22 de junio de 2007

Industrias humanas prehistóricas

COMPLEJOS INDUSTRIALES LÍTICOS PREHISTÓRICOS
(PERIODIZACIÓN EUROPEA SIN CRONOLOGÍA)

Prof. Julio López Saco




PALEOLÍTICO




Glaciaciones:
(Pleistoceno Superior)
- Günz
- Mindel
(Pleistoceno Medio)
- Riss
- Würm
INFERIOR.
- Pebble Culture/Oldowayense (Africa).
- Abbevillense (Pre-achelense).
- Achelense
- Clactoniense
- Pre-musteriense
- Tayaciense
MEDIO
- Musteriense
SUPERIOR
- Perigordiense
- Auriñaciense
- Protomagdaleniense
- Solutrense
- Salpetriense/Rodaniense
- Magdaleniense
Pinturas parietales y arte mobiliar.

EPIPALEOLÍTICO: Transición del Magdaleniense VI al Aziliense

MESOLÍTICO

NEOLÍTICO
Desarrollo de microlitos.
- Sauveterriense
- Tardenoisiense
- Maglemoisiense
- Montmorenciense
- Castelnoviense
Inicio de la domesticación de plantas y animales (agricultura y ganadería): Egipto /Creciente Fértil.
- Pulimentado; piedras de molino, hachas, azuelas.
- Desarrollo de la cerámica y los inicios de la metalurgia.
- Conformación de las primeras aldeas o comunidades agrarias
- Arquitectura megalítica: cromlech, menhir, dolmen.

CALCOLÍTICO: trabajo del cobre.

EDAD DEL BRONCE
- Cultura de los Campos de Urnas
EDAD DEL HIERRO
- Hallstatt, primera edad del hierro
- La Téne, segunda edad del hierro

La locura en la antigüedad: Roma y Próximo Oriente

UNA APROXIMACIÓN A LA DEMENCIA EN LA ROMA Y EL ORIENTE ANTIGUO*

Prof. Dr. Julio López Saco

RESUMEN


Cicerón creía que las emociones irracionales eran desórdenes y no enfermedades en sentido estricto. Afirmaba que los romanos distinguían entre insania, como locura, y furor, en el sentido de delirio y frenesí. Para Aulo Celso existía un tipo de locura que provocaba fiebre aguda, que los griegos llamaban prenséis. Sin embargo, esta forma de locura era pasajera y contrastaba con un desarreglo mental continuo, proceso en el que la locura estaba ya establecida. Galeno, siguiendo la tradición griega, señalaba la bilis negra como la causante de fiebres, lepra, y una afección mental llamada melancolía por los helenos. En Roma, la legislación establecía que si un hombre estaba loco, la autoridad sobre su persona y bienes le correspondía a sus descendientes masculinos o a los componentes de su gens.
Una de las dolencias de etiología divina que aparecen en las tablillas cuneiformes es la epilepsia. Dos vocablos suelen aparecer juntos para designar esta perturbación: bêl ûri y antassubbû. En las psicopatologías babilónicas se destacaban dos rasgos: la brujería y la magia, además de ciertas maquinaciones humanas, como agentes provocadores de ilusiones de los estados psicóticos, y los dioses, el rey, o los funcionarios se presentaban como las “autoridades” que eran el objeto de los accesos perturbadores, así como de las acusaciones de los pacientes con problemas mentales. El Antiguo Testamento revela que para los hebreos y pueblos vecinos, los trastornos mentales eran provocados por fuerzas sobrenaturales o por la ira de la divinidad como castigo ante ofensas y sacrilegios humanos. Dos vocablos hebreos son relevantes en relación a la locura: shiggayon, que posee un matiz de conducta intensamente emocional, y meshugga, que suele aplicarse al hablar de los profetas y de sus acciones.


Palabras clave: locura, enfermedad, medicina, sociedad


AN APPROACH TO THE DEMENTIA IN ROME AND THE OLD EAST

ABSTRACT


Ciceron believed that the irrational emotions were you disorder and nondiseases in strict sense. It affirmed that the Romans distinguished between insania, like madness, and rage, in the sense of delirium and frenzy. For Aulo Celso existed a type of madness that caused acute fever, that the Greeks called phrenesis. Nevertheless, this form of madness was fleeting and contrasted with a continuous mental disorder, process in which madness already was established. Galen, following the Greek tradition, indicated the black bile like the cause of fevers, leprosy, and a mental affection called melancholy by the Greeks. In Rome, laws said that if a man were crazy, the authority on its person and goods him corresponded to its masculine descendants or the components of his gens.
One of the ailments of divine cause that appear in cuneiform small boards is the epilepsy. Two words usually appear together to designate this disturbance: bêl ûri and antassubbû. In babilonians psicopathologies two characteristics stood out: withcraft and the magic, in addition of certain human machinations, like provoking agents of illusions of the psicotics states, and the Gods, the king, or the civil employees appeared like the "authorities" that were the object of the disturbing accesses, like of the accusations of the patients with mental problems. The Old Testament reveals that for Hebrew and the neighboring towns, the mental upheavals were caused by supernatural forces or the wrath of the divinity like punishment before offenses and human sacrileges. Two Hebrew words are excellent in relation to madness: shiggayon, that have a shade of intensely emotional conduct, and meshugga, that usually is applied when speaking of the prophets and their actions.


Key words: madness, illness, medicine, society


1. Roma

Una buena parte de las concepciones acerca de la locura que eran válidas en el seno del pensamiento griego, perviven y se consolidan en el mundo romano, si bien surgen en éste algunos nuevos modos de comprender los fenómenos de las perturbaciones mentales, tal y como aparece reflejado en la obra de algunos oradores y médicos romanos. Este factor indica que, desde el punto de vista formal y estructural, un acercamiento paralelo a las insanias en Roma y en Grecia es posible, aunque es necesario precisar ciertos matices diferenciadores observables entre ambos focos culturales[1]. En cualquier caso, no debemos olvidar que en el siglo I a.C. los romanos ocuparon Egipto, tras anexionarse Grecia y los demás territorios del Mediterráneo oriental, en donde se había extendido la cultura helenística. La medicina romana, en particular, tenía un nivel bastante primitivo, de ahí que la griega se impusiera y los galenos romanos fueran, en buena parte deudores de los griegos. La medicina helenística fue introducida en Roma por médicos helenos que, en un principio, fueron hasta la Ciudad Eterna como esclavos, y luego ya como hombres libres en busca de mejores ganancias y de una oportunidad en la vida. Es justamente por este hecho que algunos autores no se atreven a hablar propiamente de “medicina romana”, porque hasta fines de la antigüedad casi todos los galenos continuaron siendo de procedencia helénica, y el griego permaneció como la lengua franca primordial de la ciencia en general y de la medicina en particular[2].
Los griegos definieron, en opinión de Cicerón, ciertas emociones irracionales con el término pathê ( sufrimiento, desgracia o infortunio[3] ). El orador cree que tales emociones, sin embargo, son desórdenes, pertubationes, y no enfermedades ( morbi ). En este sentido, el vocablo erróneo, nomen insaniae, significa enfermedad, en concreto enfermedad de la mente, una condición de falta de salud del alma que los filósofos helenos bautizaron equivocadamente[4]. Cicerón afirma que los romanos distinguen, en buena medida, entre insania, como locura o desequilibrio mental, y furor, en el sentido de delirio y frenesí. El primer término, en relación con stultitia, necedad, pero también locura, es el más generalizado. Identifica el antiguo cónsul y orador lo que los romanos llaman frenesí y delirio con aquello que los griegos definieron con la palabra melancholia ( quam nos furorem, melancholia illi vocant[5] ), y no puede reconocer que la mente esté influenciada por la bilis negra, ya que lo está, en muchas más ocasiones, por el tremendo poder de la ira, el temor o la pena, en el sentido en el que se habla del “frenesí” de un Atamante, Orestes o Ayax. Desde su punto de vista, por consiguiente, al lado de una racionalización fenomenológica, existe una matización y una distinción de comportamientos y estados de la mente.
Las versadas opiniones de los médicos, desde Celso a Celio Aureliano, parecen acercarse a las consideraciones griegas más clásicas. Los médicos romanos carecían, en buena medida, de independencia, ya que en su gran mayoría eran esclavos o, a lo sumo, libertos. Pertenecían al grupo de gentes de baja extracción social, incluso aunque fuesen jurídicamente libres. Sólo unos pocos elegidos pudieron llegar a integrarse en un estrato social superior, casi siempre a través de una bien ganada fama intelectual y científica. En palabras de Aulo Cornelio Celso existe un tipo de locura que provoca fiebre aguda, que los griegos llamaron phrenêsis. A causa de dicha calentura se producía un desmesurado delirio. Sin embargo, esta forma de locura era pasajera y, por consiguiente, fácilmente contrastable en relación a un desorden o desarreglo mental continuo ( continua dementia ), proceso en el que la locura estaba ya completamente establecida. Celso afirma la existencia de varias clases de manía, ya que entre las personas locas las hay melancólicas o divertidas y alegres[6]. Uno de esos tipos de locura es la depresión, tristitia, causada directamente por la bilis negra, y cuyo tratamiento llega ser, en ocasiones, verdaderamente brutal: a los pacientes se les obliga a pasar hambre y deben ser encadenados y vapuleados físicamente, en especial si se muestran violentos[7]. Hombres y mujeres locos suelen ser víctimas de fantasmas que los engañan, imagines, alucinaciones visuales, que no son fruto de su mente; sin embargo, en algunos otros casos de locura, la mente está defectuosa, por eso el individuo pierde la razón ( animo desipiunt ).
El famoso médico Galeno, por su parte, señalaba a la bilis negra como la causante de las fiebres, la lepra, algún tipo de ictericia y, fundamentalmente, de una afección mental llamada melancolía[8] por los griegos. En su opinión esta sustancia o humor, era detectable en la sangre cuando el bazo se debilitaba. Pero no estaba tan seguro cuando afirmaba que el aumento y endurecimiento del órgano era un efecto de la bilis negra, puesto que en esta condición el bazo no podía absorber la bilis y ésta decoloreaba el cuerpo y la sangre, causando un “bajón de espíritu” y, por lo tanto, graves disturbios psíquicos[9].
El médico más importante de la baja antigüedad latina, Celio Aureliano, distinguía, con cierta nitidez, la phrenitis de la manía. La primera se manifestaba siempre con síntomas febriles, mientras que con la segunda, sin fiebre, se suponía la pérdida de la razón, lo que comúnmente se llamaba insania ( quam vulgo insaniam vocant[10] ). De cierta analogía con la locura y la phrenitis es la melancolía, si bien ésta no es para Aureliano una forma de manía. En definitiva, entonces, la locura es definida, en oposición a la phrenitis, como un daño crónico de la razón, perturbación que en algunos casos provoca violencia pero que en otros se manifiesta de modo pacífico.
La legislación romana en relación al demente posee ciertos rasgos de semejanza con la legislación griega. En el derecho griego, específicamente en la legislación ateniense, las disposiciones legislativas referentes al demente en relación a la sociedad en la que habita son francamente escasas. Tales leyes se dirigían a la protección de la propiedad y a garantizar que el loco no dañase a otros miembros de la comunidad. En términos generales, se incapacitaba legalmente al enfermo mental y se le reducían sus derechos. No se juzgaba y condenaba el hecho de estar loco, pero la condición, el estado de perturbación limitaba los derechos[11]. En Roma, La Ley de las XII Tablas establecía que si un hombre estaba loco la autoridad sobre su persona y bienes muebles le correspondía a sus descendientes masculinos o, en su defecto, a los componentes de su gens. Un curator se hacía cargo de la propiedad del alienado ( furiosus ). Como no existía un procedimiento establecido por el cual declarar a alguien demente, era la familia o la gens quien lo hacía. Nunca se reguló por ley el momento preciso en el que una persona podía considerarse que estaba loca, ni siquiera atendiendo al punto de vista médico. En un principio, la tutela del enfermo mental correspondía a la gens, cura furiosi, pero más tarde el individuo enfermo pasaba a ser custodiado por la autoridad de sus agnates, que controlaban directamente su persona y propiedades. Cuando no existían agnates u otros individuos pertenecientes a la gens que pudieran actuar como tutores, algunos magistrados, generalmente el pretor o un gobernador provincial, nombraban un tutor legítimo ( curator legitimus ). La función de este tutor de centraba en la protección del incapacitado contra las consecuencias, más o menos incontrolables, de su enfermedad y la administración de sus propiedades. El enajenado mental, en cualquier caso, no tenía capacidad alguna de ejecutar acciones legales, con o sin tutor, y sólo si se curaba y recobraba por completo su lucidez, recuperaba también sus capacidades legales. Los delitos cometidos por un loco, especialmente el robo o el asesinato, no se juzgaban como infracciones y, por lo tanto, no tenían que pagar daños y perjuicios o multas. En resumidas cuentas, la protección legal del desequilibrado era bastante limitada, ya que los juristas no se preocupaban en particular de señalar la naturaleza y causa de la locura, sino que únicamente establecían el hecho de la incapacidad mental, que podía ser observada como un atenuante de primer orden, y sus consecuencias al desempeñar cualquier acto jurídico.

2. Medio Oriente

Las tablillas de escritura cuneiforme del área mesopotámica se dividen, en atención a las enfermedades, en tres grandes grupos: los textos de carácter terapéutico, aquellos otros llamados “síntomas” ( sakîkû ), referidos a la prognosis y diagnosis, y, finalmente, los presagios fisiognómicos y de nacimiento, en donde se pueden observar ciertos detalles o señales, más o menos evidentes, de desórdenes mentales incurables o congénitos. Una de las dolencias consideradas de etiología divina que mejor reflejadas aparecen en las tablillas cuneiformes es la epilepsia[12], el morbo sacro. Hay dos vocablos que suelen aparecer juntos para designar esta singular perturbación: bêl ûri y antassubbû. El primero de ellos indica un ataque epiléptico menor, fruto del cual los ojos del paciente son trastocados y movidos hacia arriba por el demonio Bêl Ûri, cuya traducción podría ser “Señor del Tejado”. Por su parte, la palabra antasubbû indica un ataque epiléptico de mayor envergadura, que suele describirse señalando al paciente caído en el suelo, girando la cabeza hacia todos los lados, con los puños apretados ( en una actitud de rabia contenida ), los dedos doblados por la tensión, los ojos desviados y echando saliva por las comisuras de la boca. Tras tan vehemente comportamiento se sigue un período de apnea o pérdida momentánea de la respiración[13].
Algunas ilusiones psíquicas son señaladas en un tratado denominado é-gal-tu-ra, término sumerio que literalmente significa “entrar en el palacio”. Se puede intuir, en función de las palabras en él empleadas, la presencia de estados mentales desfavorables, pues esta obra señala algunos términos literales vinculados a ciertos pacientes perturbados que creen que son, o han sido, objeto de una conspiración. Un texto babilónico, por su parte, narra los síntomas de un hombre que padece continuos y severos ataques epilépticos y que parece sufrir fuertes perturbaciones mentales. En este caso en particular, podría diagnosticarse, con relativa facilidad, un síndrome de ilusiones ( mullâte ) y una clara enfermedad mental acompañada de pérdida de interés[14].
De forma genérica, pueden extraerse dos rasgos primordiales dentro de las psicopatologías babilónicas: en primer lugar, la brujería, el hechizo y la magia, con preferencia en relación a ciertos dioses, además de ciertas maquinaciones humanas, son los agentes provocadores de muchas de las ilusiones e ideas de estados psicóticos; en segundo término, el dios o diosa, el rey, los superiores ( funcionarios de la corte ), y los mayores, se presentan como las “autoridades” que son el objeto preferente de los arranques y accesos perturbadores, así como, al mismo tiempo, de las acusaciones de los pacientes con severos problemas mentales[15].
La lectura del Antiguo Testamento revela que para los hebreos y pueblos vecinos, muy influenciados por la arcaica sabiduría de la antiguas culturas mesopotámicas, los trastornos mentales eran provocados por fuerzas sobrenaturales, espíritus ( ruach ), o por la ira de alguna divinidad como castigo ante las ofensas y sacrilegios humanos[16].El pensamiento popular creía que las anomalías mentales se debían a la acción de alguna fuerza sobrenatural o a la participación de algún ser que entraba en el cuerpo humano, o producía su efecto desde fuera. La idea de que el hombre está rodeado de fuerzas desconocidas e invisibles que le afectan para bien o para mal, es muy antigua. Tales fuerzas se materializan como seres reales, espíritus y demonios[17]. Entre los israelitas, aquellos que no obedecían los mandatos y preceptos de dios y violaban impunemente sus órdenes, eran amenazados con severos castigos, entre los que se encontraba la “maldición” de la locura. Moisés, por ejemplo, advierte que si alguien no obedece la voz de Yahvéh, acabará herido de locura, de ceguera y de delirio[18]. Por su parte, David le pregunta a Dios porque puso la locura en el mundo y, a continuación, describe un demente[19]. En el Talmud, los desórdenes de comportamiento se debían, del mismo modo, a la posesión por espíritus malignos. La enfermedad mental de Saúl proviene directamente de Dios a través de un espíritu, fuerza o influencia sobrenatural que actúa sobre el hombre. En este caso, la única diferencia respecto al “Espíritu del Señor” era, explícitamente, su maldad. Recordemos que el rey de Israel era considerado elegido de Dios, depositario de la gracia divina, aquel al que por medio del rito de unción llegaba el Espíritu Santo. El soberano debía someterse continuamente a la voluntad divina, pues si se rebelaba contra sus mandaros anulaba el nombramiento y apartaba de sí su favor, exponiéndose, por consiguiente, a su cólera. Es, justamente, por este motivo, por el que Saúl es enloquecido[20].
Las descripciones de enfermedades mentales en el Nuevo Testamento son muy breves, y suelen señalar, sobre todo, la magnitud del milagro de su curación. Las posesiones por demonios y espíritus malignos también son las causas frecuentes de enfermedad, en especial de insania[21]. El propio Jesucristo llevó a cabo numerosas curaciones expulsando este tipo de entidades[22]. Esta serie de notas testifica, por lo tanto, que la religión popular israelita consideraba de suma importancia la posesión por espíritus extraños, una creencia que se testimonia habitualmente en Egipto, Babilonia y Asiria[23].
Una de las palabras más empleadas para designar la locura era shiggayon. Este vocablo porta un matiz de sobreexcitación o conducta intensamente emocional. Algunas veces, sin embargo, no significa exactamente demencia, aunque generalmente se use para designar una forma de expresión impulsiva. Otro término hebreo para definir el trastorno mental era meshugga, que suele aplicarse al hablar de los profetas y de sus acciones. No podemos olvidar que la relación entre profecía y locura siempre ha sido significativa. Los profetas, a semejanza de los locos, actuaban de modo extraño e inspiraban respeto y miedo. La profecía era una actividad chamanística llevada a cabo por individuos dotados de cualidades psicológicas especiales, poseedores de una energía interna que podían comunicar a los demás. El profeta era, de este modo, una suerte de oráculo viviente que acabaría reemplazando los oráculos inanimados de la adivinación por el azar y el presagio[24]. En el Próximo Oriente, por lo tanto, el criterio para definir la enfermedad mental era la manifestación de una conducta impulsiva, desordenada e irracional, en realidad no desemejante a la concepción griega y romana.
Al igual que las concepciones grecorromanas, los israelitas consideraban el morbo psíquico como un asunto esencialmente privado, excepto en aquellos caso en los que había implicaciones relacionadas con la seguridad pública o algún tipo de problema legal. Aquellos perturbados que no se manifestaban violentamente, andaban sueltos y vagaban por las calles de pueblos y aldeas, y los niños y vagabundos solían tirarles piedras, quizás buscando con ello algún efecto apotropaico. La costumbre de permitir a los desequilibrados deambular por las calles sólo ocurría en el seno de las clases más humildes y entre los que no tenían familia, ya que los que pertenecían a casas nobles y acomodadas eran confiados al cuidado de un servidor personal o confinados en el interior de la casa. Únicamente la posibilidad del contacto físico contaminante provocaba el encierro y el consiguiente control del loco.
El Mishna o derecho oral, empleaba la palabra shoteh para denominar a los enfermos mentales en general, incluyendo en el mismo grupo a dementes y retrasados mentales. Una persona perturbada psíquicamente, era considerada privada de juicio e intelectualmente incompetente, de ahí su catalogación al lado de sordomudos y menores de edad, por ejemplo[25]. Según el Talmud, los infractores de la ley y los asesinos también eran considerados perturbados, y lo mismo ocurría con aquellos hombres entregados a los excesos sexuales, con las mujeres adúlteras o con los idólatras. Se solía juzgar la conducta de los dementes en relación al comportamiento de la mayoría de las personas a las que la comunidad creían normales. De esta manera, aparecía definida, como ocurría en el ámbito griego, la locura desde un punto de vista social, ya que se proponía que las personas que difiriesen del comportamiento normal, especialmente aquellas que vagaran sin rumbo por al noche, pernoctaran en un cementerio o rompiesen sus ropas, estarían trastornadas, y manifestarían, por lo tanto, claros síntomas de locura[26]. Este modo de conceptualizar la demencia es la que se le aplicaría a Isaías, que anduvo desnudo y descalzo por las calles de Jerusalén durante más de tres años[27]. En todos estos casos, la principal cura de la locura residiría en la expulsión del mal, del daimon de la locura si la persona estaba poseída, por medio de terapias como la música, catarsis médico-religiosas para lavar impurezas, el aspecto mágico de la palabra ( el incantum latino y el exorcismus ), las raíces de plantas o por la mediación de curanderos y hechiceros, prácticamente, por lo tanto, de modo análogo a lo que solía acontecer en el ámbito de la antigüedad grecolatina.

