1 de noviembre de 2014

La caída de la Dinastía Han en la antigua China

Mapa, con el territorio destacado en verde, de la Dinastía Han Occidental (206 a.e.-9)

Las rebeliones del siglo II, una respuesta a las debilidades militares y políticas de la dinastía Han, así como a las penurias económicas, fueron elementos perturbadores para el estado Han, que coadyuvaron a su ulterior caída. Se trata, esencialmente, de la de los Turbantes Amarillos (Huangjin), extendida por la región noreste desde 184, y el movimiento de los Maestros Celestiales (Tianshidao), a veces nombrados como el de las Cinco Medidas de Arroz o Wudoumi o el de los Ladrones de Arroz (Mizei), que estalló en época del emperador Shun (125-144) en la región de Sichuan, a la sazón el granero de China en aquel tiempo, y una zona geográficamente muy bien protegida. Los Maestros Celestiales crearon una burocracia sólida además de una teología de componente deísta. Con esta última consolidaron la autoridad de sus líderes y los legitimaron.
También durante este siglo II hubo esporádicas luchas entre facciones de eunucos y los miembros de los clanes de las emperatrices, estos últimos aliados con burócratas con mucho poder e influencia. Los eunucos habían alcanzado mucho poderío, porque en este siglo gozaban del derecho a perpetuar su poder adoptando hijos para crear así familias. En 166, los eunucos lograron controlar la corte y prohibieron a muchos funcionarios que siguieran en sus cargos. Este episodio, conocido como la Proscripción, erosionó definitivamente la moral burocrática y los respaldos locales a la dinastía Han.
Las cada vez más abismales diferencias socio-económicas acabaron provocando que los clientes de los grandes terratenientes prestaran servicios militares privados a cambio de protección y alimentos. De tal modo, los grandes señoríos contenían muchas armas para su defensa, en un momento en que el gobierno central Han mostraba sus debilidades en las diferentes localidades. Sin protección, las poblaciones locales eran vulnerables a las rebeliones, el desorden y los ataques de bandidos.
Otro elemento fundamental que debilitó el estado Han fue la presencia y acción de caudillos, con sólidos fundamentos económicos en ciertas regiones del imperio. Se destacaron al respecto Dong Zhuo, Cao Cao, Yuan Shao, miembro de una familia aristocrática, Liu Bei, miembro, a su vez, del clan imperial Liu y Sun Quan, un líder caudillista del sur. Sería el hijo de Cao Cao, Cao Pi, el que pusiera fin al dominio Han, fundando una nueva dinastía y un nuevo estado, Wei, aunque no pudo, sin embargo, unificar el antiguo imperio.
El cuestionamiento de las verdades tradicionales, fruto de la desintegración intelectual, aunado al desorden y la confusión de esta época, propiciaría, además, la entrada y consolidación en China de una fe extranjera, el budismo, que acabaría ocupando un espacio relevante impregnado la cultura nativa.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas