23 de octubre de 2008

Pensamiento y religión védica: Rig Veda

La antigua religión védica en India: el Rig Veda

Prof. Julio López Saco


El pensamiento védico

La religión védica, estructurada en virtud de esas colecciones de himnos que traen consigo los grupos arios (elite noble guerrera), llamados vedas, presenta la particularidad, como todas las religiones indoeuropeas, de mostrar un predominio significativo de dioses masculinos, especialmente, Indra, Mitra y Varuna, que reinan sobre principios absolutos, abstracciones y personificaciones de poderes y potencias vitales. Además de estas divinidades, son también relevantes Soma, personificación de un líquido usado en las libaciones en los sacrificios, y Agni, un elemento del sacrificio, concretamente el fuego, pero también una personificación divina. Se trata, en este caso específico del vedismo, sustrato del hinduismo, el budismo y el jainismo, de una religiosidad sin imágenes de dioses ni templos, y con un cierto henoteísmo latente. Aunque la sociedad védica retomará en su seno el modo funerario de la incineración y el concepto del renacimiento pre-ario; esto es, ideales y costumbres propias de los habitantes de la antigua civilización del Indo, instaura un nuevo tipo de modo de vida, de lengua escrita y de religiosidad.
En términos generales, el pensamiento védico pervive popularmente en algunas colecciones literarias significativas: los brahmanas, exposición de los rituales, compuestos por los brahmanes, y de carácter cosmogónico, compuestos entre 1000 y 800 a C.; las Upanisads, enseñanza íntima, aquella impartida por un maestro o gurú a sus discípulos, textos especulativos (compuestos, los trece antiguos, entre 700 y 500 a.C.), en los que se reflexiona filosóficamente acerca de la creación del mundo, y donde también encontramos la descripción de la energía audible (Om), sílaba que inicia la potencia energética que prefigura la trimurti hinduista, esto es, los dioses Brahma, Siva y Visnú; y los Purana, manuales de mitología, en especial del hinduismo, estructurados en 18 libros, y compuestos en los primeros siglos de nuestra era.


Los Vedas: revelación eterna


Los vedas (sabiduría, percepción sobrenatural), son cuatro colecciones de himnos de tradición oral y secreta, que fueron transmitidos de maestros a discípulos. Sólo los sacerdotes serán los capacitados para transmitir esta tradición, considerada revelada. Estos textos son: Rig Veda, Sama Veda, Yajur Veda y Atharva Veda. En términos generales, el pensamiento védico tiene como fundamento el sacrificio, entendido como un culto esotérico que busca satisfacer las ambiciones de los socialmente más poderosos; es decir, de los brahmanes. Esta característica le confiere a la cultura india de esta época de la antigüedad un doble carácter: aristocrático y teocrático, en un momento en que el sacerdote se convierte en puente directo con lo divino. El sacrificio, así, será considerado también un acto social. De entre toda la literatura india, considerada sruti o revelada, frente a la smurti o recordada, son, sin duda, los Vedas los más importantes, en especial el Rig Veda. Los vedas son para el hindú, en términos generales, una revelación atemporal, de autoría no humana, eterna, y que porta, en sí, todos los conocimientos. Son la verdad revelada, no nacen en un momento concreto de la historia, sino que son obra divina. Para cualquier creyente los Vedas son una revelación eterna, pero para los investigadores occidentales, que aplican el rigor filológico e histórico a los textos, son una colección de himnos y oraciones, transmitidos por los sabios arios, llamados rishis, y compilados a lo largo de un amplio período temporal, que reflejan e ilustran acontecimientos sociales y religiosos. Como ya dijimos, únicamente los brahmanes son los guardianes de esta tradición y los capacitados para transmitirla, siendo los responsables de la preservación ritual oral de los textos. En la práctica ritual, la comida sacrificial se compartía con los miembros del grupo y con numerosos seres sobrenaturales o devas. A través del sacrificio los dioses pueden ser aplacados, se pueden recibir sus beneficios, en forma de cabezas de ganado o descendencia, o se puede realzar la posición social o la pureza religiosa del que lo efectúa. Las escuelas teológicas o ramas que se especializan en el aprendizaje de ciertos textos de los Vedas conforman el mecanismo principal para su clasificación, pues un Veda puede tener varias escuelas que se relacionen con él. Estas escuelas aseguran la transmisión precisa de generación en generación gracias a la ayuda de reglas para su recitación, aunque el significado de los textos se fuese perdiendo para los recitadores a medida que la lengua se alejaba de sus orígenes védicos más arcaicos. Los himnos de los Vedas, aquellos que los sabios escucharon y posteriormente recitaron a sus discípulos, quedaron bajo la custodia de las familias brahmines. Transmitirlos de padres a hijos se convirtió en su tarea y fin, de modo que quedaron directamente vinculados, en el contexto de la sociedad védica, con el lenguaje, la comunicación y el recitado de los himnos, así como con el manejo de fórmulas de culto (mantra).
Los cuatro vedas son, en realidad, cuatro colecciones distintas del veda primitivo, una denominación ofrecida al conjunto de material poético oral anterior a su agrupación en colecciones. Dicho material estaría compuesto por himnos, poemas filosóficos, fórmulas mágicas y canciones populares, con un contenido fundamentalmente religioso.
Los Vedas, que incluyen las cuatro tradiciones mencionadas, se dividen, a su vez, en varias categorías de texto: Samhita, Brahmana, Aranyaka y Upanisad. El Veda, como sustrato más arcaico de la literatura védica, se refiere a la parte samhita.

Rig Veda

El Rig Veda, el más notable, es una colección de diez libros (mandala), con 1028 himnos dedicados a varias divinidades, compuestos en sánscrito védico y que pueden datarse hacia el año 1200 a.C. Contiene himnos para lograr el favor divino, y en él el sacrificio, o sus elementos constitutivos, se emplean como divinidades, particularmente en el caso de Agni y Soma. Los himnos, generalmente, por consiguiente, de carácter propiciatorio, fueron compuestos por rishis, hombres inspirados por lo divino, cuyos nombres perviven en la tradición brahmánica, por más que hayan sido figuras semimíticas, como Kanva o Pippalada. Se compusieron oralmente y fueron transmitidos de padres a hijos en el seno de familias brahmánicas especializadas. Pero hubo un momento en que la tradición dejó de ser productiva y dejaron de componerse nuevos poemas, estableciéndose, paulatinamente, un canon fijo de himnos, aunque ligeramente variable según las escuelas surgidas de aquella tradición familiar. En el Rig Veda encontramos verificada la homología cósmica, fundamento de la religión india, que implica la vinculación entre el cuerpo, el Universo y el sacrificio, manifestado en la idea del hombre cosmológico de cuyas partes constitutivas se forma el Universo y que explica el surgimiento de la sociedad y de las diferencias sociales: Purusa Sukta. El Rig Veda es el texto más antiguo de los cuatro mencionados y el más relevante, sin duda, para comprender la sociedad y las creencias de los primeros indoarios. En los últimos mandalas los dioses, presentes en el texto como potencias exteriores a los que es oportuno propiciar, como Indra o Surya, o como formas imprecisas, caso de Prajapati o señor de la creación, y Visvakarman o creador de todo lo que existe, comienzan a esfumarse ante la importancia del sacrificio, que empieza y acaba en sí mismo, observándose una incipiente tendencia hacia el monoteísmo que luego protagonizará Brahma.
El Rig Veda fue conservado oralmente aunque ya los habitantes del subcontinente indio utilizaban la escritura hacía bastantes siglos, aunque, fundamentalmente, en menesteres de carácter cotidiano. La reticencia a conservar este texto por escrito se debía a su poder mágico y a que dicha potencialidad no debía caer en manos inescrupulosas. Los que lean y reciten, en lugar de memorizar, el Veda, son, prácticamente, corruptores. Es por esto que fue memorizado, de modo que fuese tarea imposible encontrar en él rastro físico alguno. La formación de la colección del Rig Veda, el libro religioso por excelencia de la casta sacerdotal, pudo estar concluida hacia 800 a.C., aunque su fijación definitiva por escrito no debió acontecer, en cualquier caso, antes del 600 a.C.
El Rig Veda, como el Atharvaveda, suele ser considerado como una colección histórica, a diferencia de los otros dos, considerados como de intención estrictamente ritual y litúrgica. Como el Rig Veda contiene el modo de ver las cosas de varias generaciones de cantores, encierra, en sí mismo, diversos estratos de pensamiento. En él se puede seguir una evolución religiosa desde el animismo más arcaico hasta fórmulas organizativas más avanzadas. Los problemas genésicos iniciales que el texto plantea, se traducen en una visión politeísta, pues cada cuestionamiento es explicado por la acción de un dios. Por todo ello, las divinidades védicas aparecen íntimamente relacionadas con las realidades físicas de las que derivan: Sûrya-sol, Agni-fuego, Vâyu-viento, aunque otras, como Prajâpati, señor de las criaturas, o Varuna, no parecen derivar de fuerza natural alguna. La interconexión de todos los elementos naturales, no obstante, sugiere cierto sincretismo de todas las divinidades, lo que pudiera hacer pensar en una concepción proto-monoteísta. Los himnos del Rig Veda son, esencialmente, invocaciones a los dioses, algunos de ellos muy arcaicos, y que aparecen también reflejados en el Avesta, lo cual es reflejo de la época en que indios e iranios aun no se habían diferenciado como poblaciones diferentes. Entre estas deidades arcaicas, compartidas con el mundo iranio, se encuentran Yama, dios de la muerte, Mitra, cuyo culto llegó al imperio romano y caló, especialmente, entre los militares, y el culto a Soma (Haoma). A un período todavía más arcaico corresponde la concepción del cielo como padre de los dioses: Dyaus pitâ (el Zeus griego). En cualquier caso, los dioses védicos no son eternos, pues han tenido un comienzo: surgen del cielo y la tierra o de otros dioses. Además, tampoco son, en origen, inmortales. Tal condición la obtienen otorgada por Agni o Savitar, o por beber Soma. Su descripción física es bastante antropomorfa, aunque su vaguedad descriptiva, lejana de la humanización griega, dificultó enormemente su desarrollo gráfico e iconográfico. El adorador, en definitiva, está sometido a la voluntad de estos dioses. Oraciones y diversos sacrificios tienen la intención de ganarse el favor y la bondad divinos, aunque también es verdad que la fuerza y poderío de los dioses depende del recitado de los himnos, los sacrificios y las oblaciones líquidas. De aquí surgirá la idea de que el sacerdote “controla” la actuación divina y, por consiguiente, el brahmán puede ser visto como un dios entre los hombres, con todas las prerrogativas, religiosas y sociales, del caso.
El número de dioses en el Rig Veda es de treinta y tres, once por cada región (cielo, tierra y aire), un número no absoluto, sino simbólico. En los fragmentos más recientes del texto encontramos divinidades abstractas, algunas meras deificaciones de nombres abstractos (Manyu, cólera), o abstracciones de nominaciones que indican alguna operación o atributo. El proceso de deificación indica que originariamente fueron atributos o propiedades de uno o varios dioses que acabaron independizándose. Junto a las deidades encontramos también entidades semidivinas, entre las que destacan Apsaras y Gandharvas, e, incluso, hombres, entre los que se destaca Manu, el primer sacrificador y el antepasado por antonomasia del grupo humano.
En definitiva, el Rig Veda presenta, fundamentalmente, una religión politeísta de grandes dioses, más o menos personalizados y antropomorfizados, yuxtaponiendo un rígido ritualismo y concepciones mágico-supersticiosas a un comienzo de especulación filosófica un tanto sutil, que se verá desarrollado posteriormente, en todo su esplendor, en las Upanisads.

Bibliografía


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