20 de noviembre de 2016

La Guerra del Peloponeso (431-404 a.e.c.): ¿una “guerra civil” en la antigüedad? (I)


Mapa que muestra el escenario en el que se desarrolló la Guerra del Peloponeso, con los aliados de cada bando.


El enfrentamiento que se produjo entre Atenas y Esparta, con sus respectivos aliados, en el último tercio del siglo V a.e.c., trajo consigo una serie de profundos e irreversibles cambios en el ámbito cultural, en la estructura social y el marco ideológico-político de Grecia.
La fuente principal para abordar la Guerra del Peloponeso es Tucídides, un antiguo estratega ateniense, en cuya obra, repleta de alusiones y datos de todo tipo, se demuestra el profundo conocimiento que poseía sobre el desarrollo del conflicto. Otra fuente básica es Jenofonte, también ateniense, continuador de la obra de Tucídides. En los dos primeros libros de sus Helénicas describe minuciosamente los acontecimientos acaecidos entre los años 411 y 404 a.e.c. Contemporáneo de Jenofonte, y tal vez asimismo ateniense, pudo haber sido el autor de las Helénicas de Oxirrinco  nombre que reciben los fragmentos de una Historia de Grecia que abarca desde 412 a 386 a.e.c. continuadora, probablemente, de la narración de Tucídides.
Algunos autores posteriores, ya del siglo IV a.e.c., que trataron el período de conflicto fueron Teopompo y Ebro, cuyas obras, sin embargo, han llegado a través de otros, de modo que no se pueden considerar testimonios de primera mano. Ambos fueron utilizados por Justino en el libro V de Epitome Troyana. También Éforo comenta estas épocas en los libros XI y XII de Bibliotheca Histórica. Plutarco, por su parte, trata este turbulento período en sus biografías sobre Pericles, Alcibíades y Lisandro. Las fuentes literarias no históricas más significativas son la tragedia y, en específico, la comedia de Aristófanes, la cual arroja luz acerca de la sociedad griega contemporánea de esta tan relevante etapa histórica de la antigua Grecia. Entre las fuentes epigráficas, finalmente, se destacan las listas de los Foros (tributos de los aliados).
La Guerra del Peloponeso fue un conflicto entre dos grandes coaliciones, alianzas de poleis, la Liga del Peloponeso y la Confederación Ático-Délica. Atenas estaba al frente de la Confederación Ático-Délica, que estaba compuesta de unas doscientas poleis. Controlaba prácticamente todo el mar Egeo (excepto la isla de Melos), y estaba reforzada por las cleruquías atenienses ubicadas en enclaves costeros estratégicos. En la Grecia central, esta confederación contaba con aliados importantes, como Tesalia y Platea, en Beocia. Además, mantenían también tratados de alianza con Atenas algunas ciudades de la Magna Grecia y de Sicilia (Catania, Leontinos, Regio). Su característica primordial es que poseía una poderosa flota armada. Por otra parte, la reserva financiera ateniense era notable. Se contaba, además, con los recursos de los templos y centros religiosos, algunos de cuyos tesoros eran cuantiosos.
La Liga del Peloponeso, por su lado, estaba encabezada por Esparta que acaudillaba los estados del Peloponeso, con la excepción de Argos y Acaya, Luego se unieron Mégara, y las federaciones de Locria, Beocia y Focea. Solamente faltaba Platea. En el occidente griego eran afectas a esta liga Ambracia, Anactorion y Leucade, en el Adriático, además de Tarento, Locros y Siracusa en la Magna Grecia y Sicilia. El poderío espartano residía en la fuerza del ejército terrestre, cuya base era la infantería espartana. Aunque el ejército hoplítico espartano era muy superior, en número, al ateniense, la Liga del Peloponeso presentaba otras debilidades, en concreto, la escasa disponibilidad financiera que impedía mantener campañas militares prolongadas. Tal carencia económica obligaría a Esparta a relacionarse con los persas para obtener subsidios, un factor que acabaría deteriorando la credibilidad y respetabilidad espartana.
Otra deficiencia espartana era la inicial carencia de una flota naval. La flota peloponesia que luego se conformó, principalmente proporcionada por aliados como Corinto, Mégara, Ambracia, Sición y Elide, fue siempre muy inferior a la ateniense, tanto en cantidad como en calidad. Por otra parte, frente al sentido práctico, ágil e innovador de los atenienses, el conservadurismo espartano provocó un anquilosamiento en antiguas tradiciones guerreras, que restaban celeridad y hacían difícil una adaptación a las circunstancias. El temor a las rebeliones hilotas también fue un motivante mayor a la hora de señalar las precariedades de la Liga del Peloponeso.
No están claras las posibles causas que pudieron motivar el conflicto. Se ha apuntado el poder y la hegemonía que había alcanzado el Imperio ateniense tras las Guerras Médicas, lo cual suponía una amenaza para Esparta. Sin embargo, la política ateniense dirigida por Pericles ni fue agresiva ni se orientaba a provocar conflicto alguno frente a Esparta y la Liga del Peloponeso. En este mismo orden de ideas se ha argumentado que Atenas, además de consolidar su Imperio, aumentó su hegemonía en el Egeo y en el Mediterráneo occidental, tal y como se aprecia en la inflexibilidad de su dominio y el cada vez más opresivo aumento de los Foros sobre sus propios aliados.
