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23 de abril de 2026

Tradición mítica, historiografía y arqueología: el mito de los gemelos romanos



Imágenes, de arriba hacia abajo: sextante republicano, del último cuarto del siglo III a.e.c., con la loba Luperca y los gemelos en el reverso. En el anverso, un águila de pie a la derecha, sostiene una flor en el pico; detrás, dos perdigones. En la leyenda se lee Roma; representación del lupercal, con Rómulo y Remo amamantados por la loba y rodeados por representaciones del Tíber y el Palatino. Panel de un altar dedicado a Marte y Venus, de finales del reinado de Trajano (98-117), luego reutilizada en la época de Adriano (117-132) como base para una estatua de Silvano. Procedente del pórtico de la Piazzale dei Corporazioni en Ostia Antica, y hoy en el museo del Palazzo Massimo alle Terme de Roma; y Rómulo y Remo, obra mitológica del pintor barroco Peter Paul Rubens, datada hacia 1616.

Si bien los griegos tenían la noción de preexistir antes de que se formasen las poleis, lo cual implicaba una identidad étnica, los romanos no existían hasta la época en la que Rómulo fundó la ciudad de Roma, la organizó y la confirió un conjunto de leyes que permitieran la convivencia social. Este factor sería el rasgo de identidad romano.

En el famoso mito de los gemelos, Remo y Rómulo, existe un evidente protagonismo de la vida pastoril y del ganado, rasgos que encajan con la arcaica fase de la Edad del Bronce, etapa en que la comunidades eran asentamientos temporales asociados con el movimiento del ganado siguiendo el ciclo estacional. Este tipo de ocupación coincide con los primeros vestigios arqueológicos, datados a partir de 1600 a.e.c., hallados en las colinas romanas.

Con anterioridad a la fundación realizada por Rómulo habría, según la tradición, un mítico primer asentamiento prerromano en el Palatino. Se trata de una ciudad, de nombre Palantea, fundada por un héroe griego huido desde la región de Arcadia, llamado Evandro, que sería recibido con honores por el rey Fauno. Evandro se habría encargado de enseñar los cultos a deidades como Deméter o Posidón, las notas musicales o el arte de la escritura. Virgilio y Tito Livio ubican en el tiempo de este héroe civilizador y fundador la presencia de Hércules en este asentamiento prerromano. Evandro habría conocido a Hércules gracias a la habilidad profética de su madre Carmenta, quien habría vaticinado la erección de un altar en honor de esta figura semidivina. El propio Hércules erigiría el altar y haría el primer sacrificio de un buey en presencia no solamente de Evandro sino también de las familias de los Pinarios y los Poticios. Este altar se convertirá en uno de los señalamientos topográficos referenciales que Rómulo empleó en la fijación de los límites del pomerium de la primera Roma (la tradicional Roma Quadrata que apuntó Tácito en su obra Annales.

Este mito se recordaría, con antelación a la historiografía, en el ritual y en la topografía urbana. Ciertas festividades del calendario romano, particularmente asociadas al ganado y a los mecanismos para su protección, se vinculan a los gemelos y a la fundación de la Urbs. Es el caso de los Lupercalia, cuyos protagonistas principales eran los sacerdotes lupercos. Estos hacían un sacrificio de una cabra en la cueva del Lupercal y se desplazaban casi desnudos alrededor del Palatino. Estas fiestas tendrían un carácter gentilicio puesto que tales lupercos pertenecerían, en sus orígenes, a un par de clanes aristocráticos, denominados Quinctilios y Fabios.

Otro ejemplo destacable es la fiesta de los Parilia, en las que el elemento ritual principal consistía en que el ganado y los campesinos tenían que saltar por encima de hogueras encendidas. Esta ceremonia reflejaría la acción que los primeros habitantes de Roma tuvieron que llevar a cabo al abandonar y quemar sus viviendas para trasladarse a un sitio nuevo.

Estas festividades podrían ser un indicador de que la población urbana mantendría viva una memoria oral de los gemelos del mito por medio de recrear y revivir la época en la que habrían existido.