Caracas, Mayo del 2007

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


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-THOMPSON, R.C., Assyrian Medical Texts from Originals in the British Museum, Londres, British Museum, 1923

* Este trabajo ha sido publicado en la revista Praesentia, de estudios clásicos, de la Universidad de Los Andes (ULA).

[1] Un acercamiento a las perturbaciones mentales en la Grecia antigua fue el objeto de nuestra contribución titulada ”As perturbacións psicosomáticas na antigüedades clásica: a loucura e o seu vencellamento co asesinato e o suicidio” ( en gallego ), publicada en Historia Nova I, Universidad de Santiago de Compostela, ( 1993 ), pp. 77-127. Toca el turno ahora, por consiguiente, del ámbito romano y oriental, aunque sin alejarnos nunca de un marco griego de referencia.
[2] Es probable que esta opinión sea un tanto exagerada. Véase al respecto LÓPEZ PIÑERO, J.M., La Medicina en la Antigüedad, Madrid, edit. Hist. 16, 1985, pp-18-19 y ss., y el antiguo, pero aun muy sólido trabajo de CLIFFORD, A.T., Greek Medicine in Rome, Londres, Clarendon Press, 1921, en especial, pp. 45-60 y ss. Acerca de la cultura helenística es recomendable PIÑERO SÁENZ, A., La civilización helenística, Madrid, Akal, 1989, en especial, pp. 40-41, y ELVIRA, M.A., La cultura helenística, Madrid, edit. Hist. 16, 1985, en concreto, pp. 19-20, donde se hace un breve repaso a la escuela médica de Alejandría.
[3] El suicidio sería el principal elemento intensificador del pathos / pathêma dramático griego.
[4] Cic. Tusculan., III, 7-8
[5] Cic. Tusculan., III, 10-11
[6] Cel. De Med., III, 18, 1-3
[7] Cel. De Med., III, 18, 17
[8] El término se aplica a las personas de temperamento difícil y bilioso. La palabra melancholikos se refiere a personajes impulsivos ( Plat. Rep., 573c; Arist., Étic. a Nicóm., 1152a, 19 ). Otra de las formas de manifestarse este mal era la excesiva tendencia a mantener relaciones sexuales ( Plat., Tim., 86c-d; Arist., Probl., XXX ). Véase al respecto, por ejemplo, GARCÍA QUINTELA, M.V., “Familia y Locura en el derecho ateniense”, Gallaecia, nº 12, ( 1991 ), pp. 293-315, en especial, p. 310.
[9] Sobre esto puede revisarse PHILLIPS, E.D., Greek Medicine, Londres, edit. Thames & Hudson, 1973, en concreto, pp. 172-181; SCARBOROUGH, J., Roman Medicine, Londres, edit. Prentice Hall Series,1969, p. 122 y ss; BALLESTER, L.G., Galeno, Madrid, edit. Alianza, 1972, pp. 15-16 y ss., Moss, G.C., “Mental disorder in Antiquity”, en BROTHWELL, D. / SANDISON, A.T., Diseases in Antiquity, Londres, edit. Thames & Hudson, 1967, pp. 709-733, en especial, p. 715 y ss., y LÓPEZ SACO, J., “La idea grecorromana de locura: una visión filológico-literaria”, Quincunce, nº 9, año II, ( 2004 ), UCAB, pp. 32-44, en especial pp. 39-40.
[10] Cel. Aur., Sobre las Enf. Agud., I, 5
[11] Debido a los cambios constitucionales llevados a cabo por los Treinta Tiranos, el marco jurídico de la locura será, de ahí en adelante, privado. En Platón ( Ley., IX, 864d; 853d-857b ) la locura será un atenuante de los delitos político-religiosos. Por descontado, los perturbados no se podían casar, en disposición semejante a la de la ley judía y romana. No olvidemos, en definitiva, que al loco no se le juzga por estarlo, sino que se juzgan sus actos cometidos bajo el específico estado demencial. Sobre la actividad social en referencia al perturbado psíquico es interesante ROSEN, G., Locura y Sociedad. Sociología histórica de la enfermedad mental, Madrid, edit. Cátedra, 1974, en especial, pp. 93-165.
[12] La epilepsia es fruto de un desequilibrio humoral, concretamente bilioso, una enfermedad que, por definición, es sagrada ( peri hierês nousou, morbus sacer, lues deifica ). El término hace referencia explícita a la suspensión, la interrupción o la detención ( Arist. Probl., 866b, 14; Hip. Aphorismoi, 322 ), a la reprensión, la censura violenta ( Isócr. VIII, 61; Plut., II, 35d ) y, finalmente, a un acceso epiléptico ( Hip. De Morb. Sac., 10; Arist. Probl., 960a, 18 ). Solía decirse que la enfermedad era enviada por una divinidad o que alguien caía enfermo porque había cometido previamente una falta contra Selene ( Plat. Tim., 85a-b ). Así pues, por su naturaleza dramática y, en muchas ocasiones, catastrófica, se la consideraba un morbo enviado por los dioses. Sus síntomas respondían a la generalidad de las perturbaciones mentales: espuma por la boca, alucinaciones olfativas y auditivas, ilusiones, espasmos, ojos girando en las órbitas, todo ello acompañado de una conducta “extraña”, esencialmente vergonzosa. Al respecto puede verse, SIMON, B., Razón y Locura en la antigua Grecia, Madrid, edit. Akal, 1984, en especial el capítulo IV, pp. 263-355; FERNÁNDEZ, L., Therapeia. La medicina popular en el mundo clásico, Madrid, edit. Alianza, 1969, p. 310 y ss; PHILLIPS, E.D., Greek…Op.cit., pp. 38-138; BISCHLER, W., “L’épilepsie chez les anciens”, Scientia, XLIX, ( 1955 ), pp. 295-301; PIGEAUD, J., Folie et cures de la folie chez les médicins de l’antiquité greco-romaine. La manie, París, edit. Hachette, 1987, en concreto el capítulo III, pp. 47-51 y ss., y del mismo autor, La Maladie de L’Ame. Étude sur la relation de l’âme et du corps dans la tradition médico-philosophique antique, París, edit. Hachette, 1981, en concreto, pp. 32-47. Además puede verse, en relación a los significados del término, LIDDELL, H.G. / SCOTT, R., Greek-English Lexicon, Oxford, Clarendon Press, , 1968, en específico, p. 643.
[13] Existe otro término, bennu, que también puede aplicarse en contextos claramente epilépticos. Véase, por ejemplo, KINNIER, J.V., “Organic Diseases of Ancient Mesopotamia”, en BROTHWELL, D. / SANDISON, A.T., Diseases in…Op.cit., pp. 191-208, en particular, p. 201-203.
[14] Aunque el fragmento es un tanto largo, merece la pena que nos detengamos en su exposición. Dice lo siguiente:
“si un hombre está sufriendo corrientemente de ataques epilépticos mayores o menores…y un alû-demon luego empieza a imponérsele con ideas de persecución, por lo que dice, aunque nadie concuerde con él en que esto es así, el dedo de la condenación está siendo apuntado hacia él; si ve visiones horribles, alarmantes o inmorales, y está ( como consecuencia ) en un estado constante de temor, si desarrolla periódicos arranques de ira contra el dios o la diosa, está obsesionado con ilusiones de su propia mente, desarrolla su propia religión y dice, aunque ( de nuevo ), ellos no se lo permitirán, que su familia le es hostil y que el dios, rey, sus superiores y mayores, lo tratan injustamente; si todos sus músculos están sujetos a la parálisis, si sus ojos muestran colores rojos ( o marrones ), amarillos y negros, si tiene algún desorden del lenguaje, con hechizos o falta de memoria, no desea relaciones con las mujeres y no tiene ninguna inclinación para perseguir alguna actividad ( en todo )…( los detalles de la acción deben tomarse como sigue…)”.
Véase al respecto, KINNIER, J.V., “Mental Diseases of Ancient Mesopotamia”, en BROTHWELL, D. / SANDISON, A.T., Diseases in…Op.cit., pp. 723-733, y nota 67; y THOMPSON, R.C., Assyrian Medical Texts from Originals in the British Museum, Londres, British Museum, , 1923, en concreto, pp. 6-10.
[15] Véase, por ejemplo, OPPENHEIM, A.L., “Mesopotamian Medicine”, BHM, XXXVI, ( 1962 ), pp. 90-108, en especial, p. 97 y ss.
[16] La locura como castigo surgía cuando alguien, que había cometido algún acto sacrílego u ofensivo, provocaba el afloramiento de la ira de la deidad. La curación del mal era efectuada, en muchas ocasiones, por el mismo dios que lo había provocado, siempre y cuando el afectado, por medio de sacrificios y ofrendas, lograse restituir la falta cometida. Puede verse, al respecto, PARKER, R., Miasma. Pollution and Purification in Early Greek Religion, Oxford, edit. Clarendon Press, 1983, en específico, pp. 235-256.
[17] La enfermedad mental puede ser un espíritu que posee al individuo, o bien el morbo es el propio espíritu que invade al sujeto. En Grecia, muchas divinidades podían enviar locura al ser humano: Ares ( como posesor, Euríp., Bac., 300; Il., V, 717; XV, 605 ); Zeus, divinidad entusiástica, al menos en su vertiente profética ( Plat. Fedro, 244a ); Apolo, inventor del entusiasmo mántico ( Plut. Mor., 429a ); Dioniso, Pan, Afrodita ( las tres divinidades como generadoras de locuras cultuales, si bien Afrodita es una productora de la manía erótica como fenómeno psíquico individual ); las vengadoras Erinias, que envían la locura como castigo ( Hes. Teog., 185; Od. XV, 234 ) y, naturalmente, las ninfas.
[18] Deuter., 28, 15-29
[19] Midrás, salmo 34
[20] 1 Sam., 19,24. En 2 Macab., 9, 4-10, se narra cómo Antíoco, que repentinamente se siente afligido por un dolor agudo en el abdomen, reconoce su condición maníaca. Paulatinamente, observa como le crecen gusanos en el cuerpo y empieza a caérsele la carne putrefacta, despidiendo la consiguiente fetidez, hasta que, finalmente, muere. El gran rey Nabucodonosor ( Nebuchadnezzar bíblico ), padeció una larga locura de la cual se cura, repentinamente, tras siete años de duros padecimientos ( Dan., 4, 25-34 ).
[21] Marc., 1,21; Luc., 4, 31; 5, 31; 8, 26; Mat., 8, 28.
[22] Mat., 8, 28-34; Marc., 5, 1-13; Luc., 8, 2, 26-33.
[23] Véase sobre esta difundida creencia en todo el medio y próximo oriente, SUSSMAN, M., “Diseases in the Bible and the Talmud”, en BROTHWELL, D. / SANDISON, A.T., Diseases in…Op.cit., pp. 209-221.
[24] Acerca del fenómeno de la profecía y el chamanismo en Grecia es una obra capital la de DODDS, E.R., Los griegos y lo irracional, Madrid, edit. Alianza, , 1986, en concreto, pp. 133-153. Sobre el chamanismo y sus múltiples expresiones en diversas áreas culturales, sigue siendo imprescindible la obra clásica de ELIADE, M., El Chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, México, edit. F.C.E., 1960, en especial, pp. 304-308 para el caso griego.
[25] Una persona con incapacitación mental no era legalmente responsable de sus actos y, además, no podía testificar en un tribunal. Véase al respecto, ROSEN, G., Locura y Sociedad…Op.cit., pp. 37-90.
[26] La persona que se extralimite de lo culturalmente consentido y admitido será un loco. Según el grado de alteración de su conducta y en función de las actitudes de los miembros del grupo social al que pertenece el individuo, en relación a dicha alteración, un hombre puede ser considerado como un enfermo mental. Desde este punto de vista, la demencia depende más de factores sociales que de aquellos físicos o religiosos. En la Grecia de la antigüedad, dos comportamientos específicos se creían característicos del demente: vagar por las calles, cantando, riendo o bailando, y la propensión a la violencia. En este sentido, por ejemplo, Diógenes ( en una anécdota que no parece verosímil ) consideraba loco a Solón por presentarse armado como un hoplita y riendo alegremente ante la asamblea ( Plut. Solón, VIII, 1-2; Polieno, Estratag., I, 20 ). Algunos extraños comportamientos, cono fingir estar loco, eran, del mismo modo, considerados como potenciales perturbaciones: el astrónomo ateniense Metón, quien no se fía de la seguridad prometida en la expedición a Sicilia del 415 a.C., se finge mentalmente insano para evitar el servicio militar ( Elia.,Hist. Var., XIII, 12 ); Odiseo, para no acudir a la guerra de Troya, finge locura arando y sembrando sal ( Hig., Fáb., 98, 101, 102; Ovid. Met., XIII, 192; Apol., Epít., III, 22 y ss.; Ilia., I, 308 y ss. ). En Oriente Próximo, después de que el rey Saúl tratara de matar a David, huye al interior de Judea, y allí, dirigiéndose como protector a Aquis el filisteo, rey de Gat, se finge demente, pues no estaba en absoluto seguro de que le recibirían con amabilidad ( 1 Sam. 21, 13-15 ). El mundo grecorromano definía al demente en base a su orientación respecto del concepto de realidad aceptado, su estilo y coherencia de conducta y las consecuencias de dicha conducta para él y para los que le rodeaban. Puede consultarse al respecto PORTER, R., Historia social de la locura, Madrid, edit. Cátedra, 1989, pp. 35-73 y ss., y Rosen, G., Locura y Sociedad…Op.cit., pp. 93-164.
[27] Isaías, 20, 2-3

Los mitos en las fuentes clásicas chinas

LOS MITOS VIVEN EN LAS FUENTES CLÁSICAS CHINAS

Prof. Julio López Saco
Escuela de Historia, UCV
yogonbus@hotmail.com


Este breve acercamiento comentado a las fuentes chinas llamadas clásicas, tanto de raigambre confuciana como taoísta, es contemplado desde la cercanía que el proyecto de investigación titulado Recopilación, traducción y crítica de fuentes para la investigación en Historia antigua de Asia e Historia medieval, auspiciado por la UCV-CDCH desde mediados del 2006, nos ha ofrecido a lo largo de todo un año. Queremos, en este caso concreto, señalar algunas de las particularidades que las mismas ofrecen en relación a la pervivencia en ellas de esquemas y motivos míticos racionalizados e historizados por el ideal ético-social confuciano. Además también deseamos plantear, de modo conciso, las principales orientaciones que la bibliografía especializada ofrece a la hora de valorar la presencia de contenidos, esquemas y motivos míticos en el seno de la literatura que sirve como fundamento para el acercamiento a la comprensión de la mitología china de la antigüedad.
Confucio, y la escuela de los letrados en general, explicaban lo irracional en términos racionales, ofreciendo así la pauta a seguir por el resto de los autores. Esta actitud del Maestro y de sus seguidores, ha propiciado enormes dificultades en relación a la preservación de los mitos de la China antigua, ya que en los textos clásicos, en que habría sido lógico encontrar fuentes de los mitos, o ya no hay tales mitos, o los hay, pero fuertemente distorsionados. Esta escuela de los letrados operó distorsiones con la intención de lograr dos objetivos, a saber: primero, encontrar una explicación racionalista a la tradición cultural antigua en la que simplemente existían los mitos, exenta, por lo tanto, de los elementos extraordinarios, fabulosos, sobrenaturales y religiosos, y ofrecer a las generaciones futuras los patrones ético-morales y políticos del confucianismo; segundo, utilizar los personajes míticos ya racionalizados como modelos, como autoridades ideales de la Antigüedad que encarnan y ejercen los valores confucianos. Con ambas metas se quería racionalizar primero y emplear lo racionalizado después, para apuntalar, con paradigmas de la idealizada Edad Dorada, el pensamiento que se pretendía inculcar, tanto entre las clases ilustradas que formaban parte de la burocracia imperial, como entre los sectores populares, en los que dicho pensamiento serviría de mecanismo educativo en el seno del estado[1].
En el amplio espectro de las fuentes de la antigüedad china es necesario comenzar por destacar que la denominada literatura clásica confuciana adolece, por consiguiente, de una extensiva racionalización y burocratización que busca, a través de una base ético-moral fundamentada en la piedad filial y el culto a los antepasados, ordenar y, de paso, controlar, la sociedad, jerarquizando las relaciones en el seno familiar y entre los sectores sociales. Sin embargo, en ellas rezuman, de cuando en vez, ciertos apuntes mítico-religiosos acerca de los orígenes y de las hazañas de los héroes de la Edad de Oro. Incluso en el famoso Yijing o Clásico de las Mutaciones, pervive, por debajo de su conocido empleo adivinatorio, la concepción de las leyes universales que rigen el mundo y cómo éstas se trasladan al modo de gobernar o pensar, en una relación macro-microcósmica francamente sugerente. En otras obras, como el Shijing ( Clásico de la Poesía ), escondidas bajo el reflejo de un florido lenguaje poético, se identifican algunos esquemas arcaicos correspondientes a una antigua experiencia mítica.
La literatura taoísta clásica, por su parte, especialmente el Laozi ( Daodejing ) y el Zhuangzi, además del Huainanzi ( Libro del maestro de Huainan ) y el Liezi, Libro del maestro Lie, nos revela el fondo metafísico del dao, como origen de las cosas, y se establecen en ella sugestivas imágenes que vincularían ese ideal de pensamiento con la madre, el niño o una divinidad originaria presumiblemente de origen neolítico. En términos genéricos, las fuentes de pensamiento taoísta no provocaron una ruptura intelectual entre el mito y la reflexión filosófica, entre el saber propiamente mitológico de la antigüedad de los autores taoístas y el pensamiento sistematizado que éstos empleaban. Esta ausencia de ruptura entre ambas esferas de la cultura, la mitológica y la filosófico-racional, que no tienen necesariamente que ser sucesivas sino que pueden ser simultáneas, se anuncia como un proceso de continuidad, como bien ha demostrado Norman Girardot[2] desde hace ya varios años en alguna de sus publicaciones. Frente a la separación entre mito e historia que se observa en las fuentes de tendencia confuciana, en el taoísmo se despliega una continuidad entre el pensamiento cosmogónico-original y la especulación filosófica en lo estructural y en lo simbólico[3]. En el eje de la literatura taoísta y de sus reflexiones sobre dao, como primer principio prístino y generador, pervive una conciencia y unos esquemas mitológicos arcaicos, que son la base estructural y simbólica del pensamiento taoísta.
En otras obras, en general de un fuerte barniz confuciano, como es el caso del Shiji ( Memorias Históricas ), se destaca el papel ordenador de los legisladores arcaicos y el origen mítico, aunque bajo preceptos virtuosos y moralizantes, de sus ejecutores. Sólo en las escasas colecciones más puramente mitográficas ( Shanhai Jing, Clásico de los Montes y los Mares ), obra de significativos referentes vinculados a la geografía mítica y al ideal geometrizante del Cosmos, encontramos vívido el sentido insinuador e intuitivo del pasado, un fundamento de la mentalidad china arcaica.
Desde una perspectiva iconográfica y estética, los repertorios e inventarios de útiles y su lenta descripción, así como su complicado análisis semántico, que parecen reflejar antiguos ideales mítico-religiosos predominantes, complementan, desde una óptica simbólica, muchos de los asuntos que asoman en las fuentes escritas. En este sentido, son de destacada relevancia los bajorrelieves del santuario de Wuliang, en la provincia de Shandong, de época Han[4], y la estela funeraria sobre seda de Mawangdui, en la provincia de Hunan.
Se podrían sintetizar en tres, genéricamente, los argumentos, particularidades y orientaciones que la historiografía acerca de las fuentes arcaicas con contenidos míticos plantea. En primer lugar, la plasmación, en muchas ocasiones fragmentaria, de los principales repertorios míticos, oscurecidos en algunas fuentes bajo un prisma “historiado” y “burocratizado”. Se observa, así, un solapamiento del componente mítico-religioso tradicional por parte de la racionalización confuciana oficial y ortodoxa; en segundo término, la enorme relevancia, sobre otros conceptos imprescindibles, ofrecida, en buena parte de las fuentes y los ensayos especializados, al significado y sentido de dao desde diversas ópticas, quizá motivado a su preeminencia semántica en el seno de la cultura china antigua, opacándose u obviándose algunas de sus pulsiones como realidad espiritual; y en tercer lugar, la tendencia, en ciertos casos, a justificar una unidad, más bien ficticia, de la cultura china antigua, y a destacar el esencialismo de algunos estereotipos o universos religiosos que se perciben, con un análogo nivel semántico, en otras culturas de la antigüedad, como pueden ser Mesopotamia, Egipto, India o Grecia.
La abundante hemerografía que ha tocado, aunque sea de soslayo, estas referencias, retoma estos presupuestos aunque diversifica su temática de tratamiento; desde un ámbito filosófico indaga con preeminencia en el carácter metafísico del dao y en la polaridad fundacional yin-yang, y desde un punto de vista mitológico, refiere la importancia de los ancestros originales, de los héroes-reyes sabios y legisladores, del arquetipo de la Edad de Oro o la geometrización cosmológica del mundo en China: centro, cuadrado, cruz, círculo. Este es el caso, por ejemplo, de T. Changwu, F.B.J. Kuiper, J. Levi, Liu Li, J.S. Major, D.W. Pankenier, N.T. Price, M.Nylan, E.M. Chen[5], entre otros, en diversas revistas especializadas de filosofía e historia chinas, de antropología, arqueología e historia de las religiones. Se trata, en su mayoría, de investigadores preferentemente chinos, ingleses, estadounidenses y franceses.
La bibliografía que alude a repertorios mítico-simbólicos chinos, traduciendo, sólo en ocasiones, su papel simbólico, visible en los referentes culturales arcaicos y en el arte y la cultura material, corresponde, primordialmente, a especialistas norteamericanos, franceses y, lógicamente, chinos; es el caso de S. Allan, A. Birrell, Ch. Binjie, Z. Chantal, O.B. Duane / N. Hutchinson, R. Mathieu, Yuan Ke, S. Nan Zhang[6]. Aquella que refiere algunos de los sustratos y trasfondos del pensamiento chino ( pensamiento correlativo, fundamentalmente, y los ideales cosmológicos arcaicos, denominados Sifang y Wuxing ), esenciales para inferir de ellos un lenguaje mítico y una simbólica espacial particular, ha sido elaborada por sinólogos franceses, españoles y norteamericanos, además de chinos y japoneses: A. Cheng, D. Folch, P. González España, A.C. Graham, M. Granet, J.B. Henderson, M. Kalinowski, Ch. Le Blanc[7]. Las traducciones, estudios críticos y analíticos sobre fuentes taoístas y confucianistas, o revisiones anotadas de estos clásicos, muchos de cuyos ensayos son obras de referencia básicas, son abundantes y de variado rigor. Entre las más notables, en lenguas occidentales, están T. Cleary, C. Elorduy, S. Field, M. Laver, J. Legge, J.S. Major, I. Preciado, I. Robinet, A. Watts, A.-H. Suárez, E. Chavannes y B. Watson[8]. La historiografía referida al empleo político y social de la cosmología, como justificación de poder centralizado o como mecanismo que permite resolver diferencias entre señores feudales, y que aparece, en muchas oportunidades, plasmada en instituciones o en la arquitectura, ha sido casi monopolio de historiadores, filólogos y arqueólogos chinos, ingleses y estadounidenses, como por ejemplo, M. Loewe, J. Ching, K.C. Chang, P. Wheatley, A. Wang[9].
La historiografía más clásica, pero no por ello la más desfasada siempre, particularmente la de grandes sinólogos franceses como M. Granet o H. Maspero, en sus minuciosos y documentados estudios de la religiosidad china antigua, de profunda erudición, pero con algunas orientaciones que, fundamentalmente la arqueología y los estudios lingüísticos, han empezado a desmontar, presenta todavía acercamientos puntuales precisos no superados: el valor emblemático del número en la ideación cosmológica arcaica, o el proceso de impersonalización de los dioses en principios abstractos en el desarrollo histórico de la religión china antigua. Las obras de R. Wilhelm y E.T.C. Werner, referidas a los repertorios legendarios y míticos locales, gozan de cierto predicamento, aunque el aparato crítico interpretativo ha abierto nuevas expectativas gracias al nuevo acercamiento, desde varios ángulos, metodológico, etimológico, estético, simbólico, estructuralista, comparativo, ofrecido por autores como S. Allan, A. Birrell o S. Nan Zhang, que han dejado esos estudios clásicos casi como interesantes recopilaciones para el entretenimiento. Las obras de síntesis del marco filosófico, específicamente aquellas de eruditos como F. Yulan o J.R. Riviere, no han perdido vigencia y mantienen su frescura gracias al rigor crítico de sus fuentes y su profundo conocimiento de esas realidades del pensamiento nativo, si bien no se aplican a barajar las supervivencias de tono mítico o religioso presentes en esquemas abstractos arcaicos. No obstante, algunas sobresalientes excepciones al respecto deben tenerse en cuenta: D.C. Yu, E.M. Chen, E. Berthier[10], que, como efímeros pioneros, comenzaron a fijarse en ciertas sugerencias mítico-simbólicas, como el caos o la diosa madre, insinuadas en clásicos taoístas como el famoso Daodejing. Nuevas, impresionantes y vigorosas investigaciones ( A. Cheng ), han servido para actualizar los conceptos clave del pensamiento chino antiguo bajo nuevas perspectivas metodológicas, fundamentadas en lecturas a partir de nuevas y vigorosas traducciones.
Nos queda, para finalizar, un breve apunte que tiene que ver con la ubicación de estas fuentes chinas de la antigüedad, tanto en revistas periódicas especializadas como en diferentes bibliotecas y sitios en la red. Muchas son, a diferencia de lo que pudiera creerse, relativamente fáciles de encontrar, factor al que hay que añadir que hoy en día contamos ya con abundantes y muy buenas traducciones a idiomas occidentales. Respecto a las publicaciones e identificación de archivos y bibliotecas de consulta de diversos materiales textuales y gráficos debemos destacar, por consiguiente, la presencia de numerosas publicaciones periódicas que abordan, en lenguas occidentales, temáticas vinculadas con la historia y el pensamiento chinos de la antigüedad, como es el caso de de Estudios Orientales y Estudios de Asia y África de el Colegio de México, la Revue de l’Histoire des Religions, de Presses Universitaires de France, Chinese Studies in Philosophy, History of Religions, International Journal for Comparative Historical Studies, International Philosophical Quarterly, L’Homme, Revue francaise d’antrhopologie, la École des Hautes Études en Sciences Sociales y el CNRS francés ( equivalente al CSIC español ), Journal of Chinese Philosophy, Early China, Acta Asiática, Toung Pao, History of Religions ( Universidad de Chicago ), el Journal of the American Oriental Society, de la Universidad de Pennsylvania, Antiquity, Anthropos e International Review of Ethnology and Linguistics. En relación a las bibliotecas, archivos y sitios web, es menester mencionar al CSIC ( Consejo Superior de Investigaciones Científicas ), con la presencia de algunas obras clásicas francesas e inglesas referentes a la historia antigua de China y a la religiosidad arcaica; los E-text archives de la Universidad de Virginia, Internet East Asia History Sourcebook e Internet Sacred Text Archive, que han recopilado algunas fuentes textuales presentándolas, en soporte digital, en su idioma original y, en ocasiones, con traducciones al inglés. Es el caso de la literatura taoísta clásica y confuciana completa, fragmentos del Shiji, Memorias Históricas de Sima Qian, y amplias secciones del Huainanzi; la Biblioteca y repertorios iconográficos del Museo Guimet parisino, Museo Nacional de Arte Oriental, en Roma y British Museum, incluyendo algunas publicaciones propias de elevado interés, en especial, A. Birrell y J. Rawson; la Biblioteca de la Universidad de Taiwán, en la que se encuentran materiales que van desde grandes diccionarios de mitos y leyendas locales ( Yuan Ke ), hasta algunos clásicos, con narraciones de los orígenes y con biografías de los reyes-sabios legendarios, como Sanwu liji ( Recuerdos históricos de las Tres Divinidades Soberanas y los Cinco Dioses ) o Wuyun linian ji ( Una Crónica de los Cinco Ciclos del Tiempo ), entre otros muchos.
Finalmente, también hay que tener muy en cuenta la Biblioteca Daniel Cosío Villegas de El Colegio de México, el Institut des Hautes Études Chinoises de París, el Institute of Chinese Studies, de la Universidad de Heidelberg y el Centre Franco-Chinois d’Etudes Sinologiques, además de la Chinese Academia Journal Publications, de la Universidad de Pittsburg y, fundamentalmente, y por encima de cualquier otra, la Academia Sinica ( en su magnífica versión digital ), denominada ASCC ( Academia Sinica Computer Center ).




