29 de julio de 2016

El ámbito cotidiano en Troya a través de la arqueología



Kylix ático de figuras rojas en la que Príamo se encuentra frente a Helena. Museo Nacional Etrusco de Tarquinia.

Troya, el enclave estratégico en el estrecho de los Dardanelos, en la actual Turquía, fue fundada en torno a 2900 a.e.c.. Acabó convirtiéndose en una próspera gran ciudad[1] que estuvo íntimamente vinculada al entorno hitita.
El yacimiento de Troya está compuesto por nueve ciudades de épocas diferentes que, en total, abarcan unos tres milenios de continuada presencia y actividad humana. La Troya I apenas pervivió dos siglos, hasta que en 2700 a.e.c. fue destruida por un incendio. Lo que hoy se conoce como Troya II, la nueva ciudad, fue la que Heinrich Schliemann excavó y consideró como la ciudad homérica. La Troya VI (1700-1180 a.e.c.) es el ejemplo palpable de una localidad de la Edad del Bronce Anatolio, con dos sectores: uno en la parte alta, la ciudadela, centro religioso y administrativo protegido por una gran muralla; y otro, al sur de la colina, que se denomina ciudad baja, guarecida por un foso tras el cual se encontraba otra muralla, hecha de adobe, en la que se abrían varias voluminosas puertas defendidas por torres de vigilancia. La ciudad baja, de una extensión de unas veinte hectáreas, y que contaba con canales de drenaje y calles pavimentadas, pudo albergar en torno a diez mil habitantes.
La posición estratégica de la ciudad era clave en el sistema comercial del II milenio a.e.c., en tanto que dicha ubicación convirtió a Troya en una destacado centro de redistribución de bienes. Además, por intermediación del puerto Troya comerció con el ámbar del Báltico, el cobre de los Balcanes, la cornalina del norte del mar Negro y con los caballos de las estepas. Su rol de enclave mercantil pudo resultar crucial en el trasfondo histórico de la famosa guerra de Troya, en virtud de que una agrupación de ciudades griegas buscó el modo de garantizarse el control del paso de los Dardanelos y del comercio entre el mar Negro y el Egeo.
Las viviendas de la Troya VI en la ciudad baja poseían techos planos y un área pavimentada en el patio que pudo servir para trillar. Había también santuarios, hornos comunales y jardines. La producción solía almacenarse en vasijas ubicadas bajo tierra. Algunas de las casas más lujosas, que estaban hechas de piedra, madera y adobe, tenían dos plantas y poseían estas vasijas semienterradas para guardar alimentos. La mayoría de la población debió de emplearse en la fabricación del tinte púrpura, en la confección de textiles, particularmente de lino y lana, en los talleres metalúrgicos, en los que se manufacturaban objetos de oro, hierro, plata y bronce, y en la fabricación de la cerámica hecha en el torno.  La cerámica parda, que se empleaba habitualmente en la cocina, del tipo tazas, platos y jarras, era de tipo anatólico, si bien también existió en Troya cerámica griega e, incluso, algunos objetos micénicos, lo que prueba la presencia de comerciantes micénicos en la ciudad. Pero también un sector de la población se encargaba de la agricultura y el pastoreo de ganado, además de la pesca (sobre todo la recolección de moluscos). En el yacimiento han aparecido grandes cantidades de huesos de equino[2], lo que pudiera ser un indicio de especialización en la doma de caballos para su empleo militar, probablemente por parte del ejército hitita.
En Troya VI han aparecido también tumbas en forma de casa, en las que se veneraba a deidades diversas, como el caso de Appaulinas (probable nombre hitita de Apolo). En las puertas de la ciudadela se hallaron varias estelas pétreas que pudieran ser semejantes a las típicas de los cultos anatólicos a las rocas, en las que se pensaba que habitaban deidades. En la ciudadela (la Pérgamo de la Ilíada), varias construcciones combinaban las funciones de palacio, tesorería, archivo y templo, e imitaban los modelos del palacio-megaron de la zona hitita en Anatolia, la Grecia micénica y la Creta minoica, con edificaciones y estancias dispuestas alrededor de una sala central. Vivía aquí la elite, que incluía la familia real y aquellos linajes nobles, además de las agrupaciones familiares de los grandes comerciantes, cuyas funciones eran diplomáticas y también militares, pues ocupaban los principales mandos del ejército.
Troya estuvo evidentemente muy vinculada con Asia Menor y, en especial, con los hititas, como demuestra el Tratado de Alaksandu. Lo estuvo mucho más que con el ámbito griego. Este tratado, hallado entre la documentación del archivo imperial de la capital hitita, Hattusa, muestra un pacto de vasallaje que fue suscrito entre un rey de Wilusa (Alaksandu) y el soberano hitita Muwatalli II en 1290 a.e.c.[3] Wilusa, que pudo ser el nombre hitita de Troya, explicaría la denominación griega Ilión. La guerra troyana, así sería un conflicto entre una fortaleza hitita en Asia Menor y varias ciudades griegas continentales.
El fin de Troya VI se produjo en torno a 1250 a.e.c., fruto de un desastre natural, probablemente algún terremoto.  Se reconstruye la ciudad y se vuelve a habitar (la Troya VI 1). Hacia 1180 a.e.c., es la fecha en la que se constata la presencia de una gran devastación, con ruinas de edificaciones destruidas por el fuego, innumerables proyectiles de catapulta y huesos humanos calcinados. Todo ello puede ser un indicador de que la población sufrió algún tipo de ataque externo, una presumible guerra. Algunos creen que este sería, precisamente, el conflicto narrado por Homero.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR.



[1] Únicamente un poco más de un cinco por ciento de la extensión total del yacimiento ha salido a la luz tras siglo y medio de excavaciones, las últimas llevadas a cabo por un equipo alemán de la Universidad de Tubinga.
[2] Se puede recordar que en la Ilíada se señala que el rey Príamo era dueño de extensas caballerizas reales y que Andrómaca, la esposa de Héctor, alimentaba con esmero, con vino y granos, a los caballos de su marido.
[3] Los términos del tratado indican la antigüedad de la alianza. Troya estaría subordinada al imperio hitita aunque no habría perdido su autonomía real. Los hititas se referían a toda la región de la Tróade como Wilusa, denominando a la ciudad de Troya como Taruwisa (de donde la Troya en la nomenclatura griega).