Por otra parte, hay que recordar que la fundación de la ciudad cuenta con unos límites espaciales definidos, en específico el Palatino, monte en que se encontraba la caverna conocida como cueva del Lupercal, lugar en el que la loba habría amamantado a los gemelos, al lado de una higuera consagrada a la arcaica diosa Rumina, protectora del nacimiento y amamantamiento de infantes. En 296 a.e.c. se monumentaliza el lugar con una estatua del animal y de Rómulo y Remo. Dicho monumento aparecerá representado en alguna moneda de plata del siglo III a.e.c., como es el caso del didracma (serie romano-campana), en cuyo reverso se muestra a la loba amamantando a los gemelos y en el exergo la leyenda ROMANO. Hay que reseñar que los mismo romanos identificaban en la ladera del Palatino la que habría sido la casa de Rómulo.

En términos generales, la fundación y formación de Roma es bastante diferente al mito de su fundación, tal y como se recogen en las diversas variantes existentes en las fuentes escritas antiguas. El registro de la arqueología muestra un asentamiento proto urbano unificado que se modificó en el Palatino, extendiéndose hacia el Quirinal y el Esquilino, a lo que se añadiría el Comitium, el Foro, Arx y Capitolio a mediados del siglo VIII a.e.c. En la tradición literaria, la memoria de los orígenes aparece en dos variantes principales. En la primera, se habla de la fundación de la ciudad en un espacio desértico; mientras que en la segunda se afirma que la fundación de la ciudad se produjo en un sitio donde ya pre existía un asentamiento antiguo, conocido como Septimontium. Como se puede apreciar, este segunda variante podría encajar de mejor grado con los datos proporcionados por la arqueología.

La pregunta pertinente aquí sería averiguar por qué parte de la tradición era afín a la noción de una fundación nueva, ex novo. Tal vez, el mito oficial de la fundación de Roma sintiese la imperiosa necesidad de hacer sobresalir la hazaña, cuasi heroica, del fundador, a lo cual se añadiría la asociación, prestigiosa, con el ámbito griego y troyano de Eneas y su familia exiliada tras la destrucción de la célebre Ilión.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA-UFM, abril, 2026.

1 de abril de 2026

Reinos neohititas o principados sirio-neohititas. Formación y evolución







Imágenes, de arriba hacia abajo: estela neohitita con escena de banquete, de Marash. Siglo IX a.e.c.; estatua del rey Tarhunza, del reino de Malatya; base de columna con dos esfinges en Zincirli (Sam'al), datada en el siglo VIII a.e.c.; figura sedente neohitita o aramea, datada entre los siglos X y VIII a.e.c.; relieve neohitita de Karkemish, datado en el siglo VIII a.e.c.; panorámica del yacimiento de la ciudad hitita y neohitita de Kultepe; ortostato con relieve del reino de Malatya y; mapa de algunos Estados neohititas. Los reinos luvitas, reinos luvio-arameos o reinos sirio-hititas (en la historiografía tradicional neohititas); Estados surgidos después de la caída del imperio Hitita en 1200 a.e.c.

Estos reinos o principados, que los asirios denominaron como hattayu y hattu, y los hebreos htym, conformaron núcleos de población con una reducida relevancia política y con no muy amplia extensión territorial, que mantuvieron una parte de las características culturales hititas en la Siria septentrional. Los territorios al norte de las montañas del Anti Tauro y el Amanus, que formaran parte del imperio de Hatti desde una perspectiva política, contaron con una población luwita y un componente hurrita bastante amplio, en tanto que los estados meridionales a partir de esta referencia geográfica, que habían sido reinos dependientes del imperio hitita (siglos XV al XIII a.e.c.), mantenían una población semita con algunos grupos étnicos hurritas, así como una clase dirigente de luwitas e hititas, en particular, militares, funcionarios de palacio y gobernantes.

La formación de estos estados tiene como fundamento la expansión territorial del Imperio hitita entre los siglos XIV y XIII a.e.c., así como las migraciones de los grupos conocidos como hititas jeroglíficos una vez desmembrado el imperio. Desde un punto de vista cronológico estos reinos abarcan desde el Hitita Reciente I (hacia 1000-950 a.e.c.) hasta el Hitita Reciente IIIb (750-700 a.e.c.). En el siglo XII a.e.c. se documenta el Estado de Tabal (una confederación de pueblos), Karkemish, Kummuhu, Malatya, Arpad y Ya’diya, y tal vez también Alepo, Guzana, Adana, Luhuti y Til-Barsio, entre otros, en tanto que en la siguiente centuria los grupos étnicos arameos del norte de Siria fundan el reino de Saram. A la par, dinastías de origen arameo se establecen en algunos principados neohititas, como es el caso de Bit-Adini, en Til-Barsip, Bit-Bahiani en Guzana, o Bit-Agushi en Arpad, por ejemplo.

Entre los siglos XII y XI a.e.c. se lleva a cabo una fase formativa signada por un cierta dependencia política del Reino Asirio en época de reinado de Tiglat-Pileser I (1115-1077 a.e.c), que acaba ocupando los importantes reinos de Karkemish y Malatya. Ya entre los siglos XI y X, debido a las divisiones internas del Reino Asirio, los Estados neohititas extienden su dominio en la costa libanesa hasta Israel, contactando con este reino en la época de David y Salomón (desde 1015 a 930 a.e.c.). De hecho, en los textos hebreos se les conoce como hijos de Hatti o Heth. El siglo IX, una fase con una dinámica política y territorial semejante a la de las ciudades-reino fenicias, sufre las condiciones que surgen de la expansión militar asiria durante los reinados de Assurnasirpal y Salmanasar III, a partir de 875 a.e.c. y hasta el último cuarto del siglo. Estos reyes asirios resultan vencedores de una coalición hitita-aramea en la batalla de Lutibu debilitando, de paso, al reino de Urartu en virtud de una expedición llevada a cabo en 856 a.e.c. La ocupación, no obstante, fue más teórica que real, siendo, más probablemente una sumisión solamente teórica o centrada en el pago de tributos. En cualquier caso, la amenaza militar asiria fue un severo condicionante de las alianzas y acuerdos entre los estados arameos y las ciudades-reino fenicias con los reinos sirio-neohititas.

Para el siglo VIII a.e.c. se documenta la presión que ejerce Urartu sobre los principados neohititas, en particular en la época de Argishti I y Sadurni II, momento en el que es tomado Malatya y otros reinos se ven en la obligación de pagar tributos al reino de Urartu. Asimismo, acontece la creación de una coalición anti asiria controlada por Urartu.

Los asirios establecen gobernadores (turtanu) en Til Barsip con la finalidad de controlar los territorios nororientales de la zona neohitita. No obstante, acciones militares directas ulteriores, llevadas a cabo por Tiglat-Pileser III, quien derrota a la coalición urarto-neohitita, culminan con la anexión asiria. El rey asirio somete al pago de tributos a un buen número de reinos neohititas (Gurgum, Malatya, Tuwana, Atuna, Tabal, y otras). Posteriormente, Sargón II (segunda mitad del siglo VIII), en reacción a una rebelión que propicia Frigia, anexiona todos los Estados neohititas, convirtiéndolos en provincias del Reino asirio, siendo gobernadas por un encargado o un jefe de la circunscripción (bel pihati).

Las unidades políticas del norte de Siria tenían como característica básica que las comunidades étnicas base de la población no se reconocían como hititas. Así, el calificativo étnico y cultural lo obtuvieron en los registros de los Estados próximos. Esto pudo deberse a que los grupos originarios del reino de Hatti eran de poca relevancia, a que hubiese una estructura social mixta a consecuencia de migraciones, a un éxodo provocado por el expansionismo asirio, o a las deportaciones. La definición como hitita pudo proceder del hecho de que en estos Estados el poder político fuese detentado por una clase social que procediese del antiguo territorio de Hatti.

En las inscripciones regias y religiosas, así como en los textos administrativos se usaba la lengua luwita, mientras que el panteón religioso de estos reinos sirio-hititas mostraba un mestizaje cultual derivado de la mezcla étnica entre grupos anatolios y comunidades se sustrato arameas y cananeas. Las principales deidades de las ciudades eran Kubaba, deidad femenina asociada con los cultos de la fertilidad y el concepto de diosa madre, y Thasmah, divinidad de la climatología, los fenómenos atmosféricos, sobre todo de la tempestad, y de la fertilidad en el campo. Eran deidades que protegían a las monarquías neohititas. La reina y el rey, en el marco de la estructura religiosa, ejercían el rol de gran sacerdotisa y sumo sacerdote. Uno de los rasgos religiosos más destacados era la adivinación y la predicción del futuro, de ahí la realización de prácticas de avispicina (análisis del vuelo de las aves), y epatoscopia (predicción del futuro tras el examen del hígado de animales sacrificados).

La estructura política de estos estados neohititas se conoce gracias a textos hebreos y asirios. En ellos se menciona un poder político unificado unipersonal, con casi total seguridad un rey, una suerte de monarca absoluto que contaría con un sustancial apoyo de la fuerza militar, lo que conllevaría la configuración de dinastías hereditarias, como fue el caso de Gurgum o Karkemish. Algunos monarcas neohititas, como los de Karkemish y Malatya, portaron, entre 1200 y 700 a.e.c., los apelativos de Gran Rey y de Héroe, como se puede apreciar en las inscripciones jeroglíficas halladas en el norte de Siria y en el sudeste de Anatolia. En el reino de Karkemish, en particular, coexistieron los conocidos como señores del país y los grandes reyes, probablemente dos ramas de poder paralelo en el mismo reino, algo constatable a partir del 1000 a.e.c.

Al lado de los reyes, las inscripciones citan a los jueces o tarwani. En Sam’al, en una inscripción del rey Kilamua de 827 a.e.c., se mencionan dos grupos entre la población, los ba’rir, de ascendencia aramea, y los mushkab, agricultores. Se puede asegurar que, como ocurría con las ciudades reino fenicias, no había una idea de Estado común entre los reinos neohititas, aunque hubo ciertos intentos. Únicamente el reino de Kizzuwatna intentó configurar, en el siglo X, una estructura política supraestatal que agrupaba unidades políticas de Cilicia (reinos de Tuwanna, Tobal, Taro, Hupisna). Asimismo, el reino de Malatya, en los siglos IX y VIII a.e.c., intentó encabezar una confederación, llamada Milid, con los núcleos de Gurgum y Kummanu.

Bibliografía básica

Bryce, T., The World of The Neo-Hittite Kingdoms: A Political and Military History, Oxford University Press, Oxford, 2012.

Gracia Alonso, F. & Munilla Cabrillana, G., Protohistoria: pueblos y culturas del Mediterráneo entre los siglos XIV y II a.C., Universidad de Barcelona, 1960.

Hawkins, J.D., “Assyrians and Hittites”, IRAQ, 36, 1-2, 1974, pp. 67-83.

Hawkins, J.D., “The Neo-Hittites States in Syria and Anatolia”, Cambridge Ancient History, III, 1, Cambridge, 1982, pp. 372-441.

Hawkins, J.D., "Karkamish and Karatepe: Neo-Hittite City-States in North Syria", Civilizations of the Ancient Near East, 2, 1995, pp. 1295-1307.

Kuhrt, A., El Oriente próximo en la antigüedad, c. 3000-330 a.C., edit. Crítica, Barcelona, 2001.

Liverani, M., El Antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía, edit. Crítica, Barcelona, 1995.

Weeden, M., “After the Hittites: The kingdoms of Karkamish and palistin in Northern Syria”, Bulletin of the Institute of Classical Studies, 56, 2, 2013, pp.1-20.

Younger, K. L., A Political History of the Arameans: From Their Origins to the End of Their Polities, SBL Press, Atlanta, 2016.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AVECH-AEEAO-AHEC-ICA-UFM, abril 2026.

 

14 de febrero de 2026

Pintura mural minoica: naturaleza y religiosidad


Imágenes: arriba, la llamada sacerdotisa joven (tal vez únicamente una adolescente), de la habitación 4 de la casa occidental de Akrotiri. Se ha sugerido que está quemando hebras de azafrán; abajo, el Sarcófago de Hagia Triada, hacia 1460 a.e.c. Museo Arqueológico de Heraclion, Creta.