Prof. Julio López Saco
Caracas, junio del 2007


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


- GIRARDOT, N. ( 1983 ) Myth and Meaning in Early Taoism: The Theme of Chaos (hun-tun). Berkeley: University of California Press.
- KRAMER, S.N. ( edit. ) ( 1961 ) Mythologies of the Ancient World. Nueva York: Garden City.
- NING, Y / GARCÍA-NOBLEJAS, G. ( 1998 ) Han Fei Zi, El Arte de la Política. Madrid: Tecnos.
- _________________________________,( 2001 ) Libro del maestro Gongsun Long. Madrid: Trotta.

NOTAS

[1] Véase, por ejemplo, Kramer, S.N. ( edit. ), Mythologies of the Ancient World, edic. Garden City, Nueva York, 1961, en concreto, pp. 374-375. No obstante, también obras de otras corrientes de pensamiento, como el taoísmo del Huainanzi, excluyeron y “humanizaron” el material mitológico.
[2] Es el emblemático caso, por ejemplo, de Myth and Meaning in Early Taoism: The Theme of Chaos (hun-tun), University of California Press, Berkeley, 1983, una obra de un calado verdaderamente excepcional.
[3] En el pensamiento taoísta, en concreto en lo que respecta a sus especulaciones sobre dao como primer y prístino principio generador, perviven rasgos míticos arcaicos, mientras que en el confucianismo se abrió una brecha entre lo mitológico y lo histórico. Esto significaría, por lo tanto, que hubo una mayor continuidad simbólica entre los mitos y la filosofía en el pensamiento taoísta. Algunos autores han distinguido tres tendencias en el ámbito del pensamiento chino antiguo: un pensamiento individual o arte de la serenidad, de carácter naturalista y con ribetes místicos, en donde se encuadraría todo aquello que englobamos bajo el término taoísmo, así como el budismo; otro colectivo y social, de orden político, claramente “confucianista” y, finalmente, un pensamiento neutro, original, o arte del equilibrio, que podríamos decir es el sustrato arcaico de los otros dos. Véase al respecto, por ejemplo, los estudios preliminares del prof. Pedro San Ginés al Han Fei Zi, El Arte de la Política ( trad. Yao Ning / G. García-Noblejas ), edit. Tecnos, Madrid, 1998, pp. XVI-XXI, y al Libro del maestro Gongsun Long ( trad. Yao Ning / G. García-Noblejas ), edit. Trotta, Madrid, 2001, en especial, pp. 11-20.
[4] La dinastía Han ( 206 a.C.-220 ), será la época de sistematización académica de las creaciones míticas de períodos anteriores, con la consiguiente alteración o renovación de muchos mitos arcaicos.
[5] Es el caso de libros como, Nylan, M., The Shifting Center: The Original “Great Plan” and Later Readings, Monumenta Serica Monograph Series, n° 24, 1992; Mayor, J.S., Heaven and Earth in Early Han Thought, Chapters Three, Four and Five of the Huainanzi, State Univ. of New York Press, Albany, 1993, y de artículos como Changwu, T., “On the Legends of Yao, Shun, and Yu and the Origins of Chinese Civilization”, Chinese Studies in Philosophy, vol. XIX, nº 3, 1988, pp. 21-68; Chen, E.M., “Tao as the Great Mother and the influence of motherly love in the shaping of Chinese philosophy”, History of Religions, vol 14, n° 1, 1974, pp. 51-64; Kuiper, F.B.J., “Cosmogony and Conception: A Query”, History of Religions, vol. 10, n° 2, 1970, pp. 91-138; Levi, J., “Le mythe de l’age d’or et les théories de l’evolution en Chine ancienne », L’Homme, 1977, XVII, I, pp. 73-103; y Liu Li, “Who were the ancestors ? The origins of Chinese ancestral cult and racial myths”, Antiquity, 73, nº 281, 1999, pp. 602-613.
[6] Nos referimos a excelentes obras, como las que detallamos a continuación: Allan, S., The Shape of the Turtle: Myth, Art and Cosmos in Early China, State University of New York Press, Albany, 1991; Binjie, Ch. / Yongqing, Y., Relatos mitológicos de la Antigua China, edit. Miraguano, Madrid, 1992; Birrell, A., Chinese Mythology. An Introduction, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1993; Chantal, Z., Mythes et croyances du monde chinois primitif, edit. Payot, París, 1989; Duane, O.B., / Hutchinson, N., Chinese myths and legends, edit. Brokchampton Press, Londres, 1999; Mathieu, R., Étude sur la mythologie et l’ethnologie de la Chine ancienne, 2 vols., Collége de France, Institut des Hautes Études Chinoises, París, 1983 ; Nan Zhang, S., Five Heavenly Emperors. Chinese Myths of Creation, Tundra Books, Hong Kong, 2002; y Yuan Ke, Zhongguo shenhua chuanshuo cidian ( Diccionario de mitos y leyendas de China ), Cishu chubanshe, Shanghai, 1985
[7] Estamos hablando, por ejemplo, de ensayos como los siguientes: Cheng, A., Historia del pensamiento chino, edic. Bellaterra, Barcelona, 2002; Folch, D., La construcción de China. El período formativo de la civilización china, edit. Península, Barcelona, 2002; Graham, A.C., Yin-Yang and the nature of Correlative Thinking, the Institute of East Asian Philosophies, Singapur, 1986; Granet, M., El pensamiento chino, edit. UTEHA, México, 1959; Henderson, J.B., The Development and Decline of Chinese Cosmology, Columbia Univ. Press, Nueva York, 1984; Kalinowski, M., Cosmologie et Divination dans la Chine Ancienne: le Compendium des Cinq Agents, École Francaise d’Extréme-Orient, París, 1991 ; y, finalmente, Le Blanc, Ch., Mythe et philosophie l’aube de la Chine impèriales, De Boccard, París, 1992.
[8] En este sentido son relevantes los siguientes trabajos, entre otros muchos: Cleary, T., ( trad. ), Teachings of Lao-tzu: Understanding the Mysteries, Shambhala Publications, Boston, 1991, y del mismo autor, Wen-Tzu. La comprensión de los misterios del Tao, edit. Edaf, Madrid, 2001; Elorduy, C., ( trad. ), Chuang-Tzu, edit. Monte Ávila, Caracas, 1991; Field, S., ( trad. ), Tian Wen. A Chinese Book of Origins, A New Directions Book, Nueva York, 1986; Laver, M., ( edit. / trad. ), I Ching, edit. Akal, Madrid, 1990; Legge, J., Shu King, the Book of Historical Documents, Sacred Books of the East, vol. 3, Londres, 1879; Preciado, I., ( trad. ), Liezi o el libro de la perfecta vacuidad, edit. Kairós, Barcelona, 1989, y del mismo autor, Las enseñanzas de Lao Zi, edit. Kairós, Barcelona, 1998; Robinet, I., Lao Zi y el Tao, edic. J.J. de Olañeta, Barcelona, 1999; Suárez, A.H., ( trad. ), Laozi. Libro del curso y de la virtud, edit. Siruela, Madrid, 1998; Watts, A., El camino del Tao, edit. Kairós, Barcelona, 2000; y Watson, B., ( trad. ), Records of the Grand Historian, Columbia Univ. Press, Nueva York, 1993.
[9] Nos referimos a estudios como los siguientes. Loewe, M., Divination, Mythology and Monarchy in Han China, Cambridge Univ. Press Oriental Publications, Cambridge, 1994; Ching, J. Mysticism and kingship in China: The Heart of Chinese Wisdom, Cambridge Studies in religious traditions, Cambridge, 1997; Chang, K.C., Art, Myth and Ritual. The Path to Political Authority in Ancient China, Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 1983; Wheatley, P., The Pivot of the Four Quarters: A Preliminary Enquiry into the Origins and Character of the Ancient Chinese City, Univ. of Chicago Press, Chicago, 1971; y Wang, A., Cosmology and Political Culture in Early China, Cambridge Univ. Press, Nueva York, 2000.
[10] Es el caso de ensayos como los de Riviere, J.R., El pensamiento filosófico de Asia, edit. Gredos, Madrid, 1960 y Yulan, F., Breve historia de la filosofía china, edit. F.C.E., México, 1987; así como los artículos de Berthier, B., “Le miroir brisé ou le taoïste et son ombre”, L’ Homme, Revue Francaise d’Anthropologie, XIX, 1979, pp. 205-222.; Chen, E.M., “Tao as the Great Mother and the influence of motherly love in the shaping of Chinese philosophy”, History of Religions, vol 14, n° 1, 1974, pp. 51-64.; de la misma autora, “Nothingness and the Mother Principle in Early Chinese Taoism”, International Philosophical Quarterly, vol. IX, n° 3, 1969, pp. 391-405.; y, finalmente, Yu, D.C., “The Mythos of Chaos in Ancient Taoism and Contemporary Chinese Thought”, Journal of Chinese Philosophy, 8, n° 3, 1981, pp. 325-348.

1 de junio de 2007

Una introducción al Rig Veda, las Leyes de Manu y al Budhacarita

FUENTES DE INDIA: RIG VEDA, LEYES DE MANU, BUDHACARITA
El Veda (sabiduría, revelación, aquello que es percibido de forma sobrenatural), es para el hindú, en términos generales, una revelación atemporal, de autoría no humana, eterna, y que porta, en sí, todos los conocimientos. Es la verdad revelada, no nace en un momento concreto de la historia, sino que es obra divina.[1] Para cualquier creyente el Veda es una revelación eterna, pero para los investigadores occidentales, que aplican el rigor filológico e histórico a los textos, es una colección de himnos y oraciones, de tradición oral y secreta, transmitidos por los sabios arios, llamados rishis, y compilados a lo largo de un amplio período temporal, que reflejan e ilustran acontecimientos sociales y religiosos. Únicamente los brahmanes son los guardianes de esta tradición y los capacitados para transmitirla, siendo los responsables de la preservación ritual oral de los textos.
La función principal del Veda es el ritual sacrificatorio, entendido como un culto esotérico y un acto social, que busca favorecer las ambiciones de los socialmente más poderosos, ofreciéndole a la cultura india un doble carácter, teocrático y aristocrático. En la práctica ritual, la comida sacrificial se compartía con los miembros del grupo y con numerosos seres sobrenaturales o devas. A través del sacrificio los dioses pueden ser aplacados, se pueden recibir sus beneficios, en forma de cabezas de ganado o descendencia, o se puede realzar la posición social o la pureza religiosa del que lo efectúa[2]. Las escuelas teológicas o ramas que se especializan en el aprendizaje de ciertos textos del Veda conforman el mecanismo principal para su clasificación, pues un Veda puede tener varias escuelas que se relacionen con él. Estas escuelas aseguran la transmisión precisa de generación en generación gracias a la ayuda de reglas para su recitación, aunque el significado de los textos se fuese perdiendo para los recitadores a medida que la lengua se alejaba de sus orígenes védicos más arcaicos[3]. Los himnos del Veda, aquellos que los sabios escucharon y posteriormente recitaron a sus discípulos, quedaron bajo la custodia de las familias brahmines. Transmitirlos de padres a hijos se convirtió en su tarea y fin, de modo que quedaron directamente vinculados, en el contexto de la sociedad védica, con el lenguaje, la comunicación y el recitado de los himnos, así como con el manejo de fórmulas de culto (mantra).
El Veda incluye cuatro tradiciones: Rig, Yajur, Sama y Atharva que, a su vez, se dividen en varias categorías de texto: Samhita, Brhmana, Aranyaka y Upanisad. El Veda, como sustrato más arcaico de la literatura védica, se refiere a la parte samhita. El Rig Veda es una colección de diez libros (mandala), con 1028 himnos dedicados a varias divinidades, compuestos en sánscrito védico y que pueden datarse hacia el año 1200 a.C. Contiene himnos para lograr el favor divino, y en él el sacrificio, o sus elementos constitutivos, se emplean como divinidades, particularmente en el caso de Agni y Soma[4]. Los himnos, generalmente, por consiguiente, de carácter propiciatorio, fueron compuestos por rishis, hombres inspirados por lo divino, cuyos nombres perviven en la tradición brahmánica, por más que hayan sido figuras semimíticas, como Kanva o Pippalada. Se compusieron oralmente y fueron transmitidos de padres a hijos en el seno de familias brahmánicas especializadas. Pero hubo un momento en que la tradición dejó de ser productiva y dejaron de componerse nuevos poemas, estableciéndose, paulatinamente, un canon fijo de himnos, aunque ligeramente variable según las escuelas surgidas de aquella tradición familiar. En el Rig Veda encontramos verificada la homología cósmica, fundamento de la religión india, que implica la vinculación entre el cuerpo, el Universo y el sacrificio, manifestado en la idea del hombre cosmológico de cuyas partes constitutivas se forma el Universo y que explica el surgimiento de la sociedad y de las diferencias sociales: Purusa Sukta. El Rig Veda es el texto más antiguo de los cuatro mencionados y el más relevante, sin duda, para comprender la sociedad y las creencias de los primeros indoarios. En los últimos mandalas los dioses, presentes en el texto como potencias exteriores a los que es oportuno propiciar, como Indra o Surya, o como formas imprecisas, caso de Prajapati o señor de la creación, y Visvakarman o creador de todo lo que existe, comienzan a esfumarse ante la importancia del sacrificio, que empieza y acaba en sí mismo, observándose una incipiente tendencia hacia el monoteísmo que luego protagonizará Brahma. En definitiva, el Rig Veda presenta, fundamentalmente, una religión politeísta de grandes dioses, más o menos personalizados y antropomorfizados, yuxtaponiendo concepciones mágicas y supersticiones a un comienzo de especulación filosófica un tanto sutil.
Según los Dharma Sutras existen tres fuentes del dharma[5]: la revelación es decir, el Veda, la tradición (smrti), y las costumbres o buenas costumbres, de los virtuosos o instruidos en el Veda. La Manu Smrti o Manava Dharma Sastra (Leyes de Manu), agrega a estas tres “aquello que complace a uno mismo”, interpretable como conciencia. Los Dharma Sastras[6] constituyen un grupo de textos algo tardíos, aunque contienen material bastante anterior, que desarrollan en detalle los temas de la literatura sutra. Al lado de otras obras de autoría humana, como la épica o itihasa y las tradiciones narrativas literarias o purana[7], los Dharma Sastras pertenecen a la smrti. En verso, y de carácter explicativo, contienen material jurídico, en especial en referencia al papel del rey. Ofrecen indicaciones para el cabeza de familia de casta alta en relación a los deberes que debe realizar, lo que se espera de él, lo que está prohibido, y cómo las reglas se relacionan con un sentido cósmico mucho más amplio que el derecho o el deber ético-moral.
Las reglas del dharma en estos tratados se fusionan con la jurisprudencia, motivo que los convierte en textos esenciales para la legislación hindú, incluso durante el período de colonización y administración inglesa del subcontinente. La Manu Smrti o Manava Dharma Sastra, más conocido como Leyes de Manu[8], fue compuesto entre los siglos III y II a.C. y contiene una doctrina del dharma en tanto que ley universal, que todo lo abarca, si bien se expone de modo flexible y adaptable a diferentes circunstancias y situaciones. Esta obra, así como otras contentivas de materias jurídicas, se utilizaban, especialmente, en las asambleas de brahmanes para ayudar en la toma de decisiones jurídicas. Se empleó como asesoramiento en la solución de problemas y asuntos legales ambiguos, reflejando, de paso, la ideología dominante de los brahmanes y su visión del orden social, en el que mantenían una posición privilegiada como baluartes principales del ritual y de la pureza moral, y como únicos ostentandores de las tradiciones sacras.
Con la separación de la comunidad budista, las nuevas interpretaciones de la doctrina original crearon otros desarrollos de gran amplitud, en particular, el Gran Vehículo o Mahayana, mientras los seguidores y adeptos más apegados a la literalidad continuaron vinculados a la rigidez de los comienzos. Con los novedosos florecimientos intelectuales, el budismo se flexibiliza y se hace menos ambicioso y exclusivista, porque tanto monjes como legos aspirarán principalmente a un mejor renacimiento que a Nirvana, dando lugar a la aparición del Buda venidero, Maitreya y facilitando el camino al hacerlo menos largo y difícil para todo fiel o creyente que deseara seguir el sendero de la Budeidad. Este es el inicio del nuevo budismo mahayánico, su forma moderna, completada con aportaciones del brahmanismo hinduista ortodoxo y del zoroastrismo iranio. Para llegar a todos, monjes o laicos, sufre una suerte de democratización convirtiéndose en una religión esencialmente más amplia. Buda adquiere tintes divinos y su adoración se concreta al comenzar a representársele antropomórficamente en medios pictóricos y escultóricos. A través de los tres cuerpos del Buda, trikaya, se convierte en una especie de Dios eterno y multiforme, y provoca el desarrollo de una devoción hacia un conjunto de seres sobrenaturales que vienen a representar aspectos benévolos del Buda primigenio. Su enseñanza se vuelve secundaria frente a las nuevas especulaciones metafísicas; se hace menos dogmática y más mundana para acercarse al hombre medio. Aparece una literatura popular para educar a los fieles, referente a las historias de las vidas anteriores del Sakyamuni, los Jatakas y los Avadanas, y las preocupaciones morales se generalizan, en especial, en lo tocante a la ley del karma. Se transforma la noción de santidad: ya no es suficiente la liberación personal, sino que debe contemplarse una salvación universal. En consecuencia, se rechaza, como profundamente egoísta, el Nirvana personalizado del arhat y se introduce un amplio desarrollo de la noción del bodhisattva, liberador universal que, altruísticamente, ayuda a los demás a seguir el camino de la Iluminación, ya que cada hombre es un futuro Buda.
El desarrollo Mahayana se presenta como una especie de reforma religiosa que aspira a hacer declinar el faccionismo en el budismo y a vitalizar la fe. Con una preeminencia filosófica y mística, devocional, compasiva, soteriológica y teológica, genera un sistema cultual que provoca que la doctrina salte los márgenes del monasticismo y abrace ámbitos mundanos considerados seculares. Desde un fondo psicológico primitivo, esta corriente establece una religión más flexible, al igual que hizo el hinduismo desde el idealismo upanishádico. Por todo esto, un más especulativo e interpretativo Mahayana, se oficializa como un credo que debe ser predicado y difundido a todos los miembros de la sociedad, miserables o ricos, y no como una doctrina reservada a priorizar las prácticas religiosas que aseguren sólo la salvación de los clérigos. El Gran Vehículo focaliza más sus inquietudes en los creyentes laicos y enriquece, con sus interpretaciones y modificaciones, la doctrina, confiriéndole un aspecto filosófico esencial. Esta nueva vertiente del budismo se arraiga en la idea del conocimiento oculto, en la predicación original del Buda, que se veló en un principio, hasta que pudiese ser entendida y asimilada por sus seguidores. Desde esta óptica, se subraya ese concepto de shunyata o insustancialidad mundana, según la cual la verdad suprema, percibible de modo intuitivo, es la principal frente a la aparente que todos creemos poseer. Según estos parámetros, Mahayana auspicia un carácter eminentemente trascendental de sus personajes, tanto budas como bodhisattvas, creando un panteón a partir de los budas de meditación dhyanibudas, que tienen, como ya sugerimos, reflejos espirituales y terrestres.
