6 de octubre de 2016

La naturaleza de los dioses del Egipto antiguo a través del mito



Imágenes: arriba, una escultura del dios Sobek con el rey Amenhotep III. Museo de Luxor; y (abajo), la denominada estela del cocodrilo, hacia 1295-1070 a.e.c. Se representa al dios Sobek o Sobek-Re, un dios asociado con el Nilo. Brooklyn Museum.


Las divinidades del antiguo Egipto se conocen mejor por sus apariciones en el arte que en mito. La conocida presencia de divinidades con cabeza de animal era visto como algo repugnante ya por griegos y romanos. Mientras en el mundo clásico existían los dioses y los monstruos, desde cierta perspectiva en Egipto sus monstruos parecían ser sus propios dioses[1].
No se puede asegurar con claridad si las divinidades egipcias  moraban en algún reino divino más allá del espacio y el tiempo o si habitaban el mundo humano. Algunos textos religiosos mencionan el dios creador Amun como una fuerza incognoscible e invisible que existe más allá de los límites del cosmos. Otros, por el contrario, enfatizan que algo de la esencia del creador estaba presente en los elementos con los que se configuraba el cosmos y en todos los seres que había generado.
Los dioses vivían en el pasado. La mayoría de las narraciones míticas hablan de una remota era cuando una dinastía de dioses gobernaba Egipto. Tal edad dorada llegó a su fin debido a los primeros actos de rebelión y asesinato. Gradualmente, los dioses se retiraron  a sus reinos divinos más allá de la tierra, o debajo de la misma, en donde vivían con sus misteriosas verdaderas formas de seres radiantes. La mayoría de los mortales solamente podrían entrar en el reino de lo divino tras la muerte, si bien las deidades podían interactuar con el mundo humano en una cierta variedad de formas diferentes.
Las deidades podían manifestarse en fenómenos naturales como inundaciones, plagas o tormentas. Sus espíritus podían residir en personas especiales o inusuales, como los reyes o los enanos, así como en animales considerados sagrados, árboles u objetos de distinto tipo. De hecho, una de las principales funciones del arte egipcio fue proveer una corporalidad temporal a las deidades en la forma de estatuas, pinturas o jeroglíficos. Se podría pensar que una deidad como Sobek viviría simultáneamente en el océano primigenio antes de la creación, en un palacio en las montañas del horizonte, en áreas agrestes de los lagos y pantanos de Egipto, así como en las estatuas y cocodrilos sagrados que se mantenían en los templos.
A lo largo del curso de la historia de Egipto alrededor de unas ochenta deidades dispusieron de santuarios o templos que fueron construidos en su honor en más de un lugar. Algunas, como la diosa celeste Nut, muy raramente estuvieron sujetas a un culto, aunque fueron muy prominentes en el mito. A partir de mito y el ritual estrechamente vinculados, se puede decir que hubo unas treinta deidades que podrían ser descritas como divinidades nacionales mayores. La palabra egipcia ntr, que significa poder o dios, fue empleada por las deidades mayores y por numerosos seres menores, tales como los dioses de las estrellas, conceptos personificados, reyes deificados, los habitantes del inframundo e, incluso, los bizarros seres protectores mostrados sobre algunos objetos.
Algunos estudiosos han señalado que desde sus arcaicos comienzos la religión egipcia se desarrolló en un tipo de monoteísmo. Los textos éticos egipcios se refieren simplemente a dios en singular como la fuerza que gobierna el universo. Los mitos de creación muestran que los egipcios creían en un ser primigenio que había generado un número infinito de deidades, animales y personas. Desde el Reino Nuevo en adelante, ciertos textos tratan al panteón egipcio como un conjunto de almas o formas de este primigenio creador. En el gran ciclo creativo, lo divino siempre se manifiesta en numerosos dioses o diosas.  
Cada deidad podía cambiar en una pareja o un grupo, o emerger con otra deidad. La fluidez con la que esas divinidades fueron tratadas en el pensamiento egipcio probablemente ayudó al desarrollo de los mitos narrativos.  
Si bien en el mundo real la mujer egipcia no gozaba de todos los privilegios de los hombres, en el mito las diosas raramente eran inferiores en poder a los dioses. La mayoría de los mitos de creación egipcios tuvieron un creador masculino, pero en algunos se destacó una creadora femenina, como el caso de Neith[2].
Las diosas fueron bastante a menudo definidas en término de su relación con una deidad masculina. Cuando eran adoradas como parte de una pareja, el nombre femenino era ubicado en segundo término, como hubiera ocurrido en una pareja humana. Sin embargo, si la deidad jugaba un rol maternal, la deidad niño tenía una posición inferior. El desempeño maternal fue más relevante para una diosa que el rol paternal para la mayoría de los dioses masculinos. El amor romántico estuvo casi enteramente ausente en el mito egipcio, pero el maternal fue consistentemente retratado como uno de las fuerzas más poderosas en el universo.
Las restricciones en el arte religioso pudieron generar una cierta pasividad en las diosas. En el mito, algunas diosas jugaron un papel dominante. Isis es una figura poderosa porque lucha para vengar la muerte de su marido y para enfocar a su hijo en el trono de Egipto.  En el arte, las diosas parecen haber poseído un mayor rango de formas físicas que los dioses masculinos. Sus habilidades para cambiar de forma fueron celebradas con intensidad en el mito. En un episodio mítico, Isis cambia de forma de una vieja grulla a una joven chica y de nuevo a un ave de presa. En términos generales, las diosas fueron más temidas que los dioses, lo cual demuestra que no fueron simpes acompañantes pasivos en el panteón egipcio.
Las deidades egipcias funcionaban, muy a menudo, en grupo. Ante la presencia de una divinidad mayor como Ra, acreditado con autoridad regia, las demás deidades usualmente actuaban como cortesanos sirvientes. Cuando un dios o una diosa eran denominados hijo o hija de Ra, esto solamente significaba que era su descendiente o su pariente más joven. El más famoso grupo  de divinidades egipcias fue el que conformó la Enneada de Heliópolis, que combinó elementos mayores del pensamiento religioso encajando a Osiris y Horus en el árbol familiar de Ra-Atom. Las cuatro, y hasta cinco, generaciones en este árbol genealógico abarcan la historia cósmica desde la creación del mundo hasta el establecimiento del reinado.
Los dioses también podían ser agrupados en lo que pareciera ser una familia nuclear, comúnmente, una tríada conformada por la madre, el padre y el hijo. Sin embargo,  no se deben tomar estas familias literalmente. Con escasas excepciones las deidades egipcias no eran personalidades fijadas, con historias de vida fijas e inamovibles. La más célebre pareja divina es la que formaban Osiris e Isis, aunque en ocasiones Osiris aparecía como marido de ambas hermanas e Isis podía ser la compañera sexual de su propio hijo Horus. La gran mayoría de las divinidades jugaban roles particulares, como padre, consorte o hijo, en relación al más extenso rango de las demás deidades[3].
Para los egipcios de la antigüedad, los dioses fueron primera y principalmente poseedores de poder. A todos ellos se les podía invocar para alguna cosa en concreto, si bien existió un cierto grado de especialización. La naturaleza de la deidad podía expresarse a través de sus nombres y epítetos, pero también por su apariencia y los roles que desempeñara en los mitos.
Los epítetos de lugar fueron los más habituales. Ciertos dioses y diosas fueron simplemente espíritus que presidían una zona, ciudad o rasgo local. Deidades menores, como Sia, dios del pensamiento creativo, fueron meras personificaciones de conceptos que podrían haber permanecido abstractos en otros ámbitos culturales. La diosa Maat, quien personificó el orden divino, comenzó de este modo, aunque se desarrolló posteriormente en una figura más completa en el mito como la hija favorita del dios del sol. Otros dioses, por su parte, fueron vinculados a los elementos del mundo natural, aunque no de un modo simplista. El sol era únicamente la manifestación visible de la gloria de Ra, quien derrotaba a la muerte y otorgaba luz y energía a todos los seres vivos. Sin embargo, el mito le confirió a Ra otra dimensión como un gobernante falible que se entristecía por las revueltas humanas y las conspiraciones divinas. Ciertas divinidades fueron asociadas con habilidades concretas o con áreas de la experiencia cultural humana (Thot con la escritura, Isis con el duelo y la curación, Hathor con el amor). Tales asociaciones generaron mitos.
Las deidades mayores tenían, usualmente, diversas esferas de interés, algunas de la cuales se solapaban con las de otras divinidades[4].
En los himnos y oraciones las deidades son invocadas por su sabiduría, poder y fuerza. No obstante, ese poder tenía limitaciones. Se esperaba que los dioses obedeciesen las reglas de maat. Estaban sujetos al destino y no siempre sabían lo que podría ocurrir en el futuro. En el mito egipcio, los dioses son representados como entidades de larga vida, y más poderosos y fuertes que la gente común, aunque envejecen y no son invulnerables. En la conocida historia llamada El nombre secreto de Ra, el dios solar sufrió las indignidades de la ancianidad y acabó siendo perjudicado por heka (magia), uno de los poderes que había empleado para hacer el mundo.
En las luchas efectuadas contra los monstruos del caos o con algunos de otra categoría, las divinidades egipcias podían ser heridas e, incluso, morir. No obstante, tales muertes raramente eran más que un inconveniente temporal. Isis sobrevivió a pesar de ser descabezada; Seth fue ejecutado varias veces y de diferentes modos, pero siempre regresaba de Nuevo. En tales casos, se trataba únicamente de un particular cuerpo, o manifestación de la deidad, el que moría. Solamente Osiris parece fallecer en una manera más definitiva, sin que parezca que vaya a regresar a la previa forma vital en Egipto. Algunos textos referidos al mundo subterráneo pudieran sugerir que el dios sol moría cada crepúsculo y renacía cada mañana. Eso era así en virtud de que el tiempo se establecía en ciclos inescapables de nacimiento, muerte y renacimiento.
En la mayoría de las inscripciones templarias los dioses parecen ser entidades generosas y graciosas. Casi automáticamente responden a las oraciones y ofrendas difundiendo bendiciones sobre el rey y el resto de la humanidad. Sin embargo, los textos mágicos que ofrecían protección a las personas contra algunas de estas mismas deidades, sugieren que no todo era dulzura y luminosidad. Ciertas manifestaciones divinas, como las siete formas de la diosa-león Sejmet, eran muy temidas. Además, las plagas y las guerras que esta diosa infligía solían verse como castigos decretados por el conjunto de deidades. 
La bondad no fue un atributo automático de las deidades egipcias. El hecho de que un particular epíteto de Osiris haya sido el de “buen dios”, puede  ser un indicio de que ese epíteto debió usarse como una manera distinguida de hablar acerca de un terrible dios de la muerte. Se puede recordar al respecto que en ciertas historias demóticas Osiris envía dos demonios para que propicien una guerra civil en Egipto, en tanto que el sacerdote-mago que descubre el plan divino es brutalmente asesinado por Anubis.
Los estándares éticos que se esperarían de la gente común no parecen aplicarse entre los dioses, siendo esto el particular resultado del cambio de la interacción de las fuerzas cósmicas en historias humanas con personalidades humanas. En el mito, las deidades pueden ser retratadas con defectos propiamente humanos, como la lujuria, el mal temperamento o los celos. Por otra parte, Cielo y Tierra (Geb y Nut), llegan a ser una apasionada pareja que deben ser separadas por la fuerza para que el proceso creativo pueda llevarse a cabo. En algunas pocas fuentes, incluso el creador dios solar parece ser una terrorífica deidad que consume todo con regularidad.
Los dioses, en fin, eran tratados como si existiesen dos tipos de tiempo, un presente continuo, al que se puede acceder a través del ritual, y un pasado remoto, cuando el mundo era completamente diferente. En el primero, las deidades pueden aparecer como seres falibles con deseos y emociones, mientras que en el segundo, son poderosas fuerzas cósmicas cuyas interacciones no son limitadas ni dirigidas por pequeños asuntos humanos.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR.



[1] Sobek-Ra, por ejemplo, fue una entidad que combinó la esencia de dos dioses, la del dios-cocodrilo y la de la deidad solar.  Esta deidad dual se representaba con una parte animal que expresaba sus extraños y sorprendentes poderes divinos. En particular, encarnaba la longevidad y la fuerza del cocodrilo, así como el poder dador de vida de las aguas del Nilo. El disco solar en el tocado simboliza a Ra, dios que da luz, vida, manifestándose él mismo en su forma de Sobek. Su representación en parte humana permite su interacción con el rey y la posibilidad de ofrecerle al soberano el anj o símbolo de vida. Se manifiesta, entonces, la relación entre el rey, que representa a la humanidad, y Sobek-Ra, que simboliza a los dioses.
[2] En teoría, todas las divinidades obedecían al dios solar regio Ra, aunque en el Reino Nuevo Ra tuvo una contrapartida femenina conocida como Raiyet. En algunos mitos Ra parece depender del poder de su feroz hija, la diosa-ojo, que fue creada cuando Ra-Atom envió su ojo en busca de sus hijos perdidos, Shu y Tefnut, a la oscuridad del océano primigenio.
[3] En el mito, Sobek fue, generalmente, el hijo de la diosa creadora Neith. En alguno de sus centros de culto fue emparejado con la diosa serpiente Renenutet, mientras que Horus niño adquiría el papel de su hijo. En algún otro, Sobek se emparejaba con Hathor, siendo el dios lunar Khonsu el miembro joven de la tríada. Este emparejamiento pudo haberse debido a la asociación con el Nilo, en el momento en que Hathor se vincularía con la inundación del río y con  el  viento del norte, necesario para propiciar la navegación. En el mito, esta diosa podía tener un triple aspecto: como madre, consorte o hija de Ra. Era el eterno complemento femenino del dios solar.
[4] Sirva, de nuevo, un ejemplo relacionado con Sobek. Pocas de sus características le eran exclusivas, pero todas ellas juntas formaban un único perfil divino. Mostraba su forma de cocodrilo a la par de otros dioses, como Seth y Khenty-khet; al igual que el primero, podía ser considerado como el más fuerte de los dioses. Como Min, se creía el más viril de los dioses, capaz de satisfacer cualquier número de diosas. Al igual que Hapy, el espíritu de la inundación anual del Nilo, era adorado para que verdeciese el desierto; era, también, un dios local para la gente en la región de El Fayum, en donde habitaba alrededor de un lago infestado de cocodrilos; era, así mismo, el protector de aquellos que trabajaban en o cerca del agua, como los cazadores de pájaros, pescadores, y lavadores. Era el brutal instrumento del destino que lograba arrebatar a la gente de la muerte repentina, así como una de las criaturas que encarnaba el océano primigenio portando el sombrero con el disco solar. Fue, en definitiva, una deidad que creó, y sostuvo, el mundo.