14 de abril de 2016

La astrología en el ámbito grecorromano



Imágenes: arriba, Atlas Farnesio sosteniendo la bóveda celeste con las constelaciones. Copia romana del siglo II, hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles; abajo, calendario romano en mármol del siglo I. Los días tienen forma de planetas y los meses de zodíaco.

Los caldeos creyeron que los astros intervenían no solamente en el crecimiento de las plantas o en el tiempo atmosférico, sino también en los asuntos de los seres humanos. En tal sentido, los diversos fenómenos celestiales se podían leer como indicios del éxito o fracaso de las acciones que se emprendiesen. Los pronósticos y predicciones se hacían observando e interpretando los eclipses lunares y la evolución de los planetas. En términos generales, las consideraciones de los sacerdotes afectaban a la realeza.
La astrología, como forma de adivinación, surge en el mundo helénico en el siglo III a.e.c. por influencia mesopotámica[1]. La tradición griega adoptó esta costumbre (katholikón prognostikón). El propio Ptolomeo, sin ir más lejos, explicará de qué modo ciertas influencias corresponden a determinados lugares o regiones según el cuadrante celeste que las rija. En las predicciones eran clave los planetas, las posiciones relativas que tuviesen entre sí y en relación a la Luna, el Sol y las constelaciones zodiacales. En el ámbito griego, a diferencia del babilonio, sin embargo, las predicciones no se reservaban únicamente a los gobernantes, sino que podían hacerse para personas corrientes.
A mediados del siglo II, en consecuencia, el pronóstico a través de la astronomía era clasificado como una ciencia en Alejandría, centro neurálgico de la investigación, y en Roma, el foco del poder político-económico de esa época[2]. Esa ciencia aglutinaba tanto la predicción de los movimientos de los astros como los cambios en el ambiente en que tales astros se encuentran (lo que corresponde a la astrología).
La concepción griega del Universo consistía en la presencia de varias esferas, la más externa de las cuales era la de las estrellas fijas, que giraban en torno a una tierra céntrica e inmóvil. Las estrellas mantenían su posición entre sí, de manera que las constelaciones no cambiaban de forma, pero los planetas sí se desplazaban. A ambos lados de la elíptica se configuraba un espacio de doce grados, el zodíaco, en donde se encontraban los doce signos, cada uno de los cuales corresponde a una constelación[3]. Este era el lugar en donde los planetas se desplazaban. El zodíaco era concebido como una respuesta al movimiento solar a lo largo de un año. El movimiento de la esfera celeste alrededor de la Tierra creaba una órbita que también estaba dividida en doce sectores, los llamados templos o casas (cada una comprendiendo dos horas). Esta era la órbita que posibilitaba el cálculo del horóscopo[4].
Desde la perspectiva griega tanto la Tierra como los seres humanos, reciben la influencia activa de los astros, bien sea de las luminarias (Sol y Luna), los planetas (Júpiter, Marte, Saturno, Mercurio y Venus), o bien sean los signos zodiacales. La acción era proporcional al poder de cada uno, que procedía de su naturaleza astral. La influencia se ejercía a través de efluvios. Los planetas, con sus peculiares rasgos de personalidad, carácter y temperamento, sentían antipatías o simpatías mutuas. Dependiendo de su posición en el zodíaco se encontraban en sus propias casas o en terreno enemigo, hecho que reforzaba o debilitaba, respectivamente, los efectos, benéficos y perturbadores, y su poder, según el caso. Las influencias astrales se hacían significativas en determinados momentos, sobre todo en el instante del nacimiento o cuando se proyectaba comenzar alguna empresa.
Los horóscopos de mayor antigüedad fueron escritos sobre papiro. Suelen recoger la enumeración de la posición de los astros en el instante en que se procedió a la consulta o el momento del nacimiento de la persona que desea conocer las influencias astrales. No es habitual que los horóscopos de la antigüedad contengan predicciones (en realidad fundamentalmente consejos), porque sin ellas se limitaba mucho la probabilidad de equivocaciones[5]. Horóscopos reconocidos fueron los de Vecio Valente, quien escribió en Alejandría durante el siglo II. Tienen la peculiaridad de que se refieren a personas que padecieron graves enfermedades, ya fallecidas o seres humanos que murieron de una forma violenta.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Abril, 2016



[1] Beroso, desde la corte seleúcida, y Manetón en Alejandría, propician el conocimiento de las tradiciones astrológicas provenientes de Oriente.
[2] Caldeos era la denominación griega para los astrólogos, en tanto que matemáticos era el término usado por Roma para referirse a ellos.
[3] Fue Hiparco de Nicea, en el siglo II a.e.c. quien graduó la elíptica desde los cero hasta los trescientos sesenta grados. Cada treinta grados de la elíptica corresponden a un siglo zodiacal.
[4] Horoscopus o ascendens es el signo que en el horizonte aparece cuando se produce el nacimiento de una persona. Una vez conocido el horóscopo se tiene en cuenta el círculo de las doce casas, que presiden diferentes ámbitos de la actividad y vida humanas.
[5] No obstante, el recurso adivinatorio de la astrología estaba tan enraizado en la antigüedad que ni el mismo cristianismo logró derrotarlo y erradicarlo. Al considerarlo como obra del diablo en realidad se admitía, de modo tácito, su eficacia.