23 de junio de 2015

Los antiguos Nubios: Cultura del Grupo A y del Grupo C





Imágenes: la primera, una copa de arcilla (198091316), datada entre 2300-1600 a.e.c.; la segunda, un vaso globular de borde abierto y paredes finas (197358NUB1), perteneciente al Grupo C. La superficie exterior presenta engobe rojo bruñido. Datado entre 2300-1600; la tercera, una cabeza de barro cocido modelada a mano, de tradición neolítica (198091307), del Grupo C, la cuarta y última, el llamado Incensario de Qustul, del Grupo A. Hacia 3100 a.e.c. Se muestran imágenes asociadas a los faraones egipcios. Una procesión de botes, la Corona Blanca del Bajo Egipto y una deidad. Fotos cortesía del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Museo Arqueológico Nacional (Madrid).


Nubia suele diferenciarse, desde un punto de vista geográfico, en Baja y Alta Nubia. La Baja Nubia situada al sur de Asuán, entre la primera y segunda catarata, fue el lugar de asentamiento de dos horizontes nubios, las culturas Ballana y Nobadia. Algunos estudiosos identifican el sur de la Baja Nubia con el término Wawat, mientras que el norte con la palabra Irtjet[1]. Las evidencias halladas en el Cementerio C y en el-Kadada, datadas en el Neolítico, indican que una población local efectuó una transición hacia nuevas fases culturales. El horizonte cultural nubio denominado Abka, cuya cultura material se percibe arqueológicamente durante un milenio, se desarrolló en la cultura del Grupo A. No obstante, ello no significa que los nubios, como otras poblaciones africanas, fuesen un grupo homogéneo de individuos.
A partir de mediado el V milenio a.e.c., en la región de la segunda catarata, en la Baja Nubia, los arqueólogos identificaron tres grupos diferentes de pueblos nubios con una economía cazadora-recolectora. Dos de ellos parecieran indígenas en origen, pero el tercero pudiera ser uno que hubiese migrado al área desde zonas más meridionales, como parece indicar su cerámica con líneas ondulantes y punteadas, que son similares a las identificadas en el período neolítico antiguo de Jartúm.
La cultura del Grupo A nubio presenta tres fases, la antigua (3700-3250 a.e.c.), la clásica (3250-3150 a.e.c.) y la final (3150-2800 a.e.c.). Se trata de un sistema de elites encabezado por una jefatura masculina. Entre la segunda u cuarta catarata, en los sitios de Kadruka y Kerma, existió una cultura Nubia en parte contemporánea con la del Grupo A, aunque con las suficientes diferencias como para catalogarla aparte. Recibe el nombre de Cultura Pre-Kerma.
En sitios como Afyeh y Kerma se han descubierto fosos-silo rodeados de chozas circulares. Además, se han desenterrado edificaciones rectangulares bajo las actuales el área estratificada contiene un hogar y casi doscientos fosos. Las tumbas de la cultura del Grupo A tienen dos diseños distintos. El primero, asociado a las previas tumbas-foso en las que el cadáver se enteraba en un foso excavado en la tierra, generalmente de forma circular. En ocasiones, un naciente túmulo de tierra lo señalaba. El segundo corresponde a un foso modificado, en el que una cámara rectangular se excava en el suelo del foso, más profunda de un lado para acomodar el cuerpo, que se ubicaba en forma contraída acompañada de ciertos objetos. En ellas han aparecido cuerpos superpuestos, un indicio de sacrificio humano o de reutilización de la tumba[2]. Este diseño de estas tumbas recuerda el diseño de los silos de almacenaje y las casas circulares. A veces, el muerto aparece sobre prendas de cuero y de lino. Han aparecido, además, algunos accesorios como collares y brazaletes, y alguna que otra figura cerámica.
