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30 de julio de 2026

Historia, arqueología y mito de la colonia griega de Síbaris


Imágenes, arriba: moneda incusa sibarita, datada en torno a 550-500 a.e.c.; abajo, un aríbalo corintio con escena de hoplitas. Hallado en el santuario de Timpone della Motta, se data entre 600 y 575 a.e.c.

Esta histórica ciudad, en la actual región italiana de Calabria, que la tradición señala como destruida por una inundación a causa del estilo de vida disipada de sus habitantes, ha estado inmersa en historias de lujuria y decadencia, siendo célebres sus habitantes por su supuesta aversión al trabajo y su gusto por la molicie. Esta colonia, Sýbaris (Σύβαρις), una de las más destacadas de la Magna Grecia, fue fundada por los aqueos del norte del Peloponeso, concretamente de Acaya y la Argólida, a fines del siglo VIII a.e.c. La fecha tradicional es 720, aunque es bastante probable que fuese más tarde.

Existen algunas referencias mitológicas asociadas directamente con la ciudad. Se decía que un monstruo llamado Síbaris aterrorizaba Delfos desde una gruta del monte Cirfis. El joven Alcioneo fue el héroe elegido para sacrificarlo, aunque fue finalmente Euríbato quien se ofreció en su lugar. Euríbato sacó al monstruo de la gruta, lo estrelló contra una roca y acabó con su vida. En el lugar donde cayó moribundo surgió una fuente llamada Síbaris, siendo el sitio donde se fundaría la ciudad en su honor.

En relación con el lujo y la desmesura, hay una leyenda que cuenta que los sibaritas prohibieron los gallos (por su canto matutino), y expulsaron a herreros, carpinteros y escultores de la ciudad para no perturbar la tranquilidad y la vida de lujo. Los dioses olímpicos condenarían, finalmente, a Síbaris a su desaparición por no saber manejar su extrema riqueza y el lujo. Incluso el oráculo de Delfos, por mandato de Apolo, habría profetizado su destrucción por diversos sacrilegios cometidos.

La fuente más antigua que proporciona alguna información sobre la colonia es Heródoto, quien describe la ciudad tanto antes como después de su caída ante Crotona. Antíoco, un historiador de Siracusa, también arroja relevante información sobre el asentamiento. Si bien su obra se perdió, Tucídides recoge sus anotaciones mencionando, en su Guerra del Peloponeso, a Thurii, la comunidad que sucedió a Síbaris. Por su parte, Timeo de Tauromenio, historiador del período helenístico es, con bastante probabilidad, la fuente de muchas de las historias acerca de la lujuria sibarita, si bien su obra fue criticada por Polibio debido a su presunta ausencia de veracidad.

En el siglo I a.e.c., Diodoro Sículo, refiere la historia que cuenta Timeo, en tanto que Estrabón, en la misma época, es la única fuente que refiere el final de la colonia debido a una inundación provocada por el río Crathis. Claudio Eliano, el retórico, profesor y compilador de historias e anécdotas, a comienzos del siglo III, también menciona la caída se Síbaris, aunque sin aportar detalles de la misma. Ateneo, finalmente, es la única fuente que menciona un mítico sangriento final de la ciudad. El fin de Síbaris no es mencionado ni en Polieno ni en Frontino, ambos expertos en estratagemas militares.

Se decía que Síbaris, hacia 550 a.e.c. se había convertido en una comunidad muy rica, gracias a sus campos cultivados de cebada, olivos y vides, si bien es probable que, asimismo, comerciara con los etruscos y con localidades de la costa occidental de Anatolia, como Mileto. Esa riqueza adquiriría la etiqueta de legendaria. Vecinos cercanos a la colonia eran Heraclea Siris y Crotona, ejerciendo esta última un rol destacable en el futuro de Síbaris. En torno a 520, la familia de la elite gobernante sibarita perdió el control de la comunidad a manos de Telis, quien establecería una tiranía hasta 511, cuando el tirano y sus seguidores huyeron, como exiliados, a Crotona. Los ciudadanos de esta localidad aprobaron en asamblea apoyar a los exiliados, de forma que ambas comunidades comenzaron sus preparativos de guerra.

Las fuerzas de Crotona arrasaron a los sibaritas, quienes fueron masacrados en retribución, como relata una historia posterior, por el asesinato de treinta embajadores que Crotona había enviado a Síbaris con la intención de favorecer una posible paz. Los cadáveres, para mayor deshonra, fueron dejados sin enterrar. El ejército de Crotona puso sitio a Síbaris, momento en el que los sibaritas se rebelaron en contra de Telis, quien acabaría refugiándose en un templo de Hera. Sin embargo, fue perseguido y asesinado en su interior, un sacrilegio que motivó la ira de unos dioses ya muy enojados por la muerte de los heraldos. Es este el instante en el que, según Ateneo, la cabeza de la estatua de la diosa se encara hacia la entrada del santuario y comienza a manar sangre desde las fuentes de la ciudad. Un final melodramático que puede ser una versión elaborada a partir de otra historia que afirmaba que los sitiadores habían desviado el curso del río Crathis para anegar la ciudad.