La pintura mural al fresco minoica llama la atención por sus coloridas imágenes de animales, paisajes y elementos ceremoniales. Esto ha consolidado la visión de una sociedad minoica sofisticada, vivaz y hasta lujosa. La pintura figurativa minoica es la propia del período Neopalacial, entre 1700 y 1450 a.e.c., una época de probable centralización del poder político de características tal vez teocráticas en Cnoso. Se trata de un tiempo (que para los mitos sería el del reinado de Minos), en el que surgieron villas señoriales, ornadas con pinturas en las paredes y en los suelos, y se reconstruyeron los palacios.

Estas pinturas aparecen en diversos lugares de la isla de Creta, como Festo, Amnisos, Hagia Triada, Galatas, Palaikastro, Malia o Tiliso, entre otros sitios, pero también más allá de la isla. Hay constatación de pinturas de estilo minoico en Qatna, actual Siria, Avaris en Egipto (hoy Tell el-Daba), Tel Kabri en Israel, Alalakh en la Turquía moderna o en Akrotiri. Las pinturas al fresco, si bien no en composiciones figurativas, surgen en el Minoico Antiguo II y III, a partir de 2650 a.e.c., y se mantienen, en composiciones de carácter geométrico, en el Minoico Medio, desde 2050 a 1700 a.e.c.

Suelen ser composiciones de tamaño natural, con figuras sin sombras y sin volumen, con colores planos y realizadas sobre fondos en un solo color. Seres humanos y animales suelen aparecer de perfil completo, representados de manera natural y de forma fluida. En la etapa Neopalacial, la pintura figurativa minoica es un asunto propio de Cnoso. Una decoración pictórica que se inspira en Egipto y en regiones orientales, si bien cubre una necesidad de autorrepresentación específicamente minoica. Muchas de las pinturas halladas, bastante fragmentadas y deterioradas, han sido reinterpretadas desde los tiempos de Arthur Evans de forma errónea, adaptándose a las formas y modos de entender la sociedad de fines del siglo XIX.

La iconografía pictórica minoica presenta como temas los animales, los seres humanos y los paisajes naturales, muy habitualmente entremezclados y aludiendo a una simbología de tenor religioso. Este es el caso del célebre sarcófago de Hagia Triada (del Minoico Reciente II o III, a partir de 1460 a.e.c.), ornamentado con pinturas al fresco en donde se muestran escenas de carácter ritual religioso. En uno de sus lados mayores hay una escena en la que se sacrifica un toro, y varias mujeres realizan libaciones al lado de hombres que entregan varios objetos votivos a una figura que representa al difunto o bien se asemeja a la estatua de alguna deidad. Rosetas, espirales y hachas dobles votivas, asociadas con la iconografía de Cnoso de la etapa Neopalacial, adornan el sarcófago en su conjunto. En una sociedad, como la minoica, en la que la religiosidad está presente en todos los ámbitos vitales, la pintura responde a la necesidad de enseñar la esfera de lo espiritual.

Representaciones de carácter naturalista lo conforman la temática de la fauna y el paisaje. Asimismo, la presencia de algunas plantas se hace recurrente en la iconografía. En especial, abundan los lirios y el azafrán, ambas ligadas a escenas religiosas (como los monos), así como a lo femenino y a la deidad de los animales o Potnia Theron. De hecho, los monos de color azul y el azafrán se conectan con lo divino. El azafrán tenía multitud de usos, para perfumes, medicamentos, elaboración de tintes y, sobre todo, en la cocina, aspectos todos ellos conectados con el mundo de la religiosidad. En tal sentido, por ejemplo, se empleaba azafrán para teñir las vestimentas rituales y era un componente esencial en el maquillaje de las sacerdotisas. La presencia de los monos en Creta, que suelen aparecer representados en libertad en la naturaleza y caracterizados con cierta antropomorfización, pueden estar relacionados con los presentes exóticos que llegaban desde Egipto.

