13 de septiembre de 2010

Historia dinástica china del siglo III al XIV (1)

Capítulo 1: Tres Reinos y Dinastías del Norte y el Sur
Prof. Dr. Julio López Saco
Este período, que comienza al finalizar la dinastía Han, se caracteriza, en términos globales, por la decadencia del estado, la fragmentación del imperio y el declive de la economía urbana. En el norte, se establecen, en los siglos III y IV, una serie de reinos bárbaros, con fuertes tendencias centralizadoras estatales, ante las incursiones nómadas y las necesidades de colonizar y cultivar las tierras, y con cierto grado de expansionismo militar frente a las amenazas de los grupos esteparios y con la intención de controlar las rutas de comercio. Mientras tanto, en el sur, en torno al valle del Yangze, se consolida una poderosa aristocracia, fuertemente jerarquizada, de grandes familias endógamas, que mantendrá el poder en las provincias hasta el siglo VI, y que contacta con poblaciones aborígenes no chinas, miao, yao, thai, malayo-polinesias, que sufrirán un proceso de sinización al ser incorporadas en los cuadros de diversas instituciones militares y civiles. Los tres reinos del norte son el de los Wei de Cao Cao (220-265), el de los Han, de la región de Sichuan, creado por Liu Bei (221-263), y el de Wu, fundado por Sun Quan (222-280). Sería Sima Yan el que tras destronar al rey de Wei y al derrotar al soberano de Wu, hacia 280, establezca la dinastía Jin Occidental y termine con el desorden producido entre los tres reinos y las continuas divisiones internas. En los primeros años de esta nueva dinastía (265-316), el emperador Wu Di concedió títulos a los parientes de Sima Yan para aumentar la influencia de la familia real, sin embargo, apenas unos pocos años después, una serie de conflictos entre ocho príncipes arruinarían la economía y pondrían en peligro la autoridad dinástica. En el proceso que conduce a la definitiva caída de la dinastía, una serie de etnias dan inicio a un período conocido como de las cinco minorías étnicas y los dieciséis estados, que contienden con Jin Occidental. Uno de los miembros de la familia Jin proclama una nueva dinastía, Jin Oriental en Nanjing, en el año 317, apoyándose en los grupos terratenientes del sur y del norte que serían, a la postre, los que también le pondrían fin. El poderío de los terratenientes del norte y aquel de los jefes militares, al lado de problemas internos que tienen que ver con la ubicación de los emigrantes, choca de frente con el poder imperial, que acaba refugiándose en el sur. Las rebeliones campesinas entre 399 y 401 fueron el acicate preciso que provocaría el declive de los Jin Orientales. Uno de los generales que reprime los levantamientos, Liu Yu acumula tal poder que destituye al emperador, estableciendo la dinastía Song del sur (420-479), iniciando, de este modo, el período de las Dinastías del Sur y del Norte. Al mismo tiempo, el clan Tuoba de la tribu Xianbei, se subleva en el norte y establece el régimen Wei Septentrional, unificando todo el norte hacia 439. En 479, un comandante militar usurpa el poder dinástico Song y establece la dinastía Qi Meridional (479-502), que propicia el relanzamiento comercial en el valle del Yangze y en todo el sur, lo que será, a su vez, el factor que desencadenará la ruina de la aristocracia, cuyo poder, al menos en parte, procedía de la compartimentación de las regiones y de la gran autarquía de las tierras. Las luchas internas entre los clanes imperiales provocaron que un gobernador provincial, Xiao Yan, usurpara el poder imperial y comenzara la dinastía Liang. Se inaugura con él una gran difusión del budismo en el sur, aunque su crueldad interna con la población llana provocaría muchas rebeliones, que desembocarían en el Alboroto de Hou Jing. En 557, Chen Baxian, pacificador de dicha rebelión depone al emperador e instituye en el poder a la familia de Chen. El reino de Chen acabaría finiquitado, finalmente, por la dinastía Sui, poniendo fin a la sucesión de las dinastías meridionales (317-589).
En la región septentrional, la instauración de Wei Septentrional (386-534) y la consiguiente unificación, acelera el mestizaje de las minorías, si bien fueron mayoritariamente asimiladas a la mayoría Han. A partir del año 494 se obliga a toda la población a llevar la misma vestimenta que los Han, que la corte hablara la lengua Han y que se estimulara el matrimonio entre las etnias Xianbei y Han. La expoliación y la corrupción contra los más necesitados motivaron levantamientos y rebeliones de pueblos. Además, serias oposiciones políticas y sociales desencadenan una guerra civil que conduce a la formación del imperio de los Wei Orientales en 534, fuertemente hostil a las influencias chinas y controlado por militares de estirpe nómada estepario, y el de los Wei Occidentales manejado por retazos desperdigados de la aristocracia sinizada de Luoyang y, por lo tanto, partidario del empleo de chinos para la administración civil y la conformación del ejército. En el año 550 se pone fin a la dinastía Wei Oriental y se establece Qi Septentrional, pero unos años después, hacia 577, la unificación de la China del norte caerá bajo el control de la dinastía Sui.
Desde una óptica cultural esta época conflictiva otorgó las condiciones sociales propicias para la difusión del budismo. El corpus doctrinal budista servirá para que, entre los siglos V y VI, el contraste entre la zona norte, guerrera y popular, con marcadas influencias esteparias y tibetanas, y la meridional, refinada, culta y aristocrática, sea matizado, uniendo ambos espacios socio-culturales. Esta será la época, así mismo, de la instauración de la pintura como manifestación artística, en la que destacará el tema del paisaje y la elaboración de retratos.
Caracas, 13 de septiembre del 2010