Para 510 a.e.c., sin embargo, Síbaris sigue existiendo. Diodoro Sículo menciona otro conflicto con Crotona en 476, en tanto que en 450 se refiere la llegada a Síbaris de nuevos colonos, probablemente debido a las disputas por los límites territoriales con Taras (Tarento). Serán los atenienses los encargados de canalizar esta suerte de misión de rescate de Síbaris, a buen seguro, para colmar parte de sus propias ambiciones imperialistas. Los recién llegados expulsaron a los anteriores ciudadanos renombrando la ciudad como Thurii. Esta comunidad de Síbaris-Thurii proporcionaría un puerto para la flota y el ejército de Atenas, como refuerzo para aquellos atenienses que, en 413, estaban asediando Siracusa. Diodoro menciona que en 390 a.e.c., Síbaris fue derrocada por los Lucanos, siendo la ciudad ocupada por los Brutii (rebeldes), un pueblo itálico osco-umbro que procede de los propios Lucanos, hacia 355. Desde ese momento, y hasta 340, la localidad recibió mercenarios corintios como aliados.

Bajo el control romano, la ciudad siguió en su proceso de declive. En 193 a.e.c., los romanos enviaron nuevos colonos y renombraron la ciudad ahora como Copia, en honor a la diosa romana de la abundancia, tal vez como reflejo de la riqueza agraria de la ciudad.

Síbaris es famosa por su inusitada riqueza. En la antigüedad circulaban historias, probablemente originadas en la del escritor siciliano Timeo y que sobrevivieron en Los sabios del banquete o Los deipnosofistas de Ateneo de Náucratis, sobre ropas caras, ricos banquetes y un estilo de vida en general lujoso.

Sin embargo, lo cierto es que no existen restos de grandes templos en la ciudad, lo que sugeriría, realmente, una modesta comunidad, si bien fuera de los muros del núcleo urbano hubo algunos santuarios de relevancia, como el hallado en Timpone della Motta. ¿Pudieron los templos de Síbaris haber sido destruidos por las aguas de la inundación provocada por las fuerzas de Crotona cuando desviaron el curso del río Crathis?. Tal vez, aunque resulta poco probable. Es verdad, asimismo, que las monedas de alta calidad, son un buen indicador de un estándar de vida relativamente alto en una comunidad y, de hecho, Síbaris, como otras ciudades de la Magna Grecia, no tardó mucho en producirlas aprovechando, quizás, las rentas que provenían del comercio con ciudades de Asia Menor. Las monedas sibaritas, incusas, son estampadas, con la presencia de un toro, lo que podría reflejar su riqueza basada en la tierra.

Parece probable que Síbaris haya sido una localidad donde el comercio y la agricultura proporcionaron un estilo de vida razonablemente acomodada para sus ciudadanos. No obstante, resulta difícil saber por qué motivos la ciudad fue elegida como imagen o epítome de la lujuria. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-UFM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA, julio, 2026.

 

23 de abril de 2026

Tradición mítica, historiografía y arqueología: el mito de los gemelos romanos



Imágenes, de arriba hacia abajo: sextante republicano, del último cuarto del siglo III a.e.c., con la loba Luperca y los gemelos en el reverso. En el anverso, un águila de pie a la derecha, sostiene una flor en el pico; detrás, dos perdigones. En la leyenda se lee Roma; representación del lupercal, con Rómulo y Remo amamantados por la loba y rodeados por representaciones del Tíber y el Palatino. Panel de un altar dedicado a Marte y Venus, de finales del reinado de Trajano (98-117), luego reutilizada en la época de Adriano (117-132) como base para una estatua de Silvano. Procedente del pórtico de la Piazzale dei Corporazioni en Ostia Antica, y hoy en el museo del Palazzo Massimo alle Terme de Roma; y Rómulo y Remo, obra mitológica del pintor barroco Peter Paul Rubens, datada hacia 1616.

Si bien los griegos tenían la noción de preexistir antes de que se formasen las poleis, lo cual implicaba una identidad étnica, los romanos no existían hasta la época en la que Rómulo fundó la ciudad de Roma, la organizó y la confirió un conjunto de leyes que permitieran la convivencia social. Este factor sería el rasgo de identidad romano.

En el famoso mito de los gemelos, Remo y Rómulo, existe un evidente protagonismo de la vida pastoril y del ganado, rasgos que encajan con la arcaica fase de la Edad del Bronce, etapa en que la comunidades eran asentamientos temporales asociados con el movimiento del ganado siguiendo el ciclo estacional. Este tipo de ocupación coincide con los primeros vestigios arqueológicos, datados a partir de 1600 a.e.c., hallados en las colinas romanas.

Con anterioridad a la fundación realizada por Rómulo habría, según la tradición, un mítico primer asentamiento prerromano en el Palatino. Se trata de una ciudad, de nombre Palantea, fundada por un héroe griego huido desde la región de Arcadia, llamado Evandro, que sería recibido con honores por el rey Fauno. Evandro se habría encargado de enseñar los cultos a deidades como Deméter o Posidón, las notas musicales o el arte de la escritura. Virgilio y Tito Livio ubican en el tiempo de este héroe civilizador y fundador la presencia de Hércules en este asentamiento prerromano. Evandro habría conocido a Hércules gracias a la habilidad profética de su madre Carmenta, quien habría vaticinado la erección de un altar en honor de esta figura semidivina. El propio Hércules erigiría el altar y haría el primer sacrificio de un buey en presencia no solamente de Evandro sino también de las familias de los Pinarios y los Poticios. Este altar se convertirá en uno de los señalamientos topográficos referenciales que Rómulo empleó en la fijación de los límites del pomerium de la primera Roma (la tradicional Roma Quadrata que apuntó Tácito en su obra Annales.

Este mito se recordaría, con antelación a la historiografía, en el ritual y en la topografía urbana. Ciertas festividades del calendario romano, particularmente asociadas al ganado y a los mecanismos para su protección, se vinculan a los gemelos y a la fundación de la Urbs. Es el caso de los Lupercalia, cuyos protagonistas principales eran los sacerdotes lupercos. Estos hacían un sacrificio de una cabra en la cueva del Lupercal y se desplazaban casi desnudos alrededor del Palatino. Estas fiestas tendrían un carácter gentilicio puesto que tales lupercos pertenecerían, en sus orígenes, a un par de clanes aristocráticos, denominados Quinctilios y Fabios.

Otro ejemplo destacable es la fiesta de los Parilia, en las que el elemento ritual principal consistía en que el ganado y los campesinos tenían que saltar por encima de hogueras encendidas. Esta ceremonia reflejaría la acción que los primeros habitantes de Roma tuvieron que llevar a cabo al abandonar y quemar sus viviendas para trasladarse a un sitio nuevo.

Estas festividades podrían ser un indicador de que la población urbana mantendría viva una memoria oral de los gemelos del mito por medio de recrear y revivir la época en la que habrían existido.

Por otra parte, hay que recordar que la fundación de la ciudad cuenta con unos límites espaciales definidos, en específico el Palatino, monte en que se encontraba la caverna conocida como cueva del Lupercal, lugar en el que la loba habría amamantado a los gemelos, al lado de una higuera consagrada a la arcaica diosa Rumina, protectora del nacimiento y amamantamiento de infantes. En 296 a.e.c. se monumentaliza el lugar con una estatua del animal y de Rómulo y Remo. Dicho monumento aparecerá representado en alguna moneda de plata del siglo III a.e.c., como es el caso del didracma (serie romano-campana), en cuyo reverso se muestra a la loba amamantando a los gemelos y en el exergo la leyenda ROMANO. Hay que reseñar que los mismo romanos identificaban en la ladera del Palatino la que habría sido la casa de Rómulo.

En términos generales, la fundación y formación de Roma es bastante diferente al mito de su fundación, tal y como se recogen en las diversas variantes existentes en las fuentes escritas antiguas. El registro de la arqueología muestra un asentamiento proto urbano unificado que se modificó en el Palatino, extendiéndose hacia el Quirinal y el Esquilino, a lo que se añadiría el Comitium, el Foro, Arx y Capitolio a mediados del siglo VIII a.e.c. En la tradición literaria, la memoria de los orígenes aparece en dos variantes principales. En la primera, se habla de la fundación de la ciudad en un espacio desértico; mientras que en la segunda se afirma que la fundación de la ciudad se produjo en un sitio donde ya pre existía un asentamiento antiguo, conocido como Septimontium. Como se puede apreciar, este segunda variante podría encajar de mejor grado con los datos proporcionados por la arqueología.

La pregunta pertinente aquí sería averiguar por qué parte de la tradición era afín a la noción de una fundación nueva, ex novo. Tal vez, el mito oficial de la fundación de Roma sintiese la imperiosa necesidad de hacer sobresalir la hazaña, cuasi heroica, del fundador, a lo cual se añadiría la asociación, prestigiosa, con el ámbito griego y troyano de Eneas y su familia exiliada tras la destrucción de la célebre Ilión.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA-UFM, abril, 2026.

3 de marzo de 2026

Deidades celtas: funciones e imagen








Imágenes, de arriba hacia abajo: el llamado Bronce de Bouray, con un dios Cernunos antropomorfo, con un torques al cuello; bajorrelieve de Reims con el dios Cernunnos, flanqueado por Mercurio y Apolo; Taranis-Jupiter con un rayo y una rueda. Le Chatelet, Musée d'Archéologie Nationale, París; Epona como señora de los animales, con dos caballos y un cesto con frutos. Historisches Museum, Viena; un bronce del dios galo Sucellus, con una túnica gala y un caldero. Siglos I-III; Ara dedicada a Belenos en Aquileia; Ogmios o Heracles galo arrastrando humanos por las orejas. Boceto del pintor renacentista alemán Alberto Durero a partir de la descripción de Luciano de Samosata y; mural de Brigid en la localidad de Kildare, en Irlanda, obra del artista Michael Thompson.

En el mundo celta y en todos sus territorios, existieron deidades comunes, pero también divinidades que eran adoradas en una determinada región o por parte de una específica tribu. A partir de las inscripciones se han detallado cerca de cuatrocientas deidades, si bien es probable que en ocasiones, un mismo dios o diosa portase diferentes nombres dependiendo de la región en la que su culto tuviese relevancia.

Uno de los dioses de mayor presencia en las inscripciones en Cernunnos, Señor de los Animales, deidad astada y cornuda, que se encargaba de proteger los bosques y los animales, pero que también se relacionaba con la fecundidad. Este dios pancéltico era representado sentado y con las piernas cruzadas, con cornamenta y un torques en el cuello, y rodeado de animales (osos, toros, sierpes). A veces aparecía con un falo de gran envergadura. Es el dios que se aprecia en el célebre Caldero de Gunderstrup danés, sosteniendo una sierpe, símbolo de abundancia, y rodeado de animales, así como en un relieve en Reims en el que, barbado, aparece al lado de Apolo y Mercurio. Este último sostiene un saco en su regazo del que parece extraer granos o monedas.

Pudo estar asociado al romano Dis Pater, señor del inframundo y la muerte. Al estar ataviado con una cornamenta se ha sugerido que fuese más un sacerdote o un chamán que una deidad. El hallazgo de cuernos de ciervo tallados como amuletos fálicos podría orientar su figura hacia este sentido. Su parecido al fauno le ha reportado la denominación de señor de los bosques. Su representación más antigua es la de Val de Camonica, en la Galia Cisalpina, en donde se observa una figura de astado con torques vinculado a un sol. Otra de sus representaciones principales es la del bronce de Bouray, localizada en el antiguo entorno geográfico de los Parisii. Aquí está con las piernas cruzadas y porta un torques al cuello. En los Nautae Parisiaci, monumento en honor a Júpiter de época de Tiberio, se ve con orejas de animal, cuernos y barba, además de un par de torques, colgados de cada cuerno.

Debido a sus atributos fue asociado por el cristianismo a Satán, si bien en Britania se relaciona con el santo Korneli, patrón de los animales con cornamenta, y se halla estrechamente vinculado con San Cornelio. En las leyendas irlandesas y galesas medievales lo hallamos en la figura de Conall Cernach, en el ciclo del Ulster.

La diosa Epona, del galo epos y, por tanto, caballo, era un deidad de la soberanía, una diosa madre, y una entidad que acompañaba a los fallecidos al otro mundo. Protectora y cuidadora del hogar, se la asociaba con la muerte y el agua, pero también con la curación, el agua y la naturaleza. Suele representarse encima de un caballo, alimentando potros o de pie entre manadas de équidos1, aunque en la Galia aparece como una ninfa acuática. Aparece con la cabeza cubierta con un manto y vestida con ropas largas, si bien puede mostrarse, asimismo, desnuda. En las manos porta una cesta con frutos, una pátera y una cornucopia. En relación al mundo funerario, algunas de sus representaciones (como el relieve de Agassac), la muestran con la rueda, un símbolo del sol. Epona y otras deidades psicopompas se asocian al agua, puesto que los indoeuropeos creían que la separación entre la esfera mundana y la ultramundana la conformaba una masa acuosa, que el difunto debía atravesar en barco. El viaje, lleno de obstáculos, consistía en atravesar un río al lado de la diosa Epona y en una embarcación conducida por el barquero Belenos2.

Comparada a Cibeles, en la península Ibérica la vemos representada en la inscripción del siglo II, de la portada de la zamorana iglesia de Paramio, en tanto que entre los cántabros adquiere la denominación Epane. Aunque divinidad doméstica vinculada con la prosperidad, fue muy venerada por el ejército romano, y en algunas monedas aparece con cabeza de caballo. En la cultura popular moderna se la ha referenciado en canciones (A Rose for Epona, de la banda Eluveitie, que habla de una mujer que solicita ayuda a la diosa) y videojuegos (La Leyenda de Zelda, donde el protagonista se desplaza en una yegua de nombre Epona).

Lug o Lugh, era un dios de las artes, encargado de garantizar que los contratos comerciales fuese efectivos. Equiparado con Mercurio por Julio César en la Guerra de las Galias, era la divinidad que nombraba la festividad de Lughnasad (día primero de agosto), fiesta de la primera cosecha. El cuervo era el animal que lo representaba y en la mitología irlandesa es una entidad que procede de los Tuatha Dé Danann. Muchos nombres de ciudades europeas rinden homenaje a este dios, como Lyon, Lugo, así como denominaciones de etnias o tribus (como los Luggones, parte de los Astures, o la tribu de los Luigne, en Irlanda). Su acompañante es la diosa Rosmerta, cuyo culto fue relevante en la Galia y en Bretaña.

Se le ha considerado como rey de los dioses. Surgido de una dualidad primigenia, una pareja que formarían, del lado masculino Taranis-Teutatis-Sucellus, probables epítetos de una divinidad suprema sin nombre, y del lado femenino las matres (diosa triple representada como Dana, Brigid y Tailtiu), es un dios solar, brillante, si bien en la mitología de Irlanda es una deidad de la guerra, asociada con los cuervos, el lobo y en ocasiones, con el jabalí (un símbolo de realeza entre los galos). Como Mercurio galo se relaciona con el número tres (tres falos, tres caras).

Aparece mencionado en varias inscripciones, como en la celtibérica de Peñalba de Villastar, en la inscripción latina de Uxama (Lugovibus sacrum L. L(incinius) Urcico collegio sutorum d(onum) d(at)), o en varias de la provincia de Lugo (Lucuobu Arquieni(s) Silonius Silo ex voto, Outeiro de Rei). La cristianización del dios pudo estar detrás de la historia de San Lorenzo así como del festival de Saint Laurent en Lyon, que se celebra durante tres días en el mes de agosto.

Taranis, por su parte (Taran en gaélico, Tutatis en la Galia), una deidad comparada con el Júpiter romano y, por ende, una deidad soberana celestial al que se le solían ofrecer cabezas cortadas, se asocia a la guerra y al trueno. Sus símbolos lo conforman la espiral y la rueda de cuatro radios, lo que le aportaba un carácter solar. La creencia celta advertía que el astro solar viajaba por la noche para volver a surgir al día siguiente (como en Egipto), y el encargado de transportarlo a caballo era precisamente Taranis. El dios suele aparecer representado con un rayo en la mano, considerado un arma. También este deidad ha dejado rastro en la toponimia, en especial en Asturias, como Taraña o Tárano, entre otras localidades.

Una de las principales referencias al esta deidad se encuentra en la Farsalia de Lucano, donde afirma que esta entidad, además de Eso y Teutades, suelen ser aplacados con sacrificios humanos3. Representado como un corpulento hombre barbudo, simboliza el hombre adulto en forma de padre que guía al pueblo tanto en la paz como en la guerra, y de ahí su asimilación romana a Júpiter. Tal vez este vínculo indicaría que estaríamos ante un dios principal de los celtas, que ha dejado rastro en la toponimia y en las leyendas, como un protector tribal y una deidad guerrera. Habitualmente representado con una rueda de seis o de ocho radios (quizá una referencia a la flor del agua), estaría próximo a un símbolo solar. Pequeñas ruedas de metal han sido halladas entre los Belgas asociadas a Taranis. Harían las veces de amuletos, cuyos antecedentes ya aparecían en entornos religiosos de la Edad del Bronce y del Hierro entre los galos.

En algunos altares con inscripciones en latín se le representa con el rayo, la rueda, un mazo y, en ocasiones, rodeado de animales como aves, caballos o sierpes.

Sucellos o Sucellus, deidad solar y de la agricultura, se asociaba al más allá. De forma análoga al dios irlandés Dagda, sus símbolos eran el caldero y el mazo. En tal sentido, en el relieve de Vienne, en Isère, se le muestra con el mazo y una olla, además de una piel de lobo encima de su cabeza. Su pareja, de nombre Nantosuelta, se vincula en la Galia con las aguas, pues su nombre podría significar río sinuoso. En algunos bajorrelieves aparece al lado de aves como un cuervo o una paloma, lo que podría relacionarla con la Rhiannon galesa y con la deidad irlandesa Morrigan. La pareja que conforman Sucellus y Nantosuelta podría relacionarse con Dagda y Morrigan, tal vez las mismas deidades, con los mismos atributos y funciones pero con nombres distintos.

En el relieve de Sarrebourg (siglos I-II), en las proximidades de la ciudad de Metz, Nantosuelta, a la izquierda de Sucellos, lleva un vestido largo y en su mano izquierda mantiene un objeto en forma de casa con techo a dos aguas, tal vez un palomar. En la derecha tiene una pátera que inclina hacia un altar. Sucellos, barbado, con túnica y una capa, lleva en su mano izquierda una olla romana y en la derecha un mazo. En algunas inscripciones, como la de la antigua Augusta Rauricorum (hoy Augst), se asimila a este dios con Silvano.

Este dios galo-celta probablemente se sincretizó en época romana con Hércules. En algunas figuras en bronce hispano romanas (provenientes de Badajoz y Almería), este dios barbudo cubre sus hombros y cabeza con una piel de lobo, semejante a Hércules, pero con piel de león. Ambos van armados, Hércules con un garrote o maza y Sucellus con un martillo o mazo. Probablemente la secuencia Heracles-Hércules, Sucellus y Thor correspondería a varias versiones de un mismo y arcaico dios. No obstante, los dos últimos se identifican asimismo con el roble, el trueno y el rayo, la soberanía y la lluvia (como Júpiter y Zeus, por ejemplo). Sucellus se relaciona con el mundo de ultratumba a través del lobo, animal vinculado con el más allá y con las hermandades de guerreros. El mitificado lobo guiaría al guerrero fallecido al ámbito ultramundano. El lobo, con sus fauces abiertas, devora la cabeza del guerrero (para los celtas el alma reside en la cabeza).

Entre las tribus de los boyos y los arvernos fue específicamente reverenciado como una deidad creadora.

Las Matres o Matronae eran deidades que se representaban como tres figuras sedentes, simbolizando las edades o ciclo femeninos, de distintas edades; una de ellas, una joven, otra una madre de mediana edad, y una tercera anciana. Aparecen representadas con cestas colmadas de panes, frutas, granos, y acompañadas de niños que se sientan en sus regazos. Son símbolos relacionados con la protección del hogar, de las enfermedades y de la pobreza, así como con la fertilidad.

Belenos es una divinidad de la salud, encargado de llevar en su barca a los fallecidos a través de las aguas del Danú para que puedan renacer en el más allá, en tanto que Ogmios (u Ogma en los ámbitos insulares, aunque con una imagen diferente, como un fuerte y elocuente guerrero), se relaciona con la elocuencia. Ogmios fue comparado con el semidios Heracles por Luciano de Samosata, quien lo describe viejo y calvo. Es la imagen del anciano maestro y sabio, de ahí que haya sido el creador del relevante alfabeto ogham. Símbolo del poder de la palabra ritual vincula la esfera humana con la divina. La representación más sobresaliente de esta deidad gala lo muestra con una cadena de oro que conecta su lengua con hombres atados de las orejas, lo que implica dominio sobre la comunicación y capacidad de persuadir. Se podría decir que simboliza la tradición oral, a través de la cual se transmiten enseñanzas de generación en generación. Se conecta con el empleo de la palabra como una herramienta de poder.

Belenos, que porta el epíteto Vindonnus (brillante) en toda el área céltica del Occidente, tuvo un culto relevante en la Galia Cisalpina, en Britania y en la península Ibérica. Su dispersión es comparable a la de Lugh. Uno de sus santuarios principales estaba en Aquileia, si bien se documentan templos de Belenos en Narbo y en Nimes. Además, Ausonio menciona otro en Massalia. En Aquae Sulis, en Bath, en un templo de aguas medicinales un gran dios solar allí representado puede ser Belenos4. La leyenda de la tumba de Belenos relacionada con un islote cercano al Monte Saint Michel sugiere un vínculo entre esta deidad y el arcángel cristiano de ese nombre.

Por su parte, el etnónimo pelendones en Hispania parece probable que se relacione con los que veneran a Belenos. Asimismo, en la toponimia hay recuerdo del dios: Beloño en Gijón o San Juan de Beleño, también en Asturias. Belenos se asocia con el moderno festival de Beltane (día 1 de mayo), con la rueda y con los caballos. En la Historia Augusta se puso en relación con Helios. Modernamente, ha sido motivo principal en canciones (Los Fuegos de Belenus, de Salduie), e incluso ha inspiado el nombre de grupos musicales de rock, como la banda Bëlenus de Jerez de la Fortaleza.

La diosa Brigit, la Elevada, fue la diosa titular de la tribu de los brigantes. Esta multifuncional deidad era protectora de los partos, la prosperidad y la poesía, destacándose como diosa territorial y soberana. Su festividad asociada era Imbolc, que se celebraba el primero de febrero. Aparece vinculada con Anú y con Dana, siendo reverenciada por poetas, bardos y también médicos.

Brigid puede haber evolucionado a partir de múltiples diosas e incorporado, por tanto, varios arquetipos.

Como deidad triple céltica, a veces se la veneraba como diosa del fuego, lo que hace que se la relacione a menudo con un papel como divinidad de la herrería y la metalurgia. En contraste con esto, también se la consideraba una entidad relacionada con los pozos y los ríos, así como una diosa de la música y varias otras formas de arte. En tal sentido, se pensaba que inspiraba canciones, la poesía, la artesanía y sabiduría.

Con el cristianismo se convierte en una santa muy reverenciada, Santa Brígida. De hecho se dice que Santa Brígida fue una monja en el siglo V, fundadora de un monasterio y un convento en Kildare, en el emplazamiento de un santuario de la arcaica diosa pagana. Al igual que el emplazamiento del santuario, un buen número de leyendas sobre sus hazañas la vinculan a la diosa pagana. La veneración de Brígida como santa cristiana permitió a los irlandeses seguir invocándola como antaño. Su fiesta sigue siendo el 1 de febrero y en algunas regiones de Irlanda era popular dejarle ofrendas de comida hasta bien entrado el siglo XVIII. Hoy se considera patrona de Irlanda.

Otros dioses de relevancia (de entre muchos) que podrían mencionarse, serían Andarta o Dea Artio, deidad en forma de oso, patrona de la vida agreste; la diosa Coventina, representada como una ninfa acuática; el dios de la juventud, conocido como Maponos, que suele representarse como un joven desnudo con una lira. Por tal motivo, ha sido asociado a Apolo por los romanos; Bormo o Borvo, deidad asociada a las fuentes termales, cuyo consorte sería Bormana o Damona; la diosa jabalí Arduinna, relacionada con las montañas y vinculada con Diana por parte de los romanos; una deidad de la primavera que se representa como una madre lactante, al lado de perros (relacionados con el más allá), y con cestas de frutas, de nombre Aveta; o Nemetona, quizá vinculada a la tribu germánica de los nemetes. Es posible algún vínculo con una diosa irlandesa de nombre Nemain, en virtud del cual podría velar por los espacios sacros.

Bibliografía básica

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1 Epona al lado de un caballo es una representación común, si bien en varias aras votivas aparecen solamente los animales y una inscripción alusiva a la deidad.

2 Los difuntos podían llegar al mas allá a través de las aves carroñeras, como los buitres. Los cuerpos de los guerreros muertos en la lucha eran devorados por los cuervos, de forma que las aves, después de comer, ascendían al cielo, lo que simbolizaba que los fallecidos se reunían con las divinidades.

3 Esus es una deidad venerada en la Galia que aparece mencionada en el monumento conocido como Nautae Parisiaci del siglo I (vid supra), en donde se le representa barbado y con ropas de artesano al lado de un árbol, al que corta las ramas con una hoz. Es el señor de los bosques, donde se ubica el mito de Tarvos Trigaranus (toro de las tres aves), en cuya persecución destruye los bosques en donde se esconden los animales. La costumbre consistía en el ofrecimiento de víctimas humanas colgadas de un árbol.

4 Belisama, diosa de la buena fortuna y una deidad asociada a los ríos, pudo hacer las veces de paredro del dios Belenos.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-AEEAO-ICA-UFM, marzo, 2026.

 

14 de febrero de 2026

Pintura mural minoica: naturaleza y religiosidad


Imágenes: arriba, la llamada sacerdotisa joven (tal vez únicamente una adolescente), de la habitación 4 de la casa occidental de Akrotiri. Se ha sugerido que está quemando hebras de azafrán; abajo, el Sarcófago de Hagia Triada, hacia 1460 a.e.c. Museo Arqueológico de Heraclion, Creta.

La pintura mural al fresco minoica llama la atención por sus coloridas imágenes de animales, paisajes y elementos ceremoniales. Esto ha consolidado la visión de una sociedad minoica sofisticada, vivaz y hasta lujosa. La pintura figurativa minoica es la propia del período Neopalacial, entre 1700 y 1450 a.e.c., una época de probable centralización del poder político de características tal vez teocráticas en Cnoso. Se trata de un tiempo (que para los mitos sería el del reinado de Minos), en el que surgieron villas señoriales, ornadas con pinturas en las paredes y en los suelos, y se reconstruyeron los palacios.

