30 de diciembre de 2015

Señores de las estepas: las tribus escitas





Imágenes, de arriba hacia abajo: alfombra con jinetes y ciervos, de inspiración persa. Túmulo 5 de los textiles de Pazyryk. Datada entre los siglos VI y III a.e.c.; otra alfombra de lana de oveja de los kurganes de Pazyryk (Siberia) con un jinete. Siglos V-IV a.e.c.; detalle del carcaj en oro de un guerrero escita decorado con escenas míticas. Necrópolis de Chertomlyk. Museo del Hermitage; otra escena, con híbridos zoomorfos míticos, del carcaj dorado escita; y placa de oro con dos hombres en juramento de fraternidad a través de beber de vino. Era una costumbre típica de los nómadas esteparios. Museo del Hermitage.

Lo que las fuentes conocen como escitas corresponde a pueblos guerreros nómadas, avezados jinetes hábiles en el manejo del arco, cuyo territorio de acción geográfico fue muy amplio, desde los montes Altai, en la estepa del sur de Rusia y lo que actualmente corresponde a Ucrania, hasta el mar Negro. Los límites geográficos de su región de asentamiento fueron el río Don, en el este, y el Danubio a occidente. Imaginados por los griegos como ideal de pueblo bárbaro, llegaron a crear y consolidar un Estado monárquico durante varios siglos (hasta el siglo II a.e.c.).
Es Heródoto el que recoge un antiguo relato mítico alusivo a los orígenes de los escitas. Según el historiador, Targitao, hijo de Zeus y de una hija del río Borístenes (anterior nombre del Dniéper), es el nombre de un primer hombre que vio la luz en un lugar desértico, y que tuvo tres descendientes, Arpoxais, Colaxais y Lipoxais. Sus tres hijos reinarían en conjunto, hasta que del cielo cayeron una serie de objetos dorados (un yugo, una copa, un arado y un hacha de doble filo), que solamente pudieron ser recogidos por el menor de los hermanos, lo cual supuso que los otros dos convinieran en dejar el reino en sus manos. Puede haber en este relato una metáfora alusiva a la organización social tripartita propia de las poblaciones indoeuropeas[1].
Ciertos investigadores modernos creen que los escitas descienden de los miembros de la Cultura Srubnaya o Cultura de las Tumbas de Madera, comunidades nómadas cuyo origen se encontraba en las inmediaciones de la región del Volga y que en la época de la Edad del Bronce se movilizaron hacia un espacio geográfico que coincidiría con el de los escitas, concretamente al norte del mar Negro. Otros estudiosos, con la reconocida Marija Gimbutas a la cabeza, difieren de esta apreciación y señalan que el lugar originario escita debió encontrarse en Siberia o en algún lugar de Asia Central. En un proceso expansivo posterior se habría producido una simbiosis con poblaciones autóctonas del mar Negro.
Si bien la exacta procedencia geográfica es muy incierta, aparición en la historia de los escitas está más o menos bien documentada. En el siglo VIII a.e.c. se constatan en conflicto con los cimerios, a los que logran expulsar del norte de la zona del mar Negro. En 676 a.e.c., asociados con los maneos, y después de atravesar el Cáucaso, atacan el reino asirio, a la sazón comandado por Asarhadón, quien logra derrotarles[2]. Unas décadas después participan, liderados por un soberano de nombre Madyes, en la conquista de ciertas regiones de Mesopotamia. Hacia 650 a.e.c. se apoderan de Media, costa levantina y norte de Siria, hasta que treinta años después son derrotados por Ciaxares y se repliegan hacia el Cáucaso, el sur de la actual Rusia y el mar Negro, en donde fundarán el auténtico reino de Escitia. Unos años más tarde, también llegan al norte de Egipto, no se sabe muy bien si con intenciones de invadirlo. En cualquier circunstancia, allí el faraón Psamético I logra comprar su retirada.
El contacto escita con los griegos se produce cuando estos últimos llegan a la costa norte del mar Negro, en donde las colonias helenas movilizan la actividad económica escita, sobre todo el intercambio comercial[3]. Este proceso de enriquecimiento comercial escita pudo favorecer que las tribus se vincularan en una estructura estatal, en cuya cúspide estaba ubicado un monarca hereditario, quizá de condición divina, aunque con un poder limitado por una asamblea en la que las diversas tribus escitas estarían representadas. El poderío y fastuosidad de tales gobernantes se verifica en sus enterramientos, los célebres kurganes o grandes túmulos, en los que se inhumaban los reyes y príncipes escitas acompañados por muy ricos ajuares que consistían en vajillas de plata y oro, adornos y orfebrería de diversa consideración, cerámica griega, estatuas y armamento variado.
Esta unificación política escita conllevó un cierto poderío militar, como demuestra la campaña de Darío I en 512 a.e.c. contra los escitas con la intención de apoderarse de las rutas de aprovisionamiento de grano a las polis griegas que el Gran Rey deseaba conquistar. Mediado el siglo IV a.e.c., un rey de nombre Ateas reunifica todas las tribus escitas y emprende un proceso expansivo que extiende el reino escita hasta el Danubio. Sin embargo, Filipo II de Macedonia logró frenar este avance.
Aunque a partir del siglo II a.e.c. comienza a apreciarse la desintegración del reino de Escitia, cuando los celtas ocupan los Balcanes y los expertos jinetes sármatas se apoderan del sur de Rusia, dos monarcas escitas, Palaco y Esciluro, reunieron las fuerzas suficientes para enfrentarse a Mitrídates VI del Ponto en el siglo I a.e.c. en pugna por el control de algunas regiones costeras de la actual Crimea. Algunas fuentes todavía mencionan que a fines del siglo II a.e.c., algunas tribus escitas emigraron a la Sogdiana, Bactriana y Aracosia, antiguas satrapías persas, dirigidas por un rey de nombre Maues. Incluso es posible, aunque con reservas, que hubieran cruzado el Indo y alcanzado las regiones de Punjab y Cachemira, en donde se asentarían en torno al 80 a.e.c.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. FEIAP-UGR


[1] Los escitas, desde una perspectiva lingüística y étnica, eran indoeuropeos, del grupo nor-iranio. Estuvieron emparentados con diversas poblaciones asiáticas, entre las que destacan las de los sármatas, sacios y masagetas.
[2] Las fuentes asirias hablan de Kashtariti, un líder de una agrupación de maneos, medos, escitas y otras tribus de la región de los Zagros, que amenazaron el reino asirio en tiempos del reinado de Asarhadón. Las fuentes asirias denominan a los escitas como ishkuzai (semejante al skythai griego).
[3] Mientras los escitas vendían a los griegos pieles curtidas, cereales, esclavos y ganado, algunos artesanos griegos se dedicaron a trabajar para ellos, lo que motivó la aparición de un estilo estético greco-escita de notable calidad.