14 de junio de 2014

Las deidades de la Arabia Felix


A través de las inscripciones y las excavaciones arqueológicas se saben algunos detalles de las divinidades del sur de Arabia. De divinidades como Shams y Attar (el Sol, femenino, y el planeta Venus, respectivamente), se deduce el carácter astral de ciertas deidades. Attar en concreto, simbolizado por una gacela y vinculado a la diosa Hawbas, era un dios asociado a la irrigación. Muchos reinos del sur de Arabia parece que tuvieron dioses “nacionales” protectores. En tal sentido, la federación de tribus sabeas rendía culto en el templo de Marib a una divinidad de nombre Ilmakah, deidad de carácter lunar, que se presentaba con cabeza de toro y una piel de león. Se trataba de un dios sol guardián, verdadera hipóstasis de Shams (diosa nacional del reino de Himyar). El dios nacional de Ma’in, en el norte de la Península arábiga, fue Wadd, mientras que el dios protector se llamó Nitrah, sobre el cual regía un oráculo más o menos conocido. En Hadramawt, por su parte, Syn era el nombre del dios nacional, también de carácter lunar, aunque Plinio y Teofrasto, además de algunas acuñaciones monetarias, lo contemplan como una deidad solar. En Kataban se tributaba culto a Hawkan y Anbay, personificaciones de una deidad semejante al Nabu babilónico, divinidad de la ciencia.
Los grupos tribales poseían sus dioses-patrono: en Saba, Talab era el protector de la federación tribal de Sumay; la tribu beduina caravanera de Amir, al norte del actual Yemen, tenía como dios patrono a un tal Somawi, al que ofrecían exvotos en forma de camello para solicitar la prosperidad para sus rebaños de animales domésticos. Existían dioses protectores de las personas, de las construcciones, de las casas particulares, de las familias, que solían ser representados en formas de animales (águila, gacela, toro), o por mediación de símbolos abstractos, como el rayo. Las deidades con aspecto antropomorfo eran, en cualquier caso, escasas. En su mayoría son tardías y fueron influenciadas por el paganismo romano.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, junio 2014