Las causas pudieron ser variadas y de diversa índole, política, social y económica. En el ámbito político, el hecho de que Atenas se hubiese convertido en modelo y defensora de la ideología y las instituciones democráticas frente a los estados oligárquicos y aristocráticos habitualmente filo espartanos, pudo tener su peso; desde un punto de vista social, es probable que los partidarios de los regímenes democráticos fuesen aquellos dedicados al comercio y la industria, mientras que los grandes y pequeños agricultores, se identificarían mayormente con el sistema del Estado espartano, tal vez porque uno u otro favorecían más el modo de vida y la economía de uno sobre el otro. Desde un ángulo económico, resulta plausible que la expansión y consiguiente prosperidad de la Liga Ático-Délica, por el Egeo, el Mediterráneo occidental y en el Ponto Euxino perjudicara ostensiblemente los intereses económicos de algunas ciudades tradicionalmente comerciales, en particular Corinto, Sición, Mégara y Egina. Como estas dos últimas acabaron insertas en el ámbito comercial ateniense, sería Corinto el rival más peligroso que buscaría la caída de Atenas.
Hubo tres acontecimientos que la tradición ha entendido como antecedentes (los preludios de Tucídides) previos de la Guerra. Los tres, en conjunto, serían los detonantes que provocarían la ruptura de la Paz de los treinta años.
El primero de ellos fue la guerra entre Córcira y Corinto. Corinto decidió intervenir en un conflicto interno surgido en Epídamno, una colonia fundada por Córcira que, a su vez, era una anterior fundación corintia. Corinto se inmiscuye siguiendo el principio de que quería mantener su prestigio y autoridad como metrópoli en sus colonias fundadas en el Adriático (mar Jónico). Ante la presión de Corinto, los oligarcas de Epidamno pidieron ayuda a Córcira, que propusieron la intervención neutral de la Liga del Peloponeso y de Delfos, propuesta que Corinto rechazó. Corcirenses y corintios se vieron en la obligación de entablar una batalla naval, de la que salieron victoriosos los de Córcira. En virtud de la amenaza de Corinto, los corcirenses solicitaron, en 443 a.e.c., su entrada en la Liga Ático-Délica, con lo que obtenían la consiguiente ayuda de Atenas. Con todo ello, Atenas lograba una fuerte influencia en esa área del Mediterráneo occidental, gracias a la alianza establecida con Córcira, en perjuicio de los intereses corintios. Las relaciones con Atenas sufrieron un ostensible deterioro.
El segundo fue la defección de Potidea, en el marco de tensión entre Atenas y Corinto. Potidea, una ciudad de la península calcídica, pertenecía a la Liga Ático-Délica, pero era una antigua fundación de Corinto, con la que la metrópoli mantenía los tradicionales lazos filiales. Atenas le encomendó varias exigencias, ante las cuales los potideos enviaron emisarios no solamente a Atenas sino también a polis como Esparta de la que obtuvieron la promesa de responder invadiendo el Ática si Atenas atacaba Potidea. Con el apoyo de macedonios, beocios y calcidios, los potideos se rebelaron contra Atenas, ante lo cual Corinto envía ayuda a su colonia.
El tercero fue el decreto contra Mégara. Este decreto era un psefisma, esto es, una resolución que determinaba un bloqueo mercantil a Mégara, impidiendo su acceso comercial a los puertos ateniense y a los de las ciudades de la Liga Ático-Délica. Parece muy probable que este decreto, solicitado por Pericles en torno a 433 a.e.c. fuese realmente el estallido final de la guerra. La causa directa del mismo, que Plutarco señala, fue la protesta oficial de Atenas porque los megarenses cultivaban un campo inserto en el recinto sacro de Eleusis.
El asesinato del emisario que fue enviado para protestar por parte de los megarenses, propició una indignación popular. Es muy probable que las verdaderas y últimas motivaciones de esta política ateniense fueran disponer del territorio megarense, arrebatándolo de la órbita espartana. Si este fue el caso, como todo apunta, Atenas ya se disponía, entonces, para la guerra.
A pesar de la gran tensión, se mantenía el acuerdo de la Paz de los treinta años. Sin embargo, las ciudades comerciales más perjudicadas por el imperialismo ateniense, Mégara, Egina y Corinto eran también las más interesadas en romper esta paz. En 432 a.e.c. los embajadores corintios expusieron sus denuncias contra Atenas, a quien acusan de esclavizar a las ciudades griegas, sin dejar de señalar a Esparta por permitirlo. En tres embajadas, los espartanos solicitan, entre otras cosas, el fin del asedio a Potidea, la libertad de Egina y la abolición del decreto contra Mégara, y finalizan con un ultimátum: la independencia de los griegos o la guerra.
La Guerra del Peloponeso pasó por una serie de fases. La primera fue la llamada guerra arquidámica (431-421 a.e.c.), también llamada Guerra de los Diez Años; la segunda la paz de Nicias; la tercera sería la gran expedición a Sicilia (415-413 a.e.c.) y; la cuarta, y última, la guerra decélica (412-404 a.e.c.).

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR.