12 de noviembre de 2013

Mito y arqueología de los yacimientos del Peloponeso griego I: Corinto y Epidauro


IMÁGENES: ARRIBA, TEMPLO DORIO DE APOLO EN CORINTO; ABAJO, UNA VISTA DEL TEATRO DE EPIDAURO.

Según la tradición mítica Corinto fue fundada por Sísifo, símbolo del espíritu mercantil corintio. Habituado a engañar a hombres y deidades, logra burlar, inicialmente, a la muerte, hasta que es detenido por el dios Hermes, quien conduce las almas al Hades, y condenado a arrastrar una gran roca hasta la cima de una montaña que, al llegar, volvía a caer. Además, se dice que en la acrópolis de la ciudad Belerofonte había domado al caballo alado Pegaso. Corinto fue, asimismo, el escenario de la famosa tragedia de Medea, que asesina a sus dos hijos en venganza hacia Jasón por haberse atrevido a dejarla en beneficio de otra mujer, Glauce.
A partir del siglo XI a.n.E. Corinto conoce la presencia de los dorios, convirtiéndose Aletes en el primer rey de la urbe. Uno de sus descendientes, Baquis, será el creador de la dinastía de los baquíadas, que gobernará la ciudad hasta el siglo VII a.n.E. Fue durante estos siglos cuando Corinto adquirió gran relevancia gracias a su flota comercial, que transportaba bronces y cerámica por todo el ámbito mediterráneo, y a su ánimo colonizador, ejemplificado en la fundación de Siracusa, en Sicilia. En el siglo VII a.n.E. esta dinastía es sustituida por Cipselo y su hijo Periandro, quienes sitúan la ciudad como un notable centro cultural e intelectual. En 146 a.n.E. la ciudad cayó en manos romanas tras la victoria de Leucio Momio sobre los ejércitos comandados por Dieo, de la Federación Acaya. La recuperación de Corinto sólo se produjo a partir de 44 a.n.E. cuando César ordena su reconstrucción, como Laus Iulia Corintiensis, convirtiéndola en la capital administrativa de la provincia de Grecia y en un centro cosmopolita de primer orden. El declive de la ciudad antigua se produjo hacia el siglo III.
El mito cuenta que el rey Flegias llegó a Epidauro desde la norteña región de Tesalia para conquistar ese territorio. Según la versión más extendida del mito, su hija Coronis se había unido al dios Apolo, pero también con un mortal, Isquis, cuando quedó embarazada del que será el dios Asclepio. Apolo, indignado por su infidelidad, ordenó a Ártemis que matase a Coronis y la arrojase al fuego. Antes de que ardiese, Apolo le quitó el hijo de sus entrañas y lo entregó a Hermes con la misión de lo que lo llevase al monte Pelión, en donde el centauro Quirón debería criarlo y enseñarle el arte de la curación. Según otra versión, Asclepio es natural de la llanura docia, estudia medicina con Quirón y después se instala en Tricala, lugar en donde funda su primer asclepeion. En Epidauro se instaura su culto con facilidad, probablemente porque allí, sobre el monte Cinortio, se adoraba desde antiguo, quizá desde época micénica, a Maleatas, una deidad local con poderes terapéuticos. Ambos dioses se fusionarían con el nombre de Apolo Maleatas.
Los enfermos que se acercaba al santuario se lavaban en una fuente sagrada, seguían una estricta dieta, y realizaban un sacrificio a la deidad. Tras una serie de ritos pasaban la noche en un lugar llamado Ábato, en donde el dios los visitaba, muchas veces en forma de sierpe, y los curaba. Los pacientes, ya sanos, ofrecían exvotos y dinero, lo que hizo prosperar el santuario y sufragar una serie de construcciones, sobre todo en los siglos IV y III a.n.E. El santuario estuvo activo hasta el siglo V, cuando Teodosio II lo clausuró.
Además del santuario dedicado a Asclepio, el templo de Ártemis, del siglo IV a.n.E. y el Xenonas o Katagogio, del siglo III, la otra gran construcción de Epidauro es el teatro, construido por el argivo Policleto el joven, también en el siglo IV.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV