Imágenes,
de arriba hacia abajo: brazalete
de oro
hallado
en la tumba
Regolini-Galassi, en Cerveteri, y datado en el siglo VII a.e.c.;
fíbula dorada decorada con
cinco leones
y
cincuenta patos, también hallada en la tumba
Regoliini-Galassi, asimismo
del siglo VII a.e.c.; conjunto de joyas etruscas del siglo V a.e.c.;
bol de oro del período orientalizante. Siglo VII a.e.c.; caja
cerámica de
bucchero con
una decoración
a base de cordero y toro, datada en el siglo IV a.e.c.; vasija
cerámica con tapa, roja y blanca, de Vulci o Bisencio, datada en 700
a.e.c.; ánfora de terracota con tapa, con decoración de sirenas.
Siglo VI a.e.c.; la llamada Crátera de Aristonothos, entre 675 y 660
a.e.c.; plato que escenifica el rapto de Deyanira, atribuido al
Pittore de Tityos, Vulci; vaso de tipo Bucchero, hoy en el
Metropolitan Museum of Art de Nueva York; y píxide de Chiusi, de la
Tomba della Pania. Siglo VII a.e.c.
Los
etruscos también elaboraron joyas y objetos de marfil, ámbar,
fayenza y pasta vítrea, muy solicitados por las clases
aristocráticas, además de piezas cerámicas, primero tradicionales
con ornamentación geométrica y luego de tradición
euboico-cicládica, transmitidas desde las colonias de la Magna
Grecia. Los modelos procedían de Grecia, si bien la influencia
orientalizante se plasma en los esquemas ornamentales, geométricos y
zoomorfos. Las joyas etruscas, en uso desde el siglo VIII a.e.c., son
un indicador del estatus social de sus portadores, testimoniando la
riqueza personal así como el grado de lujo de algunos miembros de la
sociedad.
Entre
el grupo de las fíbulas llamadas del tipo dragón, sobresale la
Fíbula Corsini, proveniente de una tumba de Marsiliana d’Albegna,
pero hecha en Caere, y datada hacia 650 a.e.c. De plata revestida de
oro, aparece embellecida con un par de leones y varios patos. Otro
ejemplar notable es la fíbula áurea, del siglo VI a.e.c.,
ornamentada con elementos del mito de Belerofonte. Se observa la
Quimera y dos caballos Pegasos, además de tres amazonas en la
extremidad de la pieza. Hay fíbulas también de las llamadas del
tipo sanguijuela, de Vulci, además de las del tipo naveta.
Entre
los collares, brazaletes y broches destaca un broche de oro hallado
en la Tomba Bemardini de Preneste, que fue parte de un cinturón o un
pectoral. La pieza, hecha en Caere, se engalana con figurillas en
relieve de leones, sirenas, quimeras y équidos. También es un
referente el collar de la Maremma toscana, de cuya cadena, con una
malla de hilos de oro, penden colgantes figurando cabezas del dios
Aqueloo, arpías con sus alas extendidas, flores de loto y engastes
ovalados.
Muchas
de las gemas y anillos etruscos aparecen realzados con motivos
ornamentales de tema guerrero o con figuras de héroes griegos, como
Heracles llevando a cabo sus trabajos o combatiendo contra Anteo o el
dios-río Aqueloo Algunas gemas representan divinidades del panteón
etrusco, Menrva en especial, con composiciones rituales, como el
sardónice de Boston con la figura de Tages, o con escenas, caso del
escarabeo etrusco llamado Gemma von Stoch (siglo V a.e.c.), hallado
en Perugia. En esta última pieza hay cinco personajes,
individualizados con los nombres, que escuchan con atención al
oráculo que predice la muerte de Anfiarao.
Los
motivos ornamentales de las joyas presentan un repertorio muy amplio.
Destaca la animalística, a partir de prototipos orientales, de
carácter mítico, como pegasos, sirenas, arpías, quimeras o
esfinges, o naturalista, como leones, ciervos, sierpes, panteras y
toros. La representación humana está presente tanto en forma
individual o en composiciones, siendo también relevante aquella del
mundo divino. Todo ello acompañado con los temas florales y
geométricos.