Estas pinturas aparecen en diversos lugares de la isla de Creta, como Festo, Amnisos, Hagia Triada, Galatas, Palaikastro, Malia o Tiliso, entre otros sitios, pero también más allá de la isla. Hay constatación de pinturas de estilo minoico en Qatna, actual Siria, Avaris en Egipto (hoy Tell el-Daba), Tel Kabri en Israel, Alalakh en la Turquía moderna o en Akrotiri. Las pinturas al fresco, si bien no en composiciones figurativas, surgen en el Minoico Antiguo II y III, a partir de 2650 a.e.c., y se mantienen, en composiciones de carácter geométrico, en el Minoico Medio, desde 2050 a 1700 a.e.c.

Suelen ser composiciones de tamaño natural, con figuras sin sombras y sin volumen, con colores planos y realizadas sobre fondos en un solo color. Seres humanos y animales suelen aparecer de perfil completo, representados de manera natural y de forma fluida. En la etapa Neopalacial, la pintura figurativa minoica es un asunto propio de Cnoso. Una decoración pictórica que se inspira en Egipto y en regiones orientales, si bien cubre una necesidad de autorrepresentación específicamente minoica. Muchas de las pinturas halladas, bastante fragmentadas y deterioradas, han sido reinterpretadas desde los tiempos de Arthur Evans de forma errónea, adaptándose a las formas y modos de entender la sociedad de fines del siglo XIX.

La iconografía pictórica minoica presenta como temas los animales, los seres humanos y los paisajes naturales, muy habitualmente entremezclados y aludiendo a una simbología de tenor religioso. Este es el caso del célebre sarcófago de Hagia Triada (del Minoico Reciente II o III, a partir de 1460 a.e.c.), ornamentado con pinturas al fresco en donde se muestran escenas de carácter ritual religioso. En uno de sus lados mayores hay una escena en la que se sacrifica un toro, y varias mujeres realizan libaciones al lado de hombres que entregan varios objetos votivos a una figura que representa al difunto o bien se asemeja a la estatua de alguna deidad. Rosetas, espirales y hachas dobles votivas, asociadas con la iconografía de Cnoso de la etapa Neopalacial, adornan el sarcófago en su conjunto. En una sociedad, como la minoica, en la que la religiosidad está presente en todos los ámbitos vitales, la pintura responde a la necesidad de enseñar la esfera de lo espiritual.

Representaciones de carácter naturalista lo conforman la temática de la fauna y el paisaje. Asimismo, la presencia de algunas plantas se hace recurrente en la iconografía. En especial, abundan los lirios y el azafrán, ambas ligadas a escenas religiosas (como los monos), así como a lo femenino y a la deidad de los animales o Potnia Theron. De hecho, los monos de color azul y el azafrán se conectan con lo divino. El azafrán tenía multitud de usos, para perfumes, medicamentos, elaboración de tintes y, sobre todo, en la cocina, aspectos todos ellos conectados con el mundo de la religiosidad. En tal sentido, por ejemplo, se empleaba azafrán para teñir las vestimentas rituales y era un componente esencial en el maquillaje de las sacerdotisas. La presencia de los monos en Creta, que suelen aparecer representados en libertad en la naturaleza y caracterizados con cierta antropomorfización, pueden estar relacionados con los presentes exóticos que llegaban desde Egipto.

Dentro de la representación de elementos naturales sobresale la presencia de animales fantásticos, como los grifos, con una función protectora del poder divino, o plantas irreales.

En los frescos parietales abundan las representaciones humanas, tanto de personajes femeninos como masculinos. Normalmente, son jóvenes que aparecen semi desnudos, con cuerpos muy estilizados y bastante atléticos. En la temática iconográfica se encuentran representaciones ceremoniales, como ocurre con el mencionado sarcófago de Hagia Triada, o procesionales, caso del famoso Príncipe de los Lirios, hoy renombrado como Rey-sacerdote. Las escenas específicamente atléticas son abundantes, si bien son representaciones cultuales. Es lo que ocurre con la escenografía de la taurocatapsia como manifestación ritual-religiosa (el conocido Fresco del Salto del toro), o con las escenas de lucha (niños boxeando en Akrotiri).

Un hecho de gran relevancia es la ausencia en la pintura mural al fresco minoica de escenas violentas, de guerra o caza (que sí serán relevantes en el ámbito micénico), ni de aquellas relativas al poder político centralizado. No obstante, existen algunos ejemplos excepcionales, como la representación de soldados con escudos en el fresco del muro septentrional de la habitación número cinco de la Casa Oeste de Akrotiri, o el mural conocido como Capitán de los Negros en Cnosos, que representa, quizá, mercenarios africanos desfilando.

Con el poder político micénico sobre el palacio de Cnoso el contenido iconográfico se mantiene, y las escenas de los frescos palaciales se orientan hacia el mundo simbólico y de la práctica ritualística. Este es el caso de la no menos célebre Sala del Trono, donde se observan grifos a ambos lados de la silla de piedra, si bien también son comunes tales escenas en sellos, ubicadas alrededor de columnas o de deidades.

