17 de junio de 2016

Pueblos indoeuropeos de la antigüedad (III): germanos



Imágenes: mapa de los grupos tribales germanos, las fortalezas y legiones romanas en el siglo I; el sarcófago Ludovisi, datado en el siglo III. Se representa un enfrentamiento entre romanos y germanos. La figura principal pudiera ser Hostiliano.


Los germanos son el resultado de la indoeuropeización del sur de Escandinavia y de Dinamarca por parte de gentes provenientes de Europa central, portadoras de una cerámica cordada y de hachas. En la región meridional de Escandinavia y Dinamarca los indoeuropeos procedentes de Europa central hallaron  una cultura agraria, creadora de megalitos, la llamada cultura megalítica nórdica. Este impulso hacia el Norte debió ocurrir entre 3000 y 2500 a.e.c., alcanzando por un lado Bielorrusia, Rusia central y el área báltica en el Este, desde donde luego surgirían los baltos; y, por el otro, Dinamarca, el sur de Suecia y de Noruega, Holanda y el rincón noroeste de Alemania. En consecuencia, la cristalización de los germanos como pueblo se configuró a partir de la mezcla de estos dos elementos étnicos y culturales, si bien con la imposición de la lengua de los indoeuropeos centroeuropeos.
Desde la región escandinava, una expansión hacia el Sur parece haber comenzado ya en el II milenio a.e.c. A mediados del siglo VI a.e.c., los germanos habían alcanzado la cuenca del Rin, imponiéndose a la población celta que anteriormente había ocupado esa región.
La primera noticia que las fuentes históricas proporcionan acerca de los germanos se fecha en la última parte del siglo IV a.e.c. y se la debemos a un viajero y geógrafo griego, de nombre Piteas. Este autor menciona la tribu de los teutones, en esa época asentada a orillas del Mar del Norte. El primer testimonio escrito en lengua germánica se encuentra sobre un yelmo hallado en Negau, en el sur de Austria, datado, probablemente, en el siglo III a.e.c.
A finales del siglo II a.e.c. se produjo la primera confrontación directa entre latinos y germanos, los dos pueblos que resultaron decisivos en la conformación de la Europa moderna. Dos tribus germánicas, cimbrios y teutones atravesaron el Rin e invadieron la Galia. Los germanos alcanzaron también el río Danubio, que cumplió en el Sur el mismo rol de contención que el Rin en el occidente. Después de derrotar por dos veces a los romanos en terreno galo, se dirigieron hacia el norte de Italia. Mario, no obstante, los aniquila en 102 en Aquae Sextiae. Un año después hace lo mismo con los cimbrios en Vercellae.
Ya en el siglo I a.e.c. Julio César emprendió la total conquista de las Galias. En dicha empresa tuvo la oportunidad de contactar de modo directo y más prolongado con los germanos. En 58 a.e.c. se enfrento victoriosamente a la tribu de los suevos, capitaneada por Ariovisto. En el 9 a.e.c. Roma extendió sus fronteras desde el Rin hasta el Elba, sin embargo, no pudo resistir allí por largo tiempo, ya que en los primeros años de la primera centuria de nuestra era los germanos de allende el Rin se sublevaron, y al frente de Ariminio derrotaron a los romanos en la famosa batalla de los bosques de Teotoburgo. A partir de estos hechos, Tácito escribe su Germania a fines del siglo I. Con posterioridad, además de Ptolomeo en el siglo II y los textos escritos en Escandinavia, hay que esperar al siglo VI, con Jordanes y Gregorio de Tours, para obtener nuevas noticias sobre los germanos. Ya después se dispone de abundantes textos escritos en diversos dialectos germánicos.
Señala Cesar que las tribus germánicas eran independientes entre sí, y no parecían contar con una jefatura capaz de controlar y hacerse obedecer por todos los poblados en que la tribu se asentaba. Únicamente en tiempos de conflicto se elegían jefes que actuaban conjuntamente, sin que hubiera predominio de uno de ellos sobre los restantes. Tácito afirma que la jefatura era electiva, pero vitalicia. El caudillo debía pertenecer a una específica familia o clan. Su autoridad estaba investida de carácter religioso, civil y militar, pero no era hereditaria, sino que a su fallecimiento se procedía a una nueva elección. Tácito se refiere a los germanos que habitualmente se denominan occidentales, divididos en tres grandes variedades a las que nomina como ingaevones, istaevones, y herminones[1]. Él mismo ofrece una explicación mítica, según la cual cada una de tales divisiones correspondía a la descendencia de uno de los tres hijos que tuvo Mannus, el hijo del dios Tuisto, que a su vez era hijo de la diosa Tierra. Una variante de la leyenda, señala que Mannus habría tenido numerosos vástagos que habrían dado lugar a las diversas tribus. Desprovistas de su halo legendario, esas tradiciones pueden demostrar que los germanos, a pesar de su multitud de tribus y de la falta de unidad política entre ellas, poseían y compartían conciencia de su identidad étnica.
No parece haber existido un endoétnico para el conjunto de los germanos. El vocablo germano de las fuentes clásicas parece, realmente, un exoétnico que, probablemente, los romanos tomaron de los celtas. También es muy posible que estos tampoco designaran con tal nombre a toda la estirpe germana. Parece que era la forma en que los celtas, o algunos de ellos, denominaban a determinada tribu de germanos que habitase en su vecindad más próxima.
Los godos, atraviesan el Danubio en 376, huyendo de los hunos. Se alían con Roma y se asientan en Moesia como nuevos defensores del limes. Luego se dirigieron hacia el occidente, hasta que se asentaron en la península ibérica (visigodos) y en la itálica (ostrogodos). En 406 vándalos y suevos (junto con los alanos, que no eran germanos), atravesaron el Rin y cruzaron las Galia. Unos años después, los burgundios se asientan en la Galia como aliados de Roma. A mediados del siglo V, numerosos pueblos germánicos sin tierra y empobrecidos encuentran lo que creen su oportunidad en la penetración en el Imperio.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB, Caracas. FEIAP-UGR.



[1] A los ingaevones pertenecen las tribus de anglos, frisones, sajones y jutos; por su parte, los herminones reciben el nombre genérico de suevos, si bien estaban divididos en múltiples tribus, como los marcomanos, los semnones (núcleo de la federación de tribus que llevó el nombre de alamanes), cuados y longobardos. A los istaevones, por fin, pertenecen tribus como los bátavos, ubios y los tréveros, además de  la confederación de tribus agrupadas bajo la denominación de francos, entre otras varias.