En
un principio, las piezas marfileñas fueron traídas desde Fenicia,
Siria y Chipre con la intención de abastecer a las élites.
Posteriormente, llega a Etruria marfil asiático y africano, así
como eborarios orientales, de manera que se instalaron talleres
locales. Los más sobresalientes ejemplares provienen de las grandes
tumbas, sobre todo en forma de placas de revestimiento ornamental de
cofres, mangos para espejos de bronce, píxides, copas o apliques de
muebles, sin olvidar los lechos funerarios. En marfil y en hueso se
fabricaron agujas, pequeños discos, pinzas, peines, tapaderas,
pendientes, cucharillas o anillos.
La
temática, oriental, protocorintia y corintia inicialmente, se centró
en la animalística, real y fantástica, en la figura humana y en los
motivos florales. En su mayoría las piezas fueron realzadas con
policromía, hasta el punto de que de los objetos de marfil pudo
haber surgido la plástica etrusca de piedra y de terracota.
Una
píxide
hecha en un taller chiusino y hallada en la Tomba
della Pania,
muestra una decoración en cuatro registros separados por bandas
fitomorfas. En el primero, visto desde arriba, aparecen parte de una
esfinge, un monstruo serpentiforme con triple cabeza, una nave con
timonel, un par de guerreros y tres carneros con figuras humanas bajo
el vientre de los animales; también se observa otro carnero y un
cuadrúpedo. Estas imágenes refieren dos conocidas escenas de la
Odisea, el ecuentro de Ulises con el monstruo Escila y la huida del
héroe del antro de Polifemo. En un segundo registro se observa la
partida de un guerrero sobre su carro, amén de una escena de
ceremonia fúnebre con plañideras en medio de danzas rituales. En
los últimos dos registros, se ve un caballero con dos centauros y
animales reales y míticos. El conjunto decorativo quizás aluda al
viaje de un difunto al mundo de Ultratumba o a una escena de carácter
iniciático.
La
cerámica etrusca fue de excelente calidad técnica, siendo apreciada
y demandada en la Antigüedad. En la fase protovillanoviana, y sobre
todo en la vittanoviana, aparece una cerámica empleada como
recipientes para contener las cenizas de los difuntos, adoptando, en
ocasiones, las formas de una cabaña de planta circular o cuadrada.
Si tenían un perfil bitroncocónico las urnas cinerarias estaban
cubiertas con piezas cerámicas en forma de escudilla, asociadas a
urnas cinerarias femeninas, o con yelmos, destinadas a los varones.
En
el siglo VIII a.e.c., la cerámica etrusca adoptó nuevas formas,
continuadoras de la cerámica de las tumbas villanovianas Durante el
período orientalizante, en Veyes y en Vulci, se imitan las cerámicas
de la época geométrica griega de inspiración euboica. Entre esas
formas nuevas del período, de creación villanoviana, etrusca o
importadas, sobresalen los vasos canopos, usados como urnas
cinerarias. Tenían como tapas cabezas humanas, si bien en un deseo
de humanizar los recipientes, se le colocaban brazos sobre el cuerpo
de las piezas.
La
cerámica etrusca de imitación geométrica griega remedó el
repertorio decorativo y un buen número de tipos específicos, como
el aríbalo, el ólpe, la crátera, el enócoe o el alábastron. La
producción de vasos etrusco-corintios se llevó a cabo en Caere,
Vulci y Tarquinia. El cántaro, por su parte, relacionado con las
ánforas, se asocia a la exportación del vino. Unas relevantes
formas vasculares de impasto son los spanti
de Caere, de princiipios del siglo VII a.e.c. Proceden de formas
orientales, usadas como vasos rituales, análogas a las páteras y a
los vasos ishpantura
hititas.
