágenes: arriba, una perspectiva del yacimiento arqueológico de Oc Eo, provincia de An Giang; abajo, una estatua de Visnú. Cultura de Oc Eo. Museo de Dong Thap.


La influencia cultural de India en Tailandia y, en general, en todo el sudeste de Asia, fue pacífica y sin el uso de métodos políticos. El denominado proceso de “indianización”, en su sentido de influencia cultural, no implicó una migración india que colonizase el sureste de Asia. Incluso no parece que hubiese habido un esfuerzo consciente de parte de India en lo tocante a la expansión de su cultura.
En relación a los motivos que impulsaron tal influencia, se barajan varias teorías o hipótesis, todas ellas discutibles en sí mismas. La primera señala que la influencia de la cultura india llegó por mediación de un gran número de guerreros y conquistadores que emigraron hacia el área. Estos ksatriyas se habrían emparentado con familias gobernantes locales a través del matrimonio. Posteriormente, habrían servido como brahmanes para justificar su autoridad política. Estaríamos hablando de un gran número de refugiados que habría migrado en busca de nuevos lugares de asentamiento. No obstante, no existen evidencias de migraciones a gran escala después de la conquista de Kalinga por Asoka en 262 a.e.c. Tampoco las invasiones kushanas del siglo I ni las campañas de Samudragupta dieron como resultado éxodos en masa de gentes. Según esta teoría, en fin, la introducción de la cultura india sería el resultado de las actividades de guerreros que se emparentarían localmente dando lugar a una sociedad de sangre mixta.
La segunda hipótesis apunta que la influencia india provino de los vaisya o clase de los mercaderes, quienes habrían traspasado sus bienes y también su cultura a la población indígena e, incluso, se habrían casado con mujeres locales en ciertos casos. La cultura se difundiría, por tanto, a través del establecimiento de puestos mercantiles. Los indios, entonces, habrían venido a Tailandia, y al sureste de Asia como comerciantes en busca de especies y oro y, además, se habrían emparentado con familias locales. En determinados casos, un indio pudo haberse impuesto como jefe sobre las poblaciones autóctonas, estableciendo de tal manera reinos de estilo indio. Por otra parte, los brahmanes convertirían a los gobernantes locales en encarnaciones de las deidades.
Varios aspectos se han apuntado a la hora de desbancar esta teoría. En primer término, se ha dicho que los mercaderes no parecieran estar especialmente preparados para transmitir una elevada cultura o para mantener contactos con la realeza; en segundo lugar, que estarían versados en el lenguaje vernacular y no en sánscrito; en tercer término, que el carácter escolástico de la cultura india en el sudeste de Asia habría sido aprendido por la gente y no traído por los indios; y en cuarto lugar, se ha comentado que si los mercaderes hubieran jugado un papel relevante en la expansión de la cultura india, los más antiguos centros de civilización india deberían haberse encontrado en las regiones costeras.
A pesar de estas objeciones a la hipótesis vaisía, la misma contiene algunas verdades. Podría ser erróneo asumir que los comerciantes no tuvieron competencia a la hora de transmitir la cultura. Al margen del sistema de castas indio, hubo cierta movilidad social entre las diferentes categorías. Los brahmanes funcionaron no solamente  como sacerdotes. Del mismo modo, también los ksatriyas no actuaron únicamente como guerreros, y hubo numerosos ejemplos de reyes y príncipes muy versados en la literatura. No es convincente advertir que el carácter de la cultura india fue escolástico, ni tampoco decir que solamente las áreas interiores fueron centros de influencia india. En tal sentido, Palembang, Oc eo, Trang y Kedah fueron puertos con trazas evidentes de influencia india. Se desempeñaron como núcleos de actividades mercantiles pero también como centros de interacción cultural.
En Oc eo, sin ir más lejos, las excavaciones arqueológicas han probado la existencia de antiguos contactos. En Kedah se han hallado inscripciones en sánscrito de períodos antiguos, mientras que las esculturas de Amaravati se han encontrado a lo largo de la ruta marina que une Kedah, Palembang, la costa oriental de Java, y las islas Célebes occidentales.
Por otra parte, se todos es sabido que la práctica del budismo entre los grupos de mercaderes fue muy pronunciada. Las historias Jataka mencionan actividades marítimas de los comerciantes. Además, las imágenes del Buda, pertenecientes a la escuela de Amaravati, han aparecido en una buena cantidad en todo el ámbito del sudeste de Asia. Los marineros fueron muy devotos del Buda Dipankara (El que calma las aguas). La “indianización”, por tanto, puede verse revelada a través de esas imágenes de Buda.
Una tercera teoría, conocida como la teoría brahmana, propone que en los puertos locales las clases elevadas y los gobernantes habrían empleado el servicio de los brahmanes, por mediación de las ceremonias y rituales hindúes, como soporte de su autoridad política. En esta hipótesis se otorga una especial relevancia a la iniciativa local.  Emanando desde la corte, la influencia cultural india se habría focalizado en las fórmulas de consagración y en las proclamaciones reales llevadas a cabo en el lenguaje de los brahmanes. Los sacerdotes llegarían a ser consejeros en los asuntos de corte y proveerían soporte ideológico a los gobernantes, ofreciéndoles una suerte de investidura y listas genealógicas que elevarían su posición social y política. Habría habido, entonces, una iniciativa de parte de las elites, de las aristocracias locales. Aunque una pequeña parte de la población de la región se pudo ver afectada por la cultura india de modo directo, habría sido la aristocracia la encargada de transmitir, de legar, a la gente la herencia cultural india en la forma de literatura, iconos y monumentos diversos.
Probablemente las tres hipótesis arriba expuestas contengan retazos de verdad histórica en su seno. Tal vez las tres tengan, de hecho, algo de cierto. El entero proceso de “indianización” cultural de Tailandia fue el producto del esfuerzo hecho por guerreros, comerciantes y sacerdotes, conjuntamente con algunas iniciativas indígenas. 
La sociedad local produjo nuevas formas culturales a partir de aquellas foráneas que recibía. Muy a menudo los tres tipos de categorías sociales, ksatriya, vaisya y brahmanes, no se diferenciaban en el contexto del sudeste asiático. Un ksatriya pudo haber sido un comerciante o un vaisya haberse inmiscuido en las pugnas de poder en la corte. Todas las clases buscarían, además, apoyo local que sirviese sus intereses.
Las poblaciones del sudeste de Asia se apropiaron de las costumbres culturales con presencia de elementos indios y las adaptaron para que encajasen con sus propias tradiciones indígenas. No se debe olvidar que la propia cultura india consiste en una pluralidad de tradiciones que evolucionaron a partir de la interacción entre la cultura sánscrita aria y el sustrato vernáculo de los grupos dominantes previos, en esencia aquellos de la cultura de Harappa y Mohenjo Daro.
Sea como fuese, la expansión cultural india dio como resultado la adopción de la religiosidad, las ideas de parentesco, las leyes, aspectos de la administración y las tradiciones literarias y artísticas de la antigüedad india.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Mayo del 2017.