En las últimas fases palaciales, la figura del toro se hace muy frecuente, asociado a un ámbito signado por la ritualidad. Así, la relevancia ritual del toro en el el terreno simbólico se puede apreciar en los ritones con cabeza del animal o en la proliferación de cuernos de consagración como elemento arquitectónico. Asimismo, en el ámbito sacrificial se encuentra presente en las representaciones que adornan el sarcófago de Hagia Triada. Por otra parte, no se deben olvidar las escenas acrobáticas frente a estos animales, probablemente asociadas a jóvenes pertenecientes a las aristocracias.

En la fase final de Cnoso los frescos presentan, por lo tanto, una secuencia de motivos vinculados con la religiosidad, en tanto que la representación de la naturaleza, presente en todas las épocas, sirve como conexión mística con la esfera de las divinidades.

Bibliografía básica

Immerwahr, S., Aegean Painting in the Bronze Age, Pennsylvania State University Press, University Park & Londres, 1990.

Marinatos, N., Minoan religion: ritual, image and symbol, University of South Carolina Press, Carolina del Sur, 1993.

Preziosi, D. & Hitchcock, L.A., Aegean Art and Architecture, OUP, Oxford, 1999.

Vivó Codina, D., “Un reflejo en las paredes. La iconografía de los frescos minoicos”, en Creta Minoica, Desperta Ferro Arqueología & Historia, n.º 17, febrero-marzo, 2018, pp. 40-44. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-AEEAO-UFM, febrero, 2026.

9 de septiembre de 2024

Iconografía y arqueología: Piezas de Ny Carlsberg Glyptotek y National Museum of Denmark





Diversas piezas arqueológicas de interés, ubicadas en la Gliptoteca Ny Carsberg y en el Museo Nacional de Dinamarca, en Copenague, merecen unos breves comentarios interpretativos en virtud de su relevancia e interés histórico, religioso e iconográfico. La primera de ellas es un relieve en bronce que representa a Sabazios en un marco arquitectónico, rodeado de diversos símbolos, propios de otras deidades. La pieza es del siglo I de nuestra Era. Originario de Asia Menor, este dios fue muy adorado en Frigia y Tracia. Con ciertos rasgos en común con Dioniso, muestra atributos que también se encuentran en Mitra, Atis o Hermes. En el período helenístico y romano su culto estuvo muy extendido por todo el Mediterráneo. La segunda es una cista en bronce con decoración incisa mostrando a una serie de guerreros y a Atenea. En la cima de la tapa Peleo y Atalante están en pugna. La pieza, hallada en Praeneste, se data entre 300 y 200 a.e.c.

La tercera corresponde a una escena de palestra, con atletas y una escultura de Heracles en el centro de la estructura arquitectónica con frontón y capiteles corintios; en tanto que la cuarta es una estela con tres dedicantes, a la izquierda, que portan regalos destinados a una pareja divina que está ubicada en un triclinio. El relieve parece honrar a Zeus (Epiteleios) y a su madre Filia, así como a la Buena Fortuna (Agathe Tyche); finalmente, se muestra una estela de ofrenda a un héroe (o a una deidad, según algunos investigadores), datada en el siglo III a.e.c. Una familia piadosa ofrece un cordero a dos divinidades que comen en una mesa en el templo. La deidad femenina parece en actitud de colocar incienso en un pequeño brasero. En el ángulo superior izquierdo, la cabeza de un caballo “enmarcada” es, desde mi perspectiva, un símbolo de heroización.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, septiembre, 2024.


 

24 de enero de 2024

Mitos en los sarcófagos etruscos: Sarcófago del Poeta



Entre las fuentes escritas etruscas de carácter mítico-religioso destacan la Tégula de Capua, la Lámina lenticular de Magliano y el Cipo de San Valentino. Pero, asimismo, hay otros pequeños textos de carácter votivo, como el plato de Spina o la estatuilla del Vaticano, además del célebre Liber linteus de Zagreb. Del mismo modo, la arqueología presenta numerosos ejemplos, tanto en el escultura, el relieve o la coroplástica, como en las pinturas murales en las tumbas, entre otros varios.

Entre los múltiples sarcófagos decorados con relieves, un buen ejemplo es el de la imagen, llamado convencionalmente Sarcófago del Poeta (hacia 300 a.e.c.). Aquí, Orestes y Pílades se muestran agitados frente al cuerpo de Egisto, amante de Clitemnestra, después de haberle asesinado; en el centro, sobre el ara, yace una Clitemnestra sin vida, a quien su hijo Orestes mató para vengar el asesinato de su padre Agamenón; sentada en el ara está Electra, hermana de Orestes e inspiradora de la doble venganza; a la izquierda, en la escena siguiente, Orestes es perseguido por las Erinias. En el lado opuesto siguen otras escenas de la saga de Tebas, como el duelo de Eteocles y Polinices, en presencia de demonios funerarios femeninos con antorchas, y un Edipo ciego con Yocasta sentada y meditando en el suicidio. En los lados menores se observa a Télefo, que amenaza de muerte al pequeño Orestes, así como a Neoptólemo, que parece sacrificar a Políxena sobre la tumba de Aquiles.

En la tapa se representa al difunto yacente con un volumen (libro en rollo) en sus manos. A lo largo del helenismo en las ciudades de Etruria meridional se impuso el uso del sarcófago dentro de las tumbas de cámara. Este sarcófago en particular estaba estructurado para ser observado desde todos los lados, algo nada habitual en el mundo etrusco. La iconografía, de derivación helénica, presenta interpolaciones típicamente etruscas (como la introducción de amorcillos funerarios), que elegían temas cultos relacionados con el hado y la muerte.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AEEAO-UFM, enero, 2024.