Al
denominado Pittore
dell’Eptacordo
se le vincula el bicónico de Caere, en la que se representan
animales y una pareja humana, relacionada con algún episodio de la
Guerra de Troya. En relación a la producción local
etrusco-corintia, en Tarquinia, Veyes, Caere y Vulci, realizó su
labor un artista ático, de origen cicládico, llamado Aristonothos,
autor de una crátera decorada con una escena de la Odisea,
en la que Ulises y sus marineros ciegan al Cíclope y con una batalla
naval entre dos naves de guerra, una etrusca y la otra griega del
Egeo. Entre los pintores del Gruppo di Monte Abatane sobresale el
Pittore
dei Cappi,
quien incorpora como temática en sus cerámicas la pantera y el
hipocampo, así como el Pittore
di Garovaglio,
que introdujo las figuras de guerreros. También deben citarse el
Pittore
di Pescia Romana
y el Pittore
di Feol.
Al
desaparecer la cerámica etrusco-corintia, se comenzó la fabricación
de una cerámica etrusca de figuras negras sobre fondo rojo, que
imitaba la cerámica ática. Fue muy reconocida entre las clases
refinadas etruscas. Además, se inició la producción de otras
piezas de uso cotidiano. Entre estas últimas hay que reseñar
aquellas piezas del servicio de mesa, con ricas decoraciones a base
de mitos griegos y también orientales, a veces acompañadas de
elementos de tradición iconográfica local, sobre todo hipocampos y
quimeras.
Desde
mediado el siglo VI y hasta comienzos del V a.e.c., se realizaron en
Vulci los ejemplares llamados vasos pónticos. Entre su autores
sobresalen el Pittore
di Paride,
en cuyos vasos plasmó un variado panorama mitológico griego,
destacando Teseo y el Minotauro, una temática relativa a Heracles, o
el Juicio de Paris, así como el Pittore
del Sileno,
cuyas vasijas fueron ornamentadas con ménades, silenos y una
escenaografía de banquetes. De gustos etruscos fueron el Pittore
di Tityos
y el Pittore
di Amphiaraos.
Al
lado de estos vasos pónticos sobresalen dos piezas de renombre; una
es la kylix decorada con el tema de la nave de Dioniso, de Vulci,
mientras
que la otra es la
crátera ática denominada
Vaso
François. La crátera, firmada por el pintor Kleitas y el ceramista
Ergótimos, de
565
a.e.c.,
muestra
seis
registros pictóricos alrededor
de
las
circunstancias de
la estirpe de Peleo, siendo
la
temática central las bodas
de Peleo y Tetis (padres de Aquiles). En su cara A se muestran, en el
primer registro, la caza del jabalí calidonio, en
donde se observa a Peleo
y Meleagro, Atalanta y los Dióscuros; en el segundo
registro
se
representan los juegos
funerarios en honor de Patroclo, en los que Aquiles preside la
carrera de las cuadrigas, en las que participa Odiseo; el
tercer
registro, central, contiene
el
cortejo nupcial de Peleo y Tetis. La
diosa se ve
sentada dentro de un templo dórico, en tanto que Peleo está ubicado
delante de
su palacio. Hay
un
cortejo de
las principales
divinidades griegas, además de las Musas, las Horas, las Gracias,
Océano y las Ninfas; el
cuarto registro muestra el acecho de Aquiles a Troilo. Con
el héroe se encuentran Hermes y Atenea, además de su madre Tetis,
mientras
que Apolo se figura cerca de Troilo.
En la escena aparece también la hermana de Troilo, Políxena, amén
de una joven de nombre Rhodia. Delante de los muros de Troya está
sentado el rey Príamo.
En
el quinto registro no
hay figuración
antropomorfa, sino esfinges
junto a dos
panteras que atacan a un toro y un ciervo, además de flores;
finalmente, en
el sexto friso de esta
cara se
aprecia la lucha que, según el mito griego, cada año contraponía a
los pigmeos con las grullas.