3 de mayo de 2017

La organización del ejército romano: las reformas de Servio Tulio, Marco Camilo y Cayo Mario




Imágenes, de arriba hacia abajo: un casco coolus romano, hecho en bronce, de fines de la República; otro casco romano, esta vez montefortino, de origen celta. Hecho en bronce, fue el casco más usado por el ejército desde el siglo III a.e.c.; y  un fragmento de cota de malla romana, hallada en Northeim, distrito norte de Göttingen.
  
El ejército fue un real instrumento de expansión que Roma empleó para llevar a cabo sus conquistas y para posteriormente mantener el ordenamiento imperial. Fue un evidente vehículo de romanización, que aprovechó el trazado de las vías, así como un  medio de trasmisión entre culturas dispares y los valores de la romanidad.
El más arcaico ejército romano, el de la etapa monárquica, se estructuraba a partir de levas, de ahí el concepto de legión, como reunión de reclutas. Dicha organización arcaica se fundamentaba en la división social romana (patricios y plebeyos) así como en los vínculos clientelares. La organización militar comenzaba en la Curia, cada una de las cuales estaba formada por una decena de caballeros y cien infantes. La leva legionaria estaba compuesta de una treintena de curias, arrojando como resultado un total de tres mil soldados de caballería y un centenar de caballería por cada legión,
Fue el rey Servio Tulio el que estableció una serie de fundamentos, en forma de reformas, que sirvieron de base para ejecutar el reclutamiento y organizar el ejército romano.
La edad para la recluta oscilaba entre los diecisiete y los sesenta años. Los más jóvenes, hasta los cuarenta y seis de edad se denominaban iunores, mientras que los más viejos recibían la denominación de seniores. Los soldados, según sus posibilidades pecuniarias, se encargaban de sufragar sus propias panoplias militares. En esta época el ejército aparecía dividió en clases y centurias. La infantería estaba formada por cinco clases. Tres de esas clases tenían que aportar las tropas de la infantería pesada, mientras que las dos restantes las de la infantería ligera. Además, había que sumar dieciocho centurias ecuestres. Aquellas centurias de componentes menos pudientes configuraban los cuerpos de músicos militares, ingenieros y otra serie de funciones auxiliares.
Servio Tulio organizó la legión con un contingente de cuatro mil quinientos soldados. En la misma,  los infantes con armadura pesada sumaban tres mil, los infantes ligeros unos mil doscientos y los jinetes (celeres) eran trescientos. La organización táctica por excelencia fue la falange (seis filas en línea de combate).
Aunque con la República el ejército mantuvo una organización semejante, sin embargo se produjeron dos novedades relevantes. La primera de ellas es que el mando del ejército pasó del rex a los dos cónsules (cada uno de ellos a cargo de un par de legiones); la segunda, la formalización de un servicio de indemnización (el stipendium) dirigido a los campesinos que debían abandonar sus labores en el campo para participar en el ejército.
Camilo[1] lleva a cabo una nueva reforma, por la cual crea una nueva unidad táctica de infantería pesada, denominada manípulo (ciento veinte hombres divididos en dos centurias de sesenta soldados cada una). Se organizaron veintiún manípulos en cuatro líneas. En la primera de estas líneas había seis manípulos (1200 soldados), llamados hastati, una infantería ligera conformada por jóvenes de pocos recursos económicos. La segunda y tercera líneas eran las de la infantería pesada, conformada por otros seis manípulos (cada una) de Principes. La cuarta y última línea la formaban los Triarii, tres manípulos, con seiscientos legionarios veteranos de infantería, tanto ligera como pesada. Estos últimos solamente entraban en combate en caso de extrema necesidad. La formación se completaba como los velites; esto es, tropas auxiliares con armas ligeras (venablos) y con escasa armadura. Al margen, también había algunos cuerpos más, de exploración y de apoyo logístico. La caballería legionaria estaba compuesta por tres centenas de jinetes, repartidos en una decena de escuadrones, las turmas[2] (turmae).
Cayo Mario, cónsul varias veces entre 105 y 85 a.e.c., llevó a cabo una duradera reforma militar. En esencia, los aspectos destacados de la reforma fueron los siguientes. En primer término, el reclutamiento del legionario se lleva a cabo por  dieciséis años de servicio; en segundo lugar, las legiones ahora no se diferencian entre sí por el origen de las levas o su procedencia, sino por su nombre; en tercer lugar, el legionario obtiene un sueldo y recibe de parte del Estado romano el equipo militar reglamentario: casco, cota de mallas, la espada corta o gladius, scutum, pilum o jabalina, calzado, la túnica, los calzones, las caligae o sandalias hechas en cuero y una manta; en cuarto lugar, el ejército modifica su composición, pues la unidad táctica ahora será la cohorte (seiscientos soldados). Cada cohorte estará conformada por un manípulo de hastati, otro de principes y otro más de triarii. Cada legión se formará, en consecuencia, de diez cohortes a las que se adicionarán mil soldados de caballería mercenaria. En tal sentido, cada legión estará formada por unos siete mil hombres.
En resumidas cuentas, lo principal es que desde Mario el ejército se profesionaliza y depende del Estado. Se pasa de un ejército con participación campesina a otro profesionalizado.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP, Granada. Mayo, 2017



[1] Marco Furio Camilo (hacia 445-365 a.e.c.), quien fue considerado por la tradición como el segundo fundador de Roma.
[2] En la época republicana las unidades de caballería romana recibieron el nombre de Alas, las cuales, a su vez, se dividieron en turmas de treinta y dos hombres cada una. Un ala quingenaria estaba formada por dieciséis turmas (quinientos doce legionarios), mientras que un ala miliaria constaba de veinticuatro turmas con un total de setecientos sesenta y ocho soldados. Cada turma era comandada por un decurión.