1 de diciembre de 2013

Etiopía antigua: imperio y religión en el Kebra Nagast

El Kebra Nagast (Gloria de los Reyes), es un texto etíope escrito en la arcaica lengua de ese país, inicialmente en el geez de los habitantes del reino de Aksum y, posteriormente, en amárico. Su compilación, quizá a manos de un sacerdote copto, se produjo entre los siglos IV y VI, aunque su establecimiento definitivo solo se produjo en el XII. En él se narra la tradición religiosa del arcaico imperio cristiano de Etiopía. Se conforma a partir de textos judíos rabínicos veterotestamentarios, extractos del Corán y algunos de sus comentarios, ciertos Evangelios cristianos, leyendas tradicionales árabes, sobre todo sirias y de Palestina, leyendas coptas, etíopes e, incluso, del antiguo Egipto, así como textos apócrifos, como el Libro de Adán y Eva, El Libro de la Perla o La vida de Ana, madre de la Virgen María, entre otros. Por medio de notas de carácter histórico, arqueológico, mítico y religioso, se menciona el traslado de la dinastía regia de Israel desde Jerusalén hasta la antigua Sheba o Saba (Etiopía), simbolizado en el cambio de localización del Arca de la Alianza y el decálogo[1]. El Arca pasa de Salomón a un hijo ilegítimo tenido con la Reina del Sur, esto es, Etiopía, llamada Makeda[2]. Este vástago, de nombre Bayna-Lehekem[3], es coronado como rey de Etiopía con el título de David II o Menyelek I, en algún momento del siglo X a.C. Con él se iniciaría la línea de los reyes de Etiopía, cuyo comienzo se conecta, por lo tanto, con la descendencia salomónica y la línea en la que se encuentran renombrados personajes bíblicos[4], como David, Moisés y Abraham[5].
El texto podría considerarse, en esencia, un intento de elaborar una mitología historizada o una historia nacional fundamentada en elementos mítico-religiosos para justificar la dinastía divino-imperial etíope, cercana al modo del Kojiki japonés. La sustentación mitológica y religiosa confiere a la dinastía un poder indiscutible e indiscutido, una fuerza sancionadora y de posterior reivindicación étnica nacional. El Kebra Nagast es, en definitiva, uno de los textos clásicos para comprender la hermenéutica bíblica de los Rastas, pues al registrar la historia del linaje del rey David, completa algunas historias bíblicas y recupera otro sentido de la propia tradición cristiana.

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Ciencias Sociales, UCV



[1] Tal cambio supone la instauración en Etiopía de la monarquía teológica israelita y una conexión genealógica con la Biblia, en especial, con el Antiguo Testamento.
[2] Esta reina, antigua adoradora del sol, empezará a adorar al Dios de Israel cuando conoce a Salomón. En esta transformación reside el paso de una arcaica tradición politeísta a una monoteísta.
[3] Ebna Hakim o “hijo del Sabio”, también denominado Menekik I.
[4] Pudiera no resultar apropiado para el status quo de la Iglesia Católica enfrentarse con una historia que ubica en África la tierra prometida, entre un pueblo negro como el abisinio.
[5] El último rey etíope fue Ras Tafari Makonnen, coronado emperador en 1930 con el título de negus negesti Haile Selassie I. La idea subyacente aquí es la de un rey negro, líder de un continente, el africano, libre, soberano y poderoso, que propicia el culto espiritual del rastafarismo, símbolo de la definitiva emancipación de la esclavitud.