En el lado
B se
representa, en el primer registro, el mito de Teseo y Ariadna, en
donde se observa la nave de la que salen catorce personajes de la
empresa cretense, las siete doncellas y los siete jóvenes,
configurando
la
danza de las grullas (géranos),
al
frente del cual aparece
Teseo con la lira. Delante del héroe, Ariadna, que le alarga la mano
con
una
corona y el ovillo de hilo; en el segundo registro, la batalla entre
Centauros y Lapitas, guiados estos por Teseo; en el tercer friso
sigue
la
escena principal, el cortejo nupcial de Peleo y Tetis; en el
registro
cuarto se figura el cortejo dionisíaco que acompañó el vuelta
de Hefesto al Olimpo. Zeus y Hera, sentados en un trono están
acompañados de Atenea, Ares y
Afrodita, a los que siguen Ártemis y, tal
vez, Posidón y
Hermes; en el quinto registro no
hay figuración humana,
únicamente
grifos y dos leones que atacan a un jabalí y a un toro; en el último
friso,
sobre el pie del vaso, se mantiene
la
escena de la geranomaquia.
Sobre
las asas de la crátera son visibles otras dos escenas que se
figuraron repetidas: la inferior presenta a Áyax transportando el
cuerpo de Aquiles y la superior una pótnia con leones y una pantera
con un ciervo. Este vaso contribuyó a
fijar en
el área tirrénica el
mito
griego, destinado a ser comprendido por
los grupos
aristocráticos en virtud del trasfondo del programa socio-político
de sus escenas.
El
Pittore
di Micali,
con su escuela en Vulci, activo entre 510 y 500 a.e.c.
es
el más célebre
ceramista de vasos de pinturas negras. Además de su discípulos,
como el Pittore
del Vaticano
o el Pittore
di Kyknos,
hubo también en Orvieto otro
muy notable centro de cerámicas de figuras negras. Ya
a
comienzos del siglo V
a.e.c.,
asimismo por influencia ática, la cerámica etrusca produce vasos
decorados con figuras rojas sobre fondo negro, sobre formas como las
ánforas, la crátera con volutas y el stámnos. Uno de los
iniciadores de este
tipo de cerámica
en Etruria fue un griego, Praxias (Arnthe),
proveniente de Cumas o Reggio, y que laboró
en Vulci hacia 470
a.e.c. La temática decorativa siguió con contenidos mitológicos,
sobre todo el ciclo de Dioniso, acompañado de escenas de guerreros,
palestra, y la presencia de ménades y sátiros. En la segunda mitad
del siglo IV a.e.c. grupos de ceramógrafos se establecieron en
Volterra, Chiusi y Vulci. Asimismo, se fabricaron también, imitando
las formas griegas, cerámicas sobre fondo blanco, destacando la
lékythos
funeraria.
El
siglo III a.e.c. es testigo de la desaparición casi total de la
cerámica figurada etrusca. La cerámica es reemplazada por una de
barniz negro y de brillo metálico, creada en Campania, denominada
cerámica campaniense. Las pastas negras acabaron dando lugar a las
rojas, obteniéndose la terra
sigillata.
En
el desarrollo de la producción de la cerámica bucchero se
distinguen dos etapas, una orientalizante y la otra arcaica, aunque
subdivididas ambas en seis fases cronológicas. Esta cerámica se
difundió por la Europa meridional y por todo el Mediterráneo. En una
mayoría de las piezas de esta cerámica hay una decoración no
figurativa, a base de motivos geométricos o en relieve, así como la
presencia de figuras humanas, animales y seres fantásticos. Estos
motivos, como el tema de la Pótnia
theron
o Señora de los animales, son más decorativos que narrativos.
Además, las composiciones mitológicas se refieren a unos pocos
temas significativos, destacando Heracles, Aquiles, Teseo y
Belerofonte. Asimismo, en muchas de las cerámicas aparecen
inscripciones incisas, que son marcas de propiedad, así como
pequeños textos que aluden a su carácter de don.
Un
buen número de ejemplares de bucchero fueron depositados como
exvotos en las favissae
de templos y santuarios, en ocasiones inscritos con graffiti,
como ocurre, por ejemplo, con la copa de Araz Larani.
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