6 de diciembre de 2010

El pensar hindú: la idea de karma

Karma designa, originalmente, la interrelación de todas las cosas de este mundo. Con ello se implica que nada está aislado, y toda acción, nunca oculta o secreta, repercute hasta los extremos del Universo. Esto significa que en todas partes existe una red de relaciones entre las acciones y las reacciones que le son propias. En tal sentido, nunca podríamos relacionar el karma (o karman) con el Absoluto (aunque es inagotable, y por eso el tiempo se piensa cíclicamente), sino con el símbolo de lo que no lo es. Es, de hecho, el factor o el aspecto, sea real o no, que diferencia la existencia terrenal de aquella del Ser Absoluto. La ley karmática gobierna, en consecuencia, el mundo contingente, el Universo creado, la existencia provisional, efímera, impermanente, la realidad temporal. Tiene que ver, entonces, con samsara, esto es, el mundo, kala, el tiempo, y dukha o sufrimiento, así como con el peregrinar humano hacia su propia realización. Simboliza todo aquello que es relativo, mundano, temporal y provisional, siendo entendido como una suerte de conocimiento del funcionamiento del Universo. Karma no nos dice cómo son las cosas, sino cómo funcionan, cómo actúan, se comportan y reaccionan, cómo se producen las interacciones pragmáticas. La ley kármica focaliza su atención no sobre lo que los seres han hecho, sino sobre qué es lo que les ha sucedido a ellos al hacerlo. Karma es el reino de la causalidad cósmica, y representa la relación recíproca de causa y efecto entre todos los seres y sus mutuas repercusiones. Según la visión kármica de la realidad, el ser humano no puede ser considerado un individuo singular, pues nada de él puede aislarse o separarse. Todos los elementos que conforman al hombre están constitutivamente ligados a otros, dependiendo de tales vínculos; así, los elementos físicos, la mente, el cuerpo, la voluntad y la realidad psíquica de la consciencia del yo configuran un haz de relaciones.
La denominada ley del karman insiste en que todo lo que un ser humano es, energías, pensamiento, méritos y vicios, así como todos sus elementos corpóreos, no se pierde nunca, sino que entra en la red cósmica de la causalidad y la solidaridad. Únicamente el ego psicológico, ilusión carente de consistencia, es una etiqueta práctica, una cosa mortal, que desaparece para siempre cuando una persona fallece. Por tanto, todo transmigra excepto el individuo.
Prof. Dr. Julio López Saco
6 de diciembre del 2010