18 de enero de 2016

El dios Mitra: desde Persia a Roma


Imagen de un mitreo decorado con pinturas en Dura Europos. Datado entre los siglos II y III; y Mitreo de la basílica romana de San Clemente.

La primera mención del dios se encuentra en el tratado firmado por el rey de Mitanni, Mitawaza y el monarca de los hititas, Supiluliuma. No obstante es durante el imperio persa cuando se documenta la presencia del dios vinculado con el Sol, concretamente en el himno X del Avesta. Mitra es el dios más relevante de los yazatas o deidades que sirven al supremo Ahura Mazda. Es el que garantiza las alianzas, los juramentos y los contratos. Sobre todo asegura el pacto entre Angra Mainyu, señor del mal, y Ahura Mazda, deidad del bien. En el ámbito persa es una deidad del fuego, la justicia y de los sacrificios. Se trata de una divinidad guerrera responsable del ordenamiento cósmico, en particular del recorrido del Sol[1].
A finales del siglo I Mitra es, en Roma, el dios invicto, que posee una serie de fieles constituidos en hermandades cerradas y jerarquizadas, en las que, para participar, es necesario superar un conjunto de prácticas iniciáticas (de las que las mujeres estaban excluidas, de ahí su nombre de “hienas”). Las legiones romanas serán en vehículo propagador por antonomasia, si bien el culto también contará con el favor imperial. El Mitra romano es creador. Lucha contra un toro cósmico al que sacrifica. De ese animal sacrificado procede la vida vegetal y animal. La expansión del mitraísmo se debe a su conexión con el ámbito militar, en donde consigue el  firme apoyo de los mandos. Desde el ámbito militar se expande con posterioridad entre las masas de esclavos, los pobladores de las ciudades y los grupos aristocráticos.
A diferencia de lo que se consideraba hace unas décadas (que el Mitra oriental era el mismo que el venerado en Roma gracias a su difusión por parte de los magos persas tras la conquista alejandrina), el culto imperial romano es una creación de nuevo cuño, que emplea el nombre de la deidad y otras expresiones de raigambre oriental para conferirle verosimilitud y, además, exotismo[2]. No en vano, el mitraísmo fue un instrumento que favoreció la cohesión del conglomerado cultural y étnico del Imperio. El culto en Roma se fundamenta en la autoridad de la jerarquía, en la conformación de lazos personales por medio de hermandades y en la sumisión de sus acólitos. Los lazos de unión permitían que personas de orígenes diversos o de procedencias disímiles pudieran relacionarse a través de vínculos de solidaridad e identidad.
La renovación de este culto pudo tener lugar en la misma Roma o, incluso, en los reinos anatólicos, que habían estado gobernados por linajes de origen persa[3].
Los adeptos de Mitra podían iniciarse, según las propias fuentes cristianas, la epigrafía romana y los restos arqueológicos de varios mitreos[4], en siete grados diferentes, cada uno de ellos asociado a los planetas. Los fieles seguían una progresión perfectamente jerarquizada. El primer grado era el corax o cuervo, cuyo planeta asociado era Mercurio. El cuervo era un ave que se consideraba mensajero de las divinidades. El segundo grado se llamaba nymphus, es decir, “novio”. Se le relacionaba con el planeta Venus, probable alusión al matrimonio ritual entre el iniciado y Mitra (aquí con una funcionalidad femenina); el tercer grado es miles, soldado, al que corresponde Marte. Los iniciados en ese grado, según relata Tertuliano, recibían una señal en la frente, tal vez un tatuaje. Estos tres primeros grados eran los servidores n los banquetes rituales, en tanto que los demás (otros cuatro), eran los comensales en los mismos.
El cuarto grado era Leo, asociado con Júpiter, y cuya función ritual debía tener que ver directamente con el fuego. El quinto, Perses, estaba bajo el patrocinio protector de la Luna. Se ocupaba de las frutas en los banquetes ceremoniales, y se simbolizaba con un creciente lunar, con la guadaña y la espada persa falcada (falcatus ensis). El sexto y penúltimo grado es Heliodromus o mensajero solar que, estaba, naturalmente, vinculado con el Sol. Los atributos correspondientes eran la corona radiada, una antorcha y un látigo (para los caballos del carro solar). El último grado, el séptimo, era el Pater, representante directo del dios y jefe de la comunidad. Se vinculaba con Saturno y tenía como emblemas una vara de pedagogo, un anillo (símbolo de autoridad) y un gorro frigio, propio de Mitra.
La sangre del toro sacrificado por Mitra es la que fecunda y hace florecer de nuevo a la naturaleza[5]. Del rabo del toro pueden surgir cereales y de su líquido vital, al caer directamente sobre la tierra, beben varios animales, como símbolo de fertilidad.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV, Caracas. FEIAP-UGR, España


[1] Mitra es una deidad solar, de modo semejante a otras que proceden de Oriente, como Sabacio o Elegabal.
[2] La tauroctonía, sacrificio del toro, que representaría un mapa astral, se llevaba a cabo en el mitreo, que simbolizaba el Cosmos en miniatura.
[3] El nombre dinástico de los soberanos del Ponto (Mitrídates), es un recuerdo diáfano de la popularidad de la deidad. En Comagene, Antíoco I erigió un santuario (62 a.e.c.), concretamente en Nemrud Dag, en el que se conserva una imagen de Mitra-Apolo-Helios. La presencia de la imagen podría relacionarse a la absorción de Mitra y a su probable culto en el mundo helenístico.
[4] La mayoría hallados en Roma y Ostia, y construidos entre los siglos II y III.
[5] El más notable ejemplo de tauroctonía es el del relieve que se encontró en la antigua Nida (Alemania), datado en el siglo II. También es relevante el mitreo hallado en el subsuelo de la basílica de San Clemente, en Roma.