26 de septiembre de 2011

Historia de los etruscos II: el período orientalizante y las ciudades

En los inicios del siglo VIII a.n.E. se constata el nacimiento de una aristocracia y una fractura de la homogeneidad social, quizá fruto de una concentración de excedentes de producción agrícola en unas pocas manos y de una plausible privatización de la tierra. Es probable también que algunas actividades domésticas pasaran a manos de especialistas, sobre todo la cerámica. Comienza a darse, así mismo, la presencia de objetos orientalizantes, lo que anuncia la explosión de la llamada cultura orientalizante hacia fines del mencionado siglo VIII.Desde fines de esta centuria hasta el VI a.n.E. se desarrolla el Período Orientalizante, llamado así por la acumulación de productores extranjeros procedentes de Egipto, Asiria, Fenicia, de la cuenca del Egeo (Corinto, Ática), así como de la Europa continental. Las aristocracias dirigentes serán las destinatarias de estos productos, principalmente materiales preciosos, en particular de bronce y ámbar. Además de los productos, las aristocracias adaptan elementos ideológicos, como el banquete o sympósion (una institución de la aristocracia griega que permite su distinción de otros estratos sociales), o como la escritura y las técnicas del cultivo del olivo, monopolizado por este sector. Esta clase noble protagonizará cambios arquitectónicos visibles; las edificaciones ahora son pétreas, con ladrillo y cubiertas de tejas, con un patio central abierto, en tanto que las tumbas son de cámara en el interior de un túmulo funerario, con presencia abundante de arte figurativo (las de fosa y pozo quedaron relegadas a las clases inferiores). Así, el ambiente de la aristocracia se desarrolla entre el palacio y el sepulcro.
Las ciudades etruscas se formaron desde los núcleos villanovianos, sitos en pequeñas mesetas. Se trataba, en principio, de diversas aldeas que compartían comunidad de intereses pero que mantenían cierta autonomía, cada una dirigida por una aristocracia. Las más grandes, no obstante, impondrán su poder. En la conformación de la ciudad hay un sinecismo (unión de diferentes emplazamientos) y a la par una nuclearización, porque algunos poblamientos se imponen sobre los demás. Podemos distinguir tres regiones históricas para esta etapa: la Etruria meridional, con los territorios de Caere, Tarquinia, Vulci y Veyes; la Etruria septentrional, con los territorios de Rusellae, Vetulonia, Populonia y Volterra; y la Etruria interna, con Chiusi, Volsinii, Perugia, Cortona y Arezzo. Volsinii, la última ciudad etrusca que resistió la conquista romana, pudo haber sido la sede del Fanum Voltumnae, el santuario central de la confederación nacional etrusca.
Como ocurrió con Grecia, Etruria nunca constituyó un Estado. Aunque se tenía la conciencia de pertenencia a una misma etnia y se compartía una misma cultura, la desunión política fue siempre una pauta general. Las ciudades etruscas son, digámoslo así, ciudades-Estado, si bien la tradición latina y griega menciona (entre fines del siglo V y el siglo IV a.n.E.), una suerte de confederación de doce ciudades (duodecim populi o dódeka-póleis), cuya sede estaba en el Fanum Voltumnae, santuario del dios Vertumno, en la citada Volsinii. Aquí se reunían los representantes de las diferentes ciudades y se elegía un rey o magistrado federal con la función de dirigir los asuntos comunes. Este cargo, cuando Etruria se integró en la estructura territorial romana, fue denominado praetor Etruriae, si bien ya sin los poderes políticos previos. Esta estructura pudo haberse copiado del panionion o federación de doce ciudades jonias conformada para defenderse de los persas.
Las ciudades etruscas fueron gobernadas en un principio por un régimen monárquico (rey=lauchme o luchume), de carácter vitalicio. Entre los reyes que destaca la tradición tenemos, sin ir más lejos, a Porsenna de Chiusi y a Orgolnio de Caere. Más tarde, se instituyó un sistema republicano oligárquico (con magistrados electivos, temporales y colegiados), aunque el rey se mantuvo con funciones únicamente religiosas (como el rex sacrificulus en Roma o el arconte basileus en Atenas). Además del rey habría, entonces, una poderosa aristocracia controladora de la acción del rey. La magistratura principal era la desempeñada por la pareja de zilath (los cónsules romanos).
En la estructura social encontramos los príncipes, un ordo de nobles que monopolizaban el poder público a través de las magistraturas, los sacerdocios y las asambleas senatoriales. Tenían el dominio económico (posesión de tierras, metalurgia y comercio), y su vida se dedicaba al consumo de bienes de lujo y al ocio. Existía también un grupo heterogéneo de individuos libres sin los privilegios de los príncipes, de carácter urbano, y dedicados al comercio y la artesanía. El sector dependiente (servi, plebs), se parece mucho a los ilotas espartanos y a los pénestai de Tesalia. Muchos de ellos se veían obligados al servicio militar a las órdenes de los príncipes. Eran, o conformaban, algo semejante a los siervos de la gleba, con la obligación de prestar servicios a los señores. Hacia fines del siglo IV a.n.E., no obstante, el mercenariado, en los ejércitos griegos y cartagineses, se convertiría en una vía de escape para estas poblaciones dependientes.


Prof. Dr. Julio López Saco

Escuela de Historia, UCV

Escuela de Letras, UCAB