Se ha constatado el establecimiento de relaciones mercantiles entre el Alto Egipto y ciertas jefaturas de la cultura nubia del Grupo A. En la época clásica y final del Grupo A, los nubios del sur de Asuán pudieron configurar un modelo de interacción social que los capacitó para controlar las rutas comerciales. Se ha sugerido que los nubios de la cultura Pre-Kerma, al sur de la tercera catarata, obtuvieron marfil oro, incienso y ébano, además de pieles de ciertos animales, de sus vecinos que habitaban todavía más al sur, estableciendo así una cadena mercantil por la cual ciertos artículos de lujo llegaron a los nubios del Grupo A; unos objetos que, a su vez, éstos trocaron con los egipcios a cambio de vino, aceite, cerveza, armas de cobre, diversas herramientas y cereales[3]. En el yacimiento de Khor Daud se descubrieron varios cientos de fosos para silos que contenían vasijas para almacenar que son claramente de manufactura egipcia.  Tales contactos mercantiles[4] se pueden calibrar en función de la presencia de objetos suntuarios en las tumbas de las elites nubias del Grupo A, algunos de los cuales fueron, sin duda, regalos reales de los líderes del predinástico egipcio a sus contrapartidas de la elite nubia.
Algunas figurillas hechas en arcilla presentan una característica forma fálica, lo que podría ser la confirmación de que esas figuras fueron diseñadas intencionalmente como figuras andróginas, un hecho que encajaría en la interpretación religiosa que sobre ellas se ha hecho: ídolos que se enteraban para asegurar la resurrección del fallecido. En las tumbas de la supuesta oligarquía Nubia, como las halladas en Sayala, se han encontrado, asimismo, espejos, paletas y mazas ceremoniales.
Entre la desaparición de los nubios del Grupo A y la aparición de los del Grupo C hay un vacío en el registro arqueológico que solamente en parte se cubre con ciertos registros epigráficos y arqueológicos egipcios. En ellos parece sugerirse que Nubia no era un estado monolítico sino un conjunto de jefaturas que controlaban dominios separados entre sí. Al margen de la actividad egipcia, en ocasiones militar, las evidencias arqueológicas parecen mostrar que en ocasiones, los nubios lucharon entre sí. Incluso, en alguna ocasión, las diferencias entre ellos fueron resueltas por Egipto como mediador[5].
Entre 2500 y 2300 a.e.c. un grupo de nubios desarrollarán el reino de Kerma en la región al sur de la tercera catarata, mientras que otro grupo comenzará a asentarse en el territorio egipcio en la zona entre la primera y segunda catarata en el momento en que el Reino Antiguo empezaba a menguar. Estos últimos serán los autores de la Cultura del Grupo C. Factores climáticos y bélicos forzaron el abandono de los nubios del grupo A  de sus tierras ancestrales en la Baja Nubia (entre la primera y segunda catarata). Además, hubo una paulatina presencia egipcia, incluso a través de asentamientos (Buhen), que ulteriormente se convirtieron en fortalezas.
El primer horizonte identificable de nubios del Grupo C (cuya cultura se divide en un período antiguo (2300-1900 a.e.c.) y otro reciente (1900-1600 a.e.c.), se data en 2300 a.e.c., y es contemporáneo a la Dinastía VI egipcia. Las comunidades disfrutaron de independencia y su influencia pudo haber llegado bastante al sur, hasta Kerma, más allá de la tercera catarata.
Estos nubios siguieron, inicialmente, construyendo estructuras circulares, si bien tomaron la forma de edificaciones de madera, con pisos de piedra, y revestidas de cuero y otros materiales. Gradualmente, no obstante, el empleo del ladrillo se afianzó como material de construcción, y los asentamientos se fueron haciendo mayores (por ejemplo, Wadi es-Sebua, un sitio fortificado con tres puertas). En la fase arcaica (en lugares como Aniba y Sayala), los asentamientos presentan casas circulares sujetas con postes y sobre fundamentos de losas hincadas verticalmente sobre la tierra. En apariencia, las casas fueron revestidas con materiales perecederos o, tal vez, con telas y cueros. En la segunda fase de la cultura del Grupo C, la arquitectura de los sitios comienza a elaborarse con ladrillos. También ahora se construyen fuertes.
