8 de septiembre de 2012

El Bronce Atlántico y la Cultura de Campos de Urnas


Se llama Bronce Atlántico a un desarrollo cultural, expresado en la cultura material, llevado a cabo en las regiones atlánticas costeras entre el final del II y principios del I milenio a.n.E., al mismo tiempo que en Centroeuropa se despliegan los Campos de Urnas. Gracias a los contactos comerciales marítimos a lo largo de las costas europeas se consolida una unidad técnica verificada en los tipos de útiles de bronce (esencialmente armas, en concreto las espadas). Es en este momento también, cuando se inicia la distinción simbólica de géneros, tanto en la iconografía, plasmada en el arte parietal y en las estelas, con presencia de hombres en actitud de caza y armados, como en los ajuares funerarios en las tumbas, en las que vemos un evidenciado vínculo entre los hombres con las armas y las mujeres con diferentes adornos y ornamentos. Es ahora cuando culmina la creación del ethos del guerrero, íntimamente asociado con la belleza masculina, que incluye armas, diversas jarras y vasos contenedores de bebidas, la conducción de carros y la monta de caballos, además de los útiles de adorno personal, hecho verificado en la presencia arqueológica de elementos del aseo, como peines o espejos, y en el porte de una larga cabellera, símbolo de la potencia sexual varonil. Es probable una ideología semejante de los pueblos que conformaron este “Bronce Atlántico”, así como lenguas emparentadas de tipo indoeuropeo precéltico.
A fines del II Milenio a.n.E., una serie de cambios en la Europa central, que incluyen nuevos modos de rituales funerarios, novedosas tecnologías metalúrgicas, que propiciaron la fabricación de mejores armas, y una intensificación agraria, pondrán los cimientos de la Edad del Hierro a partir del siglo VIII a.n.E. Hacia 1300 a.n.E. empezamos a encontrar enterramientos en los que el cadáver, previamente cremado, es introducido en una vasija cerámica que posteriormente se deposita en un pequeño hoyo al lado de otros con urnas, generalmente bitroncocónicas, semejantes. Estos cementerios se conocen como Campos de Urnas, y denominan todo este período del Bronce. Los más antiguos se ubicaron en el centro y este de Europa (Hungría), pero con mucha celeridad este nuevo modo funerario se expandió hacia el oeste, llegando hasta el noroeste de la Península Ibérica. El gran tamaño de estas necrópolis puede ser un indicio de un aumento demográfico o de que todos los miembros del grupo eran enterrados. Al lado de las urnas se han encontrado muy escasos ajuares, lo cual implica una pobre diferencia entre unas urnas y otras. Algunos creen que  la Cultura de los Campos de Urnas representa una nueva religión, quizá con una mitología asociada, tal y como pudiera desprenderse de algunos indicios iconográficos sobre vasos de metal (pájaros sobre círculos, con presencia de barcos y carretas).
Encima de esta supuesta sociedad igualitaria (equiparada al menos en la muerte), que viviría en poblados de pequeñas dimensiones, hubo una elite guerrera, poseedora de armas, y que moraba en aldeas mayores fortificadas. Sus miembros serían enterrados en túmulos, con una presencia de ajuares, más o menos suntuosos, en los que en ocasiones se incluía un carro. El poder guerrero que de tal elite se desprende debió estar ligado al control de los metales y al uso de las espadas (de antenas), hachas y calderos de bronce ricamente decorados.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV