24 de febrero de 2015

Deidades protectoras, arhats y místicos en el budismo tibetano








IMÁGENES, DE ARRIBA HACIA ABAJO: BRONCE DORADO CON VAJRAPANI EN UNIÓN DE SU CONSORTE. TÍBET CENTRAL, SIGLO XV; CABEZA DE BRONCE TIBETANO DEL SIGLO XIII. UN MAHASIDDHA CON EXÓTICA EXPRESIÓN; MAHASIDDHA GHANTAPA CON LA CAMPANA RITUAL Y EL VAJRA. SENTADO SOBRE UNA PIEL DE ANIMAL, LLEVA UNA CORONA CON UNA CALAVERA HUMANA. COBRE AMARILLO DORADO, SIGLO XVI; PIEDRA DORADA CON MAHAKALA. FINES DEL SIGLO XIII, ATRIBUIDO A LA ESCUELA DE ANIGE; TANGKA CON ARHAT CHUDAPANTHAKA. ESTÁ EN ARMONÍA CON LA SERENIDAD DEL PAISAJE DE ESTILO CHINO, AUNQUE PARECE ESTAR APARTE DEL MISMO, FLOTANDO MÁS ALLÁ DE LA MUNDANIDAD, CONCENTRADO EN EL CONTROL SOBRE SUS PODERES INTERNOS. SIGLO XVI; TANGKA TIBETANO (ESTANDARTE PINTADO), CON AMOGHASIDDHI RODEADO DE BODHISATTVAS. COMIENZOS DEL SIGLO XIII; TANGKA TIBETANO DEL SIGLO XV, CON MAHAKALA. APARECE RODEADO DE FEROCES DEIDADES, COMO LA PROTECTORA FEMENINA LHAMO, QUE APARECE SOBRE SU MULA. GOUACHE SOBRE ALGODÓN; YOGI SENTADO QUE MUESTRA EL PODER INTERNO DEL CONTROL DE LA RESPIRACIÓN. COBRE AMARILLO, TÍBET, SIGLO XI.

Existen muchas divinidades iracundas en el budismo tibetano que son, en el fondo, protectoras del Dharma, así como guerreros y reyes, míticos y humanos o históricos, que se han convertido en guardianes de la ley. Los lokapalas son los guardianes de las direcciones o Cuatro Reyes. El más relevante de los cuatro es Vaishravana, rey o guardián del norte. A pesar de las horrorosas apariencias, son figuras protectoras de la fe, y su naturaleza demoníaca representa no la personificación del mal sino la violencia, la vehemencia, que existe en el Universo, así como el tremendo esfuerzo que hay que hacer pasa desterrar el mal. Algunos guardianes tibetanos son también deidades en formas feroces, como Manjushri, quien en su forma terrorífica recibe el nombre de Vajrabhairava. Esta divinidad es típicamente representada con numerosos brazos y cabezas, con una cabeza de búfalo en el centro (entre cuyos cuernos se encierra otra feroz cabeza), así como un conjunto de amas y símbolos. Se trata de densas imágenes, rítmicas, que comunican una ferocidad demoníaca al tiempo que propician una atracción casi hipnótica.
Yidam es una clase de deidad protectora adorada como una deidad tutelar personal (lo fue para el gobernante mongol Kublai Khan), al igual que como guardián del reino como un conjunto. El yidam indio Mahakala se reverencia especialmente en Tíbet (siguiendo la herencia nómada de la región) en su papel de señor de las tiendas. Exuda poder, y se le considera la manifestación más feroz del bodhisattva Avalokitesvara, con el que mantiene una similar función de superador de obstáculos, especialmente aquellos considerados negativos. Su aterradora imaginería deriva de la forma furiosa del dios hindú Siva, conocido, en tal sentido, como Bhairava.
Palden o Penden Lhamo es una protectora femenina de la capital, Lhasa y, a la par, del Dalai Lama. En las pinturas que representan a Mahakala, Lhamo tiene una posición prominente como una de las figuras subsidiarias mayores. Parcialmente, su origen se halla en la diosa Kali, aunque, muy probablemente, también deriva alguno de sus atributos de divinidades nativas de la tradición Bon. Sus grotescas representaciones son visiones de una clase de actividad compasiva. Casada con un sangriento rey guerrero, se la representa a menudo llevando el cuerpo de su hijo muerto con ella sobre su mula, haciendo énfasis en que no se detendrá ante nada (lo que incluye matar a su hijo) con tal de alcanzar la paz.
Yab-yum (padre-madre) son parejas de divinidades masculinas y femeninas representadas en unión sexual. Al menos uno en la pareja, usualmente el representante masculino, tiene una forma feroz. Las figuras emparejadas expresan el proceso esencial de unión del conocimiento y la compasión (vínculo de la sabiduría y los medios útiles de acción). La figura masculina, que encarna la compasión, abraza a la femenina, que representa la sabiduría trascendente. El matrimonio de sabiduría y compasión es necesario para trascender las preocupaciones que ocultan los progresos hacia el entendimiento de la naturaleza última de la realidad. Las imágenes yab-yum se vinculan a aspectos fundamentales del inconsciente, sirviendo para identificar, y sublimar, los instintos, conscientes e inconscientes en una muy poderosa metáfora visual.
Los arhats son vistos como discípulos que expanden la doctrina después de la muerte del Buda. En Tíbet asumieron el rol principal de intermediarios que asistían al creyente en el transitar de su sendero hacia la iluminación, al modo de un bodhisattva. También se les aplicó una estatura mítica que incluía poderes mágicos extraordinarios y exóticas apariciones. En Asia oriental su culto original de cuatro aumentó a dieciséis o dieciocho, hasta que finalmente evolucionó en grupos de quinientos. Tal número de imágenes propició edificaciones propias separadas en los complejos arquitectónicos budistas. En algunos ejemplos chinos y tibetanos, se representa al arhat con piel oscura, mecanismo habitualmente usado por los artistas chinos para indicar temas indios. Las imágenes tibetanas derivan de modelos chinos y siguen, por tanto, el modo chino de retratar temáticas y personajes de India. Las referencias literarias en Tíbet a estas personalidades aparecen a partir del siglo X.
Las imágenes del Mahasiddha, un gran ser que ha alcanzado su meta, son muy poco conocidas fuera de Tíbet. Estas figuras, altamente veneradas, tienen su origen en India, pero son únicamente conocidas allí a través de la literatura. Se considera que fueron practicantes tántricos muy admirados por sus prácticas nada convencionales. Se trata de yogis, grandes místicos, que practican la absorción en estados especiales de experiencias extáticas, y poseen, como los arhats, toda una serie de poderes sobrenaturales con los cuales llevan a cabo acciones milagrosas. En las representaciones artísticas se muestran llevando ropas propias de los moradores de los bosques, a la manera de individuos excéntricos, en tanto que los arhats se retratan como monjes. Por tanto, los Mahasiddhas fueron famosos por sus excéntricos comportamientos y apariencias. Quizá el más popular fue Virupa, primer enseñante terrenal de los Sakyapa. Fue un maestro del tantrismo que vivió en India en el siglo IX, y de quien se creyó que había ganado poder sobre el sol. Además, también fue renombrado por su amor al licor.
Finalmente, también algunos filósofos y reyes históricos, conformaron una segunda categoría de protectores del dharma. Es el caso del primer rey religioso Songtsen Gampo y del gran adepto del siglo XI Atisha.

Prof. Dr. Julio López Saco
Escuela de Historia, UCV- Escuela de Letras, UCAB