Con los nuevos desarrollos, las escrituras y textos son tratados de forma más libre y creadora, desechándose la interpretación excesivamente literal hinayánica, muy formalista. Se intenta superar la necesidad de compilar comentarios y trabajos exegéticos, estableciéndose un enfoque multidimensional para retornar al espíritu original del budismo. En este sentido, Mahayana aparece como una reforma purista que valora práctica y fe por encima de la rigidez teórica Hinayana, aún a sabiendas del riesgo que suponía que la libertad de sus desarrollos filosóficos pudiesen alejarse un tanto de la letra del canon o pareciesen desviarse por derroteros tendentes a divagaciones muy alejadas de las enseñanzas primordiales. Estamos, de este modo, ante una nueva definición del carácter búdico: el budismo no es una epistemología, una ilustración académica rígida o una simple especulación teórica, sino un modo de vida y un camino de salvación que debe ser cómodo y accesible para todos en cualquier parte[9]. El lenguaje empleado será, de esta manera, más cotidiano y asequible, al menos en obras y composiciones como los ya mencionados Jataka y los Avadana, leyendas de discípulos del Buda o de creyentes muy piadosos.
El criterio de “compatibilidad” con gustos y temperamentos particulares de cada región, que subyace en esta cotidianidad búdica, es esencial para comprender el éxito de la fe en territorios y culturas tan propias y poderosas como la china. El Mahayana rejuvenece el budismo, le confiere mayor complejidad y le ofrece nuevos bríos a través de la actuación y compromiso de religiosos y laicos; los primeros para ordenar y transmitir con gran rigor las doctrinas religioso-filosóficas, y los segundos, para propagarlas entre las diferentes sociedades, en especial en manos de ricos mercaderes.
También la vertiente del Gran Vehículo supera las limitaciones hinayánicas prodigando una fuerte tendencia monista y totalista, con la que completa la no-dualidad: existen dos verdades, una Absoluta y otra relativa y convencional, y los fenómenos son irreales pero poseen una significación. De este modo, se obtiene una fórmula casi impensable: Nirvana se identifica con Samsara. En el reino de la Verdad Absoluta, paramartha, el dharmakaya es vacío, pero en el de la verdad relativa o samvritti, el Absoluto se manifiesta a todos a través del nombre y la forma.
La metafísica especulativa Mahayana se probó como un medio de proselitismo apostólico eficaz que ganó numerosos adeptos en su peregrinar por las tierras del Lejano Oriente. Los pensadores budistas chinos prefirieron seguir las enseñanzas mahayánicas relativas al Tathagatagarbha por considerarlas como más comprensivas y por emplear un lenguaje afirmativo de mayor utilidad espiritual, aunque siempre tuvieron presente la idea de vacuidad como ausencia del propio ser, como el no-surgimiento[10]. El Vacío, como una forma de manifestar la actualidad de la Talidad, no se concebía como algo ontológico; no se contemplaba ni como un nombre de una entidad metafísica, ni como la designación de la nada, sino con la función de un principio regulador.
A través del bodhisattva, que únicamente era considerado una encarnación previa del Buda en la corriente budista primitiva, se entiende que todos los hombres tienen derecho a la salvación que conduce a la Iluminación, superando así el limitado e individualista papel del arhat. Sabiduría y compasión deben ser iguales y equiparables. El boddhisattva encarnará, de este modo, la complementariedad entre ambas, lo ilimitado. Por intermediación del Mahayana la palabra del Buda llega a todos, porque estamos sujetos a sufrimiento, pero la forma de hacerlo ahora es a través de la fe, Bhakti, y no tanto por medio de la sabiduría, que en Hinayana sólo practicaban los monjes. Esta última supondría el camino difícil a la Iluminación, y la fe el fácil. Al cambio dogmático que supone pasar de una escasez de Budas en el budismo primitivo a considerar a todas las personas potencialmente Budas, se suma esta modificación moral: el bodhisattva no trabaja para sí sino por todos, en base al amor, la compasión y el conocimiento del vacío de lo manifestado, que lleva al entendimiento verdadero del yo. El camino a la salvación será el de los paraísos, la Tierra Pura, y los bodhisattvas acabarán siendo el centro del culto, sobre todo en las regiones que conquista la nueva fe, como China, donde el paraíso occidental de Amitabha y Avalokitesvara (Guanyin), será muy popular. Estos seres salvadores se convertirán, así, en objetos de devoción y de representaciones artísticas, contribuyendo al afán misionero budista. La devoción popular está con ellos porque se perciben más próximos, más íntimos, en tanto que los Budas se entienden inaccesibles, en un proceso semejante al ritual ceremonial cristiano donde la devoción de los santos es mucho más popular y cercana al común de la gente.
El desarrollo literario del Mahayana[11], en sánscrito, se conservó en el Loto de la Buena Ley y en la Exposición de Vimalakirti, ambos enmarcados en el Prajnaparamita, cuya doctrina es la base de una de sus principales escuelas, Madhyamika, fundada por Nagarjuna a mediados del siglo II, y que considera que el vacío Shunyata, de los fenómenos representa el Absoluto, Nirvana. La vacuidad gu, no es la nada. Su carácter de vacío se debe a la negación de todo aquello que lo describiría, diferenciándose de la nada, base del nihilismo, en que la vacuidad trasciende el ser y el no ser, es una potencialidad infinita de donde todo puede surgir. Los antecedentes de esta especulación se encuentran en la Cadena Causal de los Doce Eslabones o Miembros, según la cual, ninguna cosa, ser o acontecimiento, está en el mundo por separado, sino que se relaciona con otros seres u objetos por una cadena de causalidad. La otra gran escuela, creada por Asanga y Vasubandhu, Yogacara, cuyo precursor se encuentra en la fraternidad abhisa mayalankara, se inspiraba en sutras tardíos, de los siglos III y IV, refiriéndose al sendero meditativo del bodhisattva. Estuvo influenciada por la filosofía Samkhya-yoga, salvación por medio de la meditación introspectiva. Los fenómenos son creación de la mente humana y por eso se requiere la concentración de la meditación para que la mente abandone los fenómenos sensoriales, aunque existe una conciencia universal almacenada que explica las experiencias compartidas, Alaya Vijnana. El mundo objetivo es sustancia mental, una ilusión que proviene de la ignorancia y que se proyecta en el mundo de los fenómenos. El Absoluto nirvánico será el pensamiento liberado de los objetos, sólo conciencia. El Absoluto que propone esta escuela, Tathata, semejanza, es análogo al vacío de Madhyamika. Los miembros de ambas corrientes buscan, siguiendo siempre la esencia budista, trascender los apegos que provocan los fenómenos, que son el fundamento del sufrimiento humano, los madhyamikas al considerarlos vacíos y los yogacaras al entenderlos como construcciones mentales. Persiguen el mismo fin pero explicando el medio de hacerlo de diferente modo.
El triunfo definitivo de los conceptos del Mahayana no es un proceso azaroso o de evolución doctrinaria únicamente. Las demandas laicas que criticaban el exclusivismo de los monjes y que consideraban al arhat monacal un aristócrata espiritual que buscaba la salvación sólo para él, incitan la necesidad de un budismo menos dogmático y estricto, en el que la preocupación espiritual de salvación fuese para todos. Se da el paso de un budismo elitesco a otro más popular, de uno místicamente rígido a otro más flexible. La nueva fe sale así del reducto de los monasterios y empieza a tener aspiraciones expansivas. No obstante, la separación entre ambas vías de práctica búdica fue, en el fondo, más nominal que efectiva. Muchos monjes estudiaban ambas y las dos se experimentaban en los mismos monasterios, e incluso, se llegaron a considerar sucesivas[12]: Hinayana se refería a un nivel más bajo de motivación y práctica espiritual, donde seguir la enseñanza del Buda era suficiente camino moral, y Mahayana representaba el nivel superior, conformado por una mayor especulación y por la búsqueda de un conocimiento integral, de la sabiduría del Buda. En este sentido, se entendía que la enseñanza sufría un proceso de evolución y sofisticación progresivos hacia su consolidación como doctrina madura y consolidada. En esencia, la perfección budista surge en su extinción y se manifiesta donde se vuelve indiscernible por completo.
El texto mahayánico denominado Budhacarita (en devanagari, अश्वघोष), Vida de Buda o Discursos poéticos sobre las Acciones del Buda, es una biografía poética de corte, en sánscrito, del Buda Sakyamuni, colmada de patetismo y de fe religiosa. Se caracteriza por la delicadeza expresiva y por la presencia de un estilo mesuradamente ornamentado. Comienza en su nacimiento y finaliza con su nirvana. Sólo sobrevive la mitad del trabajo original en sánscrito es decir, catorce de veintiocho cantos, aunque hay traducciones completas en tibetano y chino. Su autor, Asvaghosa[13] fue un contemporáneo del rey kushan Kaniska I. Como filósofo y poeta es considerado el más relevante en India antes de Kalidasa. Es el verdadero progenitor del drama sánscrito y el que popularizó el estilo poético kavya[14]. Nacido en una familia brahmán, comenzó siendo un oponente al budismo, hasta que un debate con un erudito budista le hizo cambiar de opinión.
Una de las mejores, y más actuales, traducciones comentadas del texto Budhacarita, además de la presentada aquí, es la de Johnston, E.H., titulada Asvaghosa's Buddhacarita or Acts of the Buda, (Munshiram Manoharlal Publishers Pvt. Ltd, N. Delhi, 1995), que presenta la particularidad que edita el texto sánscrito original.


Prof. Julio López Saco
Mayo del 2007

BIBLIOGRAFÍA REFERENCIAL


-DONIGER, W., The Laws of Manu, edit. Penguin Books, Harmondsworth, 1991
-FLOOD, G., El Hinduismo, edit. Cambridge University Press, Madrid, 1998
-GELDNER, K.F., Der Rigveda: Aus dem Sanskrit ins Deutsche übersetzt und mit einem laufenden Comentar verseben, 3 vols., Harvard University Press, Cambridge, 1951
-GIMELLO, R.M., “Apophatic and kataphatic discourse in Mahayana: A Chinese view”, Philosophy East and West, vol. 26, nº 2, 1976, pp. 117-135
-HARVEY, P., El Budismo, Cambridge University Press, Cambridge, 1998
-IKEDA, D., Budismo, el primer milenio, Emecé editores, Buenos Aires, 1983
-JOHNSTON, E.H., Asvaghosa's Buddhacarita or Acts of the Buda, Munshiram Manoharlal Publishers Pvt. Ltd, N. Delhi, 1995
-KNOTT, K., Introducción al Hinduismo, Acento edit., Madrid, 1999
-LINGAT, R., The Classical Law of India, University of California Press, Berkeley, 1973.
-MAILLARD, C., La sabiduría como estética. China: confucianismo, taoísmo y budismo, ed. Akal, Madrid, 2000
-MÜLLER, M. / OLDEMBERG, H., Vedic Hymns, 2 vols., MLBD, Nueva Delhi, 1973
-O’FLAHERTY, W.D., The Rig Veda, Penguin Books, Harmondsworth, 1981
-PERCHERON, M., Le Bouddha et le bouddhisme, éditions du Seuil, París, 1964
-TOLA, F., “Filosofía de la India I: Vedismo, brahmanismo, hinduismo”, en CRUZ HERNÁNDEZ, M. (edit.), Filosofías no occidentales, edit. Trotta-CSIC, Madrid, 1999, pp. 97-136
-VILLAR, F., Himnos Védicos, edit. Nacional, Madrid, 1975
NOTAS

[1] Los Vedas y las Upanisads constituyen la tradición shruti de la literatura védica. El término, traducible como revelación, hace referencia a la manifestación de lo divino en el mundo, en concreto, las verdades reveladas a los sabios o rishis en épocas arcaicas y recogidas en forma escrita. La otra categoría de escritura sagrada se denomina smriti (lo recordado o transmitido), a la que pertenecen los poemas épicos, los Puranas y los sutras.
[2] El sacrifico (homa, yajna), no está vinculado, únicamente, a la inmolación de animales, sino que incluye cualquier ofrenda al fuego sagrado, generalmente, leche, mantequilla clarificada, cereales y algunos animales domésticos, como cabras, caballos y ovejas. El fuego, es, por consiguiente, el eje del ritual védico, pues es, además de sustancia, elemento, deva, lo que supone la existencia de un vínculo transformador entre los reinos humano y divino.
[3] Sobre el sistema llamado de doble verificación, aprender los textos como recitación continua y como recitación de palabras sin reglas de combinación eufónica, lo cual ha permitido la transmisión de los textos védicos con mínimos cambios de contenido, puede verse, Flood, G., El Hinduismo, Cambridge University Press, Madrid, 1998, p. 54 y ss.
[4] Existen algunas traducciones del Rig Veda en lenguas occidentales. En alemán, es destacable la de Geldner, K.F., Der Rigveda: Aus dem Sanskrit ins Deutsche übersetzt und mit einem laufenden Comentar verseben, 3 vols., Harvard Oriental Series, 33 a 35, Harvard University Press, Cambridge, 1951; en inglés, debemos reseñar las de Müller, M. / Oldemberg, H., Vedic Hymns, 2 vols., SBE, 32, 46, MLBD, Delhi, 1973, y la parcial de O’Flaherty, W.D., The Rig Veda, Penguin Books, Harmondsworth, 1981. En español existe una selección antológica traducida por parte de F. Villar (Himnos Védicos, edit. Nacional, Madrid, 1975).
[5] Dharma es una ideología que todo lo abarca y que incluye el comportamiento, tanto ritual como moral. Su inobservancia conlleva fatales consecuencias sociales y personales. Es el orden ritual del sacrificio védico, referido a la realización de los ritos solemnes o srauta, consustanciales a la vida de todo brahmán, de los rituales domésticos y cotidianos y de las obligaciones de cada familia y del grupo social.
[6] Sastra significa regla, precepto o norma. Es un vocablo genérico aplicable a todos los textos sánscritos no religiosos que traten del conocimiento y de la ley. En el ámbito estético son relevantes los Vastu-sastras y los Silpasastras, este último un manual figurativo en cuyo estudio se forman los pintores y escultores con la idea de lograr captar la esencia de todo, lo divino y lo trascendental.
[7] Los Purana son verdaderos manuales de mitología, especialmente hinduista, escritos en los primeros siglos de nuestra era.
[8] Existen varias traducciones de las Leyes de Manu. Una de las mejores, y más recientes, es la de Doniger, W., The Laws of Manu, Penguin Books, Harmondsworth, 1991. Un trabajo también útil, con comentarios y un buen aparato crítico, es el de Lingat, R., The Classical Law of India, University of California Press, Berkeley, 1973.
[9] Véase Ikeda, D., Budismo, el primer milenio, Emecé editores, Buenos Aires, 1983, p. 112 y ss., y Percheron, M., Le Bouddha et le bouddhisme, éditions du Seuil, París, 1964, p. 125 especialmente.
[10] Cf. Gimello, R.M., “Apophatic and kataphatic discourse in Mahayana: A Chinese view”, Philosophy East and West, vol. 26, nº 2, 1976, pp. 117-135, específicamente, p. 119.
[11] En China, se resumió el Mahayana en el texto Dacheng Qixinlun, “El Tratado sobre el Despertar de la Fe en el Mahayana”, traducido en el siglo VI. El potencial búdico que todos llevamos dentro, que no implica un yo permanente, debe cultivarse para su florecimiento, propósito que hará la escuela Chan especialmente, y el verdadero Nirvana no es la extinción de impurezas sino la obligación de no crearlas para evitar el sufrimiento. Nirvana pre-existe, y para alcanzarlo deben limpiarse las manchas. La mentalidad china tenía dificultad para aceptar la idea de que el mundo aparente es irreal, como expresa Yogacara, por eso la esencia budista que inflama el gran país oriental se refiere más a la metafísica del Mahayana y a la escuela Madhyamika. Véase al respecto Maillard, C., La sabiduría como estética. China: confucianismo, taoísmo y budismo, ed. Akal, Madrid, 2000, pp. 52-53.
[12] Véase al respecto, Harvey, P., El Budismo, Cambridge University Press, Cambridge, 1998, p.121.
[13] Las fechas de su nacimiento y muerte no están muy claras. Probablemente, nació hacia el año 80 en la región de Ayodhya (Saketa, Uttar Pradesh), y murió en Peshawar, Pakistán actual, hacia el año 150.
[14] Estilo literario empleado en la épica que incluye elaborados poemas cargados de figuras literarias como las metáforas, los símiles y las hipérboles. A través de un cuidadoso empleo del lenguaje se intenta ostentar erudición. Asvaghosa también escribió el Saundaranandakavya, un poema kavya sobre la conversión de Nanda, el medio hermano del Buda.