En el período antiguo, la arquitectura funeraria consistió en simples fosos escavados en la tierra, de forma oval o redonda. Es probable que una superestructura se erigiese sobre la tumba. La posición del cuerpo en el interior de la tumba parece haber sido codificada, pues suele descubrirse al difunto en una postura flexionada o contraída, con el cadáver descansando sobre el lado derecho y su cabeza orientada hacia oriente. Pocos son los accesorios personales que acompañan al difunto, mayormente de hueso y piedra. En ocasiones, sin embargo, el cadáver aparece ataviado con ropajes de cuero y con diseños geométricos modelados en hueso o fayenza. La verdadera innovación en la arquitectura funeraria de la cultura del Grupo C fue la introducción de los montículos o túmulos funerarios. En las etapas finales de la cultura del Grupo C el muerto era inhumado en fosos rectangulares excavados en el terreno, a menudo cerrados con una losa pétrea y cubiertos con un túmulo circular, cuyos muros externos se construían en piedra. Una forma naciente de bóveda en piedra se empleaba para cerrar la tumba rectangular. En ocasiones, el muerto se localizaba encima de una cama, acompañado de sacrificios animales, de útiles de arquería, dagas y hachas. Incluso eran frecuentes las pequeñas figuras zoomorfas y antropomorfas de terracota.
Algunas tumbas fueron diseñadas con la presencia de capillas adyacentes, de planta rectangular, que fueron revestidas con cráneos de bueyes y decoradas con pintura roja y puntos negros. Tales estructuras sugieren una organizada praxis funeraria[6].
Hay una presencia significativa de algunas figurillas antropomórficas hechas en terracota. En ellas, el cuello, el torso y las piernas cónicas aparecen decorados con redes de líneas incisas, en ocasiones en modelos ondulantes o triangulares. Tales ornamentos han sido interpretados como ropajes, joyería o tatuajes.  La función de estas figurillas o ídolos pudo estar vinculada al culto del fallecido, pues se han encontrado en contextos funerarios. Una de estas figuras, una efigie de Askut, representa una figura humana con cabeza de animal, quizá una oveja. El contexto en que fue encontrada permite interpretarla como un ídolo de un dios nubio, semejante a Amun en función de la posterior asociación del cordero con el dios. Podría esta figura anticipar el ídolo en granito con cabeza de carnero, representando al dios, que se data en el período Napata y que fue encontrado en Gebel Barkal. Hay figurillas, además, que son imágenes de ovejas, vacas y cabras, halladas en tumbas, y que pudieran reflejar los animales propios de los rebaños nubios. En el contexto funerario, no obstante, pudieron servir como símbolos de riqueza para la otra vida (como provisiones potencialmente animadas para la eternidad), o haber sido objeto de sacrificio en los ritos mortuorios.
La cerámica pulida en rojo con bordes superiores negros es característica del Grupo C. A menudo aparece decorada con combinaciones de zig zags incisos, triángulos, losanges  otros diseños geométricos. Algunas veces se decoraban con representaciones incisas de pájaros, quizá avestruces, y animales cornudos, como antílopes y cabras, además de vacas. Solamente en raras oportunidades se encuentran figuras humanas aisladas. Árcos, flechas, dagas, paletas para cosméticos y mazas son objetos prominentes en las tumbas nubias.
Se ha sugerido que los nubios de la antigüedad practicaron el arte corporal en la forma de pintura o tatuajes. Se sabe que los nubios pintaron sus ojos con un propósito religioso, con el fin de impedir a los seres maléficos entrar en el cuerpo a través de los ojos. Hay ejemplos de tatuajes preservados en la piel momificada de mujeres descubiertas en Egipto[7]. El hallazgo de algunas momias nubias en Aksha (siglo IV a.e.c.) de mujeres adultas y de adolescentes, muestran tatuajes, en azul o negro, con configuraciones geométricas. Todas las momias nubias con tatuaje son mujeres, un hecho que indica que la práctica fue específica de género, aunque los cultos religiosos a ellas asociadas se desconocen. Los tatuajes siguieron siendo usados por los egipcios del Reino Nuevo, siendo allí también una práctica exclusivamente femenina. Durante ese período, el diseño de los tatuajes se limitó a la representación de la imagen de Bes, genio protector del panteón egipcio singularmente asociado a las mujeres embarazadas y al neonato.
Los miembros de la sociedad Nubia del Grupo C interactuaron con los egipcios, quienes fortificaron sus fronteras, y con los nubios de la cultura Kerma, cuya ciudad también estaba fortificada por un muro circundante, sirviendo, en ocasiones, como mercenarios, pues según los objetos encontrados en las tumbas, parece que fueron expertos y reputados arqueros. Los fuertes egipcios (Buhen, Mirgissa, Semna, Uronarti) debieron jugar un relevante papel en las campañas egipcias contra los nubios, en busca de oro, explícitas en los textos a partir de la Dinastía XII, e intensificadas de modo notable durante el reinado de Sesostris III. Se ha sugerido, en cualquier caso, que la actividad militar egipcia se orientó, en esencia, a la protección de los intereses mercantiles de Egipto, en la procura de asegurar una ininterrumpida importación  de oro y otros productos desde Nubia.    

Prof. Dr. Julio López Saco
Doctorado en Historia, UCV-Caracas




[1] Estas denominaciones, como también Temeh, Uthek, Yam (quizá la posterior Irem), Mazoi, Sethu o Kau, corresponden a probables jefaturas nubias.
[2] Los entierros superpuestos ya se documentan en algunos enterramientos del Cementerio C en el-Kadada, hecho que podría indicar una práctica de enterramiento específicamente Nubia. En cualquier caso, las tumbas en los cementerios del Grupo A revela una cuantificable jerarquía social, tanto por sus formas y ubicación en el cementerio, como por los objetos encontrados en ellas.
[3] El ganado vacuno, y la leche en particular, constituyó una medida de riqueza entre los nubios (como hoy todavía entre los Masai), y fue también un medio de intercambio por productos típicamente egipcios.
[4] El final desmantelamiento del comercio entre Egipto y Nubia pudo deberse a factores climáticos, la sequía de algunos brazos del Nilo, así como a un aumento de la presencia militar egipcia en la región. Una tablilla asociada con Aha (Dinastía I, 3007-2975 a.e.c.), parece conmemorar una victoria sobre los nubios. Del mismo modo, un grabado en la roca de Gebel Sheikh Suliman, quizá de época de Djer (2094-2927 a.e.c.) parece ser un registro de un ataque egipcio contra los nubios. Durante el Reino Antiguo, las acciones hostiles de parte egipcia pudieron haberse detenido, reiniciándose así nuevos contactos mercantiles.
[5] Una indicación, datada en la VI Dinastía (2320-2190 a.e.c.), refiere que diversos grupos de nubios participaron como mercenarios en campañas de los egipcios contra otros extranjeros, particularmente los temidos moradores asiáticos de las arenas.
[6] En la cultura Kerma, más al sur, hay evidencia de enterramientos semejantes. En esos casos, la presencia de los animales pudieran representar un sacrificio en ocasión de un funeral regio.
[7] La momia de una mujer de nombre Amunet, sacerdotisa de la diosa Hathor en época de la Dinastía XI, es contemporánea de otras dos anónimas momias pertenecientes al contexto de la cultura nubia del Grupo C. Su momia fue hallada en Deir el-Bahari.  Los tatuajes que presenta comprenden una serie de modelos abstractos. Los tatuajes no parecen haber sido parte de la tradición cultural nativa egipcia hasta el Reino Medio. Es por eso que se atribuye su introducción en Egipto a los nubios.  Las excavaciones de las tumbas del Grupo C en el sitio de Kubban muestran, así mismo, fragmentos de una momia Nubia con tatuajes que fue contemporánea de la de Amunet.