1 de marzo de 2017

Los rasgos unificadores del Neolítico y Calcolítico en el Oriente de la antigüedad


En la imagen, un par de terracotas en forma de figuras humanas femeninas, procedentes de Ur y Eridu. Periodo de El Obeid II, hacia 4500a.e.c.

Las primeras experimentaciones técnicas referidas a la producción de alimentos se llevaron a cabo en los bordes externos del famoso Creciente Fértil (Palestina, piedemonte de los Zagros y los montes Tauro y Khuzistán). La franja levantina y del piedemonte resultaron lugares adecuados para la explosión neolítica por la presencia de nichos estables, desde un punto de vista ecológico, además de protegidos, en las llanuras y las cuencas intermontanas. Además, en esta zona se facilitan los contactos entre ecosistemas diferentes y, por tanto,  es muy enriquecedora la alternancia de animales y recursos vegetales. Son regiones con lluvias suficientes, con bosques bajos, y con una importante presencia de leguminosas, gramíneas, ovejas y cabras en estado salvaje, fundamento de la neolitización.
Entre 15000 y 10000 a.e.c., el período Epipaleolítico, se define como un período de caza selectiva y de recolección intensificada. La caza se centra en especies pequeñas (a diferencia de lo que ocurría en el Paleolítico), como cabras, ovejas y gacelas y, además, se empiezan a seleccionar los animales y a controlar los rebaños, aunque todavía no hayan sido domesticados[1]. Se especializa la recolección de gramíneas y legumbres, lo cual conlleva una involuntaria selección y difusión. La movilidad  se estructura en función de los recursos explotables, un factor que puede inducir al sedentarismo. El gran utillaje lítico del Paleolítico se hace microlítico geométrico, con funciones especializadas. Ya se encuentran los primeros morteros. El hábitat sigue siendo en cavernas, en donde se asientan comunidades de unos cuarenta individuos. Las primeras culturas de esta fase son Kebara, en Palestina, y Zarzi en el Kurdistán de Irak.
Entre 10000 y 7500, se establece un período de producción incipiente. Algunos rumiantes, cabras y ovejas en concreto, inician una relación simbiótica con el ser humano y son domesticados. Comienza a darse un empleo sistemático de productos animales como la lana y la leche. Los rebaños, probablemente ya propiedad de grupos humanos, son conducidos a los lugares estacionales de pasto. La continuada recolección de gramíneas y leguminosas silvestres (escanda, cebada, carraón) y la concentración de semillas en los núcleos humanos debieron conducir a las primeras experimentaciones de cultivo, delimitando parcelas al abrigo de los rumiantes. Estaríamos en algo semejante a un cultivo de plantas silvestres. Ahora, en esta fase, las comunidades construyen casas redondas semienterradas. Desde la óptica arqueológica se distinguen campamentos base permanentes a cuyo alrededor se pudieron dar los primeros cultivos, así como campamentos de caza estacionales. Los primeros silos, así como las primeras tumbas, individuales y, quizá, familiares, son constatables. Se podría inferir que la presencia de rebaños y tierras implican arcaicos conceptos de propiedad e, incluso, de transmisión por herencia. Esta fase la representa el Natufiense (en Palestina y en Siria), el Neolítico Acerámico A, así como yacimientos como Zawi Chemi y Shanidar, en el piedemonte iraní, Ganjdareh, en Luristán, Bus Mordeh en Khuzistán y Kamir Shahir en el Kurdistán. A pesar de ciertas diferencias regionales, el material lítico consiste, en general, en microlitos geométricos especializados, como hojas de hoces o puntas de flecha, arpones de hueso y anzuelos. En un principio del período, los grupos dependen todavía de la caza especializada y de la recolección intensiva, peor ya en el Neolítico Acerámico A de Siria-Palestina, existen indicios constatados de cultivo, especialmente en Mureybet y Jericó.
A partir de 7500 y hasta 6000 a.e.c., hubo un neolítico pleno, con comunidades sedentarias de aldea de más de doscientos o trescientos individuos, y en los que se constata la presencia de casas cuadrangulares de adobe y el cultivo de gramíneas y leguminosas así como la cría de ovejas, cerdos, cabras, y más tarde, de bovinos., Culturas de este tipo se desarrollan en Siria-Palestina con el Neolítico Acerámico B, en el piedemonte de los montes Tauro, como el caso de Cayonu o Cafer Hüyük, en el Kurdistán (Yarmo), en Khuzistán (Ali Kosh) o en Luristán (Tepe Guran). La presencia de la casa cuadrangular es relevante porque posee un significado social, ya que permite ampliaciones y establecer agregados en torno a pun patio, tejidos reticulados y grandes edificios con basamentos pétreos. La cooperación interfamiliar es muy probable. Las primeras expresiones ideológicas de la estructura patriarcal son ahora posibles. Esta situación no excluye la presencia de grupos tecnológicamente menos avanzados, como es el caso de los yacimientos en el desierto de Judea o el desierto del Neguev, auténticos campamentos de cazadores.
Se evidencian también contactos interregionales gracias a la difusión de materias primas como la obsidiana, desde Armenia y Anatolia, o de conchas marinas desde el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.
Entre 6000 y 4500 a.e.c. surgen una serie de culturas plenamente neolíticas, muchas de las cuales se desplazan a las meseta iraní y anatólica y a las llanuras mesopotámicas, de espacios muy amplios. El riego de cultivos, por canalización y drenaje en cuenca fluvial o por oasis (Eridu, Jericó) se hace muy común. La dieta de gramíneas (trigo, cebada) se complementa con legumbres, mientras que algunas plantas, como el lino, se aprovechan industrialmente. La recolección de frutos silvestres no se abandona. La ganadería aporta trabajo, con burros y bóvidos, carne y leche, además de fibras textiles (cabras y ovejas). No obstante, perduran las actividades de caza, como en el caso de los onagros y las gacelas, así como la pesca en agua dulce, en ríos y pantanos. La documentación de los tejidos (pesas de telar, improntas cerámicas), cubrirían las necesidades de vestir y reemplazarían las anteriores pieles de animales, más propias del Paleolítico. La cerámica se usa en el consumo de alimentos, muchos de ellos hervidos o cocidos, así como en el almacenaje de líquidos.
Algunos autores (O. Aurenche; S.K. Kozlowski), establecen tres grandes momentos en la formación de las peculiaridades del estadio neolítico entre el 12000 y el 5500 a.e.c.: uno germinal, otro que ahonda en las raíces diseminadas por la región, y un tercero final que percibe la eclosión de las definitorias formas neolíticas y su asentamiento definitivo. En la fase germinal se distinguen tres grandes conjuntos culturales en áreas diferentes, el Natufiense levantino, el Zarziense de los Zagros y el Trialetiense de los valles altos de los grandes ríos mesopotámicos. Para esta fase se han puesto en tela de juicio los términos y periodizaciones ya clásicos, de connotaciones socio-económicas, acuñados a partir de las excavaciones de K. Kenyon en Jericó y de las definiciones de G. Childe, que acabaron por establecer las diferencias entre neolítico pre-cerámico y cerámico. El modelo de R.J. Braidwood también está sujeto a revisión y se encuentra en declive. Proponía la eclosión precoz del neolítico en los montes Zagros, donde creía se daban las condiciones necesarias para el nacimiento de la agricultura, elemento definitorio del proceso, el piedemonte y los valles interiores. Desde ahí habría habido una difusión hacia el sur mesopotámico.
El segundo período, se llama proto neolítico a partir de la presencia de varias culturas diferenciadas e identificadas en función del nombre de los yacimientos o de sus rasgos particulares, como el caso del Khiamiense y el Sultaniense del Levante meridional. Si la secuencia levantina da lugar al Khiamiense, que precede al Sultaniense, Aswadiense y Mureybetiense, en los valles altos el Trialetiense es reemplazado por la industria de Çayönü, y en los Zagros y Jezirah el Zarziense da pie al Mlefatiense y el Nemrikiense. Es en la etapa denominada de eclosión cuando una serie de cambios morfológicos cuantificables entre vestigios animales y vegetales, datables entre el 8300 y 8000 a.n.E., permiten definir en su sentido amplio la domesticación. Acompañando a estas modificaciones se evidencian grandes mutaciones en el ámbito simbólico a partir del tamaño de las representaciones zoomórficas y antropomórficas.
Las actividades productivas se llevan a cabo en viviendas cuadrangulares, como ya se ha señalado, en las que se han hallado silos escavados, alacenas, hornos, hogares, o zonas para la matanza y despiece de ganado y para la actividad textil. No obstante, los tipos de vivienda varían, desde el conjunto que se centra en un patio, hasta el retículo aglomerado de unidades celulares. Hay asentamientos en aldeas abiertas, aldeas alveolares compactas (lo que supone que los accesos son por los tejados) y aldeas con murallas. Generalmente, con independencia de la tipología, suelen ser pequeñas y estar diseminadas. No se constatan diferencias de rango a partir de los ajuares de las sepulturas.
La posible religiosidad presenta un aspecto funerario y otro ritual (asociado con la fertilidad, tanto animal y humana como vegetal). Hay una ausencia de personalidades divinas individualizadas. La estructura social parece componerse de familias nucleares reunidas, entre las que pudiera haber habido vínculos, familias extensas y comunidades gentilicias[2]. No se constata especialización profesional.
Aunque la dimensión productiva fue esencialmente local, pudieron existir agregados culturales regionales y relaciones comerciales a larga distancia, en esencia de materiales preciosos o suntuarios para la época, como fue el caso de la obsidiana, las conchas marinas o ciertos metales. Estos intercambios son, en realidad, trueques. Se pudo dar una difusión de aldea a aldea o bien a través de viajeros que conectan el lugar de origen con aquel de destino.
La primera cultura cerámica mesopotámica es la de Umm Dabaghiya (datada entre 6000 y 5500 a.e.c.). Se trata de un asentamiento con viviendas rectangulares de varias estancias con almacenes adosados. La base económica es la caza del onagro y de la gacela. Entre 5500 y 4500 a.e.c. se desarrollaron tres culturas fundamentales: Hassuna, Samarra y Halaf. Más que sucesivas son culturas con etapas de contemporaneidad con una distribución básicamente geográfica, siendo Halaf la más septentrional y Samarra la más meridional. La cultura que sucede a la de Umm Dabaghiya es Hassuna. Su despliegue, entre 5500 y 5000 es contemporánea de la primera fase de Samarra y de Halaf (esta última la absorberá en sus fases media y tardía). Las casas siguen siendo rectangulares con varias habitaciones y almacenes. La cultura de Samarra presenta tres fases (antigua, 5600-5400, atestiguada en Samarra y Tell es-Sawwan; intermedia, 5400-5000, palpable en Tell Shemshara, Choga Mami, Baghuz; y tardía, 5000-4800, atestiguada únicamente en Choga Mami). La cultura de Halaf, tras su fase antigua (5600-5300 a.e.c.), localizada en Arpachiya, en Asiria, se propaga por la Alta Mesopotamia y hasta la costa mediterránea. La economía aquí se fundamenta en la cebada de secano y en la cría de ovejas y cabras.
El desarrollo cultural de la Baja Mesopotamia es diferente. Antes de los drenajes y las obras de irrigación la zona era pantanosa. Allí surgirá, casi improvisadamente, la cultura de Eridu. Ello significa que su proceso de formación se desconoce o estuvo radicado en los márgenes geográficos, quizá en el Khuzistán. Un desarrollo de Eridu es la cultura de Hajji Muhammad (en las proximidades de Uruk), que se propaga hasta Kish y más allá del río Tigris, hasta Choga Mami y los centros del Khuzistán (en su fase de Khazineh). Esta es la unidad cultural que en la geografía histórica comprenderá lo que será Sumer, Elam y Acadia. También es el punto de partida de la cultura de El Obeid, con la cual el sur mesopotámico se pondrá a la vanguardia técnica y organizativa de todo el Próximo Oriente. Con el inicio de El Obeid principia la fase calcolítica. Culturas posteriores y marginales destacadas ahora son la cultura de Khirokitia en Chipre, sin cerámica y con viviendas circulares, y las de Tepe Giyan y Dalma Tepe, en los montes Zagros.