Dentro de la representación de elementos naturales sobresale la presencia de animales fantásticos, como los grifos, con una función protectora del poder divino, o plantas irreales.

En los frescos parietales abundan las representaciones humanas, tanto de personajes femeninos como masculinos. Normalmente, son jóvenes que aparecen semi desnudos, con cuerpos muy estilizados y bastante atléticos. En la temática iconográfica se encuentran representaciones ceremoniales, como ocurre con el mencionado sarcófago de Hagia Triada, o procesionales, caso del famoso Príncipe de los Lirios, hoy renombrado como Rey-sacerdote. Las escenas específicamente atléticas son abundantes, si bien son representaciones cultuales. Es lo que ocurre con la escenografía de la taurocatapsia como manifestación ritual-religiosa (el conocido Fresco del Salto del toro), o con las escenas de lucha (niños boxeando en Akrotiri).

Un hecho de gran relevancia es la ausencia en la pintura mural al fresco minoica de escenas violentas, de guerra o caza (que sí serán relevantes en el ámbito micénico), ni de aquellas relativas al poder político centralizado. No obstante, existen algunos ejemplos excepcionales, como la representación de soldados con escudos en el fresco del muro septentrional de la habitación número cinco de la Casa Oeste de Akrotiri, o el mural conocido como Capitán de los Negros en Cnosos, que representa, quizá, mercenarios africanos desfilando.

Con el poder político micénico sobre el palacio de Cnoso el contenido iconográfico se mantiene, y las escenas de los frescos palaciales se orientan hacia el mundo simbólico y de la práctica ritualística. Este es el caso de la no menos célebre Sala del Trono, donde se observan grifos a ambos lados de la silla de piedra, si bien también son comunes tales escenas en sellos, ubicadas alrededor de columnas o de deidades.

En las últimas fases palaciales, la figura del toro se hace muy frecuente, asociado a un ámbito signado por la ritualidad. Así, la relevancia ritual del toro en el el terreno simbólico se puede apreciar en los ritones con cabeza del animal o en la proliferación de cuernos de consagración como elemento arquitectónico. Asimismo, en el ámbito sacrificial se encuentra presente en las representaciones que adornan el sarcófago de Hagia Triada. Por otra parte, no se deben olvidar las escenas acrobáticas frente a estos animales, probablemente asociadas a jóvenes pertenecientes a las aristocracias.

En la fase final de Cnoso los frescos presentan, por lo tanto, una secuencia de motivos vinculados con la religiosidad, en tanto que la representación de la naturaleza, presente en todas las épocas, sirve como conexión mística con la esfera de las divinidades.

Bibliografía básica

Immerwahr, S., Aegean Painting in the Bronze Age, Pennsylvania State University Press, University Park & Londres, 1990.

Marinatos, N., Minoan religion: ritual, image and symbol, University of South Carolina Press, Carolina del Sur, 1993.

Preziosi, D. & Hitchcock, L.A., Aegean Art and Architecture, OUP, Oxford, 1999.

Vivó Codina, D., “Un reflejo en las paredes. La iconografía de los frescos minoicos”, en Creta Minoica, Desperta Ferro Arqueología & Historia, n.º 17, febrero-marzo, 2018, pp. 40-44. 

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-AEEAO-UFM, febrero, 2026.

3 de febrero de 2026

Los Reinos Combatientes llegan a su fin: expansión territorial y consolidación política Qin



Imágenes, de arriba hacia abajo: guerrero en bronce del período de los Reinos Combatientes. Estado de Zhao, hoy en el National Museum de Shanxi; espadas de hierro y de bronce del mismo período, en el Museo Provincial de Xi'an; y casco en bronce, perteneciente al período de Primaveras y Otoños (770-475 a.e.c.)

