22 de diciembre de 2015

Sobre el bipedismo y sus ventajas

La notable transformación morfológica del ser humano a lo largo del tiempo presenta cuatro aspectos cruciales interconectados: la bipedestación, la mano prensil, el aumento del cerebro y la transformación del rostro. La bipedestación marcó, no obstante, el punto de salida, originando, a su vez, el empleo de la mano para manipular objetos de distinta consideración, el aumento del cerebro y una progresiva transformación de la estructura ósea y de los músculos de la cara. Estos cuatro aspectos se influenciaron recíprocamente. En este caso particular, nos centraremos en el bipedismo.
La postura erguida supuso un cambio tanto morfológico como de la conducta. El bipedismo era, aparentemente, habitual en los ardipithecos, los australopitecos y, quizá también, incluso, en el Orrogin tugenensis. Hay que señalar, en cualquier caso, que los cambios morfológicos que se produjeron a partir del inicio del andar erguido fueron paulatinos, muy graduales. Una de las transformaciones más relevante implicó la modificación de la columna vertebral. La misma fue adoptando la forma sinuosa para sostener el tronco vertical, apoyado en la pelvis. Tal posición obliga a la pelvis a ensancharse para poder, así, sostener todo el cuerpo y las vísceras del abdomen. Además, se produce un alargamiento de las piernas, en comparación con los brazos, y un imprescindible desarrollo de la musculatura glútea; el pie también se transforma. El cráneo, por su parte, ahora ya no cuelga de la columna, sino que se sitúa apoyado en la parte superior del tronco. Se da, así mismo, un progresivo alargamiento del cuello.
La postura erguida supuso, sin duda, una notable mejora en el proceso adaptativo al medio ambiente, que debido al enfriamiento del planeta y a una sequía muy duradera, produjo una nueva retirada del bosque y una ampliación de zona de sabana con espacios abiertos. La adopción del bipedismo debió verse posibilitada por una serie de mutaciones genéticas que lo hicieran posible. En los comienzos más o menos titubeantes, debió predominar entre los homínidos un estilo de vida mixto entre la vida arborícola y la propiamente terrestre en la sabana.
Se han identificado diversas ventajas en la posición erecta y en la posibilidad de caminar erguido. Ya en el siglo XIX se afirmaba que la posición del pie permitía a los homínidos liberar sus manos y, en consecuencia, fabricar utensilios de distinta naturaleza, garantizándose, de ese modo, la superioridad sobre los demás animales. Esta apreciación, no obstante, situaba el origen de los cambios de forma y conducta en una suerte de determinada“previsión intencional” de la especie.
Hoy este planteamiento ha perdido vigencia en virtud de que las diversas especies de homínidos caminaban erguidos a pesar de poseer una capacidad cerebral realmente no muy superior a los chimpancés. En tal sentido, la razón del inicio del bipedismo debe buscarse en la necesidad de adaptarse a un nuevo entorno ecológico generado por una prolongada sequía, lo que originó un retroceso de la densidad arborícola y un decisivo aumento de la sabana. Además, tal hecho se relaciona con el tipo de alimentación de los primeros homínidos, centrada en la carne (no cazada, sino por el carroñeo), en los frutos y las semillas.
Entre los beneficios de la nueva postura erguida se señalan determinadas ventajas clave, como aquellas asociadas al transporte de comida y al cuidado de los hijos más pequeños, las relativas a facilitar una conducta vigilante, al levantarse sobre la hierba de la sabana; aquellas vinculadas con una presunta exhibición fálica de los machos para atraer a las hembras; las que favorecían el seguimiento de las piezas de caza en la sabana; o las que aseguran la decisiva ventaja de perder calor corporal al quedar expuestos a la radiación solar en plena sabana. Algunas más consideran que el bipedismo es favorable en el gasto energético en el momento en que hay que hacer marchas muy largas.
De un modo bastante particular, y desde cierta antropología, se ha propuesto también (C. Owen Lovejoy) que el bipedismo se debió a un nuevo modo de vivir la sexualidad y a una nueva estrategia reproductiva del ser humano. Dicho en otras palabras: el bipedismo permitiría procrear más. La mencionada estrategia reproductiva sería ahora de un tipo cualitativo (tener menos descendientes, pero atenderlos mejor). En tal sentido, cada pareja humana no estaría interesada en tener muchos hijos al mismo tiempo, sino sólo uno, aunque tengan que cuidarlo con gran esmero para lograr que sobreviva. Ello supone, según la teoría de Lovejoy, la afirmación de la tendencia a la conformación de parejas sexuales monogámicas e íntimamente unidas, situación a la que contribuyó la orientación que fue adoptando la sexualidad femenina, que pasó de carecer de período estrogénico (estro) a estar en permanente disponibilidad de apareamiento y a la consciente procreación. Lo que es más. Esos condicionantes le permitirían a la hembra sujetar de modo continuo a su pareja y, (desde una perspectiva sociobiológica), conseguir que el macho abandone su natural e instintiva tendencia promiscua y poligámica, y colabore de modo uniforme y comprometido en la cría y cuidado de la prole. De aquí se iría imponiendo un reparto de roles sexuales y culturales, en el que el sexo masculino se orientaría a la caza mientras que el femenino al cuidado de los hijos y a la recolección y, ulteriormente, a la agricultura y la ganadería. Por lo tanto, la postura erguida le permitiría a la mujer llevar en brazos al recién nacido y al varón le habría permitido emplear activamente las manos para manejar las armas o útiles que necesitaba para cazar o buscar alimentos tanto para su pareja como para sus hijos. En la actualidad, este hipótesis es muy criticada y, por ende, muy discutible, ya que el sexo no tiene porque ser la adherencia, o la única adherencia de una pareja.
La solución que, en consecuencia, proponen otros autores (caso de Marcel Blanc, por ejemplo), en relación al origen del bipedismo, no sigue la orientación de un mayor éxito reproductivo (como Lovejoy) sino la senda de una mejor adaptación a un nuevo nicho ecológico, en el que se podía alimentar más (y sobre todo, mejor), sin tener ninguna especie que pudiera hacerle frente al ser humano en ese nuevo entorno natural. Tal ámbito ecológico estaría representado por las grandes extensiones de sabana, con escaso arbolado. En ellas, los homínidos se irían acostumbrando a alimentarse de frutas silvestres y frutos secos de arbustos y pequeños árboles. En un entorno de estas características, resultaría especialmente ventajoso poder ponerse de pie y caminar erguido para así poder advertir con suficiente antelación la llegada de ciertos depredadores.
Es muy probable que la adopción del bipedismo haya permitido una mayor cohesión social del grupo, un factor que, a su vez, habría sido propiciado por la adaptación a un mejor nicho ecológico y un mejor reparto de roles. Una plausible y progresiva cohesión grupal se mejoraría sensiblemente cuando los seres humanos estuviesen provistos de una significativa capacidad cerebral así como de un modo de comunicación dotado de un  lenguaje articulado.
 
Prof. Dr. Julio López Saco
UCAB-UCV, Caracas. FEIAP-UGR