La fase cultural de El Obeid abarca una fase antigua, clásica, entre 4500 y 4000 a.e.c., y otra tardía (4000-3500 a.e.c.)[3]. Los centros más importantes serán Eridu, Ur, Ras el-Amiya y Tell Madhur. La agricultura, la ganadería caprina, ovina y de bóvidos, además de la arboricultura y la horticultura (de cebollas y demás legumbres), serán los fundamentos básicos de la economía. En ciertas poblaciones la dieta se completa con el pescado.
Después de los pequeños templos embrionarios de Eridu, se constatan templos mayores en El Obeid clásico, que servirán para centralizar, urbanísticamente, el asentamiento así como la organización del poder político y económico. Ahora son relevantes los ajuares funerarios, que ya reflejan diferencias crecientes en lo relativo al nivel económico de los difuntos. Este hecho deja entrever la existencia de una sociedad que se empieza a estratificar económica y funcionalmente. Algunas producciones se hacen en serie (hoces de terracota), indicio de artesanos profesionales dedicados a tiempo completo. Se introduce también el trono manual para la fabricación cerámica, un proceso que, en cualquier caso, culmina en el período sucesivo, el de Uruk Antiguo.
Los agregados socioeconómicos y políticos son mucho más complejos ahora que la aldea neolítica. Este hecho tiene su origen en la ampliación de la producción agrícola de llanura gracias a la irrigación extensiva y a la introducción del arado tirado por animales. Todo ello conlleva una especialización funcional, profesional así como una estratificación progresiva de la sociedad de las comunidades.
Centros septentrionales que suceden a la cultura Halaf tardía serán Tepe Gawra, Nínive y Tell Arpachiya, además de Tell Brak. Las culturas con cerámicas de tipo El Obeid se difunden hasta la alta Siria (Ras Shamra), al sureste de Anatolia (Mersin), a Irán (Siyalk II-III; Tepe Hissar I). En los centros El Obeid típicos, la metalurgia del cobre está mal documentada, aunque sin duda alcanzó niveles técnicos significativos, siendo usada para la fabricación de utensilios, objetos decorativos y armas. El calcolítico tardío del este de Anatolia y el Gasuliense de Palestina (entre 3700 y 3300 a.e.c.) sirve de punto final al período El Obeid Tardío, y de comienzo a la fase de Uruk Antiguo en la Baja Mesopotamia. Aunque entre El Obeid Tardío y Uruk Antiguo no hay ruptura, sí existe un cambio en los tipos cerámicos. El yacimiento guía de la fase de Uruk Antiguo es el propio Uruk, que sucede a Eridu tanto desde la óptica arqueológica como en la realidad histórica, además de (en el norte), la continuidad de Tepe Gawra. La exportación de los elementos típicos de la cultura de Uruk hacia la periferia mesopotámica ocurre en la fase Tardía.
En esta etapa de Uruk el papel que desempeña el templo corresponde a nuevas formas de religiosidad. Ahora el carácter comunitario de los edificios de culto y la presencia de varios templos en un mismo núcleo urbano son indicadores de la aparición de verdaderas personalidades divinas. La relación entre éstas y las propias comunidades contará a partir de ahora con una clase sacerdotal que dirigirá coordinadamente los comportamientos económicos, y también políticos, de todo el cuerpo social.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Marzo de 2017




[1] Un animal domesticado hacia el 10000 a.e.c. fue el perro, si bien no como fuente alimenticia, sino como animal de caza y para guarda de rebaños.
[2] No existen edificaciones públicas en forma de templos o almacenes comunes que exterioricen la unidad comunitaria. Los primeros santuarios extra familiares se observan en la Eridu de la Baja Mesopotamia.
[3] El calcolítico mesopotámico de El Obeid concuerda con el de Susiana C, Mehmed, Susa A y Bayat en el Khuzistán; con Amuq D y E en Siria, y con Mersin 16 y 15 en Anatolia, en un horizonte cronológico que discurre entre 4500 y 3500 a.e.c.