La etapa final del denominado período de los Reinos Combatientes en China (Zhànguó Shídài, 戰國時代), entre 475 y 221 a.e.c. registra la consolidación territorial del reino Qin () alrededor de efímeras alianzas, grandes batallas y una diplomacia persuasiva, lo que se reflejará en una serie de secuencias hegemónicas hasta el final afianzamiento Qin. El período había sido testigo de la conversión de los diferentes reinos en monarquías territoriales, con presencia de una burocracia administrativa y una rígida jerarquía de funcionarios, una organización en comandancias y condados, la construcción de líneas de defensa estatales, como fortificaciones y murallas, amén de la eficaz acción de estrategas militares y de una serie de pensadores que teorizan acerca de las alianzas.

Una burocracia encargada del registro de la población y de las cosechas para lograr una base que sostenga ejércitos cuantiosos y trabaje como mano de obra en obras públicas destinadas a garantizar los abastecimientos y la defensa territorial. Por otra parte, la guerra se concibe como una tarea de masas, con poderosos ejércitos de infantería, formados por campesinos y comandados por una oficialidad bien preparada.

Desde una perspectiva económica, el comercio a larga distancia y el uso de sistemas monetarios empiezan a ser relevantes.

Los conflictos por el llamado corredor de Hexi o de Gansu (Hexi Zoulang, 河西走廊), sumado a la consolidación interna de la administración y del territorio, propiciaron el comienzo del expansionismo Qin, que se inicia hacia 400 a.e.c. y finaliza con la absorción de los reinos rivales en 221 a.e.c. Después de perder esta región frente al Estado de Wei (), Qin decide reformarse desde adentro (aprovechando su aislamiento espacial debido a sus poderosas defensas naturales). Es el momento preciso en que el duque Xiao de Qin (Qín Xiào Gōng, 秦孝公, 361-338 a.e.c.) acaba impulsando las decisivas reformas de Shāng Yāng (商鞅). A partir de estos cambios, se logra la recuperación de Hexi hacia 340 y se pone fin a la hegemonía de Wei. Desde ese momento, el reino reorganiza su espacio político, estableciendo la capital en Xiányáng (咸阳), y creando las prefecturas de Beidi (北地), en 271 a.e.c., y Lǒngxī (陇西), que harán las veces de zonas de colonización y de defensa en la zona occidental. Bajo el reinado del rey Zhao de Qin (Qínzhāoxiāng wáng, 秦昭襄王), estas fronteras se aseguran con la construcción de fortificaciones.

En apenas unos cuatro años, entre 316 y 312 a.e.c., y tras la consolidación de los límites septentrionales, Qin comienza una expansión en dirección suroeste. Se trata de una expansión de claros tintes estratégicos, en busca de los abundantes recursos meridionales. Esto conduce a Qin hacia la conquista de los Estados Regionales de Shu (Gǔ Shǔ, 古蜀) y de (), localizados en la cuenca de Sichuan, célebre por sus tierras fértiles. La anexión de los territorios de ambos Estados le proporciona a Qin una importante base económica, centrada en los metales y los cereales, así como poblacional. Un poco tiempo después, hacia 312 a.e.c., la meta de Qin es el valle de Hànzhōng (汉中), un territorio en posesión del Estado de Chǔ (). Su relevancia radica en que se trata de una llanura que controla el paso estratégico que atraviesa las montañas Qinling (秦嶺) hacia la referida cuenca de Sichuan.

Este es el escenario de dos de las más significativas batallas del mundo antiguo en China, la batalla de Danyang (丹陽), en la que a las tropas del general de Qin, Wei Zhang (魏章) se oponen aquellas comandadas por los generales Qu Gai (屈匄) y Feng Houchou (逢侯醜), de Chu; y la batalla de Lántián (藍田), llevada a cabo en 207 a.e.c. Inmediatamente, el reino Qin lleva a la práctica una eficaz política de asentamiento de personas (en torno a cincuenta mil) en estos territorios. Con el control logístico y una superioridad de recursos, Qin está en condiciones de orquestar sus campañas contra los Estados orientales y centrales.

