2 de enero de 2016

El reino de los casitas en Babilonia: orígenes y cultura

Kudurru de Melishipak I (1186-1182 a.e.c.), hallada en Susa. Presenta símbolos divinos en la parte superior. Museo del Louvre, París.

Según consta en la Lista de los Reyes Babilonios gobernaron la ciudad de Babilonia treinta y seis reyes casitas durante un período de casi seiscientos años. Si se compara con la Lista de los Reyes Asirios se puede concluir que la dinastía casita finaliza en torno a 1155 a.e.c. Los primeros soberanos debieron haber sido, en consecuencia, contemporáneos se Samsu-iluna (1749-1711 a.e.c.). Es probable, en cualquier caso, que los antiguos reyes casitas de la mencionada lista babilonia fuesen antepasados que no reinaron o que, en su defecto, lo pudieran haber hecho en algún otro sitio.
El origen de los casitas es muy poco claro. Se les menciona por vez primera durante el reinado de Samsu-iluna. Antaño se creyó que se trataba de bárbaros incivilizados que habrían penetrado en Mesopotamia desde alguna de las regiones montañosas de Irán. Actualmente, por el contrario, se sugiere una migración pacífica desde alguna región no conocida. Los hechos que acontecieron tras la caída de Babilonia ante el poderío hitita hacia 1595 a.e.c. permanecen en el anonimato, pero parece bastante probable que desde fines del siglo XV y hasta el XII a.e.c., los reyes de Babilonia fueran casitas. Los textos encontrados en Tell Muhammad y Sippar, pertenecientes al período antiguo babilónico, identifican a los casitas con trabajadores agrícolas en su mayoría.
De la lengua casita se desconoce, así mismo, casi todo. Solamente existe la referencia de una lista de vocabulario casita-babilonio con unas pocas palabras, diecinueve nombres casitas con sus respectivos equivalentes babilonios y ciertos nombres propios. Además, algunas palabras sueltas, esencialmente términos técnicos, se pueden observar en textos acadios. Más seguro es que los casitas adoptasen el modo de vida babilonio. El período casita representaría, en consecuencia, la continuación de la antigua cultura babilónica[1]. De hecho, restauraron muchos templos de los arcaicos dioses de Mesopotamia (un factor que no implica que careciesen de los suyos propios[2]).
En la dinastía casita, la tercera de Babilonia, se constata que la familia reinante poseía nombres casitas, pero es improbable que los casitas formaran parte activa de una elite administrativa o que representaran una amplia capa de población. Los centros casitas por antonomasia eran Babilonia y la zona en torno al río Diyala, en la región occidental de Irán. Más hacia el norte de estos territorios la población era eminentemente hurrita en su gran mayoría. Los casitas se organizaron en tribus que, a su vez, se agrupaban en casas, que podían llevar el nombre de un ancestro epónimo (Karziabku, sin ir más lejos). Estas casas se fundamentaban en las relaciones de parentesco sanguíneo por el lado masculino y, por tanto, estaban dirigidas por un bel biti o señor de la casa. Se puede decir que no estaban muy integrados en la sociedad babilónica. Prácticamente nada se sabe de cómo eran las relaciones entre esas casas y la familia en el poder.
El primero de los reyes casitas conocido a través de las inscripciones fue Karaindash (hacia 1420 a.e.c.), quien fue el responsable de la construcción de un templo dedicado a Inanna en Uruk. Mantuvo correspondencia con el faraón, como también hicieron sus sucesores Kadashman-Enlil I y Burnaburiash II (entre 1360-1333 a.e.c.). Las principales preocupaciones de estos monarcas fueron la concertación de matrimonios y la política del intercambio de regalos. Tras el deceso de Burniburiash, su hijo y, por tanto, sucesor, no logró apoderarse del trono porque fue asesinado. Sin embargo, el soberano asirio, a la sazón Ashur-uballit I intervino decisivamente para instalar en el trono de Babilonia a Kurigalzu II[3] (1332-1308 a.e.c.). Este rey llevó a cabo reconstrucciones de templos en Ur, Isin y Uruk y es, probablemente[4], el responsable de erigir el templo y el palacio de Dur-Kurigalzu, donde todavía se conservan las ruinas de un zigurat y del palacio, de más de nueve hectáreas y con varios bloques de patios. Kurigalzu II se destacó, asimismo, como estratega militar. Algunas crónicas señalan que derrotó a los elamitas y a los mismísimos asirios. Tal es así, que en Susa se han hallado inscripciones que le mencionan.
El momento clásico del poder casita se puede ubicar en el período de tiempo (más o menos un siglo) que transcurren entre el reinado de Kurigalzu II y Kashtiliash IV (1232-1224 a.e.c.). En Nippur salieron a la luz varios miles de tablillas, la mayoría documentos económicos, que corresponden a este período, y que están fechadas según el año de reinado del soberano, no con el nombre del año. Los casitas normativizaron los textos sumerios y acadios. La literatura tradicional fue copiada, precisamente, en este período. Por otra parte, fueron los casitas los que introdujeron un tipo de documento novedoso, el kudurru, para conmemorar las cesiones de tierras. Solía ser un monumento en piedra labrada de aproximadamente un metro de largo, con ilustraciones simbólicas de las deidades que testifican las transacciones. Aunque los más antiguos ejemplos se datan en el siglo XIV a.e.c., su frecuencia es notable en los siguientes siglos, XIII y XII.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCAB-UCV. FEIAP. 2 de enero del 2016


[1] La mayoría de las inscripciones en las que aparecen los reyes casitas están escritas en sumerio, mientras que los contratos y cartas en babilonio. Unos pocos reyes casitas del período final tuvieron nombres babilonios.
[2] Es el caso de Shimaliya y Shuqamuna, protectores de la familia real. Se trata de unas deidades que figuran, además, en la literatura de Ugarit. Otros dioses casitas fueron Mirizir, Sah, deidad solar, Shuriash, Shipak, dios lunar, Maruttash, vinculado con la guerra y Harbe, la divinidad principal del panteón y que también estuvo presente entre los hurritas.
[3] El rey asirio tenía claros intereses pues había casado su hija con el monarca casita.
[4] Existen ciertas dudas razonables sobre si fue este rey o Kurigalzu I el que llevó a cabo estas construcciones.