8 de octubre de 2010

Orígenes arqueológicos y antropológicos de Roma

Los vestigios más arcaicos de Roma, desde el punto de vista arqueológico, se datan en la décima centuria a.n.e., aunque es en el siglo VIII a.n.e. cuando empiezan a ser corroborados rangos sociales diferentes en las tumbas del Foro. Los fundadores de la ciudad habrían sido un grupo indoeuropeo denominado latino-falisco, cuya ubicación, inicialmente, fue en el sur del río Tíber. Estos pobladores originarios crearon la Liga Latina, cuyo foco político era Alba Longa (tradicionalmente fundada por Ascanio-Iulo, el hijo del príncipe troyano Eneas), conformada por Lavinium (fundada por Eneas en honor de su esposa Lavinia; esto es, la Ardea de los rútulos), Túsculo, Roma y la propia Alba Longa. El reflejo de los más antiguos pobladores originarios de la ciudad quedó plasmado en las tribus primigenias, Luceres, Tities y Ramnes, cada una dividida en diez curias, con diversos linajes y familias. Los primeros son los habitantes originarios de las famosas siete colinas romanas, descendientes directos de los latino-faliscos; los segundos, son los sabinos (indoeuropeos osco-umbros), que alcanzan la ciudad a mediados del siglo VIII a.n.e., estableciéndose en el Quirinal; en tanto que los Ramnes, vinculables con Rómulo (hermano de Remo e hijo de Rhea Silvia, cuya ascendencia se remonta en la leyenda fundacional al propio Ascanio[1]), son etruscos, instalados hacia la misma época que los sabinos. A través de la leyenda que relata el origen de Roma sabemos que el enlace con la figura de Eneas, que sale de una Troya derrotada, alude a probables contactos micénicos con la península itálica, en tanto que la presencia de antropónimos y topónimos con el radical –la señalan la relación con la región lacial. Los reyes primigenios de Alba Longa y la figura de Iulo (origen de la familia Julia), remarcan la necesidad prestigiosa de establecer ancestros por parte de los más egregios linajes romanos.

[1] La leyenda fundacional de Roma la podemos seguir en Virgilio, Tito Livio, Cicerón y Varrón.
Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, 8 de octubre del 2010