La escalada militar en la meseta central de China se recrudece a partir del año 312 a.e.c., llegando a su conclusión en 293 a.e.c., tras la decisiva confrontación en la batalla de Yinque (伊阙之战) contra las tropas del Estado Regional de Han (). La conquista de Yiyang (宜陽) por parte del rey Wu de Qin o Daowu de Qin (秦悼武王), quien reinó entre 310 y 307 a.e.c., y que es el paso decisivo hacia los dominios regios Zhōu (), se ve completada por la táctica de flanco doble que realiza el rey Zhao de Qin (秦昭王, con reinado entre 306 y 251 a.e.c.), que supone el amurallamiento de la meseta occidental, al tiempo que presiona a los Estados de Han y Wei, para este momento ya seriamente perturbados.

Esta situación es la que provoca una coalición de los Seis Estados, quienes consiguen una vactoria, aunque solamente temporal, en la Guerra del Paso de Hangu (函谷關), llevada a cabo entre 298 y 296 a.e.c. No obstante, gracias a una serie de maniobras políticas exitosas, Qin romperá esa alianza y logra hacerse con la antigua capital del Estado de Wei, Anyi (安邑). Solamente un par de años después, entre 294 y 293, el gran general Qin Bai Qi (白起) consigue, en su confrontación contra Han, una aplastante victoria en Yinque.

La superioridad Qin se va asentando gracias a sus victorias militares, iniciándose una fase,en la primera mitad del siglo III a.e.c., de dominio militar que culmina hacia 255. La capital ancestral del enorme y meridional Reino de Chu, conocida como Ying () es capturada en 278 a.e.c. Sin embargo, el momento crucial en este período lo conforma la batalla de Changping (長平之戰 ), contra el Estado Regional de Zhao (), en 260, cuando el general Bai Qi logra infligir una humillante derrota al cuantioso ejército de Zhao. Los últimos vestigios de la autoridad feudalizante Zhou son eliminados al anexar Qin los dominios, ya plenamente simbólicos, del último rey Zhou, Nan Wang (赧王), en 256 a.e.c.

Con Ying Zheng (嬴政) en el trono de Qin desde 247 a.e.c., el futuro primer emperador, que contó con el soporte de ministros como Li Si y de legistas como Lü Buwei, el Estado finaliza su configuración en una organización militar y administrativa cuya meta es la conquista territorial. El Estado Qin somete a la nobleza, refuerza su burocracia y reconfigura su fiscalidad, haciendo uso de una diplomacia férrea que incluye sin reservas el espionaje o las intrigas. La ofensiva final de sometimiento comienza en 230 a.e.c., y en menos de una década logra conformar un orden político centralizado en un territorio unificado.

El pensador arriba citado, Shāng Yāng, un seguidor del legalismo, corriente de pensamiento que entiende que la fortaleza de Estado reside en la conjunción de una serie de fundamentos clave, concretamente el desarrollo de la agricultura como base económica; la configuración de un ejército cuyo aval reside en los méritos que sus miembros adquieran en combate; y una severo código legal aplicable a todos, en el que el sistema es dual: recompensas y castigos, convence, como se dijo, al referido duque Xiao de llevar a cabo una serie de reformas a partir de 359 a.e.c. Se trataba de unas reformas que buscaban el afianzamiento del poder, al máxima eficiencia y, sobre todo, la sobrevivencia del Estado.

Ahora, los miembros del clan regio que no tuvieran méritos militares desaparecerían de los registros genealógicos, un hecho que suponía que el linaje no aseguraba ni riquezas ni honra. El sistema de los veinte rangos por méritos militares facilitaba que las clases sociales más deprimidas tuviesen una oportunidad de movilidad social por medio de la participación militar, factor que propició un poderío bélico fiel y poderoso a todo el reino. Los recursos se centraron en la agricultura y la guerra y se organizaron pequeñas unidades familiares que rompieron en sistema tradicional. Además, las prefecturas, las comandancias y los condados sustituyeron a los señoríos nobiliarios. Así pues, la disciplina, el orden, la eficiencia y el utilitarismo se convirtieron en pilares claves de un Estado militarizado que será el encargado de establecer el primer imperio en China.

Bibliografía

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VV.AA., “China. Los Reinos Combatientes”, Revista Desperta Ferro, n.º 93, enero-febrero, 2026.

Prof. Dr. Julio López Saco

UM-AHEC-AVECH-AEEAO- UFM, febrero, 2026.